.
CAPÍTULO 39:
"Inalcanzable"
.
—Blaine…
—¿Mmm? —lo miró con ensoñación.
—¿Qué haces?
El menor se dio cuenta de la confusión en el rostro de Kurt, y como si alguien le hubiera lanzado agua fría, saltó hacia atrás empujándolo ligeramente al soltarse.
—Lo… lo siento.
—Ah… E-está bien, tranquilo. No pasa nada.
Eso era correcto, no pasaba nada entre ellos. Era evidente que Kurt no sentía lo mismo, y su corazón dolió.
Un silencio absoluto reinó hasta que estuvieron frente a la puerta del mayor.
—Voy a coger las cosas que necesito, pero pasa, no te quedes ahí.
—Amm… No, gracias. Necesito mis cosas también.
—Claro. ¿Nos encontramos aquí?
—Sí, como quieras —respondió sin ánimos y se alejó.
Una vez en su habitación, Blaine se apoyó contra la pared, negando con la cabeza mientras frotaba su rostro. ¿Cómo podía ser así de tonto? Dejarse engañar por un desconocido había sido una estupidez, pero no tan grande como creer que en ese viaje las cosas podrían surgir con Kurt. ¿En qué había estado pensando?
No sólo eran muy diferentes, sino que los gustos de Hummel iban por otros rumbos, y ahora lo tenía claro, bastaba con pensar en su ex.
Dante era alto, atractivo, con un buen físico, de esos sujetos que parecen salidos de una revista. Como si no fuera suficiente, a la lista se agregaba que era inteligente, interesante, estudiado, culto, alguien de mundo… y él no era nada de eso. ¡Por todos los cielos! Ni siquiera había terminado el colegio. Obviamente Kurt no veía nada en él que llamara su atención.
Con un suspiro derrotado avanzó hacia la cama y se aventó en ella. ¿Por qué tenía que haberse fijado en alguien imposible de alcanzar? ¿Y por qué tenía que doler tanto? ¡Tonto corazón que no sabe elegir!
Limpió con fuerza la lágrima que rodaba por el costado de su ojo derecho, y su respiración se aceleró. ¿Qué le estaba pasando? Después de todo no era la primera vez que le gustaba alguien sin ser correspondido.
Tal vez era porque más que gustarle, estaba enamorado, y había tenido esperanzas debido a todas las señales que Kurt le daba.
Las señales… Se suponía que hablaría con él al respecto, pero eso significaba exponer sus sentimientos, y ya no tenía ningún caso hacerlo.
—¡Eres tan estúpido! —se dijo a sí mismo en voz alta y golpeó con un puño el colchón.
Realmente necesitaba hablar con alguien, pero Scott no era una opción para tratar ese tema, además de que se encontraba en el trabajo. Su otro amigo era Alejandro, y este estaba al tanto de toda la situación, pero ¿cómo llamarlo si no tenía su celular ahí?
De pronto recordó el teléfono que estaba sobre una de las mesitas de noche y la tarjeta con las instrucciones para poder marcar.
Gateando por la cama llegó hasta el otro lado y se sentó en el borde para revisar todo. Aunque había un inconveniente, no estaba seguro de acordarse con exactitud del número de su amigo.
Tras varios intentos fallidos finalmente logró contactarlo, pero la plática apenas comenzaba cuando alguien golpeó su puerta. Por la forma de tocar supo de inmediato de quien se trataba así que dio por terminada la llamada y se levantó a abrir.
—¿Qué pasó? —preguntó el decorador.
—¿Por qué?
—Acordamos que nos veríamos frente a mi puerta y he estado esperándote por diez minutos.
—¿No ibas a coger tus cosas?
—Sí, pero eso fue rápido.
—Ah… claro…
—¿Qué te pasa?
—Nada —dio la vuelta y avanzó.
