Grilletes y Látigos
Оковы и плети
De StilleWasser
…Levantó la daga hacia el pecho inconsciente de Pansy y Hermione escuchó a Pollux susurrar:
—Avada...
—¡No! —gritó Draco, dándose cuenta de que ya no podía hacer nada.
—... Kedavra. —terminó Warwick con calma, y arrojó la daga al pecho de Pansy.
Hermione la vio morir entre lágrimas, cuando de repente, Draco saltó frente al rayo esmeralda, cubriéndola al mismo tiempo.
Y el tiempo se detuvo en su totalidad, junto con el congelado horror de su corazón.
—¡NO! —gritó Hermione, levantando el Silencio, cuando de repente, fue empujada hacia un lado y cayó al suelo, aplastada por la mesa con runas que se partió en dos. Sus manos y piernas quedaron libres. Ella arrojó los escombros y se sentó.
En la entrada, un calmado y muy concentrado Christophe blandía su varita y a su izquierda, un desaliñado Harry estaba apuntando a Pollux.
Hermione se tragó las lágrimas y susurró:
—¿Draco…?
Cuando lo vio vivo e ileso, irrumpiendo en la habitación, había experimentado un gran alivio y felicidad que lo abarcó todo.
Durante todo este tiempo, se prohibió pensar en su errante destino en aras de no ahogarse en la desesperación ante la idea de que podría estar muerto. Ahora, el abismo se abría ante ella y la acunó en su frío abrazo. Similar a la oscuridad desolado de la noche eterna en un desierto sin fin, donde no existía la vida.
Su pecho estaba en llamas y sus pulmones contraídos, y Hermione se dio cuenta tardíamente que no estaba respirando, porque hacerlo sería algo inútil. ¿Qué sentido tenía respirar ahora?
De repente, hubo un crujido al otro lado de la cama y apareció una cabeza rubia que brilló como plata. Hermione se congeló por la incredulidad y sin aliento, gateó hacia él.
– ¡Hermione! —exclamó Draco, poniéndose de pie y tambaleándose ligeramente. Su rostro estaba cubierto de sangre que fluía de una ceja cortada, y esto lo hacía parecer un muerto viviente. Pero no estaba muerto.
¡Definitivamente no está muerto!
Manchas oscuras parpadearon ante sus ojos, y la habitación dio vueltas, y luego Hermione respiró hondo, y las lágrimas comenzaron a fluir de nuevo.
—¡Hermione, estás viva! —Parecía que Draco tampoco podía darles crédito a sus ojos, pero volviéndose hacia Christophe, lo entendió todo y exhaló un «Gracias».
Christophe sólo asintió brevemente, y entonces Hermione se dio cuenta de que él los había salvado al desviar la mortal maldición.
Quería correr hacia Draco, pero tuvo un terrible pensamiento que causó que el horror la inundara otra vez.
—¡Pansy!
La comprensión brilló en el rostro de Malfoy y ambos corrieron hacia donde la chica yacía en el suelo. Al encontrar la daga que Pollux le había arrojado cerca, Hermione respiró aliviada: Warwick falló.
—¡Pansy! —Draco le dio una mirada rápida, sus ojos se agrandaron ante las muchas heridas en su cuerpo—. Mi niña...
Fue interrumpido por un desgarrador grito femenino, lleno de ira y odio. La habitación se estremeció y un torbellino de aire se formó, como un huracán en miniatura, donde se podían vislumbrar las facciones de Olivia.
—¡No! —vociferó y en su voz pudieron escuchar el dolor de la esperanza rota y el odio infinito—. ¡Pagarán por eso! ¡Todos!
Una fuerte ráfaga de viento los hizo retroceder. Hermione presionó su espalda contra la pared y escuchó a Pansy gemir mientras se recuperaba. El caldero se había volcado y el vil brebaje de Pollux se extinguió. La cruz de Brody cayó al suelo con un sonido metálico, pero intacta.
—¡Lancen escudos! —ordenó Christophe mirando a la furiosa Olivia—. ¡La rabia la hace como un Poltergeist! ¡Stefan, ten cuidado!
Stefan, quien estaba en la puerta con King detrás, protegieron la cabaña. Draco alcanzó a Hermione y la cubrió mientras Harry hacía lo mismo con Pansy.
El inconsciente Pollux, hecho marioneta, de repente levantó la cabeza y le lanzó una maldición a Christophe y atacó a los demás.
Se movió rápidamente, mucho más de lo humano posible y una gran cantidad de rayos multicolores y destellos volaron en distintas direcciones por todo el lugar.
Stefan dio un paso adelante y desató su Cascada Mortal sobre Warwick mientras King le cubría la espalda, repeliendo ataques mientras una columna huracanada bajaba y rodeaba a Pollux en un círculo. Los torbellinos parecieron espesarse, girando más y más rápido, desviando y absorbiendo los hechizos contra Warwick y luego, el círculo comenzó a expandirse.
