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Capítulo 49: La espada que repele el mal
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Una espada que brillaba de manera resplandeciente, Zant no dejaba de gruñir al mirar al muchacho a través de la imagen de vigilancia.
¡Cómo podía ese crio conocer ese tipo de magia extinta en el albor de los tiempos!
Pero lo que el gobernante del crepúsculo ignoraba era que esa magia en realidad era parte de la espada...
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Límites del desierto aproximadamente 5 años antes...
Resolló dejando salir un aliento cansado, sus ollares se habían dilatado después de la agónica caminata. Sus patas temblaban y sus pequeñas orejas se ocultaban entre sus mechones. Miró a su amo, éste le devolvió una caricia.
Y con un susurró de magia calmó su agonía, el calor abrazador del desierto desapareció tras el hechizo de su dueño.
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Ese día en el viento había voces extrañas, canciones antiguas que llegaron hasta los oídos de Aragón. El joven perdió su mirada en el mar de nubes que formaban la ancestral barrera de Hylia.
Cuervo se posó a su lado, aguardó en el silencio y le dedicó una mirada.
—Algo... algo va a pasar—habló después de mucho tiempo. Sus ojos violáceos seguían escrutando la barrera como si quisieran ver lo que acontecía tras de ella en las tierras inferiores.
— ¿Algo?
—No sé lo que es. Pero lo siento con todo el cuerpo.
Cuervo estaba inquieto, también lo sentía pero no había querido decirlo.
Muy lejos de ahí alguien traspasó las defensas que durante siglos habían sido custodiados por los guardianes del pueblo de los cielos.
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Los ojos carmesí de Impa se entrecerraron, había un intruso en territorio sagrado.
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Link se quedó con la boca abierta, Epona agachó las orejas.
—Cielos...—murmuró
Después de muchas horas, y de haber atravesado el desierto e internado en el extraño bosque, se había encontrado a sí mismo en el corazón de la foresta, pero lo que había ahí no era como lo había imaginado. Tal y como Cuervo lo había contado, justo bajo Altarea yacía la que alguna vez había sido la efigie de Hylia, una réplica exacta de la que yacía en la isla del cielo, aunque le doblaba por mucho la altura
La imponente estructura había quedado varada ahí, como si su esplendor hubiera quedado congelado en el tiempo, cubierta de musgo y naturaleza.
Cuando Cuervo le contó a Link sobre su existencia, éste jamás imaginó que la efigie original fuera tan grande, y además, ésta, pese a los siglos, parecía tener un trabajo de construcción muchísimo más detallado.
Por si misma creaba un aura de mutismo, una sensación extraña que se extendía a todo lo que estaba en sus cercanías, posiblemente rezagos de una magia muy prístina y muy antigua, una magia que latía ahí en el corazón del llamado templo del presidió, que erizaba la piel, que detenía los sentidos y hasta los latidos de cada ser viviente que osaba acercarse demasiado.
Epona ya no pudo avanzar, tenía miedo. Dejó que Link prosiguiera solo. El joven Hylian se detuvo cuando llegó a la base de la estructura.
Simplemente estaba atontado y maravillado.
—Increíble... ¿dónde estará la entrada?— se preguntó, aunque al posar su mano sobre la piedra algo curioso pasó, leves glifos aparecieron iluminados de un azul prusia. No conseguía leerlos, parecía alguna clase de lengua sheikah muy antigua, aunque después de milenios incluso las letras mágicas se habían desgastado un poco. Cada vez que Link avanzaba en una dirección los caracteres iban o venían, al rodear la estructura estos brillaron aún más intensamente.
Detrás de la efigie había una puerta, Link empujó y cedió como si nada. Supuso entonces que estaba tan vieja que su defensa mágica había cedido de la manera más natural imaginable.
—Vamos, Epona— la llamó de manera alegre, la yegua agachó las orejas y caminó como si fuera gato agazapado, realmente no deseaba ir más allá, pero cuando Link la llamaba ella no podía negarse.
Los cascos de la yegua hicieron un eco seco cuando chocaron contra las losas del piso, adentro la luz natural llegaba perfectamente así que podía verse en todo su esplendor la espada.
— ¡Si está!— clamó, sus ojos brillaron.
El terrible viaje había valido la pena.
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Impa se llevó la mano a la pantorrilla, saco la daga oculta que cargaba. Respiró profundo. El bosque estaba actuando muy extraño...
