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Capítulo 58: La Suerte está echada
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Esa semana había sido una total locura, el Z—corp estaba a tope, había empleados desperdigados en cada rincón del edificio haciendo mil tareas.
Los zapatos de Daphnes hacían un ruidillo ansioso que se escuchaba en todo lo largo del piso veinte, ahí era justo en donde se efectuaría la fiesta de fin de año. Daban ya por poco las siete y aún no había visto a nadie al piano, se preguntaba si de verdad Gustav habría encontrado al reemplazo del pianista. Soltó un bufido y se dedicó a ladrar órdenes.
Todo debía de estar en perfecto estado, la seguridad para aquella velada debía ser impecable, las decenas de socios corporativos que se habían reunido para aquella noche no esperaban menos.
—Impecable como siempre, Daphnes — habló una voz a sus espaldas, el dueño del Z-corp se viró para saludarla, era la "gran dama", una mujer anciana de raza Watarara que dirigía una de las distinguidas empresas del centro.
—Es un honor tenerla presente, como siempre, señora Sara. ¿Hablaremos esta vez de la renovación de nuestra alianza?
La mujer soltó una risilla e hizo una mueca astuta, su plumaje albino como la nieve se esponjo dándole un toque jovial.
—Se nota que es un hombre de negocio, usted no pierde el tiempo, Daphnes.
Ambos volvieron a reír, aunque se notaba que aquellas palabras e incluso sus acciones eran mero protocolo.
Le invitó a disfrutar de la fiesta en tanto que él seguía al pendiente de los últimos preparativos, de alguna forma estaba nervioso, se preguntaba cuando aparecería su susodicho padre, le había encargado la misión más importante de todas más sin embargo aún no había recibido respuestas.
Dio tres pasos hacia la puerta más cercana antes de resignarse, quizás ni siquiera Gustav acudiera aquella noche. Los errores de su pasado le habían acosado incesantemente desde que su pequeña había salido corriendo aquella trágica noche.
—Zelda… — musitó su nombre mientras se llevaba una mano a la cara. Tal vez había dejado que lo dominará su cobardía, irónicamente no había tenido el valor para poder ir a buscarla por su cuenta, sabía que de cierta forma ya no era cuestión de orgullo sino más bien de eso, cobardía.
—Te ves preciosa
— ¿De veras?
—Como una princesa…
—... También dijo eso…
Las voces hicieron eco en su cabeza, de pronto comenzó a sudar en frío, estaba ahí. Si, estaba ahí. Realmente había vuelto.
Se quitó la mano de la cara, frente a él su padre y Zelda recién habían llegado al evento. La joven hylian vestía un precioso vestido de noche color azul, con hombro desnudo y manga holgada haciendo un remate de filigrana plateados, la parte baja era totalmente lisa con una leve abertura que la propia Zelda había modificado para poder moverse más libremente.
— ¿Y ahora si vas a bailar?
— ¡Ay abuelo! — rechistó avergonzada, bailar jamás había sido su fuerte, pero su rostro mostró un leve sonrojo cuando asintió de manera leve.
De pronto se detuvo al darse cuenta que el hombre del que había huido hacía semanas estaba ahí parado frente a ella, lo miró de frente inspeccionando aquella pose estoica que desde antaño sólo a él le pertenecía.
Daphnes apretó la quijada, Zelda respiró profundo, ambos se miraron inexpresivos, ella se acercó y dio un cordial saludo como si fueran un simple par de conocidos.
— ¿Ya no me llamas papá?
—Puede ser— dijo con franqueza, no quería pisar terreno desconocido todavía. La realidad era que había ido ahí buscando una pequeña y diminuta pista de esperanza, esperando que lo poco que quedaba de su padre de verdad hubiera vuelto a ella. Lo miró a los ojos pero no supo que encontrar en ellos, era sólo que Daphnes era impenetrable.
Nuevamente se sintió nerviosa el valor que había reunido durante la última semana se estaba tambaleando en una fina tul de nerviosismo.
— ¿Me permite su invitación? — La voz lejana del recepcionista llegaba apenas como un eco.
—Yo tengo un pase especial—respondió aquella voz.
