ETERNAL LOVE
CAPÍTULO 1
SECRETOS
—Para la próxima clase haremos el pastel de manzana y canela que viene en la página quince del manual, pero además de los ingredientes y sus utensilios necesitaré que traigan una duya M4 porque les enseñaré a trabajar con ella— Le dijo Makoto al grupo de estudiantes a los que les impartía repostería básica en Le Cordon Bleu Tokio—¿Entendido?
Al ver que no había dudas entre su grupo de estudiantes, Makoto dio por finalizada la clase, y después de que el último estudiante se fuera, ella también salió del aula y se dirigió al estacionamiento donde pronto visualizó el auto de donde bajó Andrew para ir a su encuentro.
Al encontrarse con la mirada de su marido, se sonrieron el uno al otro y apresuraron sus pasos para encontrarse.
—¿Qué tal te fue en el trabajo, cariño? — le preguntó Makoto al llegar a su lado.
—Fue un día bastante tranquilo. ¿Y a ti?
—Lo mismo de siempre— Respondió Makoto mientras acompañada de Andrew se dirigía al asiento de copiloto.
—Creo que vendré por ti más seguido a marcar mi territorio. Escuché a un par de mocosos comentando sobre lo sexy que es la profesora Furuhata.
Makoto soltó una carcajada al escuchar el comentario de Andrew y se dio media vuelta para mirarlo a los ojos.
—¿Quién querría a otro hombre teniendo a ti por marido? — Cuestionó Makoto tirando de su corbata y alzándose de puntillas para besar a Andrew en los labios— Además, mis estudiantes son niñitos de dieciocho— Susurró después de aquel beso.
—Pero a mi bella esposa los años no le pasan por encima y luce como una jovencita de entre dieciocho y veinte años— agregó Andrew de manera graciosa.
Aquel comentario hizo que la sonrisa desapareciera del rostro de Makoto, y para Andrew, que tenía ya doce años de relación con ella (de los cuales llevaban once de matrimonio), no pasó desapercibido que había ocurrido algo que le causó malestar.
—¿Qué sucede, kokoro?
—Nada. Ya vámonos a casa— Respondió Makoto tratando de fingir que todo estaba bien, pero por supuesto no lo estaba.
Su noviazgo con Andrew había comenzado hacía trece años cuando ella era una adolescente de tan sólo diecisiete años, y ella entonces no cabía de dicha, pues durante un tiempo había sido su amor platónico, sin embargo, un día Andrew terminó de mutuo acuerdo con Reika, y entonces Makoto sin imaginar que le correspondería, se esforzó por conquistar de nuevo su corazón.
Al principio, todos creían que aquella relación no tenía futuro y que Andrew volvería con Reika como lo había hecho anteriormente; sin embargo, eso nunca sucedió, y después de dos año de noviazgo, cuando Makoto apenas había terminado la preparatoria y el estaba por ingresar al penúltimo año de su carrera universitaria, él le propuso matrimonio, y ella sin dudarlo le dio el sí.
Dado que Makoto había quedado huérfana a los seis años y la familia de Andrew la tenía en alta estima, no hubo nadie que se opusiera a aquel enlace matrimonial que se celebró poco después de que Makoto se graduara de la preparatoria; sin embargo, cuando regresaron de su viaje de luna de miel a Okinawa debido a que él debía comenzar su siguiente año escolar y ella ingresar a la universidad; el cuento de hadas en el que parecía vivir Makoto se vio empañado un día en que recibió un mensaje por el telecomunicador Sailor en el que Serena les pedía a todas acudir al templo Hikawa a una reunión de sailors.