—Te conozco, y sé que me estás mintiendo. Dime qué ocurre. ¿Es por lo que sucedió con Matt? —lo siguió y lo tomó rápidamente de la mano— No tienes por qué sentirte mal, ese sujeto es…
El chico de rizos veía los labios de Kurt moverse, pero no escuchaba nada de lo que decía.
—Tengo que recoger mis cosas —dijo soltándose súbitamente, sin saber si Hummel había terminado o no de hablar.
—Blaine…
—Estoy bien.
—Okay… —suspiró decidiendo no insistir más por el momento— ¿Con quién hablabas? Escuché que estabas al teléfono.
—Con Alejandro.
—¿Quién es Alejandro? —preguntó intrigado.
—Un amigo.
—¿Dónde lo conociste?
—Es el chico que vive junto a la casa de los O'Donnel. La pareja terrible para la que trabajé un tiempo. Te conté sobre él.
—Oh, sí. No recordaba su nombre. Y siendo honesto, pensé que habías dejado de verlo.
—¿Por qué haría eso? Alejandro es una de las mejores personas que he conocido en toda mi vida. De hecho, a él fue a quien estuve ayudando la noche que regresé tarde.
La verdad es que me gustaría poder pasar más tiempo con él, pero diferentes motivos me lo han impedido porque…
Mientras el menor hablaba acerca de su amigo, Kurt tenía una extraña sensación asentándose en su pecho.
¿Por qué el tal Alejandro era tan importante para Blaine, al punto de haberse arriesgado a regresar tan tarde sabiendo el peligro que corría? ¿De verdad había estado ayudándolo o lo que le dijo fue una excusa para no revelar que no se había percatado de la hora por estar con ese sujeto?
Su estómago dio de pronto un vuelco feroz. Por alguna razón no le gustaba escucharlo hablar con tal entusiasmo de aquel chico mientras sonreía de esa forma.
—¿Qué edad tiene? —interrumpió.
—No lo sé.
—¿Es tu amigo y no sabes su edad?
—Para mí cosas como la edad, creencias, religión, apariencia física y demás, no son importantes, así que no es algo que les pregunte a las personas que conozco para determinar si nos vamos a llevar bien o no. Si tenemos química, genial, y si hacemos conexión, mucho mejor.
Claro que me fijo en algunos aspectos como la forma de pensar, de actuar y de tratar a quienes los rodean, porque al final eso es lo que determina la clase de persona que eres.
—Comparto tu opinión, pero hay ocasiones en las que ciertas cosas sí pesan, como en este caso su edad.
—No entiendo por qué. En todo caso, es mayor.
—¿Por cuánto?
—No lo sé.
—Aproximadamente… Un año, dos años, tres…
—Es mayor que tú.
—¡Oh! Entonces ya es un adulto.
—Así es.
—¿Y qué haces con ese sujeto que te lleva tantos años?
—Somos amigos, y como dije, su edad no importa ni afecta en nada.
—Eso es lo que tú crees.
—Te aseguro que es mi amigo, y uno bueno en verdad.
—¿Es gay?
—Sí, y ya te lo había contado cuando te hablé de él la primera vez, aunque no entiendo cuál es el motivo de tu interrogatorio.
—Me preocupa que quiera aprovecharse de ti en alguna forma.
—Nunca. Sus intenciones son buenas.
—Eso pensabas de Matt.
—¡No te atrevas a compararlo! —dijo molesto.
—¿Por qué te enojas?
—Alejandro es una excelente persona y jamás se comportaría como ese idiota.
Hemos estado solos muchas veces, así que oportunidades para intentar hacer algo inapropiado no han faltado, sin embargo, él siempre ha sido muy respetuoso y me tratado con cariño. Más que como a un amigo, me atrevería a decir que como a un hermano.
—Es mayor que tú y…
—Tú también, y no por eso tienes malas intenciones.
—Es distinto.
—No lo es.
—Entonces para ti el tal Alejandro y yo somos iguales. ¿Su relación es idéntica a la nuestra?