Su timbre era inconfundible, tanto, que el hombre del Z-corp no pudo evitar apartar la vista para echar un vistazo a la puerta, entonces lanzó un quejido, pero no de angustia ni de dolor, si no más otra clase de quejido, el típico quejido de una sorpresa cargada de indignación.
Y ahí estaba Link, completamente sonriente, con el cabello bien peinado dejando de fuera un fugitivo mechón rebelde que había escapado de la cera. Mostró orgulloso su pase al tiempo que le permitían la entrada.
— ¿¡Qué hace él aquí! ? — rugió
—Él es el pianista / —Yo soy el pianista — Gustav, Zelda y Link pronunciaron su oración al mismo tiempo, aunque este último había dirigido sus palabras sólo al recepcionista que en aquellos momentos se disponía a devolverle su pase.
Por un segundo Daphnes se quedó todo trabado, podría haber montado en cólera de no ser porque había demasiados ojos puestos sobre él aquel día, y además…
—Si el señor lo desea podemos retirarnos—habló Zelda con parsimonia, Daphnes se tragó el orgullo al escuchar dichas palabras, clavó la vista sobre Link, aun le guardaba rencor pero para el caso sabía que esta vez no podría detener a Zelda si ella deseaba marcharse, sintió muy dentro del estómago esa sensación familiar que lo embargo años en el pasado cuando tan solo era un chiquillo y debió acogerlo más por fuerza que por gana, los años habían pasado y era como si ese incesante deja vu repetirá su ciclo.
—Los músicos están en aquella sección ¿le acompaño?
—No, gracias. Conozco el sitio — respondió, finalmente guardó el dichoso pase, y caminó con la confianza que desde siempre lo había representado ante ese tipo de eventos.
Cerca de ahí Daphnes repiqueteó en el piso con los zapatos. Zelda lo miró un segundo justo antes de que dejara de hacer semejante berrinche.
—Deseo hablar de negocios — y carraspeó.
Gustav leyó el ambiente denso y dio tres pasos en reversa, la voz de Zelda jamás había sonado así de "formal" delante de ellos.
— ¿Negocios?
—Oh bueno yo… iré a encargarme de los músicos, debo poner al tanto al pianista sobre el orden en el que se tocarán las piezas — casi tartamudeó y salió de golpe.
Zelda levantó el mentón y puso esa clásica mirada intimidante, esa que solía usar muy a menudo, cuando alguien molestaba a su Link o cuando tenía frente a sus narices ciertas injusticias.
—He venido aquí en condición de accionista, hasta ahora el abuelo Gustav había sido el tutor de la parte que me corresponde sobre el Z-corp, pero a partir de hoy deseo tomar el mando.
— ¿Zelda, no te invite para que hablemos de negocios? — ¿qué rayos pasaba ahí? Por primera vez se sintió nervioso ante ella, era como si algo dentro de Zelda hubiera cambiado drásticamente. — Planteemos la posibilidad de que vuelvas a casa.
—Si te refieres a volver aquí, está fuera de discusión. Yo ya he hecho una vida fuera de estos muros y no creo estar dispuesta a cambiarla. Además….
Gruñó, entre cerró los ojos, metió la mano a su bolsa y sacó la tarjeta de crédito. Con un gracioso gesto de manos la dobló y la hizo volar hacia la cabeza de su padre. Daphnes se quedó de piedra.
— ¿De veras creíste que dejándome sin rupias replantearía mi decisión?, la verdad es que apenas si me acabo de dar cuenta, no creas que la eché mucho de menos.
— ¿Qué?
—Él tontito de Link te cubrió, no sé porque aún se molesta en ser así de bueno contigo, o tal vez… solo hizo para que no me sintiera aún más decepcionada.
Agachó la mirada, nuevamente no tenía el valor de mirarla a los ojos. Se disculpó de inmediato cosa que para él era sumamente extraña y cogió la tarjeta para devolvérselo a Zelda, pero ella la rechazó, le indicó que fueran a tomar lugar a una mesa mientras charlaban de sus respectivos intereses. Pronto ahí se unieron más socios y Daphnes ya no tuvo oportunidad de seguir insistiendo en temas más personales.
La música en el fondo cambió un poco después de que la orquesta estuviera completa.
