.~.*.~.*.~.

Capítulo 20: El origen del Lobo y de la Diosa (Tercera parte)

*.~.*.~.*.~.*.~.*

...

"Sentimientos Afines"

..

El Amanecer en Las calles de Hyrule City, hace 6 años…

Había seguido al chico sin siquiera darse cuenta, no sabía como pero se había obligado a si misma defenderlo, caminó de manera lenta hasta su casa escuchando que tras de ella andaba a paso lento.

—"¡Cielos!, me está siguiendo ¿¡ahora qué hago!?"— suspiró de manera temerosa y algo cansada, no podía haberle pasado algo más extraño.

Las calles desérticas se iluminaron a la luz del día, sentía nervios pero tampoco se arrepentía por nada, era sabido que al caer la noche nadie abría las puertas por temor a las creaturas, así te estuvieran comiendo o matando enfrente de alguna casa, estaba seguro que ninguna puerta se abriría, de no haberlo seguido, seguro que se lo habrían devorado.

Miró de reojo a sus espaldas, el chico caminaba de manera coja a unos cuantos metros de distancia como si estuviera herido.

—"¿Lo habrán mordido?"— la pregunta se quedó rondando en su cabeza, si eso era cierto era mejor que ni se le acercara, la esencia maligna de las creaturas de Twili podía llegar a ser muy corrosiva.

Aun así… miró hacia atrás y vio sus ojos tristes.

—Lo siento— susurró al tiempo que entraba a su casa por la puerta trasera, cerró las rejas y le dio la espalda.

Rinku se movió como pudo hasta los barrotes, se aferró a ellos con la poca fuerza que tenía.

—No te vayas… no me dejes— clamó de forma triste, estaba asustado y confundido, la había seguido instintivamente, cegado con la esperanza de encontrar protección a su lado.

Las lágrimas le nublaron la vista y su respiración se volvió tortuosa al tiempo que la veía entrar a su casa dejándolo abandonado. Estiró su mano a través de la rejilla como esperando a que lo viera y regresara para cuidarlo.

Pero ella no se viró en ningún instante…

Después de cerrar la puerta Zelda suspiró con tristeza, no sabía porque le había dolido tanto dejarlo en la calle, lo había salvado pero ¿acaso no era suficiente?, entró en los elevadores sintiendo que se ahogaba. Balanceó hacia atrás la cabeza hasta que golpeó contra la pared del ascensor, en menos de lo que pensaba había llegado al piso treinta, entró a su alcoba y miró un desastre tremendo, al parecer su padre lo había saqueado todo.

Suspiró con mucho cansancio.

—Idiota… y no pudiste buscar simplemente bajo la cama— clamó sabiendo que su bate se había salvado.

Sorteó los obstáculos hasta llegar a al balcón de su ventana, corrió la cortina y miró hacia afuera con tristeza, la vista del pequeño chico aferrado al cancel de su casa le partió el alma, se llevó las manos a los ojos intentando virase y llegar a ciegas a la cama, pero no avanzó demasiado antes de tropezarse con algo en el piso.

—Lobito… mira cómo te han dejado— susurró aferrándose a lo que quedaba del peluche de su madre, por alguna extraña razón en su mente visualizó la imagen de los stalwolfs, ¿Así habría quedado ese pobre chico? Cerró los ojos y cuando volvió a abrirlos un sentimiento extraño le había nacido desde el alma.

Afuera el frío comenzaba a sentirse de forma calante, Rinku permanecía aferrado a los barrotes.

—Regresa —susurraba de forma suplicante

Gimoteó un poco al entender que no volvería, se había quedado solo… completamente solo en ese mundo, la única familia que conocía acabada de desaparecer hacia pocas horas, y el ángel que había aparecido para salvarlo también parecía haber volado lejos.

Lloró en forma silenciosa, tratando de mantener la respiración calmada, no se había dado cuenta de lo helado que se ponía el clima hasta que la temperatura de sus lágrimas contrató alarmantemente con la piel de su rostro.

Sentía que ya no tenía fuerza.

"vete y cuida tu vida, no dejes que nunca nadie sepa lo que has visto esta noche", las últimas palabras de su padre rondaban su cabeza.

