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Capítulo 56: Sinfonía de lluvia

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— ¿Seguros que van solos?— preguntaron sus amigos.

Link asintió mientras tomaba la mano de Zelda y jugaba con ella meciéndola de atrás hacia adelante.

De la nada los lizalfos habían desaparecido, bueno más o menos, Cronos se había espantado y sin pensarlo había cogido a sus inconscientes hermanos por las colas y se los había llevado a rastras.

Cocu y Grusi estaban preocupados de que los reptiles bravucones regresaran, pero Link les había asegurado que no quedaba peligro alguno, que volverían por caminos públicos y que tendrían a la mano el número de la policía Goron.

Había sido un día tan loco que Zelda apenas si podía procesarlo.

Y ahí estaban, caminando agarraditos de la mano casi a una hora de que cayera el crepúsculo.

Un teléfono sonaba. Su solitaria melodía hacía eco en las calles. Link lo cogió y contestó.

— ¿Estás seguro de lo que hiciste? — preguntó aquella voz desde el otro lado.

Suspiró en silencio, sus claros ojos azules se perdieron entre las hileras de luces que marcaban las calles de Hyrule City.

—No hay vuelta atrás Link, a menos que decidas abandonarla.

—No hay vuelta atrás— repitió, la voz de Cuervo sonó nostálgica tras el parlante. Link no sabía cómo se había enterado, aunque si se hacía una vaga idea.

Zelda se colgó de su brazo y recargó su cabeza contra su hombro. El colgante de DC brillaba de manera cálida en su pecho, y sus ojitos traviesos reflejaban una alegría que pocas veces conseguía verse en aquella ciudad llena de caos.

—Lo vi venir y pensé... está bien. —replicó a su mentor.

Cuervo colgó la llamada. Link había visto venir el suceso y había dejado que una parte de aquel resplandor dorado escapara de su lugar de reposo.

— ¿Qué ?— Zelda canturreó muy cerca de su rostro. Él la besó sin prisa estrujándola contra su pecho.

—Nada.

Y simplemente lo olvido. Confiaba mucho en él como para que fuera de otro modo.

Llegaron a casa, Tomaron un baño, cenaron y durmieron. Pero como ya se había estado haciendo costumbre Link había montado su campamento de almohadas en la sala. Zelda despertó luego de dos horas y encendió el televisor en el volumen más bajo.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, había comenzado a llover hacía pocos minutos y un cálido pero a la vez frío olor a tierra mojada se extendía por todas partes, incluso ahí adentro.

Siempre que llovía la amenaza Twili menguaba, era como si a esas creaturas tampoco les gustara mojarse.

La joven Hylian miró su mano y se concentró en ese sentimiento, trató de recordar lo que recién había ocurrido esa tarde. Entonces una leve y muy diminuta barrera apareció entre sus dedos.

Era cierto lo que Link le decía, ella había despertado un poder oculto, no creyó que pudiera tener más tipos de hechizos, aunque al final de cuentas ella era Hylian y los de su raza podían hacer cosas increíbles siempre y cuando tuvieran la suficiente magia a su disposición.

El hechizo se deshizo sobre sus dedos, la lluvia seguía mansa, el eco de las gotas vagabundeaba en su cabeza.

—Zel...

Link la llamó mientras la cogía de la cintura.

— ¿No puedes dormir?

—No, es que, pasaron demasiadas cosas hoy. Perdóname no quería despertarte.

—No importa.

— ¿Qué le pasaría a Ceo?...

— ¿Eh?

—Estaba hecho un animal sin raciocinio. Sentí miedo cuando quiso lastimarte.

Link suspiró profundo, Zelda se viró y se acurrucó entre sus brazos.

—Es verdad, fue como si... como si estuviera tratando de librarse de una frustración que yacía muy ajena a los acontecimientos que le rodeaban.

Las cosas no podrían haberse salido más de sitio aquella mañana, primero Cocu, después esos extraños monstruos, y por si fuera poco Link intuía que la rabia de los lizalfos estaba directamente ligada a la situación de estrés que se vivía día con día a causa de los Twili.

Ahí en su casita ellos estaban plenamente a salvo, en la aldea Mogma el sello de magia les protegía, pero en otros lugares y en otros clanes la historia era muy diferente.

