La historia no me pertenece, es una traducción al español de la historia Quietus escrita por Seraphina Scribes. Por favor, cualquier comentario debe estar en los reviews del escrito en inglés. Si la historia les está gustando, háganselo saber. Dejo link correspondiente, o pueden buscarla por su nombre original en cualquier buscador de internet.

s/7449361/1/Quietus

Aviso de igual forma que la actualización de capítulos será más lenta, ya que he tenido mucho trabajo; sin embargo, seguiré subiéndolos en la medida de lo posible.

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Capítulo XII

Esa banal traición,

Que atraviesa el corazón,

Haciéndolo pedazos,

Preciosa confianza,

Amor arrebatado,

Y desgarrado,

Oh, como lamentan,

Su caída.

Una amistad marchita

Volviéndose polvo,

Su recuerdo olvidado,

Más allá de lo esperado.

Sakura se quedó de pie junto a la chimenea, observando el cómo las fuertes llamas soltaban chispas. La calidez que radiaban era apenas percibida por su cuerpo. Por dentro, estaba aletargada. Su cabeza dolía, un constante efecto secundario de lo que sea que el diabólico hechizo de Sasuke le había hecho a sus sentidos. Pero su mente recién reabastecida de energía ya estaba moviéndose a una velocidad cegadora en un intento por procesar el verdadero significado de las últimas palabras habladas por su captor.

Le había dicho que no era una prisionera. Su reacción inicial a eso había sido de furia; estaba burlándose de su desesperación, deleitándose con su miedo y angustia. No era nada más que un loco y cruel sádico que, por razones que ella desconocía, la había estado observando en secreto por quién sabe cuánto tiempo. Entonces Sakura recordó que él de hecho no la había seguido cuando salió del palacio intentando escapar. Sus dientes se hincaron ansiosamente en su labio inferior conforme un leve fruncimiento de ceño cubrió su rostro. No tenía sentido. ¿Por qué Sasuke la secuestraría, sólo para informarle que era libre de irse, si es que encontraba cómo?

La fría realización se asentó en las profundidades de su estómago como un desagradable cubo de hielo. Sasuke de seguro estaba tan confiado, tan absolutamente seguro de que ella no encontraría una ruta de escape que estaba invitándola a intentarlo. Porque sus esfuerzos serían algo entretenido para su retorcida mente. Era la única explicación lógica y eso hacía que sus pequeños dedos se curvaran en puños furiosos.

Sasuke claramente sabía más de ella de lo que había revelado y eso la alarmaba y desconcertaba. Que él hubiera elegido ampliar el tema relativo a la muerte, el proclamar que era inútil que ella quisiera preservar vidas era prueba suficiente de eso.

Loco, Sakura pensó, mirando con tanto calor como el de las llamas frente a ella. En el momento en que saliera de ahí, prometió que le diría a su madre que el más prometedor abogado se hiciera cargo del caso de Sasuke. Ella misma haría que lo arrestaran y así estaría tras las rejas por el horror que la estaba haciendo pasar. Ella no era mala persona. Jamás había hecho algo que mereciera ese tormento. Sasuke ni siquiera parecía tener alguna excusa racional para justificar lo que hacía, sólo el hecho de que él lo había querido así.

Bien, Sakura no pensaba dejar de luchar. Encontraría el cómo regresar con su madre, de alguna forma. Sí, Sasuke la aterraba, tanto que estaba segura de que su sistema cardiovascular estaba listo para colapsar cada vez que lo veía, pero eso no significaba que ella le haría las cosas fáciles. Eran extraños. No había razón para que ella fuera educada. Además, ella ya había visto que el enfoque civilizado no funcionaba con él. Él no era civilizado. Era un bárbaro, un lunático, alguien con quien ella no podía comunicarse, y por sólo un segundo creyó que ella tenía algún deseo de ceder ante lo que él quisiera…

Su mente se detuvo de pronto. Tal vez… ¿tal vez eso era lo que estaba mal? Sus ojos miraron a las flamas danzando hambrientas una sobre otras por dominar mientras ella permitía que la idea se desarrollara. Había notado que la confrontación era inútil, gritar y levantarle la voz a Sasuke mientras caía en la histeria no había logrado nada. Él era como una impenetrable pared contra la que todas sus protestas rebotaban. Pero, si adoptaba una estrategia más sutil… si le daba la impresión de que estaba rindiéndose, si mantenía la compostura y se distraía con otras cosas, y trataba de iniciar una conversación cortés con él…

Sakura parpadeó, presionando la palma de sus manos contra sus párpados con frustración. ¿Qué estaba pensando?, ¿cómo podía siquiera considerar la idea? Aún si era más inteligente que los métodos que había estado utilizando, ¿cómo podría comportarse y controlar su ira lo suficiente como para hablar educadamente con Sasuke? Significaba tragarse su orgullo y dignidad, sucumbir ante sus deseos. Su secuestrador no parecía ser el tipo de persona que era engañado fácilmente. ¿Qué tal que ella pretendía ser amable y él descubría sus verdaderas intenciones?, ¿qué haría entonces?

Sakura nunca fue una buena mentirosa. Ella era completamente auténtica, sus emociones, en muchas formas, eran su mayor debilidad. ¿Cómo podría siquiera esconder la verdad de sus acciones ante alguien cuya simple mirada parecía penetrar su cráneo?

Gruñó. La única forma era el de verdad dejar de buscar un escape. El hacer lo opuesto a lo que él esperaba que hiciera. Sakura sabía que debía permanecer con un perfil bajo por un tiempo, mientras más tardara, más se lo creería. Tal vez Sasuke dejaría sus sospechas eventualmente. Despacio pero seguro, ella podría aprender más, y cuando supiera lo suficiente y él menos se lo esperara, ella escaparía hacía la libertad.

Al menos, ese era el plan. Parecía uno bastante peligroso y riesgoso, pero la voz lógica en su cabeza (y estaba sorprendida de que esa parte no la hubiera abandonado dadas las circunstancias) le decía que esa era la mejor opción y la más viable, comparada con deshacerse en lapsos de lágrimas e histeria cada vez que se encontraba con Sasuke, o simplemente encerrarse en su habitación a entristecerse. Y en realidad, ella sólo tenía dos cursos de acción, el ceder al pánico y armar un alboroto intentando escapar a ciegas, u observar con calma, aprender y entonces idear una estrategia con la información reunida, cuando supiera con exactitud cuál era su situación. Claro que era un proceso dolorosamente lento y no había resultados garantizados, pero ¿qué otra alternativa tenía?

Sakura se alejó distraídamente de la chimenea, con su decisión hecha. Evitaría a Sasuke mientras le fuera posible, y si él iba a verla o solicitaba su presencia, ella haría el papel del tímido y asustado ratón, lo cuál no sería muy difícil considerando el cómo la afectaba.

Le había dado permiso de recorrer lo que quisiera. Los ojos de Sakura se dirigieron a las puertas dobles que daban al largo pasillo de mármol negro. Recorrer todo era precisamente lo que ella planeaba hacer. Caminó hacia las puertas y estiró su brazo para abrirlas cuando de repente se abrieron frente a ella, revelando los sorprendidos rostros de sus asistentes.

