*ೃ.˚.*ೃ
Capítulo 42: El Heredero de la Oscuridad (Primera Parte)
*ೃ.˚.*ೃ***ೃ.˚.*ೃ
..
"Caminos Afines"
...
Gruñó por lo bajo pero espero paciente.
Ese par de seres sobrenaturales resplandecía en azul cerúleo. Era un lobo y un cuervo, ambos animales provenientes del mundo de la luz, concebían ahí un brillo extraño que rara vez podía observarse en aquel mundo.
Frente a ellos, otro ser reposaba.
El brillo ambarino del crepúsculo se reflejaba en sus cabellos naranjas, los cuales revoltosos se escabullían por un pequeño resquicio de su atuendo, el ojo dorado se escapaba de su capucha mientras una sonrisa ladina era dedicada a sus visitantes.
Sentado en las dunas de las ruinas del desierto, aparecía como una sombra. Era un Twili joven cuya aura relajada apaciguaba la impaciencia del lobo brillante.
—Llevas retraso... Ingway— habló el cuervo.
—Lamento eso, el cristal DC no brota como flores, hay que saber buscarlo en los rincones más inhóspitos del desierto.
El lobo entrecerró los ojos, simplemente permanecía silente, el cuervo y el twili hablaron largo y tendido, de cristales, de portales y de creaturas extrañas que habían estado cruzando el umbral en los últimos tiempos.
Un grupo de renegados que se oponían al mandato de la "realeza" de aquel mundo estaban con ellos, llegaron y arrojaron contenedores a través de la brecha de los mundos.
—Eh cumplido mis palabras. Espero que la siguiente vez que crucemos caminos yo también obtenga mi recompensa.
El cuervo le miró de manera amenazante, el twili soltó una risilla, eran aliados de conveniencia aunque ninguno tenía el poder de reducir al otro, cualquier tipo de amenaza eran simples palabras volando al viento.
Finalmente se levantaron y se marcharon por la misma brecha que había permanecido ahí desde siempre.
—Y Zilant...— le llamó. El lobo se viró con expresión neutra. — Espero con ansias mi paquete.
—Si lo encuentro.
Por primera vez la expresión de aquel Twili cambio, sus ojos se volvieron fríos y casi despiadados.
—Ha huido a un lugar de éste mundo. Seguramente estará con ese sujeto.
Y las iris doradas brillaron, Zilant creyó ver en ellas deseos de ansia y hambre.
Que más daba, ya no era su problema, cogió trote y siguió a Cuervo más allá de los límites de aquel mundo.
...
.
En el desierto del mundo de la luz, un grupo Mogma recogía los contenedores que habían salido más allá de la brecha, el extraño portal Twili que solo se habría justo en ese sitio se cerró poco después de que dos creaturas azuladas lo cruzaran.
Link y Cuervo permanecían sentados sobre las ruinas que también existían en ese lado, los animales brillantes volvieron a ser luz de magia, el cuervo se posó en el hombro del sicario y el lobo salto y se introdujo en el pecho de Link, poco después ambos abrieron los ojos.
— ¿Cómo fue?— preguntó Jerry acercándose a saltitos.
Cuervo se levantó de un salto y le tendió una mano a su pupilo.
—Muy bien, Link, ya casi lo dominas por completo, aprendes rápido.
—Es magia muy avanzada, no sé si algún día pueda dominarla plenamente, Cuervo.
Los ojos escarlata de Cuervo le miraron con cariño, alzó un brazo y dejó caer la palma sobre la cabellera de su pupilo.
—No sé de qué hablas— sonrío. Montó su loftwing y partió hacia Altarea.
— ¿Y cómo fue?— volvió a preguntar el Mogma.
—Raro.
Link se encogió de hombros. De verdad que había sido raro, el hechizo de Cuervo había nacido de magia antigua, creaba un espectro, un falso cuerpo hecho de pura energía en el cual podías traspasar una parte de tu conciencia, y como era únicamente magia pura la naturaleza del crepúsculo no le afectaba en nada.
