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Capítulo 28: Trotadores de Mundos (Quinta parte)
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"La herencia del pequeño Lobo"
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— ¡Cómo que no está!— gruñó de forma colérica y asustada. Temprano esa mañana había recibido una carta de amenaza en la que lo chantajeaban de mala manera y lo amenazaban con raptar a su pequeña hija.
Le había dicho a Zelda que no saliera, pero después de no encontrarla y buscarla durante horas, comenzó a preocuparse, los videos de seguridad terminaron por confirmarle que había salido fuera del edificio y tan pronto como captó el peligro llamó a Impa y a todos los guardias.
El Z-corp literalmente se desvalijó y todos los empleados salieron a buscarla por las calles.
—Oh… señorita Zelda— clamó Hatoru con tristeza. —Seguro que se ha ido a buscar a Link de nuevo.
— ¿A Link?— preguntó Daphnes con la cabeza en otro lado.
—Ese pequeño hylian al que había rescatado.
El empresario desvió la mirada, no entendía que tenía que ver aquel vago con esto. No entendía que su hija se había encariñado de sobremanera con esa persona.
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El tenue rojizo del atardecer se había vuelto verdaderamente hermoso, las calles estaban algo desoladas debido a que se aproximaba el crepúsculo, pero Zelda y Link caminaban con paciencia, de forma silenciosa y al mismo tiempo con pequeñas y traviesas miradas.
— ¿Te sientes bien?
— ¿Qué?
—Desde hace rato noto que te tambaleas.
—Estoy bien— clamó ella de forma alegre, pero era una caminata larga y pronto la cogerá se volvió más que evidente— ok creo que me lastime por haber corrido como loca— contestó ante la inquisitiva mirada que Link le lanzaba.
De forma inesperada él se detuvo, ella parpadeó confundida y después cuando él le dedicó unas picaras miradas no pudo evitar sonrojarse, de la nada la cargó sobre su espalda y profirió una ligera risa al escuchar que Zelda soltaba un pequeño gritito antes de aferrarse a su cuello.
— ¡Link que haces!
—Llevarte a casa, — clamó con una sonrisa – voy a llevarte de caballito.
—Que locura— refunfuñó de forma juguetona— vas a cansarte.
—Claro que no— siguió hablándole de manera alegre y ella juntó su mejilla con la de él por encima de sus hombros.
—Seguro que peso muchísimo.
—No… eres ligera como un pluma, ¿Estas segura de que no eres una diosa?, seguro que sólo los seres divinos son así de suaves y livianos.
—Ay Link— le dijo mientras se reía un poco— te extrañaba— clamó con cariño mientras se aferraba a su cuello.
La gente que todavía transitaba los veía con ojos curiosos, era extraño que un chico llevara a una chica a cuestas de esa forma y además que lo hiciera como si nada.
—Pensé que no volvería verte y tenía miedo— le dijo de pronto al ver la cúspide el Z-corp desde la distancia.
— ¿Qué pasa, Zelda?
—No me gusta estar sola…tú, eres mi único amigo.
De pronto su corazón se marchito un poco al escuchar el tono triste de aquellas palabras, los brazos de su diosa perecieron volverse acero a medida que se ferraban a él cada vez más y más, como si con cada paso que daban hacia el Z-corp le generara un poco de miedo.
—Está bien, siempre estaré a tu lado, aunque… no quiero meterte en problemas, yo…
—Silencio— gruñó enojada al tiempo que lo apachurraba por el cuello
—Vendré a verte todos los días – clamo él de forma graciosa.
—Ya no quiero… vivir de esta forma, no quiero.
— ¿Qué?
— ¿A dónde vas a ir?
Agachó la mirada pero instintivamente miró hacia el sur de Hyrule City.
—Llévame contigo, Link.
—De ninguna manera.
— ¿No me quieres tu lado?
—Claro que te quiero, pero…
—Te perdiste en un lugar horrible, ¿cierto?