—¡Oh! —Ume exclamó con sus ojos agrandándose, y Sakura estaba segura de percibir algo de culpa—. ¡Ama! ¡Está despierta!

Los ojos de Sakura viajaron de una mujer a la otra. Notó como parecían evitar hacer contacto a los ojos y de inmediato dedujo que ellas habían sido quienes la alimentaron cuando había estado… inconsciente. Al menos, esperaba que hubieran sido ellas; la idea de Sasuke haciéndolo hacía que su corazón galopara.

—Esperamos que haya descansado —Chizu añadió, haciendo una reverencia respetuosa.

Sakura dejó escapar un suspiro. Se preguntó si hacerse amiga de las ayudantes sería posible, y si eso la ayudaría. Razonó que mientras ella no hiciera preguntas concernientes al amo, no habría problema con ganar su confianza. Actuar escépticamente hacía ellas no la ayudaría tampoco. La impresión inicial y la incredulidad de lo que le había pasado ya había sido asimilado, y aunque todavía había algo de duda en especial con relación a Sasuke y lo que él era con exactitud, Sakura sabía que no podía darse el lujo de perder la compostura de nuevo. Necesitaba permanecer cuerda si quería tener alguna esperanza de que su plan tuviera éxito.

—Por favor —Sakura comenzó a hablar—. Ya les había pedido que no se dirigieran a mí con tanta formalidad.

—Discúlpenos —Chizu dijo y levantó sus ojos levemente para mirarla. Sakura pudo ver la incertidumbre en ellos, como si la mujer esperara que ella saliera corriendo de nuevo en cualquier momento, así que le ofreció una pequeña sonrisa.

Gana su confianza, su voz le susurró en la cabeza.

—Pues… sí me siento mejor ahora. Me preguntaba… —hizo una pausa, dejándolas ver su propia incertidumbre—. Me gustaría conocer el lugar, es decir, ¿eso está bien para ustedes?

El rostro de Ume se iluminó y Sakura sintió inesperada simpatía por ella. Por un momento se preguntó cómo fue que la niña y la mujer habían terminado al servicio de un loco como Sasuke. ¿También las habría secuestrado? Sakura suprimió un escalofrío al darse cuenta de que esa posibilidad, de ser correcta, no la sorprendía.

—Sería un placer para nosotras el darle un recorrido por el palacio. ¿Qué área le gustaría visitar primero? —Chizu le respondió.

—El ala este tiene espléndidas galerías —Ume expresó con emoción—. Y la biblioteca, Ama, ¡es una vista magnífica! ¿Le gusta leer? Oh… —pareció darse cuenta de que iba demasiado rápido y desvió los ojos con vergüenza—. Disculpe que sea tan atrevida…

—Enséñamela, por favor— Sakura le dijo para tranquilizarla.

—Si nos acompaña —Chizu dijo, señalando al pasillo detrás del marco de entrada. Sakura asintió y las siguió. Chizu caminaba al frente mientras que Ume caminaba junto a Sakura. La guiaron por el corredor central y a la planta baja. Conforme bajaban las escaleras, Chizu la guio a la izquierda, en la dirección opuesta del salón de banquetes, pasando varios arcos y puertas. Chizu le explicó que era relativamente fácil el navegar por el palacio a pesar del inmenso tamaño, si uno simplemente lo dividía en cuatro secciones: el ala este, el ala oeste, las habitaciones al norte y las terrazas junto con la entrada al sur, detrás de ellas.

Sakura la siguió en silencio, escuchando cualquier pedazo de información que la mayor de las ayudantes pudiera revelar, formando un mapa mental en su cabeza acerca de los diferentes segmentos del palacio. Siempre había tenido una buena lógica durante sus años de escuela. Chizu las llevó a través de la gran puerta, justo en la parte trasera de la entrada del salón, y de ahí siguieron a otro amplio corredor, alineado con más estatuas de soldados en armadura. Iluminados y elaborados candelabros colgaban de los altos techos arqueados. Eventualmente el pasillo terminó, abriéndose hacia otra apertura en forma de arco que llevaba a un pasillo más corto. El mármol negro del piso fue reemplazado por plata, y los ojos de Sakura se impresionaron con la riqueza de su brillo. Ángeles color marfil se mantenían con expresiones de lamento alrededor del área y los lujosos tapices llevaban el mismo símbolo de abanico rojo y blanco que Sakura había visto fuera del palacio, arriba de las pálidas puertas de piedra. Un abanico uchiwa, Sakura reconoció, preguntándose cuál sería su importancia.

Chizu se detuvo ante un par de enormes puertas de oro sólido, incrustadas con lo que parecían ser verdaderos zafiros, las cuales tenían a su alrededor hermosas filigranas plateadas. La quijada de Sakura se abrió de la impresión. La puerta era otra increíble obra de arte y ella estaba encantada con la claridad con la que la luz brillaba en las gemas.

—Este es el salón de baile, Ama —Chizu informó mientras estiraba los brazos para abrir las puertas.

Sakura, que había esperado que las puertas pesaran una tonelada, se sorprendió al notar que se abrieron fácilmente. Entraron en la habitación, hacia la espaciosa plataforma de una gigante escalera de porcelana, con pasamanos dorados y ornamentados con el mismo hermoso patrón de filigranas que podía observarse por todo el palacio. La escalera se dividía posteriormente en dos majestuosas escaleras que corrían a los lados, curvándose delicadamente conforme descendían. Y cuando Sakura observó finalmente lo que había más allá, el aire dejó sus pulmones.

Completo esplendor abrumó sus ojos y sus sentidos. El salón de baile era una inmensa y brillante obra maestra, una imagen de gran magnificencia, alineada en ambos lados por un casi palladiano balcón de cristal cortado, al igual que las puertas y ventanas. Estaban coronadas por una elaborada cornisa de oro sólido, de las que colgaban cortinas carmín semi transparentes, atadas a los lados por trenzas de cuerda dorada. Velas ardían tranquilamente en los altos candelabros de tres partes, ubicados antes de las paredes que separaban los cristales de color de arcoíris. Luz dorada era emitida desde las gotas rubí incrustadas en los ornatos de bronce en los marcos. Las bases de las paredes estaban pintadas de un tono dorado oscuro, al igual que los soportes de los tres gigantes candelabros de cristal que colgaban del techo con líneas doradas. Conforme Sakura giraba su cabeza asombrada para mirar la vista sobre ella, se sintió abrumaba por una ola de admiración.

