Bueno eme aquí con esta loca aventura navideña de la mano de Lady Sol Levine en estas #XMasJoy22 con los siguientes proms que son 5- Decoración Navideña, 16- Compras Navideñas, 27- Metas de Año Nuevo y los protagonistas dos caballeros que no suelo usar. Netflite y Jedite. Asi que sin mas preámbulos les dejo esta bélica historia de navidad.
Advertencia: Violencia, contenido explicito.
Deseos de Trinchera
En algún lugar del frente occidental en la Batalla de Ypres, también llamada la Batalla de Flandes o de Holanda.
Noche del 23 y madrugada del 24 de diciembre de 1914
Silbidos durante la noche, de esos silbidos que solo los soldados temen y esperan a que se callen con la cabeza enterrada en la trinchera. Luego las explosiones casi como si fueran parte de algo habitual iluminado la noche y haciendo temblar la tierra bajo sus pies llenos de fango. Pese a su poder destructivo, solo por unos segundos la onda expansiva movía el aire enrarecido y estancado de la sangre en descomposición reemplazándolo solo por unos segundos por el olor a pólvora quemada. Unos segundos después los gritos y lamentos de aquellas pobres almas que no encontraron un camino directo con el Señor, otros pobres diablos gritando por las partes de sus amigos que los salpico, marcándolos para siempre con heridas que solo ellos verán y que nadie les creía.
Tras horas de oscuridad e incertidumbre, la luz de la mañana se hizo presente en un cielo cubierto y un horizonte humeante, el cual mostraba la vastedad de la estupidez humana en su máxima expresión. Era una mañana helada y la artillería de ambos bandos estaba "callada". Típico preámbulo antes de la insensata idea de comenzar a tomar unos metros de "La Tierra de Nadie" ese espantoso lugar, lugar donde solo existe muerte y desesperación…
- ¿Tienes un cigarro Ned? - Comienza el Valet de la nada.
- ¿Algún día me llamaras por mi rango? – Responde molesto el Oficial Netflite Wellinton dejando de lado su taza de café.
- Sabes que no lo hare, no desde que le presentaste a Rei a tu amigo el Doctorcito. - Responde haciendose el molesto.
- Ella ya estaba interesada en él y Molly fue la que se me adelanto. –Se defiende sacando un paquete arrugado de cigarrillos. – Quéjate con ella.
- Tú sabes que me gustaba desde la secundaria. – Responde molesto el Valet tomando un cigarro.
- ¿Enserio Nicholas? No sé porque te soporto…
- ¿Porque Molly es mi prima? – Responde con naturalidad.
Netflyte estaba por responder cuando comenzó a sentir algo raro, por lo que cayó a su parlanchín compañero.
- ¿Qué es eso? – Cuestiona el cabo.
- Creo… creo que están cantando… ¡¿Villancicos!?
Ambos tomaron un periscopio de trinchera y notaron que del otro lado todo estaba muy quieto.
- ¿Aun traes esa horrible gaita? – Cuestiona Netflyte.
- ¿Piensas que estaría de falda si no fuera así? – Responde el cabo Nicolás Campbell levantando una de las esquinas de su falda escocesa.
- Comienza a tocar algo festivo.
- ¡Lo que usted ordene oficial Wellington! – Responde saludando como ingles.
Netflyte no responde, solo se toma el puente de su nariz para no responder como debía a su primo político y valet personal. Tras tocar y un rato los villancicos comenzaron a replicarse. Pese al escepticismo reinante, se corrió la noticia de que en otros sectores del frente occidental se sucedían treguas, en algunos casos para retirar a los muertos de la tierra de nadie, entre otras cosas que parecían irreales. Pese a que el gran peligro eran los francotiradores alemanes, Netflite asomo su cabeza con unos binoculares para ver el panorama de la trinchera enemiga y se sorprendió de ver a un joven que lo observaba de la misma manera. Como si fuera algo surrealista el alemán levanto su mano para saludarlo, como si su enemigo fuera un simple vecino. Tras unos instantes de duda el inglés respondió el saludo. Luego el alemán levanto su cabeza sobre la trinchera y luego dejo ver su torso completo. En verdad era algo extraño. En jornadas anteriores, mataron a un joven de la misma manera, aunque nuevamente y llevado por algo en su interior también se puso al descubierto. Esta vez los soldados de las trincheras se pusieron apresto, pues era extraño ver eso. Pero ahora el Alemán levanto las manos como gesto de rendición y salió completamente de la trinchera hacia Tierra de Nadie, donde se escuchaban gritos en alemán, se podría decir que eran insultos, incluso llego a ver como una mano trato de jalarlo dentro. Netflyte por su parte, imito este gesto y salió de la trinchera mientras que todos los soldados, y era seguro de ambos lados se ponían en guardia para comenzar un eventual contraataque.