De pronto se escuchó un crujido y una sobra cayó desde un risco cercano, reaccionó dando un salto para esquivarla, pero su pierna tropezó con una raíz escurridiza. Entonces la sombra le cayó justo encima y ambos rodaron hasta terminar en una hondonada.
—Maldición — rechistó él, aunque había caído en algo blando así que no le había dolido mucho.
—Maldito Cuervo, quítate de encima— gruñó ella
Cuervo se paró de un brinco.
—Intuía que estarías cerca... pero no tan cerca— dijo con cierto nervio. —Tenemos un intruso— masculló en voz seria y cortante.
—Lo sé— replicó la sheikah, aunque su voz parecía menos interesada.
El templo del presidió poseía una poderosa barrera cuya magia estaba ligada a la sangre de los antiguos custodios de Hylia, eso significaba que tanto los sheikah como los caballeros de Altarea eran capaz de sentir las ligeras perturbaciones que esta tenia.
—Es tu culpa— replicó mirándolo con enojo.
Cuervo no entendió el mensaje, miró a Impa avanzar por delante y la siguió sin siquiera pensarlo. El bosque parecía haber adquirido conciencia y eso era peligroso incluso para ellos que habían estado ahí decenas de veces.
—No pareces demasiado preocupada.
— ¿No?
Él negó con la cabeza
—En realidad lo estoy, y mucho.
—Bueno podrías estar corriendo ahora mismo.
— Claro y caerme de manera estúpida como tú.
Cuervo gruñó aunque esta vez de manera sonora.
—Deja de hacer el tonto. Hay que encontrarlo antes que se lastime.
— ¿Qué?
—Es Link— dijo a secas.
Cuervo se quedó paralizado.
—Encontré su rastro, debe estar cerca de los límites de la efigie
— ¡Qué!— realmente estaba estupefacto.
—No sé cómo lo hace. Te juro que no sé cómo lo hace. Cada día que pasa siempre sale con algo nuevo, ese crio me va a matar de un susto un día de estos.
—Cielos...
—Idiota, no debiste decirle lo de la espada.
—Bueno no puede pasar al templo, qué más da.
—Eso no lo sabemos, ¿y si lo consigue?, estará muerto. Sabes perfectamente lo que ocurre cuando alguien toca la espada.
—Lo sé...
Cualquiera que no fuera su legítimo amo terminaba muerto.
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Realmente había una sensación helada, todo en ese lugar gritaba "Fuera", pero para Link eso pasaba desapercibido, era como si cada una de las señales de advertencia pasaran de largo a sus sentidos. Caminaba tranquilo, incluso feliz, como cualquier niño que encuentra algo nuevo, fascinante y maravilloso.
La espada comenzó a emitir un brillo leve ante su presencia, y ese brillo lo llamó de manera cálida.
Entonces simplemente la tocó, acarició el mango con inocencia, pero una chispita de magia hizo que la alejara, dio tres pasos en reversa jadeando de pura adrenalina, jamás había sentido algo como eso.
Entonces la espada pareció despertar de su letargo, el templo se oscureció y fue cubierto de aquella misma magia que había estado dormida durante muchos siglos.
Epona echó un relinchido aterrado y se paró en dos patas dando coces, Link tuvo que ir con ella y sujetarla de las riendas antes de que huyera.
—Tranquila— le susurró, le acarició la crin y la acercó a su pecho
Epona bufó muy agitada pero se mantuvo quieta mientras Link retenía el agarre, él volvió a susurrar en su oído "quieta"...
—Mira— señaló. El templo estaba oscuro, pero alrededor de ellos había un lienzo irisado, un par de imágenes yacían inmóviles. Link soltó a su yegua y acercó la mano.
Era la imagen de una mujer muy bella...
Una diosa…
— ¿Hylia?— pronunció, sus palabras parecieron despertar a la imagen que ahora se movía en escenas.
De pronto el lienzo parecía una película.
—Es la espada, está... tratando de comunicarse.
Esa era la historia de su creación. La historia del gran mal, de la diosa y de su caballero.
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Era como su peor pesadilla, desde el instante en el que Link había conseguido entrar al templo todos los sentidos de Cuervo habían colapsado.
"¡Que hice!", gruñía, se repetía sin parar. No sabía si en su inocencia había cometido el error más grande de su vida.