—No hay mucho que decir. Al otro lado también hay desierto, es tal y como Midna alguna vez dijo, es un espejo de éste mundo. Sin embargo, se necesitaría de mucha más magia pera llegar a un sitio más lejano, imagino que las ciudades Twili no son como las nuestras. Y el cielo..., el cielo siempre está en ocaso.
— ¿Siempre?
—Siempre— repitió— quizás sea un poco más oscuro por las noches, aunque para mi es difícil distinguirlo.
Jerry soltó una expresión de sorpresa, ninguna creatura de la luz había sido capaz de traspasar la barrera que separaba ambos mundos, pero Link y Cuervo habían logrado llevar una parte de sí mismos al otro lado. Y además, habían conseguido un aliado.
Link no confiaba demasiado en ello, aunque con el tiempo habían aprendido a rescatar ventajas de aquella alianza. Desde la primera vez que vio el cristal de DC, supo plenamente que aquel Twili que un día había aparecido de manera inesperada podría serle de ayuda.
El reino principal del crepúsculo llevaba cerca de siete años gobernado por un cruento dictador de nombre Zant. Ingway le odiaba con toda su alma, había pasado la vida buscando un hueco entre mundos que le perteneciera a él y únicamente a él, "el falso soberano" como él le llamaba le había hurtado algo que le pertenecía, algo que anhelaba recuperar a toda costa, y fue así que un día hacia aproximadamente ocho meses había buscado y encontrado al que llamaban Zilant.
Link recordaba aquella noche, había terminado su cacería cuando de la nada una creatura desconocida apareció ante sus ojos, un ser alado que jamás había visto, y le hablo...
"Conozco a quien envía a las creaturas. Si deseas saber más ven conmigo"
Al principio no le tomó en cuenta, aunque le perturbaba que la creatura le siguiera buscando durante las noches que siguieron. Finalmente, harto de que alguien estuviera jugando con él, rastreó su pista hasta las ruinas del desierto, y ahí descubrió el portal que le pertenecía al renegado Ingway.
Habló entonces a la creatura que iba y venía por la grieta de los mundos, pero ésta solo repetía la misma frase una y otra vez. Entendió que no tenía voz propia, alguien al otro lado le había enviado con una única misión y un único mensaje.
—Aun no entiendo por qué el tal Ingway no viene en persona— gruñó el Mogma al recordar el esfuerzo que habían hecho el par de hylians por encontrar la manera de sortear el umbral de la grieta.
—Bueno es muy simple, es porque él...
Sonó su teléfono, le llevaba atado con una antena de recepción extra y aun así la señal era tan baja que debió poner el altavoz
—Dime amor.
Era Zelda pero no entendía nada de lo que decía, las cejas de Link se fruncieron tanto que casi se unieron la una con la otra tratando de traducir aquel mensaje.
—Zel, estoy en.. en un baño, la señal es muy mala dame unos minutos y te devuelvo la llamada.
No supo si dijo "si" o "no", pero se vio obligado a colgar. Llamó a su loftwing y sin dar explicación salió volando de aquel sitio.
Cuervo regresó y confundido miró a todos lados.
— ¿Y Link?
Jerry simplemente alzó una garra y apuntó al cielo, el loftwing escarlata ahora era un pequeño punto en las lejanías.
— ¿La diosa volvió a llamar a su cachorro?
Asintió con la cabeza.
—Típico— gruñó. Cuervo sintió felicidad y celos al mismo tiempo.
.~*}{…..}{*~.
— ¡Cocu!
La voz de la chica resonaba en los talleres vacíos de la universidad, era uno de los últimos lugares en los que no había buscado.
El nombre del chico volvió a escucharse durante mucho tiempo, hasta que Zelda asomó la cabeza por un despacho.
