Los personajes de Ranma no me pertenecen, escribo esta historia sin ánimo de lucro y por el mero hecho de entretener
Lost in my memories
Capítulo 9
—Escúchame con atención, Akane. No tenemos mucho tiempo. En cuanto nos lleven a esa furgoneta voy a distraer a esos hombres, tienes que prometerme que correrás todo lo que puedas sin mirar atrás y te esconderás cuando sea posible.
—P-pero mami… ¿no vienes conmigo? —los ojos castaños de la pequeña comenzaron a humedecerse, el labio inferior le temblaba. Miraba a su madre sin comprender.
—Lo siento, mi vida… Me reuniré contigo en cuanto pueda —A la mujer apenas le salía la voz y luchaba por no derramar las lágrimas acumuladas en sus ojos, sabiendo que sería la última vez que vería a su pequeña.
—Pero, ¿cómo vas a saber dónde estoy? —dijo con horror en su inocente mirada.
—¿Te acuerdas de la pulsera que te regalé con tu nombre en Kanji? —La niña de 5 años asintió—. Pues si la llevas siempre contigo sabré dónde te encuentras. ¿De acuerdo?
La niña oyó gritar a los hombres que las escoltaban.
—¡Ahora! ¡Corre cariño! ¡No pares!
Akane escuchaba mucho revuelo detrás de ella pero corrió veloz como le prometió a su madre, veía todo borroso a causa de las lágrimas que no le daban ni un margen de tregua. El frío caló hasta sus pequeños pulmones, continuó corriendo hasta que tropezó con algo, el impulso del golpe hizo que cayera al suelo. Miró hacia arriba y se enjugó las lágrimas, unos ojos grises la observaban interrogantes.
La morena despertó sobresaltada, empapada en sudor frío y con la respiración agitada, como si acabara de hacer un sprint en una carrera. ¿Qué había sido ese sueño? Inmediatamente levantó el brazo derecho, lugar donde tenía la pulsera. No era un sueño, debía de ser un recuerdo de su madre. Se tocó la cara y comprobó que estaba mojada, había estado llorando.
Ya habían pasado dos meses del accidente, Ranma la había acompañado varias veces al hospital, tenían que hacerle un seguimiento y comprobar en qué estado se encontraba. Durante ese tiempo había experimentado flashes borrosos, principalmente de lugares, aunque de vez en cuando también aparecían figuras de personas, con el acompañamiento de fuertes dolores de cabeza, pero este sueño había sido demasiado vívido, demasiado real. ¿Dónde estaba su madre? ¿Quién era el dueño de esos ojos grises?
Le daba miedo volver a dormirse, por una parte si los sueños la llevaban a descubrir quién era ella bienvenidos fueran, pero por otro lado, esa sensación de angustia con la que se había despertado no deseaba volver a experimentarla.
Cuando decidió que saldría un rato a la sala de estar a ver un poco la televisión oyó que llamaban a su puerta.
—Akane… soy yo…
Simplemente el escuchar su voz al otro lado le hacía poner de nuevo los pies en la tierra y sentirse tranquila y a salvo, a pesar de que últimamente lo había notado más distante con ella y eso la entristecía sobremanera.
—Ah… sí, pasa…
El azabache abrió la puerta despacio y solo entró a medias, como si esa habitación fuera algo prohibido para él —¿Estás bien? Me ha parecido oírte llorar…
¿Cómo podía ser tan frío y tierno al mismo tiempo? Parecía que siempre estaba para ella en el momento que más lo necesitaba —He tenido una pesadilla… aunque más bien creo que ha sido un recuerdo.
Debido a la oscuridad Akane no pudo apreciar la tensión facial que se reflejó en Ranma en ese instante —¿Un recuerdo?
—Creo que he soñado con mi madre… yo también salía en el sueño pero era muy pequeña, me hizo huir de algo, de alguien… pero no sé por qué. En el sueño me gritaba que corriese sin mirar atrás, que después se reuniría conmigo pero yo tenía la sensación de que me estaba mintiendo… —Ranma la escuchaba atentamente sin querer intervenir, en esas dos semanas, había dedicado gran parte de su tiempo a buscar información sobre niñas japonesas desaparecidas, escudriñando cualquier pista que le llevase a la identificación de Akane, pero no había tenido éxito hasta ahora, quizá podría reducir el margen con su recuerdo.
—¿Sabes cuántos años tenías en el sueño?
Akane se quedó pensativa —No lo sé muy bien, quizá entr pero no te lo puedo confirmar.
—No te preocupes, es un avance.
—Lo último que recuerdo es que tropecé con un chico me parece, sólo vi sus ojos… de un gris intenso, y ahí me desperté.
Esta vez Ranma contuvo la respiración, el chico con el que Akane había soñado debía de ser Taro, Ryoga le comentó que la encontró siendo una niña, quizá fue mientras ella huía y él la ayudó. Por un breve instante agradeció a Taro el haber acogido a Akane pero una duda le reconcomía por dentro, ¿por qué no la llevó a la policía? Puede que hubieran podido ayudar a su familia porque era obvio que se encontraban en problemas. Demasiadas preguntas sin resolver.
—Ranma… —El hombre no se dio cuenta de que lo había llamado, parecía encontrarse en otro mundo—. ¿Has llegado ahora del cuartel?
—Sí, hoy ha sido un día largo… Será mejor que sigas durmiendo, son las 3 de la mañana.
—Esto… —dijo la chica antes de que Ranma cerrara la puerta—. ¿P-puedes quedarte un rato c-conmigo? Me da mucho miedo volver a dormir…
Una vez más la oscuridad fue un fiel aliado para los rostros de los jóvenes porque el color de sus caras se tornó de un rojo intenso.
El azabache titubeó, si se acercaba a ella ahora todos sus esfuerzos por mantener las distancias se irían por el desagüe, pero cuán mal debía de estar ella para pedirle algo así.
—Me quedaré hasta que te duermas, ¿de acuerdo?
—Gracias…
El hombre se acercó y se sentó en la cama, Akane se hizo un ovillo y se tapó hasta las orejas.
—Ranma… —musitó ella.
—¿Sí?
—¿Crees que mi madre estará buscándome?
El joven coronel permaneció en silencio unos instantes, por lo que le había contado Akane del sueño, si realmente era un recuerdo, tenía todos los indicios de tratarse de un secuestro. Anotó mentalmente ese dato para continuar con su búsqueda.