—¡Retrocede, Stefan! —exclamó Christophe, derribando parte del techo sobre Warwick, pero el huracán lo convirtió en pedazos de madera y piedra que rebotaron hacia ellos.
—¡Harry! —gritó Hermione, tratando de superar los furiosos aullidos del viento y el duelo—. ¡Harry! ¡Destruye el medallón! ¡Es su Horrocrux!
Potter, quien cubría a Pansy con su cuerpo, se estremeció, pero reacción al instante cuando escuchó aquella fatal palabra. Sus ojos siguieron la dirección que señalaba Hermione. Corrió hacia adelante y tomó la cruz.
Tan pronto como el medallón estuvo en sus manos, Pollux se concentró en él y el círculo se curvó en un óvalo, tratando de alcanzarlo.
—¡Cubran a Potter! —ordenó Christophe, arrojando la cama contra Warwick, pero el huracán la destrozó.
—¡Fuera de mi camino! —chilló Olivia en el viento y un tentáculo se separó del anillo que rodeaba a Warwick, lanzándose hacia King, tomándolo y empujando los restos del techo y el suelo hasta dejarlo inconsciente. Después se retorció hasta Christophe, pero él estaba protegiendo a Potter y Pansy, luchando contra el fantasma hasta que el tentáculo se retrajo.
—¡Stefan, mira lo que le pasó a King! —preguntó Monsieur Velard, y el otro asintió. Cerrándose con un escudo, levantó al Auror caído con un hechizo y desapareció con él en la oscura puerta.
Harry, por su parte, estaba probando todo el arsenal de maldiciones y hechizos sobre la cruz del obispo, junto con otros de Hermione y Draco, quienes se le habían unido. Pero el medallón no sucumbió ante ninguno de ellos como lo hicieron los Horrocruxes de Voldemort.
—¡Christophe! —exclamó Hermione desesperada—. ¡Ayuda a Harry!
—¡Para! ¡¿A dónde vas?! —exclamó Malfoy, tratando de detenerla, pero ella saltó delante de Christophe hacia el círculo huracanado.
—¡Olivia Jameson! —vociferó Hermione y los hechizos de Warwick se detuvieron, el viento se calmó, escuchando con interés—. ¡Te daré mi cuerpo a cambio de la vida de mis amigos!
—¡¿Qué?! ¡No! —exclamó Draco, corriendo, pero Christophe lo detuvo, derribándolo junto a Pansy. Su varita salió disparada, pero Malfoy la ignoró y se puso de pie de un salto.
—¡Mientes! —siseó Olivia con el rostro contorsionado—. ¡Puedo verlo, Hermione!
El huracán ganó fuerza y avanzó, tragándose todo a su paso. Pero de repente, la figura de Hermione fue envuelta en un brillo mortal y cuatro chicas fantasmales se arremolinaron sobre ella. Convirtiéndose en destellos de luz verde, se hundieron en el tornado y rodearon a Pollux, quien parecía sufrir. El aire se hizo más lento, como si Olivia necesitara recuperarse. Warwick se había congelado y Hermione se dio cuenta que necesitaban aprovechar la ventaja.
Un fuerte brazo le rodeó la cintura, encerrándola en los brazos de Draco.
—¡Retírense! —ordenó Christophe y delineó una intrincada figura con su varita, susurrando algún maleficio.
Todo retumbó a su alrededor; olía a fuego y una neblina caliente se cernió sobre la parte intacta del techo. Hubo un rugido de llamas y un chorro de fuego brotó de su varita, tomando la forma de una mantícora. La criatura ardiente se alejó como si estuviese viva, luego duplicó su tamaño y se lanzó hacia adelante, devorando todo lo que estaba a su paso, pero Velard lo direccionó.
—¡Fuego Maldito! —exclamó Hermione, recordando la Sala de los Menesteres y al furioso e incontrolable fuego de Crabbe.
—¡Mira! —susurró Draco a su oído, todavía abrazándola y ella se congeló; la feroz mantícora se abalanzó sobre Christophe, pero la derribó con un hábil movimiento de varita.
—El Horrocrux, Potter —la voz de Velard era tensa, concentrado en el Fuego Maldito. Espoleó a la bestia de fuego y la lanzó hacia Harry.
—¡NO! —vociferó Olivia y un torbellino golpeó a Christophe por la espalda en el momento que Harry arrojaba el relicario en la boca de la mantícora.
La bestia brilló, devorando al Horrocrux, y se abalanzó contra Christophe, quien, exhausto por el esfuerzo, pero todavía de pie, apenas se inmutó cuando la mantícora saltó hacia él. Con otro movimiento intricado, susurró algo y la bestia desapareció antes de ser consumido por las llamas.