— ¿Qué haces, Grusi? — preguntó, literalmente había salido de la nada así que la otra chica pegó un susto tremendo.
Zelda río con nerviosismo, tras de ella Impa alzó una ceja y negó con la cabeza graciosamente, tomó una caja con utilerías, sus llaves, su abrigo y sus lentes de profesora que usaba para leer.
—Es todo, cariño— dijo la Sheikah a su antigua protegida cerrando su departamento. — chicas, ahora sí, oficialmente la escuela está cerrada hasta regreso de vacaciones. Vuelvan a casa antes de que el guardia las regañe.
Ambas asintieron y salieron de ese sitio.
Grusi suspiró tristemente. Fue charlando con Zelda mientras se dirigían a las tiendas del primer distrito cerca de la fuente de Hylia.
—No te preocupes Grusi, llamaré a Link y lo buscaremos juntos. No debe haberle pasado nada, confía en eso.
Y mientras buscaban Zelda intentó llamar a su novio, pero la señal estaba muerta. Se dio por vencida y guardó el teléfono, buscaba con la mirada mientras veía la cara preocupada de su amiga que se había metido hasta en los rincones más raros clamando el nombre de su chico.
—Qué raro— musitó.
Posó la mano en su mentón y pensó ¿en dónde estaría?, pero sus pensamientos no llegaron demasiado lejos.
—Grrrrrr— el gruñido travieso sonó cerca de su oído, antes de que el "depredador" la secuestrara por la espalda y la aprisionara entre sus brazos.
Sin poder evitarlo Zelda soltó una carcajada.
—Link— rechistó, se viró y lo encontró ahí mirándola con esos ojos de borrego enamorado.
—Estoy aquí princesa, a tus ordenes— murmuró tal cual caballero— mira Zel, encontré todas las cuerdas nuevas para mi guitarra— presumió a su dama, desenfundo ágilmente su instrumento que llevaba cargando en la espalda, y tocó un acorde melodioso.
—Qué lindo, cielo.— sonrío con cierta ternura, Link atesoraba esa cosa "vieja", se la había regalado cuando cumplió catorce y desde entonces no la soltaba casi para nada, los años casi no le habían pasado por encima aunque cada vez era más difícil encontrar las piezas que Link le perdía o rompía de vez en cuando. — ¿Cómo supiste que estaba aquí?
Link se echó la guitarra a la espalda y le tomó las manos de manera juguetona.
—Sexto sentido.
—Oh, qué envidia. ¿Algún día me enseñaras como usarlo?
—Ojala yo mismo supiera como uso el mío— clamó con una risita.
Zelda se puso de puntitas para darle un beso, pero entonces Grusi llegó entorpeciendo el momento.
— ¡Link!— clamó de manera suplicante— ¡Cocu no aparece!
— ¿Qué?
—Lleva perdido mucho tiempo.
—Pero él siempre se pierde mucho tiempo, quizás anda por ahí, buscando algún reportaje interesante.
—Pero jamás se pierde de mí, siempre se dónde está, aunque pasemos muchos días separados. Pero ésta vez no.
Link se rascó la cabeza, él llevaba cerca de una semana sin saber de Cocu, pero eso no era extraño, el castaño siempre aparecía cuando menos lo esperaba. Quizás por eso no había notado su ausencia.
Pero la novia del chico sí que lo había notado, y quizás era serio. Se gruñó internamente por el hecho de no haberse dado cuenta él mismo.
— ¿Cuánto tiempo lleva desaparecido?— preguntó en semblante relajado mientras tecleaba algo en su teléfono de manera discreta.
—Casi dos días. Es muchísimo.
—Bueno, ya aparecerá. Y si no lo encontramos antes de caiga el crepúsculo iremos con los Goron, ¿está bien?
Grusi asintió. Se quedaron buscando otro rato, en algún punto la chica se separó de sus amigos para abarcar más terreno y Link y Zelda se quedaron sólitos.
