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Capítulo 35: Un legado no perdido
...
Todo era perfecto aquella mañana, despertó al sentir una caricia de su diosa sobre el cabello, sonrió de forma boba olvidando los resquicios de su ultimo sueño, no sabía porque aquel recuerdo había vuelto a su conciencia aunque tenía muy presente de que quizás se trataba de un presagio, quizás algo relacionado con el clan mogma muy pronto ocurriría, aunque de momento todo acontecía en calma.
Hizo la cama y fue a bañarse, y después mientras se cambiaba encontró un delicioso olor que venía desde su cocina, Zelda le había preparado un delicioso desayuno, apuro a vestirse y después se reunió con ella. Definitivamente era una de esas mañanas perfectas y mágicas, soñaba con que así fuera el resto de su vida, sin preocupaciones, sin twilis, sin miedo al crepúsculo. Ambos jóvenes habían tomado su vida juntos muy en serio, más que novios parecían una linda pareja de recién casados. Zelda abrazó a Link con cariño y le dio un beso en la cabeza antes de acompañarlo en la mesa.
Sí, todo era perfecto…
Incluso su pequeño y "provisional" adoptado Shiro disfrutaba de ese ambiente familiar agradable.
— ¿Pasa algo, Link?
— No, nada— respondió todo bobo y enamorado, a veces no podía ni tocar el desayuno porque se distraía admirando a su princesa. — igual será que todo es tan perfecto…
Y apenas si lo había dicho y se quebró el momento. Zelda se había levantado para tomar un poco más de jugo de la nevera.
— Ammmmm, si, ¿supongo?— musitó, soltó una risita nerviosa. Ni siquiera había llegado a la nevera porque algo fuera de la ventana había captado su atención de manera inevitable. –Amor quizás deberías echar un vistazo fuera, creo que tenemos invitados. Debiste haberme avisado si ibas a llamar a tus amigos
— Debe ser tu imaginación, no he llamado a nadie.
— ¿Seguro, Link?, hay un ejército de Mogmas justo afuera de la casa.
— ¡Qué!
Era cierto, había sentido la presencia de los mogmas, pero eso no lo había alertado, después de todo ellos eran sus seguidores y él su líder, aunque se suponía que solo Jerry y Coback seguían sus pasos y los de Zelda.
— Por las Diosas— Clamó después de ver lo que Zelda veía, no tenía idea de que la mitad del clan estaba afuera de su casa.
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Se sacudió la cabeza, los mogmas se movían nerviosos, Sakuma los apartó de su camino.
— ¡Devuélveme a mi hijo!— Rugió enfrentando al actual líder.
Shiro se encogió y abrazó la pierna de Zelda. Por un segundo Link sintió la necesidad imperante de decir "NO", pero Zelda estaba presente y no había excusa que le sirviera para defender su postura.
Sakuma lo sabía.
El clan Mogma entero lo sabía.
Pero ir a enfrentar al líder cara a cara era una locura.
— Shiroe no desea irse. Sakuma, ¿Podrías calmarte?, deseo que hablemos.
Dio un paso hacia adelante y se acuclilló para estar a su altura, pero la Mogma estaba rabiosa y entre ese arranque de sentimientos le tiró un zarpazo a la cara. Link logró retroceder llevándose consigo solo un ligero rasguño.
Un sonido gutural comenzó a emerger entonces de su garganta, de manera desafiante y amenazadora, un ruidillo que solo un Mogma fuera de quicio emitiría. Bastó eso para que Zelda brincara literalmente entre su amado y la creatura, no quería que ese ser le hiciera daño a su novio.
— ¡Basta!— rugió.
Ambas chicas se miraron, por primera vez Sakuma no logró intimidar a quien la retaba.
— Asustas a tu hijo— le reprimió
— No te metas. No te importa. Que seas la mujer de éste no te da derecho sobre mi cría.
— Es verdad, yo no tengo derecho sobre Shiro. Pero tú por muy madre suya que seas no debes tratarlo así.
— Es mi hijo, lo trato como crea conveniente.
Gruñó y le lanzó una mirada a su hijo, le llamó y el pequeño obedeció acercándose con las orejas caídas.
— Espera, no— Zelda lo detuvo.
Sakuma volvió a gruñirle
Entonces Link quiso meterse, pero fue detenido por Jerry y Coback, no sabían cómo ni porque, pero esa pequeña riña que debía haber sido entre miembros del clan ahora se había convertido en una discusión de damas.