—Lo averiguaré, te lo prometo.
—Lo sé… —Ranma la oyó bostezar y casi al momento apreció un cambio en su respiración. Inhaló profundo y cerró los ojos. Pasar tanto tiempo separado de ella ese día había sido una tortura, nada más cruzar el umbral de su puerta pudo sentir cómo todos sus músculos se relajaban, definitivamente ella hacía que todos sus problemas se disiparan.
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Los párpados de Akane luchaban por abrirse pero se encontraba tan cómoda y reconfortada que no le apetecía comenzar el día, además de sentirse rodeada de un calor demasiado agradable. Todo el sopor que tenía desapareció al notar una presión en su cuerpo, abrió los ojos y se encontró cara a cara con el hombre que le robaba el sueño y los suspiros. Ranma yacía a su lado completamente dormido, rodeándola con sus fuertes y protectores brazos. La chica pudo deleitarse y admirar sus hermosas facciones, era tan guapo y perfecto que dolía sólo mirarlo. Con mucha precaución elevó su mano y rozó suavemente su boca con el dedo índice, su corazón palpitaba desenfrenado mientras otro tipo de calor comenzaba a centrarse en sus entrañas. Un gruñido gutural de la garganta del hombre hizo que Akane se pusiera rígida y nerviosa, lo último que quería era que esos ojos azules hipnotizadores despertaran y le vieran la cara de boba que se le quedaba al mirarlos. Ranma la acercó aún más a su pecho, colocando su mentón en la coronilla de la chica. Ella permaneció quieta sin saber muy bien qué hacer, si despertarlo o no, pero no tuvo que tomar esa decisión ya que el propio Ranma empezó a espabilarse.
El joven coronel abrió por fin los ojos, al estar la persiana bajada todo estaba oscuro a pesar de haber comenzado el día hacía unas horas. Apretó las manos y sintió algo blando, de pronto el aroma del champú de Akane le embriagó todos los sentidos y el pánico se apoderó de él. ¿Cómo se había quedado dormido con ella? ¿En qué momento cerró los ojos? Quizá todavía dormía y podía escabullirse sin mayor problema. Mientras la soltaba despacio pensó en que hacía mucho tiempo, ya ni recordaba cuánto, de la última vez que había dormido sin pesadillas, no sabía la hora que era, afortunadamente ese día no tenía que ir al cuartel pero aún no podía perdonarse semejante fallo.
―B-buenos días, Ranma…
La dulce y tímida voz de Akane paralizó momentáneamente al azabache de la trenza ―B-buenos días… ―respondió. Por fin pudo razonar y se incorporó soltando a la joven―. Akane yo… lo siento mucho… no recuerdo en qué momento me quedé dormido.
La morena se sentó en la cama y comenzó a mover las piernas nerviosa ―La culpa fue mía… habías estado trabajando todo el día y te pedí egoístamente que te quedaras… No pensé en que estabas agotado. Ni siquiera dejé que te pusieras cómodo, has pasado la noche con el uniforme.
Ranma la interrumpió ―No te disculpes, ya te dije que si me necesitabas me pidieras ayuda. Esto… ¿Tienes hambre? ―intentó cambiar de tema.
Tenía el estómago completamente cerrado por el estado de nervios en el que se encontraba pero no quería demostrarlo delante suyo ―Sí, un poco…
―Bien, pues me cambio y preparo algo.
―¿Puedo ayudar? ―preguntó risueña poniéndose de pie y dando saltitos. Eso hizo sonreír a Ranma, siempre la envolvía el buen humor y una dosis extra de energía.
―Claro que sí.
—Prometo que esta vez leeré todo muy bien antes de pasártelo —Ranma asintió esbozando una media sonrisa que hizo que Akane sintiera una vez más esas mariposas revoltosas en el estómago.
En cuanto el azabache se encerró en el cuarto para cambiarse de ropa y ponerse más cómodo el teléfono sonó, Akane miró hacia el cuarto de Ranma y luego al aparato que sonaba sin parar. Decidió descolgar, recogería el recado y se lo daría, era una tontería pero así se sentía un poco más útil.
—Residencia Saotome.
—...
—¿Hola? —preguntó Akane al no encontrar respuesta del otro lado.
—Disculpe… no hablo chino —La chica escuchó una voz de mujer.
—Oh, perdón. ¿En qué puedo ayudarla? —dijo en un perfecto japonés, ya que con Ranma solo hablaba en ese idioma con ella y había mejorado muchísimo en el tiempo que llevaban juntos.
—No sé si la he entendido bien antes, ha dicho Saotome, ¿no? ¿Con quién hablo?
—Yo… soy Akane, Akane Saotome.
—¿C-c-cómo? P-pero… eso es imposible… No puede ser una Saotome, necesito hablar con Ranma.
—Oh… claro… él se está cambiando ahora mismo —Akane comenzó a sentirse muy nerviosa, ¿quién era la mujer que preguntaba por Ranma y por qué parecía tan alterada? ¿Sería su mujer?, ¿acaso Ranma le había ocultado que tenía una esposa esperándolo en Japón? Realmente no sabían mucho el uno del otro, bueno… ni siquiera ella sabía nada de su propia vida—. ¿Disculpe, quién le digo que le llama?
En ese momento el azabache salió del dormitorio y se quedó blanco cuando vio a Akane al teléfono y hablando en japonés, ese número sólo lo tenía una persona.
—Perdóneme se entrecorta la llamada, me ha dicho Nodoka, ¿qué?
El hombre le quitó el auricular de la mano —Mamá… —Ranma retiró levemente el auricular del oído por el grito de su madre. Akane se alejó avergonzada, había hablado con la madre de Ranma y no parecía feliz de que ella estuviera allí. ¿Es que él no le había comentado algo tan importante?—. O-oye… escúchame… te llamo mañana, ¿de acuerdo? T-te lo explico todo… A-adiós… —Y colgó.
Se quedó un rato mirando el teléfono e inmediatamente su atención se centró en Akane que retorcía su pijama amarillo decorado con cerditos negros.
—No debí haber contestado… —dijo mirando de reojo al azabache de la trenza—. ¿Tu madre no sabe de mi existencia?
Ranma apreció el tono triste en la voz de Akane y se acercó al sofá, donde estaba sentada, se agachó para ponerse a su altura —Intento no preocupar mucho a mi madre, ese ha sido mi objetivo desde que me reuní de nuevo con ella.
