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Capítulo 21: El origen del Lobo y de la Diosa (Cuarta parte)

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"El Cachorro de la Diosa"

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Z-Corp 6 años antes…

Había tocado la puerta durante cerca de diez minutos, frunció el ceño y retuvo un suspiro.

— ¡Zelda Ábreme!— gruñó de forma preocupada.

Entonces sin más remedio pateó la puerta y ésta se abrió de golpe. Adentro la pobre chica se sobresaltó de manera repentina.

— ¡I-I-Impa ! ¿Qué haces ¡ya iba!?

—Tardas demasiado, oye ¿Qué haces ahí?

Estaba sudando en frío y se había plantado cómo barrera cerca de la gran montaña de peluches que siempre había tenido en la esquina de su cuarto.

—Estaba.. ¿Buscando?.. Si, buscando algo, creo que lo deje por aquí— clamó riendo con un severo tic nervioso— o bueno, ya no importa, dime, ¿Qué pasa?

— ¿Qué pasa?, ¡Qué te pasa!, casi me da un infarto porque nada más entrar y el guardia en turno me da semejante noticia "¿Ya te enteraste Impa?, ¿Ya te dijo el señor Impa? ¿Crees que ha enloquecido Impa?" ¡Sí!, ¡Claro que ha enloquecido!, sólo a ti se te ocurre salir en plena noche. — La regañó moviendo los brazos de forma exagerada.

Gritó y gritó durante cerca de cinco minutos y Zelda cerró los ojos y ensordeció sus oídos. Ya se esperaba algo cómo eso aunque ésta vez la había tomado por sorpresa, con todo lo que había sucedido ya ni se acordaba que precisamente ese día volvía de su viaje.

—Vas a matarme niña— suspiró en tono más calmado llevándose una mano al rostro.

—Lo siento… ¿Te ha contado mi padre?

— ¿Eh?... No ni siquiera he ido a verlo, solamente hable con el guardia.

—"Demonios, ¿Quién es el torpe, metiche, guardia en turno? Tengo ganas de matarlo", ya veo.

Impa suspiró de alivio después de haberse desahogado por completo, la miró con una sonrisa y después la abrazó efusivamente.

—Tenía miedo— clamó de forma triste— no vuelvas a hacerlo, Zelda.

—Creo que no. O al menos voy a intentarlo.

Y la Sheikah suspiró de forma pesada.

— ¿Qué pasó?

—Mi papá…

— ¡Tú padre!, bravo, todo se resume a eso.

—Todavía no te he dicho.

—No. Pero él va a decirme, se nota que quieres llorar nada más de nombrarlo.

—No— clamó ella de forma firme— nunca más voy a llorar por su culpa o por lo menos eso sí que voy a intentarlo— recordaba las tristes lágrimas de su protegido, eran lagrimas cargadas de un dolor inmenso, y las de ella solamente tenían cierto rencor y odio, era cierto que le había dolido pero si comparaba tristezas la de ella era una cosa mínima.

—Bien— clamó su tutora y exhaló el aire cómo si lo hubiera estado reteniendo durante siglos, nuevamente puso una cara curiosa y viró los ojos cómo tratando de ver a través de Zelda— ¿Qué estas escondiendo?

—¡¿Qué?!, ¡escondiendo!, yo.. yo no escondo nada.

—Desde que entre te has empotrado ahí de forma sospechosa, me ocultas algo pequeña pilla, déjame ver que es— dijo apartándola hacia un lado.

Se había puesto tan pesada que Impa necesitó de cierto esfuerzo para moverla.

—"¡Diablos!"— gruñó Zelda mentalmente, temblando al tiempo que casi se ponía azul de la cara.

Cuando Impa la quitó solamente vio la montaña de peluches, sus ojos escarlata escudriñaron minuciosamente y después de un simple vistazo terminó por posar su vista sobre el gran lobo, levantó una ceja de forma curiosa y lo toqueteó con un dedo como si fuera algo extraño.

El pobre Rinku sudó en frío bajo la piel del lobo y literalmente contuvo la respiración para no hacer ningún movimiento.

"Por favor, te lo suplico, no dejes que te encuentre" la voz de su salvadora retumbaba en su cabeza de modo suplicante.

Los profundos iris escarlata de Impa vieron a través del disfraz en un primer instante, entrecerró los ojos y miró de forma curiosa a Zelda, la pobre chica se había virado y temblaba de manera sumamente nerviosa.