Los techos exquisitamente pintados de un hermoso cielo azul y blanco desplegaban varios ángeles alados y otras estilizadas figuras que ella asumió eran dioses y diosas. Un glorioso sol brillaba detrás de ellos, pintado en espectaculares gamas de amarillo y dorado. Aves exóticas y flores daban más vida a la ya impresionante arte. La escena retrataba un mundo que era fantásticamente mítico. Sakura tuvo una repentina sensación de mareo solo al mirarlo, sabiendo que podría pasar horas observado los encantadores detalles. Entonces tornó su atención hacía el piso dorado del salón. El tibio brillo de las candelas lanzaba un arreglo de colores desde el vidrio de las ventanas y puertas hacía la brillante superficie del suelo. Estaba perfectamente pulido, reflejando el candelabro del techo, al igual que su propio reflejo asombrado.

Alrededor de la vasta habitación estaban colocadas unos elegantes y ornamentados sillones largos en color dorado. Los cojines eran carmín, haciendo juego con las cortinas y tapices. Sakura sacudió la cabeza sin poder creerlo, conforme avanzaba admirando todo, y estaba a punto de regresar su atención a sus expectantes ayudantes cuando divisó el más asombroso piano en el que había posado sus ojos, colocado en la esquina izquierda del lugar. Estaba elegantemente estilizado, con sus costados incrustados de filigranas doradas. Las teclas eran de un prístino y perfecto color marfil y el reverso de la tapa lucía otra hermosa pintura con más ángeles. El banco dorado del piano hacía juego con el elaborado diseño a lo largo del cuerpo del magnífico instrumento. Sakura exhaló lentamente, mirando todo en el lugar una vez más. Los profundos colores carmín y dorado, iluminados por las cálidas velas, eran una mágica y encantadora combinación y su mente no pudo comprender por completo la asombrosa belleza de todo.

—Esto es… —habló en un susurro, casi temerosa de que la imperial visión ante ella se desvaneciera si elevaba su voz tan sólo un poco—. Esto es maravilloso…

—Lo es —Chizu respondió.

—¡Sabía que le gustaría! —Ume dijo entusiasmada.

—Y Ama, si usted así lo desea, puede venir a tocar el piano en cualquier momento.

Los ojos de Sakura miraron apreciativamente el instrumento, antes de volver su atención a Chizu.

—Oh —dijo elevando una mano insegura a su cabello—, no soy realmente buena. Es decir, mi madre me enseñó, pero eso fue… —su voz se perdió al pensar en su madre, y su corazón se constriñó dentro de ella. Tragando con pesadez la miseria que amenazaba con consumirla en ese momento, terminó de hablar—. Eso fue hace mucho.

Un breve pero pesado silencio siguió, en el que Chizu y Ume intercambiaron miradas incómodas, y fue Sakura quien habló primero.

—Me gustaría ver más, si no les importa…

—¡Por supuesto! —Ume exclamó con sus lindas facciones iluminándose de alivio—. ¡Por favor mostrémosle la biblioteca matrona!

—Esta bien —Chizu respondió con una pequeña sonrisa formándose en sus labios conforme señaló hacia las escaleras—. Por aquí, si es tan amable de seguirnos.

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Sai sintió su sangre abandonar su rostro, haciendo que su ya pálida tez se volviera ceniza. Sus pensamientos se arremolinaron todos a la vez en un completo frenesí. Lo único coherente que rebotaba en su cabeza era que la muerte, una vez que reflexionó, no encontró razón para dejarlo vivir más y seguramente había regresado para acabar con él de una vez por todas.

El rápido e inestable aliento que escapaba de sus labios se vaporizaba como respuesta a la congelante atmósfera asentada como una sofocante frazada a su alrededor. Cuando la alta figura se distinguió entre la oscuridad y comenzó a rodearlo como un predador Sai se convenció de que su corazón estaba a punto de tener un paro cardiaco.

—Gran Dios — Sai logro articular, inclinando su cabeza en reverencia. La energía eléctrica que craquelaba el aire era asfixiante. Las terminaciones nerviosas de Sai estaban ardiendo, anticipando el repentido golpe de agonizante dolor que llegaría en cualquier momento.

Su terror se multiplico por diez cuando el castigo no llegó de inmediato y Sasuke se detuvo directamente frente a él y, en lugar de eso, alzó su brazo para tomarlo con rudeza (sin dolor) por el cuello de su playera gris.

—No hablaremos aquí —dijo fríamente y Sai sintió la rápida caída de presión a su alrededor. Su boca se abrió con horror, su mente reconociendo de inmediato lo que pasaría, pero siendo algo que él no podía evitar. Desobedecer a Sasuke sería tonto, peligroso. Así que cerró los ojos, sintiendo un punzante y frío viento asaltándolo conforme el suelo se desvaneció bajo sus pies y su mundo giró fuera de control. Cuando tocó el piso de nuevo y abrió sus ojos, sus temores se confirmaron. Estaban de pie en la mística entrada del Inframundo. El territorio de Sasuke.

El enorme sabueso Cerbero se mantuvo gruñendo, observando con interés y hambre lo que había aparecido frente a él, pero la voluntad de hierro de su amo lo mantenía a raya.

La visión de Sai se volvió borrosa cuando Sasuke lo soltó abruptamente. El vértigo ganó, haciéndolo tropezar con sus propios pies, abrumado por una sensación de nausea y un escalante pánico. Su pie derecho se topó con una roca saliente en el suelo, lo que lo envío directo al piso. Se sentó, tomando su punzante cabeza e intentando restaurar su respiración.

—Patético —Sasuke habló y su voz rebosaba desprecio, para luego añadir sin piedad—. Levántate.

Sai intentó impulsarse, sólo para que el mundo se moviera con violencia de nuevo. Con un gruñido exasperado, Sasuke se aproximó y lo puso de pie agresivamente, manteniendo un fuerte agarre sobre la tela cubriendo el pecho del desorientado chico. Sai luchó por oxígeno y se obligó a permanecer lo más quieto posible. Eventualmente, para su alivio, su visión se aclaró y aunque aún se sentía mareado, fue capaz de permanecer de pie sin ayuda. Viendo esto, Sasuke retiró su mano y entrecerró sus ojos de forma intimidante.

—Asumes que tengo a la chica —dijo y Sai no fue capaz de evitar el rápido soplo sorprendido que soltó. Eso fue toda la confirmación que Sasuke necesitó. Volvió a hablar mientras cruzaba los brazos orgullosamente sobre su propio pecho—. Tienes razón.

Le tomó todo su esfuerzo y voluntad el mantener la mirada baja en lugar de mirar directo al Dios de la muerte con estupefacción. ¿Sasuke estaba realmente admitiendo haber secuestrado a Sakura? Por supuesto que lo había sospechado todo ese tiempo, pero el hecho de que él lo confirmara, eso no auguraba nada bueno para Sai. Era de seguro el clavo final en el ataúd que Sasuke había preparado para él. Estaba a punto de morir, Sasuke sólo estaba asegurándose de que su final fuera todavía más cruel. Mantuvo sus ojos en el suelo y habló temblorosamente.

—No les he dicho nada…

—Y no lo harás —Sasuke interrumpió bruscamente—. Me informaras de cualquier curso de acción que tomen.

Sai exhaló estupefacto, pero esta vez no fue capaz de detenerse al elevar la mirada para observar a la deidad. Superado por una mareante combinación de confusión e inseguridad, se atrevió a hablar.

