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Capítulo 50: Pacto de Mundos
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Un par de risitas coquetas se escuchaban por los pasillos de aquel castillo. Cierta Twili quizás, es decir, solo quizás había encontrado su media naranja. El medio día en el crepúsculo era de un naranja pálido amarillento; color que se reflejaba en cada una de las paredes de aquella estructura antiquísima.
El llamado Blackavar había resultado simpático al gusto de la teniente Twili, cosa que con los días se había ido afianzando cada vez más y más profundo en el entendimiento de Midna.
De pronto un gruñido interrumpió a la pareja. Pasaban cerca de una habitación ligeramente escondida en los pasillos que conducían a los calabozos. Blackavar cogió a la teniente por la cintura y la escondió entre las sombras, ninguno de los dos esperaba que el gobernante Twili estuviera ahí. Al parecer Zant hablaba con alguien, Midna y Blackavar asomaron con discreción sin poder evitar sentir curiosidad.
Zant hablaba a través de un pequeño portal ventana que conducía al mundo de la luz, gruñía y maldecía.
Midna aguzó la mirada y respingó en silenció.
— ¿Qué lo tendrá tan molesto, mi señora?— preguntó él en un volumen extremadamente bajo.
—Eso— señaló a la ventana. Un joven de ropajes blancos lograba verse más allá de ésta, captado por una cámara que alguien en el otro mundo había puesto para espiarlo— El dragón blanco, se llama Zilant. El señor Zant lo quiere muerto porque siempre arruina sus planes, lo cual seguramente volvió a ocurrir.
—Vámonos. —susurró al sentir que la energía mágica se agitaba en esa área.
Ella asintió y ambos se escabulleron en el silencio sin que siquiera Zant se percatara.
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En el mundo de la luz en los límites del territorio Gerudo. La espada que años atrás había vuelto a elegir a "su único amo" resplandecía ligeramente aun después de que la magia oscura hubiera desaparecido.
Los tres acompañantes de Zilant suspiraron pesadamente. El peligro había pasado, al menos por esos segundos.
—Que cerca...— rechistó Nabooru.
Un leve sonido le hizo virarse. Cocu estaba ahí, semiconsciente, lívido, apenas sostenible. Link dio un brinco hacia él y lo cogió por lo hombros.
—Vámonos— le susurró. Cocu le dirigió la mirada, débil y casi ausente.
Sin pensarlo mucho lo abrazó y mientras caminaba a la salida llamó a Linebeck.
Por primera vez en años el lobo de mar no contestó de inmediato, Link supuso que debía ser por la conmoción de hacía pocos segundos. Linebeck cruzaba miradas con Jolene muy avergonzado cuando de la nada se sofocó al sentir un peso brusco, Link le había echado a Cocu a la espalda, el simplemente reaccionó por instinto y cogió fuerte al muchacho.
— ¡Linebeck!, gruñó de nuevo.
—Eh, sí.
— ¡Presta atención!— le espabiló, aún estaban en territorio enemigo, bajo su máscara frunció el ceño.
Muy lejos de ahí, Ruco soltó un respingo cuando de la nada el dragón blanco se viró hacia él como si supiera que le estaba observando, y con sigilosa advertencia uso su magia para quemar la cámara de vigilancia.
— ¡Ese bastardo!— respingó con demasiada ira.
—Mátalo— gruñó la voz del otro lado del crepúsculo
Ruco llamó a su hechicero pero Zant lo detuvo.
—Usa eso— le dijo.
— ¿Justo ahora?
La pregunta salía sobrando, al segundo siguiente ambos sonrieron con malicia
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— ¿Dónde estás, Link?— musitó Zelda. Su novio ya se había tardado demasiado. Hacía rato que había dejado a Grusi en el lugar de los espectadores y ahora se encontraba sola a la espera de que su compañero apareciera. Faltaba solo media hora y aunque confiaba plenamente en él, había notado algo extraño en su comportamiento, ¿qué podía ser más importante que estar con ella y disfrutar su regalo de cumpleaños?
Suspiró, trató de calmarse pero por alguna extraña razón había en ella un sentimiento que la carcomía, una irracional preocupación que de pronto no dejaba de agobiarla.