La respiración se le cortó un poco y ya no pudo verla directamente.
—Ya Link… No voy a dejar que nada malo te pase, me sentiría terrible, además te prometí que iba a cuidarte y tú me debes esa promesa.
— ¿Deber?
—Lo he estado pensando… te salve la vida.
—Si— musitó él de forma alegre.
—Creo que ahora me perteneces— clamó ella de manera juguetona.
Link se echó reír con ternura.
—Sí, eso es cierto en muchas formas.
—Deberías portarte bien y seguirme a todas partes.
—Si— volvió a decir de manera alegre— Pero creo que también te salve la vida, ¿no cuenta?— preguntó de forma boba.
—mmmm
Lo pensó demasiado y al final sólo terminó por juntar su cabeza con la de él de modo cariñoso, Link volvió a reírse al ver que hacia mohines causa del berrinche.
—No, no cuenta— gruñó aferrándose a su cuello.
—Pero eran Wolfos ¡y eran enormes!— clamó Link en tono exagerado.
— ¿Seguro?
—Creo que si… eran más grandes que los Stalwolfs, ¿mmm?, ¿Por qué no los bateaste?
—No sé, creo que me volví tonta con el miedo, además no pensé que fueran a atacarme, supongo que me tomaron desprevenida.
Link meneó la cabeza y Zelda solamente suspiró bajito.
—Has lo que quieras, Link— clamó de modo triste.
—Creo que puedo quedarme contigo ésta noche— le dijo haciendo que ella sonriera— sabes una cosa Zel, Raven me dijo que los buenos caballeros no cobran los favores.
—Entonces no cuenta— dijo ella riéndose.
—Entonces no cuenta— repitió él con su tono risueño. — creo que te has ganado un sirviente de por vida.
— ¡Qué bien!— musitó dándole un enorme beso en la mejilla.
El corazoncito e Link latió como loco y de un momento a otro agitó la cabeza para poder enfriarse, era extraño sentir ese tipo de cosas, cosas que solamente con Zelda sentía.
—Qué extraño es esto. —dijo ella de repente.
— ¿Qué cosa?
—Ya sabes... esto.
— ¿Qué te carguen de caballito?— clamó en tono gracioso.
—Sí, nunca nadie me había cargado de éste modo.
Nuevamente se rio con gracia.
—Entonces yo voy a cargarte siempre— musitó con cariño desmedido haciendo que ella se sonrojara un poco.
—Por cierto, Link.
— ¿Sí?
—Vamos por detrás.
— ¿Eh?
—Hay vigilancia en el edificio, no sé qué cosa extraña le picó a mi padre pero… se supone que no podía salir por nada el mundo.
Link se detuvo en seco, la voz de Nabooru y la extraña risa el sabueso volvieron a su cabeza, nuevamente sintió miedo al recordar que por poco y perdía a su princesa, de un momento a otro tuvo que respirar muy hondo para poder emprender de nuevo el camino.
Al llegar a la parte posterior del Z- corp la reja estaba cerrada con candado.
— ¡Diosas!— gruñó ella antes de esconder el rostro en el cuello de Link
Link le dedicó una mirada tierna.
—Vamos— le dijo con ánimos y por primera vez escuchó algo que le revolvió los sentidos, el sonido de una alarma expandiéndose por la ciudad entera.
Ambos hylians alzaron la mirada confundidos.
— ¿Qué es eso?— musitó Link con un poco de escalofríos.
—Es…— hizo memoria y recordó algo que había leído recientemente en el Diario— el sistema de protección… el nuevo sistema del que habían estado hablando durante semanas, ¿hoy lo estrenaban?, vaya sí que he estado perdida en las nubes.
— ¿Sistema de protección?— murmuró Link de forma boba.
—Parce ser que es sensible a los rayos de sol, se activa cada vez que comienza a caer el crepúsculo.
—Entonces literalmente es una alarma.
—Es un toque de queda.
