*ೃ.˚.*ೃ
Capítulo 57: Memorias del Crepúsculo.
*ೃ.˚.*ೃ***ೃ.˚.*ೃ
..
La noche estaba en calma, las creaturas de ese mundo ululaban cantos antiguos, recelosas, escondían la mirada y el brillo de sus iris parpadeaba entre la semi penumbra.
Unos pasos pesados volvían a hurtadillas al castillo del reino Twili, llevaban consigo el arrastre de las arenas del desierto, el olor del sereno y el tacto frío de la noche. Los iris amielados se clavaron sobre aquella puerta. Era el camino a una habitación que no le pertenecía.
—No tienes vergüenza. Blackavar. —las palabras se clavaron como puñales sobre su cuello. El aliento gélido que las acompañaba acarició la piel de ese sitio haciendo que el Twili diera la vuelta en automático y trastabillara hasta la pared más cercana.
Estaba pálido, los ojos ambarinos de Midna le miraban con una mezcla de acusación y picardía.
Nuevamente le hizo un gesto demandante y le colgó los brazos al cuello.
—Es usted peligrosa. Teniente
— Más de lo que te imaginas—aseguró.
Lo retuvo ahí prisionero, en cualquier otra circunstancia ese twili tendría que haber estado muerto. No se podía ir por ahí como le diera la gana, hurgando en plena noche como si se tratara de un espía.
No obstante, Blackavar parecía haber ganado algo más allá de la simpatía de su superior en turno. Midna le perdonó sólo con mirar su sonrisa trémula pero coqueta. No sabía por qué, pero con él sentía cosas que jamás se había imaginado, más allá de que el susodicho fuera atractivo a sus ojos y que sus personalidades encajaran como las piezas de un rompecabezas, más allá de que parecían entenderse sin mediar palabra, e incluso más allá del hecho que ambos se coquetearan mutuamente y sin disimulo.
Realmente no sabía lo que era, pero le gustaba.
— ¿Y bien?
—Es un secreto—respondió. Adoptó semblante serio e intentó mirar hacia otro lado.
Ella le riñó en silencio y le señaló la puerta.
—Le juro que no la estaba espiando mi señora—canturreó.
—Es una lástima, eso sería menos complicado de explicar que el hecho de que andes por ahí haciendo rebeldías
—Son mis propias rebeldías
—Más te vale. Sería una pena asesinarte.
— ¿Si?
—Somos amigos… ¿verdad?, no quería decírtelo, pero me gustas.
Ambos soltaron una risita, ella lo cogió por la cintura y lo arrastró hasta la habitación que tenían enfrente, sabía perfectamente que no mentía. Más aún así no estaba dispuesta a perdonarle que le guardará secretos. Blackavar tragó saliva, tras la puerta escucho los pasos de los guardias.
.~*}{…..}{*~.
El Cuervo miró con extrañeza. Su brillo azulado titiló vagamente entre los colores ambarinos. Un grupo de rebeldes twili amontonaba cajas junto al portal que unía a los dos mundos.
— ¿En dónde está Ingway?
—No lo sé. En sus asuntos, quizá—respingó uno con desgana.
Otro twili llegó y echó el cargamento, se rascó la cabellera y miró al único animal brillante que había llegado a ese sitio.
— ¿En dónde está el lobo?
— No lo sé. En sus asuntos, quizá.
Un cálido viento sopló lo ahí llevándose las arenas
.~*}{…..}{*~.
En el mundo de la luz otra historia transcurría en paralelo. Llegaba el fin de ese año. Hacía frío y nevaba de vez en vez, las calles se vestían adornadas de luceros blancos que conmemoran a la diosa Hylia, aunque únicamente podían verse al caer la noche. La deidad blanca tenía su semana de adoración en aquella época, aunque eran pocas las zonas que aún le incluían el rito, las chispeantes lucecillas daban un poco de vida a las alamedas desérticas.
Un par amantes iba por ahí a la deriva, sin rumbo alguno, simplemente andando mientras sus pasos se escurrían bajo las hojas muertas, legado de un otoño ya pasado.
Zelda se aferró al brazo de Link y ahí se colgó todo el camino, distraída, mirando a la nada, había despertado cerca del amanecer cuando un sueño curioso la asalto entre las penumbras.