—Oh, que buen mozo el de ahí — Sara se sentó justo al lado de Zelda sin previo aviso. — ¿lo conoces querida? — preguntó a la joven y señaló a Link a lo lejos. El chico no había dejado de pasar desapercibido y eso que el evento recién comenzaba.
—Sí, es mí….
—Amigo— interrumpió Daphnes, su voz parecía forzada y su expresión no podía ocultar cierto disgusto.
Zelda dejó salir el aire con cierto bochorno, "y ya empieza" pensó, seguro que haría los mil malabares tratando de cubrir aquella relación que tanto reprochaba. Cerca de ahí cierto hombre se instaló en la misma mesa, Link se distrajo un poco al sentir una sensación extraña no obstante siguió tocando, estaba acostumbrado a sentir la mala vibra estando en esas reuniones.
—"Demasiados Hroks, vaya zopilotes"— pensaba, vio por el rabillo del ojo a su pareja, Zelda parecía haber entablado simpatía con aquella señora de alta cuna. Algo poco usual más no fuera de lo común, dio un segundo aire y cambió de pista.
—Seguro que es encantador, mira ese porte, ¿De dónde lo sacaste Daphnes?, seguro es de buena familia.
—De muy lejos respingó aun tratando de parecer cordial.
Zelda apenas si podía esconder cierta risilla maliciosa, poco imagina que le causará tanta gracia que la sola presencia de Link metiera a su padre en semejantes aprietos, y todo porque el señor se negaba a decir la verdad. Tocó fondo cuando Sara le propuso de manera indiscreta que lo emparejara con su hija Zelda, creía que harían bonita pareja, "Que buen mozo" volvía a repetir, Zelda se limpió una lagrimita después de tanto reír en silencio.
— ¿Y tú qué opinas querida?
—Me parece que…
—Que debería conocer a un buen muchacho—interrumpió el dichoso padre, sin siquiera pensarlo cogió al primer joven que iba pasando y lo sentó al lado de Zelda. — Mira ¿aaaa?… — viró un segundo para ver lo que había cogido, el muchacho aun estando desubicado le sonrió de forma tonta — a Phillbert, si, si. Muchacho como has crecido.
—Hola, señor. Hacía ya mucho tiempo
— ¿Vienes solo?
—Vengo en representación de mi padre, está viendo usted ahora a su nuevo socio.
—Oh
—Me encanta su fiesta. ¿Oiga, quien es ese?
Todos se viraron ante la pregunta, el sujeto que había estado observado desde la distancia, se había acercado. Daphnes frunció el sueño.
—Alguien no invitado—susurró, dejó a Zelda y a su séquito para ir a ver al susodicho.
—Hola Zel.
—"Ay no…", Hola Phill— masculló más de fuerza que de gana, nada le causaba más pereza que tener que lidiar con antiguos pretendientes, especialmente con uno que jamás se había rendido, ese Phill no era un chico malo, pero era como pisar un chicle, un chicle muy pegajoso y muy difícil de quitar. —yo…, voy por los bocadillos— dijo tratando de huir
—Te acompaño
Zel se dio un tope en la cabeza, aunque igual debió asentir por cortesía.
— ¿Te gustaría hablar de compromiso?
—Ay no—rechistó, maldijo por un segundo a Daphnes, aunque tal vez, podría darle vuelta a la jugada—Estoy comprometida—soltó sin pensarlo—oh si, muy, muy comprometida.
Phill se rio y negó con la cabeza, quizás pensando que aquello era una broma.
—Y deberíamos salir un día de estos.
—Phillbert — gruñó, tenía ya una venita bien nacida en la frente, el dichoso chicle era demasiado insistente. Él solo seguía sonriendo con esa mueca tonta.
Regresaban a la mesa cuando se escuchó cierto murmullo.
— ¿Y ahora qué pasa? — canturreó Phill parándose de puntitas
Zelda sintió que alguien la cogía por la espalda, sin inmutarse miró de reojo a Link, había mucho movimiento de guardias, los músicos habían pausado un momento para dar descanso antes de la siguiente apertura, quizás en el menos adecuado.
Sara aclaró la garganta y señaló al fondo, Daphnes permanecía estoico.
—No puedes hacer esto, arruinaras toda mi compañía.
