Año 127 D.D.S. Cuarto día del octavo mes lunar.
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El día transcurrió exactamente igual que ayer.
Lo único realmente destacable que he podido notar, fue el estado de ánimo general de la población: en sus rostros se podía percibir una extraña expresión de muerto en vida que pondría realmente nervioso a cualquiera, como fue mi caso a lo largo del día.
Sus miradas ensombrecidas denotaban cansancio pero, al mismo tiempo, sus ojos expresaban determinación, como si a pesar del desgaste que seguramente sufrieron en algún momento, todavía tuvieran una motivación para continuar con lo que sea que estuvieran intentando hacer.
Hoy, por fin, he logrado colarme en algunas viviendas para ver qué es lo que hacían después del ocaso y, sorprendentemente, la respuesta es que solo dormían: cada miembro de cada familia, cada habitante de cada vivienda se encontraba durmiendo plácidamente a la luz de una vela, nada más allá de eso, excepto por el ambiente tan pesado que se siente.
Este día, el aura general que desprende la ciudad se siente muy pesada, densa, la simple acción de escribir esta carta me produce fatiga y mareos, pero lo peor de todo es ver cómo la oscuridad rodea a los habitantes de la ciudad, tan intensa, tan profunda, como si estuviera frente a frente con el vacío del espacio, algo que me produce nervios solo pensar en ello.
Puedo sentir que algo realmente malo se cierne sobrela ciudad, por lo cual solicito apoyo especializado, lo más pronto y, de serposible, que sea un grupo de sacerdotisas capacitadas.
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