—Que nadie lo sepa— repitió por inercia mientras se le cerraban los ojos y su cabeza se estampaba contra las rejillas— que nadie lo sepa… nadie… saber….¿saber qué?

Se le había olvidado. Era como si su propia cordura lo defendiera, como si no le permitiera entrar en la locura del infierno de esa noche.

Comenzó a resbalarse de manera lenta y después de manera extraña abrió los ojos al sentir que la rejilla se abría, el cuerpo se le fue hacia adelante debido al peso muerto de sus fatigadas extremidades, pero unos brazos protectores lo recibieron con cariño.

Enfocó la vista tratando de volver al mundo externo y entonces irguió una sonrisa al volver a ver a su ángel.

—No tengas miedo— dijo ella mientras lo cubría con una manta.

Cerró los ojos y dejó que se le salieran las lágrimas mientras se aferraba a su cuerpo con vehemencia.

—Tranquilo… yo voy a cuidarte…lo prometo— le dijo al tiempo que lo abrazaba para tratar de ponerlo de pie.

A pesar de que seguía consiente se había vuelto pesado igual que una roca, y Zelda tuvo que hacer un sobreesfuerzo para llevarlo a los elevadores, entró de forma furtiva cubriéndolo completamente con la manta.

Menos mal que apenas si daban las siete y los guardias todavía no empezaban su recorrido, el centinela que montaba vigilancia en la noche siempre se quedaba en la entrada principal, en parte porque era medio flojo, pero también porque era listo y sabía que estaría más seguro en aquel sitio.

Cuando llegaron al piso treinta, la pobre Zelda ya se había quedado sin aire, tiró al pobre chico en el sillón más cercano y después se desplomó en el suelo sintiendo que se asfixiaba.

—Ay ¡Diosa Hylia!, te juro que nunca más vuelvo a hacerlo— clamó de una forma un poco graciosa.

No sabía que de verdad nunca más volvería a hacerlo, que ese pequeño apoyo se revertiría para toda su vida, que ese pequeño chico la cargaría en brazos para siempre y que la defendería con toda su alma por sobre todas las cosas.

Suspiró tomando nuevamente el aire, su rescatado se había desmayado de manera inevitable, su cuerpo estaba frío y su respiración sumamente descompensada, ella lo miró con cierta ternura y después de cobijarlo y prestarle su almohada se puso a reacomodar sus cosas.

Era preocupante que no despertara y por algún tiempo sintió cierto miedo, aunque poco a poco había comenzado a adquirir color nuevamente.

Cerca del medio día escuchó que una sirvienta le tocaba la puerta, contestó desde adentro pero no la dejó pasar en ningún instante.

—Su padre la busca.

—Enseguida voy.

Esperó a que se fuera y después salió cuidadosamente cerrando la puerta con llave, adentro había dejado una nota en caso de que él despertara y se sintiera confundido.

"Por favor no hagas escándalo, regresare en cuanto pueda. Hazme un favor, nadie puede verte, sé discreto"

Bajó unos cuantos pisos y después tomó valor al entrar en las oficinas, su padre la esperaba sentado en silencio.

—Dime— clamó con nervios al tiempo que se sentaba frente él.

— ¿Por qué intentaste suicidarte anoche?

Ella inhaló profundo. Y esperó una respuesta, él encendió una pantalla que tenía cerca.

—¿Tienes idea de lo pálido que se puso el guardia de éste turno al enseñarme esto?.

Zelda trago saliva, "Genial" pensó, había olvidado por completo el sistema de vigilancia del edificio, la cámara que daba a la parte trasera mostraba parte del pasillo externo y también un extremo de la reja, una pequeña barda en el resto del pasillo cubría la vista pero aun así la cámara la había captado salir durante la noche y sin protección alguna.

Él masculló por lo bajo con un sonido tenue que casi casi parecía un rugido en una voz gutural llena de desprecio.

De extraña forma Zelda logró notar que semejante agravio no iba dirigido contra ella.

— ¿Por qué?— volvió a preguntar con voz firme.

— ¿Por qué…?— repitió ella— ¿A caso te importa?... no pensaba volver pero no tengo a donde ir y además… anoche vi cosas horribles.