—¡Jamás! No hay nadie como tú, Kurt, y lo nuestro es especial… Al menos para mí.
—¿Al menos para ti? —lo miró confundido— ¿Qué se supone que significa eso?
—Que eres muy importante para mí, por si no lo has notado.
—¿De qué estás hablando? ¿Crees que no sé que nuestra amistad es…? —negó con la cabeza— No entiendo por qué me dices esas cosas ni la razón por la cual estás tan enojado conmigo.
—Y yo no comprendo por qué estás actuando así.
—¿Así? ¿Cómo?
—Me haces acordar a Scott cuando se pone con sus celos.
—¿Celos?
—No digo que lo estés, no hay razón para ello, pero sí estás actuando raro.
—¿Preocuparme por ti es actuar raro?
—Te agradezco que estés pendiente de mí, pero, así como tú tienes a tus amigos, yo también puedo tener a más personas en mi vida que no sean tú y Scott.
—Nunca he dicho lo contrario. Lo único que quiero es que entiendas que no puedes confiar en todos los que se acercan a ti, y mucho menos pensar que son tus amigos.
—Eso lo sé.
—¿Entonces?
—Entonces, ¿qué?
—Que no deberías seguir frecuentando a ese… ¿señor?
—Tampoco es tan mayor, y si lo fuera, no habría ningún problema.
—Es que no te das cuenta de que…
Aquella plática fue tornándose cada vez más incómoda, y antes de que terminara convirtiéndose en una discusión mayor, Blaine la dio por terminada.
—¿Sabes qué? No tengo por qué pedirte permiso para relacionarme con otras personas, así que se cierra el tema… Y tampoco tengo ganas de salir a ningún lugar. Puedes ir a donde quieras, yo me voy a quedar descansando.
Kurt lo miró consternado.
—No entiendo qué fue lo que ocurrió para que cambiaras de esa forma.
—¿Cómo que cambié?
—El Blaine que buscó refugio en mis brazos cuando estábamos en el ascensor no es el mismo que tengo frente a mí en este momento, y ni siquiera sé el motivo.
El chico de rizos frunció el ceño sin poder explicar con exactitud la manera en que se sentía. ¿Por qué estaba tan enojado con Kurt? ¿Acaso tenía que ver con…?
Era absurdo ponerse así por algo que no dependía de ninguno de los dos. Él se había enamorado, y no podía cambiarlo, así como Kurt no podía cambiar el hecho de verlo sólo como un amigo. Y no era su culpa, simplemente le atraían otra clase de hombres, y él debía aceptarlo.
»Ya que al parecer no tienes nada más que decir, creo que lo mejor es retirarme —suspiró—. Voy a estar en mi habitación.
—Que yo no quiera salir no significa que tengas que quedarte.
—Tal vez baje, no sé, pero estaré en el hotel —se dio la vuelta y caminó hacia la puerta.
Anderson lo vio alejarse mientras luchaba con sus ganas de retenerlo y las de no verlo. Estaba enojado, triste, desilusionado, y manejar todo eso a la vez no era nada fácil.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Luego de caminar en círculos por casi media hora intentando comprender lo que le ocurría a Blaine, Kurt decidió salir de la habitación que parecía volverse más pequeña con cada minuto que transcurría, sofocándolo de una forma inexplicable.
Al ingresar al elevador desvió la mirada hacia el rincón en donde había estado abrazando a su amigo y agitó la cabeza, totalmente confundido. ¿Qué había pasado? ¿Tenía que ver con el tal Alejandro? Aunque Blaine ya estaba actuando raro antes de que hablaran de él.
Cerró los ojos reviviendo el momento en el que el chico de ojos dorados buscó refugio mientras temblaba, y la manera en la que él lo había sostenido intentando protegerlo.
Aquel instante se había sentido tan correcto, y ahora todo estaba de cabeza.
