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Capítulo 33: Mensajeros de La Diosa (Segunda parte)

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...

"Lazos Fracturados"

..

— ¡No los dejes huir, Hiiro!

La voz del dragón blanco resonó entre los oscuros edificios, las sobras huían a toda prisa, quizás completamente seguras de que nada podría alcanzarlos, pero el fiel Loftwing escarlata se había vuelto habilidoso, con cada aleteo parecía bailar entre la enorme arquitectura de Hyrule City, en ese cielo escalonado que ahora formaba parte de su dominio.

Su jinete lo comandó de forma firme mientras ganaban terreno.

—Maldición, ese sujeto nos está alcanzado.

Ambos se deslizaron por los tejados sabiendo que les pisaban los talones, sintieron el miedo en carne propia cuando Zilant les lanzó una llamarada, el conjuro de fuego pasó rozando la cabeza de una de las siluetas, Link se había contenido tratando de no dañar a la ciudad entre sus carrerillas.

—Ese bastardo, debimos haber matado a ese crio cuando debimos.

—Creo que es tarde para eso. Deja de hablar, ¡Abre una salida, ahora!

Se escurrieron entre las sombras, esa noche la penumbra era su aliada, Link maldijo el instante en el que se le escaparon de las manos, los vio desde la distancia escalar a la superficie, a la cima de los edificios, para convocar parte de la poca magia que les quedaba y abrir un camino hacia ese mundo de colores ambarinos.

El Lofwing escarlata les clavó la mirada y arremetió en picada contra ellos, pero justo estando al borde sintió como su jinete lo detenía.

— ¡No. Hiiro!— logró detenerlo a tiempo y viró la dirección en la que volaba para evitar que entrara en aquel vórtice, no arriesgaría su montura por un fallo propio, por no haber visto venir aquella ruta de escape por parte de sus enemigos, las sombras habían atravesado el umbral de los mundos antes de que pudiera evitarlo.

Entonces el ave bramó con cierta furia, sabía que había fallado, odiaba decepcionar a su jinete, pero Link le dio unas palmaditas en el lomo y lo acarició mientras sobrevolaban aquel portal que sólo evocaba en Link una rabia añeja pero desmedida.

—No, tranquilo— volvió a hablarle mientras descendían— no sabemos qué hay del otro lado, los seres de la luz no deben entrar al Crepusculo, moriríamos de forma inevitable, consumidos por las sombras y la desgracia.

Nuevamente Hiiro bufó esponjando las plumas, observando como el portal se cerraba ante sus ojos ambarinos. Link sonrió incluso ante la situación irónica, quizás había domesticado al más fiel de sus aliados, a uno que compartía su desagrado por los habitantes de aquel mundo de atardeceres.

—Ya volverán amigo. No tengas duda. .. ya volverán, su jefe no los dejara desertar tan fácil.

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Aldea Mogma, en los barrios bajos del Sur aproximadamente 5 años antes….

Esa tarde Jerry siguió a Cris de forma sigilosa. Últimamente parecía demasiado ausente, quizás pensaba en cosas complejas o quizás solamente meditaba en lo que desde siempre había pensado desde el día en el que había nacido.

— ¿Por qué tengo que ser yo…?

—Eres el sucesor de la línea principal.

— ¿Otra vez con lo mismo?— rechistó una voz nueva, otro Mogma se posó su lado y movió las orejas de manera curiosa.

—Otra vez con lo mismo— repitió el susodicho con cierta tristeza— no quiero ser el líder, no me siento preparado, y en el fondo de mi corazón creo que tampoco quiero estarlo. Coback te cedo mi herencia.

Coback negó con la cabeza de forma graciosa.

— ¿No?

Volvió a negar de forma airosa, también era un Mogma libertino, era primo de Cris, aunque no precisamente su primo hermano, había nacido en una de las ramas secundarias de la familia y aunque tenía aptitudes aptas para suplantar al susodicho en su legado, la lejanía de la sangre lo había descartado de la vista de los mayores. Por razones obvias el clan Mogma prefería seguir guardando sus tradiciones filiales y fraternas, debían proteger el linaje de su magia aunque a veces eso implicara hacer rituales obligados.

