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Capítulo 27: Trotadores de Mundos (Cuarta parte)

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"Regreso a los brazos de la Diosa"

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El corazón de Hyrule City 6 años antes…

Habían pasado tres días desde el incidente con su padre, la seguridad del Z-corp había aumentado en buena manera pero Zelda siempre conseguía escabullirse de los guardias.

— ¡Link!— gritó de forma desesperada, tenía miedo de no volver a verlo.

Al igual que los demás días no consiguió encontrarlo, caminó de modo triste llorando en silencio…

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Con los primeros rayos del amanecer abandonaron el albergue, ninguno de los dos había dormido en toda la noche, la escena de aquel pobre hombre muriendo se les había quedado grabada en la cabeza.

—Ve a casa… iré a… llevar el encargo…

—No quiero… necesito ir a un sitio.

—Está bien pero ten cuidado.

Caminaron a paso lento y al dar una vuelta sobre una esquina Jolene apareció de la nada y tiró al pobre Linebeck al suelo.

— ¡Te llevaste mi anuncio, cierto!— gruñó de mala manera.

— ¿Cuál anuncio?— murmuró él con desgana

Comenzaron a pelearse y a desgreñarse en plena calle. Link suspiró con cansancio y después saludo a Nabooru que también había a aparecido de la nada.

—Se pelean por el trabajo, así es siempre, somos piratas pero nadie quiere ser verdadera basura.

— ¿Basura?— preguntó Link.

—Pequeño hylian, hoy, vi algo terrible… alguien colocó un encargo de secuestro en el tablón de abajo.

— ¿Y alguien lo tomó?— preguntó Link con tristeza.

—Un sujeto malo al que le apodan "El sabueso" se dice que entrena Wolfos para cazar personas… es horrible, pobrecita chica.

— ¿Era una chica?— preguntó Link aun con más tristeza

—Esas cosas pasan, la Elite tiende a ser asquerosa, nos repudian pero cuando se pelean entre ellos acuden a nosotros para vengarse, parece ser que cierto empresario ésta vez se pasó de la raya.

—Vaya— musitó él de forma cansada.

—Te ves terrible.

—Sí. Discúlpeme… quiero ir a un sitio, quiero ir a… "buscar consuelo"— terminó pensando mientras se alejaba.

Jolene le propinó una patada a Linebeck y después le gruñó de forma fiera.

— ¡Devuélvelo!

— ¡Qué!

— ¡Qué lo devuelvas!

—Ya no vale el maldito anuncio ¿¡Que quieres que haga!?

—El anuncio no— musitó mientras su mirada se perdía en la dirección en la que Link se había marchado— al chico… devuélvelo, se volverá loco si sigue a tu lado.

Linebeck agachó la mirada.

—Si… pero… ¿a dónde?

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¿A dónde?

Al único lugar que conocía, el parque central de Hyrule City.

Se sentó de forma triste junto al arrollo y recordó aquel día junto a Zelda, de pronto nuevamente estaba llorando, tenía miedo y además la extrañaba mucho.

—Que peste— musitó tratando de controlarse, sin pensarlo demasiado se adentró rio arriba y ahí entre la espesura del pequeño bosquecito se desvistió para darse un baño, sentía que apestaba y además no quería ver sus ropas en ese estado, no quería ver de esa forma algo que le había regalado Zelda con mucho cariño.

Durante largas horas se quedó ahí en el agua y cuando salió para vestirse sintió que seguía apestando, era como si el olor del jacal y la taberna se le hubieran impregnado, y además también estaba ese otro olor, el del lugar en el que había pasado la noche.

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— ¡Señorita Zelda!— clamó Hatoru cuando la vio volver a escondidas.

La sirvienta se acercó a ella y Zelda la abrazó de forma desconsolada.

—No está…. No puedo encontrarlo

—No llore… Link dijo que volvería.

— ¿Y si se lo han comido las creaturas de Twili?

—No, no piense eso… él…él es fuerte— le dijo tratando de consolarla— su padre me pidió que la buscara.

— ¿Se dio cuenta que me salí?

—No, creo que no ha revisado las grabaciones de estos días.

