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Capítulo 22: El origen del Lobo y de la Diosa (Quinta parte)
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"La Diosa Protectora"
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Z-Corp 6 años antes…
Cuando despertó lo primero que vio fueron esos extraños ojos pardos, parpadeó un par de veces antes de salir de su estado confundido.
Se levantó de manera raída sintiendo que todo le daba vueltas y después de un rato se avergonzó un poco y soltó de su abrazo al pobre lobo desconchinflado.
—Hola, Link— la voz había sonado dulce y cantarina
Él irguió una ceja
— ¿Link?— antes de poder seguir cavilando sintió que lo abrazaba por el cuello, se sonrojó un poco ante el contacto tan cercano y exhaló un montón de veces tratando de no hiperventilarse, por unos instantes su memoria hizo click de muchas y varias maneras— "Link… es cierto, ese es ahora mi nombre", Zelda me ahogo.
—Lo siento— clamó de forma curiosa.
Estaba feliz de que su pequeño invitado por fin despertara.
—Tus ojos.
— ¿Mis ojos?
—Lo dicen claramente Estoy tramando algo, ¿En qué estás pensando?
—¡Wauuu!, ¿Cómo haces eso?
—Es…. Instinto.
—Allá abajo mi padre esta furico.
— ¿Por qué?
—Parece que algunos negocios no le salieron como esperaba. Se me ha ocurrido una buena idea ¿conoces el parque central de Hyrule City?
— ¿Parque?, No tenía ni idea.
—Vaya Link, ¿En qué mundo vivías?— se mordió la lengua al pronunciar eso ultimo— "Demonios"— gruñó, trataba de no hablarle de su pasado pero era algo demasiado inevitable.
Link sólo rodó los ojos de forma curiosa.
—En los límites de Hyrule City, mi familia es… era, más de campo.
—Oh— respondió con simpleza al escuchar que su voz no se tambaleaba, tal vez el sueño le había servido más de lo que imaginaba.
Lo tomó de las manos y salieron de forma discreta a hurtadillas.
Llevaba un día encerrado en el cuarto de Zelda y puso los ojos como platos cuando bajaron a las plantas bajas.
— ¿En dónde estamos?
—En las oficinas— contestó ella de manera alegre esquivando a las personas que iban y venían por todos lados.
Link no recordaba haber visto nunca tanta gente alborotada, corriendo como hormiguitas hacia todas las direcciones.
—Escucha, si salimos por aquí y nos colamos entre los empleados mi padre no se dará cuanta.
—Si… bueno respecto a eso, quería comentarte algo.
—Sera luego, anda ve primero y actúa naturalmente.
Caminó naturalmente y salió por las puertas principales como si nada, como si fuera el hijo de algún empleado, los guardias lo miraron con cierta gracia y fue sólo hasta entonces que se dio cuenta que de verdad estaba… como decirlo… ¡Asqueroso!, tenía la ropa llena de ceniza y el cabello completamente alborotado.
Se paró de manera avergonzada afuera del edificio y después se viró para buscar con la mirada a Zelda. Ella lo siguió a los pocos minutos, aunque tuvo más problemas que él al cruzar a los molestos guardias, fue muy difícil hacerles entender que su padre le había dado permiso y después de varios mohines ellos accedieron a darle el paso.
Cuando llegó hasta afuera encontró a Link con los ojos hechos platos y con la mirada en trance viendo fijamente hacia arriba.
— ¿Estas bien?
—E-E-E-Esto…. Estamos ¡En el Z-Corp!— clamó de forma boba mirando el imponente rascacielos del cual había salido.
—Sí, ¿No te habías dado cuanta?
Negó con la cabeza de forma incrédula, había supuesto que ella era de alguna familia adinerada basándose en la decoración de su recamara y en la vista alta que había observado en las últimas horas a través de la ventana, sin embargo no se había atrevido a observar ni una sola vez hacia abajo para comprobar en qué punto exacto de la cuidad se encontraba.
—Link, eres, sumamente despistado— dijo suspirando con desgana— "Demonios"— masculló por dentro— "acabo de perder a mi único amigo"— pensó con tristeza.