Cris llevaba incrustado en su cuerpo y memoria todas las enseñanzas del abuelo de la tribu, nadie más podía ejercerlas y sobre él habían recaído responsabilidades muy pesadas.

Suspiró sabiendo que tenía marcado su destino, aunque deseaba ser como sus amigos sabía que sus añoranzas estaban un poco lejos de sus manos.

Escuchando discretamente, escondido entre el caserío de madera y paja, el abuelo Mogma se sintió más que acongojado, volvió a su sitio dejando tras de sí a su nieto ya sus amigos.

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Ese mismo día Cris recibió un llamado, fue a la choza del abuelo en donde el anciano de la tribu lo invitó a tomar asiento frente a la mesa.

—Lo siento…— se disculpó por haberle contradicho aquella mañana.

—Me siento desilusionado.

—Lo sé, soy sumamente lento y torpe.

—No por eso.

Lo miró directo a los ojos mientras cierta sensación le remolineaba en las entrañas.

—Por renegar de lo que eres, porque cada vez que me miras puedo leer en tu mirada lo mucho que aborreces tu destino.

—Abuelo yo…

— ¡Silencio!— gruñó.

Cris se enfadó ante el regaño, no había hecho nada malo, era cierto que lo que decía era verdadero, pero sus sentimientos era solamente suyos, y a pesar del malestar aún estaba ahí presente, asumiendo el puesto que le pertenecía, dejando de lado sus propios sueños para complacer los de otro ser al que amaba.

Guardo silencio…

El viejo Mogma bajó la mirada.

—Deseas irte.

—Deseo irme, — afirmó— pero permaneceré aquí aunque eso signifique estar atado.

—No juegues a ser el héroe sacrificado, terminaras poniendo a todos en peligro. Dormí mientras estabas con tus amigos y entre mis sueños vi un futuro oscuro y perturbante, los ancestros presentes en el mundo onírico me pidieron que te leyera las cartas.

—Venga, las cartas— bufó

Ignoró aquella mirada que le dedicaba su maestro, simplemente observó como el viejo sabio repartía las cartas y las reacomodaba en un orden especifico.

—Mano derecha para el corazón, mano izquierda para la familia – le recordó, Cris simplemente rodó los ojos.

Con pesadumbre viró las cartas comenzando con la mano derecha. El abuelo puso una mirada triste temiendo lo que tanto temía, las cartas no mentían, el futuro no estaba escrito en piedra, pero el destino de algunos seres permanecía constantemente entrelazado con el devenir de eventos cercanos.

— ¿Y, bien?— rechistó con cierto nervio, pocas veces en la vida había visto al viejo mogma con ese semblante.

Entonces simplemente le leyó la fortuna.

—Para el futuro de tu corazón se avecinan cosas buenas, tus ojos deberán mirar hacia el futuro siempre, esa será… la fuerza que te ayude para vivir. Tal y como lo deseas serás libre.

— ¿Libre?

—Aunque me he esforzado mucho las cartas hablan, no serás líder Cris, serás un seguidor nato, tal y como dicta tu naturaleza, leal y firme a tus ideales, te convertirás en el escudero de otra persona, un ser que ambos desconocemos. Eso me preocupa hijo, el destino de la mano derecha no revela la identidad de este nuevo ser que está por llegar a nuestras vidas.

Cris frunció el ceño, ¿El destino del clan mogma en manos de un desconocido?, por mucho que odiara la idea de ser lider aquello era algo que por fuerza de instinto y de sangre no aceptaba.

—Cuando llegue el momento, serás para Shiroe lo que yo soy para ti ahora, su tutor y su maestro, cuidaras de Sakuma toda tu vida, cuando los tiempos oscuros y la incertidumbre mermen sobre nuestras cabezas, serás tú quien acuda al lado de tu hermana

— ¿Para Shiroe?, ¿Él será quien secunde al extraño?

—Solamente así la línea de la familia principal seguirá su curso.

Entonces sintió nervios, parte de aquella predicción eran buenas noticias, las cartas auguraban una larga vida para su sobrino, quien había nacido maldecido por los dioses, Sakuma lloraba en pena al haber dado a luz a una cría blanca como la nieve, se había encerrado en sí misma tratando de encontrar consuelo y solamente encontrándolo aferrándose a su instinto de madre sobreprotectora.

