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Capítulo 37: Furia Mogma (Segunda Parte)
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"Lo que yace más allá de la Oscuridad"
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Z-Corp. 5 años antes…
—Imbécil— bufó una voz ronca. Se notaba que aquel hombre pelirrojo de edad madura estaba furioso.
El lizalfo agachó la cabeza, jamás en la vida había tenido un fracaso tan pero tan vergonzoso.
Tenía un chipote en la cabeza, arañazos en la cara y le faltaba la cola. De las tres cosas la última era lo de menos, seguro la extremidad algún día crecería. Pero lo que no podía entender era de donde había salido semejante magia abrumadora, había estado tan asustado que lo último que recordaba era haber huido, había rodado por las escaleras y al final de todo cuando creía que la había librado se había topado frente a frente con el mismísimo demonio.
—Tienen una Sheikah. — profirió escupiendo las palabras
— ¿Una Sheikah?
Oh sí. Tenían una Sheikah, una Sheikah terriblemente furibunda.
.~*}{…..}{*~.
Y la dichosa estaba justo en el despacho del hombre del Z-Corp. Gustav estaba ahí al lado, mientras el cuarto se llenaba de guardias y cuidadores del edificio.
—Señores. — Habló, su voz parecía serena pero retumbó hasta el más ínfimo rincón de su despacho.
El séquito del Z-Corp miraba impaciente mientras su jefe encendía el monitor que tenía justo al lado.
—Anoche un intruso se infiltró en el edificio— dijo mientras ponía en marcha el vídeo de vigilancia. — Afortunadamente Impa escuchó ruidos y le encontró antes de que pudiera subir a los pisos superiores. Le ha echado a patadas y ha huido, no sabemos si sigue vivo o si se lo comieron las creaturas de Twili. De cualquier manera...
Se levantó de la silla, todos los guardias de seguridad sudaron en frío.
—Es inaceptable. No culpo a nadie, pero si vuelve a ocurrir les juro que los despediré a todos.
Gustav soltó una risita nerviosa mientras los pobres empleados temblaban de miedo. Por el rabillo del ojo miró a Impa, estaba pálida, seria y ojerosa.
La Sheikah no se había despertado realmente porque hubiera escuchado un ruido. Las imágenes de la noche pasada corrieron por su cabeza; se había levantado de un sobresalto al sentir una magia abrumadora y amenazante, y entonces sí que había escuchado un ruido, un alarido aterrado y siseante. Había salido de su habitación y seguido el rastro de magia el cual despareció pocos segundos antes de toparse con el lizalfo, el reptil intruso parecía aterrorizado y caminaba de forma torpe tirando zarpazos al viento, hasta que se dio cuenta que había sido descubierto y entonces había recobrado la compostura y lanzado un siseo malintencionado.
Impa lo había mirado con rabia, el resto había sido historia, le había propinado un golpe tan fuerte en la cabeza que por poco y lo desmaya.
Aunque al final el instinto lo había hecho huir por una ventana, Impa no podía dejar de pensar en el origen de aquella magia extraña que la había despertado.
Ella era la única Sheikah en kilómetros, y lo que había sentido no era magia Hylian. Más bien se parecía... se parecía a...
—Impa— la voz de Daphnes resonó un poco más fuerte de lo debido.
—Perdón ¿Qué?
Definitivamente estaba distraída y no era para menos.
—Mande a pedir un refuerzo para él sistema de vigilancia, los lizalfos son de sangre fría así que ese es el motivo de que el sensor de calor no lo ha detectado, el nuevo sistema tendrá sensor de movimiento, también mande pedir más cámaras para cubrir los puntos ciegos que haya en los pasillos. Estate atenta, y sobre todo...
Se levantó, dejó su escritorio y dio un paso al frente. Nadie. No quiero que absolutamente nadie le comente algo a mi hija, no quiero que por ningún motivo vaya a asustarse.
Aún estaba hablando cuando alguien toco la puerta, "Adelante" profirió, Link asomó la cabeza.
— ¿Me mandó llamar, señor?
—Link. Si, pasa.
El ambiente estaba tenso, aunque el pequeño hylian parecía estar acostumbrado, por alguna razón Daphnes siempre tenía a sus empleados con los pelos de punta.