—Así son los negocios, a veces se gana, y otras tantas pues no.
había terminado haciéndose de palabras con el huésped no invitado, un reciente ex socio al que le habían hurtado todos sus privilegios, Daphnes tenía sangre fría y calculadora y no se paraba jamás a meditar sobre qué compañía vecina se iba a la quiebra por su culpa. Link alcanzó a percibir algunas palabras de amenaza antes de que los guardias echaran al hombre.
— ¡Te vas a arrepentir!
—Parece que Daphnes, tuvo una pequeña disputa—acentuó la senil Watarara.
— ¡¿Otra vez?! —rechistó la joven Hylian llevándose una mano a la cara, ya no era sorpresa aunque no se esperaba que lo hiciera en plena fiesta , bueno al menos hoy parecía de buen humor, no había visto volar ni una sola silla ni nada por el estilo.
Por ahí se escuchó un suspiro doble, Link y Zelda se habían sincronizado mientras negaban al mismo tiempo con la cabeza.
—Que buen mozo. ¿De qué familia dijiste que era? — y la ancianita volvía a sus andadas.
Link la miró y le dedico una sonrisa.
—Wolfang. Pero, lamento desilusionarla, no pertenezco a ninguna familia noble, si es a lo que se refiere.
—Oh! — pareció un poco escandalizada, aunque se abanicó con las propias plumas de su mano. Lo barrió con la mirada y detuvo sus ojos en la mano del chico que permanecía firmemente engarzada a la de Zelda.
— ¿Quieres comer algo Link? — canturreó la chica, sin pensarlo había cogido uno de sus bocadillos y lo había puesto en la boca de su pareja, él correspondió de forma tan natural que no pasó desapercibida.
—No creo que tenga mucho tiempo para eso—respondió aún terminando de masticar. Me han dicho que sigue la pieza principal, solo vine a ver que no quedaras enredada en eso—señaló al tumulto de guardias que aún calmaba los rezagos del escándalo.
— ¿Yo?
—Lo quieras o no, aun eres la princesa de éste castillo. Así que, nunca se sabe. — le recordó, en ese sentido se había sentido demasiado tranquilo de que ahora vivieran juntos, Daphnes regresaba en ese instante, así que decidió volver a su piano dándose a la fuga, pero no sin antes inclinarse ligeramente para susurrarle unas palabras a su novia—si sientes algún peligro ven a mi lado.
Y se marchó.
Zelda viró la vista a su padre, él se detuvo a su lado.
—No hagas que todos te odien, al menos, no por hoy.
—No hice nada malo.
Ella negó con la cabeza, como si dejar a decenas de familias en la calle no fuera lo suficientemente terrible. Aunque para el caso, siempre había sido así toda su vida. Los sentimientos no tenían cabida en su forma de raciocinio, así era él y nada podía cambiarlo. Zelda lo había aceptado hace mucho, más aun así esa clase de escenas siempre le dejaban un hueco profundo en el pecho.
Así mismo lo vio marcharse, se paró al frente con esa pose altiva mientras daba el discurso de bienvenida, después de suponer que la mayoría de sus invitados ya estaban presentes para esa hora.
Se suponía que los músicos harían una pieza de entrada simple, pero alguien cambió de planes a último minuto, sólo se escuchó el piano en solitario.
Daphnes se quedó perdido en aquella melodía, miró a Gustav y éste a su vez miró a Zelda como si buscara un cómplice en quien respaldarse.
—Que bella melodía—escuchó decir a Sara.
—Es la pieza favorita de papá, aunque había renunciado a ella hace años.
La anciana ladeó la cabeza, parecía un poco confundida.
—Nadie consigue tocarla bien—clamó ella con una risita—Es solo que él está encaprichado, mamá solía tocar esa pieza, pero lo hacía muy a su estilo, entonces cuando algún otro pianista la toca siempre le dice que está mal, luego enfurece y después perdemos a cualquier músico de piano que haya estado interesado en trabajar en Z-corp. Es, un ciclo vicioso. No sé porque el abuelo le dio esa pieza a Link*, aunque al menos él sabe cómo esquivar los ataques de mi padre.