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Y lo vio todo ante sus ojos, la espada le mostró el momento en el que nació en ese mundo, la era del caos en el que el mal primigenio invadió ese plano. La diosa blanca había defendido al mundo mortal y había elegido a un caballero para que peleara en su nombre. Y para ese hombre forjó el arma divina, con una hoja capaz de repeler al mal, de rasgar las tinieblas y llevar el mundo a la luz.
Vio ante sus ojos la creación de Altarea; el preciso instante en el que la isla se elevaba al cielo. La tristeza en los ojos del héroe al haberse quedado atrás luchando por su tierra.
Hylia lo había tomado de la mano y ambos habían perdido su vista en el firmamento, orando, esperando por el día en el que volvieran a encontrarse con su "familia".
El joven Hylian aparto la vista por un segundo, en la ilusión de la espada pasaron muchos siglos. Altarea se había vuelto prospera, hasta el día en el que surgió el segundo héroe nuevamente para combatir a las tinieblas. Una vez más la espada fue su compañera, con su resplandor abatió a sus enemigos y venció al antiguo mal que en antaño había sellado la diosa.
Pero al final al igual que en la primera era, la espada debió volver a su sitio después de cumplir su misión.
Y ahí había esperado. Guardó en sigilo su alma, esperando a su dueño. Era un arma que había nacido para un único amo...
"Amo..."
"Amo..."
La palabra resonó en su mente e invadió hasta el más prístino de sus pensamientos, las pupilas de Link estaban dilatadas mientras era atraído por aquella voz en su cabeza.
Epona aguardaba lejos temerosa del descomunal poder antiguo que vibraba en todo lo ancho y largo del templo, dio una coz contra las baldosas llamando a su dueño.
Pero para Link el resto del mundo había desaparecido, no escuchó a la yegua ni tampoco el descomunal tronido que azotó en las puertas del templo cuando Cuervo e Impa entraron.
La sheikah se detuvo de golpe cuando la propia espada bramó a la presencia de los intrusos y alzó una barrera para evitar que pasaran. Cuervo se estampó ahí sin poder hacer nada.
— ¡Rinku!
— ¡Link, no!— resopló Impa sin poder acercarse más.
Pero esas voces no existían en su cabeza.
— ¡No!— volvió a gritar la sheikah, palideció cuando Link sacó la espada de su sintió.
Una intensa luz gobernó todo, el templo del presidio lanzó un resplandor muy intenso al cielo. En Altarea el pequeño loftwing escarlata salió de su nido y dejó salir un graznido muy potente, pronto el resto de las aves lo siguieron. Los habitantes de la isla del cielo aturdidos por el sonido de los loftwing llevaron sus manos a sus oídos, la resonancia alcanzó cada una de las antiguas estructuras que yacían en Altarea, las aves de piedra que estaba repartidas por toda la isla comenzaron a resplandecer iluminado sus ojos.
En las tierras inferiores ocurrió lo mismo, en cada sitio en el que yacían los loftwings de piedra se replicó aquella magia, desde los museos, hasta las plazas públicas, las calles y los parques. Una niña jaló a su mamá de la falda y señaló al ave que estaba delante de la fuente del parque central, la señora pegó un gritito de sorpresa, un hombre que pasaba por ahí también terminó sorprendido después de que los ojos de la mini estatua comenzarán a resplandecer de esa manera; el pobre había acabado con el trasero el piso y la boca abierta.
Y así fue como la espada dio su aviso de que había despertado de nuevo en ese mundo.
En el templo del presidio la luz fue menguando hasta convertirse en un pequeño hilo. Impa se había quedado literalmente ciega, durante los segundos que siguieron fue gobernada por un vértigo inexplicable. Pronto esa sensación se convirtió en miedo, poco a poco recuperó la visión perdida a medida que la luminiscencia se retiraba.
—Por mi señora Hylia...— la voz de Cuervo se quebró en ese instante.
Impa reaccionó buscando a Link en el último lugar en el que lo había visto, pero ahí no estaba más el pequeño. En el lugar en el que yacía la espada, la silueta de un muchacho se vio reflejada, Cuervo lo reconoció como si lo hubiera visto decenas de veces, era el caballero de la antigüedad, el elegido de la diosa; aquel que portaba la túnica verde que desde tiempo inmemorial le había distinguido.