—Toque de queda— repitió con la mirada perdida, el estridente sonido le daba un poco de miedo.
Se dio la vuelta y rodeó el Z-corp por completo encaminándose hacia la puerta principal del edificio, de forma extraña también parecía desolado, los guardias no estaban y un vigía despistado se había perdido de manera boba en el sonido del nuevo toque de queda, al igual que los demás habitantes de la cuidad tendría que acostumbrarse a escuchar eso durante todos los días.
Link y Zelda atravesaron las puertas sin mayores problemas, adentro estaba semi oscuro, los empleados ya se habían marchado y solamente había unas cuantas luces encendidas; de cierta forma el gran edificio parecía triste.
Afuera las puertas se cerraron de un solo golpe y el sistema de protección eléctrico se encendió de manera inesperada, en uno de los pasillos aledaños Zelda escuchó la voz de su padre, y las ganas por regresar a su cuarto de desvanecieron como humo, le indicó a Link que retrocediera para poder llegar hasta los cuartos del servicio sin que el resto de los ocupantes del Z-corp se diera cuanta.
—Suena colérico… como siempre— musitó de forma triste— seguro que ya se dio cuenta de mi ausencia.
— ¿Quieres que hable con él?
—No— susurró aun con más tristeza— déjalo.
—Tal vez está preocupado.
—No, en cualquier momento se dará cuenta de que he llegado, después de todo pasamos justo por enfrente de las cámaras de vigilancia.
Link la bajó de su espalda con cuidado y Zelda abrió la puerta de los cuartos de servicio, Hatoru no estaba adentro.
—A si… ya se me olvidaba, hoy se iba con su madre.
— ¿Eh?, ¿Quién?
—Hatoru, ella se va a visitar a su mamá una vez al mes, es una persona mayor y creo que ya no puede caminar.
—Entonces una vez al mes… ¿extraño, no?, ¿no debería visitarla más seguido?
—Mi padre es un hombre cruel y sin sentimientos, a veces pienso que se aprovecha de las debilidades de las personas.
Link suspiró de manera cansada, Zelda se sentó sobre una de las camas y le hizo una seña graciosa para que la acompañara. Él se sentó a su lado y la abrazó de forma tierna, por la ventana se filtraba el sonido de la maya eléctrica, los aullidos de las creaturas y también el ajetreo que ocasionaban noche con noche, estar en los pisos inferiores le recordaba un poco al jacal de Linebeck.
— ¿Qué tienes, Link?— preguntó Zelda cuando se dio cuenta de que lloraba en silencio.
—No… no es nada— lo había dicho tratando de parecer calmado pero en su mente la imagen del pobre pirata se reproducía constantemente, esa persona siendo destazada por el stalwolf, el vagabundo cerrando la puerta con fuerza, la mirada de Linebeck con cierto dejo de asco y de …rabia.
De pronto nuevamente no podía controlarse, era como si hubiera desarrollado una fobia solamente con escuchar el aullido de los Stalwolfs, las pisadas de sus patas corriendo por el perímetro del edificio le recordaban a aquella noche de sufrimiento.
Gimoteó unas cuantas veces y su cuerpo dejó de obedecerlo, temblaba como lo había hecho durante las noches pasadas, y de forma instintiva se abrazó aún más a Zelda buscando consuelo, ella lo recibió de forma tierna aunque en su corazón se había abierto una enorme herida, esos tres días que estuvo fuera habían bastado para terminar de descomponer lo que quedaba de su amigo, era una sensación triste e inexplicable que se asemejaba mucho a esa visión del gran lobo hecho retazos tirado en el suelo y con el relleno salido, era algo que a duras penas guardaba su forma y que de manera ambigua era poco reconocible; igual que el pobre de Link en esos precisos momentos.
También lloró de rabia al no haber podido cumplir su promesa desde un inicio, porque le había dicho que lo protegería y al mismo tiempo no había podido evitar hacer nada por él cuándo más la necesitaba.