—Y supongo que yo soy una gran preocupación… Ella me ha dicho que era imposible que yo fuera una Saotome, es que… ya hay una… señora Saotome y por eso se ha alterado tanto… ¿Es así…? Puedes decírmelo…
—Q-q-qué… no, no, no, no… No hay ninguna señora Saotome en casa… ―Que Akane lo creyera casado era lo último que quería.
La chica observó esos ojos azules que le volvían su mundo del revés pero luego desvió la mirada casi al instante, no era capaz de mantenerla por mucho tiempo ―I-igual yo estoy casada o prometida…
―No lo estás ―respondió sin pensar. La morena frunció el ceño.
―¿Y eso cómo lo sabes? ¿Has descubierto algo que no me hayas contado? ―preguntó con una leve esperanza anidando en su pecho.
No quería decirle lo que sabía, se estaba comportando como un auténtico cerdo egoísta pero lo hacía para protegerla, o al menos así limpiaba su conciencia ―Bueno… Tengo una pista pero no estoy muy seguro, por eso no te he dicho nada hasta no tener la certeza absoluta. Te mantendré informada en cuanto sepa algo más, te lo prometo.
Ambos mantuvieron la mirada durante un instante, intentando averiguar qué pasaba por la mente de la otra persona, hasta que Ranma rompió el silencio ―¿Te apetece que pasemos el día fuera? Ya no hace tanto frío, tenemos la primavera a la vuelta de la esquina y he pensado que podemos hacer turismo fuera de Shanghai, ¿qué me dices?
La cara de Akane se iluminó como la de un niño el día de Navidad ―¡Síííí! ―Ranma le tenía prácticamente prohibido salir sola, a excepción de los alrededores del barrio y siempre a una hora prudente, como él trabajaba mucho se pasaba las horas muertas en casa, limpiando, leyendo, haciendo los ejercicios que la doctora le mandaba para ejercitar la memoria… de todo a excepción de cocinar sin su supervisión, algo en lo que ella estuvo de acuerdo después del incidente del fuego en la cocina el segundo día de convivencia, pero cuando Ranma tenía libre siempre salían a ver lugares y esa simpleza hacía a Akane la chica más feliz del mundo.
―Uno de los lugares por los que pasé cuando era niño de entrenamiento con mi viejo fue Zhouzhuang, no está muy lejos de aquí, es un pueblo flotante, la ciudad acuática más antigua de China. ¿Quieres ir?
―¡Un pueblo flotante! Suena muy divertido, no conozco ningún lugar así que donde decidas estará bien. ¡Voy a cambiarme!
Ranma la vio salir disparada hacia su cuarto y no pudo más que reír, últimamente sonreía a menudo, algo que hacía mucho tiempo que la guerra le había arrebatado y todo era gracias a ella, a su espíritu risueño y a sus ganas de superar sus problemas, porque seguramente ella estaría sobrellevando su propio calvario pero jamás lo demostraba.
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Camino a Zhouzhuang Ranma fue contándole datos curiosos sobre la ciudad, eso sí le gustaba de niño, empaparse de la historia de cada lugar que visitaba, aunque tuviera que hacerlo a escondidas si no quería ganarse una soberana paliza de parte de su viejo, ya que consideraba ese tipo de conocimiento como una pérdida de tiempo, aparte de no enseñar nada en relación a las artes marciales. Akane lo observaba con real admiración, podía sentir su pasión al relatarle las historias antiguas que rodeaban a la ciudad. El azabache le hizo elegir cuál sería el primer lugar que visitarían una vez que estuvieran en el pueblo, ella no tuvo duda alguna, quería hacer un tour en barca.
Así que Ranma contrató una excursión guiada a la villa flotante. El barquero iba comentando sobre los escenarios más encantadores a medida que avanzaban, la chica estaba embobada mirando en todas direcciones, señalando cualquier sitio que le pareciese bello para que Ranma también pudiera apreciarlo. El hombre de la trenza tenía su propia imagen bella de la que quedar embobado… ella. Escuchaba al barquero hablar, la oía comentar cosas pero todo quedaba en un segundo plano, se encontraba aletargado observando y estudiando cada grácil movimiento de la chica. Hacía una semana que se había dado por vencido, definitivamente se había enamorado de ella, aún estaba sopesando si le confesaría algún día sus sentimientos porque la bruma del rechazo lo envolvía a cada momento.
Después del paseo Akane decidió que quería visitar la Mansión Shen, de la dinastía Qing, Ranma le explicó que era una de las construcciones más importantes del pueblo y ella se quedó maravillada con la decoración de las salas principales, destacando los grabados de flores, dragones y grullas.
Siguió una parada para comer y reponer fuerzas y a continuación dieron un paseo tranquilo en dirección a los puentes gemelos Shuangqiaosu, última visita antes de regresar a Shanghai.
—Así que aquí estuviste de entrenamiento hace años —comentó Akane mientras caminaban.
Ranma asintió y señaló un pequeño parquecito —Ahí me tuvo horas interminables practicando los movimientos de la última técnica que había aprendido. Hasta que no la dominé no pude comer ni dormir.
Akane lo miró horrorizada —Eso es terrible… —dijo indignada—, ¿y a pesar de todo te siguen gustando las artes marciales?
—Te parecerá una locura pero las adoro, son parte de mi esencia, no puedo practicar todo lo que quisiera pero intento hacerlo una veces a la semana.
Akane dio un salto y se puso delante haciendo que Ranma detuviera el paso —¿Puedes enseñarme? Así podrás practicar conmigo…
Ranma se cruzó de brazos y la observó divertido —No suelo tomar alumnos que no tengan un gran potencial —bromeó.
Akane puso sus manos en las caderas y frunció el ceño —Yo seré una alumna excepcional.
—Muy bien, comprobémoslo.
Ranma se colocó a su lado y le estuvo dando unas indicaciones iniciales, pero Akane era impaciente y quería simular un combate real.
—Marcaré los golpes y te iré diciendo qué hacer, ¿de acuerdo?
—Me estoy haciendo vieja mientras me lo explicas.
Ranma levantó una ceja —Muy bien, no más charlas. ¡Saludo! ¡Posición de combate! —El azabache comenzó a marcar puñetazos y patadas y Akane los fue bloqueando uno a uno conforme le iba indicando pero en el transcurso del combate ficticio el azabache distinguió un movimiento que le resultó vagamente conocido. Decidió atacar un poco más rápido y Akane, sin ser consciente de sus movimientos bloqueó cada uno de los golpes con maestría.