—"Vaya"— musitó mentalmente irguiendo una mueca extraña cómo si quisiera regañarla y al mismo tiempo reírse –"¿Me pregunto por qué lo habrá escondido?, aunque no está nada bien que lo tenga aquí en su cuarto, ¡Esto no es nada decente!, pero… creí que estaría mal después del susto que de seguro se llevó anoche… Daphnes ¿hasta cuándo dejaras de cometer tonterías?"— Se llevó una mano a la cabeza y cerró los ojos para pensar por un rato— "ella definitivamente se siente herida, se le nota cada vez que escucha o dice la palabra padre"— suspiró nuevamente exhalando demasiado aire.

Había concluido que le pasaría esto por unas horas y después volvería a pedir explicaciones.

—Que lobo tan extraño— refunfuñó al tiempo que se marchaba.

Zelda profirió una risa nerviosa.

—S-s-si. , es raro, me lo dio el abuelo, ¿Qué esperabas?

—Algo más femenino, ¿Por qué nunca te da regalos normales?— dijo al tiempo que cerraba la puerta.

Durante un buen rato el silencio permaneció de forma hegemónica y después Zelda escuchó como detrás de ella el pobre chico soltaba el aire, el pobrecito se había estado ahogando pero había permanecido quieto para no echarla de cabeza.

Ambos literalmente se desmayaron, él en la montaña de peluches y ella tirada en el piso.

—Creo que no se lo ha tragado— clamó preocupada llevándose las manos al rostro.

Rinku salió de los peluches de modo tambaleante y se sentó a un lado de ella.

—Tal vez no fue una idea tan brillante ¿Qué tanto me parezco a un lobo?, seguro que sintió algo extraño cuando me toco la cabeza.

Se miraron de manera furtiva y después ambos se rieron con gracia.

—Que bobada— dijo ella— es mi culpa, es que, no sé por qué no puedo decirle las cosas de frente, a veces me da mucho miedo lastimarla o herir sus sentimientos.

—Tal vez la quieres mucho— dijo él con una vocecita alegre, no sabía porque de repente se sentía tan feliz estando cerca de ella.

—Sí, de todas formas lo siento, casi te ahogas por mi culpa…. ¡!... ¿?... ¡Vaya!

— ¿Qué ocurre?

—Soy sumamente despistada— habló irguiendo una ceja, se viró para colocarle una mano en la cabeza y después de forma tierna la movió hacia atrás para quitarle la piel del lobo.

Rinku se sacudió por inercia haciendo que sus cabellos rubios se le alborotaran en la cara de forma graciosa.

— ¿Cómo te llamas?

— ¿Eh?

—Es que no se tu nombre, soy realmente despistada— le dijo mirándolo de forma curiosa mientras erguía una sonrisa.

Por unos instantes sus ojos se perdieron en los de ella y pensó que había encontrado lo más hermoso de ese mundo, eran brillantes y cristalinos como si reflejaran el mismísimo cielo.

Rinku— pronunció de forma atolondrada

— ¿Liink?

—Rinku— susurró de nuevo

— ¿Linkkk?— volvió a repetir con una sonrisa tratando de entender cómo se pronunciaba.

—Rinku

— ¡Link!

Parpadeó por un rato y se rio ante su ternura

—Link— pronuncio él de forma firme, ella lo había dicho con tanta dulzura que de verdad lo tomó como suyo.

— ¿Qué pasa, está mal, cierto?, es un nombre muy curioso— dijo ella riéndose un poco.

—No, Link, está perfecto. — repitió él nuevamente.

—Bueno, creo que ya escuchaste a gritos pero— carraspeó un poco antes de reír nuevamente de forma nerviosa— Soy Zelda.

—Sí, es un nombre muy hermoso. Perfecto para una diosa.

—No creo que sea una diosa— clamó avergonzada.

—Para mí lo eres— dijo él de forma tierna y boba— la Diosa que me ha salvado.

Nuevamente lo miró de manera curiosa, nunca en su vida había conocido a alguien semejante, de hecho no le agradan mucho los chicos, eran bobos y tontos y también demasiado brutos, solían burlarse de ella en la escuela con bromas idiotas como "Eres la hija de papito" o "La loca chica video juego", pero Link era completamente diferente, era cómo si no fuera de la misma especie.

Rodo los ojos graciosamente y recordó que el único chico al que había admirado aparecía en un cuento de hadas, era un príncipe aventurero, leal y muy bien parecido. Y entonces se rio de forma curiosa porque Link parecía precisamente eso, era como un príncipe solo que en miniatura.

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Cuando entró en la pequeña sala de juntas encontró a Gustaf jugando "solitario" con cierta desgana.

— ¿¡En donde esta!?— gruñó ella de modo desafiante.