Ladeo la cabeza, los ojos azules de Zilant brillaban tras las penumbras de sus memorias. Dos manzanas más adelante se veían el rascacielos más alto de la ciudad, sus pasos sin rumbo les habían llevado al pleno corazón de Hyrule. Link se detuvo, le acomodó el gorrito de invierno y le miró con nostalgia, y era porque ella no había podido evitar dejar la mirada fija en la antigua habitación del piso treinta que en antaño había sido su lugar por muchos años.
Zelda soltó una risita, no había mirado ahí por el hecho de que añorar a su antigua vida, sino más bien porque aquel sitio se había quedado ligado a ciertos recuerdos. Nuevamente el dragón blanco de sus sueños se hizo presente junto con la memoria de aquella rosa blanca que sin saber por qué había guardado entre las hojas de un viejo libro.
Pronto desechó el pensamiento, era cierto que lo admiraba más de lo que querría, y mucho más de lo que ella misma había aceptado. No obstante no le interesaba ver en Zilant un "amor platónico", porque para ella cualquier tipo de amor ya había sido ocupado por Link.
Cogió un brinco y se le colgó del cuello, ambos soltaron una risilla.
…
Los ojos de la creatura se ensancharon….
—Es aquí… Aquí huele a esa magia—habló en voz desarticulada, el sol quemaba su piel negra, más las larguiruchas sombras de los edificios le daban protección suficiente para poder estar al acecho, olfateó el aire de nuevo, había demasiada gente… Demasiada vida, y varios tipos de esencias y magias que se revolvían y entremezclaban en un matiz irisado ante sus ojos.
Gruñó y dejó salir un aliento gélido…
…
— ¿Qué te parece?
—Te va precioso—respondió sonriente, le dedicó esa sonrisa coqueta que ella tanto le derretía. Más Zelda soltó un suspiro y se volvió un manojo de nervios mientras volvía al vestidor de damas.
—Me has dicho lo mismo de todos.
— ¿Qué más podría decirte, Zel? Te ves hermosa en cada cosa que tocas.
La escuchó hacer berrinche, soltó una carcajadita, aunque al instante la sonrisa se le borró del rostro.
—"¿Qué demonios será… Un monstruo?"
La esencia era muy confusa, andaba cerca pero luego se iba.
Su joven dama salió hecha un lío de los vestidores con tres de prendas en cada brazo, Claire la recibió afuera y dijo si y no al mismo tiempo a varias de las cosas que le recibió en brazos.
—Simplemente debe ser azul—añadió dando su opinión experta.
—Entonces ese.. Ah y Link, debo ver algo para él. — añadió yendo hacia el otro lado de la tienda.
Link movió la cabeza de un lado a otro. Claire obvió eso y se dirigió a la caja de cobro.
—Ponlo todo—rechistó el hylian al ver que la joven estaba por quitar la prenda blanca que ambas chicas ya habían descartado.
—No es para fiesta de noche — rechistó haciendo una mueca
Link abanicó la cabeza en negativa y le ordenó dejarlo, ella simplemente obedeció al tiempo que el chico sacaba su tarjeta de crédito y la reemplazaba por la de su dama. Sintiendo extrañeza Claire lo miró, quizás en un gesto de caballerosidad el joven Hylian deseaba hacerse cargo de la deuda.
—Coge ésta—habló en voz suave—la de Zelda no pasará.
Lo sabía, aunque no se había atrevido a decírselo, desde hace tiempo que Daphnes le había congelado la cuenta. Link no había tenido el corazón de contarle, aunque sentía rabia de que le hubieran hurtado los beneficios del Z-corp que ella misma se había ganado con su esfuerzo.
Le miró de nuevo, Claire obedeció sin rechistar demasiado. Esperaba poder reunirse con Gustav y aclarar eso antes de que Zelda se diera cuenta.
.~*}{…..}{*~.
No sabía que elegir, aunque al final de cuantas consideraba que a Link le iba todo fantástico.
—Éste negro clásico es bonito — susurró, eligió también una corbata que estaba cerca de los aparadores que daban vista al exterior de la tienda.
Una gran sombra se dibujó en el suelo de la avenida, sintió un extraño escalofrío y arrimó a la ventana para ver qué diablos había sido esa cosa. Todo parecía en orden aunque varias personas miraban al cielo con curiosidad innata. Pronto la sensación desapareció y Hyrule City volvió a lo suyo.
.
…
De pronto ya no se sentía a gusto zapateó el piso con ansiedad, Claire lo miró de reojo, parecía no tener clara la cabeza, miraba hacia todos lados y quizás hacía ninguno en específico.