- ¿Qué diablos estoy haciendo? – Se pregunto el inglés.
- Was tue ich? – Se preguntaba igualmente el rubio alemán.
Ambos caminaron con las manos alzadas por la Tierra de Nadie, mientras esquivaban cuerpos, posos y mucho fango que complicaba el caminar, hasta lo que pudriera llamarse el centro. Ya frente a frente y ante la atenta mirada de los regimientos a sus respectivas espaldas, el alemán extendió su mano para saludar al caballero frente a él.
- Guten Morgen Offizier. – Comienza reconocido las tiras en sus hombros.
- Buenos días sargento. – Saluda el Ingles mirando las suya.
Tras tomar su mano con firmeza ambos enemigos se miraron sin saber que mas decir.
- ¿Cree que esto es una buena idea? – Dice Netflyte.
- Mi hijo decir natividad milarrosa. – Responde el alemán en un rustico ingles soltando la mano de su enemigo.
- O milagro de navidad en mi tierra. Teniente 2do Netflyte Welington infantería ligera de su majestad. – Se presenta oficialmente con un saludo militar.
- Sargento Jedite Meyer del Ejército Federal del Kaiser Guillermo I. Un grusto. – Responde con el mismo gesto castrense.
- Entonces…
- No tener respuesta adecuada… sentir su… su… Dudelsack! – Dice con algo de fastidio al no encontrar la palabra en castellano, pero haciendo una mímica algo extraña de tocar una gaita.
- Si, ordene a mi valet que toque la gaita, al escuchar sus villancicos, pensé que porque no acompañarlo con algo de musica.
- No ser, como decirlo… - Contesta algo incomodo.
- Ya sé que no es bueno, pero todo escocés toca la gaita y según ellos son buenos. – Admite Netflyte haciendo que su interlocutor ría ante el comentario.
A la distancia y a ambos lados de las trincheras, los soldados y oficiales miraban estupefactos como el sargento y el teniente 2do reían como si se trataran de viejos amigos. Poco a poco, y de cada extremo de la Tierra de Nadie comenzaran a salir, algo temerosos, mayormente sin sus armas, algunos dejando caer los cascos que hacía tiempo adornaban sus cabezas. En poco más de media hora, esa zona de muerte y desesperanza se convirtió en un ajetreado lugar y como si de un capricho del destino se tratara, quienes fueran enemigos, charlaban y compartían cigarrillos en vez de disparos, tabaco de pipas en vez de salvas de artillería, algunas raciones en vez de maldiciones. Pese a que los altos mandos comenzaron a exigir que cesen esas actividades indecorosas, los coroneles a cargo, si bien molestos, decidieron dejar que sus tropas tengan al menos un día de paz.
- Entonces Jedite. – Dice Netflite sacando un cigarrillo sentado en la trinchera alemana. – ¿Tienes un hijo?
- Si, mi pequeño Andreas. Muy inteligente como esposa, ella ser enfermera, pero podría ser medica, algún día Andreas también serlo y ser orgulloso padre de Doctor.
- Mi pequeña nació hace unas semanas, el 5 de este mes para ser exacto y Molly me dijo que tiene sus ojos mas verdes que los de ella… no puedo esperar a conocerla. – Dice Netflyte tocando el bolsillo derecho de su uniforme donde estaba la carta que había recibido el día anterior.
- Quizás en futuro nuestros hijos vivir en paz. – Responde sacando su pipa.
- Sabes ese es mi deseo para es el año siguiente… y llevar a mi Molly a tomar un raspado de helado en París. – Contesta con la voz cargada de nostalgia.
- Creo que el de todos. Y también regresar enterró.
- Definitivamente.
- ¿Querer algo de licor?
- Donde estaría mis modales de caballero ingles si no aceptara. – Responde con gracia haciendo reír a alemán que hurgaba en sus cosas hasta sacar una botella de coñac.
- ¡No tener vaso así que brindar por ¡Paz Duradera! – Dice el alemán tomando un generoso trago y luego ofreciéndoselo al inglés.
- Porque el siguiente años nos encuentre en paz y en nuestros hogares.
- ¡Que ser así mi her!
Mientras tomaban se hacia la tarde y mientras algunos compartían un almuerzo otros tomaban a los muertos de la tierra de nadie y entre ambos cavaron fosas para ellos. También se celebro un auspicio religioso en el cual Netflyte descubrió que el sargento era judío. Tras esa misa en la que el capellán ingles dio la misa en inglés mientras Jedite la traducía en alemán para sus compañeros que estaban mezclados en el campo. Compartieron unos minutos de silencio para sus compañeros, hasta que alguien consiguió un balón de futbol. Casi como algo sin sentido, en el momento que el balón reboto en esa tierra de nadie, los ánimos se levantaron y como si de una final se tratara, los jugadores de los dos equipos, las dos naciones comenzaron a divertirse, mientras que unos fusiles auspiciaron de arcos improvisados de un lado, un par de cascos lo fueron del otro. Si alguien hubiera llegado ese mismo día a ese lugar olvidado por Dios, no podría decir que esas personas que estaban divirtiéndose a sus anchas eran enemigos.