El noble guerrero maniobró su arma cómo si fuera una extensión de su propio cuerpo, hasta que al final la llevo a su espalda y la dejó descender sobre su funda.
Tal cosa no era tácita, era la ilusión en la memoria de la espada, poco a poco el joven caballero desapareció dejando bajo su sombra al pequeño Link.
—Es real— pronunció él
Impa estaba en shock sin poder decir palabra alguna.
—La leyenda era real. El caballero de Hylia si renació en la casa de los dragones.
—Y es, Link...— tartamudeo ella.
Finalmente la barrera desapareció, Link pareció cobrar conciencia y solo hasta entonces se dio cuenta de la presencia de sus dos conocidos.
—Cuervo, ¡Oye, la encontré!, ¡mira tengo la espada!— clamó con alegría, buscó el arma, estaba seguro de que la tenía sostenida sobre las manos, pero no la encontraba, recién había conseguido darse cuenta de que traía algo atado a la espalda. Cuervo seguía inmóvil, dio un paso hacia su protegido no obstante Impa se le adelanto, le pasó por un lado corriendo, llegó a donde estaba el pequeño y lo estrujó con mucha fuerza, al final cayó de rodillas llevándoselo al suelo con ella. Link simplemente soltó una risita sin poder comprender lo que le pasaba.
—Impa
—Creí que te perdíamos, ¡no vuelvas a hacer eso!, como... como iba a explicarle esto a Zelda— rechistó pero su voz se quebró y terminó por esconder la cabeza en el pecho del niño.
Aun confundido, no pudo hacer otra cosa más que acariciarle la cabeza a la sheikah, juntó su mirada con la de Cuervo quien desde la distancia seguía demasiado conmocionado.
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Después de horas Altarea volvió a la normalidad, los loftwings volvieron a sus nidos y la vida siguió su curso después de tan extraño suceso. Los habitantes de la isla jamás entendieron a qué se debió semejante fenómeno, en tanto que los piratas del cielo; antiguos caballeros de Hylia, guardaron silencio. El regreso de la espada siempre había significado que se acercaba algún evento caótico y oscuro. No sabían cuando ocurriría, o si por el contrario este ya estaba ocurriendo y las creaturas de Twili que rondaban las tierras inferiores eran el claro aviso de esta nueva amenaza. De cualquier manera ellos simplemente se dedicaron a seguir con sus vidas.
Cerca de la casa de Smith, Cuervo habló con Link pasadas las horas. Había jurado y había perdido. Había apostado a lo imposible y Link lo había hecho posible.
Y además...
—"El fragmento..." — pensó.
Link seguía un poco malhumorado porque ni Impa ni su "nuevo mentor" le había permitido que le enseñará la espada a Zelda.
—Bien. Perdí... Eres un pirata del cielo.
—Oh— dijo un poco apagado.
— ¿Qué?
—Bueno lo estuve pensando detenidamente. Ya no quiero ser un pirata del cielo.
—Eh!— pero si me has fastidiado mil veces con ello.
—Si...
Rio nerviosamente.
—Creo que formare mi propio equipo. Después de todo yo ya tengo a los Mogmas, y creo que con paciencia puedo lograr que Impa se una a mi equipo.
— ¿Eh?— volvió a rugir incrédulo.
—Cuervo tú sigues tus propias reglas.
—Porque yo soy el líder— rechistó con cierto orgullo.
—Sí.
— ¿Entonces, no?
—Creo que no. Después de lo que he pasado estas semanas estoy realmente convencido.
—Es una lástima.
—Pero aun quiero que seas mi maestro.
—Será un honor— clamó después de haberse resignado.
Link había elegido que separaran sus caminos. ¿Qué clase de consecuencias traería su decisión para él futuro?
...
Esa misma tarde ambos bajaron a Hyrule City, Impa ya los esperaba en el parque central.
El crepúsculo estaba por caer en un par de horas, pero por extraño que pareciera la tarde se sentía muy distinta como si un aura muy pura lo hubiera inundado todo. Ella estaba preocupada por lo que deparaba el futuro al elegido por el arma legendaria. Aunque Link parecía muy feliz, y lo estuvo aún más después de Impa le contara que Zelda los alcanzaría ahí en unos cuantos minutos ya que estaba al otro lado de la calle haciendo unas cuantas compras con Hatoru.