—Ya no llores, Link— le dijo mientras le daba un beso en la frente.
Poco a poco Link se fue calmando hasta que ese ataque de miedo se convirtió en un gimoteo ralo y destartalado, el cansancio lo venció en brazos de su diosa y su cuerpo le cobró con duras cuantas esas noches de desvelo…
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El sol se había vuelto reluciente en el firmamento
Sus brillantes ojos azules se perdieron en las nubes y su cabello albino bailó un poco al compás de aquel viento, era una sanción nostálgica y suspiró sintiendo que su corazón se agobiaba de repente.
— ¿En dónde te metiste?— musitó de manera triste para ella misma.
Una parvada de cuervos pasó volando cerca y entonces se llevó las manos a los ojos para poder limpiárselos, el aire matutino se había vuelto nuevamente helado y cuando llego al Z-corp le pareció extraño no encontrar a los guardias.
—No— musitó bajando la mirada, un mal presentimiento había cruzado su cabeza— seguro que siguen buscando a la señorita Zelda.
Entró para poder comenzar con su trabajo y por el pasillo se encontró con Impa.
—Buenos días, Hatoru.
—Señorita Impa ¿ya han encontrado a Zelda?
La Sheikah negó con la cabeza de forma triste.
—No está en su cuarto y anoche el toque de queda nos cortó la búsqueda.
—No me diga que de verdad la secuestraron— clamó con cierto miedo.
—No… no sé, es que… no han llamado por rescate ni nada por el estilo, ayer Daphnes cargó su cólera contra el sistema de vigilancia y hoy el técnico aun lo sigue reparando.
— ¿¡Qué!?
—Cuando vio que Zelda salía le dio por azotarle un manotazo a la computadora, el vigía tenía un vaso de agua cerca y bueno… seguro ya te imaginas el resto, las cámaras siguen grabado pero no podemos revisar nada todavía.
Caminaron juntas hasta el cuarto de vigilancia, Hatoru había dejado de lado sus deberes para poder acompañar a Impa, cuando entraron el técnico sudaba en frío.
— ¡Por favor Din haz que encienda!— clamaba mientras le daba el arranque a la máquina.
Los tres se arrimaron a la pantalla. Y el pobre técnico suspiró de alivio cuando la computadora revivió después de haberse ahogado por culpa de Daphnes.
—Es posible que esto nos dé una pista— clamó Impa con el alma en vilo, revisaron con paciencia el movimiento de las cámaras exteriores. — ¿Qué eso?— gruñó la Sheikah al no darle forma a una silueta que se acercaba por la parte trasera.
—¡Es Link! — gritó Hatoru.
—¿Link?
—Mire bien Impa, trae a la señorita Zelda en su espalda.
— ¿Qué?
Siguieron sus movimientos hasta las cámaras interiores.
—No… no entiendo, si Zelda está aquí adentro, pero ¿por qué no está en su cuarto?
—Por eso— clamó la sirvienta, incluso en el video alcanzaron a ver a Daphnes gruñendo como loco.
Impa se dio un tope en la frente y después analizó con cuidado la dirección que Link había tomado, dedujeron que habían terminado en los cuartos de servicio y Hatoru se sintió apenada por no haber ido a revisar antes, si hubiera ido directo a sus deberes desde hace buen rato que habrían encontrado a los dos pequeños Hylians.
Impa abrió la puerta con cierta fuerza, estaba al borde de pegarle un buen grito a Zelda por no haberle avisado que había vuelto, pero cuando entró la encontró dormida en la cama del servicio, Link se había abrazado a ella y se había acurrucado en su pecho como si se tratara de una almohada.
El pequeño ajetreo hizo que Zelda reaccionara y al inicio profirió un quejido porque el tenue sol le dio directo en los ojos.
—Zelda— clamó Impa sin poder esconder su enojo, pero ella sólo cerro los ojos.