—Link, deberías dejar de ser así de posesivo — expresó
Link viró hacia ella con una expresión atolondrada que delataba lo mucho que le había sorprendido ese comentario. ¿Posesivo?, ¿Él?... Por extraño que pareciera ésta vez no se trataba de eso, aunque cogió a Zelda por la cintura en cuanto la tuvo cerca, ella gruñó un momento en tono bajito y luchó por llegar al mostrador y depositar ahí el resto de las cosas que quería comprar.
— ¿Servicio a domicilio? — ofreció la dama.
Zelda asintió con la cabeza, aun necesitaba hacer las compras de diario y no creía poder cargar tantas bolsas y menos si Link andaba así de empalagoso. Claire soltó una risilla, terminó de cobrar y devolvió la tarjeta de crédito a su dueño, en ese instante Zel no lo tomó en cuenta, y de hecho ni siquiera notó que esa no era precisamente su tarjeta.
Fuera de la tienda otro grupo de personas miraban al cielo, Link alzó la mirada…. No había nada, o al menos eso parecía a simple vista.
— ¿Tú también? — susurró la joven diosa, ladeó la cabeza con cierta extrañeza, Link parecía no haberla oído.
Pronto Link olvidó el asunto, aunque su sexto sentido se había activado por unos instantes y eso le mantenía con la guardia alta. Se disgustó cuando Zelda soltó su mano y cruzó la hacía la acera de enfrente con desgana.
—Zel…
— ¡Link tu recibo! — Claire lo llamó y dio la media vuelta, casi pensó en decirle que no lo necesitaba, pero lo sintió como una grosería después de que ella hubiera abandonado sus deberes para ir a entregárselo.
Fue cuando la sombra en los cielos hizo su aparición de nuevo, Zelda alzó la vista pero el sol de mediodía le hirió la mirada, luego todo paso tan rápido que en un primer momento ningún habitante se percató de que aquel tronido descomunal había sido ocasionado por un monstruo.
.~*}{…..}{*~.
— Es aquí… Esa magia está aquí… — susurró, a su vista todas aquellas personitas eran iguales, sintió el rastro de la magia que había acontecido en su "nido" en días anteriores, así que simplemente se dejó caer.
Tremendo susto cuando medio mundo se dio cuenta que había un Aeralfos enorme en plena avenida de vía Kakariko, el pavimento se había roto y una enana pero densa nube de polvo se había levantado.
La joven hylian agitó los brazos tratando de abrir la cortina de sedimento volátil, buscando a su pareja de quien se había separado hacía pocos segundos.
Al otro lado de la calle Claire yacía en el piso, la vibración del impacto la había hecho caer de posaderas contra el asfalto, asustada miraba a la creatura, apenas si sintió cuando alguien la jaló del brazo para ponerla de en pie de nuevo. Cierto era que apenas si se había percatado que segundos antes Link había estado sobre ella cubriéndola.
— ¡Diosas! — chilló llena de pánico, Link le empujó y le ordenó que regresará a su tienda. Entonces corrió, el monstruo le miró curioso pero sus ojos volvieron hacia la acera.
Se movió hacia la derecha con cautela, los ojos del Aeralfos lo seguían, hacia la izquierda nuevamente y ahí donde iba la mirada de la creatura parecía atarlo.
—Maldita sea— rechistó Link para sus adentros.
El ser alado dio unos pasos torpes hacia él, parecía inseguro, de vez en cuando su mirada atrapaba a otras personas, pero al final siempre volvía hacia Link como si verificará la identidad de aquel que en días pasados hubiera sido su presa.
—Misma magia…. — susurró
Link entrecerró los ojos
—"Tiene raciocinio…., vaya, eso es nuevo. Nada bueno, pero definitivamente nuevo"
Pará ese entonces, tenía dos opciones, huir o luchar, estaba en pleno corazón de Hyrule, ese era su territorio aunque a plena luz del día no se sentía como tal. Dio un paso atrás cuando vio que el oscuro se aventuraba a dar el primer golpe.
— ¡Déjalo! — rugió, una piedrita estampó al ojo de la creatura.
El Aeralfos chilló, y confundido zarandeó el cuerpo contra el edificio de al lado, Link sintió que Zelda lo jalaba, ambos cayeron al piso, algunos vidrios rotos estrellaron también contra el suelo.
—Levántate — ordenó, Link le vio de reojo aún con las ideas desordenadas. Hubiera deseado que ella se quedara lejos, el rugido del ser intruso resonó lleno de rabia ante tal osadía. Link se paró como un resorte y dejó que Zelda le jalara hacia la dirección contraria.