El abuelo levantó una ceja de forma perezosa.

—En su despacho— contestó de la misma manera.

— ¡Me va a oír!

—Pero Impa ya te dijo que no te subirá el sueldo, es terco y tacaño como mula.

—Ésta vez no se trata de eso.

— ¿Entonces?

—Estoy hablado de lo que paso con Zelda.

—Lo del bate de béisbol… ¿ya te lo dijo?

— ¿Bate?, ¿ehhh?, ¿Qué?.. ¡No!, me refiero a que casi muere por salir a las calles de noche. ¿Qué es eso del bate o no sé qué cosa?

Ambos se miraron de forma extraña y después de que se intercambiaron informaciones fueron de forma enojada hasta el despacho del susodicho, pero cuando llegaron él no estaba y supusieron que había ido al baño, o afirmar papeles, o algo por el estilo.

A esas horas del día el Z-Corp tenía gente corriendo por todos los sitios, los pisos de abajo eran un verdadero caos durante las tardes. Ambos suspiraron de forma cansada pero en lugar de ir a buscarlo y abochornarse prefirieron esperarlo a que regresara.

— ¿Cómo está, Zelda?— preguntó el abuelo.

—Bien, mejor de lo que esperaba, también me sorprende que Daphnes no haya echado todavía a ese chico.

— ¿Cuál chico?

—El que Zelda esconde bajo la piel del Lobo… es curioso, ¿sabes que puedo sentir la magia?

—Si— musitó en voz graciosa.

—Bueno es que cuando acerque mi mano pude sentirla, era una energía curiosa, entremezclada, se parecía un poco a eso que se guarda en los almacenes y también a lo que emana esa ave negra cada vez que la tengo de lado.

—Suena complejo y no entiendo.

—Creo que tiene sangre antigua, si… de eso estoy segura, me pregunto ¿de dónde abra salido? Y porque Zelda lo tiene en su cuarto escondido como a un cachorro.

—Vaya, ¿y lo dejaste en ese sitio?, eso no es propio de ti, Impa.

—No, no lo es, en otras circunstancias lo hubiera echado de inmediato a patadas, ¡qué poca decencia!— clamó carraspeando un poco— pero ¿sabe una cosa?… incluso sin verlo pude sentir su aura buena, también se ve bastante lindo y se parece mucho a Zelda, blanco como la nieve y con unos ojos azules muy profundos, esa piel del lobo a mí no pudo esconderme nada.

—Esos ojos escarlata sí que dan miedo— clamó al tiempo que ambos se reían.

Daphnes entró en ese momento a su despacho y después de unos minutos se arrepintió al no dar la vuelta, la pequeña oficina se llenó de severos reclamos a los que literalmente tuvo que volverse sordo. Después de mucho rato los tres se calmaron.

—Sí, si— gruñó él. — sólo les hace falta regañarme porque la obligue a tirar el perro.

— ¿Cuál perro?— clamaron al unísono.

—Ese perro— profirió enseñándoles el video.

Gustaf irguió una ceja.

—Pues sí parece un perro— musitó de forma curiosa.

— ¡Cielos!— clamó Impa al hacer analogías— ¡No era un perro! "Ese chico, también estaba de noche afuera"… "No"... "No es posible".

—Era un perro— gruñó Daphnes

Pero ella negó con la cabeza.

—Acabo de estar en ese cuarto y no había perro

Escuchó al hombre refunfuñar con seriedad.

—Ahí solamente había un enorme Lobo. —clamó la Sheikah.

— ¿El chico?— profirió el abuelo.

Entonces ella asintió y miró a su jefe con cierto recelo.

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— ¿Entonces?, saltas con la "X" y con la "B" golpeas.

—Sí, y corre, corre que nos están alcanzando.

— ¡Cielos!— murmuró habiéndose enredos.

Entonces ella rio divertidamente.

—No sabía que era tan divertido jugar en cooperativo. — dijo de repente.

Link la miró de forma tierna, habían pasado solo unas cuantas horas pero no podía dejar de pensar en lo mucho que le gustaba su sonrisa, el dolor de la noche pasada seguía muy presente, pero ella había sido muy dulce y lo había puesto a hacer un montón de cosas raras para tratar de que olvidara.

En el fondo ella sabía que no sería cuestión de horas, ni de días e incluso años, pero no le gustaba verlo triste y ahora sin saber cómo habían terminado ahí juntos jugando videojuegos, tampoco podía creer que él fuera un novato, aunque aprendía rápido y no tenía que explicarle tanto las cosas.

—Había visto estas cosas, pero, nunca había tocado una… bueno no de ésta manera.