Once años antes…
Pese a que Andrew conocía su condición de sailor, aquello no había sido motivo de disgustos en la relación de ambos, pues incluso la posibilidad de que Makoto estuviera en peligro había quedado disipada porque tanto Rei como Michiru había visto en su fuego sagrado y en el espejo que al menos durante los próximos quinientos años en la Tierra se viviría una Era de paz en la que no tendrían necesidad de volver al campo de batalla; sin embargo, recibir un mensaje de Serena donde se convocaba a una junta de sailors implicó para Makoto mentirle por primera vez a Andrew, pues al no querer preocuparlo le había mentido diciéndole que tenía una tarea escolar en equipo con compañeros de la universidad.
Al llegar al templo, se sorprendió al darse cuenta de que no solamente se encontraban sus ex compañeras sailors, sino también Luna y Artemis que habían vuelto de sus dos años sabáticos en que viajaron por la Galaxia, además de cuatro varones de entre los cuales Makoto reconoció a dos: Zoycite y Kunzite.
—¿Qué hacen estos dos aquí?— Preguntó alzando su pluma sailor, lo cual provocó que tres de los varones, a excepción del de largo cabello castaño cuya presencia le provocó la sensación de tener un deja vu, estallaran en sonoras carcajadas.
—¡Baja la guardia, Makoto!— Le pidió Darien— Ellos fueron mis cuatro guardianes durante el Milenio de Plata así como ustedes lo fueron de Serena.
—¿Qué?— Cuestionó desconcertada
Darien comenzó a explicarle que los cuatro hombres ahí presentes habían sido sus guardianes durante su vida pasada pero que habían sido secuestrados por la Reina Beryl y poseídos para pelear en su nombre tanto en la Era anterior como en la actual, pero que por designios del universo, habían recibido otra oportunidad de volver a la vida y redimirse.
—¡Y además también fueron nuestros amantes!— Exclamó Minako colgándose del brazo del serio platinado— ¡Estamos destinados!
—¡Señorita Venus, aquí nadie está destinado a nada!— Alzó la voz el hombre de largo cabello castaño que habló por primera vez en toda la reunión, provocando que a Makoto se le erizara la piel al escucharlo.
—¡General Neflyte!— Exclamó Luna
—¡Masato!— Corrigió quien fuera Neflyte— Mi nombre en esta Era es Masato, y si no hay nada más que tengan que decir, paso a retirarme porque esta reunión me parece por demás absurda cuando tanto las señoritas Hino, Kahio, Meiou y yo ya concordamos en que por los siguientes quinientos años no hay nada de lo que nos tengamos que preocupar.
—¿Entonces nos reunieron para presentarnos a unos señores con los que tuvimos una relación en otra Era?— Pregunto Makoto molesta— ¡Por si se les olvida soy una mujer recién casada y esto es una falta de respeto a mi marido y a mí!
—Te juro que esta absurda idea no fue mía— Bufó Rei fastidiada
—¡Nadie quiere faltarle al respeto a Andrew!— Exclamó Minako— ¿Pero qué tanto puede vivir? ¿Sesenta o setenta años más?
—¿Estas borracha, Minako?— Cuestionó Makoto tan molesta como desconcertada.
—¡Somos eternas, Makoto!— Exclamó Minako a gritos—¡Viviremos al menos mil años con juventud eterna y veremos morir a nuestros seres queridos!— Agregó la rubia, que entonces rompió a llorar.
—¿Qué estupideces está diciendo Minako?— Cuestionó Makoto nerviosa. En otras circunstancias hubiera creído que era una de las bromas de Minako, sin embargo, sintió miedo al verla llorar desconsolada.
—Es una broma, ¿Verdad?
—No lo es, Makoto— Le dijo Darien con seriedad
Makoto sintió el corazón latirle violento dentro del pecho. Hasta hace poco, las personas a quienes consideraba su familia era el grupo de inner senshis; sin embargo, Andrew y los Furuhata se habían convertido en su nueva familia; y de pronto, al imaginarse perdiendo a los señores Furuhata a quienes consideraba como unos padres, a Unasuki a quien veía como a la hermana que nunca tuvo, y a Andrew, a quien consideraba la mitad de su alma; rompió a llorar.
