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Capítulo 36: Furia Mogma (Primera Parte)
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...
"Búsqueda del tesoro"
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Hyrule City Aproximadamente 5 años antes
—Por favor…. No me mates
Su voz tembló mientras sus ojos se llenaban de miedo. Lo había cogido cerca de los callejones, su cuerpo crujió al estrellarse contra la pared del fondo mientras luchaba por retener el aliento.
— ¿Dónde está?— habló su captor, no había sido una petición.
Linebeck cerró los ojos mientras sentía como aquel ser lo tomaba del cuello hasta casi asfixiarlo.
— ¡No lo sé!
—Mientes— murmuró la voz de aquel hylian. La visión su cabello azabache había sido el presagio de una muerte segura para muchos— Lo vieron contigo. Devuélvelo.
—Por favor…. Cuervo— suplicó casi sin aire, le estaba apachurrando la tráquea de una manera inmisericorde— Te juro que… no.. he … no he … tocado nada tuyo.
Realmente sintió la muerte, aquellos ojos escarlata le atravesaron el alma haciendo que sintiera un pánico desconocido, quería huir de ahí, alejarse de aquel demonio.
—Rinku Hakuryuu
—rin…ku?
Por un segundo su mente su mente se quedó en blanco, hasta que el recuerdo le llegó de golpe, jadeó mientras el Cuervo seguía oprimiendo sin compasión alguna.
—No, no se— pero su voz temblaba y el latir de su corazón se había vuelto agitado, era todo lo que necesitaba el sicario para saber que su víctima le mentía.
Todo terminó tan rápido como había comenzado, el hylian de ojos rojos salió del callejón como si nada hubiera ocurrido , cerca de ahí una enorme bestia oscura lo esperaba; un ser tan descomunal que le helaba la sangre a todo aquel que lo veía.
En la oscuridad de aquella sucia callejuela, Linebeck lloró odiándose así mismo. No había tenido opción, su instinto de sobrevivencia lo había traicionado al sentir la muerte demasiado cerca, había "cantado" algo que no debía, y se odiaba, se odiaba mucho por eso.
—Link… perdóname.
.~*}{…..}{*~.
— ¿Desapareció?
La voz de Link parecía incrédula, Jolene asintió mientras le pasaba una jarra con zumo de piña, el ambiente olía a cigarro, a suciedad y a cerveza, lo típico de las cantinas que solía frecuentar la pequeña banda de piratas. Al otro lado de la barra, Nabooru hacía de encargada, había días en los que los negocios del bajo mundo no daban lo suficiente para subsistir en aquel ambiente caótico así que vez en cuando hacía de "barman" en una que otra taberna de confianza.
El nido de ratas estaba en lo más oculto de los callejones más lóbregos del sector sureño y era el último lugar en el que se esperaría encontrar a un joven chico Hylian.
—Extraño. — susurró mientras bebía, la piña estaba acida.
—Nadie lo ha visto.
—Jolene está muy preocupada— clamó la gerudo dejando salir una risita, aunque al instante fue aplacada por un jalón de orejas que le dio su jefa.
—Varios colegas han dicho que el ave negra está merodeando el territorio. No sé qué es lo que quiere, no sé qué es lo que busca, pero no me gusta.
— ¿Otra vez ese tal Cuervo?— preguntó. Desde hacía tiempo que escuchaba a sus amigos referirse a esa persona con miedo, y casi podía ver el terror en sus miradas. Era obvio que se trataba de alguien de ciudad, posiblemente un sicario de alto rango.
Jolene le sostuvo la mirada.
Esa mirada…
Link sabía que ella no lo quería cerca. Jolene le había suplicado que olvidara todo y se concentrara en su nueva vida. Pero Link había cambiado, poco o nada quedaba de aquel chiquillo tímido que había conocido hacía meses, y desde que su magia había despertado las cosas habían ido de mal en peor. La pirata gruñó un poco, parte de la culpa la tenía Linebeck, ese torpe lobo de mar le había alentado a hacer justicia por cuenta propia, y para colmo de males era imposible disuadirlo si la cosa que más adoraba era constante blanco de los pardillos de las tierras sureñas.
—Ah, Jolene, otra vez tienes esos ojos. Tranquila no me pasara nada.