—Cuidare de Sakuma toda mi vida… eso no necesitabas leerlo en las cartas.

El abuelo asintió dejando salir un suspiro, un suspiro grato lleno de esperanza, cargado de alivio al corroborar que aquellas palabras eran verdaderas.

—Pero las cartas mienten, no es posible que un extraño se vuelva jefe de la familia.

—Las cartas no mienten. Tú has cortados lazos con el destino al renegar de tu herencia.

—No me cargues con la culpa— gruñó de mal modo.

—Entonces veremos, el destino de la mano izquierda. El futuro del clan.

Nuevamente viró las cartas, cierta euforia invadió su ser entero, las cartas hablaban del ser que durante tantos siglos su clan había esperado. Cris lo miró extrañado mientras presenciaba como el abuelo tiritaba por las emociones.

— ¿Te sientes bien, Jiji?

—Un dragón ha aparecido….

— ¿Eh?— bajó la vista hacia la mesa y por primera vez puso atención a las imágenes que se mostraban, había un dragón blanco en una de las cartas, un Ajdaha curioso, un ser mitológico que auguraba esperanza y buenos presagios.

La carta que estaba debajo de esa estaba ilustrada con el tesoro de las Diosas, el abuelo supo entonces, que la creatura representaba al elegido, aunque la carta del Dragón había aparecido torcida lo cual indicaba que el corazón de ese ser había sido gravemente lastimado.

Eso le preocupaba la viejo mogma, cierta oscuridad había llegado a tocar un ser puro, quizás no fuera tan grave pero definitivamente era algo de cuidado, cuando Cris tomó esa carta entre sus manos la lanzo al aire esperando que cambiara de rumbo, pero la carta volvió a posarse sobre la mesa en la misma posición que en el pasado.

—No puedes falsear el destino— musitó el abuelo haciendo que sus parpados descendieran.

—No es un Ajdaha… solamente es un Zilant común y corriente.

—Pero es el custodio de una parte del tesoro ancestral, eso significa que el ser oculto bajo la identidad de carta es un miembro del clan Hakuryuu

—Sigue vivo— musitó Cris.

—Éste no es el que conociste— clamó el anciano mientras le mostraba el resto de las cartas— éste será, al que seguirás para siempre.

Incrédulo y aun con esa sensación de incertidumbre gruñó para sus adentros, no deseaba seguir a un extraño. El abuelo lloró de pena cuando la última carta elegida de la mano de nieto mostraba un paisaje oscuro envuelto en llamas.

—Algo terrible también se acerca…

— ¡Ya basta!— rugió con enfado mientras veía que el otro mogma literalmente hiperventilaba, —la fortuna no es verdadera, cada quien moldea su propio destino, mira nada más como te has puesto y por algo que nunca va a ocurrir, ¡Esto te hace mal, abuelo!

Enojado consigo mismo recogió la baraja, estaba harto, sin pensarlo siquiera arrojó el mazo a la basura, el abuelo se puso furibundo ante la osadía.

— ¡Te has vuelto loco, Cris!

— ¡Ya basta!— volvió a repetir, — tu salud se pondrá mal si sigues pensado en tonterías, escucha yo…

No le gustaba verlo de esa manera. Estaba a punto de disculparse, de pedirle que lo olvidara, de prometerle que se comportaría y que asumiría su lugar en el clan como era debido, como futuro líder de los mogmas, pero entonces el abuelo cortó con sus palabras y sin siquiera mediarlo le dio un bastonazo en la cabeza.

Cris gruñó de dolor y trastabilló hacia atrás, accidentalmente golpeó el cesto de la basura y éste fue a parar a una chimenea cercana. El fuego consumió las cartas, asustado y sin saber que hacer trató de remediar aquel accidente, pero las llamas eran voraces y consumieron la baraja de adivinaciones. Solamente la carta del Dragón blanco que curiosamente había salido volando en la dirección contraria se salvó del fuego.

Entonces por primar vez sintió ese vacío, su carácter torpe y explosivo había destruido uno de los tesoros de alguien a quien amaba, cuando se viró para enfrentar la mirada de su abuelo el viejo mogma volvió a regalarle una mirada triste.

—Abuelo yo… yo no… no quería que eso pasara.

—Vete.

— ¿Qué?