Fue entonces cuando Cuervo desapareció, Link creyó que se había marchado de nuevo a su sitio sobre las nubes, así que lo olvido pronto porque a los segundos apareció su princesa, corrió a su lado y se prendó de su cintura, ella simplemente río con nerviosismo y lo apartó de inmediato. Cualquier otro día Link lo habría pasado por alto, pero justo esa tarde sentía que de verdad necesitaba aquel abrazo después de esa semana agobiante en la que había luchado contra el desierto. Y Zelda se lo había negado... en realidad le había negado muchas cosas, Link no conseguía entender por qué de pronto las cosas habían cambiado, ¿por qué ella se había vuelto distante? O por qué ya no le permitía hacer cosas que antes hacía con tanta naturalidad.
Ella por otro lado recién comenzaba a asimilar la situación, Link no había vuelto a decirle "Te amo" desde aquel día, quizás entonces pensó que aquello había sido un impulso inocente y que posiblemente Link ya se había olvidado de ello. En parte eso la mantenía tranquila, pero no por ello bajaba la guardia. Se recordó a si misma que no debía alimentar ese sentimiento en Link, así que simplemente había pasado a restringirle el nivel de cariño que él le daba a ella.
Pero finalmente esa tarde Link dijo "No" a aquello, estaba frustrado aunque ni el mismo lo sabía
—Quieto— gruñó ella, renegando de su cariño después de que hubiera intentado retenerla entre sus brazos nuevamente
Link obedeció sin rechistar.
Al final no era capaz de desobedecer una orden tan directa. Ella se fue a refugiar con Impa quien ya llevaba buen tramo de camino recorrido.
Link gruñó sin saber porque se sentía tan molesto. Caminó a paso lento hasta que paso por debajo de un árbol de ramas grandes.
— ¿Qué le pasa a tu novia?— preguntó en voz burlona. Cuervo apareció de la nada, colgado de cabeza de una rama. Link dio un brinquito en reversa por la sorpresa.
El sicario simplemente soltó una risa, miró con discreción al frente en donde solo veía a la sheikah y a la pequeña diosa, así que decidió salir de su escondite.
—No sé...— la carita de Link estaba muy triste, Cuervo le acarició la cabeza. —hace días que esta así.
Suspiró, miró de nuevo a Zelda.
—Y no es mi novia— murmuró al fin cayendo en cuenta del comentario.
— ¿Y ya sabes que la amas?— volvió a canturrear.
Link se puso colorado y asintió con la cabeza de manera tímida.
—Y ella también, yo se lo dije... espera— abrió los ojos de golpe porque se dio cuenta de algo.
Le había dicho que la amaba, pero quizás Zelda estaba enojada con él por eso.
—No le diste ningún detalle bonito, ¿verdad?
—Ámmmmm, no exactamente.
Pensó que había sido muy bobo y muy descuidado, se sintió terrible, pero dentro de todo supo exactamente lo que debía de hacer para reparar el daño.
Con su hechizo de invocación consiguió traer la flor del templo del presidió.
Cuervo abrió los ojos como platos.
—Espera ¡es una princesa de la calma!— escupió estupefacto. Nadie tocaba esas flores a menos que recibiera la bendición directa de Hylia. Pero después de todo ese día Link había demostrado ser una pequeña cajita de sorpresas.
El pequeño corrió alegremente hasta alcanzar a Zelda y a su guardiana.
...
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— ¿A dónde fue Hatoru?
—Oh, accidentalmente olvido una bolsa de las compras y tuvo que volver por ella, dijo que nos alcanzaría, está en esa tienda al otro lado del parque— contestó.
Impa irguió una ceja.
—Ok...
La respuesta de la sheikah fue tan dubitativa que Zel la miró directamente.
— ¿Y qué le haces a Link?— soltó finalmente sin atisbo de duda.
Zelda se puso un poco nerviosa.
—Nada, yo... bueno creo que las cosas están mejor, estoy segura de que me confesó su amor de manera prematura, yo creo que él está confundido, pero seguramente ya entró en razón, y...
—Ajá— le interrumpió, porque en ese instante el susodicho había llegado junto a ellas.
—Zel— la llamó, ella se viró mientras él le ofrecía la florecita. —Perdóname.
—Oh, ¡Que linda, Link!, pero ¿por qué me pides perdón?