El huracán amainó en el momento que se destruyó el Horrocrux y la habitación quedó en silencio.
—¿Es el fin? —preguntó Hermione incrédulamente y Draco la atrajo contra su pecho.
—¡No te muevas! —exclamó Stefan desde la entrada. Levantó su varita y apuntó a Warwick en movimiento. De pie junto a él, King estaba pálido y tenía una gran cortadura a mitad de la cara.
—Pollux Warwick —dijo el Auror con voz resonante—. Estás acusado de agresión, acoso, secuestro y violación…
Pollux, quien se apoyaba pesadamente contra el alféizar de la ventana, levantó la vista hacia la choza en ruinas y a quienes lo rodeaban y la comprensión y el miedo se reflejaron en su rostro. Se puso de pie de un salto y aturdió a King, corriendo lejos de Stefan.
Harry quien había dado dos pasos para ayudar a detenerlo, ignoró lo que pasaba a sus espaldas.
Pansy recogió la varita de Draco del suelo.
Sabía que los Aurores retrasarían la sentencia de Pollux en un juicio largo y lento en Azkaban y muy probablemente, seguiría vivo. Vivo después de todo lo que le hizo.
Sin dudarlo ni un momento, apuntó con la varita al hombre que la violó, ultrajó y golpeó durante dos semanas y con todas sus últimas fuerzas, pronunció:
—Avada Kedavra.
El rayo golpeó a Warwick, quien nunca habría esperado un ataque de la chica que había roto y éste se desmoronó.
—Uno más —susurró Pansy en el repentino silencio que siguió. Estaba temblando incontrolablemente, pero la mano con la varita de Draco nunca vaciló.
Debilitándose, se derrumbó sin fuerzas contra el suelo.
Harry, desconcertado, se acercó y soltó la varita de la mano de Pansy.
—Señorita Parkinson —dijo King—. Acabas de evitar que un Auror detuviese a un criminal y cometiste un…
—Francis —lo interrumpió Christophe con calma, interponiéndose en su camino—. Sinceramente creo que las acciones de la Señorita Parkinson se pueden clasificar como defensa persona. Eres un hombre razonable, mira a la chica.
—King —la indignada voz de Harry era una advertencia.
Su elevado sentido de la justicia no le permitió alejarse de Pansy y protegiéndola con su cuerpo, no permitiría que nadie se la llevara.
—Conoces el protocolo tan bien como yo, Potter —respondió King—. La señorita Parkinson estará esperando una evaluación psiquiátrica…
Algo ligero rozó el rostro de Hermione y de repente, la piel se le erizó y la ansiedad se agitó dentro de su corazón; algo estaba mal. Con cuidado, se soltó del abrazo de Draco y caminó por la habitación, tratando de descubrir qué la confundía.
—Hermione…
Fue un susurro apenas perceptible.
—Hermione…
Miró a su alrededor, pero no había nada. Christophe y Harry estaban ocupados hablando con King y Monsieur Velard interrumpía el apasionado discurso de Harry quien estaba a punto de explotar.
—¿Escuchaste algo? —le preguntó a Draco, quien después de todo lo sucedido, no quería alejarse de su chica, pero estaba escuchando con furia a King, el cual estaba tratando de condenar de asesinato a su amiga.
—Hermione…
De pronto, la translúcida silueta de Olivia surgió del cuerpo de Pollux. El fantasma debilitado con cada segundo, se estaba derritiendo sin dejar rastro, pero avanzó rápidamente, susurrando:
—Me quitaste la oportunidad de vivir, maldita mocosa; yo te quitaré la oportunidad de ser feliz…
Su voz se volvió más tranquila con cada palabra, pero se acercó y Hermione retrocedió con un grito. Todos en la habitación inmediatamente se dieron la vuelta, Stefan levantó su varita y Draco frunció el ceño confundido.
—¡Maníaca! —Hermione se alejó de la pared del fantasma que volaba directamente hacia ella—. ¡Todavía está aquí!
Al levantar la vista, vio los rostros desconcertados y tensos de sus amigos y se dio cuenta de que no podían ver nada: la silueta de Olivia casi se había desvanecido, y su movimiento solo fue traicionado por sutiles fluctuaciones en el aire.
—Adiós, Hermione. —llegó un susurro apenas audible desde cerca, y vio una pequeña mancha de luz cerca de su rostro, como un pequeño mosquito—. Obliviate.
La mota salió disparada hacia Draco y perforó justo en el centro de su frente, disolviéndose en ella. Malfoy hizo una mueca, luego sacudió la cabeza y sus ojos se desenfocaron.
—¡No! ¡No! —gritó Hermione corriendo hacia él—. ¡Por favor, no!
