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Capítulo 19: El origen del Lobo y de la Diosa (Segunda parte)

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"Una Noche en el Infierno"

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Finca de la familia Hakuryuu. Límites de Hyrule City hace 6 años…

La madera crujió bajo el fuego, las cenizas se desprendieron y volaron por toda la casa, una inmensa nube de humo se expandió asfixiando sus pulmones.

Las voces lejanas se escuchaban desesperadas y cuando abrió los ojos no detectó otra cosa más que neblinas, colores pardos mezclados con el fuego.

— ¡Rinku!, levántate hijo.

La voz de su madre lo hizo volver a la realidad, de pronto la serena y calmada noche se había transformado en un infierno, algo afuera de la finca había crujido de forma alarmante. Cuando eso ocurrió la familia se encontraba reunida en la sala disfrutando de un clásico juego de cartas en la mesa. De pronto todo se había transformado en un caos.

Aparentemente una falla en el sistema defensivo de la casa había alertado a las creaturas de Twili que merodeaban cerca, los miembros de la familia se habían dispersado tratando de salvarse.

Un enorme rugido atravesó los cielos, la figura oscura descendió sobre la estancia en la que ellos estaban y ahora él se encontraba ahí tirado de forma desorientada, algo realmente enorme les había atravesado el techo.

Nunca antes en su vida había visto cosa semejante, era como un dragón enorme cubierto por una gruesa armadura, la bestia se relamió los labios y después sus llamas también se saborearon la casa.

Sintió como su madre lo jalaba de la mano y lo arrastraba lejos de semejante bestia.

—Corre— le dijo mientras avanzaban por los pasillos.

— ¿Qué está pasando?

—Tenemos que salir de la casa Rinku, si nos atrapan el mundo se termina.

— ¿Qué?

—No hay tiempo de explicaciones.

Y de pronto el muro de enfrente cedió de forma estruendosa, la gran creatura lo había atravesado, ella se detuvo de golpe y ocultó al chico a sus espaldas.

— ¡Llamas de la Diosa protéjanos!— clamó mientras profería su hechizo, la cabeza del dragón se envolvió en llamas y aunque no lo lastimó lo dejó aturdido por un momento.

—Corre, corre y busca a tu padre.

— ¡Te quedaras sola!

—Voy a distraerlo.

— ¡Pero es enorme!

—Lo sé, hijo. Te amo.

— ¿Qué?

No entendía lo que le estaba diciendo ¿A caso le pedía que la abandonara?, no podía ni tampoco quería, ciertos chillidos se escucharon en las cercanías y cuando se dieron cuenta muchos bublins del crepúsculo habían invadido la casa.

Ella rechistó de forma recia, las creaturas se acercaban rodeándolos y de pronto salido de la nada apareció un hylian rubio de ojos azules más o menos de unos dieciséis años, había saltado a las creaturas y caído justo entre ellos.

— ¡Tío!

— ¡Raven sácalo de aquí!

— ¡A la orden!

Lo tomó como si fuera un saco de papas y salió de ahí saltando de forma ágil, atravesó los pasillos de manera rápida guiado por el instinto y la adrenalina.

— ¡Regresa!, ¡Regresa!, ¡Van a matarla!— gritó Rinku desesperado.

—No podemos hacer nada, no soy más fuerte que ella y tú todavía no puedes usar magia.

Cuando llegaron al exterior todo estaba cubierto de humo, la finca se caía a pedazos y Raven buscó una salida con la mirada.

—Tenemos que salir a campo abierto— susurró.

Entre la confusión le pareció escucharlo chiflar aunque no supo interpretar exactamente a que se debía.

Siguió corriendo casi a ciegas, aunque le bastaba con el conocimiento que guardaba de la arquitectura de su propia casa. De pronto un extraño viento abrazador golpeó contra ellos y los hizo volar muy lejos, dieron a parar a las afueras de la finca y se levantaron confundidos y aterrados.