—Perdone, pero, yo no…

—Me reportaras su progreso —aclaró Sasuke.

Sai parpadeó conforme la compresión llegó a él. Sasuke quería que él espiara a Tsunade y los otros en su búsqueda de Sakura. Se quedó mudo del horror. Sasuke estaba pidiéndole no sólo que mintiera, sino que apuñalara por la espalda a las únicas personas que habían sido amables con él. ¿Cómo podría hacer algo así?, ¿qué tipo de persona sería si accedía a eso?

Sabía la respuesta, por supuesto, sería algo peor que escoria, indigno de los poderes que le habían sido investidos. Con su corazón acelerado, valientemente negó con la cabeza a la orden que se le había dado, ya que no podía traicionar la gente que confiaba en él, pero la cruel e insensible sonrisa que se formó en la esquina de los labios de Sasuke le hizo saber que no tenía opción.

—Haz esto y te liberaré de tu deuda. Tienes mi palabra.

Sai tragó con pesadez. El ser libre… el vivir sin el miedo de mirar sobre su hombro, esperando que la muerte lo reclamara en cualquier momento; una dolorosa añoranza apretó su pecho. Pero fue rápidamente reemplazada por una horrible amargura. ¿Podría de verdad traicionar a Naruto, y a Tsunade, la misma diosa que había salvado su vida?, ¿a Kakashi, Shikamaru, Ino, y a todos los amigos que había hecho?, ¿cómo podría verlos de nuevo a la cara si accedía?

Viéndolo dudar, Sasuke añadió algo que sabía sellaría el trato.

—El alma de tu hermano entrará a los campos elíseos.

Los hombros de Sai se tensaron por un breve momento antes de bajar derrotados, con su cabeza reverenciando conforme desviaba la mirada. La mención de su fallecido hermano despertó muchos recuerdos agonizantes, pero dentro de esa desesperación había furia. Sasuke era un injusto manipulador que abusaba de sus poderes para doblegar la voluntad de otros. No se merecía el título de Dios de los muertos, era un monstruo caprichoso por naturaleza y completamente egoísta a las plegarias de otros. Y aun así, Sai no era tan tonto como para desafiarlo. Sasuke seguramente lo mataría si se negaba, pero jamás permitiría que su alma pasara por desobedecerlo. Lo mantendría cautivo y torturándolo por siempre.

—Volverán a cuestionarme —el mensajero dijo—. Me temo que no puedo desviarlos esta vez…

En respuesta a esto, Sasuke elevó su brazo izquierdo, mostrando su palma a Sai. El joven se encogió con miedo, su corazón saltando de inmediato hasta su garganta al ver el brillo azul en la mano de Sasuke. Una extraña y cosquilleante sensación comenzó a radiar en la boca de Sai, y se dio cuenta un segundo después, alarmado, que la sensación provenía de su lengua. El cosquilleo se volvió dolor ardiente, cerrando su garganta y por un momento no pudo respirar. Entonces la horrible sensación pasó, desvaneciéndose tan rápido como había aparecido. Sai tosió y elevó sus ojos negros como tinta hacía Sasuke, para encontrarlo mirándolo orgullosamente y como si nada hubiera pasado.

—Un sello descansa ahora en tu lengua. Si hablas, morirás —dijo sin preámbulo. Entrecerrando sus ojos al mirar a Sai, añadió como amenaza—. Estás siendo vigilado en todo momento, mensajero.

Sai tragó pesadamente. Su mente acelerada por el pánico. ¿Cómo sería posible que se infiltrara en los planes de sus amigos sin ser expuesto como espía? Kakashi, Tsunade y los otros no eran tontos. Sospecharían de él inmediatamente. Pero Sasuke no parecía muy preocupado por eso. Dependía de Sai el reunir la información que la deidad de la muerte quería. La forma en la que lo consiguiera no era de interés para Sasuke.

—¿Cómo voy a contactarlo? —Sai cuestionó con inseguridad.

—Yo te encontraré —Sasuke replicó ominosamente.

Sai volvió a tragar y asintió despacio, plagado por una horrible y aplastadora culpa. Pero no tenía otra opción. Al menos si era descubierto, sabía que podía intentar razonar con Naruto y los otros. Con Sasuke, no tenía ese lujo.

—Como desee, Gran Dios, pero… —añadió dudando antes de que su resolución lo abandonara por completo—, me gustaría ver a Sakura antes de partir.

Los ojos de Sasuke brillaron con peligro, posesivamente.

—No —añadió automáticamente.

—Por favor, sólo por un minuto. Haré lo que me pide, pero quisiera ver que ella está sana y salva…

—No ha sufrido daño —Sasuke explotó con un todo que le advertía a Sai que abandonara esa idea—. Ahora vete… antes de que quite mi control sobre Cerbero.

Sai lanzó una mirada nerviosa a la rabiosa y salvaje bestia de tres cabezas y supo que había excedido su corta bienvenida. Sasuke no iba a concederle la petición; la amenazante expresión en el rostro de la deidad de la muerte le informó a Sai que no había absolutamente nada que pudiera hacer para ver y hablar con Sakura. Inclinando su cabeza sumisamente, cerró sus ojos, sintiendo de inmediato el mismo viento congelante conforme el suelo bajo él desaparecía nuevamente.

Cuando abrió sus ojos, estaba de vuelta en el parque.

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—¿Puedes hacerlo? —los grandes ojos de Naruto miraban expectantes a Inoichi. El padre de Ino se mostraba tan estoico y serio como siempre conforme levantaba la pequeña taza de humeante té que Kakashi le había servido y tomó un sorbo.

—Requeriría que utilizara mi propio sello —respondió después de tomar el té. Estaban sentados formando un triángulo en el suelo, con la bandeja de bocadillos descansando en el medio. Dirigiendo su mirada a Kakashi, añadió—. Si hiciera esto, sería sólo cuestión de tiempo antes de que él se entere. Entiendes lo que podría pasar, Kakashi. Entiendes que la única razón por la que seguimos aquí es por los juramentos que tomamos.

—Sí —Kakashi exhaló con pesadez—, pero no tenemos muchas opciones. Sai no está diciéndonos todo. Necesitamos encontrar una manera de saber exactamente qué es lo que sabe.

Inoichi parecía molesto.

—Kakashi —dijo y el tono serio de su voz hizo que el corazón de Naruto acelerara—. Cada uno de nosotros, exceptuando a Naruto, selló sus propios poderes y juró jamás volver a hacer uso de ellos. A cambio, fuimos desterrados, pero se nos permitió seguir existiendo.

—Prometimos jamás usarlos para tratar de regresar a la cima de la montaña —Naruto contradijo—. Esto es diferente…

—No, Naruto —Inoichi le dirigió una afilada mirada—. Si estamos preparados para alterar nuestros sellos para esto, ¿entonces cómo podríamos decir que no volveríamos a hacerlo en el futuro? Él también acordó la tregua. Accedió a no hacer daño ni a nosotros ni a la humanidad, siempre y cuando cumpliéramos con nuestra palabra. Él no puede aventurarse a bajar a la tierra para soltar su guerra sobre ella, y nosotros no podemos ascender para confrontarlo.