De verdad que nunca había tenido un amigo verdadero, la mayoría eran niños ricos interesados y en la escuela era difícil acoplarse a causa de la carga pesada de pertenecer a una familia demasiado rica, incluso entre las altas sociedades.
—Zelda, ¿Qué te pasa?— preguntó él de manera preocupada.
— No… nada, ¿Tú?
— ¡A-h-h-h-h, disculpa me he quedado como retardado!—dijo mientras reía nerviosamente— es que me he sorprendido, nunca imagine que estuviéramos en este sitio.
—Supongo. — dijo ella aun con el tono triste.
— ¡Cielos! Es tan alto que se me tuerce la cabeza, a mi tío Raven le hubiera fascinado.
Zelda lo miró de forma cautelosa, no parecía que la actitud de su pequeño amigo hubiera cambiado, aunque definitivamente sonaba más alegre cómo si la tormenta se hubiera retirado de su alma.
Se abrazó a él de la misma forma y escondió su rostro en su cuello.
— ¿Qué tienes?— preguntó de modo triste devolviéndole el abrazo.
—Odio tanto éste sitio.
—Pero es tu casa.
—Y la odio… esta, construida de mentiras.
—No digas eso, tú no eres una mentira, ¿recuerdas?— clamó con una sonrisa señalándose a él mismo— Sigo vivo— pronunció de forma firme. — Y eso es porque una hermosa diosa me ha salvado— confesó un poco avergonzado y después se echó a reír de forma tierna.
Por unos instantes Zelda parpadeó confundida, su pequeño príncipe seguía siendo como siempre, alzo la mirada y sus ojos azules se iluminaron con alegría.
Esa bonita sonrisa, cálida y sincera, que había esperado ver desde la tarde pasada, ahora estaba ahí verdaderamente presente, suspiró con gran alivio y se recompuso de forma inmediata. Link también se alegró de volver a verla con semblante contento y dejo que lo tomara de la mano para que lo guiara por el enorme corazón de Hyrule City.
—Creo que me siento intimidado— musitó aferrándose al brazo de ella.
—Vamos, Link ¿de verdad nunca habías estado en centro?
—Nunca en el centro "centro"
—De verdad que eres un chico de campo— le dijo de forma tierna.
—Si… supongo que eso me descarta como alguien interesante.
— ¿Interesante?... bueno eres todo un misterio y además creo eres sumamente lindo, nunca nadie me había tratado de la misma manera, tú apenas si me conoces y te has portado demasiado tierno conmigo. ¿Eres así con todas las chicas?
—No. —Clamó rodando los ojos— Es difícil hablar con ellas, al parecer tampoco les gustan demasiado los chicos y bueno yo…
— ¿Si?
—Es raro pero, siempre me han dicho que no pienso como los chicos normales— clamó de forma nerviosa— de hecho no… no solía tener demasiado amigos, por alguna razón ellos no entendían las cosas de las que les hablaba y las maestras solo decían que era… ¿complejo?
— ¿En qué sentido eres complejo?— preguntó ella sumamente confundida.
—En el.. entendimiento… pragmático
—Ah.. vaya
—Discúlpame que te lo diga de esta forma pero ¿No tienes esa cara boba?
—No y tú, sí que eres complejo, eres…. Inteligente, eso es, eres inteligente, tal vez por eso nadie te entiende ¿Cuántos chicos de tu edad usan la palabra "pragmático" de una forma tan aligerada?
Por un instante él se detuvo en seco. Rodó los ojos de manera curiosa y ella soltó una curiosa risa.
—Eso significa— clamó como si hubiera hecho un gran descubrimiento— ¡Qué no soy raro!
—Claro que no, bobo.
Y ambos se echaron a reír caminado por las aceras, durante cierto tiempo platicaron de cosas vanas, cosas sin sentido y cosas divertidas, entre líneas y susurros Link logró captar que su nueva amiga era un poco solitaria aunque no lograba entender "por qué", creía que era una persona sumamente linda y además ya había comprobado que su corazón era puro y tierno. También podía ver que era sumamente valiente a pesar de que para su edad no se esperaba mucho de ella.