Aquel viento ardiente les había quemado un poco el cuerpo. La cosa gigante saltó hacia ellos y su peso provocó que retumbara la tierra, cuando Raven reaccionó vio al gigantesco dragón acercarse babeando como bestia hambrienta.

Desde su hocico cayó una prenda conocida la cual identificó como propiedad de su hermana.

— ¡No!— gritó en voz ahogada.

Rinku se quedó paralizado sintiendo que en cualquier momento se derrumbaría.

— ¡Maldita bestia asquerosa!— gruñó Raven con rabia imaginando lo que ya había ocurrido, se levantó de forma tambaleante, el dragón oscuro rugió de mala manera.

Cuando vio a la bestia coger carrerilla para empotrárseles reaccionó levantando un leve barrera, sabía que no resistiría pero al menos tenía que salvarlo… tenía que salvar a su pequeño sobrino, la sombra oscura arremetió contra la barrera y el tronido que se escuchó ensordeció al par de hylians, la bestia se sacudió la cabeza con desgana y siguió embistiéndolos con fiereza.

La barrera comenzaba a desquebrajarse.

—Lo sabía… maldita sea, ¿Por qué mi magia es tan miserable?— gruñó de forma dolida.

Profirió un hechizo en lengua arcana, un hyliano tan antiguo que Rinku no alcanzó a distinguir ni una sola palabra, el dorso derecho de la mano del hylian comenzó a brillar con una luz dorada y de repente de forma extraña un misterioso triángulo dorado salió de ella, se convirtió en un haz de luz y como si fuera magia fue a parar hasta la mano izquierda de Rinku.

— ¿Qué?, ¿Qué es esto?

—Sal de aquí, Rinku. Protege tu vida.

— ¡Tío Raven!— gritó al tiempo que vio como la bestia se le echaba encima de nuevo, el joven hylian casi cedió por el esfuerzo, pero con toda su alma resistió aquel ataque.

Una sombra conocida apareció entre las llamas, era otro hylian, también era rubio pero con ojos de color verde, se quedó estupefacto al ver semejante escenario.

— ¡Raven!

— ¡Saca a Rinku!

Se volvió hacia donde estaba su hijo y observó con incredulidad la marca del triángulo que todavía le brillaba en el brazo, también vio a lo lejos la prenda de su esposa situada cerca de una de las patas de la bestia, cerró los ojos y empuñó las manos con rabia.

—Los bublins se han cargado con todo el perímetro, son …. Demasiados— clamó en tono dolido sabiendo que no podrían hacer nada, chifló para llamar la atención de una pequeña sombra que lo había estado siguiendo.

A sus espaldas apareció una pequeña yegua de pelaje pardo y crin blanca.

—Rinku, ven.

El pequeño se paró de forma tambaleante y se acercó a la yegua, el animal lo recibió de manera gustosa.

— ¡Qué demonios haces con la potranca!, ¡Debiste traer un verdadero caballo!— gruñó Raven de forma sofocada debido al último ataque de la bestia.

—El establo se ha llenado de Kargarocks, se los han comido a todos, solamente queda ésta la pequeña y escurridiza— gritó al tiempo que le pasaba las manos a su hijo y lo montaba en la potranca.

Raven rugió de rabia sintiendo que las manos le sangraban por el esfuerzo.

—Vete— le dijo su padre— que la diosa Hylia te proteja.

— ¿Papá?

—Ya vienen los bublins. Si no los detenemos aquí todo se abra acabado, vete y cuida tu vida, no dejes que nunca nadie sepa lo que has visto esta noche, no dejes que nadie te vea el triángulo dorado.

Iba a rechistar pero entonces su padre le dio un golpe a la grupa de la potranca que instintivamente se echó acorrer a rienda suelta.

—Corre Epona, corre, y llévate a Rinku muy lejos.

A la distancia escuchó gritar a su hijo pero cuando se viró el escenario se había puesto feo.

—Raven…

—Si…

—Gracias.

Las llamas lo abrazaron todo y solo quedó el recuerdo marcado por las cenizas de una noche en el infierno.