—¿Por qué nadie me lo dijo?— Le preguntó con rabia a Darien
—¿Crees que de haberlo sabido no te lo hubiera dicho?— Le respondió Darien apenado— ¡Por dios! Andrew es como un hermano para mí y a ti te aprecio. Te lo habría advertido antes de que comenzaran su noviazgo.
—¿Y los hijos que lleguemos a tener?— preguntó nerviosa.
—Como pueden heredar tu longevidad y vivir miles de años siendo jóvenes, también puede suceder que lo hereden a él y tengan una vida efímera como la mayoría de los mortales y los veas envejecer y morir.
Makoto de pronto sintió que el aire le faltaba, la vista nublándosele, hasta que de pronto todo se oscureció a su alrededor y la voz preocupada de Darien fue lo último que escuchó.
Fin del flash back
—¿Qué sucede, mi amor?— Cuestionó Andrew cuando llegaron a casa— ¿Acaso dije o hice algo que te molestara?
Makoto se dio media vuelta y buscó el abrazo de Andrew que la estrechó contra su cálido pecho. Odiaba la idea de saber que no siempre tendría la dicha de aspirar aquel aroma y sentir la calidez de sus brazos que la reconfortaban, o perderse en su mirada verde mar que la llenaba de paz porque con suerte, él si acaso viviría cuarenta o cincuenta años más, lo que era nada comparado con los miles de años que ella viviría. ¿Y lo peor? No poder desahogarse contándole sobre su condición, aunque sabía que no podría esconderselo por siempre, pues aunque de momento que a sus treinta años luciera como una joven de dieciocho era algo que sólo causaba envidias; sabía que dentro de quince o veinte años la gente comenzaría a cuestionar que ocurría con ella, y que de manera irremediable Andrew se iba a enterar.
—No has dicho nada malo, cariño— susurró Makoto— Creo que es el síndrome premenstrual
—Makoto, hace menos de una semana se te retiró el periodo, no puede ser síndrome premenstrual.
—Hazme el amor. Eso me haría feliz— Suplicó Makoto
Andrew la alzó en brazos tal como en su noche de bodas; y minutos después, estaban en el lecho que por once años había sido testigo muda de sus noches de amor, pasión y desenfreno.
—¿Qué haría yo sin ti?— Preguntó Makoto más para sí misma muchos minutos después de que alcanzaran la cúspide del placer.
Andrew, que hasta entonces se encontraba tumbado sobre el cuerpo de ella, con el rostro hundido en los bucles color caoba, de pronto se apoyó en sus antebrazos para levantarse un poco y buscar su mirada.
—Pues eres una mujer increíble que cualquiera quisiera tener— Le respondió e
Andrew — Eres dulce y tierna, cocinas delicioso, una excelente chef, mujer de negocios y maestra. Además de tener una cara de muñeca, cuerpo de diosa y las esmeraldas más bellas que haya visto por ojos. Habría muchos bien dispuestos a reemplazarme, sobre todo Masato Sanjoi
—¡Bobo! Yo sólo te amo a ti.
Andrew suspiró ante las palabras de su esposa antes de responder.
—Y yo a ti. Eres mi sol.
Andrew entonces se tumbó de espaldas sobre la cama, y tiró de uno de los brazos de ella para atraerla a su pecho; y Makoto no opuso resistencia, pues adoraba dormir entre sus brazos.
Pese a que casi siempre era Makoto quien se quedaba dormida primero, aquella noche fue Andrew él único que sucumbió ante el sueño; pues Makoto, cuya cabeza descansaba sobre el pecho de él, no dejaba de torturarse pensando en que llegaría el momento en que dejaría de escuchar los latidos de su corazón como en ese momento.