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Salieron a toda prisa, Link abrió el camino a sus acompañantes. Era extraño solo se habían encontrado con un par de guardias y al dragón blanco no le pareció que pusieran demasiado resistencia.
Fuera como fuera lo principal era sacar a Cocu de ahí y llevarlo con Saria, Link no podía dejar de preguntarse ¿Que rayos le había pasado a su amigo?, cerca de la salida les alcanzó una llamarada de fuego, cayó desde el cielo justo en medio del grupo, eso hizo que todos se separaran. Jolene y Nabooru desaparecieron entre los almacenes, Linebeck corrió como pudo con el muchacho que cargaba
Tres sombras de considerable tamaño pasaron al ras de sus cabezas para después ir a acechar el cielo. Link entrecerró los ojos, las tres figuras aladas estaban cubiertas de magia oscura la cual ocultaba su identidad.
—Recuperen al prisionero— se escuchó una voz profunda que no pertenecía a ninguno de esos seres, hizo eco desde un lugar muy profundo en los almacenes.
Las tres sombras fueron sobre Linebeck así que pobre tuvo que correr como las diosas le dieron a entender, las sombras chillaban sobre su cabeza y se abalanzaban contra el cada vez que veían la oportunidad. Pronto el lobo de mar sintió que se quedaba sin fuerzas, a cualquier lado que mirara se veía rodeado, tampoco podía encontrar al resto de sus compañeros. Gerudo se terminaba dando comienzo al límite de la ciudad en aquella frontera, quizás podía esconderse entre las calles, o eso pensaba antes de dar un mal paso y terminar con la cara al piso. Las sombras tras de él chillaron de manera estrepitosa.
—Aaaaaaah— gritó por inercia., se dio la vuelta y se cubrió con un brazo, estaba seguro de que aquella cosa fuera lo que fuera se lo llevaba entre las garras, y lo poco de verdad ocurría de no ser porque en ese momento otro ser alado se le echo encima al ente sombrío.
—Vámonos— le ordenó la voz mientras lo levantaban a jalones. Eran Jolene y Nabooru, esta última recogió a Cocu mientras su compañera trataba de sacar a Linebeck de aquel trance.
— ¡Pero!— gruñó, lo único que sabía era que en el cielo esas creaturas se estaban peleando a muerte, giro la cabeza al firmamento una ráfaga escarlata pasó a toda prisa seguida por las creaturas envueltas en penumbra.
— ¡Son ordenes de Link!—gruñó ella.
"Vuelvan a salvo" era la última orden que les había dado.
Linebeck simplemente no pudo hacer nada, solamente se dedicó a observar como Link y su loftwing arriesgaban su vida distrayendo a aquellos monstruos.
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—"Maldición"— pensó, guío a Hiiro dentro de la ciudad para tratar de perderlos, él y su loftwing estaban en desventaja, ¿Qué demonios eran esas cosas?, si salía a campo abierto posiblemente los rodearían pero por otro lado dentro de la ciudad era peligroso pelear a plena luz del día, había civiles en la calle y al más mínimo error podía herir a alguien. Lo único que le quedaba era bordear Hyrule City esperando a que cualquiera de ellos cometiera un error fatal
Pero entonces su celular comenzó a timbrar.
— ¡Maldición!— masculló. Había puesto una alarma para no olvidar llegar a tiempo con Zelda.
Jamás creyó que ese asunto se complicaría, por unos segundos su mente permaneció perdida, se desconectó de todo.
Estaba inquieto, era como si los sentimientos de su compañera se hubieran conectado con él, se sintió frustrado. Estaba tan distraído que no capto cuando uno de los entes sombrios se separó del resto y apareció por delante para cerrarle el paso, Hiiro hizo una maniobra peligrosa y terminó perdiendo altura al tratar de esquivar al enemigo, de pronto al estar casi al ras del piso se sintió completamente desorientado, se vio encerrado entre los laberintos de los edificios de la ciudad, llamó a Link con un chillido pero este seguía completamente confundido, pronto las sombras les fueron a dar alcance y para cuando Link reaccionó literalmente ya los tenia allí pisándole los talones. Por un segundo sus iris temblaron, Hiiro estaba a punto de ser herido y todo por su culpa, todo por causa de su indecisión, de su corazón que había dudado entre su amor y sus deberes. Alzó la mano para proferir un hechizo aunque sabía que posiblemente no lo lograría.