—¡Se me da bastante bien! —La morena dio saltitos en el sitio.
Ranma estaba serio, pensativo, ¿podría ser posible que ella supiera artes marciales? Por fin ató cabos, la técnica de la chica le recordó a Taro y todo encajó. Si él hubiera estado en el lugar del castaño también le habría enseñado a defenderse dado lo sórdido y peligroso de su entorno. Sin mediar palabra atacó a Akane más rápido y ella reaccionó tal como esperaba, bloqueando y devolviendo los ataques a Ranma casi a la misma velocidad.
La morena tenía tal nivel de adrenalina que no se daba cuenta de lo que estaba haciendo hasta que un rápido movimiento de Ranma hizo que cayera al suelo, aunque no terminó en él porque el azabache la atrapó antes. Entonces fue cuando Akane se dio cuenta de lo que había pasado.
—Y-yo… ¿sé pelear? —dijo incorporándose de nuevo ayudada por Ranma.
—Eso parece…
La sonrisa de Akane se amplió, ahora tenía un dato nuevo sobre quién era ella pero, ¿quién le había enseñado a luchar? Su sonrisa se desvaneció al ver lo serio que la miraba Ranma —¿No te alegras?
El hombre de la trenza reaccionó —Sí, por supuesto, es que no me lo esperaba, me ha pillado por sorpresa —Ranma sonrió, no quería que ella creyese que no se alegraba por su descubrimiento—. Parece que te has ganado un puesto con el gran sensei Ranma Saotome.
Akane volvió a sonreír y él sintió que se le paraba el corazón —Daré lo mejor de mí, sensei.
El sonido de un trueno interrumpió la conversación —Deberíamos regresar a casa, está preparándose una buena tormenta ―Akane asintió y ambos caminaron en dirección al coche― ¡Maldita sea! ―bramó el azabache parándose en seco.
―¿Ocurre algo? ―preguntó la chica preocupada.
―Algo del trabajo que debería haber dejado resuelto antes de irme anoche ―Ranma miró alrededor y vio una cabina de teléfonos a lo lejos―. Hago una llamada rápida y podemos irnos.
Akane lo siguió obediente, justo antes de llegar comenzó a llover, el azabache hizo que ella entrara con él en la cabina para resguardarse del agua, descolgó el auricular y marcó un número, al cabo de unos instantes se oyó una voz femenina al otro lado.
―Soy el coronel Saotome ―Akane sonrió, oyéndolo hablar con otras personas se dio cuenta de que él había cambiado su tono al conversar con ella, más relajado, incluso dulce en algunos momentos, lo que la hizo sonrojarse por imaginar cosas que no debía―, necesito que me pase con Hibiki, gracias.
Al oír ese nombre Akane sintió una punzada en la sien que la dejó paralizada, pero cuando escuchó a lo lejos la voz del tal Hibiki, sin saber porqué comenzó a temblar. Ranma se dio cuenta del cambio en la morena. Terminó de dar los detalles a Hibiki y colgó rápido.
―Akane… ¿estás bien? ―Quizá el cuerpo de la chica estaba allí pero su mente había viajado a un lugar que ni ella sabía, el azabache comenzó a preocuparse porque no respondía y cada vez temblaba más. Hacía dos segundos estaba bien, ¿qué le había producido ese cambio?, ¿acaso reconoció la voz de Ryoga?, y en caso de que sí, ¿qué había pasado para que temblara de esa manera? Desde el principio dudó de que Hibiki fuera de fiar pero más le valía que no le hubiera hecho daño a Akane porque sería lo último que haría en su vida―. Akane… ―volvió a llamar su atención esta vez zarandeándola suavemente, la chica pareció reaccionar y se encontró de frente con los azules preocupados de Ranma.
―¿Dónde estamos? ―preguntó desorientada.
La tez del hombre se tornó pálida ―He entrado a llamar por teléfono, estamos en Zhouzhuang, ¿recuerdas?
―Ah… sí claro… yo… debo tener mucho frío, no puedo parar de temblar ―hizo un amago de sonrisa, Ranma la admiraba por ello, siempre intentaba que él no se preocupara haciéndose la fuerte pero sabía que no estaba bien, no estaba seguro de si ella acababa de recordar algo o no pero confiaba en que se lo contara si así fuera.
―Ven ―El azabache abrió su abrigo para invitarla a que se metiera dentro. Ella titubeó al principio pero luego aceptó su cobijo. Casi al instante, tras el contacto con Ranma, la chica dejó de temblar.
―Gracias…
El hombre intentó cambiar el ambiente enrarecido que se había formado tras la llamada a su capitán a uno un poco más acorde a como habían pasado todo el día ―¿Una carrera hasta el coche? El primero en llegar elige la película.
Los ojos de Akane brillaron por la emoción del desafío ―Reto aceptado.
Ambos corrieron bajo la lluvia como si fueran empujados por el viento, Ranma percibió las gotas golpeando en su ya mojado rostro y se sintió libre, una sensación que hacía años que no experimentaba. Su pensamiento era dejar ganar a Akane pero, la chica era muy rápida, tanto que no tuvo que disimular demasiado el perder, ya que los dos llegaron muy igualados al vehículo.
―¡He ganado! ―La morena de ojos avellana saltaba con los brazos en alto. Ranma estalló en carcajadas al ver a Akane tan emocionada.
―Vaya… he quedado fatal… ―dijo fingiendo que le faltaba el aliento―. Pues cuando lleguemos me dices qué tipo de película quieres ver y la alquilo en el videoclub.
―Perfecto.
Se montaron en el coche, Ranma puso la calefacción alta y regresaron a Shanghai.
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―¿Estás segura de que no quieres que baje y alquile otra? ―preguntó Ranma por quinta vez desde que salieron del videoclub.
―Como sigas preguntándome eso voy a creer que me ves como una cría asustadiza y ni soy una cría ni soy asustadiza.
―Vale, vale… pero luego no vengas gritando ¡Oh, Ranma, sálvame de esos espíritus malvados! ¡Sólo tú puedes con ellos porque eres el más fuerte y el más guapo! ―Ranma intentó afinar la voz para imitar a Akane.