— Shiro no se va hasta que tú me escuches.
Le sostuvo la mirada sin miedo y la obligó a retroceder hasta quedar lejos de pequeño Mogma.
— Por las Diosas— clamó Jerry sintiendo escalofríos.
Era como ver a la diosa arreando a la bestia, al demonio indomable que ningún Mogma enfrentaba.
— Que miedo. Link, como que se entiende porque te gusta tanto
— No tienes idea de lo estúpidamente enamorado que me tiene.
Sakuma volvió a rugir profiriendo disgusto, pero Zelda la puso en su lugar, Link aun sentía la necesidad de hacer valer su autoridad de líder, pero pronto se dio cuenta de que su amada no necesitaba de aquello.
— ¡Ya basta!— rugió
— No me van a quitar a mi hijo, ¡es mío!, ¡mío!, está enfermo y me necesita.
— No es verdad. Él está bien.
— ¡Tú no sabes nada!
— ¡Terminara odiándote!— gruñó Zelda
Esas palabras la hirieron hasta lo más profundo de su corazón de madre.
— Terminara odiándote— Repitió. La mirada de la joven diosa se había vuelto sombría y triste. — escucha, cálmate. Nadie quiere robarte a Shiro. Pero lo estas sobreprotegiendo mucho, lo asfixias. ¿Te has puesto a pensar en lo que él siente?
— ¿¡Y a ti... que te importa!?— le reclamó en voz casi quebrada, no podía creer que las palabras de esa extraña la hubieran herido.
— Me importa. Porque me veo a mí en él.
Se acuclilló a su lado.
— Sakuma. Estas cometiendo los mismos errores que mi padre. El también creyó que hacia lo mejor por mí, pero no tomó en cuenta mis sentimientos. Me asfixio, me acorraló, terminó por hacer mi vida miserable, ¿Crees que guardaré bonitos recuerdos de mi infancia con él?, incluso ahora no se si puedo perdonarlo.
Cierto silencio se instaló entre ellas.
— Shiro ya huyo una vez. No dudara en hacerlo de nuevo.
— Y tú... ¿también huiste?
— lo hice.
Por un segundo la sinceridad en la mirada de Zelda hizo que Sakuma reaccionara.
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Link bufó. Desde su sitio observaba aquella escena, sus ojos azules se habían vuelto cristalinos y fríos, los mogmas sabían que aunque esto se solucionara Sakuma no quedaría sin castigo.
Finalmente se acercó, tomó a Zelda por la cintura y le hizo una señal para que se fuera, llevaba mucho rato hablando a solas con la mamá de Shiro, al inicio en voz alta pero ahora en susurros, Sakuma parecía haberse quedado en shock severo. Nuevamente Link le hizo la seña, Zelda asintió pero le dedico unas últimas palabras.
— No dejes que termine con mis mismos sentimientos.
Link no supo a qué se refería, en realidad no había escuchado nada, era ignorante de las palabras que le había dedicado su diosa a la Mogma furibunda.
— Sakuma, te suplico que te vayas.
Lo miró con cierto desdén pero por primera vez no rechistó de la orden. Ese acto fue tan antinatural que por un segundo Link creyó que en cualquier instante se daría la vuelta y lo rasguñaría a traición como solía hacerlo desde siempre.
— Estas seguro, Shiro— la voz de Zelda tras de él lo distrajo, se viró y encontró al pequeño Mogma albino despidiéndose de su novia.
— He sido egoísta, mi madre está preocupada, señorita diosa, podría pedirle a Link que la perdone.
Zelda asintió, aunque creyó que se refería a la grosería que la Mogma recién había hecho, poco imaginaba que lo que Shiro pedía era que a su madre le perdonarán un posible exilio.
Con sus graciosas patitas se fue dando saltitos, Sakuma lo vio venir y lo cogió en brazos mientras lo llenaba de besos, pese a todo era su hijo y lo amaba más que a su vida. Pronto Shiroe se deshizo de sus brazos y avanzó con la cabeza en alto frente al grupo de los mogmas.
Desaparecieron detrás de los edificios de Hyrule City y Link suspiró estando aún más que confundido.
— Estoy perplejo— clamó Jerry quien seguía a su lado.
