Año 127 D.D.S. Sexto día del octavo mes lunar.

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Escribo rápidamente por orden de las sacerdotisas. La situación es más grave de lo que pensábamos.

Hoy nos atrevimos finalmente a allanar las viviendas de los ciudadanos, que una vez más se habían recluido en sus casas, y descubrimos como sus habitantes permanecían en sus camas en estado cataléptico, con las velas a sus lados que desprendían fuertes pestilencias y con llamas de colores que no soy capaz de describir. Sé que es difícil de creer, ni siquiera yo misma he sido capaz de procesarlo al cien por ciento.

Debo mencionar también las malformaciones que presentaban sus cuerpos: a algunos les faltaba un brazo, una pierna, un dedo, y otros tenían más de todo lo anterior, y sus rostros habían sido igualmente deformados con ojos o bocas extras y otras formas mucho más grotescas. Es una locura pero es cierto, en estos momentos cada una de nosotras estamos asqueadas y aterrorizadas, porque no es ni de lejos lo peor que hemos visto.

Para no extenderme más de la cuenta: en las casas había pergaminos con textos ilegibles y muy deteriorados, copas llenas de sangre, más pergaminos con ilustraciones imposibles de describir con palabras, más deformaciones, extremidades arrancadas de cuerpos, el rey de Abadón... y un largo etcétera abominaciones que desearíamos nunca haber visto.

He tenido que apresurar la escritura de esta carta para enviar nuestros descubrimientos lo antes posible. Hemos discutido bastante, y creemos que únicamente la guardiana de Marte sería capaz de acabar con esta calamidad. Por favor, le suplicamos que llegue lo más pronto posible.

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