—Estás jugando con fuego— espetó, en tono cansado y casi resignado.
—Déjalo ser— rechistó la otra.
— ¡Nabooru!
—Quien sabe, es decir… quizás su destino este acá abajo.
—No me gusta acá abajo— canturreó Link con una adorable risita.
—Entonces largo— gruñó la pirata.
—Pero es el único sitio en el que puedo obtener la información que necesito. El año pasado alguien se pasó de listillo, Zelda casi muere. El mes pasado ya tuve tres incidentes seguidos, no puedo seguir esperando a que los sicarios simplemente vengan y hagan lo suyo— rechistó de manera exasperada.
No podía esperarse menos, era como si el mal comportamiento de Daphnes hubiera puesto al Z-Corp en la mira de todos los lobos hambrientos.
Y para colmo de males se centraban en lo que para ellos era el blanco más fácil, el miembro más débil y desvalido de los que aún quedaban de aquella familia.
Para bien o para mal la magia de Link había despertado en el momento más adecuado, y para bien o para mal era Zelda la persona que más le importaba en la vida.
—Pssss... oye, oye— clamó una vocecilla desde una puerta lejana
Link enarcó una ceja y suspiró con ganas. Jerry y Coback andaban por ahí siguiéndolo, no podía creer que ese par de mogmas fueran así de testarudos.
...
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Y ahí estaban justo tras pasos, a pesar de que Cris ya no les ordenaba que lo siguieran. Pero Link les simpatizaba y por alguna extraña razón realmente les gustaba estar a su lado.
— ¿Que harás hoy jefe?
—No soy tu jefe, Jerry. ¿Ammm?, tengo que buscar a Linebeck.
Realmente estaba preocupado, vagabundeó en las callejuelas en busca de su amigo, pero no había rastro del lobo de mar, varios traficantes del bajo mundo que le conocían dijeron que hacía días que no rondaba la zona. Llevó una mano a su cabeza y se despeinó el cabello. ¿En dónde rayos podría haberse metido? Era un misterio.
—Qué extraño—musitó para sí mismo, sacó su celular y le envió un mensaje. Sin remedio alguno, quizás después ese pillo aparecería.
Los mogmas parecían felices a su lado, de vez en cuando hacían bromas y le invitaban a que los siguiera a varios sitios, Jerry y Coback eran "recolectores" por naturaleza, cazaban todo tipo de tesoros y sabían ver bien a través de las palabras y chismes que viajaban en el bajo mundo.
Quizás Link pensó que podría aprovecharse de eso, ese par de peludos tenían buenas orejas y un excelente olfato, además después de varias semanas la relación que se había tejido entre ellos comenzaba a sentirse como algo cercano a los amigos.
—Bueno, Linebeck no está— clamó entre risitas nerviosas.
— ¿Quieres que te ayudemos a buscarlo?— preguntó Coback.
—Bueno no sé si eso sea mucha molestia, pero ¿si ustedes quieren?
— ¡Claro!— camarón al unísono.
— ¡Búsqueda del tesoro!— gritó Jerry.
—Sí, búsqueda del tesoro— repitió Coback.
—No es un tesoro— masculló Link mientras una gotita del sudor le escurría por la nuca.
El rugido del estómago de los peludos interrumpió la alegre plática.
—Ámmmmm, yo creo que mejor primero vamos a comer, ¿Que dicen?, yo invito.
Señaló al mercado que no estaba muy lejos de su aldea, sus nuevos amigos parecían demasiado felices, de vez en cuando esos gestos de amabilidad les alegraban con entusiasmo, quizás por eso se habían encariñado del nuevo "jefe", aunque en teoría no lo fuera, pero Link los trataba como a iguales y eso les gustaba.
—Vale, pero dejen de abrazarme la pierna— refunfuñó sin poder caminar como se debía.
Había veces que comprendía perfectamente por lo que pasaban, Coback había pedido una ensalada de nuez Deku, pero la mujer del puestecito no había querido dársela, Link se molestó mucho después de aquella discriminación tan tajante, pero a donde quiera que fueran, los mogmas eran vistos como simples ladronzuelos, la realidad era que ellos solo se llevaban lo que la gente dejaba botado, pero aun así el rumor de que se habían convertido en alimañas de los barrios pobres les presidía, y por consecuencia casi en cualquier lado eran malos con ellos.