—Shhhh— gruñó de forma molesta— no grites… vas a despertar a Link
El joven hylian se removió en sueños y Zelda le acarició la cabeza para que se calmara, había gimoteado un poco pero volvió a estar tranquilo al sentir la caricia de su diosa.
—Esto… es inaceptable, ¡quítatelo ahora mismo!, ¿Cómo es que has llegado a esto?, ¿acaso no te eduque en forma?
Zelda suspiró con tristeza al tiempo que se cubría el rostro con el brazo libre.
—Anoche— musitó—… intente dejarlo solo… creí que dormiría más cómodo… pero cada vez que lo suelto…— una lagrima se le escapó sin remedio— las pesadillas regresan, y se pone a llorar incluso en sueños, por eso me quede a su lado… porque tiene miedo y necesita cariño.
El corazón de Impa se estrujó un poco, por primera vez se le bajó el coraje y posó su mirada sobre el pequeño hylian, parecía cansado y aturdido, las ojeras en su rostro aun eran marcadas y seguía aferrándose a Zelda con vehemencia como si tuviera miedo de soltarla.
Su mente también se volvió un caos ¿ese era el chico que había visto antes?, hace unos días no lucia de esa manera y de pronto se sintió culpable, el tenue olor que aun despedía era uno que Impa reconoció al instante.
—"Los bajos barrios del sur"— musitó de forma triste muy dentro de su memoria.
En cierta forma era coherente ¿A dónde iba a ir ahora que estaba solo?, no tenía familia y Zelda le había dicho que se había quedado sin casa, sin un lugar a donde volver. La mente de Impa viajó hacia las partes pobres de Hyrule City, a los albergues y a las calles putrefactas, imaginó la inmundicia y la peste, y también a Link caminando solo y deprimido.
—En que estaba pensando— se gruñó con rabia— "es un niño… que importa si se parece a cuervo… eso no me daba derecho a juzgarlo"
Los pensamientos se volvieron amargos y dolorosos, y de un momento a otro también se llevó las manos al rostro, la puerta volvió a abrirse y en el momento entraron Daphnes y Gustaf.
El anciano suspiró de alivio y el otro desvió la mirada aunque también suspiró por lo bajo.
El ajetreo hizo que Link volviera en sí y se desperezó sintiéndose un poco mareado, Zelda lo ayudó a incorporarse y también lo abrazó de forma protectora mientras le dedicaba su padre una mirada de reproche.
Por primera vez no se escucharon los gritos… de hecho no se escuchó nada, Daphnes salió del cuarto como una sombra y Gustaf lo siguió con cara confundida.
La mente de Impa también vagó en la confusión durante un buen rato hasta que vio que Hatoru le revisaba las piernas a Zelda.
La chica se rio de forma graciosa y después le negó con la cabeza.
—Estoy bien, creo que solo fue un pequeño desgarre, pero ya no me duele— le dijo a la sirvienta con voz alegre.
Entonces Impa entendió algo importante, seguro que aquellos dos también habían visto el video, seguro habían visto como Link había vuelto cargándola en su espalda.
—Entiendo— musitó la Sheikah— sea lo que sea, él… hizo lo que no pudieron los guardias, él la trajo a casa.
— ¡Ah, que peste!— gruñó la sirvienta de modo atolondrado— ¡Jovencitos en donde se metieron!
Zelda se rio con gracia y Link nuevamente agachó la mirada con vergüenza.
— ¡A bañarse ahora mismo!— clamó con enojo fingido.
Zelda tomó a Link de la mano y juntos subieron nuevamente al piso treinta, aprovechando eso Hatoru consiguió otras ropas porque no tenía caso que Link se bañara y se volviera a poner lo mismo.
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Nuevamente remolineó en sus pensamientos, ya era un poco tarde cuando Impa entró en su despacho.
— ¿Qué piensa hacer ahora?
—No se… es peor que un perro.
—Es una persona, así de simple, al perro podría amarrarlo en la azotea, supongo, pero… a él no puede hacerle eso.