Subieron los pisos del Corp tomadas de las manos y de pronto al pasar por las sala de las pequeñas reuniones la puerta se azotó de manera fiera. Las chicas se abrazaron de forma asustada debido al fuerte ruido.

Adentro Impa negaba con la cabeza mientras Daphnes salía muy enojado con un papel arrugado en una de sus manos, se detuvo al ver a Zelda y se inclinó para estar a su altura, de la nada le puso una mano en la cabeza y después se alejó con la mirada cabizbaja.

La pobre Zelda se quedó un poco perpleja, también llevó una mano a su cabeza y se preguntó ¿Qué pasaba con eso? Con esa… extraña muestra de cariño.

—No salgas— gruñó Impa.

— ¿Eso es todo?— musitó de forma confundida.

—Sí. No salgas.

Impa también abandonó el sitio, Hatoru inclinó un poco la cabeza y se preguntó para que habían llamado a la señorita si la orden era así de simple. Después de un rato Zelda siguió a Impa.

—Impa.

—Sí.

—Ayúdame— le dijo en voz baja y triste.

— ¿Eh?

—Quiero que Link vuelva.

Impa desvió la mirada, todavía recordaba el escalofrió que había sentido al entrar en contacto con aquel chico, le recordaba a cierta ave negra y eso le daba miedo.

—Ya déjalo…— rechistó con cierto enfado.

Zelda se detuvo en seco.

—Pero lo quiero— gimoteó con tristeza mientras corría hacia el lado contario, sin pensarlo demasiado descendió a los pisos inferiores, estaba triste y dolida porque Impa en quien siempre había confiado ahora ya no quería ayudarla y no entendía cuál era el motivo.

Salió de manera cautelosa ignorando las indicaciones de su tutora y de su padre…

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Y de pronto ya era tan tarde, seguro Linebeck estaba preocupado…

—Para nada— gruñó de forma graciosa, sabía que Linebeck era un lobo de mar egoísta, aunque recordaba los sucesos de la noche pasada y también la forma en la que lo había medio salvado. Las calles aledañas al corazón de Hyrule City lucían verdaderamente nostálgicas, estaban desoladas como si de pronto toda la gente se hubiera marchado temprano, era por el frío del invierno, aunque la estación apenas había comenzado lo había hecho con mucha fuerza.

Un trio de sombras pasaron por una calle aledaña y Link fue a seguirlas siendo curioso, al fondo en el callejón logró ver a un cuarto individuo, un sujeto encapuchado con una gabardina grisácea, a su alrededor se habían sentado las tres figuras que Link había visto desde lo lejos.

— ¿Wolfos?— murmuró de modo bajito, de un momento a otro le hubiera gustado acercarse pero el aura de aquel sujeto le dio cierto miedo.

Prosiguió su camino como si nada hubiera pasado, entonces suspiró, el Z-corp podía verse incluso desde la distancia.

—Zelda… ¿Qué estarás haciendo?— se preguntó de modo triste, tenía que cambiar la dirección de sus pasos o seguramente su corazón lo traicionaría, terminaría por volver a correr a la seguridad de sus brazos de forma egoísta, evadiendo el pensamiento de que podía meterla en problemas.

Los pensamientos se volvieron hirientes cuando se dio cuenta de lo débil que era, quería volver a su lado sin importar lo que pasara, quería volver a pesar de todo.

—¡Link!— La voz sonó de forma lejana.

—Cielos… me estoy volviendo loco— se dijo a sí mismo al pensar que ahora imagina la voz de su diosa— Zelda de verdad que te extraño.

— ¡Link!

— ¿Qué?— murmuró de manera atolondrada, se viró hacia todos lados pero sólo pudo ver el gigantesco mar de edificios.

— ¡Link, por favor!... regresa— y la voz triste se perdió entre el silencio de la enorme Hyrule City.

Link se movió de forma sigilosa y después de andar entre el laberinto de calles la vio deambulando de forma cansada.

— ¡Link!— continúo gritando.

Detrás de uno de los edificios Link agachó la mirada con tristeza.

—Deja de llorar, Link— se musitó a si mismo limpiándose las lágrimas— no puedes estar con ella… no de ésta manera.