―¡Yo no hablo así! ―Se lanzó a golpearle en plan broma y Ranma hizo como que se defendía mientras no paraba de reír.
―Sí que hablas así ―continuó muerto de risa.
―¿Y qué es eso del más fuerte y el más guapo? No sabía que eras tan engreído.
Ranma frenó en seco ―¿Me acabas de llamar engreído? Me las vas a pagar… ―Akane dio un gritito cuando el azabache la sujetó y comenzó a hacerle cosquillas ―. Pídeme perdón, di lo siento mucho Ranma, me abruma tu presencia y no sé ni lo que digo ―volvió a imitar la voz de Akane.
―Jajajajaja, para por favor… jajajaja jamás me retractaré… jajajaja
―Pues más cosquillas entonces.
―¡Noooo! jajajajajajaja.
La chica se retorcía sin parar en los brazos de Ranma, era muy resbaladiza y al hombre le estaba costando sujetarla, al intentar atraparla mejor tropezó y ambos cayeron al sofá. El azabache aterrizó de espaldas y Akane de frente encima suyo. Las risas pararon y fueron sustituidas por una respiración jadeante y nerviosa, acompañada del aporreo sin control de sus corazones. Los ojos azules de Ranma se encontraron con los avellanas de Akane. El hombre desvió la mirada fugazmente a los labios entreabiertos de la joven pero inmediatamente volvió la vista de nuevo a sus ojos. La morena acercó su rostro rápida y decididamente y depositó un casto beso en los labios de Ranma, solo un leve roce, éste se quedó inmóvil, sin saber cómo había llegado a pasar y por qué razón le había pillado totalmente desprevenido. Akane abrió los ojos y enrojeció de vergüenza al ver la confusión en la cara de Ranma, ¿qué había hecho?, ¿cómo podía pensar que un hombre así le correspondiera? Había hecho el ridículo.
―Y-yo… y-yo… ―al no recibir respuesta se levantó veloz y corrió hasta su cuarto.
―E-espera… ¡Akane! ―Ranma la siguió inmediatamente pero se dio de bruces con la puerta del dormitorio de la joven. Tocó un par de veces, le temblaban las piernas como cuando era adolescente, es más, había reaccionado como cuando era adolescente y le daban pavor las mujeres― Akane, abre por favor.
―E-es que estoy muy cansada… me voy a dormir ya… buenas noches… ―dijo al otro lado de la puerta.
No se iba a librar de él así como así, sabía que ella debía de sentirse terriblemente mal al no saberse correspondida y él tenía que quitarle eso de la cabeza porque la deseaba, dios si la deseaba… tanto que en el cuartel se pasaba irritado todo el tiempo porque lo que más anhelaba era no separarse de ella y poder acariciarla sin pudor alguno.
―Si no sales ahora mismo voy a entrar yo. ¿No habíamos quedado en que no eras una cría?
Al cabo de unos instantes de silencio la puerta se abrió, solo un hueco, el justo para que Ranma viera la mitad de la cara de Akane.
―P-por favor… olvida lo que ha pasado…
El azabache abrió la puerta y la tomó de la muñeca, obligándola a salir fuera de su cuarto. La chica miró al suelo huyendo de los ojos de Ranma que ahora eran del azul del mar embravecido ―No quiero olvidarlo…
―¿Q-quieres que me vaya de tu casa? Le diré a la doctora que me ayude a buscar un alojamiento y…
Ranma sonrió de medio lado ―No me estás entendiendo, a ver si esto te lo aclara.
Con la mano que tenía libre tomó suavemente el mentón de la chica e hizo que lo mirara, sin dejarla responder Ranma atrapó sus labios en una búsqueda desesperada por apaciguar su sed de ella, Akane era el oasis en su desierto. Ella en respuesta cerró los ojos e inclinó su cabeza hacia atrás ofreciéndole su boca y todo fluyó. Akane se puso de puntillas y le pasó los brazos alrededor de su cuello, instintivamente Ranma hizo lo propio rodeando la estrecha cintura de la joven, pensando a su vez que jamás iba a dejar que se fuera de su lado. El beso fue prolongado y lento, Ranma fue el que marcó el ritmo porque necesitaba saborearla, descubriendo su dulce boca con la lengua. El azabache dejó de besarla para mirarla e intentar averiguar lo que pasaba por su cabeza, ella sonrió tímida y a la vez incitante, acompañado de ese sonrojo en las mejillas que lo volvía loco. La chica desenredó su brazos del cuello de Ranma y descendió lentamente hasta parar en su duro pecho, con manos temblorosas comenzó a desabrochar el primer botón de la camisa del hombre de la trenza. Éste le puso las manos encima frenando la acción.
―Espera… ―Akane lo miró con extrañeza y algo de bochorno.
―Tú… ¿no quieres estar conmigo?... ―dijo la morena mirando de nuevo hacia el suelo.
Ranma arropó con las manos la cabeza de Akane y, una vez más, hizo contacto visual con ella ―Más que nada en el mundo… ―La expresión de Akane pareció suavizarse―. Pero quiero que estés segura… No me gustaría que hicieras algo de lo que luego te arrepientas.
Sus mejillas se encendieron aún más ―Estoy totalmente segura…
Un calor abrasador recorrió el cuerpo de Ranma de arriba a abajo, eran justo las palabras que quería escuchar, la tomó en brazos, ella volvió a rodearle el cuello y caminó decidido hasta su dormitorio, cerró la puerta con el pie y sentó a Akane en la cama.
Ranma se quedó observando a la chica, lo que hizo cohibir a Akane por la intensidad de su mirada.
―¿Q-qué pasa? ―preguntó con la voz temblando por la ansiedad.
Ranma negó con la cabeza ―¿Tienes idea de lo hermosa y sexy que eres?
El rubor en las mejillas de Akane se extendieron a todo su rostro, comenzó a tartamudear una respuesta pero era como si las palabras hubieran desaparecido de su mente. Ranma sonrió, se inclinó poniendo las manos sobre la cama, una a cada lado de la chica.