—Es lo que desde siempre has deseado. Vete. De ahora en adelante, no eres más un mensajero de la Diosa— clamó alzando el bastón en alto, la magia ancestral del clan hizo presencia, el abuelo le golpeo el pecho con el bastón dejándole una marca casi escarlata.

—Me exilias. No puedes hacer esto, debes de estar bromeando— titubeó.

—No te exilio… pero te relego de tu cargo. Vete Cris.

— ¡Abuelo!

—He dicho que te vayas. Ya no eres más mi sucesor, esperare pacientemente a que el dragón venga, él será un digno jefe, guiara al clan por el camino que ha estado prescrito.

— ¡Que estupidez, me estas reemplazando!...

En ese momento Jerry y Coback esperaban pacientemente en la puerta se espantaron al escuchar los gritos y se sorprendieron al ver a Cris literalmente salir corriendo del hogar del jefe con la cola entre las patas.

— ¡Te has vuelto loco Jiji!— gruñó con resentimiento en la mirada

El viejo mogma le cerró la puerta literalmente en las narices.

— ¡No puedes hacerme esto!, ¡No puedes tratarme de esta manera!, ¡Yo sacrifique mis sueños sólo para alegrarte!

— ¡Vete!— gruñó la voz detrás de la puerta— ¡No eres más el sucesor a jefe!

Sintió rabia, a pesar de que desde siempre había deseado que su abuelo le dijera eso, no concebía que lo hubiera hecho de esa manera, ese día algo dentro de su corazón se quebró de forma inevitable, se sintió herido y sin pensarlo demasiado abandonó la aldea.

Coback y Jerry se quedaron petrificados

¿Cris no sería más el líder?, ¿Entonces quien cuidaría del clan mogma?, el abuelo no viviría para siempre y no quedaba más progenie masculina en la rama principal de la familia.

El atardecer que cayó ese día sobre la aldea mogma fue un atardecer rojo cargado de malos presagios, algo en el viento era diferente, las creaturas de Twili se escuchan merodeando más cerca de lo que deberían.

Ansiosos y con miedo de perder a su amigo ambos mogmas siguieron al sucesor desterrado con paso prudente y lento.

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—Cris…— musitó su nombre de forma lenta.

Alguien tocó a la puerta, con ayuda de la magia ancestral y su bastón, el viejo mogma abrió la entrada a su invitada.

Sakuma entró arrastrando los pasos.

— ¿Pasó algo malo?— pronunció en voz queda— me han dicho que mi hermano ha salido de aquí hecho una furia.

—No pasa nada. — se viró, estiró los brazos, Sakuma le pasó a su hijo para que lo abrazara; su abuelo era al único ser aparte de su hermano al que le permitía tocarlo.

Ambos sonrieron al reconocerse, al pequeño Shiro le gustaba ir a escuchar las historias de su abuelo, y sabiendo que estaría a salvo su madre decidió dejarlo para atender deberes pendientes.

—Iré a buscar a ese vago, no puede hacerte esto, seguramente estará con Jerry y con Coback bobeando.

—Solo déjalo. Sakuma…

— ¿Si abuelo?

—No, nada— masculló abrazando al pequeño mogma albino.

La puerta se cerró después de que la mogma saliera, el ambiente de la habitación se volvió calmado y sumiso, los seres que compartían la hoguera de la chimenea se adormilaron con el calor de las llamas.

Entonces, algo pareció despertar al pequeño Shiro.

—Jiji..— lo llamó con la única palabra que había aprendido a articular hasta ese momento.

Despertó con aturdimiento. Fuera de la casa se escuchaban gritos, de pronto alguien tocó la puerta de forma desesperada.

— ¡Venerable Líder!

Apenas si entendió lo que balbuceaban tras la puerta.

— ¿Qué es ese escándalo?— tomó Shiroe entre sus brazos y se dispuso a salir del hogar para atender a la voz que llamaba, el caos en la parte externa se volvió más tácito, el viejo líder comprendió que algo andaba mal en la aldea. Justo cuando abría algo verdaderamente enorme chocó contra el techo de su casa, el hogar construido con madera y piedra se partió a la mitad creando un estruendo.

Un viento helado azotó con tempestad el lugar que en antaño había sido el orgullo y fortaleza del clan mogma.