—Vas a dejar todo lo que tengas pendiente, quiero que tú programes el nuevo sistema de seguridad del edificio.
Link asintió con la cabeza. Ya lo sabía, llevaba varios minutos escuchando tras la puerta, aunque no necesitaba espiar para enterarse de lo sucedido.
—No le digas a Zelda en que trabajas, ¿entendido?
—Si señor— respondió mientras agachaba la cabeza a modo de respeto.
.~*}{…..}{*~.
Ni Jerry ni Coback entendían porque en los últimos días su nuevo amigo rodaba de un lado a otro. Esa tarde lo vieron trazando un mapa aunque parecía un poco agobiado.
—Aquí, aquí, aquí y aquí...—señalaba ubicaciones
— ¿Qué haces?
—Dividiéndome en más partes de las que puedo, ¿¡A dónde demonios se metió Linebeck!?, tengo que registrar varios escondrijos, ir a recoger información, cuidarle el territorio ahora que anda desaparecido y para acabarla seguirlo buscando.
—Oh— Coback agachó las orejas. De verdad que el pobre Link estaba hasta el tope. Los negocios del bajo mundo se le habían vuelto complicados sin un respaldo que le ayudará a organizarse y Linebeck era el que sabía moverse en ese mundo.
— ¿Te ayudamos?
—Mejor no
Enroscó su mapa y caminó de manera altiva.
—Esto es un poco peligroso y ustedes son... eh ¿Cómo decirlo?, pequeños y peludos, excavadores. Sí, eso es, son pequeños excavadores peludos muy tiernos.
— ¡No somos tiernos!— gruñó Jerry
—Si lo son— refutó en son de burla.
—Somos feroces
—Y somos buscadores.
—Y también tenemos magia.
—Claro— volvió a rechistar tratando de que no se le escapara la risa.—Escuchen pueden seguirme ayudando a buscar a Linebeck, pero no a más.
La mañana transcurrió entre bromas tontas, Link envío a los mogmas a casa y pasó el resto de la tarde patrullando, los alrededores del Z-Corp parecían tranquilos, por otro lado los callejones del bajo mundo estaban bastante inquietos, mientras buscaba a Linebeck escuchó rumores de que una gigantesca ave negra rondaba por la zona, al inicio creyó que eran eso, solo rumores, pero el pensamiento siguió en su cabeza como si algo en lo más prístino en sus memorias tratara de contarle algo.
Zelda lo descubrió de nuevo ese día en la biblioteca.
— ¿Un pájaro gigante?
—Aja.
—Hmmm, existe solo una clase de pájaros gigantes.
Zelda abrió frente a Link el libro de historias.
—Son estos, los que narra Righel, el aventurero de Altarea. Se llaman loftwings, después de leer las primeras páginas del libro volví al escondite de mi madre, son reales Link, no se sabe si provienen de esa isla mística en el cielo, pero lo que es verdad es que al parecer descienden de unas creaturas elegidas por la misma Hylia, se dice que nacen ligados y que encuentran a sus jinetes como a almas gemelas.
Link abrió los ojos.
— ¡Jinetes!, eso es. Sabía que todo esto me recordaba a algo.
— ¿Sí?— clamó de manera tierna enganchándose a su brazo.
—En una historia vieja... ¿Ámmmmm? , ya no recuerdo quien me la dijo— clamó con una risita, no estaba seguro de si había sido su madre o su tío. Aunque igual había sido hace muchísimo así que estaba realmente borroso en su cabeza.
...
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Esa noche fueron a dormir temprano, las calles estaban vacías, las creaturas de Twili rondaban muy lejos, como en pocas ocasiones fue como si no existieran. No obstante Zelda encontró a Link en su cama, en un simple parpadeo había conseguido colarse en su dormitorio.
— ¿Qué haces, Link?
—Nada.
—Hoy no escucho nada que te asuste. Deberías estar roncando en tu cuarto.
—Bueno, quiero estar contigo— canturreó tiernamente mientras le tendía los brazos.
No sabía porque pero no podía resistirse a eso, fue a abrazarlo, ambos se quedaron acurrucados en la cama.
— ¿Es por el intruso, verdad?— dijo ella, su voz fue un susurro. Los ojos de Link se abrieron con cierto nervio. —No tengas miedo, yo voy a cuidarte.