—¿Y qué sucede con mi papá? —Naruto reclamó, sus ojos reflejando un dolor que había mantenido suprimido durante mucho tiempo—. Él prometió no dañar a ninguno de nosotros… así que, ¿por qué mi papá no está aquí?

Kakashi intentó colocar una mano consoladora en el hombro de Naruto, pero el joven la rechazó y se puso de pie en un instante.

—¡Respóndeme! —exclamó con enojo.

—El rayo amarillo era nuestro líder. Incluso él le temía a tu padre —Inoichi respondió—. Así que él decidió…

—Inoichi —Kakashi le advirtió. Entonces dirigió su atención de regreso a Naruto—. Por favor cálmate, Naruto…

—¡No! —El pecho de Naruto se movió con rabia—. ¡Ese bastardo no puede acusarnos de romper nuestras promesas cuando él mismo rompió su propio juramento el día que lo hizo! ¿Qué rayos hace él allá arriba de todos modos?, ¿cómo sabemos que no está planeando algo? ¡No podemos confiar en él! ¿Cómo sabemos que no fue él quien se llevó a Sakura-chan?

—¡No lo sabemos! —Inoichi explotó perdiendo su compostura— ¡Pero no podemos tan sólo hacer acusaciones cuando no tenemos ninguna evidencia para respaldarlas! —Inhalando profundamente después de su arrebato, añadió con censura—. ¡Eres el mismo indisciplinado e imprudente de siempre Naruto!

La quijada de Naruto se apretó en furia cuando apunto su dedo acusadoramente a Inoichi, quién se irguió.

—¡No estabas ahí cuando mi papá te necesitó!, ¡lo menos que puedes hacer es ayudarme a encontrar a Sakura-chan ahora! ¿Estarías aquí sentado hablándome si fuera Ino la que estuviera desaparecida?

Kakashi tomó el brazo estirado de Naruto y lo forzó a volver al suelo.

—Suficiente, Naruto —lo reprendió —. Cruzaste la línea.

Naruto lo miró, antes de dirigir su mirada nada arrepentida de nuevo a Inoichi, quién lo contemplaba con frialdad. Un tenso y pesado silencio siguió, en el cual ambos permanecieron mirándose en una silenciosa lucha de voluntades. Finalmente, Inoichi suspiró y cerró sus ojos por un momento.

—Si no le tuviera tanto aprecio a Minato, te hubiera cortado esa insolente lengua —dijo en voz baja. Después elevó sus párpados y miró directamente a los ojos de Naruto—. Bien, miraré en la mente de Sai; pero debes estar preparado para afrontar las consecuencias —dijo con renuencia.

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Suigetsu se inclinó hacia atrás, contra la pared de su prisión y sus brazos cruzados impacientemente sobre su pecho. ¿Cuánto más tenía que soportar la humillación de haber sido atrapado justo donde Sasuke lo quería? El Dios de los mares sabía que era capaz de escapar a través de esas barras cargadas de electricidad, no sería una experiencia nada agradable, pero tampoco sería particularmente difícil. Sin embargo, hacerlo activaría los sensores que Sasuke sin duda había puesto en las barras. El gobernador de la muerte sería alertado en el instante en el que el cuerpo de Suigetsu pasara a través del metal, y entonces iría a confrontarlo para impedirle que saliera del Inframundo.

—Bastardo —la deidad del agua murmuró con disgusto. Sasuke era tan petulante, tan seguro de sí mismo todo el tiempo, caminando con su perfecta y estirada nariz en el aire como si fuera mejor que todos los demás, cuando en realidad era un patético cobarde. El hecho de que hubiera recurrido a raptar a una chica humana era prueba suficiente de eso.

Suigetsu bufó. ¿Acaso la desafortunada chica, Sakura, había rechazado a Sasuke? ¿Por eso la habría arrebatado de su madre?

Que idiota, pensó con mofa. Sasuke claramente no sabía mucho sobre mujeres si el secuestro era su método escogido para cortejar. Volvió a bufar y rodó los ojos al techo rocoso de su monótona celda.

Vamos, urgió. ¿Cuántas veces más tenía que transmitir su mensaje mental antes de que fuera escuchado? Estaba listo para enviar un particularmente colorido mensaje a la receptora, cuando el sonido de unas botas en el camino lo hizo animarse.

—¡Maldita sea, Suigetsu! —una voz familiar explotó—. ¡Me causaste un dolor de cabeza, estúpido!

Se despegó de la pared y caminó para encontrarse con Karin al margen de los barrotes.

—Siempre estas tan feliz de verme —dijo dándole una sonrisa que mostraba sus dientes, aunque no fue tan amplia. Aunque Karin estaba lo bastante sorprendida como para notarlo.

—¿Qué estás haciendo aquí, idiota? —demandó, pero justo entonces se dio cuenta de que había sólo una explicación y comenzó a reírse de él. La fingida sonrisa de Suigetsu se disolvió y fue reemplazada por una mirada asesina.

—Perra —dijo—. No vas a reírte de mí en cuanto salga de aquí.

—Si es que sales. Sasuke te puso aquí, ¿no? —comenzó a soltar risitas ensoñadoras—. Tan fuerte —ronroneó.

La quijada de Suigetsu se abrió. Después comenzó a reírse levemente hasta que estalló en carcajadas. Fue el turno de Karin para fruncir el ceño. Lamentó mucho no poder golpearlo en la cabeza, como solía hacerlo cada que él la molestaba en la superficie.

—¡Idiota!, ¿qué es tan gracioso?

—¡Tú! —Suigetsu apenas pudo hablar—. ¡Todavía estás intentando meterme en los pantalones del bastardo! Jajajajajajaja.

Las mejillas de Karin se volvieron tan escarlata como su cabello, pudiendo apenas emitir pocas palabras.

—¿Q… qué? ¡Cállate!

Suigetsu siguió burlándose un poco más antes de hablarle divertidamente.

—Sabes que tiene a una chica aquí con él, ¿no?, ¿una humana? Y ella es cien veces más atractiva que tú, así que no tienes oportunidad.

—¡Cállate! —Karin dijo con la quijada entrecerrada.

—Probablemente está complaciéndose con ella en este momento —Suigetsu siguió provocándola, observando alegremente la atormentada expresión de Karin—. Ya sabes lo que dicen…

—¡CÁLLATE! —Karin le gritó y el lanzó una roca. Aterrizó en las barras electrificadas y siseó hasta convertirse en escombros.

Ella se irguió y su pecho se movía con la intensidad de lo que sentía. Entonces maldijo por lo bajo. Había dejado que Suigetsu la alterara otra vez. Había demostrado una fijación por hacerle eso a lo largo de los siglos. Exhalando despacio, enderezó sus lentes y habló.

—Tengo un trabajo que hacer, bastardo.