— Un día Jerry, ese pequeño será el mejor de los lideres, incluso mejor que yo.
— ¿Qué fue lo que hiciste?, fue como si hubieras reemplazado al pequeño heredero.
— No hice nada. Será que él solo ha madurado.
Zelda se acercó finalmente y asintió con la cabeza. Aunque suspiró con cierta tristeza innata, de verdad que le gustaba ese pequeño, peludo y súper tierno Mogma. Link soltó una risita para sus adentros, fue y la abrazó por la cintura invitándola a que volvieran a casa.
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Hatoru sirvió la mesa. Daphnes desayunó en silencio, habían pasado semanas desde que hubiera escuchado sonido alguno, podría decirse que casi se había acostumbrado a esa soledad perpetua. De vez en cuando Gustav le acompañaba, pero no hablaban mucho. Sin Zelda la familia se había quebrado, la joven había sido el sustento que los mantenía unidos, pero ahora ya no estaba.
El Z-corp se sentía vacío. La única conversación de esa mañana transcurrió entorno a las preparaciones de las fiestas de fin de año. Cada año Daphnes ofrecía una cena para sus socios cercanos, así estrechaba alianzas y se aseguraba de estar en buenos términos. Esta vez estaba de mal humor, había renunciado el pianista que solía tocar en sus fiestas, había llamado a entrevistar algunos pero ninguno le satisfacía, todos ofrecían un catálogo musical de relleno y casi ninguno tocaba buenas piezas clásicas. Quizás la fiesta de éste año estaría igual de vacía que esos últimos días en ese enorme rascacielos.
Y por primera vez pidió ayuda a su padre, Gustav acepto sintiéndose un poco extrañando, Daphnes debía sentirse de verdad triste para pedirle semejante favor, aunque en el fondo sabía que él abuelo era e único indicado para dicha tarea.
"Habla con ella" le pidió.
...
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Hatoru le había dicho que estaba en el único lugar en el que podía estar, y ese lugar obviamente era al lado del chico que adoraba.
Fue a hablar con Impa para pedir consejo, la sheikah frunció el ceño y negó con la cabeza.
— Si Daphnes la extraña, que sea el quien venga a hablar con ella— rechistó, giró la silla de su escritorio y acomodó unos papeles. La escuela estaba un poco solitaria esos días y había mucho silencio, en el campus solo quedaban los maestros y unos cuantos estudiantes que ayudaban a dejar todo predispuesto para cuando se volviera de vacaciones.
Gustav suspiró y se marchó, debía ir a casa de Link a buscar a su nieta. Caminaba por los pasillos cuando escuchó una melodía, la voz de un piano cuya música resonaba fuerte y claro desde los pasillos vacíos, entonaba muchos sentimientos hermosos que hablaban con cristalina claridad de los sentimientos de aquel pianista. Por un segundo recordó que aún no habían encontrado quien quisiera tocar para la fiesta del Z- Corp.
Se asomó con cautela al salón de música, había ahí dos personas, dos tortolitos enamorados, el chico tocaba el piano mientras su pareja yacía felizmente recargada contra su hombro, sus cabezas estaban acomodadas la una sobre la otra en un arrumaco tierno y muy romántico
La melodía siguió su curso hasta el momento en el que Link toco la última nota y sus dedos se deslizaron por el teclado con mucha delicadeza.
Durante el minuto que siguió no hubo otra cosa más que el silencio, Link y Zelda se miraron sin decir palabra, comunicándose solo con la mirada, entrelazando esencias y magia de manera silente.
— ¡Vaya!— a Gustav se le escapó la expresión de la sorpresa.
Zelda se viró de inmediato al escuchar la voz conocida.
— ¡Abuelo!
El anciano río entonces de manera nerviosa y un tanto avergonzada. Ambos chicos tenían la cara un poco colorada, realmente creían que estaban ahí sólitos, de echo habían estado a punto de darse un beso loco y apasionado, Link carraspeó retomando un poco el aliento mientras Zelda se levantaba del banquito del piano para ir a darle un abrazo a Gustav.
— ¿Qué haces aquí?
— Vine a hablar con Impa, aunque ya iba a casa de Link.
Desde su sitio Link ladeó la cabeza de manera tierna y dubitativa.
— Quería hablar contigo, Zelda— pronunció.