— ¿Dónde escuchaste de eso?—respondió, aunque su voz había salido algo ronca.
—Es un edificio grande, todos los días entran y salen decenas de personas. Los rumores corren. Pero no te preocupes, he visto muchas cámaras nuevas, seguro papá mando a pedir más.
—Si...
— ¿Estas más tranquilo?
—Estoy tranquilo teniéndote segura— musitó, sus ojitos parecían tener sueño. Zelda le hizo piojito como solía hacerlo para consolarlo.
—No tienes nada que temer con el sistema de vigilancia.
—Zelda…
— ¿Sí?
—Yo soy el sistema de vigilancia.
— ¿Tú?
Sintió que la apachurró entre sus brazos.
—Yo voy a protegerte. Si alguien malo entra a éste cuarto yo le daré una paliza.
Nuevamente soltó una risita, tomó el libro de historias y lo leyó en voz bajita.
Esa noche los sentimientos de Link eran difusos, sabía que nada malo pasaría, la advertencia que había lanzado Daphnes hacia el exterior había sido clara, no había visto sicarios en kilómetros a la redonda y los carteles en el bajo mundo solo habían hablado de negocios de distinta índole. Su sistema de vigilancia era infalible, tanto que realmente el hecho de que estuviera ahí no tenía sentido.
No obstante.
Algo en su corazoncito le obligaba a permanecer cerca. Escuchó la voz de Zelda como un adorable arrullo. Al parecer el aventurero de Altarea se había perdido en una extraña cueva.
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Los días que siguieron le dieron la razón. Al menos por corto tiempo.
Seguía sus recorridos cuando de pronto se rumoreó cierto ajetreo por la aldea Mogma. Un peludo pardo y un lizalfo salieron dando vueltas enganchados por el cuello, rodaron fuera de la puerta y cuando por fin pararon se separaron gruñéndose, el Mogma esquivó un mordisco y se defendió con un zarpazo, el lagarto terminó con un arañazo descomunal en la cara.
— ¿Qué demonios pasa?— espetó Link, recién llegaba y ya había visto demasiado alboroto. Sintió que debía intervenir, no sabía porque había pleito, pero los mogmas más jóvenes parecían asustados. Algo lo tomó del brazo en ese instante, era Coback. A lo lejos Link vio a Cris salir junto con un escuadrón de otros Mogmas, eran un poco más corpulentos que el resto y también se veían más feroces, gruñeron de inmediato al intruso, y éste salió corriendo.
—Déjalos— susurró bajito— Liah ya lo ha echado.
—Ah, así que ese es Liah.
—Los problemas mogmas se arreglan entres mogmas.
— ¿Y qué está pasando?
— ¡Te diré lo que está pasando!— bufó Cris a sus espaldas— es tu culpa, el abuelo te dejó a cargo a ti, y tú nos abandonaste. No hay líder Link, y mientras más pasa el tiempo otros tipos se enteran, era cuestión de días para que vinieran a intentar tomar territorio.
— ¿Y porque no tomas el mando. Cris?
—Porque no puedo.
Se fue furioso, su hermana Sakuma se reunió con él y le echó una mirada de muerte al forastero. Link no debía volver ahí, él lo sabía, pero no había podido evitar sentir preocupación por aquellos dos que comenzaba a valorar como amigos.
Dio la vuelta y se fue arrastrando una ira ajena.
—Link, espera, ¿a dónde vas?
—ha poner a ese lizalfo en donde se debe. —Quizás pensó que si lo asustaba no volvería más a la aldea
—No vayas son muchos
—Yo puedo con ellos.
Siguieron al lizalfo, la creatura se había escabullido entre los callejones oscuros. Le vieron entrar a un bar y decidieron espiar desde afuera. Link dejó salir un sonido de sorpresa cuando asomó adentro. Estaba lleno de lagartos, la mayoría borrachos aunque otros tantos estaban atiborrados por ahí jugando a las apuestas, literalmente ese era un nido de reptiles.
— ¡Ese es el lizalfo! — gruñó
— ¿Qué?
—Ese lagarto apestoso, es el sicario del otro día— volvió a bufar señalando a Rou.