Finalmente Link terminó guiándonos hacia el norte, se detuvieron en un restaurant de comida rápida que se situaba justo enfrente del Z-Corp, pidieron papas y hamburguesas, y terminaron de comer alegremente.
—Oye—Jerry le gruñó a Coback por estar guardando palitos de pan en su alforja.
Link río de manera picara.
— ¿Tienes más hambre?
—Esto… no. Quería llevarle algo a Liah.
El pequeño Hylian sonrío con ternura, no sabía quién era el tal Liah, pero intuía que debía ser otro Mogma muy hambriento, "déjalo, son gratis" le dijo a Jerry mientras seguía pensando en donde más podía buscar a Linebeck, de hecho había sacado un mapa y tachado otra zona en la que ya había agotado su búsqueda, justo estaba en eso cuando se percató de algo, un lizalfo sospechoso transitaba por los alrededores de la calle, lo ignoro por varios minutos, hasta que fue muy obvio que no dejaba de dar vueltas alrededor de la manzana en la que se ubicaba el rascacielos.
—Link, Link...¡Link!
— Eh, ¿qué?
— ¿Estás bien?— Jerry parecía preocupado.
—Estoy bien— respondió
No sabía cómo explicarlo, otra vez tenía ese presentimiento, comenzaba a entenderlo como un sexto sentido, aunque curiosamente siempre estaba ligado a Zelda.
—Debo irme, vuelvan a descansar a la aldea.
.~*}{…..}{*~.
Dos horas antes del crepúsculo, Zelda volvió a casa después de la escuela. En la entrada del Z-Corp Link la esperaba con paciencia, apareció de la nada y fue a abrazarla con cariño.
— ¿Cómo te fue, princesa?
—Terrible— clamó con carita de sufrimiento. — tengo muchísima tarea.
Link río de manera graciosa la tomó de la mano y le quitó la mochila para cargársela, Impa negó con la cabeza al ver al par de "tortolitos".
El resto de la tarde la pasaron en el piso veinticinco, en el centro del Z-Corp estaba la biblioteca, el abuelo Gustav solía pasar ahí las mañanas y había coleccionado tantos libros que había hecho falta modificar ese piso por completo. Link y Zelda hurgaron en los estantes buscando "biología de los habitantes del antiguo Hyrule", Zelda tenía que elegir una especie o raza y hacer un ensayo sobre eso.
—No veo nada que me sirva— dijo con pereza, ya se había rendido, quizás mañana buscaría en otra biblioteca, todavía quedaba la de la central de Hyrule City y también la de la escuela.
Estaba tan cansada que simplemente se dejó caer al suelo con alfombra.
— ¿Qué tal en éste, Zel?
Zelda se viró un segundo y vio a Link señalando otro estante.
—Es el estante de mamá, pero no creo que haya nada, ella coleccionaba solo novelas.
—Óh— clamó, sus ojitos brillaron, le encantaban las historias— quizás haya una interesante.
Zelda río por lo bajo, lo dejó escudriñar entre aquella colección antigua. Link por su parte se dedicó a buscar algo entretenido.
—Eh, que raro— susurró, sentía una leve corriente de magia, discretamente asomó al resquicio que quedaba entre la pared y el librero, era pequeño pero le cabía bien la mano.
— ¿Qué será?
— ¿Qué, Link?
—Hay un...— ni terminó la frase cuando su mano tocó una clase de piedra, el librero se dio la vuelta y él pegó un grito cuando se fue de bruces hacia el otro lado.
— ¡Link!— Zelda se levantó de un solo brincó al ver que la pared se tragaba a su pequeño príncipe.
No podía creer que hubiera una habitación secreta justo ahí en sus narices.
—Santas Diosas, qué es esto— respingó mientras levantaba a su pobre Link noqueado, lleno de polvo y telarañas. La pobre hizo una carita de asco mientras le quitaba el fino hilillo cristalino que se le había enredado en su rubia cabellera.
—Yo no sé— dijo el pobrecillo que había quedado todo tonto por el golpe.