— ¡Repulsio!— gruñó otra voz, la ráfaga de viento chocó contra la creatura empujándola y despojándola del aura oscura que la protegía.
— ¡Cuervo!
El aullar de Susurro Nocturno invadió las calles, la potente ráfaga que dejaba el eve negra cada vez que volaba basto para repeler un poco a aquellos oponentes extraños.
— ¡¿Estás bien?!
— ¿Cómo supiste que estaba en peligro?
Cuervo le miró y él supo ver a través de aquella mirada.
Minutos antes el líder de los piratas del cielo había estado dando vueltas desde su sitio en el evento de los Twilight GAMES, ya todos los participantes estaban en su lugar excepto uno. Y Zelda estaba sola dando vueltitas como gato desesperado.
Esa había sido señal suficiente que le dijera que algo andaba mal, sin pensarlo había abandonado el evento, no sabía en donde estaba Link pero el chillido que producía Hiiro era capaz de ser escuchado por el Alfa incluso a muchos kilómetros.
—Zelda...— musitó Link.
El rugido de los monstruos resonó en todos los callejones, las personas bajo ellos corrieron al ver a semejantes creaturas.
—No... no puede ser— balbuceó incrédulo al ver la identidad del que Cuervo había golpeado.
—Aeralfos.
—No es posible, estos son monstruos de nuestro mundo.
— ¿Qué tiene de raro?
—Estaban teñidos con magia del crepúsculo.
Cuervo entrecerró los ojos, la esencia de los creaturas de Twili resonaba dentro de ellos, pero Link tenía razón, esos monstruos pertenecían a su mundo ¿cómo era posible?
El aeralfo escupió una bocanada de fuego que Hiiro debió esquivar por cuenta propia dado que su jinete había dejado de darle órdenes desde hacía buen rato.
—Vete— ordenó el Cuervo
Link le miró, los reptiles aéreos aún les pisaban los talones.
— ¡Vete!— gruñó, Susurró Nocturno lanzó un bramido siguiendo el eco de los sentimientos de su amo. Hiiro emprendió la huida llevándose lejos a su jinete.
Nuevamente los aeralfos rugieron al ver su presa alejarse, pero ésta vez el líder de los piratas del cielo les cortó el paso.
A lo lejos el loftwing carmesí se perdió entre las laberínticas calles de Hyrule City.
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/Bienvenidos al primer torneo oficial de Twilight GAMES, éste año por prístina ocasión seremos testigos de quien merece ser el campeón en éste juego que ha arrasado en popularidad las últimas temporadas/
El anfitrión era un Kyu muy alto y delgado cuyos mechones de hierba llegaban casi hasta sus tobillos, a su lado, Mochi el novato local le acompañaba aunque distaba mucho de su compañero por ser el más tierno y regordeto.
Todos los concursantes ya estaban distribuidos en las distintas áreas del escenario mágico-virtual del estadio Dragonfly, había una pantalla que se iluminaba cada que uno de ellos pisaba la plataforma que se les había designado. Zelda subió a su plataforma, al frente apareció su seudónimo junto con su foto.
/¡Estamos listos, Mochi!/
/kyuuuu, ¡comenzamos la cuenta regresiva!/
/vaya parece que hay un lugar ausente, que extraño/
Mochi comenzó la cuenta, Zelda quien había esperado hasta el final bajó la mirada. Link no estaba. ¿Que podría haber pasado como para que la dejara plantada de aquella manera?, de pronto el corazón le dolía, le dolía mucho.
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Continuara...
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Comentarios del Capitulo:
Supongo que podría no haber TG, para el Lobo del Crepúsculo, ¿y ahora, como va a lidiar la Diosa con esto?¿podrá seguir sin su compañero, o su fidelidad le obligara a renunciar al campo de batalla?
algo muy oscuro ha comenzado a entrelazarse entre el crepúsculo y el reino de la luz, ¿Supondrá esto un cambio para ambos mundos?