La voz de Zelda lo seguía llamando y el corazón de Link sufrió cuando él mismo decidió darse la vuelta, los callejones parecían aún más oscuros a pesar de que faltaban varias horas para que terminara el día, sus pasos también parecían producir demasiado eco y su aliento se dibujaba delante de su camino indicándole que la temperatura bajaba de forma alarmante.

— ¿Nieve?— musitó en voz triste cuando alzo el rostro y el pequeño copo le cayó en la cara.

— ¡Link!— ahora el llamado sonaba lejano.

—Vuelve a casa mi princesa, ve a un sitio confortable— clamó con mucho cariño.

Nuevamente el aliento le cubrió el rostro y con andar triste caminó cabizbajo, el trio de enormes sombras le pasó de lado y el hombre de la gabardina grisácea lo miró con algo de burla.

—Vamos muchachos… que suerte, la paloma ha dejado el nido y además vagabundea en nuestras narices, que trabajo más fácil hemos cogido.

—"Trabajo"— la palabra se alejó junto con aquella sombra— "Linebeck… me pregunto si no le habrá pasado nada, es decir… esos piratas murieron y su jefe no parecía muy amable"

El aullido de los Wolfos resonó a la distancia, las imágenes de la última noche le carcomían la cabeza, Wolfos, Stalwolfs… creaturas que sólo nacieron para dar caza… caza… la voz de Nabooru y esos pensamientos tristes, "Pobrecita chica"… "Lo apodan el sabueso"… "cierto empresario esta vez se pasó de la raya"

Y entonces se detuvo en seco.

Abrió los ojos de forma aterrada.

—No… no puede ser… acaso ese hombre… ¿acaso era el Sabueso?— Nuevamente las imágenes rondaban su cabeza, ese día cuando había salido con Zelda ella había dicho muy claro que su padre estaba colérico a causa de sus negocios, ¿acaso él había hecho algo irreparable? ¿Acaso había puesto en peligro a su hija sin darse cuenta?— No, no… Zelda…

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— ¡Link!... regresa— nuevamente el miedo de no volver a verlo la invadió de forma tácita.

¿En dónde estaría?, ¿Qué había pasado con él?, ¿Seguiría vivo?, de pronto entre el mar de preguntas cierta imagen le vino a la cabeza, un Stalwolf dando vueltas de forma ansiosa debajo de un árbol, y entonces el gruñido pareció cobrar vida.

Se exaltó de manera sorpresiva y cuando menos se dio cuenta ya los tenía enfrente.

—Wolfos— susurró de forma curiosa, era la primera vez que los veía de cerca. Se rumoreaba que algunas veces se les veía corriendo por las lindes de la ciudad cazando animales pequeños y que de vez en cuando, y rara vez, se adentraban en las calles. Eran animales salvajes, demasiado libres como para poder domesticarlos.

Pero aquellos Wolfos parecían diferentes.

—Hola— clamó Zelda de modo alegre creyendo que eran amistosos.

Y entonces el gruñido la hizo retroceder de forma atolondrada, ¿si no los había provocado, entonces porque le gruñían?, siguió retrocediendo con pasos tambaleantes.

—Tranquilos— musitó asustada cuando los vio tomar posición de ataque.

Por las calles aledañas Link corría como loco, aquellos pensamientos le inundaron de terror la cabeza, a lo lejos escuchó el grito de Zelda y de pronto al cruzar una calle la vio correr con la manada detrás de ella, la acorralaron cerca de una placita cerrada y con mucho miedo ella se pegó a la única pared que había.

—¡Auxilio!— profirió de forma suplicante, pero no había gente en las calles y los pocos que presenciaron aquello salieron corriendo al ver a las bestias, eran tan grandes que sólo un despistado con poca cordura las habría enfrentado. –Por favor ayuda— gimoteó de miedo al ver que se le acercaban.— Link… ¡Link!— lo llamó de manera inconsciente mientras cerraba los ojos con fuerza.

— ¡Zelda!

—¿Qué?— abrió los ojos como platos al ver que él había respondido, no podía creerlo y se talló los parpados unas cuantas veces, pero era cierto, era Link, se acercaba corriendo y con un solo salto le cayó en la espalda a uno de los Wolfos...— ¡Link!