—Y Zelda quiere quedárselo— bufó mientras perdía su mirada en el techo.
—No es tan complicado solo deje que se quede.
—Si— volvió a gruñir—… si nos deshacemos de él seguro ella volverá a ponerse en peligro.
—Vaya Daphnes te ahogas en un vaso de agua.
Él no dijo nada y el silencio hizo hegemonía durante un buen rato.
— ¿Te asustaste, cierto?, creíste que habías perdido a tu hija. Desde que Ariane despareció no dejas de hacer estupideces, ¿sabes que creo?… que te hacía falta éste susto, ves, ahora tu mente está un poco más calmada.
—Silencio Impa, no te pago para que me sermonees.
—No… creo que ni siquiera me pagas— clamó en forma graciosa. — deberías ir a ver a Zelda, ella… bueno, no sé cómo decírtelo pero, creo que ya no te quiere como antes, no sé si entiendas porque prefirió dormir en el cuarto del servicio.
—…
—Era tan fácil subir por el ascensor o las escaleras, pero estabas ahí y de alguna forma le tapaste el paso… prefirió dormir en otro lado a tener que verte a la cara, eso … es demasiado triste.
Se levantó sin decir una palabra e Impa cerró los ojos cuando éste azotó la puerta para salirse.
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Nuevamente estaba limpio aunque gruñó un poco cuando Hatoru le quitó sus ropas, las quería porque se las había regalado Zelda, pero también entendió que llevaban consigo el olor de los barrios del sur, el olor del extraño menjurje que había en el jacal de Linebeck.
Al salir del baño encontró a Zelda un poco triste frente a su pantalla.
— ¿Qué tienes, princesa?
—Ya no puedo jugar Link, no sé qué le pasó a la consola.
—Vaya, creo que la mataste Zel— clamó en tono gracioso al ver que sólo mostraba numeritos y letras extrañas.
—Supongo que ya no tiene remedio, aunque también era algo vieja y ya sabes… las cosas ceden.
—Sí, deja le doy un vistazo, ¿tienes una computadora?, creo que se le averió la programación primaria.
Zelda parpadeó un montón de veces y después asintió con la cabeza.
Daphnes había subido al piso treinta y como de costumbre entró sin ningún permiso. La curiosa escena que presenció lo dejó un poco aturdido y en lugar de ir a hablar directo con su hija se quedó espiando un rato.
El curioso sentido de Link para detectar las presencias se activó de inmediato, pero como el aura hosca y hostil había desaparecido decidió no tomarle importancia, después de todo era su casa y el señor Daphnes tenía cierto derecho hacer lo que quería.
Cuando Zelda regresó y se sentó junto a Link su padre la siguió con la vista e irguió una ceja al ver como el pequeño hylian desarmaba la consola y la conectaba a la laptop con unos cables muy simples, tenía ganas de reírse al ver sus curiosos intentos y se preguntó ¿Qué haría con esa vieja consola?
—Sabes una cosa, Zel…
—Dime— respondió ella mientras se recargaba en su hombro con la vista curiosa y muy atenta.
—Esto es precisamente lo que no cuadra, mi cabeza se había vuelto loca desde que vi el enorme letrero de Neon ahí afuera. Ésta consola es la pieza que no encaja en tu estilo de vida.
— ¿Qué?
— ¿Por qué tienes algo tan viejo si se supone que ésta compañía fabrica cosas de última generación?
—Oh bueno… es que, me la habían dado hace mucho tiempo, y ésta era a la que a mi mamá le gustaba, además no puedo jugar los juegos de ésta en otras consolas.
Link se rio un poco ante el comentario. Detrás de una de las paredes Daphnes recordó ese día y agachó la mirada, había sido una navidad hermosa, una de muchas que había disfrutado con su familia antes de que desapareciera su esposa.
—Vaya con la retrocompatibilidad— clamó de manera graciosa— ¿de verdad es un fastidio?
—Sí. — gruñó ella haciendo un mohín.