—"Maldición "— repitió, todo era un caos, gente corriendo sin rumbo y gritos desordenados gobernados por el pánico, en ese instante simplemente se bloqueó, hasta que sintió venir al ser furibundo, el monstruo echó hacia delante en carrera y le cortó la salida, Zelda se detuvo de golpe y Link tras ella, por un segundo la joven recibió un leve empujón de su pareja y luchó por mantener el equilibrio, no obstante en esos mismo segundos sintió como el la cogía de la cintura y retrocedía llevándola consigo.
El Aeralfos nuevamente les miró curioso, como un depredador teniendo a su presa acorralada, jugó con ellos mientras daba vueltas a su alrededor tal como si fuera un felino.
— ¡Aléjate! — rugió Link una vez que su desesperación interna llegó al límite. Le gruñó con la mirada y el monstruo sintió el desafío.
Estaba cansado de sentirse hostigado era como si la parte de él mismo que era gobernada por su alter ego Zilant estuviera luchando por salir con desenfreno. Y pasó, simplemente paso, cuando el Aeralfos cruzó la línea y se atrevió a atacar directamente a Zelda, Link no lo pensó y soltó sobre él una atronadora llamarada, el ruido ensordecedor hizo que la joven diosa se ocultara el rostro en el pecho de su pareja.
—Link…
Todo paso demasiado rápido, el fuego, la explosión, el Aeralfos saltando a medio camino y una sombra oscura cayéndole encima.
.~*}{…..}{*~.
Midna volvió a mirarle, lo siguió con la mirada mientras lo veía ir y venir por el castillo.
Hoy estaba especialmente sospechoso, quizás debería ver que traía entre manos. Le había advertido que dejara de vagabundear de manera libertina, pero para el caso sus palabras parecían haberse ido con el viento.
Gruñó para sus adentros ¿Qué podía ser tan importante que le orillaba romper las reglas de esa manera?
Más que nunca eso le intrigaba y estaba dispuesta a descubrir que rayos tramaba Blackavar.
.~*}{…..}{*~.
Había atacado a su presa y está se había defendido, había sentido el fuego y sin embargo éste no había mermado su ataque, pero no vio venir al loftwing oscuro que descendía desde las nubes, de hecho nadie lo vio venir, excepto quizás Link.
El joven Hylian detuvo a medias su hechizo cuando sintió la presencia de Cuervo. De pronto el líder de los piratas de cielo había arremetido contra la creatura, Susurro Nocturno le cayó de lleno cogiéndolo con las patas por el cuello y revolcándolo contra el asfalto, en un abrir y cerrar de ojos pleno corazón de Hyrule se había convertido en el escenario de una carnicería, el loftwing chillaba mientras se defendía a picotazos de la creatura.
—Bastardo, cómo te atreves a atacar a la gente de mi ciudad— le sentenció. Cuervo le lanzó una llamarada aún más potente y le hizo retroceder.
Zelda recién sacaba la cabeza de su escondite cuando sintió que la alzaban en brazos.
— ¡Link! — lo llamó con cierto sobresalto. Él ya se había echado a correr como alma descarriada.
—Huyamos mientras dure, no sabemos si el Cuervo consiga derrotarlo. — él sabía que sí, pero fue la excusa perfecta para salir pirado.
Y corrió lo más que pudo, corrió, más allá después de que se le acabara el aliento e Incluso más allá cuando sus piernas temblaron.
Zelda sólo apretó fuerte del cuello cuando de la nada un recuerdo fugaz invadió su cabeza, una sensación familiar.
Era igual que ese día… La noche en la que Zilant le había salvado, aquella vez, en plena oscuridad alguien también la había cargado de esa manera y también había corrido con desespero. Para cuando cayó en cuenta de eso su cabeza ya era un verdadero lío, ordenó a Link detenerse cuando el paisaje de edificios había sido reemplazado por árboles.
—Pará, que ya estamos lejísimos— espetó sin poder entender cómo habían llegado tan lejos. Las piernas de Link temblaban mientras disminuía el paso, hasta que finalmente paró y su respiración era ronca, exagerada y atropellada, Zelda sitio los brazos de su pareja agarrotados contra su cuerpo.
Lo miró… él la miró de vuelta. Zelda enrojeció por un segundo. Se abanicó a sí misma moviendo la cabeza y bajó al suelo por cuenta propia, no podía creer lo que había pasado.
