Año 127 D.D.S. Quinto día del octavo mes lunar
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Es casi medio día y no ha habido actividad alguna por parte de los ciudadanos de Abadón.
Escribo mientras me voy moviendo lo más sigilosamente posible por cada rincón de la ciudad, intentando descubrir si existe el más mínimo movimiento, pero por el momento mi búsqueda ha sido en vano. Hoy nadie parece haber salido de sus casas, ni parecen tener la intensión de hacerlo pronto. He visto por las ventanas y nadie parece haber despertado. Ni siquiera los grandes gobernantes, a los que no he visto por ningún lado y empiezo a temer lo peor.
Han pasado varias horas, cerca del atardecer, y parece que la ciudad al fin despertó.
Veo cómo cada ciudadano recorre en peregrinación el camino hacia el templo principal, justo en el centro de la plaza principal de Abadón.
Ya estando ahí, veo como han comenzado a rezar.
Ahora todos se han unido en una especie de plegaria.
Ahora comenzaron una especie de cantico, recitado en una especie de dialecto que no reconozco.
Entonces me arriesgué a salir de mi escondite y mostrarme frente a la multitud, aun si rompía con mi juramento, sólo esperaba obtener alguna reacción de parte de la gente, pero no obtuve nada, como si no fuera más que aire para ellos.
Entonces, a medida que me movía entre la multitud, sentí que podía distinguir algunas frases entre lo que parecían rezos, las cuales intentaré detallar a continuación:
Podía escuchar como recitaban una especie de maldición hacia la realeza; cada persona de este pueblo rectaba un canto llamando a la destitución de la reina Serenity de su cargo, o si era posible, su muerte, llamándola hipócrita, diciendo que su sola existencia rompía con el orden natural de las cosas, que nuestro reino estaba condenado, que tarde o temprano se derrumbaría todo aquello por lo que hemos trabajado. El murmullo general llamaba a los ciudadanos a oponerse a la corona e iniciar una guerra. Podría enlistar todas las barbaridades que seguían pronunciando en nuestra contra, pero supongo que sería redundante para mi Señora (y la verdad, tampoco tengo el estómago para recordar todas aquellas barbaridades).
Fue entonces que alguien me saco del trance, una sacerdotisa del grupo que solicité en mi anterior carta, las cuales habían llegado recién al lugar.
Les pedí que purificaran a los ciudadanos presentes, que salvaran a la gente, pero, cuando me di cuenta, todos habían desaparecido, como si nunca hubieran estado aquí desde el principio.
Termino de escribir esta carta en el almacén donde vivo temporalmente, tras haber guiado al grupo de sacerdotisas a para que descansen hasta mañana.
Estoy muy asustada en este momento, pero intento seguir adelante, con mi fe en la reina Serenity sé que podré salir de esto.
Esta noche rezaré por nuestra seguridad, y para que la Reina les conceda su perdón a los ciudadanos de Abadón por los pecados que han cometido esta noche, y la salvación para sus cuerpos y almas.
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