Durante un buen rato movió algunas cosas en la computadora y Zelda simplemente lo siguió con la mirada.
—De verdad, Link... ¿Sabes de esto?— preguntó de forma dubitativa como si realmente no lo creyera.
—Sí, eso era— dijo mientras se le dibujaba una sonrisa— perdóname si antes no logre articular frases, eso era lo que iba a decirte ese día.
— ¿Qué cosa?
—Que conozco estas cosas desde su corazón mismo, mi tío Raven me lo enseñó todo, desde lo básico a lo más complejo, decía que era una buena forma de mantener mi mentecilla ocupada.
La memoria de Zelda hizo click en ese preciso instante…
—Había visto estas cosas, pero, nunca había tocado una… bueno no de ésta manera.
— ¿Entonces de qué manera?— había preguntado ella sumamente curiosa.
—En el corazón de su existencia.
Link volvió a cerrar la vieja consola y después la echó a andar como si nada, Zelda solo un clamó "¡Wow!" de forma emocionada y Daphnes también sé quedo con la boca a abierta, antes había mandado a reparar esa cosa varias veces por caprichos de su hija y sus técnicos siempre tardaban cerca de una o dos horas.
El pequeño hylian lo había hecho en unos cuantos minutos y además…
—Hay Link gracias— clamó Zelda casi besándolo— conservaste mis partidas, ¡Te adoro!
—Si— profirió de forma avergonzada.
Zelda se le había colgado al cuello y de pronto ambos terminaron por caerse.
—Sabes que… un día voy a hacerte un juego.
— ¿A, si?
— ¡Sí!
— ¿Y de qué va a tratar?
—De una Diosa por supuesto.
Zelda se echó a reír de forma tierna.
— ¿Y cómo se va a llamar?
—La Leyenda de Zelda. — clamó de modo sonriente.
— ¡Link!
— ¿Qué?
—Seria vergonzoso— le refutó mientras él se reía.
—Sería muy lindo— le dijo él con una mirada tierna— de esa forma de verdad podría ser tu héroe.
—Bueno… si sería lindo si tú eres mi héroe— le dijo con mucho cariño.
Cierto crujido sonó a sus espaldas y Zelda se viró para encontrarse con el rostro de su padre.
Daphnes carraspeó con un poco de enojo.
—Papá, tú de verdad no entiendes el significado social de las puertas.
Él negó con la cabeza.
Llamó al pequeño hylian con la mirada y Link se acercó con cierta cautela.
—Ya me voy— clamó tomando aire, y cortando cualquier cosa que fuera a decirle Daphnes en ese momento.
Zelda lo tomó del brazo con tristeza.
—Estaré bien princesa, ya te dije que vendría a visitarte todos los días.
—No te vayas.
Y por primera vez miró de modo suplicante a su padre.
—Por favor— musitó de forma ahogada.
— ¿Lo quieres?— preguntó con voz firme y un poco aterradora.
—Sabes que si… ¿Qué quieres?— preguntó con cierto miedo.
—Su pequeña cabeza me tiene estupefacto, si lo quieres tendrás que compartirlo.
— ¿Qué?— clamaron ambos al unísono.
—Chico ¿te gustaría tener trabajo?…
La pequeña mente de Link se volvió un lío, no sabía que decir "si" le cambiaría el destino para siempre…
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Continuara...
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Comentarios del Capítulo:
"Me perteneces" dijo ella, y con eso declaro todo xD jajajajaja
¿Recuerdan "Ese Amor Eterno"?, pues adivinen de donde venia la costumbre de que Link llevara a Zelda de caballito jajaja, obviamente jamas dejo de cargarla.
Y bueno al final él terminó viviendo en el Z-Corp, hasta que se le ocurrio la brillante idea de decirle a Daphnes que ya no queria trabajar para él, y bueno, pasó que terminaron corriendolo a patadas, asi que tuvo que irse a vivir a una casita cerca de los barrios colindantes al Parque Central xD.