De nueva cuenta, los gritos de los aldeanos quemándose vivos sonaron como una alarma y ante sus ojos destellaron las imágenes de las chicas torturadas y quebradas cuyas vidas fueron arrebatadas. No era de extrañar que consideraran a la bruja como su asesino y no al dueño de la tienda, que había enloquecido. Muy probable fue por eso que ayudaron a derrotarla interviniendo en el momento exacto. ¿En qué clase de monstruo había convertido Brody a la una vez amable y empática Olivia si fue capaz de tales atrocidades?
Y ahora, Olivia había decidido alejar a Draco de ella para lastimarla tanto como fuese posible; Obliviándolo así como ella había tratado de curar a sus padres.
¡No podía perderlo! ¡No así!
—¡Draco! —Hermione chocó con él, colgándose de su cuello y ahogándose en sus propios sollozos—. ¡Draco!
Si él no la reconocía, la bruja habría logrado su objetivo de arrebatarle la oportunidad de ser feliz. Pero Draco sólo la abrazó con fuerza.
—¿Qué pasó cariño? ¿Dónde está la bruja?
—¡Ella te lanzó un Obliviate y se esfumó! —Hermione tomó a Malfoy por las solapas de su ya destruida chaqueta y observó su perplejo rostro en busca de la más mínima señal.
—Hermione…—Una pesada mano se posó contra su hombro y la voz de Christophe la tranquilizó—. El Horrocrux fue destruido; ella está muerta.
—¡No!¡Yo la vi! ¡Era una silueta, pero lanzó un Obliviate contra Draco! ¿No lo vieron? ¿Sólo fui yo? ¡No estoy loca! —Amargas lágrimas se derramaron y se aferró con mayor fuerza a Draco, porque si lo dejaba ir, la olvidaría.
—No estás loca, claro que no. —Monsieur Velard sonrió y le acarició la cabeza—. Cualquiera que fuese el hechizo, no funcionó. ¿Verdad, Draco?
Christophe le lanzó una mirada a Malfoy, quien asintió con la cabeza y se alejó.
Draco soltó los dedos de Hermione.
—Te juro que recuerdo cada minuto que he pasado contigo —susurró a su oído—. Si esa bruja pudo permanecer aquí un poco más hasta que el Fuego Maldito consumó el Horrocrux; lo más probable es que fue una sombra inofensiva. Además, nunca he escuchado sobre fantasmas que puedan hacer magia. Sólo quiso asustarte, una pequeña venganza por su fallida resurrección.
Pasó el dedo por la mejilla de Hermione, limpiando sus lágrimas y la separó con suavidad para, protegiéndola con su espalda, besarla con ternura. Ella exhaló contra sus labios y se disolvió en sensaciones, sintiendo sus temblores apaciguarse bajo sus manos.
Si la maldición hubiese funcionado, lo peor ya habría ocurrido. Draco tenía razón: Olivia sólo quería aterrorizarla, destruirla. Carcomiéndola desde su interior, privándola del descanso y la felicidad. Había que olvidarlo y la bruja fracasaría.
Draco se apartó de sus labios y la observó con cuidado.
—Así está mejor —dijo con satisfacción—. Mi valiente chica.
—Llamaré a los médicos y a los Aurores —escuchó la voz de King y Hermione miró por encima del hombro de Draco para ver al Patronus de Francis: una enorme águila dorada de dos metros de altura—. Draco, ¿tú y la señorita Granger necesitan atención médica?
—Yo curaré su corte en el muslo —respondió Malfoy y King asintió, volviéndose hacia Stefan.
—Quiero hablar con Pansy antes de que sea llevada a San Mungo —dijo Hermione y Draco asintió, deseoso de saber cómo se sentía su amiga después de todo.
—¡Hermione! —Harry le devolvió la varita a Malfoy y la abrazó con fuerza, sosteniéndola contra su pecho hasta casi asfixiarla—. ¡Perdón por no llegar antes! —La miró con preocupación y ella negó con la cabeza.
—Llegaste justo a tiempo —sonrió Hermione, tomando su mano y apretándola con cariño—. Estoy bien, de verdad. No tuvo tiempo de hacerme nada, a diferencia de…
Se giraron hacia Pansy, donde Draco estaba acuclillado a su lado.
—Hola, pequeña flor —dijo con cariño y ella abrió los ojos al escuchar su voz.
—Hola, cocodrilo —susurró ella y las lágrimas rodaron por sus mejillas. Pansy Parkinson nunca lloraba frente a extraños, así que Draco se sentó a su lado y la atrajo hacia sí, escondiéndola del mundo.
—Todo estará bien —susurró él, acariciando su espalda—. Bien hecho.
—Vamos, Harry —murmuró Hermione, dándole espacio a Malfoy con su amiga de toda la vida.
—Granger —sollozó Pansy de repente, se secó las lágrimas y sólo entonces se dio la vuelta—. Gracias… Yo sólo… Yo no fui la única que elaboró la mejor Amortentia en ese entonces.