Y así era Daphnes se paró junto a Gustav y le miró con cierto reproche, de cierta forma después de un tiempo en el que aquella melodía resonó por toda la estancia, entendió el plan del anciano. Había pasado mucho tiempo sin que disfrutara realmente de aquella pieza, cierto era, que nadie tocaba ni tocaría jamás como Ariane lo hacía, pero tenía que admitir que Link le había puesto corazón a cada uno de sus movimientos, quizás Gustav lo había orillado a ese momento, a ese extraño escenario que ahora ambos hylian compartían.
—No voy a perdonarlo nunca. Me traicionó y por si fuera poco me robó a mi hija.
—Bueno, el intento se hizo—respondió, soltó una risita.
Zelda parecía sorprendida, no dudaba ni un instante de las habilidades que tenía su novio con el instrumento pero poco se imagina que lograría imitar a su ausente madre. Por un segundo sintió esa calidez de nuevo como si la desaparecida Ariane hubiera regresado ahí a su lado.
El momento se rompió cuando Phill comenzó a fastidiar de nuevo. Hablaba demasiado de él y de lo genial que sería que se quedarán juntos.
—Entonces, mi damisela ¿Bailamos?
Y ahí acabó su paciencia, simplemente se excusó diciendo que debía ir al baño, se quedó ahí largo tiempo pero cuando regresó el susodicho seguía ahí y de forma aún más insistente. Fastidiada por no poder quitárselo de encima decidió poner un ultimátum y no sólo a él si no también a la parvada de zopilotes que habían estado acechándole con la mirada toda la noche.
—"Ya estuvo bueno, me largo" — no lo pensó dos veces.
— ¿A dónde vas, Zelda?
Simplemente ya no pudo seguirla después de que ella decidiera atravesar todo el salón y escabullirse a la zona de los músicos, eso ocasionó que más de una mirada se le pegara encima, se preguntaban ¿qué hacía ella ahí en ese sitio? Pero simplemente llegó a sentarse al banquito del pianista así como si nada.
…..
Pará el caso había alguien que no se había dado cuenta aún, Daphnes se había perdido entre las conversaciones de los socios, volvió con Sara pero la encontró solo con Phillbert al lado haciendo una cara enfurruñada.
— ¿Y Zelda?
—Creo que tu hija prefiere al pianista — contestó la watarara con un tono de clara burla.
Daphnes levantó la mirada y se dio un tope en la cara después de encontrar a los tortolitos juntos y a la vista de todos. "son amigos" seguía repitiendo, aunque su voz comenzaba a sonar nerviosa.
Antes de esa semana Gustav le había pedido a Link que incluyeran algunas piezas poco convencionales, Link había elegido "lirios sobre hielo" que era la misma melodía que le había mostrado el día en el que los encontró en la escuela cuando le ofreció el improvisado trabajo. Zel lo había visto practicar desde entonces y se había aprendido algunas partes, siempre al igual que en ese instante le hacía la travesura de robarle algunas tonadas, él la miraba y le sonreía de forma tonta, compartieron un trozo de canción hasta que esta llegó a la parte complicada y solo entonces Zelda prefirió llevar sus manos a otro sitio, se escabulló bajo el brazo derecho de Link y se quedó ahí abraza de él casi hasta el final de la pieza.
Era de esperarse que la escena captara miradas chismosas, y también cierto sentimiento de asombro, más de uno se preguntaba quién sería el talentoso pianista que ni se inmutaba ni teniendo el peso de la damisela en su costado.
Finalmente Phill se levantó para retirarse.
—Entonces ella… ¿me dijo la verdad? ¿Está comprometida?
— ¿Qué? ¡No! ¿Ella te dijo eso?, solo bromeaba. —pero la voz de Daphnes no pudo ocultar más la mentira, Phill definitivamente había notado aquello.
Aún así guardó su orgullo y aceptó la derrota, Daphnes simplemente lo vio irse hacia otro sitio, farfulló internamente, allá iba otro buen candidato de otra buena empresa con la que le habría encantado afianzar lazos. Más tarde cuando Zelda volvió le miró con cierto reproche, ella ignoró el hecho y le preguntó si ya deseaba hablar sobre el futuro de las acciones.
—Decidiré en medio año. Si me quedo o si por el contrario las vendo y mudo mis intereses hacia otro lado.