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Los cascos de la potranca resonaron en un eco sonoro contra el asfalto de la cuidad de Hyrule City, las lágrimas se le salían del rostro mientras se aferraba a su crin con vehemencia, el silencio surgido en el escenario se sofocó después de unos aullidos.

No supo cómo ni cuándo, pero en los tejados habían aparecido cinco Stalwolfs, la potranca apresuró el paso, pero las esqueléticas bestias eran agiles y fieras.

Les clavaron los ojos como un grupo de cazadores y después de rodearlos unas cuantas veces Epona terminó entrando en una zona de construcciones, las calles sin asfalto le dieron un poco de ventaja.

Pero los esqueléticos sabuesos eran diestros en sus cacerías, uno de ellos se acercó demasiado por un flanco y la potranca instintivamente levantó las patas traseras para darle un golpe en la cabeza, cuando el casco chocó contra el hueso el cráneo se desmoronó de forma inmediata.

El movimiento hizo que Rinku se tambaleara un poco y se aferró con fuerza al cuello de la pequeña yegua, también perdieron velocidad y el resto de los Stalwolfs los rodearon por los costados.

—Corre Epona, que van a comernos.

Relinchó de forma ávida y se metió por una callecita llena de obstáculos, los Stalwolfs se dividieron en dos grupos, dos de ellos se quedaron siguiéndoles los pasos mientras que el resto rodeó el mar de obstáculos intentando seguirlos desde fuera.

Al salir de aquella intrincada calle los stalwolfs que se habían separado se perdieron de vista, una sombra desde los tejados gruñó de mala manera.

— ¡Grupo de inútiles!, ¡cómo es que no ha podido atrapar a un simple crio!, bueno no importa— dijo virándose. — tienen al del cabello azabache.

Una sombra más pequeña a sus espaldas negó con la cabeza.

—Señor acaban de informarme que está corriendo hacia el otro lado.

—Atrapémoslo antes de que vuele o todo se ira al demonio, es nuestra prioridad, vámonos.

— ¿Y el niño, señor?

—Déjalo, que se lo coman los Stalwofs, lo que buscamos él no lo tiene.

Nuevamente miró hacia la calle, calculó el lugar por el cual la yegua iría y después de chasquear los dedos desencadenó una magia misteriosa, una enorme grieta comenzó a abrirse en la tierra siguiendo la dirección por la que pasaría la pequeña potranca.

Se dieron la vuelta y se marcaron del sitio

De pronto tras sus pasos comenzó a abrirse la tierra, Epona relinchó asustada al sentir que el suelo se hundía bajo sus cascos, los Stalwolfs también fueron tomados por sorpresa y cayeron en aquella extraña hendidura que estaba llena de una arena parda que parecía tragarse las cosas, aullaron de forma aterrada antes de desaparecer para siempre.

Epona también pataleó de manera firme pero al darse cuenta de que había quedado atrapada dejó de hacer vanos intentos, giró la cabeza de forma resignada y vio con tristeza la cara de su pequeño amo. Escuchó como él susurró a su nombre con cariño a pesar de que sus ojos estaban llenos de miedo, después de eso se llenó de valor y coraje y con ultimó esfuerzo tomó al chico con el hocico y lo lanzó lejos de aquella hendidura.

— ¡Epona!— gritó en cuanto se recompuso del golpe, pero solo vio cómo su equina amiga era arrastrada y tragada por la arena.

Ni siquiera terminó de ver aquel horrible espectáculo, los dos stalwolfs que se habían separado lo veían desde las lejanías con ira desmedida, los ojos suplicantes de la pequeña yegua le dijeron "corre" y sabiendo que no podría hacer nada para salvarla se echó a correr haciéndole caso.

Corrió de forma desesperada durante el resto de la noche, el tiempo que les tomó a los Stalwolfs cruzar la hendidura le dio cierta ventaja, pero las fuerzas se le habían agotado, cruzó a paso endemoniado las calles principales del Corazón de Hyrule City y cuando estuvo un poco más allá casi sintió que se desplomaba por el cansancio.