Link seguía en shock cuando se dio cuenta que ya no la tenía en brazos, la miró de nuevo y ella parecía un tanto confundida.
—Cielos, Link. No sabía que eras tan fuerte.
— ¿Qué?
—Ni tampoco que pudieras correr tanto. "abra sido la adrenalina"—terminó pensando.
Link volvió a abrazarla, por fin su mente estaba clara y por un segundo sintió miedo ¿le habría visto usar magia?, seguro que sí, ¿Y cómo diablos iba a explicarlo?
—Ya. Ya pasó, no llores—lo consoló mientras le limpiaba los ojos, una lagrima se le había salido. — Ya pasó — repitió, le acarició la cabeza mientras miraba el camino por el que habían venido.
—Zel… Yo…
—Espero que este bien.
— ¿Eh…?
—Cuervo.
Señaló al horizonte, la ciudad estaba quieta, no había ningún ruido a lo lejos, era como si todo se hubiera detenido.
—Es una suerte que hubiera estado cerca.
—Sí.
"Suerte" y en realidad así había sido, de no ser por esa extraña manía que tenía Cuervo sobre esa parte de la ciudad, las cosas podrían haber terminado de otro modo. Desde siempre el ave negra había rondado ese sector de Hyrule, nadie sabía por qué aunque Link intuía que había algo de su interés ahí.
—Que loco — soltó de la nada seguido de una risa — No vas a creerme Link, pero por un segundo creía que habías sido tú, creí que habías lanzado magia.
Al pobre Link literalmente se le detuvo el corazón con ese comentario.
—Aunque no me hubiera sorprendido que despertarás un poder oculto, mira nada más cuanto has corrido— siguió hablando ahora casi en chiste.
Esperaba que Link finalmente se calmara y se riera junto con ella. Pero es no pasó, en cambio la miró con una tristeza inmensa porque sentía más que nunca en la vida el peso de su mentira.
—Basta, Zel… — susurró— vámonos a casa
Ella asintió, lo cogió del cuello y lo jaló para besarlo, ese gesto se sintió como un verdadero alivio. Trató de olvidarlo todo, pero ya no podía. Había llegado a su límite.
.~*}{…..}{*~.
—Ahí estas— se susurró a sí misma en el silencio. La noche ya había caído en el reino del crepúsculo, el color ambarino que siempre gobernaba ese mundo se teñía de y tonos marrones y cerúleos, seguía siendo como un atardecer, pero era un atardecer oscuro que dejaba ver a las estrellas.
Esa "noche" Blackavar volvió a escabullirse, abandonó el castillo y fue rumbo al noroeste, Midna lo siguió a través de la ciudadela, hasta que sus pasos la llevaron a los límites del reino.
Ahí el desierto que empezaba extendía sus dominios hasta tocar con el mismo cielo, el silencio reinaba y el frío se sentía tácito hasta los más profundos rincones de aquellos paramos.
El twili fugitivo se internó en un laberinto de rocas cercanas, calizas altas que habían estado ahí desde el inicio de los tiempos, ella lo siguió con pisadas gatunas a una distancia prudente.
— ¿Qué es lo que buscas? — susurró nuevamente solo para ella. Una magia desconocida rondaba por ahí. Midna temió lo peor. — "¿Será que eres un espía…?"
Al inicio lo había seguido solo para reprenderlo, pero a esas alturas era obvio que iba a reunirse con alguien en secreto. El pensamiento de que su compañero resultará ser un traidor la llenó de tristeza.
—Supongo que era demasiado bueno para ser verdad — Ya no quería pensar en nada sus manos se volvieron puños mientras seguía avanzando, agachó la mirada y trató de seguir respirando, pero el pecho le dolía como si de verdad le hubieran dado una puñalada en ese sitio.
Fue entonces cuando escuchó el "ruido", el ulular de una extraña creatura, se detuvo en seco, buscó a Blackavar con la mirada pero este ya había desaparecido de su vista. Maldijo en silencio, no entendía como era que se le había escapado, mas no tardó en darse cuenta que no sólo eran sus sentimientos lo que la habían distraído, nuevamente la extraña presencia se cernió en ese sitio, el ruido se volvió más audible a medida que pasaban los segundos.
— ¡Quién… — lanzó su advertencia al mismo tiempo que tomaba posición de ataque, más no alcanzó a terminar su reclamo, la creatura salió desde las entrañas del bosque pétreo dejándola paralizada. — Ay… Por… Por todas las deidades. No puede ser— masculló, entre asombro y miedo retrocedió de manera torpe.