Cuando el viejo reaccionó sintió que algo verdaderamente enorme le había caído encima, aullidos y gritos llegaron a sus desgastados oídos, junto con chillidos espeluznantes provenientes de las creaturas de Twili.

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— ¡Cris!

Su nombre fue clamado desde las cercanías, ignoró el hecho de que sus amigos estuvieran preocupados, solamente deseaba alejarse, así que cuando menos lo pensó había terminado en los límites de la aldea.

Con un suspiro de tristeza miró al cielo rojizo, estaba cansado, la visión de las construcciones amuralladas con alambrado eléctrico lo hizo sentir aún más deprimido, de un momento a otro sintió la necesidad de posar su mano contra el perímetro de la comarca de la aldea, anochecía rápido, posiblemente los guardianes ya hubieran hecho funcionar la corriente eléctrica, sospeso la idea, quizás lo que verdaderamente necesitaba era una buena electrocutada en esa barrera invisible a la vista, quizás el dolor de la quemadura lo hiciera olvidarse de esos otros dolores.

Incluso cuando renegaba de su destino había sufrido ante la idea de que su abuelo quisiera reemplazarlo.

Para el caso, ya nada valía, lo había echado de su casa a base de bastonazos furibundos. Ya nunca podría perdonarlo, no después de haber menospreciado sus sacrificios.

Jerry y Coback finalmente se posaron a su lado.

—Anochece— murmuró su primo ladeando los ojos hacia un costado.

—Es peligroso estar aquí tan cerca, vayamos a casa.

—No quiero ir a casa— contestó en voz seca carente de sentimiento.

El rugido de un Twili asomó a la distancia, los tres mogmas alzaron las orejas, un stalwolf solitario se paseó por detrás del alambrado eléctrico, mirándolos con ojos burlones como si no existiera la barrera eléctrica.

—No me gustan esas creaturas, ¡Vámonos!— suplicó Coback mientras lo tomaba del brazo.

Aunque Cris no tenía miedo, algo en la mirada de esa creatura hizo que se le revolviera el estómago, la sinfonía de voces seminocturnas pronto se hizo presente, rugidos de aves extrañas.

No era natural que se acercaran tanto a la aldea, las creaturas de Twili siempre habían representado un peligro, aunque los mogmas se sentían más seguros al no ser el plato preferido de los sombríos seres.

Un par de aves bramaron desde las alturas, los tres mogmas se espantaron al ver a los kargarocs de las sombras, era la primera vez que veían unas creaturas de Twili tan enormes, incluso cuando el portal llevaba abierto cerca de dos siglos era extraño que pasaran cosas tan enormes entre los dos mundos.

—Mis diosas…

Paralizados y sin habla, solamente observaron como las gigantescas aves se adentraban en la aldea, no estaban listos para algo como eso, no tenían ni nunca habían pensado en alguna clase de protección contra creaturas aéreas.

Entonces Cris recordó los sucesos ocurridos hace un año. Los dragones habían desaparecido del mapa en un abrir y cerrar de ojos, la confusión había corrido en el entendimiento del resto de los antiguos sirvientes de las diosas sin explicación alguna.

—Esto es malo, ¡Tenemos que sacar a todos de éste sitio!—Clamó el antiguo sucesor.

Algo en el perímetro se desboronó con un tremendo golpe, alguien más había violado la seguridad que les ofrecía su de por si pobre alambrado eléctrico, desenas de Stalwolfs entraron en la comarca aullando con frenesí y hambre.

Sin pensarlo siquiera Cris dio orden a sus semejantes para emprender huida bajo tierra, al único lugar al que las creaturas no los seguirían. Poco antes de zambullirse escuchó los llamados de su hermana a la distancia, se distrajo de su cometido haciendo que Jerry y Coback se perdieran de su vista.

— ¡Cris!— lo llamó de forma asustada, un stalwolf se le había acercado demasiado.

Con ayuda de la magia ancestral de su tribu Cris hizo que la superficie en donde estaba parado el cánido se volviera mera arena, se acercó a su fraterna y la tomó de la mano para apartarla del peligro.

— ¡Qué está ocurriendo, de donde ha salido esa horrible creatura!

—han violado la seguridad de la aldea, tenemos que escapar de aquí Sakuma.