— ¿Qué cosas horribles? ¿Te topaste con las creaturas?

—Si…

—Tienes suerte de haber vuelto con vida. ¿Por qué crees que no me importa?

—Anoche me trataste como basura…— dijo sintiendo que la voz se le quebraba.

Él bajó la vista, tenía poco claras las cosas que habían ocurrido, la rabia lo había cegado pero no iba a admitir que se había equivocado enfrente de su hija. Adelantó la grabación sin prestar demasiada atención a los detalles.

Ella se levantó lentamente porque no deseaba estar a su lado, en el último año había desarrollado una intolerancia tortuosa a su presencia que ni ella misma se explicaba, era como si su cuerpo entero lo rechazara de forma inherente.

Nuevamente los ojos de él se clavaron en la pantalla cuando la vio entrar a la casa, no le había puesto demasiada atención a esa parte la primera vez que había visto el video pero ahora erguía una ceja al observar que ella volvía y cubría algo con una manta, no alcanzaba distinguir exactamente lo que era porque la barda que daba a ese preciso sitio le tapaba la mayor parte de la vista.

—"¿Qué es eso?... ¿Sera un perro?... demonios, bien sabe que odio a los animales"— la miró con cierto recelo mientras ella salía, pero en ese mismo instante algo ablando su frío corazón de piedra, en el momento en el que Zelda abrió la puerta la vio limpiarse las lágrimas, había estado llorando en silencio sin que siquiera él se diera cuanta.

Suspiró de manera pesada, era tan probable que en ese momento tuviera a un "callejero" en el piso treinta de su edificio, porque ella le había insistido tanto pero él siempre se había negado a darle uno.

—Zelda— la llamó de forma firme antes de que ella abandonara la estancia.

Se detuvo pero no se viró a mirarlo, ni tampoco le contestó de forma sonora.

—Voy a cómprate uno nuevo… ya sabes, de raza. Por favor tira esa cosa que tienes arriba.

Parpadeó un par de veces de forma confundida "¿de raza?", tal vez se estaba disculpando por casi haber hecho pedacitos al gran lobo.

—Nuevo— susurró— ¿Así es como lo arreglas todo?— clamó en voz bajita— No gracias… no quiero y no te preocupes… yo… voy a coserlo de nuevo, lo voy a arreglar para que vuelva a sonreír como siempre. — le dijo aun creyendo que hablaba del peluche.

Él volvió a suspirar de forma pesada, no había entendido mucho de aquello solamente el hecho de que ella había dicho "NO" de forma casi tajante. La miró marcharse directo al comedor y la siguió de manera lenta.

El desayuno transcurrió en silencio, el abuelo Gustaf no se presentó ese día lo cual hacia que la comida fuera más incómoda de lo que solía serlo siempre, aunque de alguna manera se sentía realmente hambrienta y no tomó demasiado en cuenta ese detalle, tal vez por toda la adrenalina de la noche pasada y el hecho de que tampoco había dormido mucho.

—Hatoru— llamó a la sirvienta de forma amable— ¿me traes otro plato?

—Por supuesto señorita, hoy tiene mucho apetito. — contestó de forma graciosa, era una chica alegre con curioso pelo color albino y unos grandes ojos azules que parecían reflejar el mismísimo cielo. Dentro de la servidumbre era quizás la única que no trataba a Zelda con indiferencia y por eso a ella le gustaba pedirle favores un tanto personales, al inicio no atinaba el ¿por qué? aunque después de todo ambas eran hylians y parecían compartir la curiosa cualidad de ser demasiado soñadoras y también de que las restringieran constantemente a causa de eso.

—Ah, sí, tráemelo en una bandeja, también con agua.

La sirvienta irguió una ceja un poco confundida pero atendió la orden de forma inmediata, su padre la miró con cierto fastidio, a esas alturas ella suponía que él sabía lo que pasaba porque la cámara de video lo había captado todo, lo extraño era que todavía no le hubiera reclamado pero tampoco deseaba hablar con él acerca de ese tema.

Cuando Hatoru volvió ella se levantó enseguida y tomó la bandeja para llevársela a su cuarto.

—Sería mejor que le dieras comida para perro.