Los problemas en el Z-corp parecían tenerla retenida como si dejara que la felicidad se le escapara delante de sus ojos, para cuando llegaron al parque Link entendió que era lo que ella necesitaba. Le hablo de las flores y otras plantas, de cómo se componía el azul del cielo y también como el viento cantaba entre susurros.
Era una extraña mezcla entre cosas sumamente científicas y rebuscadamente mágicas, dos cosas a las que ella consideraba sumamente opuestas, tal vez la terquedad de su padre había terminado por contagiarla pero las palabras de Link sonaban puras y verdaderas.
— ¿Y sabes cuál es el error de la ciencia?
—Ser, ¿ciencia?
—Si… haberse separado de la magia, en los tiempos antiguos solían ser una misma cosa, era algo extraño a lo que la gente llamaba Alquimia, era algo que hacia equilibrio en éste mundo.
— ¿Por qué me cuentas estas cosas, Link?— preguntó mientras se sentaban cerca del pequeño rio.
—Mírate bien, Zelda. No dejes que los demás te quiten la herencia de lo que llevas dentro— clamó haciéndola que viera su propio reflejo en el agua— somos hylians, nunca lo olvides, tenemos la capacidad de ver los secretos que se ocultan en éste mundo, podemos ser muy felices simplemente con mirar el cielo y jugar "¿a qué se parece esa nube?", si los demás no entienden eso simplemente significa que no merecen estar a tu lado.
Nuevamente se quedó acomplejada, hasta cierto punto entendía porque Link no tenía demasiados amigos, si siempre hablaba de esa forma como "buen entendedor del mundo", era normal que no se acoplara con el resto de los chicos de su escuela… la palabra "inteligente" le quedaba un poco corta y no entendía como a su edad había llegado a ser alguien tan ¿filosófico?... "complejo" tal y como él mismo se había descrito.
Las extrañas lecciones que le impartían sus maestros privados le permitían estar al nivel de su pequeño compañero y de un momento a otro pensó si no le pasaba lo mismo, Link parecía no haberse dado cuenta ni entender la razón por la cual los demás chicos lo evadían, de hecho parecía haber encontrado la respuesta en el mismo instante en el que ella le reveló la causa, ¿y si de verdad le pasaba lo mismo?
—Interesante— susurró de forma queda y sonrió como pocas veces lo había hecho en la vida.
El rio fluía de manera calmada llevándose consigo a los pequeños peces rojos, por primera vez en mucho tiempo encontró un lugar seguro y lo abrazó con suma ternura como si fuera un enorme osito de peluche.
Nuevamente y de forma extraña Link sintió que hiperventilaba y comenzó a reírse de manera nerviosa. La miró hacer ciertos gestos graciosos y finalmente se decidió por preguntarle.
—Parece que algo te inquieta.
—No es nada, es sólo… que para mi desgracia soy curiosa.
— ¿Y por qué no preguntas?
Bajó la mirada sintiendo un poco de miedo, no quería que su sonrisa nuevamente desapareciera ni que sus ojos se llenaran nuevamente de lágrimas.
—No voy a llorar— dijo él de forma un poco triste pero a la vez con mucha firmeza— "Cuida tu vida"— suspiró con mucho letargo— si me dejo morir en la tristeza seria como traicionarlos. Anoche me quedo muy claro eso. Fue muy extraño, pensé que tendría pesadillas pero solamente vi la curiosa sonrisa de un lobo.
Zelda sonrió con cierta picardía.
—Eres muy fuerte, Link, cómo me gustaría ser de esa forma. — clamó ella irguiéndose un poco— bueno, es que… ¿Cómo sabes tanto del mundo?
Él parpadeó un poco y se rio graciosamente.
—Es que yo… y bueno él…— se rio nuevamente sin poder controlarse— Mi tío Raven era como mi maestro y él y yo, bueno éramos las ovejas negras de la familia.