—Por no haberte dado algo bonito cuando te dije que te quería, sabía lo que sentía pero fui lo suficientemente bobo como para no dar ese paso hacia adelante completamente.
Por esa vez unió sus ojos a los de ella, la tomó de las manos y la alejó tres pasos lejos de su guardiana, necesitaba decirle todo lo que sentía de nuevo, con todo su corazón.
—Zelda Harkinian, eres la luz que ilumina mi vida, te amo más de lo que soy capaz de explicar con palabras.
—A,.. Link... —tartamudeó, pero él le silencio con una caricia tierna sobre sus labios al tiempo que le prendaba la florecita en su cabello.
—Escucha Zel, de todo cuanto he tenido y que puedo llegar a tener, solamente contigo me basta. Solamente por ti tiene sentido mi vida, quiero que estemos juntos para siempre. Por siempre — susurró juntando su frente contra la de ella— Zel... ¿Me harías el honor ser mi novia?
Y ahí quedó todo.
La cabeza de Zel se volvió un desastre, la palabra "novia" le taladró la conciencia una y otra vez, mil veces en menos de lo que quedaba de ese segundo.
Fue una sensación extraña de felicidad plena, hasta que de pronto otra vez las palabras de su dama de compañía fueron a invadir sus pensamientos, y pasó de la felicidad al terror.
Simplemente ya no reaccionó, fue como si su cuerpo hubiera entrado en modo automático, Impa se quedó pálida cuando de la nada ella grito "¡No, no quiero!" Seguido de un movimiento de autodefensa muy poco convencional, el tronido sobre la cabeza del pobre Link fue realmente atronador cuando la mano de la diosa le dio un zape tan fuerte que el pobre casi cayó muerto al piso.
Aun sin estar del todo consciente la pobre chica había salido huyendo, dejando a su futuro tirado e inconsciente.
— ¿Que ... pero qué?— dijo la sheikah con un severo tic en el ojo desde la distancia escuchó a la joven Hylian decir "si soy tu novia ya no podremos ser amigos".
Desde el otro lado del parque Cuervo literalmente volvió a caerse desde el árbol en el que otra vez se había encaramado.
— ¿Que rayos?— escupió el ave negra.
Nadie, absolutamente nadie se habría esperado eso.
Apenas paso un segundo cuando Link se levantó, se sobó la cabeza y soltó un leve gemido. Impa se acercó nerviosa sin saber que decirle para consolarlo.
—Oye Link, ella no quería... es que... Zel es muy sensible y Hatoru y.. y sus ideas...— rechistó palabras casi sin sentido.
— ¿Que es esa ridiculez de que ya no podremos ser amigos?— musitó.
Pero por fin entendió todo de golpe... es decir con un muy fuerte golpe.
Ese día podría haber llorado, pero después de todo cuanto ya había vivido lo único que le quedaba en esa vida era atarse a ese sentimiento.
—No me voy a rendir...
— ¿Qué?— clamó Impa al ver que tomaba demasía aire, el pobre estaba conteniendo las lágrimas.
— ¡No me voy a rendir, escuchaste Zelda, no me voy a rendir...! ¡Nunca!
Y lo siguió gritando "Nunca", ni siquiera lo pensó, estaba plenamente convencido y mucho más después de descubrir que ella solo le había rechazado por miedo.
Ese día dio inicio "aquel juego de los tontos enamorados", porque ella lo seguiría amando aunque lo negara, porque él había encontrado aquello que de verdad quería en la vida, la quería a ella y solo a ella, y por más que lo golpearan nunca se daría por vencido.
Impa dejo salir el aire con cierto respingo, ese chico sí que era una cajita de sorpresas andante.
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Continuara...
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Comentarios del capitulo:
Creo que este capitulo bien podria haberse llamado así "tonto juego de enamorados" jajajaja y aqui fue donde Link se volvió masoquista xD pobrecillo, pero después de todo este fic comenzó con esa frase que los describía como "un par de amigos idiotas" siempre enredados en ese juego tonto de constante coqueteo y rechazo.
desde el inicio Link siempre ha tenido su espada aunque no sabe bien como sacarle provecho, no parece entender como es que funcionan los poderes sagrados de su arma aunque un futuro cercano va a tener que hacer uso de el para enfrentar las amenazas que vienen.