—Vaya— clamó una voz desde afuera, Impa había corrido a ese sitio después de escuchar el grito del pequeño Hylian, no se imaginaba que los niños hubieran descubierto aquello.
— ¡Impa!— Zelda la llamó un poquito asustada, pero al ver el rostro sereno de su nana asumió que ella ya había visto antes ese sitio.
—Interesante, ¿Quién de los dos abrió la entrada?
—Link se cayó aquí adentro cuando buscaba un libro.
Los ojos carmesí de la Sheikah brillaron, ya sabía que Link tenía algo diferente, lo había sabido desde aquel día en que lo había visto enfrentarse a Daphnes.
— ¿Por qué hay un cuarto secreto?
—Ámmmmm, no es secreto— clamó en voz pilla — la entrada estaba atascada, muy pero muy atascada.
—Pero si Link no la ha lo empujado.
—Estaba cerrada con magia— susurró asegurándose de que su voz casi no se oyera. Supongo que otra magia más fuerte la empujó, o, quizás simplemente se acabó el hechizo.
—Yo más bien creo que fue la segunda— clamó Zelda entre risitas. Link aun yacía medio desmayado en sus brazos.
—Felicidades desbloquearon el cuarto de los tesoros de Ariane.
— ¡Tesoros!— repitió con ojitos grandes y brillantes.
—No, ya no más tesoros— dijo Link quien después de pasar mucho tiempo con los mogmas había quedado un poquito hastiado.
— ¿Cuáles tesoros?
—Oh bueno, aquí es donde tu mamá ponía sus caballitos de porcelana— señaló a una estantería, había decenas de caballitos cada uno de una raza distinta en pose diferente. Zelda soltó a Link para ir a cotillear, estaba muy emocionada.
Durante algunos minutos el pequeño Hylian simplemente se quedó mirando a su diosa. Era normal que Zel reaccionara de esa manera, él mejor que nadie sabía lo mucho que extrañaba a su mamá desaparecida. Por un segundo también pensó en su madre, en su familia y en todo aquello que había perdido, una terrible tristeza lo embargo de nuevo.
—Se parece a Epona— susurró con su vocecita. Esa vocecita de nostalgia que Zelda bien conocía, se viró de inmediato aunque Link ya parecía haberlo superado.
— ¿Cuál?—canturreó tratando de sacar su sonrisa.
—Ésta— dijo Link señalando al caballito café y blanco.
Impa los había dejado por ahí, hacia tanto que ese lugar estaba cerrado que le costó encontrar lo que buscaba.
— ¡Ajá!, sabía que quizás estaba por aquí encerrado.
Sacó un libro de un anexo de la estantería que había quedado por ahí oculto.
—Waow más libros, me pregunto si ésta por aquí el que Zel necesita
— ¿Para qué quieres eso Impa?, si tu no cocinas— rechistó Zelda en tono gracioso, al ver el recetario.
—Trato de ser una buena esposa.
—Si Impa tuviera marido me la creería— dijo Link en el mismo tono que Zelda.
La Sheikah hizo muecas al ver reírse a esos dos pillos.
— ¿Ya les he contado que estoy casada desde los doce años?
—Ajá— clamaron al mismo tiempo, en un tono totalmente incrédulo, ninguno de los dos la tomó en serio, aquello definitivamente debía ser una broma. Impa simplemente rodó los ojos.
—Bueno, ¿Qué tal éste, Zelda?, tiene ballenas— dijo Link al haber encontrado un ejemplar muy rústico.
Zelda lo hojeó, sus ojos brillaron nuevamente.
—Sí, éste es perfecto. — estaba tan feliz que dio vueltitas, tantas que de pronto se le acabo el espacio.
—Bien, será mejor que salgan, ya mañana limpiare éste sitio— dijo Impa. El lugar estaba hecho un asco— Es un desastre— rechistó— igual que su dueña.
Link salió de ahí en automático, realmente ya no quería estar entre las telarañas, Impa lo miró con cierta impaciencia.
—"Una magia más poderosa"— pensó, ella había tratado de abrir la puerta sin ningún resultado. — Zelda
— ¿Sí, Impa?
— ¿Por qué no recordabas éste sitio?, solías estar con Ariane aquí casi siempre.