— ¡Ovejas negras!— clamó de forma incrédula, cómo podía su pequeño príncipe llegar a ser algo como eso.
—Él por pegarse tanto a la ciencia y yo por ser el único en generaciones incapaz de utilizar la magia, mi casa era una especie de pequeña finca aunque en la antigüedad ahí se había erigido un templo dedicado a las diosas. ¿Puedes imaginarte eso?, mi madre provenía de una larga línea de sacerdotisas, su hermano era un completo rebelde y su hijo, o sea yo, soy una especie de hylian raro que no pudo seguirle el legado… soy… sumamente decepcionante.
Zelda escuchó con cierto asombro. Link miró hacia las nubes y se dejó caer en el césped.
—Pero… sin importar lo que sea o lo que no sea, al final… por alguna razón él y yo terminamos de esa manera, dijo cosas extrañas "La magia que permanece dentro es más poderosa cuando se duerme por siglos", nunca llegue realmente a entenderlo pero de todas formas parece ser que mi carecía comenzó a compensarse con otro tipo de habilidades, nunca nadie entendió como era que de verdad había terminado leyendo todos los libros de nuestra biblioteca.
— ¡Vaya!— susurró ella, sonrió de manera divertida al enterarse de que se había hecho con un verdadero genio. — ¿Entonces? ¿A qué se dedicaba tu familia? ¿Eran como los oráculos?
Link se rio de buena manera.
— ¡No!— dijo sosteniéndose el estómago— Criábamos caballos
— ¿Qué? ¡Qué extraño! Eso no tiene sentido.
—Ya lo sé, todo el mundo decía eso, ¿Pero quién contrata magos hoy en día?— le dijo con una sonrisa tierna.
Por unos instantes no entendió que le pasaba con Zelda, era como si solo el estar con ella curara el dolor de su alma, era cierto que los últimos eventos lo había dejado perturbado y triste, pero cuando ella le sonreía él sentía una inmensa alegría, era como si de pronto sintiera que había encontrado su lugar en el mundo, como si realmente no importaran otras cosas, nunca en su corta vida se había sentido de esa manera y a pesar de lo sucedido se alegraba de haberla encontrado, tal vez no de la forma esperada ni aun precio que parecía del todo justo, pero su corazón se sentía como nunca lo había hecho, se sentía completo, como si Zelda fuera la persona a la que esperado toda una vida.
Se levantó de manera queda y se abrazó a ella con mucha ternura.
—Gracias— susurró.
Ella lo miró interrogante mientras el suave cabello de su compañero le hacía cosquillas en el cuello.
— ¿Por qué, Link?
—Por dejarme estar a tu lado. Aunque…— clamó de repente un poco triste mientras se separaba de ella.
— ¿Si?
—Creo que… es mejor si hasta aquí llegan las cosas, lo he estado pensando Zelda, es mejor si me aparto de tu lado, desde que estoy contigo creo que no he hecho más que causarte problemas y además…— dijo mientras le limpiaba un poco las ropas a su compañera. El resto de la suciedad y las cenizas se le habían pegado un poco— creo que he abusado de tu amabilidad. Soy una mala persona.
— ¿Quieres irte?— preguntó ella de forma muy triste.
—Es lo mejor.
— ¿Pero?, ¡A donde!
—No lo sé, tal vez encuentre por ahí algún sitio, y después… cuando me haya recuperado volveré a verte y te pagare todo lo que me has dado.
—Pero… yo no quiero que te vayas, Link— le dijo desviando la mirada sintiendo que en cualquier momento lloraría— ¿hay algo que quieras? Yo puedo dártelo— le dijo con la voz un poco quebrada— sé que no te he tenido en las mejores condiciones, pero puedo cambiar eso, ¡En serio!
— ¿Qué?, pero si nunca nadie me ha tratado mejor que tú.
—Entonces quédate. Quédate a mi lado, quiero que estés conmigo. — dijo finalmente abrazándose a su cuello, no quería perder a la única persona que le había demostrado verdadero cariño en más de un año.— ¿Te dije que era divertido jugar en cooperativo?