—Lo sé —sonrió Hermione. Pansy había escuchado todo lo que le dijo en el sótano en su intento de animarla antes de las fantasmas—. Fuiste la mejor entre los Slytherin. En cambio, entre los Gryffindor…
—Potter —asintió Parkinson y Harry se sonrojó levemente, sonriendo ante la diatriba de las chicas.
—Los Sanadores están llegando —dijo de repente y se dirigió a King, despidiéndose de Hermione—. Hasta luego.
Draco estuvo susurrando a Pansy durante un largo rato, hasta que ella lo miró seriamente y asintió. Luego, mientras Hermione observaba, se relajó un poco y le entregó a los Sanadores a Parkinson.
—King vendrá más tarde para tomar tu declaración —dijo Christophe mientras se acercaba con Stefan, quien le entregó en silencio su varita a Hermione—. Vámonos, esta noche la pasarán en el club.
—¿No volveremos a la escuela? —preguntó Hermione, mirando a Draco quien intercambió miradas con Monsieur Velard y negó con la cabeza.
—El club es seguro. Y en la escuela los profesores y alumnos nos atormentarán con preguntas por todos lados. Tu desaparición causó mucho ruido. Y para ser honesto, arrojé mucha leña al fuego cuando encontré tu mensaje. Gracias al cielo pudiste mandármelo y lo encontré… Yo… necesito disculparme con McGonagall —dijo Malfoy y a juzgar por su expresión, estaba arrepentido de lo que le dijo a la Directora.
Hermione suspiró.
—Tenemos que avisarle, estoy segura de que ella no estará en paz.
—No te preocupes por eso.
Draco tomó su mano y siguieron a Christophe y Stefan a la calle. Ya era de noche y las estrellas brillaban con intensidad sobre sus cabezas. Hermione se dio cuenta que estaba exhausta cuando todo el cansancio del día cayó sobre sus hombros. No recordaba cómo se Aparecieron ni cómo llegaron a la mansión de Christophe.
En el segundo piso Draco la levantó cuando tropezó y luego la oscuridad la invadió.
Al abrir los ojos, Hermione vio un techo blanco y liso sobre su cabeza. Como en un lienzo, flotaron ante sus ojos los hechos de ayer: el secuestro, el sótano lleno de fantasmas, Pollux y sus asquerosas manos… ¡Olivia! Quien antes de su muerte intentó Obliviar a su amado.
—¡Draco! —gritó Hermione y se sentó abruptamente, intentó ponerse de pie, pero una ligera manta se le enredó y se tropezó con varias almohadas.
—¡Señorita Granger! —El hermoso barítono de algún lugar de su derecha la tomó por sorpresa y la hizo deslizarse por el borde la cama, entre sábanas de satén negro, hasta que terminó en el piso—. ¿Cómo estás, Hermione?
Había preocupación en el tono de Christophe cuando se acercó para ayudarla a levantarse.
—¿¡Dónde está Draco!? —exclamó ella, con el corazón latiendo desbocado contra el presentimiento de algo malo. Pero Monsieur Velard sonrió con simpatía y le entregó una bata de seda del respaldo del sillón. Hermione se la colocó automáticamente mientras se daba cuenta que sólo estaba vistiendo una camisa y pantalones cortos de hombre ante el dueño de la casa. Pero nada importaba cuando ya habían hablado dos veces cuando ella no usaba ropa interior.
—¿¡Dónde está Draco!? —repitió con mayor exigencia mientras se ataba la bata y su voz se volvía chillona—. Christophe, ¿dónde está?
—En Hogwarts —contestó él con suavidad—, está hablando con la Directora. No quería apartarse de tu lado, pero la Señora McGonagall envió cuatro vociferadores al Ministerio mientras que, con dos profesores, peinó Hogsmeade con la esperanza de encontrarte allí como la última vez. Le ordenaron a King que le diera un informe completo de inmediato, él acababa de llegar aquí cuando lo interceptó una lechuza de sus jefes; convencí a Draco de que lo acompañara.
» Estoy seguro de que sus palabras la calmarán mucho más que el seco informe de un Auror. Después de todo, si la Señora McGonagall no quedaba satisfecha, iría personalmente al Ministerio hecha una furia divina y podría hacer estremecer a toda la Gran Bretaña Mágica.
—Sí, ella podría hacer eso. Así que Draco… —Hermione se mordió el labio sin saber cómo continuar. Ahora que por fin se había despertado, el temor del Obliviate parecía ridículo y vergonzoso de admitir ante alguien tan tranquilo y confiado como Christophe.
—Draco está bien; aquella maldición no funcionó —dijo él y las lágrimas brotaron ante su mirada cómplice. Sollozando, Hermione sintió una cálida y pesada mano sobre su hombro y el llanto la abrumó. Se recuperó por un momento y luego estaba llorando contra el pecho de Christophe mientras él le frotaba la espalda, ignorando la mancha húmeda contra su camisa blanca.