Era un dragón crepuscular, un espíritu de ese mundo que hacía siglos se creía extinguido. El susodicho extendió las alas y lanzó un gruñido ronco desde la penumbra, con paso gatuno se acercó a ella clavándole la mirada, sus ojos carmesí parecían haber encontrado en ella algo familiar.
—No… No te acerques— tartamudeó. Tenía que escapar aunque no estaba segura de cómo. Los espíritus de twili no eran como sus creaturas, tenían raciocinio y magia propias y por naturaleza no gustaban de las formas de vida antropomorfas que habitaban en ese mundo.
Los pasos del espíritu se volvieron pesados, retumbaron en la dura piedra a medida que se acercaba.
—Voy a matarte, por haberme metido en este lío, Blackavar — rechisto aún en voz temblorosa.
El dragón alzó una oreja. Algo en la oración había captado su atención. Finalmente Midna decidió correr antes que luchar, esa cosa era enorme, y también, muy rápida, apenas si consiguió huir unos cuantos metros cuando la tuvo ahí de lado, literalmente sintió su aliento y tropezó entre la arena fugitiva del desierto que se había colado hasta ese rincón del laberinto, no supo cuántas vueltas dio antes de estamparse contra un árbol muerto, se incorporó a gatas, mareada y muy aturdida, ya no sabía ni donde estaba.
—Bueno, pudo haber sido peor—clamó con la respiración entre cortada, en eso el espíritu le llegó por la espalda y la tumbo al suelo— ok es peor—sudo en frio, lo tenía encima listo para matarla si es que lo hubiera deseado, no intentó averiguarlo giró sobre sí misma y con el codo lo goleó en la tráquea, no supo cómo pero su plan funcionó y logró liberarse.
—Ya basta— espetó en voz cansada, exhaló mucho aire, tanto que hasta los mechones de su pelo se movieron con su aliento. Ésta vez su instinto de pelea pudo más que su razón, se preparó para lanzar un hechizo.
— ¡Midna, detente! — la advertencia rompió el silencio de aquel páramo al mismo tiempo que el dueño de ésta hacía presencia.
La joven teniente perdió el equilibrio después de que Blackavar apareciera de la nada y la cogiera por la espalda.
— ¡¿Estás loco, que haces?! — Gruñó al verse interrumpida, la magia que había acumulado en su mano se desmoronó después de que el otro twili ejerciera fuerza en su apretón.
—Pará. No lo lastimes
— ¿Lastimarlo?
El espíritu rugió mientras se sacudía el último golpe que le habían propinado, luego batió las alas y se echó en vuelo. Desapareció entre la oscuridad, pero el ruidillo que producía su aleteo era aún reconocible.
Midna siguió la silueta que dejaba con la mirada, estaba ahí, definitivamente estaba ahí. Después de unos minutos cayó de golpe frente a ellos y rugió ensanchando los ollares.
Pará ese entonces sentía la férrea necesidad de tomar a su compañero y salir de ese sitio, pero Blackavar aún la retenía por la espalda susurrando le que se calmara.
—Quieta… — su voz fue suave y acogedora, el corazón de la teniente no dejaba de latir a ritmo acelerado mientras el espíritu de twili la miraba.
—Blackavar, estas demente— le habló, pero su voz apenas si era un hilillo tembloroso
Él negó con la cabeza y le señaló a la creatura. El espíritu permaneció quieto y silente observando desde una prudente distancia.
—Respire mi señora. A visto algo que no debería, mas no debería temerle, su naturaleza es tan noble como leal.
—Espera un segundo…Blackavar ¿conoces a la creatura?
—La creatura es mi creatura. Pero nadie debe enterarse, debe permanecer en secreto, porque de lo contrario será cazada, el soberano Zant ha declarado destrucción contra todo aquel ser que no pueda ser poseído por su persona. El espíritu de twili se ha jurado ante mí y por eso solo a mí me pertenece.
La soltó, Midna lo miró por el rabillo de la mirada, estaba confundida, demasiadas emociones embargaban su cabeza; una de ellas feliz de corroborar que su compañero no era un espía rebelde.
— ¿Cómo es posible?
—Simplemente pasó. Una vez en un millón un twili y un espíritu de este mundo se complementan.
El dragón ululó a lo lejos, alzó las orejas y miró al twili. Blackavar lo llamó con la mano y éste acudió ente la orden.