—Sí, si lo hiciste. — susurró él de forma queda hundiendo su rostro en los cabellos de su compañera.
Por el momento dio el tema por cerrado, era obvio que la había hecho sentir triste, pero también tenía bien claro que no podía quedarse, aunque si lo pensaba detenidamente no tenía por qué marcharse tan rápido. Uno o dos días no harían una gran diferencia o al menos eso era lo que él creía.
Cuando volvieron a casa Zelda lo obligó a que se detuvieran en una tienda.
—Bou.. ti qui ¿Qué?— pronunció de forma graciosa y ella se rio cuando él no entendió la palabra.
Lo tomó de la mano y entraron juntos. Pero cuando eso ocurrió Link dio pasos agigantados en reversa.
— ¿Qué pasa?
—Es un lugar muy elegante— le dijo con nervios— ¡mira nada más mis fachas!, creo que te espero afuera.
—Pero Link, te necesito.
— ¿¡Qué!?
Se lo llevó arrastrando como a los perritos cuando no quieren usar correa y al final fueron detenidos por una alegre empleada.
—Señorita Zelda ¡Bienvenida!— clamó antes de erguir una ceja y dedicarle una curiosa mirada al nuevo amigo de "La señorita"
—Clair, necesito que me ayudes— dijo ella con una mirada picara apuntando hacia Link discretamente.
— ¿Ajá?— preguntó la empleada.
—Necesito un cambio, casual, cómodo, nada de elegante y … ¿mmm?, Algo verde, creo que ese color le sienta.
—A la orden— dijo de forma inmediata, inspeccionó a Link minuciosamente con la mirada y desapareció como si fuera un gracioso remolino.
Link no entendía para que lo necesitaba, se sentía tan incómodo porque toda la gente se le había quedado viendo y de forma automática terminó por esconderse detrás de Zelda.
La empleada regresó de forma rápida y eficiente, y sin muchas palabras le entregó un par de bolsas a Zelda.
—Que lo carguen a la cuenta de mi abuelo, si llama y pregunta díganle que fue Zelda.
—Si señorita— dijo la empleada con un saludo militar gracioso.
Cuando volvieron al Z-Corp trataron de entrar de la misma manera, aunque en esta ocasión Link no pudo evitar levantar sospechas entre los guardias y bueno a Zelda no le tomó tanto trabajo entrar como lo había hecho al salir.
Normalmente se hubiera ahorrado eso entrando por la puerta trasera, pero ahí estaba el problema de la cámara y además se suponía que ya no tenía a Link con ella, porque Hatoru le había dicho a su padre que se había deshecho del chico.
Cuando subieron al piso treinta Link se sentó en el piso de forma pensativa, había sido una tarde extraña para él, tanta gente y tantas cosas elegantes, en el fondo eso le asustaba un poco y después entre cavilaciones escuchó que Zelda lo llamaba.
Lo tomó de la mano y lo metió al baño privado de su piso. Él se rio nerviosamente al recordar que de verdad debía lucir asqueroso.
—Por aquí te dejo toallas— le dijo ella de forma picara haciendo que él se sonrojara.
Lo escuchó meterse a la ducha y de manera discreta le cambió las ropas que había dejado en el cesto por las bolsas que había comprado esa tarde.
Adentro de la ducha Link ni siquiera se dio cuenta, suspiró de manera acompensada, era como si no se hubiera bañado en siglos a pesar de que lo había hecho la misma tarde antes del ataque de los Twili a su casa.
La sensación del agua recorriéndole el cuerpo lo relajó de sobremanera, por breves instantes miró hacia la tina aledaña y se rio de forma baja antes de sacudirse para sacarse las extrañas ideas.
—"No"— se gruñó de forma firme, no debía de abusar de la amabilidad de Zelda.
Se llenó la cabeza de shampoo e hizo un poco de berrinche al darse cuenta de que ahora todo el cuerpo le olía a duraznos y manzanitas, definitivamente era un shampoo para chica pero no debía quejarse y tampoco le había quedado de otra.