Los aterradores aullidos se volvieron más sonoros y gruñó en ese preciso instante.

—¡Asco de vida!

Quien sabe cómo rayos había logrado subirse al primer árbol que se le planto en sus narices pero las fuerzas ya le fallaban, sus manos pronto cederían para soltarse de aquella rama y caer en las fauces de las salvajes bestias.

Los Stalwolfs lo habían rodeado completamente, era cierto que solo eran dos pero con eso le bastaba... morir a la edad de doce años… bueno por lo menos había sido una casi larga decente vida. Al menos había luchado todo lo que había podido, cerró los ojos sintiendo que las lágrimas se le derramaban.

—Lo siento— susurró.

Su familia había hecho tanto por mantenerlo vivo, también quería vivir pero ya no podía seguir con esto, él no era lo suficientemente fuerte.

Una de las bestias dio una embestida contra el árbol y el pobre chico terminó cayendo duramente contra el suelo.

— ¡Diablos!— murmuró mientras las esqueléticas bestias se le acercaban. — Han sido malos días…— clamó viendo cómo se acercaba el amanecer, ojala hubiera podido resistir un poco más de tiempo— pero no precisamente los peores. — susurró nuevamente dándose por vencido.

Ya no le quedaban fuerzas ni en su cuerpo ni tampoco en su mente, había visto tantos horrores en tampoco tiempo que ya no le quedaba casi cordura. Cerró los ojos con fuerza esperando escuchar cómo se lo devoraban. Y entonces…

Un sonido estridente…..

Como si algo se hubiera roto en mil pedazos. Abrió los ojos de sobremanera y frente a él apareció la visión más extraña que jamás se hubiera podido imaginar en la vida.

Uno de los Stalwolfs salió volando despedazado.

— ¡A ver si tú quieres otro!— bramó la chica con el bate de beisbol en la mano.

La creatura esquelética salió corriendo al ver el efecto que había tenido esa extraña piedra azulada sobre su compañero.

Vio como los restos del stalwolf se volvían polvo con las primeras luces de la madrugada, él se quedó pasmado, boquiabierto, tirado en el suelo junto a aquel árbol.

La joven de cabellos rubios se viró para sonreírle.

— ¿Estas bien?— preguntó con demasiada calma.

Él asintió con la cabeza. Sus bonitos ojos azules lo habían dejado hipnotizado.

—Entonces… adiós— y se marchó con paso lento.

Era como una diosa, la cosa más hermosa que había visto en la vida, era como ese rayo de amanecer que había llegado para salvarlo, su corazón brinco de alegría.

Se levantó rápidamente para seguirla y quien sabe de dónde había sacado las fuerzas.

—Regresa— susurró de forma queda.

La joven de cabellos dorados se estaba marchando lentamente, sintió que la tristeza lo inundaba y sabía que si la dejaba ir perdería algo realmente importante. Ya lo había perdido todo, ya no le quedaba absolutamente nada, pero la joven misteriosa también había aparecido de la nada como por obra del destino…

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Continuara...

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Comentarios del Capítulo:

Antes que nada espero hayan disfrutado del capitulo, seguramente la ultima parte les pareció conocida, bueno eso es porque Link ya nos había contado un poco acerca de esto, en el capitulo "Oh mi Diosa!" en el sueño que aparece justo al inicio, quizás noten ciertas diferencias, xD eso se debe a que Link recuerda este momento de su vida muy a su manera, en la parte que se relata desde su mundo onírico Zelda aparece como la diosa protectora, como un ser divino que que llego a su vida justo en el momento en el que mas ayuda necesitaba, no es de extrañarse que ya desde entonces la idolatrara incluso sin que él mismo llegara a darse cuenta.

La familia Hakuryuu guarda mas de un secreto, aunque no todos fueron conocidos por su heredero en el momento de la tragedia. El camino que Link recorre hasta convertirse en Zilant es largo y agotador, pero siempre tendrá a "su Zelda" con quien encuentra toda la fuerza que necesita.