Estaba conmocionado. ¿Hacia otro lado?. Zel le recordó la propuesta que le había llegado desde Dragonfly hace tiempo. No había sido broma y ellos seguían insistiendo regularmente, se preguntaba si algo de aquello tendría que ver con que Link estuviera metido por ahí sus propios intereses, después de todo él trabajaba ahí desde hace mucho.
Por primera vez su padre no dijo nada, aunque las palabras de ella habían sido como una advertencia de despedida, si abandonaba el legado que le había dejado Ariane ya nada la retendría, y eso significaba que podía perderla para siempre.
Simplemente lo había dejado en la cuerda floja.
—No tienes que hacer esto, Z-corp es tu casa.
Ella le dio el beneficio de la duda al ver que no había enloquecido como comúnmente lo haría.
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En la oscuridad de otros pasillos aguardaba un alma llena de venganza, una… o varias. Hacía tiempo que se habían reunido después de que compartieran un interés común.
—Esta fue su última elección.
—Vamos a quitarle su compañía.
—Él nos quitó lo que más queríamos, ahora le arrebataremos lo único que a él le importa.
Y ahí estaban los ex socios que se habían colado sin que nadie se diera cuenta, y también calaña del bajo mundo que había sido contratada bajo previo aviso.
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Y la noche finalmente les había alcanzado, sólo quedaba por disfrutar el clímax de la fiesta, los músicos habían dejado ya su sitio, quizás volverían a tocar una última pieza para el cierre pero por el momento tomaban un merecido descanso, la música había sido sustituida con un sistema de sonido que contaba de varias bocinas repartidas en el salón.
Link se había quedado con "los colegas" entablando una simpática charla que iba de instrumentos y melodías.
— ¿Y de qué escuela vienes? — los veteranos le habían pillado curiosidad al muchacho.
—De ninguna realmente, aprendí de mi madre, y ella de la suya, había un piano muy viejo que llevaba generaciones en mi familia—rodó los ojos recordando la vieja cosa.
El resto del séquito parecía muy impresionado. Cerca de ahí la joven diosa se había escabullido con cautela.
—Hola
—Hola—respondió de vuelta el encargado de la música.
Zelda sacó una de sus sonrisas traviesas, el empleado del Z-corp que había trabajado ahí durante años soltó una risilla nerviosa.
— ¿Puedo pedir una canción?
—Claro, señorita Zelda —en fin al menos no había sido nada extraño, ¿y cómo decirle que no si era la mismísima hija del jefe?
…
Daphnes y Gustav perdieron la concentración de la conversación que habían estado llevando con Sara hasta entonces, cuando la música dejó de ser meramente instrumental se sintieron extrañados, viraron hacia el empleado encargado de eso, parecía naturalmente relajado aunque desde ahí lograron vislumbrar una melena rubia, la culpable no mostró interés por ocultarse, casi todas las miradas la pillaron en plena travesura cogiendo a Link por la espalda y secuestrándolo a su lado.
—Baila conmigo— canturreó, Link hizo una seña de disculpa y despedida para el séquito de músicos.
Se dejó llevar por su dama hasta el centro de la pista mientras la tomaba por la cintura y la mecía al compás de la suave melodía de "A Thousand Years", la canción que Zel había pedido. De vez en cuando ella lo abrazaba por el cuello y hacía dueto con la canción susurrándole al oído. Lo había olvidado todo, incluso que estaban en un evento social de alta categoría, una que otra caricia se escapó de sus manos, pero, ¿quién iba a detenerla o al menos recordarle que no debía hacer eso en público?, Link había caído ahí como manso cordero, El Lobo del Crepúsculo no tenía razones para ir en contra de las decisiones de su diosa.
—Te amo
—Yo también te amo, mil años y más… más allá de esta vida.
Y ahí cayó su voluntad absoluta, lo besó como si no lo hubiera besado en siglos, como si quisiera decirles a todos que él le pertenecía y que ella era de él únicamente.
—No mires allá Daphnes, pero creo que a tu hija le gusta su amigo el pianista.
La watarara había sobrepasado su punto de burla viendo que el hombre ya no podía ocultar más el susodicho romance.
Y Daphnes simplemente estaba ahí dándose de topes ya sin poder solapar su propia mentira. No era que Zelda hubiera deseado echarlo de cabeza, de hecho no era como si realmente lo hubiera planeado, era sólo que así había sucedido, y el que los tórtolos no midieran las consecuencias de sus actos estaba fuera de discusión alguna.