Con las últimas luces del día esos dos enemigos que comenzaron esa osada jornada, se encontraban improvisando un árbol de navidad en aquel lugar que los encontró desarmados horas antes. Con algo de alambre de púa, algunas latas vacías y el lugar de una estrella en la punta lo adornaba una bayoneta. Se miraron y varios compañeros se acercaron a ver el resultado.
- Haber preferido pino autentico y algunas guirnardas, pero como decir mujer lo importante es gente a tu lado. – Dice Jedite observando lo que habían terminado.
- Creo que es hora de que terminemos con esto… – Dice Netflyte con algo de tristeza. – Espero que nuestros líderes tomen esto de ejemplo y regresemos con nuestras familias.
- Yo deseo que familias no sufran esto nunca más.
- Amen.
- Apropósito mi her. Preferir hacer esto con más tranquilidad. Pero no haber lugar para compra navideña. – De su bolsillo saca un paquete envuelto en un periódico sucio. – Creo que le servirá.
Netflyte abre el paquete descubriendo una cigarrera metálica, con un brillo casi cromado con el emblema del Kaiser estampada en la tapa.
- No sé qué decir Jedite…
- No decir nada. No gustarme cigarro aprestado. – Responde con tranquilidad.
- Un gusto entonces Sargento. – Dice Netflyte extendiendo su mano.
- Wir sehen uns offiziell (Nos vemos oficial) – Responde el gesto.
Tras un interminable apretón de manos, ambos comenzado a caminaron de espaldas unos metros hasta que Netflyte llamo la atención del sargento y con las últimas luces del 24 le arrojo algo que atajo en el aire.
- A mi no me gustan los fósforos mi amigo. ¡Feliz Navidad mi amigo!– Y dicho eso se alejo para saltar a su trinchera.
Jedite miro con asombro el bellamente decorado encendedor de bencina el cual guardo en su abrigo con una sonrisa. En el momento que ambos llegaron a sus trincheras la nieve comenzó a caer suavemente cubriendo lentamente los signos de la maldad del hombre.
Durante la noche la paz reino en aquel lugar y los villancicos fueron cantados a ambos lados mientras que algunos instrumentos llevaron algo de calor de hogar para esos hombres. Al llegar la media noche se gritaron de ambos lados de las trincheras palabras de aliento y buenos deseos. Tras aquel ocaso fue la última vez que se vieron, tanto Netflyte como Jedite y otros tantos combatientes. De hecho a casi todos los involucrados se los aparto del puesto, pues la mayoría no quería pelear nuevamente con lo que llegaron a ver como un camarada, más que un enemigo de su patria. A los ingleses se los relevo de su puesto al igual que a los alemanes involucrados, las cartas que comentaban lo sucedido fueron destruidas al igual que cualquier noticia en los periódicos. En cuanto a algunos de los franceses que se negaron a seguir, fueron fusilados como si fueran traidores, pese a la recomendación de los oficiales al mando. A pesar de sus buenos deseos, la guerra se extendió llevando miseria a millones de almas. En cuanto a Jedite y Netflite los encontró nuevamente en una de las peores batallas de la historia. Somme. Pese a su valía y deseos de regresar con sus familias ambos perecieron en los primeros días de noviembre de 1916, semanas antes de que terminara ese infierno sobre la tierra que se llevara la vida de más de un millón personas de ambos lados solo por un puñado de kilómetros.
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Cementerio de Ovillers, Somme, Francia finales de 1936
En lo que parecía un lugar interminable de cruces blancas y grises una joven mujer caminaba tratando de encontrar una tumba. Tras lo que parecía una búsqueda interminable la joven de cabello castaño se arrodilla frente a una tumba.
- Hasta que te encontré papá. – Dice la joven dejando una rosa y limpiando una lagrima que escapo traicionera. – Me habría gustado venir antes pero te imaginas que no fue fácil después de que te fuiste.
Tras unos instantes de que la joven se pusiera al día, noto que al lado un joven rubio se detuvo frente a una tumba con una lapida gris, muy diferente a las blancas que compartían los aliados de la Entente. Al igual que ella dejo un ramo de Asiano y simplemente se quedo mirando la tumba en solemne silencio. En lo que parecían eternos minutos para ambos salieron casi en la misma dirección. Ella que estaba más adelantada saco una cigarrera y tomo un cigarrillo el cual intento encenderlo sin éxito.