El ligero inconveniente daba mala espina.
Zelda caminaba distraída un poco lejos de él cuando de la nada un tipo extraño se posó frente a ella.
—Buenas tardes, señorita— habló en tono cordial, casi cantarín. Aunque su ropa lo delataba y la chica de inmediato supo que se trataba de un habitante de los barrios bajos. Le miró de pies a cabeza y retrocedió unos pasos hasta chocar con su novio el cual ya estaba a sus espaldas.
El hombre se acicaló el bigote y miró al Hylian con una sonrisa.
— ¡Hola!— clamó
—Hola— respondió Link
Zelda engarruñó sus manos en la playera de su compañero mientras seguía mirando a aquel tipo, era un tanto intimidante y más con aquel parche pirata que portaba en el ojo izquierdo. El viento sopló ligeramente moviendo aquella gabardina color prusia.
— ¿Qué pasa, Zel?— susurró Link muy quedito cerca de su oído— no debes temerle— aseguró.
Acarició la cabeza de su chica y le dio un besito en la coronilla.
—Es solo un vendedor de relojes— dijo ésta vez en voz alta.
Linebeck esbozó una sonrisa y en un instante desdobló su gabardina, llevaba decenas de relojes antiguos.
—Los mejores— acentuó, se quitó la prenda y la tendió en la fuente de Hylia— ¿no le gustaría mirar, joven dama?, todos son auténticos. Tesoros de otras épocas— dijo. Fue demasiado convincente, después de todo tenia años de experiencia.
Los ojos de Zelda brillaron, eran relojes de bolsillo tan preciosos que casi parecían sacados de los cuentos que solía leer cuando era más pequeña. Link le tendió la mano y discretamente le animó a que los viera, la distracción fue tan natural que ella no notó cuando su novio dio un paso hacia atrás y se alejó de ella.
Entonces Linebeck le hecho un brazo alrededor del cuello y se lo llevó por ahí a unos cuantos metros.
—Mi buen amigo, Link.
—Linebeck.
—A sus órdenes, Señor.
—Creo que tú eres el único que no debería llamarme así— dijo con una sonrisa.
—Esto un poco inusual, creía que estarías solo.
Siempre había sido así, desde que se conocían sus encuentros habían sido siempre en secreto, pero ahora ahí estaba Zelda y a Link no parecía importarle en absoluto. Linebeck se preguntaba si algo habría cambiado, si el hecho de que la diosa finalmente hubiera aceptado al lobo como su amante había mermado la férrea barrera que Link había sostenido durante todo ese tiempo. Quizás estaba cediendo. O quizás sentía la confianza suficiente como para que nada le importara incluso estando su amada ahí presente.
Link simplemente esbozó una sonrisa.
—Concéntrate. —musitó, le incitó a que se alejaran un poco más de la rubia.
Linebeck lo miró con seriedad ésta vez.
—Tengo a un hombre perdido. Búscalo.
Fue una orden corta y muy específica.
— ¿Una jugarreta Twili?
—No lo sé, aunque no lo creo.
Le dio detalles rápidos, Linebeck suspiró de manera atolondrada, éste era el segundo caso que Link le encargaba de éste tipo, ¿acaso era él el detective buscador de novios extraviados?, bueno para él caso daba lo mismo, Cocu era distinto al anterior chico que jamás había encontrado.
—Mira Link, éste es tan bonito— Zelda lo llamó con esa carita tierna. Quería que viera un reloj dorado decorado con filigranas hylians, portaba en el centro una especie de símbolo que se asemejaba a un ave sobre tres triángulos, y al abrirlo la vista podía deleitarse con cada uno de aquellos finos acabados, en la parte posterior de la tapa había un espacio para poner una foto.
Link cogió el objeto por la cadenita que traía incluida y lo enganchó en el cinturón de Zelda.