Zelda escuchó con paciencia aunque más o menos ya se imaginaba de que iba la cosa, Gustav le dijo que Daphnes la extrañaba, que lo había visto distante y decaído, que el rascacielos parecía muerto desde que había salido aquella noche abandonándolo todo.
Suspiró con pesadez.
— No voy a volver. Nunca— musitó.
— Entiendo.
— Lo siento. Te quiero.
— Yo también.
Bajó la mirada pero le dedicó una sonrisa.
— ¿Al menos irías a la fiesta?
Ella río con nerviosismo "no quiero" rechistó a modo de berrinche.
— ¿Y tú, Link?
— ¿Yo?— soltó una carcajada— Daphnes me odia, ni siquiera me deja pisar su casa
— Bueno, acabo de ver que eres un pianista extraordinario, podría contratarte y no pondría resistencia, está desesperado por encontrar uno.
El joven Hylian alzó una ceja. Zelda negó con la cabeza, no parecía querer prestar a su novio. Él realmente no tenía inconveniente, sabia lo importante que era el evento para el Z-corp, pero si su princesa se negaba él también tendría que hacerlo.
— La verdad, no soy pianista. Solo toco para mi Zel, ella hace que me inspire. Sabe que soy músico, pero soy más de guitarra.
Trató de zafarse, pero Gustav negó con la cabeza. Zelda no tuvo más remedio que aceptar que el abuelo no se rendiría, era terco, muy, muy terco. El anciano casi le rogó a Link que tratara de tocar de nuevo, así que él no pudo negarse.
No obstante Zelda le pidió que esperara, se acercó al pino y desde atrás de la partitura sacó su celular que había estado escondidito.
— ¡Zel!— gruñó de forma atolondrada y tierna al darse cuenta que lo habían estado grabando y ni se había dado cuenta.
Ella soltó una risita, guardo su móvil, ya después editaría ese vídeo. Le dio un besito a Link en la cabeza y se sentó de nuevo a su lado.
— Te voy a comer a besos— la amenazó con voz sexi muy cerca de su oído.
— ¿A, si?
— Si— gruñó
— A ver inténtelo señor lobo— lo retó
Y simplemente puso esa cara picara.
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Gruñía. Escupió arena y volvió a gruñir. Miró con ojos amenazantes al Mogma en guardia.
— Estúpido Link, vas a pagar por esto— replicó.
Midna de verdad que estaba de muy mal humor, y como no estarlo después de lo que había ocurrido
La serena noche había caído ya sobre las afueras de la aldea Mogma, bajo un almacén abandonado los mensajeros de Hylia custodiaban al ser cautivo.
Un Mogma pardo grisáceo hacía de guardia, las estrellas brillaban tímidamente detrás de la nubosidad invernal, el ruidillo del alambrado eléctrico permeaba en el mutismo.
— El jefe llama— le gritaron a la distancia.
A Liah le pareció extraño pero acató la orden. No muy lejos de ahí resonó un aullido, un stalwolf solitario vagaba cerca.
La joven Twili sonrío con discreción.
…
Coback estaba en la entrada cuando el guardia se presentó.
— ¿Y el jefe?
La respuesta fue extraña, se encogió de hombros dando a entender que no sabía.
— Link se fue. Dijo pase lo que pase no se muevan.
Recién terminaba de decirlo cuando un sonido estruendoso vino desde la celda de la Twili, por un segundo todos se quedaron paralizados, "pase lo que pase no se muevan" recordaron.
...
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Corrió lejos de aquellas creaturas, sus pasos resonaban en las callejeras de los barrios bajos, a su lado el stalwolf jadeaba mientras le seguía el paso.
Cerca de ahí el dragón blanco observaba como la sombra de los fugitivos se dibujaba en los edificios de la ciudad.
Justo cuando la Twili creía haber escapado un muro de fuego se alzó ante ella, pegó un grito por el susto y retrocedió para evitar que la magia la alcanzara.
— ¡Link, grandísimo...!— no encontró la palabra adecuada aunque definitivamente hubiera sido una grosería.
El susodicho apareció bajo su traje de Zilant, la máscara del dragón se veía opaca sin la luz de la luna.
— ¿A dónde vas?— preguntó. Su voz parecía triste.
— A casa.
— ¿Casa?, ésta es tu casa. Midna, ellos te abandonaron— le recordó.
— Y tú me encerraste.