Se les veía bailando ahí tan felices que la fiesta terminó por perder ese toque formal y riguroso que siempre había caracterizado las reuniones que hospedaba el Z-corp.
…
Pero por muy ensimismado que estuviera la magia en su sangre no mentía.
— ¿Qué pasa, Link?
No escuchó la pregunta, sentía algo extraño en el ambiente.
— ¿Link? — lo llamó de nuevo al ver que había parado en seco. Quizás tenía hambre, se le veía un poco confundido.
—Tuve un sentimiento extraño.
Ella lo tomó de la mano y lo sacó de la pista.
— ¿Qué clase de sentimiento?
—Como si algo… faltara.
Zel ladeó la cabeza, le dio beso casto y lo llevó a que comieran, pronto Link entró en cuenta de algo, ahí adelante Daphnes lo miraba con esos ojos asesinos, una gota de sudor escurrió por su nuca, no estaba seguro de sí de verdad quería ir a comer a esa mesa. No obstante, Zelda seguía llevándolo de la mano, pocas veces le había visto tan confiada en una situación así.
— ¿Amigos? — repitió Sara haciéndose La inocentona.
Link soltó una carcajada.
— ¿Qué? No somos amigos—canturreó apretando aún más la mano de Zelda.
—Somos esposos—secundó ella está vez con cierto tono de malicia. — he tratado de decirlo toda la noche.
Link se puso todo colorado de que lo presentará de esa manera y más aun teniendo en cuenta que ahí estaban todos los músicos con los que recién había entablado amistad.
— ¿Verdad que si? — canturreó de vuelta meciéndole la mano.
Y simplemente movió la cabeza de arriba hacia abajo de forma muy boba, afirmando vehementemente como si no hubiera un mañana.
—Ese par quiere morir—susurró Gustav sudando en frío, Daphnes repiqueteaba el piso con el zapato, ahora ya no había vuelta atrás, o lo aceptaba, o se seguía haciendo el tonto, fuera como fuera su mirada en el fondo echaba fuego. Link se viró incómodo al sentir el sablazo, aunque Zelda seguía ignorando eso y así sin más se dedicaba a presumir a "su esposo".
—No tengo tanta hambre, ¿bailamos?— espetó tratando de huir de su susodicho suegro.
Zel asintió de manera feliz y volvió a arrastrarlo hacia la pista. Gustav simplemente movió la cabeza al verlos darse a la fuga. Y ahí junto a ellos la watarara que no dejaba de reírse.
Pronto las cosas se suavizaron Daphnes viró su atención hacia otro lado cuando otros socios robaron su tiempo. Sin embargo ojos maliciosos que habitaban las penumbras seguían cada uno de los movimientos del hombre, ávidos de venganza hicieron una elección de la que no había vuelta atrás.
Link y Zelda bailaban en arrumaco cuando de la nada el fuerte ruido de una bala retumbó en toda la estancia, todos los presentes se dispersaron espantados, los guardias entraron en alerta y cubrieron a sus jefes y socios importantes.
— ¡Qué está pasando! — gruñó Daphnes, los guardias lo habían rodeado tratando de protegerlo.
Tres sujetos encapuchados salieron de sus escondites, apuntaron a su objetivo pero no había manera de que lograrán llegar hasta el con tantos guardias, el ruido del alboroto advirtió aún más guardias que se encontraban en los pisos inferiores.
—Daphnes Harkinian, ¿restauraras todos los males que has causado? — habló uno
— ¡Cuáles males! — Rechistó el susodicho — no sé quiénes son pero esto no se va a quedar así. ¡Guardias!
Link espabiló en ese instante, por inercia había cubierto a Zelda.
—"Santas diosas… ¿es en serio?"— negó con la cabeza después de que Daphnes se pusiera al brinco contra sus atacantes, definitivamente ese hombre tenía un orgullo que lo arreaba hacia situaciones peligrosas, incluso se había puesto a insultarlos quizás sintiéndose seguro de que no podían herirlo. Los encapuchados le miraban con ira, Link supo descifrar en su mirada que su paciencia había llegado a su límite.