Coback quiso tomarlo por la chaqueta pero Link se le escabulló entre las garras, el joven Hylian de verdad estaba un poco cegado por la ira, se había quedado con ganas de surtirse a ese lizalfo a golpes y no había podido porque Impa había aparecido aquella noche. Coback no supo cómo, pero cuando menos imaginó ya se había metido al bar a hurtadillas.
Link permaneció agazapado como un gato a punto de abalanzársele a su presa, pero entonces escucho la voz de Rou.
—Estúpido Ruco, él y Bonachón están dementes.
Los otros soltaron una carcajada, Rou rugió de furia y le arrojó una botella de cerveza a uno justo en la cabeza.
—Ni por todas las rupias de Hyrule me vuelvo a meter con esa Sheikah.
— ¿Te dio miedo?— clamó otro. Rou lo tomó del cuello y lo redujo ahí mismo, el otro lagarto se quedó pataleando sin poder escapar de esa llave mortífera, aunque todos se lo tomaron a juego pues ningún otro reptil acudió en su ayuda.
Link siguió quieto.
"¿Ruco?", no sabía quién era ese, pero de Bonachón había escuchado algo. Quizás si en lugar de golpear escuchaba podría llegar a la raíz del problema.
— ¿Que hacen?— preguntó una voz tras ellos.
Link y Coback soltaron un grito involuntario por el susto, aunque solo era Jerry que les había seguido sin que se dieran cuenta.
El pobre Mogma sudo en frío cuando se dio cuenta de que su torpeza había hecho que lo descubrieran a él y a sus amigos. Muchos ojos los miraron, Rou soltó a su presa haciendo que el lizalfo cautivo se fuera de bruces.
—Vaya, vaya, tenemos ratas, chicos. —pronunció, todos los lizalfos sisearon al mismo tiempo.
Link soltó un respingo, ya no importaba, salió de su escondite y se enfrentó a ellos sin miedo, hubiera deseado escuchar más, aunque con un par de nombres ya se daba por bien pagado.
— ¿Qué quieres, mocossssso?, ¿por qué me miras con esos ojos?, mmmh, algo en ti me parece familiar.—gruñó.
De verdad que eran muchos lizalfos, calculó sus movimientos, tal vez si había sido una mala idea, tenía cierta noción de que esos reptiles eran inmunes al fuego así que su hechizo no serviría demasiado
—Quiero que dejen de acosar a mis amigos.
— ¿Amigos?, ¿Cuáles amigos?
— ¿Te refieres a los peludos esos?—preguntó otro, de la nada apareció detrás de Coback, había estado oculto tras un camuflaje, con un ágil movimiento secuestró a uno de los mogmas.
— ¡Coback!, suéltalo o haré que te arrepientas— amenazó.
—Mira mocoso, que no te han dicho que los problemas de clanes se resuelven entre clanes, lamento decirte que el territorio lizalfo está a punto de extenderse, estas bolas de pelo son un problema, son una peste, ladrones de baja cabaña, estorban a donde quiera que intentamos tomar algo bueno. Y si tomamos su territorio a nadie más le importa.
—A mí me importa— gruñó. Ya había escuchado demasiado. Engancho los ojos y apuntó a la cabeza.
Rou retrocedió cuando su instinto le advirtió de una magia conocida, no estaba seguro pero sabía que había sentido esa sensación en alguna parte. Estaba confundido.
Gruñó pero Link no retrocedió ni un paso. Seguro de que solo era un chiquillo bramó una orden imperante "pateenlos hasta que estén irreconocibles" lo que quería no era matarlos sino dejarlos mal para luego usarlos para mandar una advertencia al resto de los mogmas.
—Ven aquí, mocoso.
—Con gusto— rechistó
Estaban a punto de engancharse como un par de perros rabiosos, cuando de repente.
— ¿Qué?— Rou abrió los ojos como platos, la tierra temblaba.
A Link también se le salió una ligera blasfemia, movió los brazos de manera tonta para poder equilibrarse.
Ninguno de los sabía lo que estaba pasando, la tierra se convirtió en arenas frente a sus narices. Rou se hundió hasta casi ahogarse.
— ¿Que está pasando?—dijo Link, se quedó atónito y sorprendido, todo el suelo se había vuelto movedizo a excepción de la pequeña porción en la que estaba parado. —¡Coback, Jerry!