—Un regalo para mi princesa— le susurró al oído
Ella negó con la cabeza, el pequeño reloj parecía costoso.
—No sabemos cuánto vale— le susurró de vuelta.
—No importa.
—No, Link— dijo tratando de quitárselo, aunque la cadena tenía buen seguro y tardó en destrabarlo.
—Le queda bien, joven dama— dijo el vendedor ambulante.
—No vamos a comprarlo— aclaró aun tratando de sacarse el objeto.
—Pero está pagado.
La joven Hylian abrió los ojos como platos, miró a Link de manera inquisitiva. Él simplemente la cogió de la cintura y la llevó a su lado nuevamente.
—Es un regalo para mi dama, no tiene nada de malo.
Zelda al final se había rendido, no podía contra esos ojos de cachorro, se despidieron brevemente del vendedor quien se quedó ahí en el mismo sitio.
— ¿Cuánto pagaste?
— Es un secreto
Siguieron hablando y riendo mientras se marchaban
El antiguo lobo de mar los miró hasta que casi habían desaparecido en las concurridas calles de la ciudad de Hyrule.
La realidad era que Link no le había pagado ni una sola rupia. No lo necesitaba, Linebeck le debía a ese chico más de lo que jamás le había debido a nadie.
Su mente había viajado años al pasado, al día en el que se había embarcado hacia Isla Frontia para no volver jamás.
Jamás...
Como podría haberlo hecho después de lo que ya había pasado. Nunca se lo perdonaría, había traicionado al pequeño Hylian que hasta entonces había tenido a su cuidado, estaba seguro de que Cuervo le había encontrado para ese entonces.
Las olas golpeaban fuerte y la neblina cubría el horizonte, Isla Frontia se había dibujado en la lejanía como un punto diminuto y deforme.
Apenas si veía, había zarpado con su único ojo bueno, cuando de la nada un navío Zora se cruzó en su camino, le cortó el paso y lo obligó a bajar sus velas. De la nada había tenido invasores a bordo de su bote, al inicio había creído que eran piratas, hasta que apareció el joven Mikau, el zora aterrizó desde el navío invasor, seguido de alguien que Linebeck no esperaba volver a ver nunca en la vida.
Era Link. No tenía idea de cómo, pero ahí estaba con una sonrisa elegante y un aire sereno. Le miró con el ojo derecho, el izquierdo se había perdido para siempre después de su encuentro con el sicario, pero no por el hecho de que hubiera tenido un atracado con Cuervo.
La realidad era que el sicario no le había hecho nada más allá de sacarle un buen susto. Pero la culpa de la traición lo había consumido, la realidad era que había perdido ese ojo en un arranque de ira, en una taberna con el filo del vidrio de una botella con la que horas antes se había emborrachado tratando de olvidar lo sucedido.
Simplemente ya no tenía remedio. Cuando Link lo encontró ya era tarde.
Recordaba perfectamente aquella escena en la que había visto al pequeño abrirse paso entre los Zoras para después ir a abrazarlo.
—Vaya Link, creciste tanto sin que me diera cuenta, murmuró. Link y su chica ya se habían marchado. Aun así el recuerdo quedaría para siempre en su corazón y su cabeza. El recuerdo del día en el que había llorado abrazando a ese crio después de haber creído que había muerto por su culpa.
.
.
Continuara...
.
Comentarios del Capítulo:
Pues al final Linebeck sigue aquí.
owo un personaje misterioso ha aparecido en la historia ¿Que sera lo que busca? o mas bien dicho, a quien, seguramente si supieron leer las palabras de Link habrán cachado algo mega importante, y si no, no se preocupen que algún día esta historia por si misma les dará todas las respuestas.
Ahora todos saben de donde rayos Zilant Consigue las piedras de DC, y es que como bien dicen, el enemigo de mi enemigo es mi amigo o en éste caso un provisional aliado.
