Año 127 D.D.S. Séptimo día del octavo mes lunar.

‧͙*・・*‧͙

Escribo esta carta un día después de lo ocurrido en Abadón la noche anterior. Ahora que ya paso la tragedia, me siento en mejores condiciones para relatar qué fue lo que sucedió tras el envío de mi última carta.

No quiero detallar las atrocidades que me tocó presenciar junto con las sacerdotisas, igual con mi anterior carta creo que quedó bastante claro a qué nos enfrentábamos.

Después de registrar la ciudad de arriba abajo, regresamos al almacén, donde me tocó presenciar una fuerte discusión entre las sacerdotisas sobre cómo debían proceder ante aquello que claramente era una amenaza para el reino; pero ¿cómo combates algo que simplemente no comprendes? Porque ninguna de las sacerdotisas sabían realmente qué era lo que estaba pasando con la gente de esta ciudad, no había un hecho o razón lógica que pudiéramos nombrar, no entendíamos nada, no podíamos hacer nada, salvo yo, quizás, que registraba en mi memoria su discusión, que es para lo que me entrenaron.

El tiempo pasó y era imposible concretar una solución para este problema. Tal vez lo único plausible era matarlos, pero ninguna de ellas realmente quería hacerlo. No me había dado cuenta de esto en su momento, pero es que realmente no eran sacerdotisas, sino novicias, tan nuevas en su deber como yo lo era con el mío. Ninguna de nosotras estaba lista para cumplir con una tarea tan grande como la que teníamos entre manos.

Nadie lo decía directamente, pero a estas alturas, las miembros del ejercito mas leal de la reina, empezaban a cuestionar la voluntad de quien nos había asignado a esta misión desde un principio.

Al final, entre llantos de impotencia y desesperación, cada una empezó a rezar, a lo que yo me uní, elevando tan fuerte como podía mis plegarias para que sean escuchadas por nuestra reina, que si nos puso en este camino seguramente fue por algo, porque sus planes son perfectos y maravillosos, rogando por una salvación, por una señal de que nuestro tiempo aún no había llegado.

Tal vez la señal llego demasiado pronto, porque al caer la noche, se podían escuchar en la ciudad fuertes bramidos ensordecedores. Era difícil creer que unos simples seres humanos pudieran producirlo, por lo cual salimos al exterior para verificar lo que estaba pasando, y lo que vimos salir de las casas de Abadón no era humano.

Cada vivienda era dejada atrás y posteriormente destruida por una especie de seres que no eran ni humanos ni nada que pueda ser descrito como "de este mundo". Solo distinguía una amalgama de ojos, bocas y extremidades semi-humanas en medio de masas amorfas de carne que no hacían más que crecer, gritar y retorcerse sobre si mismas. Ninguna de aquellas criaturas nos prestaba atención, no medían sus gemidos ni la fuerza con la que comenzaban a atacarse entre sí. Aquellas criaturas empezarían después a devorarse entre sí, y a medida que lo hacían, iban creciendo exponencialmente hasta la inmensidad; en cuanto a nosotras: estábamos en medio de tal aberración de la naturaleza, orando tan fuerte como podíamos por una salvación, cualquiera que fuese.

Hasta que finalmente llegó.

Del cielo nocturno aterrizó en el medio de las ruinas de las ruinas de la ciudad la única guerrera con el suficiente potencial como para contener una amenaza de este tipo. Su cabello ondeaba en un vaivén al compás del viento que soplaba esa noche al igual que lo hacia su falda carmesí, su mirada inspeccionaba el panorama general sin inmutarse ni por un segundo, como si para ella no fuera nada el espectáculo de horrores que se cernía sobre nosotros. Sus ojos fríos contrastaban con el calor de la intensa llamarada que encendía a su alrededor para mantener a raya a aquellas criaturas. La guardiana del fuego y del planeta marte había respondido a nuestro llamado de auxilio.