—No tan rápido —Suigetsu dijo con seriedad cuando la vio alejarse—. Sácame de aquí.

Karin lo miró con desprecio desde su hombro. ¿Acaso el idiota de verdad pensaba que ella lo ayudaría después de lo mucho que la hizo enojar? Más importante, ¿pensaba que ella estaba preparada para traicionar a Sasuke?

—¡En tus sueños, estúpido! ¡Le sirvo a Sasuke ahora!

—Eres una ninfa de agua —Suigetsu dijo y sus ojos lavanda se entrecerraron conforme hizo énfasis en el elemento—. Te salvé la vida una vez, perra. Me lo debes.

—¿No se supone que eres el poderoso dios del mar? —Karin se burló—. ¿No puedes ni siquiera salir de una pequeña jaulita?

—No es eso y lo sabes. Sasuke me quiere en el Inframundo porque sabe que lo voy a delatar. Pero si tú me ayudas —bajó la voz y elevó sus cejas—, sacaré a Sakura de aquí y ya no será una molestia. Admítelo, no la quieres aquí.

—¡Sasuke no la trajo para eso, idiota! —Karin siseó.

—¿Ah no? —la deidad del agua se burló—. ¿Se te ocurre alguna otra razón por la que él pasaría por todos esos problemas sólo para raptarla y mantenerla lejos de su madre? —cuando Karin se quedó en blanco mirándolo, Suigetsu se dio cuenta de que ella no sabía quién era la madre de Sakura. Decidiendo no iluminarla en el asunto, rectificó—. Hay gente buscando a Sakura. Gente importante. Y si se enteran de que está aquí, y que tú no hiciste nada para ayudarla a escapar… entonces la muerte será la menor de tus preocupaciones.

Vio la incertidumbre pasar por los ojos de Karin. Si había algo que él sabía sobre ella, era que siempre buscaba su propia seguridad, antes que nada. Notando su indecisión, volvió a hablar.

—También te sacaré a ti. Puedes quedarte bajo el agua hasta que a Sasuke se le pase su berrinche. No puede tocarte ahí.

Karin tragó pesadamente. Suigetsu aguantó la respiración no queriendo interrumpir su silencio. Finalmente, ella sacudió la cabeza.

—No. Él no es como los otros. No lo voy a traicionar —frunció los labios y entrecerró los ojos al mirar al dios del mar—. ¡No vuelvas a llamarme, idiota! —entonces se volteó y comenzó a marcharse.

—¿Crees que le importas siquiera? —Suigetsu le gritó —. ¡Te está usando Karin!, ¡justo como usa a todos los demás!

Sus palabras hicieron eco en la oscuridad y no cayó sobre los oídos sordos de Karin, quien desapareció de su vista.

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Sakura no había sabido qué esperar realmente al entrar a la biblioteca, pero nada la había preparado para la maravilla que sus ojos encontraron en cuanto Chizu abrió las puertas incrustadas en esmeraldas. Vio oro y blanco… y miles de estantes con libros, llegando hasta una casi imposible altura, hacía el techo soportado por un grácil arco adornado con luces doradas. Los libros formaban dos niveles diferentes, dentro de los elegantes pasamanos dorados, hacía los que subían dos escaleras en espiral, cada una en las esquinas de la masiva habitación. El piso estaba inmaculadamente pulido y mostraba bonitos y geométricos patrones que le recordaron a Sakura a un caleidoscopio. Soltó un suspiro de asombro, dirigiendo su mirada de nuevo al techo. Mostraba un hermosamente pintado sol dorado, rodeado de anillos de gloriosas flamas. Los patrones de exóticos mosaicos proveían de un extraordinario detalle, y Sakura deseó que pudiera estar más cerca de alguna forma, para examinar cada parte de la obra maestra sobre ella. Tan solo la pintura parecía iluminar la habitación. Tres candelabros colosales ayudaban a proveer el cálido y mágico brillo en el lugar. Rebosaban de rubíes colgados como gotas, muy similares a los candelabros más pequeños que había visto en el salón de baile. La mirada de Sakura bajó y notó las largas escaleras adjuntas horizontalmente a los estantes entre cada librero, permitiendo así un fácil acceso a los libros superiores.

—¿Le gusta? —Ume preguntó mirando ansiosamente al rostro de Sakura, quien movió la boca por unos segundos, pero no fue capaz de articular ninguna palabra para responderle a la joven ayudante.

—Creo que le gusta —Chizu sonrió, observando con algo de diversión el rostro asombrado de Sakura.

Era la mayor y más increíble biblioteca en la que jamás había estado. Sakura no podía siquiera imaginar el número de libros ahí, y sintió verdadera emoción burbujear dentro de ella por primera vez desde que había despertado en el Inframundo. Ella definitivamente adoraba leer, y en una biblioteca de ese tamaño debía haber libros de todos los tópicos existentes en la faz de la tierra. Se apresuró a la escalera a su izquierda y subió al segundo nivel, con sus ojos observando las etiquetas, hechas en pequeños rectángulos dorados, fijos junto a la base de los estantes.

Ciencias sociales estaba dividida en varias filas con sus propias secciones; antropología, sociología, lingüística, comunicación y filosofía, sólo por nombrar algunas. Sakura sacudió su cabeza con asombro. La cantidad de conocimiento contenida en esa habitación, ¿cómo podría siquiera medirse? Caminó a su alrededor, leyendo en las etiquetas palabras que ni siquiera entendía. Entonces notó que las dos escaleras se unían arriba y formaban otra pequeña escalera que llevaba a una sección secreta, que estaba escondida para la vista de cualquiera desde el piso inferior. Sakura miró abajo hacía donde Ume y Chizu la esperaban.

—Me gustaría quedarme aquí por un rato —les dijo. Ambas voltearon a verla notando la emoción en su voz.

—Por supuesto, Ama. ¿Requiere ayuda? —Chizu preguntó.

—No, gracias —Sakura respondió educadamente—. Me gustaría explorar, si eso está bien.

—¿Desea que la esperemos? —Ume preguntó.

—¡Oh no! Podría tardarme —Sakura dijo distraídamente.

—En ese caso regresaremos por usted en una hora, ¿es suficiente tiempo? —Chizu cuestionó y los ojos de Sakura se movieron de nuevo a la escalera frente a ella.

—Sí, ¡gracias por traerme aquí!

Las escuchó reír como respuesta, pero casi no notó cuando las puertas se cerraron en cuanto ellas se fueron, dejándola disfrutar la biblioteca a su propio ritmo. Sakura subió las escaleras, volviendo a mirar el techo de la biblioteca. El sol estaba más cerca, y resplandecía como oro en la luz que radiaba de los candelabros. Llegó al último piso de las escaleras y se encontró en otra sección que poseía un gigante y anticuado tipo de globo terráqueo y varios telescopios posados en una mesa en medio del lugar. Mapas y otros artefactos astronómicos estaban repartidos en otra mesa de roble, al igual que un frasco de tinta y, para asombro de Sakura, una verdadera pluma para escritura.