Afuera en la estancia Zelda recién volvía a su cuarto con una bandeja de comida. Escuchó que la regadera se cerraba y minutos después como su compañero clamaba "¡Cielos!" de forma atolondrada y graciosa. Soltó una pequeña carcajada y se acercó a la puerta del baño.
— ¿Estas bien, Link?
—Zelda ¿En dónde pusiste mi ropa?
—Se la di a Hatoru para que la lavara, ahí en el cesto te deje unas bolsas, ponte eso.
—Pero Zelda, se ve caro y lujoso, no quiero arruinar algo como eso.
—Pero es tuyo Link— clamó con una sonrisa desde el otro lado de la puerta.
— ¿¡Que!?
—Anda.
—Esto no es correcto— gruñó de forma graciosa por lo bajo.
—Bueno entonces te quedaras en el baño, no creo que quieras salir desnudo.
Suspiró de manera acompensada y se resignó ante las travesuras de su compañera, cuando abrió la puerta del baño se sintió completamente avergonzado, la ropa que le había dejado ella era suave, cómoda y calientita, aunque de verdad parecía de una marca muy cara, un pants y una chamarra verdes y además una camiseta blanca que se le ajustaba bien al cuerpo como si hubiera sido hecha a su medida.
Zelda si rio un poco al ver su cara, de verdad que estaba hecho todo un chico de campo.
—La magia de Clair nunca falla. De verdad que sabe cómo atinar las tallas con tan sólo ver a sus clientes. — dijo ella de forma gustosa.
—Zelda no debiste.
Lo llamó con la mano y él se acercó obedientemente.
—Compláceme, es algo tan pequeño y además realmente necesario, tal vez Hatoru vuelva y me diga "señorita esa ropa no tenía remedio y la he tirado a la basura" y entonces de verdad te quedarías desnudo— clamó entre unas curiosas risas mientras Link se ponía completamente rojo.
Después de un rato se olvidó del susodicho tema y ambos se sentaron a comer en la mesita, Zelda también se había subido su plato porque no quería tratar con el humor de perros que se cargaba su padre.
Para Link era extraño y a la vez familiar que una mesa estuviera al ras del suelo en una casa tan lujosa, a Link le recordaba un poco a la que alguna vez había tenido en su casa, la diferencia era que debajo de ésta había una esponjosa alfombra y no un cojincillo cualquiera.
Cuando se sentó con Zelda ella encendió la pantalla y después comieron alegremente, recordaba vagamente cuando había sido la última vez que se sentía tan adormilado, tal vez había sido el baño o tal vez la comida, el punto fue que al poco rato cayó literalmente desmayado hasta el hombro de Zelda.
Ella sonrió con gracia y también se recargó en su compañero, no podía creer que se hubiera encariñado tanto de él y eso que solo había pasado un día, de verdad que nunca había conocido a alguien tan especial en su vida, lo abrazó de forma tierna hasta acomodarlo en su regazo.
Y por breves momentos mientras le acariciaba la cabeza entendió algo de manera firme, de verdad quería quedárselo, quería cuidarlo y protegerlo, pero Link no era un animalito y no podía decidir eso nada más con pensarlo. Nuevamente sintió cierta nostalgia ¿y si lo llenaba de cariño y atenciones? tal vez él cambiara de idea y decidiera quedarse.
—Quédate a mi lado— susurró nuevamente mientras juntaba su frente con la de él de forma queda.
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Continuara...
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Comentarios del Capítulo:
pobre Link, tanta elegancia y tanto perfume, xD
jajajaja él realmente fue adoptado por ella y se nota que ya no lo quieren soltar uwu.
Acá va la explicación de la parte en la que Impa había dicho "¿Que voy a hacer con ustedes dos? mis pequeños genios", las diosas los hacen y ellos se juntan x"D.
Vaya sorpresa, Rinku era una oveja negra. De momento el cachorrito de lobo no es capaz de usar ningún tipo de magia con voluntad propia, pobrecito, esto si que lo meterá en muchísimos problemas.