Se crispó ante el comentario y por alguna razón sintió rabia desmedida.

—Eres un grosero. ¡Y no sabes nada!— gruñó mientras se marchaba.

¿Por qué le había dicho eso? ¿A caso tan poco valor le otorgaba a las otras personas?, suspiró de manera cansada y al llegar a su cuarto abrió la puerta con algo de nervios.

Adentro su invitado seguía dormido.

.~*}{…..}{*~.

El viento gélido era lo último que recordaba, después a un ángel que había caído del cielo y ahora una tierna caricia sobre su cabello.

Abrió los ojos con un poco de desgana y lo primero que vio fueron esos tiernos ojos azules y esa bonita mano acariciándole la cabeza.

—Despierta— susurró ella.

Se levantó bastante confundido y miró a su alrededor con algo de miedo.

—Perdona… es que ya pasó mucho tiempo y seguro que tienes el estómago vacío, puede hacerte daño sabes, anda ven y come algo— le dijo tendiéndole la mano e invitándolo a una pequeña mesita que había en el centro de la estancia.

Nuevamente su mirada se llenó con cierto miedo y una solitaria lágrima resbaló por su rostro, ella daba por hecho que no sería nada fácil, quien sabe que rayos le habría pasado, ¿Por qué había estado él en plena noche? ¿Solo?

—Anoche— susurro él, pero la voz se le fue en ese mismo instante.

—Casi te comen— musitó ella

—Casi— repitió como por instinto.

Las imágenes volvieron poco a poco a su cabeza susurró "fuego" varias veces a modo de trance, ella lo miró con tristeza, no sabía porque le dolía tanto verlo de esa forma, era como si sintiera su propio dolor aun sin conocerlo.

No logró hacer que probara bocado y simplemente lo miró moverse hasta la ventana más cercana para quedarse viendo el firmamento, era como si su mirada se hubiera perdido en otro mundo, en uno muy, muy lejano. Durante la mayor parte de día lo observó llorar en silencio sin decir ni una sola palabra.

Hatoru volvió a llamar a la puerta y Zelda le dio el "pase" sin preocuparse demasiado. La sirvienta se sorprendió al ver al chico sentado tristemente en el balcón de la ventana.

— ¿Puedes traerme otra cosa?, no sé... tal vez eso no le ha gustado— dijo apuntando a la bandeja de esa mañana.

— ¡Su padre sabe de esto!

—Sí, ¿No lo escuchaste?— le dijo bajando la voz lo más posible— me dijo que le diera comida de perro, ¡Es un grosero!

— ¡Vaya!— clamó en el mismo tono de manera baja.

— ¿Serás mi cómplice, Hatoru? Dile que ya me he desecho de él, porque de lo contrario estoy segura que viene él mismo a echarlo.

La sirvienta asintió con la mirada y después sacó la bandeja para tráele algo nuevo.

Por primera vez en mucho tiempo Zelda se sentó en balcón junto a su protegido, le acaricio el rostro con ternura y le limpió las lágrimas, Rinku parpadeó de forma sorprendida saliendo del trance en el que se encontraba.

— ¿Qué te paso?— preguntó sin rodeos

—Se quemó todo— respondió con tono triste.

— ¿Y tu familia?

—Las creaturas de Twili…se los comieron a todos… soy el único que queda. — contestó con la voz quebrada.

La sangre de Zelda se puso helada, por muchos escenarios horribles que había pensado nunca se imaginó que se enfrentaría a uno como ese, había intuido que estaba asustado, que tal vez se había perdido y que se había terminado por llevar un buen susto anoche, creía que lloraba porque tenía miedo, pero ahora sabía que lloraba porque en su corazón tenía un dolor demasiado profundo, recordó como había llorado ella cuando su madre había desaparecido pero por lo menos tenía la esperanza de volver un día a encontrarla, no creía que de verdad estuviera muerta hasta que alguna evidencia le mostrara lo contrario.

— ¿A todos?— preguntó sintiendo que la voz también se le quebraba.

—Todos— musito él bajando la mirada.