El enorme animal se sacudió de repente y con mucha facilidad el pobre hylian salió volando, aterrizó justo delante de Zelda y ella corrió para poder levantarlo.

—Link, ¿estás bien?

—Acabo de perder mi trasero— clamó de forma graciosa.

Zelda se inclinó a su lado y lo abrazó con mucha ternura.

—Viniste a salvarme. — suspiró con mucho alivio.

—Si… los voy a distraer y quiero que corras.

—¡Y dejarte!, van a comerte.

—No importa, vuelve a casa, Zelda— clamó con mucho cariño.

Ella siguió abrazándolo sin intenciones de soltarlo.

—No… no quiero, te necesito, vuelve a mi lado.

—Pero no he cumplido mi promesa— musitó con suma tristeza.

—Ya no importa… ¿vas a dejarme llorando?

El gruñido de los Wolfos se volvió nuevamente audible, a lo lejos "el sabueso" irguió una ceja de modo confundido, un pequeño intruso se había metido de forma inesperada.

—No importa, solo necesito a la chica. — y con un pequeño silbato dio instrucciones a la distancia.

Los Wolfos aullaron al unísono y el sonido fue tan estruendoso que terminó por desmayar a Zelda.

— ¡Zelda!, no te desmayes— clamó Link tomándola entre sus brazos, retrocedió hasta topar con la pared del fondo, era imposible que ahora corriera, era imposible que saliera vivo de eso. Pero su mirada se volvió fiera cuando sintió que los animales se les acercaban demasiado— No— gruñó con rabia desmedida— No van a quitarme a mi Diosa, ¡No van a lastimarla!

Y los Wolfos parecían erguir sonrisas burlonas, aquel pequeño hylian los amenazaba como si tuviera el poder de hacerles algún rasguño, las pisadas de sus enormes patas sonaron de forma amenazante y Link depositó a Zelda sobre el suelo y a sus espaldas.

También avanzó hacia el frente…

— ¡No!— rugió casi en voz gutural y los Wolfos dieron un paso hacia atrás al sentir la energía que había emanado desde el chico.

Nuevamente el silbato resonó a la distancia y los Wolfos permanecieron confundidos por un rato, de pronto el instinto les decía que huyeran pero las ordenes de su amo era contrarias a eso. El silbido resonó por última vez de forma enojada y entonces la duda desapareció de su lobuna cabeza.

Tres grandes fauces se abalanzaron hacia Link y de pronto de la nada se alzó ante ellos una enorme columna de fuego, las tres bestias quedaron atrapadas entre el mar de llamas y los chillidos se escucharon en todos los alrededores.

Más inconsciente que nada Link seguía mirándolas con fiereza, era como si sus ojos se hubieran perdido entre la rabia, los chillidos nuevamente sonaron de forma agonizante y entonces algo se retorció desde sus adentros. Bajo el mar de llamas encontró a las creaturas, vivas y desesperadas clamando por ayuda y clemencia.

El odio desapareció de sus ojos y su respiración se volvió sumamente tortuosa.

—No... no,— musitó de manera asustada al ver lo que había hecho— alto, apáguense— clamó de forma suplicante, de manera extraña las llamas se extinguieron y los Wolfos salieron corriendo asustados, se habían chamuscado del pelaje pero en realidad no estaban heridos.

Y ahora no entendía lo que pasaba ¿él había hecho eso? Pero...

— ¿Cómo?, se supone que estoy bloqueado… pensaba con todo mi corazón en el hechizo de fuego de Raven pero…, no, no puede ser posible.

Un quejido se escuchó a sus espaldas.

— ¿Link?

— ¡Zelda!— sin pensarlo corrió a sus brazos y se acurrucó en ellos— ¿estás bien, princesa?

—Si— musitó de forma atolondrada, también se sonrojo un poco por la manera tan bonita en la que él la había llamado— ya estoy bien— clamó con alegría mientras lo abrazaba— vuelve a mi lado.

Lo sintió temblar de forma triste, el corazón de Link quería estar con ella y su cabeza aun le decía que no era correcto.