Los mogmas habían desaparecido.
Los lizalfos quedaron tirados patas arriba. La tierra se detuvo tan rápido como los lagartos quedaron noqueados. Link se irguió enseguida buscando a sus amigos, pero Jerry y Coback aparecieron como si nada cavando hacia la superficie usando el mismo tipo de hechizo.
—Que bien— dijo Jerry, se golpeó un poco la cabeza sacándose la arena del pelaje.
—Que mal— replicó Coback agachando las orejas.
— ¿Magia?, ¡Tienen magia!—clamó sin salir de su asombro.
—Te dije que teníamos magia— respondió Jerry a modo de burla.
Link se viró al sentir las otras presencias, un grupo de mogmas entró en el lugar, eran muy grandes, uno de ellos de pelaje platinado y blanco se hacerlo al pequeño Hylian.
—Señor. — habló de manera solemne, saludó con una ligera reverencia. Link parpadeó varias veces mientras admiraba a ese ser, no se parecía a sus amigos, sus ojos azules resplandecieron en la semipenumbra de aquel sitio mugriento, y su porte altivo y orgulloso inspiraba mucho respeto. Link lo miró a los ojos mientras se preguntaba quien le habría causado la cicatriz que adornaba su ojo derecho.
Tras de él apareció el que esa mañana había echado a patadas al lizalfo de la aldea, se posó frente a Coback y le gruñó de manera posesiva.
—Ahora si la liaste. — le regañó
—Perdón, Liah , yo...
— ¡Silencio!, son un par de críos irresponsables. He de entender que quizás no habrían muerto, pero pusiste en apuros al chico.
—No, estoy bien— le defendió Link.
No le quitaba la vista al Mogma plateado, lo vio avanzar hasta Rou y con un golpe de magia sobre el suelo lo sacó de la tierra.
—Escucha lagartija apestosa, por si no te has enterado hay un pacto de territorio aún vigente.
El lizalfo soltó una risotada, estaba hecho polvo pero eso no mermaba su orgullo, no se dejaría doblegan ante esa creatura inferior.
—Mira. Hazel. Tu viejo está muerto, ¿acaso eres tú el nuevo líder de tu clan?, ¿No?...
—Tu padre se retuerce en su tumba, Rou— lo interrumpió.
Hubo un gruñido de advertencia, los mogmas erizaron el pelo, Rou debió aceptar que estaba en desventaja.
—Sólo voy a decirte una cosa. Lizalfo. Si alguno de ustedes se acerca de nuevo a los míos o a mi familia, voy a enterrarte hasta lo más profundo del infierno. — Amenazó.
El lizalfo dio media vuelta, todo parecía terminado, pero Link supo ver a través de esa expresión, había pasado demasiado tiempo en el bajo mundo como para saber leer las caras de los sicarios, los mogmas se quedaron paralizados cuando otro lizalfo salió desde las profundidades de la tierra con las fauces abiertas dispuesto a comerse al Mogma.
Estaba cerca, muy cerca. Para cuando Hazel reaccionó era tarde, pero el lagarto se quedó a medio brinco cuando una bola de fuego golpeó contra su cabeza, terminó rodando por el piso descompuesto, arrastrando el cráneo y chillando como animal herido.
El ambiente se puso tenso, parecía que todo estallaría en pelea en cualquier instante, el resto de los lagartos se habían reagrupado detrás del que era su líder.
Pero contrario a lo que normalmente hubiera sucedido, Rou detuvo a su clan.
—Interesante— escupió la palabra y se relamió el hocico con la lengua bífida. — interesante, pequeño Hylian.
Entonces recordó de golpe.
—Pequeño, rubio, ojos azules. Oh si, ¿Que no había otro sicario tras tu cabeza?, voy a reírme mucho cuando esa ave negra te ponga las manos encima.
Aun sin saber a qué se refería Link le sostuvo la mirada, Rou comandó a su clan para que le siguieran. Esa sería la última vez que vieran a los lizalfos ese día.
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Lo que pasó ese día pareció quedar en el olvido, al final de la semana Link regresó a la aldea.
—Dime Link. ¿Que buscas?
—Qué se yo.
A la distancia miró pasar al grupo de mogmas que hacían de defensores de la aldea.