De pronto de la nada sintió que ella se aferraba a su cuello abrazándolo tiernamente, abrió los ojos de forma confundida porque nunca en su vida una chica lo había tratado con tanto cariño, la sensación se volvió cálida y acogedora, y el dolor de su corazón desapareció por unos instantes.

Y Zelda tenía tantas ganas de llorar, la noche pasada había arriesgado su vida por una pelea con su padre, sentía que no tenía nada, aunque la verdad era que eso solo eran hechos concretos a medias, todavía tenía una casa y una familia, amaba a su nana Impa como a una hermana y su abuelo Gustaf siempre le había dado cariño, era cierto que el último año había sido horrible, pero no se imaginaba que hubiera otra persona sufriendo tanto, tanto. Él lo había perdido todo y no sabía porque pero en ese preciso instante sintió su soledad como si fuera suya.

Lo escuchó suspirar de manera acompensada y entonces se separó para mirarlo un poco, parecía como si hubiera recobrado el aliento.

La puerta de la habitación se abrió de forma queda y Hatoru entró para dejar la nueva bandeja.

—Aquí tiene señorita, le he dado a su padre su recado.

— ¿Te ha creído?

—Creo que sí, aunque parecía tener una cara incrédula, como si no creyera que usted le había hecho caso.

—En fin. — susurró— Gracias— le dijo y ella hizo una reverencia la marcharse.

Por primera vez Rinku pareció notar el ambiente, miró acomplejado la enorme habitación en la que se encontraba y también lo lujosas que parecían las cosas. ¿En dónde rayos estaba?, ¿En qué lugar tan extraño había quedado varado? Miró de manera tonta hacia el exterior del balconcillo y terminó por darse cuenta de que estaba más alto que cualquier sitio que hubiera pisado jamás en la vida

Recordó vagamente haber escuchado la anterior conversación entre la sirvienta y Zelda y comenzó a ponerse un poco preocupado.

— ¿Te estoy metiendo en problemas?

— ¿Qué?

— ¿Tu padre se ha enojado por mi culpa?, tal vez sea mejor que me vaya.

—Mi padre se ha enojado, pero no por tu culpa, él vive enojado con el mundo. — clamó de forma un poco dolida— Por favor no te vayas, no tienes a donde ir ¿o sí?

—No— susurró bajando la mirada— pero no quiero causarte problemas… perdóname yo… no sé ni que fue lo que hice, tenía miedo y mi cuerpo reaccionó solo, no sé porque pero seguirte me dio algo de consuelo… estuvo mal…yo.

Nuevamente ella lo abrazó con ternura.

—No te vayas. Está bien que me hayas seguido, todos tenemos miedo, eso es normal, no sientas culpa por algo que no es malo. Además— le dijo mientras lo soltaba— te dije que te cuidaría, no debería de romper una promesa.

—Está bien, no tienes por qué cumplir eso, ya… has hecho demasiado. Gracias por salvarme— irguió una ceja de forma curiosa y después la observó de manera atenta.

Zelda sudó casi en frío porque él no dejaba de retenerle la mirada.

— ¿Qué?— preguntó finalmente completamente atolondrada.

—Es que… pensé que eras un ángel*.

— ¡Un Ángel!

—Una diosa— susurró él con admiración desmedida.

— ¿Qué?

—Es que, apareciste en medio de la noche, de la nada, y con un solo golpe mandaste a volar a esa creatura.. fue… increíble.

—Sí, tampoco sé cómo hice eso, supongo que el amanecer ayuda.

—Pero…— clamó poniéndose pensativo, volvió a verla de reojo y se puso un poco nervioso al estirarle la mano.

Ella la tomó por inercia y él sonrió de manera cálida.

—Eres una persona.

—Si— musitó ella entre una pequeña risita.

—Entonces, ¿Qué hacías allá afuera?... eso, no tiene sentido.

Dejó que se le saliera el aire como si la hubieran desinflado.

—Es una historia triste… aunque no tan triste como la tuya.

Rinku se quedó sumamente pensativo, de pronto había surgido un silencio incomodo que quedó relegado por un curioso sonido, el pobre chico enrojeció de buena manera.

—Vaya fiera que llevas dentro— clamó ella riendo al escuchar lo fuerte que le rugía el estómago.

—Lo siento.