— ¡Deje a mi bebe con el abuelo!— rechistó tratando de volver sobre sus pasos, su hermano la contuvo, de forma oportuna jerry asomó la cabeza por un resquicio en la tierra.

Entonces, con decisión y poca delicadeza, Cris empujó a su hermana hacia donde estaba su amigo.

—¡Cuida de Sakuma, Shiroe y el abuelo están en peligro!— rechistó mientras se echaba a correr internándose en el asfalto.

De la nada todo se había envuelto en fuego, la aldea mogma ardía, el viento iba cargado de cenizas al rojo vivo.

— ¡Jiji!— su voz se perdió entre la barahúnda que los propios mogmas hacían mientras huían a tropezones escapando de sus propios hogares.

El chillido de aquellas monstruosas aves gobernaba el cielo

Llegó sin aliento a donde se suponía estaba erigida la estructura más antigua de la aldea, pero la casa del jefe mogma había cedido ante el ataque de las creaturas del crepúsculo.

— ¡Abuelo!

No hubo contestación alguna al llamado, seguramente el viejo líder había muerto bajo los escombros.

¿Por qué?

La voz de su conciencia le taladró la cabeza hasta aturdirlo. ¿Cómo era posible? ...

Cerró los ojos con fuerza sin saber si volvería a abrirlos, si podría despertar de aquella terrible pesadilla.

Porque eso era lo que vivía, una terrible pesadilla.

—Cris— Coback apareció a sus espaldas y le tiró del brazo para sacarlo de aquel trance — ¡Tenemos que huir, Cris!— suplicó.

En ese momento nuevamente el chillido del kargaroc resonó como augurio de muerte mientras la gigantesca silueta ensombrecía los cielos.

Ambos mogmas se quedaron helados, contuvieron el aliento mientras observaban como la bestia descendía del cielo dispuesta a terminar con aquello que había comenzado.

Las orejas de Cris se alzaron un segundo al escuchar un leve chillido. Desde el fondo de la estructura caída la voz del pequeño Shiroe clamó por ayuda.

El tiempo pareció detenerse, la mirada del mogma quedó congelada en aquella escena en la que él kargaroc de las sombras se lanzaba sobre lo poco que quedaba de la casa del abuelo.

— ¡Detente!— rugió con voz desesperada.

Y como si su voz hubiera llegado a oídos de las diosas algo detuvo al ser gigantesco, de la nada comenzó a arder en llamas, chilló de manera caótica y desesperada mientras luchaba por quitar las voraces llamas de cuerpo. Envuelto en su frenesí cayó en picada y fue a desplomarse entre los escombros cercanos.

—¿¡Qué…

La pregunta fue interrumpida por el crujir de unos pasos. Los tenis del extraño se hundían en las cenizas mientras observaba con aquella mirada cristalina como el hielo.

Alzó la mano y musitó en silencio, una ola de fuego se formó a su alrededor y se expandió por todo el escenario, Cris y Coback se quedaron mudos mientras miraban como aquel fuego con esencia sagrada consumía a las voraces llamas que habían expandido los Twili por la aldea.

Era como si el fuego consumiera al fuego. Pronto todo se apagó, en el tiempo del latir de un corazón todo quedó en silencio, el extraño avanzó lentamente hacia la construcción caída.

—¿Quién... ¿Quién eres?— por primera vez sintió temor a lo desconocido, miró al extraño tratando de no bajar la mirada, no podía creerlo, aquel ser misterioso era solo un niño, pero de su esencia se desprendía una magia abrumadora, un poder antiguo que jamás en su vida habría imaginado presenciar con sus propios ojos.

Ese chico rubio de ojos azules parecía no inmutarse ante lo ocurrido.

Era como si aquel ambiente caótico no existiera, como si la presencia de las creaturas Twili no fuera más que un simple espejismo.

Un stalwolf salió de entre los escombros aullando de forma rabiosa, mirándolo con aquellos ojos carmesí asesinos, se le echó encima pero compartió el mismo destino que la anterior creatura, ardió en llamas hasta convertirse en ceniza.

Los ojos de hielo del muchacho ni siquiera le dedicaron ni una mirada.

En cambio simplemente prosiguió su camino y rodeó las ruinas de la choza mogma. Cris siguió sus pasos, nuevamente escuchó un llamado conocido. Una voz anciana y agonizante que provenía desde abajo de una roca, era el líder mogma que había salido a rastras de su vivienda.