—Lo siento —murmuró ella secándose las lágrimas e intentando calmarse, aunque la inexplicable ansiedad y el sentimiento devastado en su alma permaneció.
—No hay por qué —sonrió Christophe desapareciendo las lágrimas—. Recuéstate, Hermione; necesitas recobrar fuerzas.
—¿Me dejarás? —preguntó mientras subía obedientemente a la cama y sentándose entre las almohadas. Su pregunta sonó quejumbrosa e infantil, pero no le importó mientras no estuviera a solas hasta que Malfoy regresara.
—Le prometí a Draco que personalmente te cuidaría, así que no iré a ningún lado —contestó él, sentándose en la silla junto a la cama y Hermione se dio cuenta que estaban en la misma habitación donde ella había despertado después de haber atacado a Castor Warwick en el Salón Blanco del club cuando lo confundió con James.
Eran los aposentos privados del dueño de la casa, donde solía tener raras sesiones con sus sumisos, pero ahora sólo era un dormitorio.
—Pediré que preparen el desayuno. ¿Quieres algo especial? Mis elfos domésticos pueden hacer casi cualquier cosa, excepto platos con ingredientes prohibidos —propuso Christophe mientras ella observaba a su alrededor con curiosidad.
—Gracias, sólo quisiera té y un par de tostadas con mermelada —pidió ella.
Christophe negó con la cabeza, pero llamó a Shelley, un elfo doméstico que ella no conocía, para pedirle avena, tocino, huevos, fruta y té.
Su varita yacía sobre la mesita de noche y Hermione la tomó con felicidad mientras el calor corría por sus frías manos mientras la magia fluía a través de su cuerpo. Echaba mucho de menos la sensación tan familiar, una que había olvidado hasta que tuvo que lanzar magia no verbal. Sonriendo, apuntó a un ramo de rosas sin abrir y las hizo florecer.
—Qué hermosas —exclamó ella mirando las flores color rosa anaranjado con un centro amarillo—. Nunca había visto esta especie.
—Esta variedad de rosas se llaman Christopher Marlowe*, siempre están en mi habitación como un recordatorio de que debes apreciar cada momento de vida que pasas con tus seres amados. —La amable sonrisa de Monsieur Velard era triste y Hermione sintió que estaba a punto de llorar de nuevo.
Desvió la mirada y examinó las maravillosas flores hasta que sus ojos se posaron en una foto dentro de un elegante marco de terciopelo, escondida detrás del enorme jarrón. No era una foto mágica, porque la figura no se movió y tras una inspección más cercana, Hermione se dio cuenta que tampoco era una foto muggle; era un dibujo a lápiz de una chica ingeniosamente representada que le pareció vagamente familiar.
Un recuerdo pasó ante sus ojos: la mañana antes del desafortunado encuentro con James/Pollux, cuando en la oficina de la Directora, había visto una foto dentro de un simple marco de madera, con una niña en su uniforme escolar de Gryffindor sonriéndole. Su largo y castaño cabello caía en grandes rizos, su nariz era tercamente respingona y sus marrones ojos se veían grandes y alegres.
—Proserpina McGonagall —murmuró aturdida y por el rabillo del ojo vio cómo el imperturbable dueño de la casa se estremeció—. ¿Por qué tienes su retrato?
Christophe se puso de pie y caminó por la habitación, deteniéndose en la ventana de espaldas a la cama. Estuvo mucho tiempo en silencio y Hermione casi se disculpó por su indiscreción, pero Monsieur Velard comenzó a hablar.
—Te pareces mucho a ella, Señorita Granger. Con razón Minerva es tan protectora contigo; perdió a su hija demasiado joven… por mi culpa. —Christophe se acercó y recogió el dibujo, sus dorados ojos se llenaron de angustia y dolor—. Yo era un huérfano, un niño olvidado que no conocía el amor, abandonado a su merced en una gran ciudad. El hombre que me crio y me enseñó su oficio era frío y estricto, como las calles de París donde teníamos que sobrevivir. Y para sobrevivir entre la indiferencia y crueldad, debes volverte más duro y despiadado, más astuto e ingenioso que tus oponentes.
Al ver la sorpresa en el rostro de Hermione, él se rio con amargura.
—Sí, Señorita Granger, no siempre fui como me conoces. La bondad, misericordia y tolerancia eran una debilidad allí y los débiles fueron asesinados… —Él hizo una pausa, inmerso en sus recuerdos y luego una brillante sonrisa iluminó su rostro—. Conocí a Proserpina en el Bois de Vicennes cuando tenía diecinueve años; ella estaba sentada entre un claro de rosas de un color extraordinario que salió de la nada y parecía la mismísima diosa Flora que descendió a la tierra y la hizo florecer. Su sonrisa hizo temblar a mi duro corazón. Nadie en mi vida me miró con tanta calidez y amor como ella y yo, como un chico salvaje y amargado que veía enemigos en todas partes, me enamoré de ella.