Durante ese segundo solo hubo silencio, el joven twili agachó la mirada y acarició el lomo de la creatura.
— ¿Qué hará mi señora?
— ¿Qué?... Perdón, es decir, estoy pasmada aún.
—Ha descubierto mi secreto, imagino que seré castigado duramente.
—No tienes idea—Gruñó, señaló al castillo y le miró de manera acusatoria.
Blackavar entendió, ella le ordenaba volver de inmediato, suspiró hondo y dejó escapar el aire de la misma manera.
"Sin remedio" pensó, al fin y al cabo había sido su descuido "vete" musitó a la creatura y el dragón abrió las alas, el twili simplemente le dio la espalda y caminó mansamente siguiendo las órdenes de su teniente.
—Y Blackavar.
—Si señora— contestó sin mirarla.
—La próxima vez, no habrá una próxima.
Se mordió el labio inferior y apretó los ojos, menuda liada y todo por hacerse el confiado. Caminó sintiendo que ella le clavaba la mirada, los pasos de Midna tras los suyos pronto dejaron de ser audibles, se detuvo un instante y miró de reojo. La teniente se había quedado atrapada en el centro de un círculo que el dragón crepuscular hacía de modo insistente.
—Te dijeron que te fueras, ¿Qué quieres de mí? — susurró Midna. El espíritu de twili seguía dando vueltas a su alrededor como si quisiera decirle algo. Finalmente se detuvo y sus ojos carmesí se cruzaron con los de ella.
Una sensación extraña y nostálgica la invadió de pronto, era como un recuerdo cálido que yacía olvidado en lo profundo de ella, una memoria que luchaba por salir a flote con todas las fuerzas que le daba el instinto. Era como si la creatura tratara de hurgar dentro de su propia alma, y Midna sintió miedo, pero no huyó. Ese ser ancestral le imponía respeto, el respeto de una creatura descomunal y peligrosa, y al mismo tiempo el respeto de la creatura que llevaba dentro de sí la magia prístina de su mundo.
Lanzó un gorgoreo desde el fondo de su garganta y por alguna razón Midna sintió la férrea necesidad de estirar la mano, sus dedos tocaron la fría piel escamosa que de vez en cuando se desvanecía al tacto, iba y venía como una sombra, como la misma naturaleza de ese mundo de atardeceres. Pronto dejó de pensar en que esa creatura le daba miedo, su mente se puso en blanco… Bueno, casi.
—Desobedeces mis órdenes. Te dije que volvieras.
Blackavar se petrifico ahí mismo, una gota de sudor escurrió por su sien. A veces la valentía de Midna no dejaba de asombrarle. Río con cierto nerviosismo y se acercó a ella con cautela.
—Eres igual que la creatura—musitó… el espíritu reclinó la cabeza contra su pecho, ella le abrazó como si desde siempre hubiera existido entre ellos esa confianza. —le dijiste que se fuera, y en cambio vino a seguirme. Te dije que volvieras y en cambio volviste hacia mí cuando yo me detuve.
Finalmente llegó hasta ella le ofreció su mano y Midna la tomó enseguida, se sentía cálida y acogedora, tal y como la hubiera recordado desde siempre.
—Tú me gustas Midna. — Declaró sin miedo, sin rodeos—quiero permanecer contigo.
—También me gustas—respondió, su voz seguía siendo firme aunque se había impregnado de un toque de timidez, apretó su mano y le miró de reojo. — nunca había conocido un twili semejante, por no decir que pensé que no existía. Hace mucho que había renunciado….
— ¿A seguir esperando?
—Sí. Creí que nunca encontraría a nadie para mí. Y lo más cercano que jamás tuve a eso me lo robó ese estúpido de Zilant.
—No debe sentir pena por lo que no puede poseer teniente. En cambio puede tenerme a mí y a mi lealtad—declaró.
—Tomaré eso como un juramento, no lo rompas, nunca. — sonrió. — entendiste, Blackavar.
Entonces el espíritu de twili alzó sus orejas y le dio un empujoncito.
—Oye, a ti no te he llamado, estate quieto—rechistó Midna apartando a la creatura.
—Usted le gusta teniente. ¿Ahora ya no le da miedo?
—Mentiría si dijera que no. Pero igual es fascinante. ¿Tiene algún nombre? ¿O será acaso que su naturaleza es ser un simple espíritu?