— ¿En dónde has estado?— preguntó ella preocupada

Los gemidos contestaron por si sola la pregunta, Zelda intuyó lo peor en ese momento, era seguro que había estado en un lugar muy feo, estaba asustado, hambriento, ojeroso como si no hubiera dormido en días y por si fuera poco realmente apestaba, cosa que a ella no le importó por el momento y siguió abrazándolo mientras le acariciaba la cabeza.

Y después de eso no pudo evitar echarse llorar de forma desconsolada, quería volver a su lado y sentir la seguridad que solo ella le brindaba.

—Vamos— clamó ella mientras le daba un beso en la mejilla, se levantó de forma clamada y lo tomó de la mano.

Y de esa manera volvió a caminar de modo alegre, había recuperado a su pequeño príncipe aunque se preguntaba de modo insistente ¿Qué rayos había pasado con esos Wolfos?

—Vamos a darte un baño Link— clamó en voz graciosa, él agachó la vista un poco avergonzado pero no volvió soltarla, su corazón nuevamente había vencido a su cabeza y se abrazó a su brazo de forma curiosa— Bien… nunca más me sueltes, te prometo que jamás voy a volver perderte.

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La enorme columna de fuego había llamado su atención de forma irremediable, los tres habían corrido para ver que sucedía y al cruzar una calle se quedaron pasmados y con la boca abierta al descubrir el origen de aquellas llamas.

Linebeck no dejaba de tallarse los ojos mientras que las dos piratas silbaban de modo sorprendido.

— ¡Vaya!— Clamó Nabooru— parece que desvaneció el bloqueo.

Los Wolfos salieron espantados y entonces Jolene escrutó el resultado de la batalla con la mirada.

—Nunca había visto algo como eso— Rechistó con cierto nervio al ver que Link había retirado el hechizo sin el menor de los problemas.

—ohmmm— musitó Nabooru con ternura al ver la escena entre Link y Zelda— esa debe ser la pequeña diosa… ya veo— pronunció como si le hubiera descubierto algo.

Jolene irguió una ceja.

—Es… un amor muy poderoso, lo que le ha desbloqueado la magia fue el miedo de perder a esa persona.

—Entiendo— masculló la pirata. — Parece que el grumete no era tan grumete.

—Exacto, ¡Ves!, ¡Te lo dije!— clamó Linebeck saltando el gusto— ya decía yo que tenía buen ojo— parloteaba mientras se dirigía hacia el pequeño hylian.

De pronto ambas mujeres lo agarraron por los hombros y lo arrastraron en la dirección contraria.

— ¿Qué?, ¿Qué hacen?

—Dijiste que lo devolverías, cumple tu promesa— clamó Jolene de forma burlona.

—Además él estará mejor al lado de su diosa, mira que contento se ha puesto.

—Si— argumentó la otra pirata. — es mejor si él tiene una mejor vida, si regresa a su sitio será mucho más feliz que estando a tu lado.

—No. No. Esperen ¡Aaaaahhh!, ¡Mi guardaespaldas!— gruñó haciendo berrinche mientras Jolene y Nabooru se lo llevaban a rastras. Suspiró de manera pesada y con una última mirada despidió a su pequeño amigo— Adiós grumete— pronunció de forma triste, se había encariñado con él a pesar de haber estado muy poco tiempo juntos. Soltó otro suspiro al ver como Zelda se lo llevaba de la mano pero también sonrió de forma cálida al ver que Link parecía mucho más tranquilo.

Nuevamente recordó la columna de fuego.

—"Que extraño… estaba realmente seguro de que tal veríamos al ave negra…"

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Continuara...

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Comentarios del Capítulo:

Un amor demasiado fuerte, demasiado puro, demasiado entregado... Un amor que despertó aquella magia, el poder para salvar el futuro del mal que se cernira sobre Hyrule algun dia.

Bueno parece que Zelda ha encontrado a su pequeño protegido, quizas ésta vez decida ponerle una correa :v jajajajajaja, o al menos un lacito para que no escape de nuevo. Es broma xD, Link no necesita eso, sabemos que en futuro sigue siendo un cachorrito atolondrado que sigue fielmente a su ama a todas partes

Vaya, que mala suerte, creo que Linebeck perdio a su guardaespaldas x"D