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Renacimiento

Parte II de Huevos para el Desayuno

16

Los pies de la pelirosa se despegaron del suelo para dar un pequeño brinco, esperando caer directo al jardín principal y no tener que bajar escalón por escalón de la entrada de la casa, recordándole lo fácil que hacía sido el primer embarazo en comparación de la mucho más enorme barriga que ahora tenía que cargar.

No había día en que no usara chakra sobre la estirada piel de su abdomen con la esperanza de no tener unas horribles estrías, y para su felicidad, estaba funcionando.

Ni siquiera había tocado el césped cuando dos brazos la tomaron de los costados, haciendo que su aterrizaje fuera prácticamente en cámara lenta.

―¿Recuerdan que también soy un ninja? ―preguntó la chica, luchando por que la parte que creía que el gesto era tierno le ganara a una bestia inner-Sakura que tenía una opinión muy fuerte sobre dónde podría caber esa actuación de caballerosidad innecesaria.

―Si, sé que eres de las pocas mujeres que podría mandarme volando a Suna de un solo golpe. ―Aceptó el Uzumaki, sabiendo que la mejor forma de salir vivo de una Sakura hormonada eran los elogios.

―Si decides hacerlo, por favor déjenme contar la cantidad de metros hasta donde llegue, quizá pueda haber un nuevo deporte, "Lanzamiento de Narutos" o algo así.

―Lanzamiento de esposos... ―corrigió la pelirosa. ―Veremos cuál es más aerodinámico.

― ¡No es justo! ― lloriqueó Naruto. ―Sasuke tiene menos músculos que yo, seguro me gana.

―Soy más fuerte que tú. ―declaró el Uchiha, ofendido porque le dijeran que tenía menor masa muscular.

―¡Niños! ―regañó Sakura antes de que comenzaran con otra absurda pelea, aunque el objetivo de que olvidara su reciente molestia funcionó.

―¡Ya estoy listo, mamá! ― interrumpió Shinachiku, no llevaba su típica ropa ninja y su cabello parecía tener al menos un poco de gel, aplacando las rebeldes formas, ninguno de sus tres padres mencionó algo sobre el esfuerzo extra del niño por verse mejor.

―Ya que estamos todos, es hora de irnos, no podemos llegar tarde al nombramiento de tu papá como Hokage. ―encabezó la caminata a la aldea la mujer embarazada.

Tenían toda la semana planeándolo y nada lo iba a arruinar. Ese era el día con el que Uzumaki Naruto había soñado desde que empezó a hablar y no podía ser otra cosa que perfecto.

Sasuke solo pudo suspirar, resignado por lo dramáticos que eran sus esposos cuando los vio llorar en el momento en que Kakashi le dio el sombrero a Naruto, haciendo oficial el nombramiento, aunque la pequeña sonrisa en sus labios reflejaban todo el orgullo que sentía por su rival, amigo y esposo.

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