Christophe volvió a guardar silencio durante un rato, sus ojos brillaban con calidez y amor.
—Ella venía a mí desde Hogwarts todas las noches y pasábamos todo el tiempo en aquél claro donde nos conocimos por primera vez. Estudió para sus exámenes y me contó sobre sus planes para el futuro; ella quería cambiar al mundo, hacerlo mejor, más tolerante con los despreciados y los oprimidos, aquellos que eran distintos a los demás: centauros, hombres lobos, gigantes… —Él sonrió, mirando a Hermione y ella le devolvió una avergonzada sonrisa.
—Lo siento mucho, Christophe. Dijiste que Proserpina se escapaba de Hogwarts todas las noches, a Francia. Eso es imposible…
—¿Estás segura de que sabes todos los secretos de tu escuela, Hermione? —Él entrecerró sus ojos con picardía, recordándole vagamente a Dumbledore—. Si atraviesas el bosque prohibido, siempre hacia el noreste, hay un pequeño lago en forma de reloj de arena. Justo en el medio del lago, en el puente del «reloj», hay un borde del encantamiento Anti-Aparición de los terrenos. Apenas había aprobado su examen cuando Proserpina se aventuró a explorar el extenso mundo fuera de Hogwarts. Y así un día terminó en Francia, en el Bois de Vicennes, sobre el que había leído mucho.
» Ella quería encontrar plantas extrañas, pero la decepción la esperaba. Los fabricantes parisinos de pócimas habían devastado todos los claros. Así que cultivó sus rosas favoritas: las Christohper Marlowe.
—El Bosque Prohibido está lleno de criaturas peligrosas. —negó ella con la cabeza, maravillándose, una vez más, con los interminables misterios que Hogwarts tenía por revelar—. Acromántulas, centauros, unicornios, hipogrifos. El paso a los estudiantes está prohibido por lo mismo. ¿Cómo logró Proserpina visitarlo todos los días y regresar ilesa?
—Prosy estaba protegida por los centauros. No sé cómo se las arregló para ganar su simpatía, nunca me lo dijo. Supongo que alguna vez curó a alguno y desde entonces la acompañaban invariablemente a través del bosque hasta el lago y de regreso. Su gratitud fue tan grande que nunca me lastimaron, a mí, un extraño, cuando fui a despedirme de ella por última vez. Al parecer, ella les habló de mí. Sólo vi sus vagas sombras detrás de los árboles mientras me dirigía al castillo y no encontré a nadie de regreso.
—¡Centauros! —murmuró aturdida, recordando a las orgullosas e intransigentes criaturas que había visto en su quinto año cuando llevaron a Umbridge. Ganar su favor no era fácil sino imposible.
Proserpina fue una chica extraordinaria.
—Sí y en eso también se parecía mucho a ti —sonrió Christophe leyendo sus pensamientos.
Hermione negó con la cabeza en respuesta. Después del incidente con Umbridge, nunca se habría atrevido a ir sola con los centauros sin una buena razón.
Incluso con la información que necesitaba para su proyecto, ella prefirió hablar con Firenze, quien enseñaba adivinación en Hogwarts.
—¿Qué pasó? —logró preguntar, todavía impresionada.
Él asintió con brevedad, demostrando que entendía la pregunta y su mirada se desvaneció mientras hablaba.
—Como dije, la muerte de Prosy fue mi culpa. Mi maestro: Laurent, era una mala persona. Y aunque me enseñó todo lo que me ayudó a sobrevivir, me cobró su pago en su totalidad y no me sentí para nada mal cuando lo reté a un duelo. Si ganaba, obtendría mi liberta total, así que mientras Prosy se preparaba para sus exámenes, practiqué hechizos ofensivos.
» Soñé con dejar Francia, el país que tanto me había arrebatado, e ir a Inglaterra, comprar una enorme casa y pedir la mano de la chica de mis sueños a su madre. Tenía ahorros y el trabajo siempre fue fácil para alguien como yo. Fue un fatal error elegir ese mismo claro como el lugar del duelo…
» Proserpina tomó sus exámenes y no debería presentarse ahí, pero por coincidencia, fue libre antes de lo planeado. Era inusualmente talentosa, la mejor estudiante de su generación. —El orgullo apareció en la voz de Christophe pero la tristeza lo reemplazó de nuevo—. La maldición de Laurent que golpeó a Prosy estaba destinada a mí.