—Cris, su magia es increíble.
— Es un legado ancestral. ¿Te interesa?— preguntó con cierta intriga.
— ¿Qué?
— ¿Que si te interesa?, sabes puedes disponer de ella si por fin aceptas ser el líder.
— ¡Qué!, no, no quiero eso— rechistó, aunque se sentía intrigado.
Vio a Liah llevar a Coback a de las orejas, no podía evitar recordar las palabras de reproche que había escuchado después de que los lizalfos desaparecieran.
"Quieres que nuestra madre muera de la preocupación"
Rayos de verdad se sentía mal por eso, se había enterado de mil cosas ese día, el Mogma gruñón y pardo era el medio hermano mayor. Los mogmas de verdad tenían magia, y la aldea de verdad tenía un pequeño grupo de guerreros. Cris no podía tomar el liderazgo dado que el abuelo había hecho la ceremonia de transición con otro, eso de verdad lo ponía en ajeno compromiso. Y Hazel... bueno, Hazel era Hazel, era otra historia completamente distinta, no podía dejar de mirarlo. Cris tenía razón la magia del líder de la guardianes le interesaba más de lo que pretendía aparentar. Quizás podría sacar provecho de eso.
—Traje galletas que me dio Zelda, toma, son para tu sobrino— clamó mientras le daba la cajita.
— ¿Qué?, ¿Por qué?
—No sé— respondió de vuelta en voz alegre, realmente no había razón.
—Link, espera. Lo siento. No quería gritarte el otro día.
Link asintió con la cabeza y desapareció de su vista. Entendía que se sintiera frustrado, pero al fin y al cabo Cris había sido en gran parte el causante de su propio destino.
...
.
Solía pasear con Nabooru de vez en cuando, los mercados del bajo mundo parecían un buen sitio para buscar información rezagada.
—Ruco Soria, politico, dueño de varias pequeñas empresas y... vaya ¿accionista minoritario de Z-Corp?— leyó la Gerudo en un informe que traía guardado en su teléfono.
Los ojos de Link se ensancharon, no era sorpresa que el involucrado estuviera de alguna manera ligado a Daphnes. Contuvo su rabia, más tarde ya saldaría cuentas.
—Link, yo creo que, deberías tener cuidado, parece un tipo con influencias.
—Ya suenas como Jolene — rechistó con una risita.
Nabooru movió la cabeza.
— ¿Saben algo de Linebeck?— preguntó cambiando de tema.
Ella negó con la cabeza, el lobo de mar llevaba más que un par de días desaparecido, eso no era del todo extraño aunque nunca antes nadie se había preocupado tanto por él cómo Link, casi casi era como si el pequeño Hylian fuera quien hiciera sentir el peso de su ausencia.
Ciertos murmullos se escuchaban por las calles, de pronto Link sintió como la Gerudo lo tomaba por la cintura desde la espalda y lo replegaba hasta el resquicio oculto de un puesto de frutas.
— ¿Qué?— preguntó.
Los ojos de Nabooru permanecieron inquietos, muchas personitas comenzaron a correr un poco espantados, en el cielo habían aparecido sombras enormes, y cerca de esos callejones en donde las techumbres de lonas llegaban a su fin lograron verse las siluetas de aquellas gigantescas aves.
—Piratas del cielo— susurró. Apretó a Link entre sus brazos, como si quisiera protegerlo.
Los chillidos de las aves se perdieron en la distancia. Nabooru no sabía porque de la nada habían regresado, habían pasado dos años sin que se tuviera rastro alguno de ellos y ahora de la nada simplemente parecían estar en todas partes.
—Primero Cuervo... ahora esto.
Aun no lo soltaba. Link se quedó quieto hasta que la sintió calmarse.
—Se han ido ya.
—Ojalá. Link, no vayas a usar magia.
— ¿Por qué?
—han estado volando muy cerca estos días.
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Cerca de ahí cierto Hylian de cabello azabache y ojos escarlata esperaba impaciente, varios loftwings aterrizaron ahí a su lado.
—No está. Dijo uno.
—Hemos visto varias veces a las personas con las que se supone que se encuentra, pero él no está con ellas.
—Tal vez las contrabandistas son más listas de lo que pensamos.
Cuervo se levantó de golpe.