Sin saber por qué, al mirarlo desde la distancia ya no pudo moverse y se quedó petrificado, ausente. Simplemente observando como el extraño se acuclilló al lado de su ser querido.

El pequeño Hylian le dedicó una mirada triste al anciano.

—Viniste... te esperaba...— tosió por el esfuerzo, los escombros en su espalda lo estaban asfixiando, observó como el joven hacia un intento nulo por mover el pedrusco.

"Déjalo" le dijo con la mirada, sabía que no podría moverlos, pero de cualquier manera sus heridas ya eran mortales.

Link se volvió a arrodillar a su lado.

— ¿Me esperaba?

—Tu destino era venir hoy aquí joven Hakuryuu. — habló.

Los ojos de Link temblaron al escuchar su propio apellido.

—Anciano, ¿cómo sabe usted eso?

—Te vi... en las cartas. Eres el dragón de mi profecía, aquel que aparecería para proteger a mi pueblo.

Tosió con ahínco, la vida se le iba.

— Escucha... no queda tiempo. No fue un accidente.

— ¿No fue un accidente?

—No fue un accidente— repitió. — Sus ojos se cerraron lentamente.

No lejos de ahí Cris observó como el anciano le susurraba al joven, como sus palabras le suplicaban a aquel extraño.

—Lo prometo— dijo Link sin ponerse a pensar en él peso de aquella oración tan simple, lo único que deseaba era que él viejo mogma muriera con una sonrisa. Y así fue, su cuerpo cayó lentamente, y mientras lo abandonaba la vida irguió una última sonrisa para su nieto. —Que mal...

Ahora sí que no sabía ni qué hacer con sus propias palabras, pero Link era un chico que no pensaba demasiado hacia futuro cuando se trataba de hacer un acto bondadoso.

Finalmente soltó al viejo sintiendo un terrible vacío. Una vida había expirado justo entre sus brazos y eso traería consecuencias que muy pronto se notarían.

Las aves del mundo Twili descendieron como buitres haciendo círculos a su alrededor.

—Que mal...— volvió a repetir. Su mirada había vuelto a ser cristalina y fría como un tempano de hielo, dio un salto hacia la parte alta de los escombros y recitó un hechizo, una magia descomunal se sembró de pronto en toda la aldea, y desde donde estaba el Hylian una ola de fuego emergió consumiendo todo a su pasó, las creaturas invasoras y todo aquello cuanto era twili cedió ante el pasó de las voraces llamas. Los mogmas, asustados ante tal escenario se ocultaron bajo tierra viendo como la aldea entera ardía, como sus hogares se consumían, como el lugar que amaban desaparecía para dejar solo rastros de piedras calcinadas.

Solamente Cris se quedó en su sitio, las llamas no lo tocaron y quizás tampoco habrían tocado a ningún otro mogma aunque jamás lo sabría dado que todos habían corrido aterrorizados.

— ¿Por qué?— preguntó en una voz tan menuda que incluso dudo que él extraño lo hubiera escuchado, Pero Link dio un salto y bajó al piso justo a su lado, lo miró de reojo y después prosiguió su camino. Los mogmas que recién salían de sus escondites asomaron la cabeza solo para verlo marcharse con esa pose altiva y temeraria.

—Jiji...— pronunció una vocecita triste con los ojitos llenos de lágrimas.

Cris no sabía como pero Shiro había aparecido justo a su lado.

—Este chico— pronunció mientras sus ojos seguían los pasos de su salvador, las llamas se habían extinguido y los twili se habían marchado y lo poco que quedaba comenzaba a apagarse debido al inicio de las lluvias.

El olor a tierra quemada se mezclaba con la humedad del ambiente, en ese día triste en él que los mensajeros de la diosa lloraron por su perdida.

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Continuara...

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Comentarios del Capítulo:

"Lo prometo"... y con esas palabras tan sencillas, con ese juramento inocente sello una parte su destino.

Una parte del odio que nació en su noble corazón ha salido a flote, tal y como aditivo el abuelo; incluso un ser puro fue capaz de ser tocado por oscuridad, ¿Que clase consecuencias mas allá del deseo de la venganza traerá esto?