—Nooru— pronunció. El dragón ladeó la cabeza un tanto confundido
Las pupilas de Midna se dilataron y mostraron cierto brillo, como si esa palabra invocara otro recuerdo profundo. Blackavar le miró con ansia, como si hubiera anticipado cierta reacción en ella, como si hubiera esperado toda una vida para ver esa chispa en su mirada.
Confundida ante sus propios sentimientos y sin saber por qué ella apretó aún más su mano.
—Nooru…. — Repitió, ese nombre le causaba nostalgia, revoloteó en su memoria tal como hoja de otoño, triste, marchita y lejana. Recuerdo de una época que había vivido pero ya no recordaba, de un tiempo que permanecía ausente en sus memorias.
.~*}{…..}{*~.
El aullido de los stalwolfs retumbó como un eco en las vacías calles de la ciudad. Lejos del centro, en las periferias que colindaban con el lado sur del parque central una luz aún titilaba entre las penumbras, en la casa de Link , él y Zelda permanecían despiertos, aquella tarde había pasado como mero recuerdo, aunque para uno de ellos aquel acontecimiento hubiera sido un golpe de mala fortuna, para el otro estaba claro que ninguna coincidencia existía en ese mundo. Link había abandonado su plano consciente desde ese entonces, estaba decaído, pensativo y taciturno. En un inicio Zelda lo había dejado pasar por alto creyendo que seguía asustado, pero después de muchas horas la preocupación por su pareja se hizo presente, estaba claro que Link no estaba bien, ella asomó desde la cocina por el filo de la puerta que daba hacia la sala y lo observó mientras practicaba con la guitarra, las notas sonaban desafinadas e incongruentes, Link ni siquiera parecía saber lo que hacía aunque no fue consciente de ello hasta que una de las cuerdas reventó y le dio justo en la cara.
—Mooooh, y era nueva—susurró Zelda para ella misma.
Link suspiró desde el sofá y perdió la mirada hacia la nada. Entonces Zelda se posó frente a él y lo tomó de las manos, le dedicó una cálida sonrisa y unos ojos comprensivos.
— ¿Qué te pasa?
—...
La miró pero no respondió a la pregunta, desde la cama un teléfono abandonado seguía marcando mensajes no leídos, todos eran de Grusi, Link no había tenido el valor para mirarlos.
Sus ojos azules habían huido de los de Zelda y se habían refugiado en aquellas manos que sostenían las suyas, apenas si podía respirar cuando sintió que ella escabullo su rostro contra su pecho.
—No estés triste, iremos a la tienda de música ¿sí? — le habló quedito, echó una mano a sus espaldas y cogió un tazón que había traído desde la cocina, había muchas palomitas de maíz ahí dentro, Zelda tomó una y se la puso a Link en la boca. Nuevamente esperaba que se riera con su broma, pero él estaba tan ausente que el bocadillo rodó hasta el piso sin que pudiera llegar a saborearlo.
Zel lo miró con tristeza sin saber qué hacer para animarlo.
—Princesa…
—Dime.
— ¿Cómo puedo protegerte siempre?, sabes Zel no puedo dejar de pensar en eso. Pero voy a amarte toda la vida pase lo que pase.
—Yo también Link, pero me temo que no tengo la respuesta a tu pregunta, al menos, no por ahora. Por eso debemos estar juntos y cuidarnos entre nosotros. ¿Te preocupa lo que pasó esta tarde?
Link agachó la mirada, la tomó por la cintura y la sentó en su regazo, ella correspondió su cariño y se dejó mimar por su acompañante.
Pronto Hyrule City quedó en el silencio, el dragón blanco no surco los cielos aquella noche, pero los stalwolfs se habían marchado, esperaban pacientes, esperaban el momento, esperaban mientras sus huesudos cráneos acogían el resplandor de sus mortíferos ojos. Quietos en el silencio de la noche esperando a que el crepúsculo escuchara su silente llamado.
.
.
Continuara...
.
Comentarios del capítulo:
Nuevo personaje del que ya había mostrado spoilers hace un par de meses xD. ¿Volverá Midna al mundo de la Luz ahora que ha elegido un nuevo compañero?, El misterio que rodea a "Blackavar" poco a poco se va desenredado pues todas las pistas de su identidad ya han sido reveladas.
mientras tanto en el mundo de la luz el destino del dragón blanco ya ha sido decidido ¿podrá Link seguir ocultando a Zilant ahora que el peso de su mentira ha conseguido alcanzarlo?