—Silencio— gruñó furioso, había perdido el juicio después de tan larga espera.
Rechistaba a sus hombres cuando uno de ellos vio venir a un intruso, de inmediato el lizalfo fue rodeado, las gigantescas aves bramaron y esponjaron las plumas.
— ¿Qué quieres?— gruñó el Hylian, estaba de un humor de perros, cualquiera en su sano juicio habría evitado acercársele.
—Cuervo. ¿Cierto?— habló Rou de manera tranquila, no buscaba pelea pero irguió una sonrisa malvada.
— ¿Quién pregunta?— devolvió la contestación
—Eso no importa. ¿Buscas a éste muchacho?— dijo tirando a sus pies un dibujo. Un retrato hablado demasiado bien hecho. Los ojos carmesís del otro sicario brillaron — sé en donde puedes encontrarlo.
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Link despidió a la pirata, no sin antes sentir cierta culpa. Le había hecho una promesa que seguramente no cumpliría, su magia era su única arma y si debía usarla para cuidar de Zelda, lo haría sin siquiera dudarlo.
Suspiró, volvió a paso lento por las callecitas del mercado, estaba completamente distraído cuando vio a alguien familiar a lo lejos.
—Magia, mogma...—musitó para sí mismo, una magia tan poderosa capaz de darle forma a la misma naturaleza.
Siguió a la creatura plateada con cautela. Hazel alzó las orejas al detectar que lo seguían, pero ignoró al chico y siguió su camino, llegó a un puesto del mercado y compró zanahorias, y después de una muy larga caminata terminó en un prado que se extendía detrás del territorio Mogma. Y ahí se sentó a esperar.
Espero con paciencia viendo como la larga hierba se movía bajo las caricias del viento.
—Bienvenido, joven hechicero. — habló.
Link se acercó sin sorpresa alguna, ambos estaban conscientes de la presencia del otro.
—Lo siento.
— ¿Por qué?
—haz venido a buscar algo que no puedo darte.
—Es usted, muy perceptivo, Hazel.
El Mogma soltó una risita.
Link se sentó a su lado
—Gracias por haberme salvado de nuevo.
—Solo fue una vez. Y, es usted muy formal. Después de todo solo soy un niño.
—Te tengo respeto joven hylian, fue tu magia la que venció a los Twili esa noche, ni siquiera yo o mis amigos pudimos hacer algo, eran muchos.
—La verdad no sabía ni cuantos eran.
—Salvaste a mi gente y también a..., bueno, a alguien importante.
Su voz sonó a melancolía.
—Ojala pudiera darte algo de aquello por lo que has venido.
—hablas como si supieras plenamente mis intenciones.
Hazel soltó una risotada, dijo unas palabras que quedaron solo entre ellos.
Link se rasco la cabeza, realmente lo habían pillado.
—Pero la magia Mogma, no es como la Hylian o la Gerudo. Es celosa y no acepta ir a otro lado, es terrible y destructiva. Y yo no puedo darte eso.
Link suspiró, se quedaron en silencio. Vio algo a lo lejos, algo café y blanco, algo lindo que parecía sacado de sus recuerdos, pero sabía que solo era un sueño lucido pues al parpadear solamente estaba ahí la hierba, alta y bailarina, libre, muy libre, tanto que incluso parecía tener vida. Miró a Hazel a los ojos, debía considerar sus sentimientos, si no deseaba compartir algo que para su clan era sagrado él debía respetar eso.
—Es una lástima. Bueno, no importa. Hazel ¿espera algo aquí?, mira mucho al horizonte, cómo si esperara a que apareciera algo.
—Espero a la creatura.
— ¿La creatura?— preguntó antes de soltar una risita nerviosa. Definitivamente Hazel no se parecía y no actuaba como los otros mogmas que había visto.
—Es tímida y escurridiza. También es algo salvaje, pero me gusta venir a verla, pienso que se siente sola. Otros Mogmas también han venido pero ninguno ha logrado acercarse.
—Oh...— estaba un poquito confundido.
—Ahí esta— soltó como si nada.
Link viró la mirada, su corazón se paralizó en ese mismo instante, sus pupilas se dilataron al tiempo que se levantaba de golpe.
—No, no. Se va a espantar— dijo su compañero.