—Es que no has desayunado nada. — asintió ella de manera triste.

—Ni tampoco había cenado.

— ¿No?

Negó con la cabeza de forma vehemente. Zelda supuso que había sido culpa de aquellas creaturas, aunque por seguridad no se arriesgó a tocar el tema, el pobre chico apenas si comenzaba a reaccionar de nuevo como para que ella le recordara eventos dolorosos.

Lo tomó de la mano y lo obligó a que comiera, y mientras tanto le contó su rara historia.

—El Lobo— susurró él virando la vista hacia el peluche mientras volvía a masticar un trozo de panecillo— pues sí que quedó mal, pero, ¿es que él no tiene sentimientos?

—No sé… a veces creo que los ha perdido, desde que desapareció mi madre ya nada le importa.

—Lo siento.

—Yo también lo siento, pero no creo que esté muerta.

Nuevamente él desvió la mirada hacia el balconcillo, el cielo era cálido y hermoso muy diferente al de la noche pasada e incluso al de esa mañana. Era difícil creer que alguien mantuviera la esperanza durante tanto tiempo, pero los ojos de ella parecían no tener confusión alguna como si en lugar de una esperanza aquello representara un hecho concreto.

—Seguro que si— dijo con la mirada perdida— seguro que ella vuelve.

—Verdad.

—No cabe duda.

De pronto alguien había tocado la puerta, la voz del otro lado sonaba preocupada, pero cuando Zelda la escuchó le dio un terrible escalofrió.

—Zelda. Abre.

— ¡Impa!— masculló desde lo bajo— ¡Diosas!, ¡seguro que ella si me mata!— clamó levantándose como un resorte.

Tomó a Rinku de la mano y el pobre chico abrió los ojos como platos cuando ella lo paseó por toda habitación de forma desesperada.

—Seguro que va a decir que esto algo indecente o cosas por el estilo— mascullaba arrastrándolo a todos lados— debajo de la cama ¡No! Es muy obvio, ¡En el armario!, no, no, no, ¡hay muy poco espacio!, ¡En el baño! ¿Diablos acaso estoy loca? Es el primer lugar en el que buscaría.

— ¿Zelda?— la voz volvió a escucharse desde el otro lado de la puerta.

"¡kyyaaa!" musitó desde lo bajo tratando de ahogar el grito, el pobre Rinku ya estaba completamente mareado cuando Zelda dejó de girar como loca y de repente enfocó su vista en el gran Lobo.

— ¡Tengo una idea!— clamó triunfante.

— ¿Qué?— preguntó el pobre chico con los sentidos completamente confundidos.

.

.

Continuara...

.

N.A.:* "Un Ángel", ya saben, como la representación de la diosa Hylia que se encuentra en la isla de Neburia (Altarea).

"Dato curioso": el otro día encontré a Hylia jajaja ¡En serio!, a ver si después me dicen que ya estoy alucinando pero… en mi clase de religiones prehispánicas, cierto tema se desvió hasta las primeras religiones del mundo, en Sumeria (o Sumer como muchos le llaman) hay una diosa que se llama Inana, el maestro nos puso una diapositiva con su imagen y ¡Vaya! Es realmente la representación de la Diosa jajaja. Es como el Neburi que según eso está basado en un ave real llamada Balaeniceps Rex


Comentarios del Capítulo:

Dos almas afines que lograron encontrarse. ¿Casualidad o Destino?, fuera como fuera fueron hechos para sanar la tristeza del otro y cuidarse mutuamente. Zelda apareció frente a Link para darle la oportunidad de recobrar su vida, Link entró en la de ella para evitar que ella renunciara a la suya.

Lo importante para esta parte de la historia son definitivamente los diálogos, de una vez les voy diciendo que la mayoría fueron escritos en doble sentido.

¿Que clase de idea se le habrá ocurrido a Zelda?, seguramente no sea más que otra locura.

...

Bueno ahora ya saben de donde viene lo de "Diosa" xD, en realidad Link si le dice así a su Zelda, supongo que mas adelante hay una anécdota de como fue que termino por aceptar el seudónimo, en realidad es gracioso y terminó con Link casi muerto en el suelo y con un buen zape, jajaja como era de esperarse.