Con un suspiro dejó que las imágenes corrieran libres por su mente hasta llegar al momento en el que tuvo la impresión de que Blaine había querido besarlo, mas eso era imposible. ¿Por qué querría besarlo si eran amigos? Tal vez sólo había sido un movimiento sin importancia que dio lugar a una mala interpretación.
¡Oh! ¡Eso tenía que ser! Cuando le preguntó qué estaba haciendo, Blaine se había apartado violentamente. De seguro creyó que él pensaba algo malo y ahora estaba avergonzado, por eso el silencio absoluto que llegó después… aunque aquello no justificaba su enojo.
Necesitaban hablar acerca de lo sucedido y aclararlo. Por nada del mundo quería que Anderson se sintiera mal.
—Vaya coincidencia… ¿Y dónde dejaste al muñeco?
Hummel levantó la cabeza y frunció al ver a Matt frente a él mientras la puerta del ascensor se cerraba.
»No hagas gestos que te vas a arrugar, y tienes un rostro muy hermoso para que esté todo marcado.
—¡No me hables! —dijo con total molestia y volteó hacia un costado.
—No me has contestado. ¿Dónde dejaste a esa delicia?
—¡Ni siquiera se te ocurra volver a acercarte a él!
—Puedo entender que lo quieras para ti, pero lo que todavía no me queda claro es dónde entra Dante en todo esto. Ese hombre sí que es celoso, por lo tanto, no creo que sepa que estás aquí con ese muñeco.
Kurt decidió ignorarlo y cruzó los brazos al nivel del pecho.
»¿Acaso decidieron ser más progresistas y abrir su relación? Porque de ser así, me interesa —lo miró de pies a cabeza.
Mmm… No, no creo. Dante jamás permitiría que alguien se te acercara con esas intenciones, así que debes estar en una relación doble, lo cual me encanta porque lo vuelve más atrevido y excitante. Pero, ¿a quién prefieres? ¿A Dante o a Blaine? Oh, bueno, supongo que si has venido con tu amante es porque…
—¡Blaine no es mi amante! —gruñó.
—Ay, precioso, no seas cínico cuando es obvio lo que estás haciendo. Ese numerito de que son amigos y vinieron unos días a relajarse, no lo creo.
Aunque pensándolo bien, quizá lo trajiste engañado, porque él parecía sincero al decir que había venido con un amigo y… —elevó una ceja y sonrió maliciosamente.
Hummel… mis respetos —realizó una venia— Me tienes sorprendido. Este sí que es un enorme cambio del chico que jugaba al inocente conmigo.
—¡Vete al carajo!
—¿Sabes? Siempre tuve una duda, pero no hubo oportunidad de despejarla, hasta hoy… —detuvo el ascensor y se paró frente al panel.
—¿Estás loco? ¿Qué crees que estás haciendo?
—Necesito que me respondas algo.
—¡No tengo nada que hablar contigo, así que mejor quítate de aquí! —intentó apartarlo para poner en marcha el artilugio.
—Eso de ser virgen y querer esperar por la persona correcta, ¿era cierto o sólo lo usabas como coartada para provocarme? Porque lo que tú y yo hacíamos no era de alguien sin experiencia.
—No sé con quién me estás confundiendo, pero entre tú y yo nunca pasó nada.
—Pues yo recuerdo lo mucho que te gustaba que te acariciara y…
—Nunca hubo nada más allá de eso, y lo sabes bien. Ahora muévete que quiero salir.
—No pensé que fuera posible, pero luces mejor que antes, y creo que, si la vida nos volvió a reunir, deberíamos aprovechar para recordar viejos tiempos. Es más, hasta podríamos invitar a Blaine y entre los dos quitarle esa inocencia cautivadora —sonrió y guiñó de forma coqueta.
Kurt frunció y apretó el puño con fuerza.
—¡Déjalo fuera de tus perversiones!