Link no dijo nada. Ella le clavó la mirada, por primera vez vio a través de sus ojos azules, y entonces lo supo. Entendió que la había dejado escapar a propósito.
— Eres libre— acentuó
— ¿Seguro?
Nuevamente se quedó en silencio.
Midna llevaba tiempo recargando magia, tocó al stalwolf y éste aulló abriendo un portal hacia el mundo del crepúsculo.
— Midna no lo hagas, ven conmigo.
— Jamás. Si no peleas yo si lo haré. Si me dejas ir ahora, juro que te arrepentirás.
Pero Zilant permaneció en su sitio. También él lo sabía pero no hizo nada. Dejó que se marchara.
Pronto quizás aquellas palabras se hicieran reales, pero presentía que si no la dejaba elegir las cosas serían peores.
— La próxima vez, te veré solo como a un enemigo— pronunció, quizás esa noche estuvo seguro de que por ella no podía hacer nada. Tendría que cargar con el odio de Zelda, pero preferiría ser odiado antes que perderla, quizás algún día la diosa repudiara al dragón blanco.
Quizás...
El destino era caprichoso, pero aún más el amor ancestral que cargaban las almas encadenadas.
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Esa noche Zelda despertó de golpe, el hechizo de su amado se había roto pero no porque algo hubiera mermado su magia, sino porque el susodicho había entrado a la barrera que protegía su casa.
Con cierta angustia buscó a su pareja. Le encontró al borde de la cama, callado, triste, mirando a la nada. Un leve gimoteo salía de su pecho.
— Link
Se limpió una lágrima antes de virarse a verla.
— ¿Que tienes, amor?
— Nada. — pronunció, aspiró aire de manera lenta. Zelda lo miraba con una pizca de reproche, sabía que su respuesta no podría hacer sido más boba.
— Link— lo volvió a llamar aunque en su voz solamente había ternura.
— Tuve una pesadilla, una pesadilla lúcida, así que me levante para ir al baño.
Era cierto.
El aullido de las creaturas de Twili sonaba lejano, de pronto se sintió como aquellos lejanos días, las noches en las que su pequeño Link tocaba la puerta de su habitación buscando refugio. Le tendió los bazos. Él fue y se acurrucó contra su pecho, cerró los ojos y se adormiló mientras ella le hacía caricias en la cabeza.
— No pasa nada— pronunció, le dio un besito en la coronilla, casi le escuchó ronronear como si fuera un gatito grande. — yo te protegeré. Siempre. Si alguna creatura se atreve a venir la golpeare fuerte con mi bate.
Link soltó una risita, "pero ya se murió " murmuró, Zelda se avergonzó un poco al recordar que era cierto
— No importa, daría mi vida por protegerte, jamás dejare que nada te lastime. Siempre, siempre, siempre, estaré a tu lado.
Esas palabras le llegaron hasta el fondo de su alma.
— Siempre sabes que decir. Aunque no fueron las creaturas quienes alimentaron mis miedos esta noche.
La abrazo. La abrazó muy fuerte como si de eso dependiera su vida.
— Fui yo. Soñé que desaparecías de mi vida.
— ¿Por qué?
— Porque encontrabas algo de mí que aborrecías. Una parte de mí que odiabas, y...
No pudo más, se le atragantaron las palabras. Pudo haber llorado en ese instante, pero la risita de Zelda lo hizo volver a la realidad
— Bobo— rechistó
Lo abrazó con mucha fuerza como si fuera un osito de peluche.
— No podría encontrar algo en ti que odie. Link, te amo.
— No puedo ver mi vida sin ti Zelda. Lo sé, siempre lo he sabido. Yo nací para ti.
— Lo sé. Eres mío y simplemente mío. Pero Link, yo también soy tuya, sé que solo fue una pesadilla, pero no debes temer de eso. ¿Está bien?
Asintió, realmente se sintió aliviado y al menos por esa noche olvido plenamente aquel terrible miedo que lo acechaba casi a cada instante.
— Bobo— volvió a repetir de manera bajita.
— Lo siento, es solo que... mi vida últimamente es tan hermosa, tan perfecta, que tengo miedo que se desbarate, que todo sea un sueño.
— Es real. Yo soy real y estoy a tu lado.
Le dio un pequeño coscorrón, Link dijo "Auch" de manera graciosa.
— ¿Ves?
— Muy claro mi diosa.