— ¿Entonces de qué manera?— preguntó sumamente curiosa.

—En el corazón de su existencia.

— ¿Corazón?

—Mi….— las palabras se le hicieron un poquito nudos al tratar de recordar lo que quería platicarle.

— ¡Cielos!— murmuró ella, había sido cuidadosa pero era inevitable tocar ciertos hilos sueltos y más cuando todo era tan reciente.

Nuevamente lo vio poner esos ojos tristes y desolados, el sonido del menú de "Pausa" sonó de inesperadamente y él despertó de forma extraña del trance en el que se había metido.

—Lo siento… ¿quieres… hacer otra cosa?

—Tal vez dormir un rato— susurró de forma apenada.

—Bien, pero deja que antes te traiga la cena.

—Gracias.

La vio salir y se levantó al tiempo que apagaba la consola y la pantalla, se sentó en el sillón de con semblante de melancolía y parpadeó de forma curiosa al sentir un extraño papel entre su trasero y sobre la superficie esponjosa.

— ¿Qué es esto?— murmuró mientras lo leía.

"Por favor no hagas escándalo, regresare en cuanto pueda. Hazme un favor, nadie puede verte, sé discreto"

—Vaya— suspiró de forma triste— Creó que de verdad le estoy causando problemas, no debería quedarme— sus propias palabras le dolían demasiado, era cómo haber encontrado refugio y tener que volver a dejarlo.

No tenía un lugar al cual volver, ni tampoco a donde ir y no podía quedarse, se sentía verdaderamente abatido.

Cuando ella volvió trató de ocultar su mirada, cenó en silencio y dio las gracias antes de recostarse en el silloncito, fue consciente de que su compañera tuvo que cambiarse en el baño para poder ponerse su pijama y entonces fue aún más consciente de lo mucho que le estorbaba.

Nuevamente se puso a llorar en silencio y cerró los ojos con fuerza, escuchó los pasos de ella al acercarse, las ultimas emociones le habían hecho un nudo en la garganta era tan difícil poder hablar sobre "cualquier cosa", así que simuló estar dormido para evitarse problemas.

De manera tierna sintió como ella le acariciaba la cabeza al tiempo que lo cubría cuidadosamente con la piel del Lobo.

—"¿Por qué?"— se preguntó nuevamente de forma dolida, se suponía que era un objeto importante para ella, cualquier otra persona hubiera luchado por mantenerle su forma, pero ella había terminado por sacarle todo el relleno para poder protegerlo y ahora… simplemente se lo prestaba de esa manera.

—Perdóname, Link— escuchó que susurraba con la voz media quebrada— soy realmente una persona inútil… cómo me gustaría de verdad poder ayudarte, cómo me gustaría que lo olvidaras todo y que me regalaras una de tus sonrisas… una verdadera, que no tuviera dolor ni amargura. Yo de verdad que no puedo hacer nada— su voz se había ido apagando hasta que eso último sonó como un leve susurro, cómo si su corazón musitara palabras inteligibles perdiéndose en el silencio.

Nuevamente le acarició la cabeza ¿Qué le pasaba con ese chico? ¿Por qué de repente sentía que lo quería tanto? ¿Por qué su corazón se sentía tan herido al verlo de esa manera?, era como si hubieran hecho una conexión muy extraña.

—Quédate a su lado— murmuró con un sonido semejante al que hace el rumor del viento— Cuídalo, no dejes que se le acerquen las pesadillas— clamó casi en silencio mientras le acomodaba la piel del Lobo.

Volvió a la cama y apagó las luces, Link gimoteó un poco, su corazón se sentía triste y herido y no solamente era por las cosas que había vivido con los Twili, se aferró a la piel del lobo haciéndola suya, cómo si realmente quisiera ser uno verdadero, uno que reemplazara a ese que había sido destazado por la insensibilidad de un hombre al que todavía ni conocía.

—"Si… un lobo… uno que siempre pudiera defender a Zelda, uno que no permitiera que le roben lo que ama en la vida"— el pensamiento cayó en el silencio y se perdió de forma inevitable ante el cansancio.

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Continuara...

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Comentarios del Capítulo:

Y asi fue como Rinku terminó por ser Link :'), Zelda fue realmente quien le puso su nombre. Incluso su apellido Wolfang nació de éste pensamiento de querer ser su Lobo guardián.

jajajaja pobre Link por poco y le da un infarto. Bueno es que Impa puede ser terrorífica xD, pero ésta curiosa Sheikah a encontrado algo unico y muy curioso simplemente con esos escarlata.