—¿Por qué no puedes compartir?
—¡Blaine no es un objeto! ¡Él vale demasiado, y un sujeto como tú jamás va a llegarle ni a los talones!
—Cada vez me parece más ilógico tu comportamiento. Dices que únicamente son amigos, pero lo defiendes con desmesura y te molesta que quiera tener algo con él. Algo no cuadra en tu narrativa.
—Te lo advierto —bramó—. Si te llego a ver cerca de él…
—¿Qué? ¿Vas a llamar a tu papá para que te defienda?
—No soy el mismo que conociste, y no tienes idea de lo que soy capaz de hacer por las personas que quiero, así que es mejor que no te vuelvas a acercar a nosotros —lo empujó y presionó el botón para que el ascensor se abriera.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
~Espera, tú, ¿qué? —preguntó Alejandro sorprendido.
~Estuve a nada de besarlo… Fue un impulso… Me dejé llevar por el momento.
~¿Y qué pasó?
~Me preguntó qué estaba haciendo, y juro que sentí como si me atravesaran el corazón.
~Ay, cielo… Tal vez estaba sorprendido y por eso reaccionó así.
~Más que sorprendido, estaba confundido, y yo… No sé ni cómo explicarte todo lo que sentí al notar su mirada.
~¿Estás seguro de que estaba confundido?
~Por supuesto. Si te digo que hasta me preguntó qué estaba haciendo cuando me acerqué —suspiró—. Él no siente lo mismo que yo, eso es definitivo.
~Blaine…
~Estoy tan avergonzado en este momento, y mientras más lo pienso, es peor.
~Amar a alguien no es motivo de vergüenza.
~Cuando no eres correspondido y quedas como un tonto, lo es.
~¿Ya le dijiste lo que sientes por él?
~No.
~¿Y cómo sabes entonces que no eres correspondido?
~Por la forma en la que reaccionó. Me basta con eso para comprender que no puedo exponerme. No tiene sentido hacerlo.
~Me parece que no deberías de rendirte con esa facilidad. Hasta que no hables con él y…
~¿Y decirle qué? ¿Que estoy enamorado? ¿Con qué objetivo si ya sé que no me corresponde? ¿Para que sienta pena de mí? ¿O para que las cosas se vuelvan incómodas entre nosotros? No, gracias.
~Blaine, cariño, respira y haz una pausa.
~¿Qué?
~Estás ofuscado y actuando por impulso. Eso no te ayuda en nada.
~Me duele que haya reaccionado así.
~Entiendo que no es fácil por lo que estás pasando, pero…
~Ya tomé la decisión. No voy a decirle lo que siento cuando es claro que…
~No hay nada claro. Sólo sigues haciendo conjeturas que no te van a llevar a ninguna parte.
~Supongamos que lo hago. Que, a pesar de todo, lo busco para hablar y le abro mi corazón, pero él dice que no se siente igual, ¿entonces qué?
~Entonces será bueno que sepa que con sus acciones estuvo dándote señales confusas para que no continúe haciéndolo.
~No puedo decirle que… No, no puedo. Eso sería más vergonzoso. No sabría cómo actuar después de eso. No sé cómo hacerlo ahora.
Me enojé con él cuando vino a buscarme, y se veía tan confundido —suspiró—. Ni siquiera sé por qué me siento así. No es como si él tuviera la obligación de corresponderme —se lamentó.
~Y es por eso que deben sentarse a platicar.
~Sí quería. Te juro que tenía la intención de hacerlo, pero ahora ya no puedo.
~¿Prefieres quedarte con la duda? Que él te siga confundiendo, ¿es mejor?
~N-no. Pero… ¿por qué tiene que ser tan difícil?
~Así es como lo ves en este momento, sin embargo, te puedo asegurar que luego será diferente.
~¿Cómo puedes saberlo?
~Porque tengo más experiencia, dulzura, y en base a lo que he vivido es que te aconsejo.