Para cualquier mujer externa al grupo de senshis, la relación que Makoto tenía con Andrew, era el sueño de todo mujer: Un marido amoroso, fiel, que la trataba como reina, médico de renombre, con excelente solvencia económica como para que ella un día pudiera dejar de trabajar si le venía en gana, y que la adoraba a pesar de que no le hubiera podido dar un hijo en más de diez años de matrimonio. ¡Todo un sueño! Un cuento de hadas que sería perfecto de no ser por su condición de casi eterna.
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—¡Muy bien, Keitaro! — Exclamó Makoto cuando su sobrino político se terminó la última cucharada de la papilla que le había preparado.
—¿Cómo lo haces? — Preguntó Unasuki— Conmigo no sé come las papillas.
—Es la receta. — Respondió Makoto— No hay bebé que se resista a ella. Te la compartiré— Agregó con entusiasmo.
—¡Mamá! Mira lo que me regaló tío Andrew— Se escuchó el grito de una pequeña de cinco años que llegó corriendo al comedor donde se encontraban Makoto, Unasuki, la madre de Andrew y una de sus primas conversando de trivialidades mientras los hombres veían un partido de béisbol.
—¿Un maletín para jugar a la doctora? — Preguntó Unasuki— ¡Qué lindo! Ahora dile gracias a tía Mako-chan también
La pequeña, que era como una copia fiel en miniatura de Unasuki, volteó a ver a Makoto.
—Gracias, tía Mako-chan. Cuando sea grande seré doctora como tío Andrew.
—¿Oh si? ¡Eso es genial, Hana! — Exclamó Makoto.
—¿Te puedo pedir otro regalo?
—¡Hana! Eso no está bien— La regañó su abuela.
—¡Oh, suegra! No se preocupe. Andrew y yo adoramos a Keitaro y Hana— Dijo Makoto para después tomar en brazos a Hana y sentarla en su regazo—¿Qué quiere mi sobrina consentida?
—Qué tío Andrew y tú me den una primita para jugar a las muñecas
—¡Hana! —La reprendió Unasuki.
—¡Ay, pero si se verían muy bien de papás! — Exclamó la prima de Andrew— Si así se desvive Andrew por sus sobrinos. ¿Imagínate con un hijo?
Makoto se acongojó ante el comentario de la prima de Andrew, aunque sabía que no era con intención de herirla.
Por supuesto que le encantaban los niños, e incluso a veces fantaseaba con tener un bebé con el cabello dorado de Andrew y sus ojos verde mar, pero ¿Y si heredaban los genes de Andrew y le tocaba sobrevivirlo? La idea de ver morir a sus crías le parecía abominable, aunque la posibilidad de que heredaran los genes de ella y estuvieran condenados a vivir miles de años y ver morir a sus seres queridos tampoco era alentadora.
—Una cosa es ser tíos y otra ser padres, prima— Comentó Andrew uniéndose a la charla de las mujeres— Y por supuesto que me encantan los niños, y adoro a estos dos diablillos que tengo por sobrinos, pero las responsabilidades de padres no es algo que Mako y yo queramos en nuestras vidas.
—¿Nunca? — preguntó sorprendida su prima.
—No hables por Mako-chan, hijo— Intervino la madre de Andrew— Para ti es fácil decirlo porque los hombres pueden seguir haciendo hijos casi toda su vida, pero Mako-chan ya tiene treinta años, y como médico debes de saber que después de cierta edad para las mujeres es peligroso y se reducen las posibilidades de un embarazo. Además tan hermosa que es mi nuera.
—Pues yo creo que te vas a resignar con los nietos que te de Unasuki, mamá, porque a Makoto tampoco le alborota mucho la maternidad.
Unasuki, percatándose de que el tema parecía incomodar a Andrew y Makoto, intervino rápidamente.
—Bueno, cambiando un poco de tema. ¿Qué vamos a hacer para la Golden Week? El tiempo avanza rápido y ya deberíamos haber decidido a donde vamos a ir a vacacionar.