Suspiró de nuevo, había recibido varios mensajes de Grusi a su celular pero no había querido mirarlos.

Hasta cierto punto aceptaba que era porque sentía miedo. El secreto de la identidad del Zilant estaba pendiendo de un muy ligero hilo.

—Oye Link...

—Dime, amor.

—Tú... bueno ¿tú?, ¿has pensado en las palabras del abuelo?

—No demasiado. ¿Por qué?

—No sé, simplemente se me vino a la cabeza. Después de lo de Shiro, a veces me duele mucho el corazón.

— ¿Volverías al Z-corp?— preguntó, no pudo evitar que su voz sonará triste.

—No... no puedo, es decir, no como era antes. Aunque el abuelo me da mucha pena.

—Sí, deseas que vaya ahí, lo haré. Si tú me lo ordenas, iré.

—Link.

—Aunque las cosas hayan pasado, aunque la vida haya cambiado...No puedo odiar a Daphnes, es verdad que me ha tratado como un perro, pero también es cierto que en un tiempo me dio cobijo bajo su techo, aunque con un trabajo horrible pero honrado, pero tenía comida y otras comodidades. Y aún más importante estaba cerca de la mujer que amo y que he amado toda una vida.

Ella no pudo evitar soltar una lágrima y simplemente enterró su rostro en el pecho de su amante.

Link le acarició la cabeza y le dio un besito en la coronilla. La joven le hizo compañía a la lluvia con su sinfonía.

—Ya no quisiera volver a pensarlo...—gimoteó, el recuerdo de aquella noche había quedado grabado a fuego en su memoria— es solo que siento tanta tristeza.

—Porque lo amas.

—Pero no entiendo por qué aun lo amo, si me hizo cosas terribles.

—Es tu familia, Zel, y a veces, nos guste o no, la sangre pesa.

Y odiaba admitirlo, pero hasta cierto punto lo extrañaba, habían pasado muchos, muchos días, tantos que incluso las estaciones se habían marchado ya casi en dos ciclos. Ese año estaba a punto de cerrarse.

— ¿Entonces, tú quieres ir a esa fiesta del Z-corp?—preguntó, su voz había sonado un tanto picara

Zel levantó la mirada y se sorbió el moquito. Link se rió ante eso y le limpió la nariz con una cobija.

—No quiero, esa fiesta es horrible y la odio.

—Vale. — asintió.

—Pero...

—Quieres comprobar lo que dijo el abuelo.

Era un "Si", pero al mismo tiempo "No", tenía miedo de volver a caer en la misma mentira que se había estado hilando para ella misma durante años.

—Pero quieres que yo vaya.

—No tienes que ir si no quieres — Repitió.

Link volvió a negar graciosamente con la cabeza.

—Está bien...

— ¿Iras?

Gruño de manera traviesa y atacó su cuello. "Ya duérmete" ronroneó.

—No quiero—rechistó

Terminaron cayendo entre las almohadas, el ruidillo de la tv se escuchaba como un susurro, la respiración de Link se enredaba entre los cabellos de ella. Se hundieron ahí entre las cobijas mientras Zelda se acurrucaba entre sus brazos.

—Link...

— ¿Hmmm?

— ¿Quieres ver mi nuevo hechizo?

—Ya duérmete, princesita.

—Moooh. ..., Link..

—¿Hmmm?

— ¿Por qué el colgante de DC tiene justo esta forma?

—No le des muchas vueltas, es un premio personalizado.

—Oh, ...

—...

—Link

—Hmmm?

—Te amo.

—No tienes sueño ¿verdad?

—Ño.

—Grrrr.

.

.

Continuara...

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Comentarios del Capítulo:

Nuevamente las palabras de Cuervo hacen eco. Ese poder dorado... sera salvación o ruina, el legado ancestral sera el amarre que una aun mas aquel amor o que lo separe para siempre. Aun no lo sabemos pero Link seguirá confiando en Zelda y también en aquellas palabras con las que alguna vez desafió a Midna. El crepúsculo está cada vez más cerca aunque la lluvia haya barrido de momento su rastro.

El próximo capitulo es un especial, así que prometo que sera más largo.