―Eres adorable… ―y volvió a besarla, esta vez menos suave y más intenso, quedó complacido al comprobar que ella le devolvía el beso con igual intensidad. Introdujo su lengua salvaje, buscando urgente una vez más la humedad de su boca. Un leve gemido de Akane mientras sus lenguas se enredaban hizo que su miembro palpitara de excitación. Lentamente tumbó a la chica sin dejar que besarla. Dejó caer parte de su peso encima de ella, bajó el frenesí de sus besos a unos un poco más suaves e íntimos, sus dedos comenzaron a acariciar sus cortos y sedosos cabellos, mientras que ella pasaba sus manos por su espalda arriba y abajo. Ranma rozó con la punta de su lengua los labios de Akane y ella volvió a gemir, él emitió un sonido ronco, inculcándose autocontrol, después de respirar hondo comenzó a depositar besos a lo largo de su mandíbula, pasando por el lóbulo de su oreja, donde la sintió estremecerse cuando lo mordisqueó, haciendo que su incipiente erección creciera por segundos. Llegó hasta su cuello, donde se entretuvo un rato entre besos, lamidas y pequeños mordiscos. Decidió que la ropa le sobraba, a pesar de estar llegando a la primavera se figuraba como si estuviera en verano en pleno desierto con el sol en lo más alto. Se puso de rodillas y terminó de desabrochar la camisa que tenía entreabierta, arrojándola al suelo, Akane observó con timidez el musculoso torso de Ranma, ya lo había visto así pero no en estas circunstancias. Se incorporó y, con reservas, posó sus pequeñas manos en sus fuertes pectorales, acariciándolos con las yemas de los dedos, poco a poco bajó recorriendo de la misma manera sus abdominales, que estaban duros como el acero. El hombre de la trenza sintió un hormigueo en cuanto ella rozó con sus dedos su cuerpo, la observó atento viendo como ella miraba curiosa y exploraba su tren superior. Se sintió como un pavo real exhibiendo su plumaje, decidido, comenzó a desabrochar los botones del pijama de Akane, ésta se quedó paralizada y luego tembló. A Ranma se le cruzó por un momento que ella hubiera recordado algo desagradable y paró en seco.
―¿P-por qué paras? ―preguntó.
―Estás temblando… Quizá esto ha sido una mala idea… perdóname…
Ranma hizo el amago de retirarse pero ella le sujetó del brazo.
―¡No! ―El azabache se giró hacia ella, la chica desvió la mirada―. Es solo que… estoy nerviosa… no sé si voy a saber complacerte…
El hombre de la trenza sostuvo su rostro de nuevo entre sus manos ―¿Por qué piensas siempre en los demás antes que en ti?
―Y-y-yo…
Volvió a capturar su boca con ansias renovadas mientras lentamente reanudó la tarea de desabrocharle la parte de arriba del pijama, ella sólo usaba esa parte para dormir. Ranma no pudo evitar mirar a Akane una vez que lanzó su prenda junto a su camisa, inevitablemente su vista fue dirigida a los pechos de la joven, eran una obra de arte. Como si fuera atraído por una fuerza sobrenatural, el azabache puso sus dos manos encima y comenzó a masajear con mucho cuidado, con miedo a que pudieran romperse. El cambio en la respiración de Akane hizo que volviera a centrarse en ella, que estaba observando atentamente mientras se mordía el labio.
―¿T-te gustan?
―Son perfectos… ―una tímida sonrisa asomó de los labios de Akane.
Ese fue el punto de no retorno para Ranma, a no ser que ella le pidiera parar. Hizo que se recostara en el colchón y fue directo a su cuello, pero esta vez el reguero de besos tenía un camino marcado, su objetivo eran sus rosados y erguidos pezones. Se metió uno en la boca en cuanto tuvo la oportunidad, Akane echó la cabeza hacia atrás y jadeó al sentir la juguetona lengua de Ranma hacer círculos alrededor de la areola mientras succionaba y chupaba de manera intercalada. Le dedicó la misma atención al otro pezón hasta que estuvo saciado. Ella era simplemente exquisita, Dios sabe la de veces que se la había imaginado en su cama mientras se desahogaba en la ducha, y ahora se había hecho realidad.
Los pantalones le apretaban en exceso, volvió a incorporarse lo justo para quitárselos, Akane echó una ojeada curiosa y rápida pero le daba demasiada vergüenza que él la pillara mirando su… bulto, pero él sí se dio cuenta de ese detalle, aunque hizo como que no. Se recostó encima de ella y empujó su intimidad contra la de Akane haciendo que ambos emitieran un gemido al unísono. El hombre de la trenza resopló, sus manos acariciaron el cuerpo de la chica mientras se abalanzó a besarla, un nuevo movimiento de cadera hizo a Akane gemir una vez más, aunque esta vez ese gemido fue retenido por Ranma y su boca.
Mientras que una mano le sujetaba la nuca para besarla intensamente, la otra vagaba de los senos de Akane, a su cintura, de su cintura a sus muslos, de sus muslos a su firme vientre y de nuevo a sus senos, hasta que, traviesa, bajó lentamente, sólo rozando con las yemas de sus dedos hasta el comienzo de su ropa interior. La sintió tensarse cuando metió su mano dentro de sus bragas.
―¿Quieres que siga? ―preguntó entre beso y beso.
―Sí…
Ranma continuó bajando hasta que sus dedos encontraron el centro de la chica, suspiró al comprobar lo húmeda que estaba, estaba siendo una placentera tortura pero tortura al fin y al cabo. Con su dedo corazón comenzó a hacer círculos alrededor de su clítoris.
―Oh dios… ―murmuró la joven agarrando las sábanas con las dos manos.
Ranma capturó su boca para ahogar los gemidos que escapaban de ella, metió un dedo mientras seguía masajeando con otro. Se sintió poderoso cuando notó cómo Akane subía las caderas buscando mayor contacto. De repente le sobraba todo, agarró la ropa interior de la morena y tiró de ella hasta deshacerse por completo de tan pesada carga, ahora estaba completamente desnuda para él, sabía que Akane sentiría pudor y decidió que él también la acompañaría en su desnudez, así que se quitó los bóxers y por fin liberó esa erección que le estaba matando. Se colocó entre las piernas de la joven y sus intimidades se rozaron esta vez sin nada de por medio.
―Maldita sea… ―rechinó los dientes el azabache. Necesitaba con urgencia estar dentro de ella pero no quería precipitarse. Ella, como si hubiera escuchado sus pensamientos, abrió las piernas en respuesta. Él le acarició su rostro y la besó muy dulce, la punta de su miembro rozaba su intimidad, haciendo que el corazón de ambos palpitara fuerte por lo que iba a pasar.