La creatura salió corriendo con miedo al detectar otras presencias. Hazel agachó las orejas, era una verdadera lástima. Pero Link fue tras ella, las lágrimas resbalaron por sus ojos.
— ¡Epona!— gritó, su voz sonó con fuerza.
La potranca se detuvo de golpe.
— ¡Epona, soy yo!
Movió sus pequeñas orejas, y corrió de vuelta dando saltitos al reconocer a su amo. Ambos se encontraron a medio camino y se fundieron en un abrazo cálido lleno de alegría. La pequeña yegua relinchó con gusto, para sorpresa del Mogma que había estado cuidando de ella durante casi un año.
—Estas viva. ¡Cómo!, vi que te tragó la tierra.
—Link, ¿eras tú?, el jinete que huyo esa noche, estábamos seguros de que habías muerto.
— ¿Eh?, ¿Qué?— ahora si estaba confundido.
Pero Hazel recordaba, había estado ahí la noche fatídica.
...
Habían recibido un mensaje de auxilio y no habían dudado en ir, pero esa noche las calles estaban en caos, la guardia Mogma vio a la yegua correr por su vida con los stalwolfs pisándose los talones
La vieron entrar a la zona de construcción y por unos segundos le perdieron el rastro, a lo lejos el hogar de los dragones ardía en llamas, la guardia Mogma se dividió para cubrir terreno.
...
—Éramos pocos y débiles comparados a los tuyos. Pero si el resto de los sirvientes de Hylia clamaba ayuda era nuestra obligación brindársela.
—Espera, ¿Hylia?, no entiendo Hazel, mi familia rendía honor a las diosas de oro, no a la diosa blanca.
—Yo no sé, a nosotros nos educaron con esa enseñanza. No podía creer lo que veía, cuando vimos la grieta en la tierra sabia duda de que habíamos encontrado magia hurtada.
Entonces él recuerdo le volvió de golpe, los ojos de Link temblaron, muchas cosas de esa noche habían quedado bloqueas en su memoria, pero volvió a revivir el momento en el que Epona y el habían sido tragados por la tierra.
—Ya no había nadie, usamos nuestra magia para buscar en la arena pero solo la yegua salió viva, ni siquiera las creaturas Twili sobrevivieron a eso, era una trampa llena de arena corrupta.
Y desde entonces había cuidado a la yegua.
Ningún Mogma había logrado ver el momento en el que Link había salido huyendo por culpa del resto de stalwolfs, lo habían dado por muerto, ahogado de manera horrible. Y cuando el resto se unió a ellos y dijeron que no quedaba nada del clan de los dragones, habían dado su misión por fracasada. Hazel y Liah se llevaron a la yegua y la liberaron en la pradera, creyeron que se marcharía, pero Epona volvía siempre, iba y venía de lugares misteriosos pero siempre regresaba al punto en el que había despertado después de la tragedia, quizás guardaba la esperanza de que su amo regresara por ella.
Y ahora ahí estaba. Aunque muy confundido sin poder entender nada de lo que Hazel decía, lo único que estaba claro en su cabeza era que los mogmas habían salvado a su amiga.
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Continuara...
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Comentarios del Capítulo:
"Yo soy el sistema de vigilancia" ... parece que a alguien se le escapó un susurro mientras estaba adormilado xD
Aquí se revela la verdad de como sobrevivió Epona al ataque de aquella fatídica noche. Al fin después de un largo año regreso a los brazos de su dueño.
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Espero que les guste la introducción de algunos nuevos personajes secundarios a la trama, las cosas se van a poner emocionantes ahora que el chismoso de Rou soltó la lengua; es un lizalfo malvado y vengativo y no se ha quedado con las ganas de andar tirando por ahí su veneno.
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Una vez mas una disculpa por el retraso de las publicaciones, la verdad es que no tengo excusa que pueda defender mi miserable alma xD. Pero han sido unos meses terribles lo cierto es que tengo muy poca motivación. desde el inicio de esta pandemia todo ha estado patas arriba incluyendo mi estado de animo y mis problemas de ansiedad. Pero aquí seguimos, solo si dejo de publicar unos tres años seguidos sabrán que estoy muerta xD xD XD
Recuerden sus comentarios hacen feliz a esta escritora.