—Éste tipo no tiene remedio
— ¿Lo matamos?
—El jefe lo pidió vivo, pero dijo que podíamos hacerlo sufrir un rato.
Se viró hacia la pista y cargó su arma.
—Se siente inalcanzable entre sus guardias pero se le olvidó cuidar una de sus posesiones preciadas. Usted decide Daphnes ¿viene por voluntad con nosotros y conserva su familia? O….
Apuntó a Link y a Zelda
—Viene a la fuerza y sin familia, que le parece quedarse sin yerno, ¿Qué otra familia importante de Hyrule se revelara en su contra si lo mató a él primero?
Link entrecerró los ojos…
—"Esto ya se puso feo"— pensó jalando a Zelda hacia la seguridad de su espalda. Si las cosas seguían así medio Hyrule sabría el secreto de Zilant esa misma noche. Gruñó hacía su adversario, no le tenía ni pizca de miedo, pero en ese instante los papeles se viraron, Zelda lo jaló hacia atrás dejándolo un poco más que shockeado.
—Parece que mi comentario hizo enojar a la princesita del Z-corp—se burló.
Ella lo miraba con ojos asesinos después de que amenazara con herir a su pareja.
—No le vas a poner ni una mano encima a mi Link— amenazó.
—Zel
Ella le dedico una mirada, en sus ojos había un amor infinito y una determinación inquebrantable, Link entendió lo que trataba de hacer pero era muy arriesgado.
Cerca de ahí Daphnes hizo una seña a los guardias que recién llegaban desde los pisos inferiores, "a ellos" ordenó de manera silente, quizá debía de haberlo tomado con más calma, uno de esos guardias atento contra los invasores pero estos se percataron y terminaron por meterle un tiro, nuevamente el pánico cundió en toda esa sala, todo se vio envuelto en caos.
—Grave error gruñó uno de los atacantes — sin reparo le apuntó a la pareja y soltó el gatillo de la pistola, pero la bala chocó contra una ligera barrera ambarina desviándose de su curso. La magia de la diosa estaba ahí presente aunque se desbarató luego del primer impacto, fue entonces cuando Link volvió a sentir esa sensación extraña, ese vacío que le carcomía las entrañas, Zelda se mareó y se tambaleó hacia atrás.
— ¿Qué…? — por un segundo se le nubló la vista, quiso invocar de nuevo su poder pero le fue imposible, era como si algo le hubiera cortado la magia de raíz. — ¿por qué? — su voz sonó un poco temblorosa al ver que les apuntaban de nueva cuenta, pero aún era que estaba tan confundida que no cayó en cuenta que Link la había cubierto de nuevo.
Pronto todo se redujo un solo instante, el sonido de la bala impactando contra el cuerpo del joven hylian, azotó recio contra en piso envuelto en un charco de sangre.
— ¡Link!
No podía creerlo, no podía ser cierto, le había jurado que lo protegería, pero no había podido y en cambio él había intercambiado su vida por la de ella.
Yacía ahí inmóvil sin señales de vida.
—¡Link! — la voz de Zelda resonó en toda la estancia, el eco de su dolor y de su llanto llenaron plenamente el Z-corp aquella noche.
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NA: La pieza que está tocando Link es "Salvation" de Gabrielle Aplin en su versión instrumental, un precioso OST de la película de El Principito.
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Continuara...
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Comentarios del Capítulo:
Ya se puso feo D: , y es que originalmente estaba planeado que los matones llegaran interrumpiendo el baile justo en A thousand Years,pero la escena se había puesto tan tierna que no fui capaz de arruinarles el momento a los tortolitos. De hecho mientras escribía este capitulo hubo muchos cambios de lugar en las escenas, fue difícil, pero reí y disfrute mucho metiendo a Daphnes en apuros que bien se lo tenia merecido desde aquel día del festival del otoño.
Lamentablemente Link ha muerto :( , así que ahora Zelda sera su reemplazo como Zilant , buscara venganza conquistando todo a su paso con su ejercito de mogmas :v
ok no xD... ¿oh quisas si?... nah xD... pero tal vez
jajajaja es broma, o tal vez no lo sea, pero para saberlo tendrán que esperar el siguiente capitulo el cual esperemos no demore otra eternidad.