¿Sasuke no tenía siquiera bolígrafos?, ¿un lápiz? Un nuevo sentimiento de no pertenencia comenzó a apoderarse de Sakura de nuevo. Había otra mesa de madera y una silla con apariencia cómoda, con un cojín para soporte en la espalda, justo en la esquina derecha de la habitación. Estantes de madera más pequeños alineaban el espacio cuadrado y la fina alfombra carmín en el piso amortiguaba el sonido de sus pasos. Sakura vio el techo en esa parte y suspiró con deleite. Era un domo negro, pero brillaba con pequeñas luces que eran similares a las estrellas.

Cuando finalmente logró apartar sus ojos del bonito paisaje, se giró para examinar los estantes de libros. Al tomar un gran ejemplar empastado en piel y abrirlo, observó unos pequeños y poco familiares símbolos impresos, lo que la hizo fruncir el ceño. ¿Estaba todo escrito en un lenguaje que no podía leer? Regresando el libro a su lugar, tomó otro, sólo para darse cuenta de que contaba con las mismas extrañas letras. Otros tres tuvieron el mismo resultado. Consternada, Sakura se giró y regresó al piso inferior y tomó un libro al azar desde uno de los segundos niveles de estantes. Suspiro con alivio cuando encontró la letra familiar mirándola inocentemente.

Decidiendo que era mejor explorar la planta baja primero, Sakura bajó nuevamente por la escalera en espiral y caminó hasta la esquina izquierda, la más lejana de la biblioteca, con sus ojos buscando su objetivo. ¿Dónde estaban todas las historias? No podía encontrar ninguna etiqueta que dijera "ficción". ¿Tal vez Sasuke no leía ficción? No parecía ser de ese tipo, pero de nuevo, ella no sabía nada de él. Cada biblioteca tenía una sección de ficción, debía haber una ahí. Siguió todos los estantes bajos, pero no encontró lo que buscaba. Sakura supuso que bien podría estar buscando una aguja en un pajar. Había demasiados libros, y ella no sabía por dónde empezar.

Bueno, al menos ya tenía otra forma de pasar el tiempo, se dijo a sí misma, al igual que en los hermosos jardines. Se estiró para jalar la escalera deslizable junto a los estantes, atrayéndola a ella. Entonces, con cuidado, comenzó a escalar, tendiendo cuidado con su calzado. Miró a derecha e izquierda, observando libros de todo tipo. No, esta no era la sección correcta. Un vistazo abajo la hizo darse cuenta de que la escalera era mucho más alta de lo que parecía ser desde abajo. Tomó el escalón arriba de ella y comenzó a mover la escalera con ella arriba, sabiendo que era un método de trasportación precario, pero no quería molestarse en bajar de nuevo. Se detuvo en otra sección, pero frunció el ceño, molesta, cuando se encontró de nuevo en el área equivocada. ¿Tal vez los libros de ficción estaban del otro lado?, ¿por qué no se le ocurrió preguntarle a Chizu y Ume?

No viendo otra alternativa más que bajar, Sakura comenzó a descender lentamente. Cuando estaba segura de que había encontrado bien los espacios entre escalones, se apresuró, deseando llegar ya hasta abajo para investigar el otro lado de la habitación, pero su pie no encontró el escalón siguiente y sus manos, que habían estado en el proceso de bajar, perdieron su agarre. Sin equilibrio, Sakura lanzó un chillido cuando la gravedad la jaló. La caída dolería de seguro, incluso la mitad de altura sería suficiente para romper algunos huesos. Agitó sus brazos tratando de encontrar la escalera de nuevo, pero ya estaba cayendo así que cerró sus ojos anticipando el dolor… sólo para sentir unos fuertes y tibios brazos cargándola. Abrió sus ojos y se tensó cuando se encontró con el rostro de Sasuke muy cerca del suyo. Ni siquiera lo había escuchado entrar a la biblioteca. Pero había entrado y la había atrapado, sosteniéndola de una dramática forma que parecía imitar la forma en la que los recién casados cargarían a sus novias. El corazón de Sakura aceleró al instante y ella sintió un repentino calor llegar hasta su rostro. Los ojos oscuros de Sasuke observaron los de ella por un momento, haciendo que su pulso se acelerara aún más. Entonces él la depositó lentamente en el suelo. Las piernas de Sakura se sentían de gelatina conforme retrocedió para poner una respetable distancia entre los dos, estando plenamente consciente del rubor en sus mejillas.

—Gracias —tartamudeó automáticamente y se asombró cuando un minuto después su mente registró que en realidad estaba expresándole gratitud al loco y peligroso secuestrador. Sintiéndose bastante incómoda, miró a la engañosa escalera y estúpidamente añadió—. Estas sandalias, ellas… yo… resbalé…

Oh, perfecto, su voz interna la acusó sarcásticamente. Volverse un desastre incoherente frente a Sasuke no era lo que había pensado hacer para ejecutar su nueva actitud hacia él.

Sasuke permaneció en silencio. Estaba demasiado ocupado examinando el curioso tono rosado que las mejillas de Sakura adoptaron, así como contemplando lo adorable que se veía como para poner mucha atención a sus tartamudeos.

La forma en la que la observaba sólo hizo que el rubor aumentara de tono. Sus ojos eran tan intensos. ¿No se daba cuenta de lo incómoda que la hacía sentir? Intentando cambiar el tema, habló.

—Chizu y Ume me trajeron aquí.

Sasuke parpadeó y entonces, afortunadamente, dejó de mirarla y se giró para observar los estantes. Sakura usó esos preciosos segundos para gritarle al color en su rostro que desapareciera, pero su rostro se sentía en llamas. Y los ojos de Sasuke regresaron a ella demasiado pronto.

—¿Es adecuado? —preguntó.

—¿Eh? —ella parpadeó sin comprenderlo. Él elevó una de sus cejas negras, antes de gesticular al su alrededor con su mano derecha.

—La biblioteca —añadió como un hecho.

Oh.

Vaya, pero claro que se refería a la biblioteca. Sakura dudó a pesar de eso. La sensible voz en su cabeza le estaba diciendo que era momento de implementar su plan, pero la parte más indignada y rebelde de ella le gritaba que ni siquiera se atreviera a ser educada con alguien que no le había mostrado ningún tipo de amabilidad o educación.

Fue ahí cuando se dio cuenta del hecho de que Sasuke la observaba atentamente, esperando una respuesta. Y de que estaban al borde de tener lo más parecido a una conversación normal… lo que dependía de lo que ella respondiera.

Si ella decidía ignorarlo, o confrontarlo acerca de lo que le había dicho antes, sabía que él se cerraría por completo. Su expresión actual era indescifrable y él aún irradiaba peligro, con la diferencia de que en verdad estaba preguntándole su opinión sobre su propiedad… y parecía en realidad interesado en saberlo. Tragando con nerviosismo, le respondió.

—Esto es… —se detuvo antes de forzarse a ser honesta—, maravilloso.