―Ranma… por favor…
Ranma veía reflejada su necesidad en Akane, su nombre pronunciado por ella de esa forma tan sensual fue lo que terminó con su cordura ―Akane… tú… ¿Estás tomando lo que te dio la doctora?
―Ahá… ―dijo entre suspiros. Y Ranma ya no pudo reprimirse más.
Lentamente se introdujo en ella, su estrechez se lo puso realmente difícil, tanto que pensó que iba a correrse antes de llegar al final ―Joder Akane…
Pero él era un artista marcial, sólo necesitaba concentrarse. Cuando llegó al tope apoyó su barbilla sobre su hombro, esa sensación era nueva para él, se sentía totalmente completo, quería quedarse así para siempre, unido a ella. Akane buscó los labios de Ranma, él no la hizo esperar y la besó mientras movía sus caderas con cadencia, entrando y saliendo de ella tan despacio que dolía. Cuando la chica subió sus caderas buscando la profundidad de las acometidas de Ranma fue su perdición, aumentó la fuerza de sus embestidas haciendo que la joven dejara de besarle y comenzara a jadear y a gemir cada vez más alto.
―Necesito verte… ―dijo el azabache emitiendo un ronco gruñido. Se dio la vuelta para que ella quedara encima de él, incorporándose para que quedara a horcajadas.
Ella le rodeó el cuello con sus brazos, Ranma deslizó su mano para acariciarle un pecho mientras se centraba en besar su cuello con adoración, Akane echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un gemido de puro placer. La erección de Ranma palpitó a modo de respuesta. Él le colocó las manos en las caderas para marcar el ritmo y ella abrió la boca en un jadeo, el azabache hundió sus dedos en su cabello y volvió a apoderarse de su boca.
―¿Todo bien? ―preguntó, y ella movió enérgicamente la cabeza de forma afirmativa.
Ranma se tumbó sobre la cama y Akane colocó las manos en sus pectorales.
―Hazme tuyo… ―susurró. Ranma levantó sus caderas y la chica soltó un grito de placer que estuvo a punto de llevar al azabache al límite. Ella subió y bajó moviéndose vacilante al principio pero pronto fue cogiendo confianza y encontró el ritmo adecuado. Ranma se quedó extasiado mirando los pechos de ella moverse con desenfreno, volvió a levantar las caderas para intentar estar más dentro y coincidir con ella. Akane soltó un grito que despertó el instinto animal de Ranma, le cogió las caderas y la movió más y más deprisa, ella jadeó intenso pero para él no fue suficiente. Volvió a darle la vuelta, quedándose encima de ella, la chica rodeó con sus piernas la cintura del hombre de la trenza y él comenzó a embestirla como un loco, sintió los dedos de ella hundirse en su espalda pidiendo más hasta que la escuchó gritar de placer y quedarse quieta, había llegado al clímax, eso bastó para liberar la tensión de Ranma que emitió un ronco gruñido cuando se derramó dentro de ella.
Durante unos instantes solo se escuchó el latir acelerado de sus corazones y la respiración agitada de ambos. Ranma buscó la boca de Akane y la besó muy muy despacio, sólo rozando sus labios. Tras un breve intercambio de besos y caricias el azabache salió de ella y se tumbó al lado, acto seguido la acercó a su pecho rodeándola con un brazo, ella apoyó la cabeza en el torso de Ranma y jugueteó con sus dedos sobre él.
—H-ha sido increíble… —suspiró la chica.
—Sí…
—¿Te ha gustado…?
Ranma se giró hacia ella, le dio un beso en la frente y le acarició el cabello —Mucho, "demasiado" —pensó.
Akane sonrió y se acurrucó aún más entre los brazos de Ranma. Él la escuchó bostezar, realmente había sido un día cargado de emociones pero Ranma descubrió con el paso de los días conviviendo con ella que le encantaba molestarla en broma. Lástima que ella supiera contrarrestar perfectamente porque sí… sin saber cómo Ranma se encontraba de vez en cuando con su antiguo yo, aunque de momento solo ella tenía el privilegio de conocerle.
—Perdone señorita, ¿acaso la he aburrido? Porque eso hiere demasiado mi orgullo masculino ya que soy perfecto en todo lo que hago.
Akane rio —Bueno… perfecto no sabría decirle, igual necesitaría otra comprobación—. Al terminar de decir la frase subió las sábanas y se cubrió la cabeza con ellas de la vergüenza.
Ranma enarcó una ceja y le quitó las sábanas de encima —¿Con que no sabría decirme si ha sido perfecto? Eso se puede reparar… —Y de inmediato se encontraron una vez más expresando sus sentimientos.
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El despertador de Ranma sonó en su mesita de noche, el sonido del aparato le resultó aún más infernal si cabía, lo apagó rápido para que Akane no se despertara ya que la escuchó gruñir al comenzar el pitido anunciando que el azabache debía levantarse para ir al cuartel. Era la segunda vez que conseguía dormir del tirón y sin pesadillas y esa hazaña había sido obra de Akane, la observó unos minutos antes de levantarse, enroscada en él, tanto que no sabía si iba a poder irse sin que ella lo notara. Así que con gran sigilo y muy a su pesar tomó el brazo de Akane y lo levantó, ella lo abrazó aún más.
—¿De verdad tienes que irte? —preguntó la chica con los ojos cerrados.
—No es que me apetezca pero tengo obligaciones que requieren mi presencia. No quería despertarte, duerme un poco más.
Esta vez Akane abrió los ojos y buscó contacto visual —Solo un poquito… Yo también tengo deberes y obligaciones, ¿sabes? Me han mandado hacer unas cuentas, una redacción y estudiarme las capitales de Europa, entre otras cosas.
Ranma ejercía de profesor con ella, Akane se dio cuenta de que no sabía nada de lo que, en teoría, debería saber cualquier persona que hubiera ido a la escuela, su sed de conocimiento hinchaba de orgullo al hombre de la trenza. Observó que Akane era muy inteligente y que lo pillaba todo al vuelo, si hubiera tenido la posibilidad de estudiar habría llegado a lo que se propusiera, pero aún no era tarde y él la iba a ayudar..
—Vaya, tu profe debe de ser un tostón.
—Bastante… —Akane miró al techo rodando los ojos.
—¿Cómo que bastante? —Ranma le hizo cosquillas y ella se retorció de risa, su juego fue interrumpido por la segunda alarma del despertador. Ranma volvió a apagar el aparato del demonio—. No puedo retrasarme más, te veo luego, ¿vale? —Le dio un rápido beso en los labios y se levantó.