Puede que recuerde lo que ocurrió después por el resto de mi vida. Nunca se va a borrar de mi mente cómo a partir de aquellas llamas creó un arco y una flecha con el cual disparó hacia el cielo con la elegancia y el porte de una diosa. Después de eso, la mujer miró en nuestra dirección, y cuando me di cuenta ya estaba del otro lado de los muros de la ciudad, encontrándome cara a cara con la mismísima guardiana del fuego, al menos por un tiempo, y siguiendo detrás de mis acompañantes.

Me es imposible describir lo que sentí en aquel instante, pero estar en medio de esos brazos (que aunque no lo parezca son bastante fuertes), me hizo sentir que estaba siendo protegida, segura. Tener tan de cerca esos ojos fue tan mágico que podía sentir como un leve rubor cubría mis mejillas, y puedo estar segura de que mis compañeras sintieron exactamente lo mismo

Lo que sigue a continuación pareció sacado de un sueño.

La flecha que había disparado al cielo se elevó tan alto como una estrella y se fundió en la forma de un pequeño sol, del cual brotaron mil y un flechas de fuego que la ciudad en llamas, sumiendo a la ciudad de Abadón en un infierno viviente que se tragó lo que quedaba de sus habitantes y consumió cada edificación existente, reduciendo lo que una vez fue una gran ciudad al polvo y las cenizas, junto con los alaridos de dolor de los que alguna vez fueron los habitantes del reino más grande y próspero sobre Terra.

No recuerdo cuanto tiempo pasó. Sailor Marte permaneció con nosotras todo el tiempo que duró la destrucción de Abadón. En todo ese tiempo no dijo ni una sola palabra, a penas y nos veía, y cuando lo hacia sus ojos eran tan gélidos como cuando recién había llegado. En ningún momento parecía inmutarse, no titubeaba, simplemente observaba la destrucción de las mil flechas de fuego.

Cuando el calor y las llamas se habían consumido junto con la ciudad, la guardiana emprendió marcha haca las ruinas de la antigua ciudad, y tras cerciorarse de que nada había sobrevivido a o que me atrevería a llamar purga, la guardiana se elevaría al cielo, dando un último vistazo a lo que alguna vez fue Abadón, y a nosotras, desapareciendo en una gran esfera de luz cegadora.

Tras lo anterior, las sacerdotisas y yo terminamos extremadamente agotadas y caímos rendidas sobre el terreno que antecedía a las ruinas de Abadón.

Aquí es donde me encuentro, terminando de relatar la mayor hazaña que hayan presenciado los ojos de un ser terrenal como yo. Sinceramente, a pesar de todo, estoy más que agradecida con la reina Serenity, por esta oportunidad que me ha brindado, y por haber salvado nuestras almas.

Rezaré por nuestra fortuna, y por las almas que murieron hoy, esperando que la reina Serenity los tenga en su gracia eterna, que sus pecados sean perdonados y puedan descansar en paz.

‧͙*・・*‧͙

NOTA DEL AUTOR:

Esta historia está disponible tanto aquí como en Wattpad.

Mi idea con esta historia es seguir expandiendo el lore de Sailor Moon, específicamente en los acontecimientos que precedieron a la guerra en el milenio de plata que nos cuentan en la serie, con mucha especulación y tomándome ciertas libertades respecto al canon de la serie y el manga (de hecho me baso más que nada en el manga y Crystal).

La verdad es que tengo expectativas muy altas para este proyecto y me encantaría poder compartir todos los detalles, o subir la "historia principal" de una vez, pero prefiero esperar un tiempo, mientras tanto planeo seguir subiendo historias de este estilo que me permitan seguir mejorando en mis habilidades de escritura y poder entregar algo de mejor calidad (si es que saco algo de tiempo debido a que voy a empezar mis estudios próximamente :'D).

Si llegaste hasta aquí, déjame decirte que para mi vales oro, y que espero que te haya gustado lo que acabas de leer.

Hasta aquí mi reporte, y muchas gracias por el apoyo 3