Él parpadeó y Sakura pensó que había visto el destello de algo pasar por sus ojos negros, pero lo que sea que hubiera sido se fue antes de que ella pudiera identificarlo. Rápidamente ella desvió la mirada y volvió a hablar.

—Supongo que… ¿no tienes libros de ficción?

Sasuke emitió un sonido que fue muy similar a un bufido de burla.

—Te gusta la fantasía.

Los ojos de Sakura volaron a verlo directamente.

—Me gusta la literatura mitológica y clásica —se defendió, indignada.

—Hn —fue todo lo que él ofreció como respuesta. Después asintió una vez señalando a su derecha, hacia el área a la que ella había pretendido dirigirse. Sakura se acercó ahí y miró con asombro a la sección que él había indicado. Había más libros de ficción mitológica de los que podía contar, todos llenando los diferentes estantes. ¿De dónde había sacado Sasuke tantos especímenes? Vivía bajo tierra. No tenía sentido, no a menos que hubiera algún tipo de servicio de entrega especial que le llevara los paquetes a través de túneles secretos, lo que, por supuesto, era ridículo. ¿O no?

Le lanzó una mirada de incertidumbre. Él permaneció de pie en el mismo lugar, mirándola atentamente. Abrió la boca para cuestionarlo, pero rápidamente recordó que Sasuke no respondía nada que tuviera que ver con él. Cualquier cosa que quisiera preguntar debía ser impersonal. Si su predicción era correcta, él respondería.

Aún así, se sentía extraño y poco natural hablarle sin enojo, cuando todo lo que quería en realidad era demandar las respuestas que él se negaba a darle.

Se paciente, le dijo la voz interna de la razón. Así que intentando que su tono sonara lo más casual posible, y probablemente fallando espectacularmente en eso, le habló.

—¿Cuántos libros hay aquí?

Sasuke volvió su mirada a la interminable fila de estantes. Sakura contuvo la respiración y su corazón revoloteó cuando su teoría resultó cierta. Sasuke le respondió con una voz firme que parecía de alguna forma a la defensiva, como si él no esperara que la actitud amable de ella fuera a durar.

—Un millón, al menos.

—Wow —Sakura suspiró, sinceramente impresionada. Los ojos de Sasuke se centraron en ella y su sentido de paranoia la convenció de que él la veía de manera sospechosa, así que se giró rápidamente, agradecida con la suave cortina de su cabello formando una barrera entre ellos mientras ella se movía por los estantes.

Sigue hablando, se dijo y mordió su labio, su mente buscando frenéticamente algo de lo que hablar. Y entonces se le ocurrió.

—Vi el salón de baile también. De verdad es magnífico.

Él no respondió, pero ella escuchó sus pasos acercándose. Elevó la vista del libro que había sacado para ojear y se dio cuenta de que Sasuke estaba mirándola con demasiada atención. Tragó con pesadez. La intensidad de esa mirada era desconcertante, y él estaba haciendo precisamente lo que ella había temido, estudiarla con la intención de averiguar exactamente a qué estaba jugando al pretender ser civilizada con él. Sakura soltó el libro abruptamente y retrocedió para alejarse de él. El miedo que mostró en su rostro no fue fingido. Sasuke la estaba asustando.

Los ojos de él descendieron al libro, y por un largo momento permanecieron fijos ahí. Después pareció haber tomado una decisión y miró a Sakura de nuevo.

—¿Deseas ver más?

Sakura sacudió la cabeza.

—Ya vi suficiente por hoy —respondió tensa. Entonces recordó que no sabía qué hora era, pero decidió no arriesgarse. Estaba segura de que Sasuke no le respondería si ella le preguntaba sobre el paso del tiempo. Así que envolvió los brazos sobre sí misma y salió rápido del lugar, casi esperando que Sasuke la siguiera. Afortunadamente, no lo hizo. Ella siguió caminando hasta que llegó a la salón principal, casi corriendo al subir los escalones, deseosa de regresar a su habitación. Se equivocó de dirección, pero fue capaz de retroceder y eventualmente encontrar la habitación sin ayuda. Sólo cuando las puertas se cerraron detrás de ella se permitió soltar la agitada respiración.

No podía hacerlo. Hasta ahí llegaba su disposición a mantenerse firme. Se dio cuenta de que su cuerpo entero temblaba. No podía fingir, no podía tratar a Sasuke como si nada hubiera pasado. Como si él fuera un tipo normal con quién había quedado casualmente atrapada. Sólo el intentarlo le había costado demasiado emocionalmente.

Las lágrimas se asomaron a sus ojos. Su corazón aún estaba galopando con el extraño golpe de adrenalina que la presencia de Sasuke parecía disparar en sus venas. No podía.

Él la estremecía demasiado, la petrificaba. ¿Hacerle cumplidos a su palacio?, ¿en qué había estado pensando?, ¿cómo había pasado de lanzarle un cáliz a eso?

Sakura sabía la respuesta, por supuesto. Estaba volviéndose loca poco a poco. Tontamente creyó que estaba siendo sensible al intentar conversar educadamente con él, pero sólo logró levantar sus sospechas. Claramente él confiaba en ella tanto como ella en él.

Caminó hacia la chimenea, se derrumbó sobre una cómoda silla con antebrazos, sintiéndose extenuada, exhausta. Estaba de vuelta al inicio. Atrapada. La desesperación comenzó a invadirla de nuevo. No podía superar a Sasuke. Él vería a través de ella. Tampoco podía relajarse con él cerca de ella. Era un caso perdido, imposible. No podría escapar nunca. Y nunca volvería a ver a su madre.

Las lágrimas estaban cayendo antes de que ella pudiera detenerlas. Sakura lloró sin emitir sonido.

Los ojos de Sasuke permanecieron fijos en el libro en el suelo, el ceño fruncido en su rostro. Sakura, había descubierto, era impredecible. Nada como lo había esperado. Su proximidad la alteraba e intimidaba, él estaba seguro de eso. Pero acababa de intentar comunicarse con él. Y él había estado a la defensiva y desconfió, esperando que su inesperado gesto de amabilidad fuera algún tipo de plan y un nuevo intento para extraer información de él.

Pero Sakura se había ido abruptamente, antes de que él hubiera podido analizar sus intenciones. Y no saber qué estaba pensando lo frustraba. El hecho de que ahora tuviera a Sai revisando el progreso de la búsqueda de Sakura en la superficie no cambiaba el hecho de que Sasuke necesitaba hacer que ella comiera el alimento de los muertos. Pero ¿cómo cuando ella tenía demasiado miedo de quedarse frente a él aunque fuera por unos minutos?

Miró el libro, como si de alguna manera fuera responsable por la poco satisfactoria forma en la que su breve encuentro terminó. Entonces se inclinó y lo levantó, y al levantar la portada sus ojos se encontraron con el título de la historia:

"De mitos y amantes entrelazados en las estrellas".

Con un bufido burlón Sasuke colocó el ofensivo libro de vuelta en el espacio que le pertenecía. Entonces salió de la biblioteca, abriendo las puertas mentalmente, haciendo que se cerraran con fuerza detrás de él.