~Este viaje no está resultando como esperaba —suspiró.
~Cariño, recién llegaron ayer, y si a eso vamos, te recuerdo que el objetivo del viaje es distraerte y despejarte de todo lo que te está ocurriendo.
Hablar con tu amigo acerca de tus sentimientos es un extra, el cual no deberías descartar tan pronto.
~¿Entonces qué? ¿Debo ir a buscarlo?
~No. No es conveniente ahora.
No entiendo. Primero me dices que hable con él y luego dices que no.
Deben hablar, de eso no hay duda, lo que no es aconsejable es que vayas en el estado en el que te encuentras porque no estás pensando con claridad.
Lo mejor que puedes hacer ahora es relajarte, dejar de pensar tanto y permitir que las cosas fluyan.
Tienes el resto de la semana frente a ti. El momento adecuado se va a presentar, y tal vez podría sorprenderte.
~¿Quieres decir que puede haber una oportunidad de…?
~Blaine, cariño, deja de sobre analizar todo. Ya no pienses más en si va a pasar esto o aquello y dedícate a disfrutar de ese lugar tan espléndido en el que estás.
Independientemente de lo que ocurra con tu amigo, haz de esa experiencia algo inolvidable.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Kurt se encontraba sentado en una de las tumbonas mientras la brisa acariciaba su rostro. Irónicamente el clima era perfecto para disfrutar de la piscina que parecía brillar por los rayos del sol.
En su mente repetía incesante los acontecimientos del día intentando encontrarle una respuesta al comportamiento de Blaine, pero todas no eran más que suposiciones.
—¿Puedo sentarme?
El decorador levantó la cabeza al reconocer esa voz, y asintió.
—Claro. No tienes que preguntar.
Anderson se acomodó frente a él y suspiró.
—Lamento lo que pasó antes. La forma en la que te hablé y en la que me comporté… Yo… amm… Me puse medio idiota. No sé de qué otra forma decirlo.
Kurt se giró y lo miró fijamente.
—¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué estabas tan enojado? He estado pensando en ello y no estoy seguro de…
—Me sentí mal por lo que pasó con ese sujeto y luego… —se mordió el labio— Olvídalo, ya pasó.
—No puedo olvidarlo. Si viniste aquí es para hablar de lo que te está afectando, y me alegra mucho que lo hicieras porque es la única forma de entender lo que ocurre y encontrar una manera de ayudarte.
—¿Por qué?
—¿Por qué? ¿Qué clase de pregunta es esa? Porque te quiero, porque me importas, porque deseo que estés bien.
—¿De verdad?
—Ahora soy yo el que cuestiona qué clase de pregunta es esa. ¿Acaso no te he demostrado cuánto significas para mí?
Blaine sonrió ligeramente, pero al sentir que sus mejillas se sonrojaban, respiró profundo e intentó mantener la compostura.
—Lo siento, fue una pregunta absurda. Sé que te importo y que te preocupas por mí.
—Es más que eso, Blaine… Mucho más.
El menor se esforzó por no suspirar y mantenerse estoico, logrando tras varios segundos, asentir con suavidad.
»¿Me vas a decir lo que te está pasando? Porque tengo una teoría, pero no sé si es correcta o me equivoco.
—¿Qué teoría?
—Cuando estábamos en el elevador y te acercaste de esa forma, te pregunté qué estabas haciendo, y te alejaste mirándome como si te hubiera ofendido o algo así. ¿Fue eso lo que pasó? Porque en ningún momento tuve la intención de hacerte sentir mal.
—Antes de responder, ¿puedo saber qué fue lo que pensaste en ese momento?
—Yo… Aah… —se rascó detrás de la oreja mientras pensaba en las palabras correctas— M-me sorprendió mucho verte tan cerca… Es… es que parecía como si tú…
—¿Hubiera querido besarte? Sí, eso era lo que iba a hacer.