» No sólo existe el Avada, sino un antiguo hechizo olvidado que detiene todos los procesos vitales del cuerpo humano. Estaba listo para tomarlo, aceptar a la muerte sólo para que esta alegre jovencita con el alma más amable del mundo pudiera vivir e hiciera de este lugar un mundo mejor, justo como ella soñó. Pero no tuve tiempo…
Su voz se quebró y su rostro se volvió una máscara impenetrable, pero había tanto dolor en sus ojos que derrumbó a Hermione.
Ella trató de morderse el labio y contener las lágrimas, pero él comenzó a hablar de nuevo.
—Lauren huyó en cuanto vio que su hechizo no me golpeó. Sabía a dónde iba y no hubo tiempo para dudas, así que llevé a Prosy al Bosque Prohibido y transformé unas rocas grandes en la orilla del lago en una cómoda cama protegida por todos lados. No podía dejar que los depredadores profanaran su cuerpo, porque iba a regresar y la llevaría al castillo después de ocuparme de mi maestro.
» Sin embargo, cuando llegué al lago de nuevo, Prosy había desaparecido y en la orilla encontré marcas de cascos; me di cuenta que los centauros se habían ocupado de ella.
Hermione asintió, recordando lo que había dicho McGonagall sobre el cuerpo de su hija siendo sacado del bosque por los centauros.
—Sólo pude ver a Minerva dos días después. En secreto había soñado con el destello de un Avada o un Crucio, pero ella sólo me escuchó y lloró. Y fue tan amable que me permitió ver a Prosy una última vez para poder despedirme. Minerva dijo que no fue mi culpa, pero no es verdad.
» Reproduje la escena de su muerte una y otra, y otra vez en mi cabeza y traté de pensar en mil maneras de salvarla. Día a día reviví esos fatídicos minutos en el claro. En ese entonces no conocía un encantamiento para alejar a alguien, justo como lo hice ayer para salvarte a ti y a Draco de Pollux; encontré ese hechizo años más tarde en unos libros antiguos y desde entonces… El dolor no se ha marchado, pero retrocedió, permitiéndome seguir viviendo. Casi como si supiera que este hechizo sería útil en el futuro.
Hermione sollozó y Monsieur Velard, dando un paso hacia ella, le puso la mano en el hombro y ella se la cubrió.
—No llores, Señorita Granger, por favor —pidió Christophe, secándole las lágrimas con una sonrisa amable—. Daría todo por cambiar el pasado, pero esto es imposible, por lo que es necesario vivir el presente y cuidar a quienes están cerca. No he vuelto a ver a la Señora McGonagall en todos estos años, pero sé que ella siente lo mismo.
—Sí —coincidió Hermione calmándose—. Eso mismo me dijo cuando hablamos de su hija… Sólo que… ella dijo que nunca se estableció la causa de su muerta, ¿no le dijo?
—Tenía que mantener en secreto el maleficio que Laurent usó contra mí. Desafortunadamente, hay cosas que no podría revelarle a una afligida madre y hay una buena razón para eso… Supongo que Minerva no se dio por vencida e intentó averiguar qué clase de maldición era, pero fracasó. Pero créeme, Hermione, es mejor para todos. Es un conocimiento peligroso que no traerá a Prosy de vuelta.
Un resonante ¡plop! estalló en la silenciosa habitación y ambos se giraron con brusquedad.
—Monsieur Velard, Shelley preparó el desayuno para la señorita Granger, así como lo solicitó. —El elfo doméstico había aparecido en la habitación y miró con duda al dueño de la casa, dándose cuenta de que interrumpía, pero Christophe sólo asintió.
—Gracias, Shelley. La señorita Granger tiene apetito justo ahora.
El elfo doméstico sonrió y chasqueó sus delgados dedos. Platos de comida y una enorme tetera aparecieron en la mesita de café de la esquina. Los deliciosos aromas de los pasteles y el té recién hecho inundaron la habitación y Hermione, a pesar de todo lo demás, sintió un hambre voraz.
—Gracias Shelley —dijo ella y el elfo desapareció con una sonrisa—. Pero aquí hay demasiada comida, Christophe, ¿me acompañas?
—Me encantaría tomar el té contigo, señorita Granger —dijo Monsieur Velard, ayudándola a sentarse en la mesa—. Cuéntame cómo va tu proyecto para el Ministerio, ya es suficiente de cosas oscuras. Quiero verte sonreír y si Draco regresa y te ve triste, se pondrá furioso.
—No le diremos nada —asintió Hermione y el hombre asintió, agradecido de saber que había una promesa tácita de mantener su trágica historia de amor entre ellos.
Y así, en una semana, estamos a DOS capítulos del final después de tanto tiempo de espera.
Les agradezco infinitamente seguir aquí, leyendo y escribiendo sus pensamientos, son un gran tesoro para mí y para su autora (ya saben, al final, le envío un recopilado a cada autora que tengo el honor de traducir).
¿Cómo nos caería la próxima semana una última sesión entre Dom Draco y sub Hermione? ;)
Besos,
Paola