— ¿Qué?, no, no es cierto. Estoy plenamente segura de que es la primera vez que veo éste cuarto.
—Oh...
—Impa, ¿puedo llevar otro libro?
— ¿Eh?
—Choque por accidente con éste, se ve tan lindo. Link quería un libro de historias.
—Este, sí. Es decir, son tuyos, cariño. Todo lo que sea de tú mamá te pertenece.
Sonrío de manera grata y salió del cuarto dando brinquitos.
Por primera vez Impa se preguntó qué otras cosas además de Ariane habían desaparecido.
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Era extraño, muy extraño. La portada era tan bonita que lo había cogido sin revisarlo por dentro. Definitivamente parecía un libro de historias.
—Owww— Link puso una carita confusa— está escrito en lengua muerta.
—Qué raro, me pregunto por qué. Creo que aun así puedo leerlo, el Hylian antiguo no es tan complicado.
—Es complicadísimo Zel—rechistó
Pero ella lo amaba, no sabía porque, pero después de todas esas lecciones de Hylian antiguo básico, le había tomado el gusto, no supo en que momento paso de lo sencillo a lo más y más muerto de la lengua, a lo que de verdad no importaba y a lo que ni siquiera los historiadores modernos tomaban en cuenta. Pero ella era terca y se las había apañado para aprender más y más.
—Dice aquí; he cruzado el límite de Altarea, una tierra desierta se abre ente mis ojos. Querido nuevo diario, descubrí un pasaje de islas flotantes interconectadas. Le he llamado la escalera del cielo, parece que baja hasta lo más profundo del mar de nubes, me pregunto si más allá de la barrera de nuestra diosa Hylia existe otro mundo
— ¡Si es un libro de historias!— clamaron ambos al mismo tiempo muy emocionados.
Zelda saltó a la cama y Link la siguió de cerca, se quedó leyendo hasta que sintió que Link perdió la conciencia, se había quedado dormido ahí justo al lado de ella, abrazándola tímidamente por la cintura mientras su cabeza se había hecho un huequito entre el cuello de ella.
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Esa noche mientras dormía profundamente despertó de golpe, otra vez el extraño sexto sentido lo alertaba.
En medio de la penumbra sus zarcos ojos relucieron, en brillo peligroso que delataba la magia que corría por sus venas.
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Era un ser larguiducho, alto y mortífero. Un lizalfo color esmeralda conocido como Rou, era sicario del bajo mundo y solo su nombre inspiraba miedo. Parte de ello se debía a lo bien que manejaba sus habilidades de camuflaje, se había infiltrado de manera fácil en el Z-Corp, y al caer la noche había dado comienzo a su cacería.
Lo que Rou no imaginaba, era que otro ser igual o más peligroso que él habitaba ese edificio. Recorrió los pasillos y subió por las escaleras para no llamar la atención con el ruido, estaba por el piso doce cuando su olfato detectó otra presencia. Su trabajo simplemente era secuestrar a la pequeña heredera, pero si alguien más se atravesaba en su camino, bueno, ese "alguien tendría que morir, no obstante ni siquiera había sacado las garras cuando de la nada cayó sobre él una abrumadora fuerza mágica. Un gruñido gutural retumbó en su cabeza.
No sabía qué demonios era eso, pero estaba aterrado, jamás había sentido tanto miedo en su vida. Antes había enfrentado a seres dotados de magia, pero jamás había sentido una magia que tuviera esa fuerza abrumadora y esas ansias asesinas. Trastabilló, el gruñido seguía en su cabeza. Intentó sacarlo de ahí sin remedio, sintiendo que iba a enloquecer corrió sin rumbo alguno.
Desde la oscuridad nuevamente brillaron esos ojos zarcos.
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Continuara...
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Comentarios del Capítulo:
Parece que a nuestro querido Linebeck le ha tocado la peor parte, ¿Que significaran exactamente las palabras de Cuervo? y...
Realmente que mas ha desaparecido sin dejar rastro, el misterio que envuelve a Ariane se vuelve cada vez mas tácito. En cada paso que da Link , en cada decisión que toma, que tramo que mueve su periplo lo lleva al lugar al que debe estar destinado.