Mencionar la Golden Week parecía haber sido la frase mágica para que se olvidarán de cuestionar a Andrew sobre su decisión de no tener hijos, pues de inmediato, no sólo la madre y la prima de Andrew comenzaron a hacer planes, sino que también se las unieron el padre, el cuñado y el marido de la prima de Andrew; sin embargo, aunque el tema incómodo quedó de lado, a la mente de Makoto comenzaron a llegar recuerdos de aquella primera vez en que Andrew habló de su deseo de ser padre
Cuatro años antes…
—¡Feliz cumpleaños mi amor! — Exclamó Makoto con entusiasmo mientras en sus manos sostenía una enorme charola de plata en la que había waffles de chocolate con frutos rojos, trozos de nuez y mucho chocolate líquido; además de una humeante taza de café con crema irlandesa. ¡Todo preparado con amor para su marido por ella misma!
Andrew sonrió al verla. Acababa de salir de la ducha, así que sólo traía una toalla alrededor de la cintura cubriendo lo que había de las caderas hacia abajo.
—¡Pero que exquisito regalo! — Exclamó él con doble sentido mientras la miraba con lujuria
—¿Verdad que sí? — Respondió Makoto poniendo la charola sobre la mesita redonda dentro de la habitación — ¡Te lo preparé con mucho cariño!
Andrew rápidamente llegó hasta donde ella se encontraba y la levantó en vilo para sentarla sobre el vanity.
—¡Y me encantas! — Le susurró recorriéndola con la mirada mientras se abría paso entre sus piernas.
Makoto sonrió con satisfacción al percatarse de que tras siete años y siete meses de matrimonio, aún seguía encendiendo la pasión en él, y que le había gustado verla enfundada en aquel diminuto set de lencería negra con liguero y moños rosas que se había comprado.
Antes de que ella pudiera decirle algo, comenzó a besarla con fiereza, y cuando menos lo esperaba, él ya la tenía tumbada de espaldas en la cama.
—¿Puedo pedirte un regalo? — le preguntó él en un susurró al oído mientras con una de sus manos le acariciaba un seno.
—Lo que quieras.
—Un hijo tuyo y mío. Con tus ojos de esmeralda.
En aquel momento de pasión, Makoto que parecía ser incapaz de razonar respondió con un "Sí", sin embargo, en los días posteriores siguió tomando sus anticonceptivos a escondidas. Incapaz de decirle a Andrew que no quería embarazarse, pues eso conllevaba tenerle que hablar de todo lo que implicaba su condición de Sailor, y no quería agobiarlo con algo que le parecía aterrador.
Fin del flash back.
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—Quita esa carita, hermosa. No necesito hijos para ser feliz. Contigo me basta— Le susurró Andrew mientras ella se cepillaba él largo cabello sentada frente a su vanity.
Makoto dejó el cepillo sobre el vanity y volteo a verlo.
—¿Estás seguro? — Le cuestionó Makoto— Andrew. Si tú un día quieres hijos…
—Nunca te voy a dejar por otra— Le dijo Andrew hincándose frente a ella— Tú eres mi felicidad, y ya te lo he dicho, si quieres podemos adoptar todos los que quieras.
Makoto esbozó una media sonrisa. Si fuera una mujer normal no tendría reparos en adoptar y volcar de cariño a un pequeño sin padres, pero dado su condición de casi eterna no quería crear más vínculos afectivos con personas que sabría que vería marchitarse y morir.
—Quizá un día.
Andrew se puso de pie y se inclino para besar su cabello.
—Eres mi sol. Nunca lo dudes.
—Y tu mi cielo, te amo— Le respondió Makoto sonriéndole a través del espejo.
¡Hola!
Pues primero que nada ¡Feliz año nuevo! Les deseo a todos los que me leen un feliz 2023.
Y bueno, hablando de este fanfic, sé que no debí subirlo porque tengo dos en emisión, pero con los otros estoy bloqueada y de este tengo colchón y será corto.
En fin. A quien pase por leer, muchas gracias.
¡Saludos!
Edythe