Definitivamente había cosas que no cambiaban, aunque Link no había perdido su lado "masoquista", así que seguía adorando eso de ella. Eso y todo. Todo cuanto era Zelda lo ponía tonto y enamorado.
Y justo cuando ella comenzaba a sentir el sueño, se percató de que una traviesa caricia húmeda subía por su cuello
— ¿Link?
— ¿Mmmmh?
— ¿Qué haces?
— Te lo advertí— gruñó de forma seductora — te dije que te iba a comer a besos.
Y ahí terminó todo, la atrapó contra la cama, la besó por todo el cuerpo, la pobre estaba que se reía como loca con las locuras de su pareja, exploró cada rincón oculto, cada parte de ella que solo él conocía y que únicamente él había tocado.
Esa noche terminó haciéndole el amor como loco, la abrazó contra su pecho y ahí se quedó casi dormido.
— Link
— Dime…— murmuró, la miró con una sonrisa boba y encajó su cabeza en su cuello.
— No te había dicho esto antes, y la verdad, creo que debería. Aunque antes me daba mucha vergüenza, es decir, a veces todavía un poco.
— ¿Qué, cielo?— estaba un poco sorprendido, era la primera vez en mucho tiempo que uno de los dos se revelaba un secreto, y también que ella se mostrará así de tímida.
Zelda le abrazó la cabeza.
— Las amo. Amo todas y cada una de las maneras en las que me seduces, las mil y un formas en las que me declaras tu amor cada día. Siempre he amado eso de ti. Siempre lo amaré.
— Zel...
— ¿Recuerdas nuestro baile de graduación de la secundaria? De la nada te plantaste en pleno karaoke cantando "Perfect" a todo pulmón, sentía que se me iba a parar el corazón en cualquier instante.
— Ah, sí, te secuestre a bailar.
— No sabía bailar.
— Pero si bailaste conmigo... y después me golpeaste— clamó de manera graciosa— dijiste que te había avergonzado.
— Si, es verdad. Pero igual lo ame.
— ¿De verdad?
— Sí.
Lo tomó del rostro y volvió a besarlo, él se dejó secuestrar de manera mansa. Se sentía alegre sabiendo que Zelda había sido feliz aun cuando después de todo le hubiera rechazado tantas declaraciones.
— Debí decírtelo... me arrepiento, tenía miedo.
— Lo sé
— Te lastime Link, y muchas veces me odie por eso, seguramente tú también me odiabas.
— No, nunca. Jamás te he odiado ni jamás te odiare. Y Zelda…
Se liberó de sus brazos y la miro directo a los ojos.
— Jamás me has lastimado.
— ¿Tanto me amas que realmente no importa lo que haga, o lo que diga, o los errores que cometa?
— Si
— Yo también.
Ella sonrío de manera picara. Entonces él finalmente cayó en cuenta, a veces los regaños de Zelda eran más complejos de lo que imaginaba, sin siquiera pensarlo también sonrío de manera tímida.
Quería creerlo, quería sentir que era cierto, que cuando llegara ese momento su amor sería más grande que la mentira que había tejido alrededor de Zilant. Aunque más que mentira aquello fuera simplemente un secreto, Link lo sentía como el pecado más grande del mundo, pese a que siempre había estado dispuesto a hacer cosas horribles con tal de mantener a salvo a su preciosa Zelda, las creaturas de Twili no eran los únicos seres que habían perecido bajo la furia de la espada del dragón blanco. Y lo sabía, aquel pecado lo seguiría por siempre, pero no sentía culpa, jamás la sentiría.
Besó con fervor a su princesa, su alma reclamaba su esencia, su corazón latía solo para ella y su cabeza susurraba su nombre desde la parte más prístina de su entendimiento. Todo. Todo cuanto él era la reclamaba para sí mismo, su lealtad jamás cambiaría, aunque los hechos del futuro se vieran confusos en ese instante. Pasará lo que pasara...
— Pase lo que pase... te amaré eternamente.
.
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Continuara...
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Comentarios del Capítulo:
Midna elegió su camino, Link el suyo... pero ¿que camino tomara Zelda cuando se sepa la verdad?, pronto la joven diosa tendra que elegir.
Pero mientras tanto esta pareja de "recién casados" no deja de hacer de las suyas xD, espero que hayan disfrutado el capitulo, que el fic viene con mucho mucho mas Zelink