—Te voy a echar de menos… —murmuró la chica.
El azabache se volvió —¿Qué has dicho?
Akane enrojeció hasta las orejas —No… nada.
—Me ducho y te dejo el desayuno preparado.
Le dedicó una media sonrisa y salió de la habitación, Akane sonrió feliz, abrazó la almohada y respiró el aroma de Ranma antes de volver a quedarse dormida.
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La policía militar le había proporcionado a Ranma varios casos de niñas desaparecidas en China de los años que Akane pensaba tener en el sueño. Llevaba desde que ella se instaló en su casa buscando sin descanso su verdadera identidad, ni siquiera sabía si alguna vez encontraría algo, ni Ryoga era conocedor de su procedencia, ¿quien le decía a él que la familia de Akane no era parte de otro gueto o inmigrantes llegados de Japón sin recursos ni papeles? Estaba desesperado, en un callejón sin salida. Aunque hoy se había levantado de mejor humor, eso era innegable, sintiendo una energía renovada.
Se pasó toda la mañana estudiando los casos que le habían proporcionado, sin levantar la cabeza de los papeles, tomándose su cuarto café del día. Puso a un lado algunos de los expedientes y, de uno de ellos, se escapó una fotografía, Ranma la cogió con curiosidad. La foto la componía una familia japonesa; un hombre alto, moreno de tez y cabello, el cual era largo y bigote, a su lado una mujer de cabello corto y una sonrisa que le resultó muy familiar, la mujer cogía de la mano a una pequeña de uno años de edad. Ranma abrió los ojos y acercó la foto, los ojos de esa niña… una persona se le cruzó por la mente, Akane. La foto era en blanco y negro, no podía ver el color de los ojos de la pequeña pero su expresión risueña y vivaracha no había cambiado. Estaba prácticamente convencido de que era ella. Buscó con desesperación el expediente del que se había caído la foto y leyó por encima: Asesinado el embajador de Japón, Soun Tendo, sospechosos, uigures, mujer Naoko Tendo y su hija desaparecidas, informante habla de posible trata de blancas con la señora Tendo y la pequeña de 5 años. El sueño de Akane comenzó a encajar con lo que estaba leyendo, quizá fueron secuestradas para venderlas al mejor postor y su madre consiguió que ella escapara, siendo posteriormente encontrada por Taro. Ranma conocía la filosofía de los uigures, rechazaban a cualquier persona extranjera en su país.
La sangre de Ranma estaba a punto de ebullición con este descubrimiento, aún tenía que investigar mucho porque por más que buscó no logró encontrar el nombre de la pequeña.
—Akane Tendo… —¿sería eso posible? Observó la hora en el reloj de pared y comprobó que hacía más de una hora que debería de haberse marchado. Metió los expedientes en un cajón de su escritorio y cerró con llave. No sabía si debía de contarle este hallazgo a Akane sin asegurarse completamente de que esa niña era ella. Lo meditaría en los días sucesivos, de momento sólo tenía una cosa en mente, llegar a casa lo antes posible para volver a tenerla entre sus brazos y decirle implícitamente que ahora estaría a salvo de todo.
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Akane miraba la hora cada dos minutos, estaba sentada estudiando las capitales de Europa, o al menos eso intentaba pero sus ojos se desviaban constantemente hacia el reloj. Ya hacía una hora que Ranma debería de haber llegado, normalmente le avisaba si llegaba tarde, la joven comenzó a preocuparse. Estaba sumida en sus pensamientos cuando llamaron a la puerta. Al principio pensó que a Ranma se le habían olvidado las llaves de casa pero pronto lo descartó porque vio que no estaban colgadas en su sitio, después se le cruzó la señora Liu, era la vecina de al lado, Akane cuidaba de sus hijos de vez en cuando y ella le correspondía llevándole comida casera que ella misma preparaba, la señora Liu era una excelente cocinera.
Se levantó de la mesa y fue a abrir, pero no era la señora Liu la que se encontraba al otro lado del umbral, era una chica aproximadamente de la edad de Ranma, de largo cabello castaño y ojos azules, muy bien vestida y muy linda, japonesa como ellos.
—¿En qué puedo ayudarla? —preguntó Akane con un pequeño nudo en el estómago.
—Busco a Ranma Saotome, soy Ukyo Kuonji, su prometida. ¿Quién eres tú?
Continuará…
Chan, chan, chan! Según mi beta Lucitachan esto es un final de bruja jajajaja pero es que si no os dejo con esa cosilla no es divertido, al menos para mí :P
Hola holaaaaa! Qué tal lleváis el año? Qué os echaron los reyes magos? Y en caso de no existir esa tradición al menos comeríais mucho roscón, no? Yo para variar estoy más liada que una mona, después de dos cambios de fecha por fin parece que el 23 vamos a firmar las escrituras de nuestro piso, qué ilusión! y hasta que nos mudemos será una locura total, así que si estoy un poco ausente me lo perdonáis por favor.
Contadme porfi qué os ha parecido el capítulo, ya sabemos un poquito más de la historia de Akane, además os prometí lemon y lo habéis tenido, qué tal que fuera Akane la que se lanzara? Os voy a explicar por qué decidí que fuera ella. Después del acoso que ha tenido de los hombres, aunque ella no se acuerde, no quería que Ranma hiciera igual, él sabe más o menos lo mal que lo ha pasado ella y quería que la respetara y le diera su espacio, pero a ver, si la chiquilla ha dado el paso el pobre no es de piedra jur jur. Y… por fin sabremos más de su relación con Ukyo, a la que siempre está evitando…
Antes de despedirme, daros gracias infinitas a las personas que están leyendo y compartiendo el fic y que me dejan reviews tan preciosos. Sois el motor que nos anima a continuar escribiendo. GRACIAS!
Y como no agradecer a mis preciosas betas Sailordancer7, LumLumLove, Lucitachan y SusyChantilly. A mis locas solo decirles que las adoro y que gracias por aguantar cuando cuento mis tonterías. Es que con el tema del piso estoy muy estresada últimamente y me desahogo con ellas.
Y sin más me despido hasta la próxima actualización que será si todo marcha como tiene que ir el 28 de enero, así que hasta entonces… Nos leemos!
Sakura Saotome :)