- Me permite. – Dice el joven en tosco francés.
Ella asiste notando que el encendedor era del tipo ingles.
- Bonito encendedor. - Responde la joven en mal francés.
- Lo único que me quedo de mi padre. Me dijo que se lo dio un buen hombre que conoció en la guerra.
- Lo siento mucho.
- No tiene que sentirlo mi Fräulein. Mi patria me está dando la espalda. Vine a ver a mi padre por última vez antes de irme a América.
- Que casualidad… hoy hice lo mismo. Lita Wellington.
- Andrea Meyer. Aunque puede llamarme Andrew, supongo que es inglesa.
- Supone bien Señor Mayer. ¿Desea un cigarro? – Dice extendiendo una cigarrera un tanto particular.
- Como doctor no recomiendo fumar tan temprano. Pero si me permite invitarla a tomar un café aceptaría gustoso, mas de una cigarrera tan particular Lady Wellington. – Dice extendiendo su mano con una reverencia.
- Como no aceptar una invitación tan formal. Será un placer Doctor Meyer. – Responde tomando la mano de Andrew con una sonrisa.
- Debe ser extraño ¿No? – Ella lo mira sorprendida. – Aceptar la invitación de un desconocido en un cementerio.
- Mi tío me conto que mi padre hizo algo mas descabellado. ¿Será algo de familia? – Responde la inglesa con gracia.
- Creo que todos tenemos extraños anécdotas familiares… podremos charlar antes tomar el tren que me llevara a Calais.
- ¿El de las 13:00 horas?
- En efecto mi Fräulein.
- Creo entonces que nos podremos conocer muy bien hasta Calais entonces mi buen doctor.
Y de esa manera dos desconocidos, unidos por algo más que la casualidad, salieron del cementerio dejando su pasado atrás o simplemente cumplimento los deseos de dos personas que desde el más allá deben sonreír al ver el resultado del caprichoso destino.
FIN
Bueno no sé cómo llegue a esto, que me costo, me costo, pues la primera parte fue rápida, el resto fue lo complicado. En cuanto a la temática no sé cómo salió, pero al tener los resultados del siniestro sorteo de Lady Litakino1987, fue lo primero que se me vino a la mente y no hubo forma de poder hacer otra cosa, pese a que salieron otras semi ideas que descarte rápidamente. Así que espero que les guste el resultado y me digan que les pareció.
Recomiendo dos temas que vienen al caso, opuestos entre si, pero muy buenos:
1- Paul McCartney Pipes of Peace
2- Sabaton. Christmas Truce
Claro esta un poco de datos que me es inevitable a la hora de hacer este tipo de historias.Años mas tarde Tolkien diría respecto al fuego de artillería. "Incluso los más fuertes de corazón se arrojaban al suelo cuando esta amenaza oculta pasaba por sobre sus cabezas, o se quedaban quietos, dejando caer sus armas de sus manos insensibles mientras la oscuridad tomaba sus mentes, y dejaban de pensar en la guerra, solo pensaban en ocultarse y arrastrarse, y en la muerte".
La Tregua de Navidad (en alemán, Weihnachtsfrieden; en francés, Trêve de Noël;en inglés, Christmas Truce) fue una serie de ceses al fuego no oficiales que se extendieron a lo largo del Frente Occidental en la Primera Guerra Mundial alrededor de la Navidad de 1914.
La tregua se produjo cinco meses después de que comenzara la guerra. Las hostilidades se habían calmado mientras los líderes de ambos bandos reconsideraban sus estrategias después del estancamiento en la Carrera al Mar y el resultado indeciso de la primera batalla de Ypres. En la semana previa al 25 de diciembre, soldados franceses, alemanes y británicos cruzaron las trincheras para intercambiar saludos y charlas estacionales. En algunas áreas, hombres de ambos bandos se aventuraron en la tierra de nadie durante la Nochebuena y Navidad mezclándose e intercambiando comida y souvenirs. Hubo ceremonias funerarias conjuntas e intercambio de prisioneros, mientras que muchos encuentros terminaron en cánticos de villancicos. Se disputaron partidos de fútbol entre bandos, creando una de las más memorables imágenes de la tregua. Las hostilidades continuaron en algunos sectores, mientras que en otros las partes realizaron acuerdos solamente para recuperar cuerpos.
Al año siguiente, algunas pocas unidades concretaron un cese al fuego pero las treguas no fueron tan extendidas como en 1914; esto se debió, en parte a las órdenes fuertemente redactadas de los altos mandos de ambas partes, prohibiendo las treguas. Para 1916 los soldados ya no estaban dispuestos a una tregua. La guerra se había ido recrudeciendo después de las devastadoras pérdidas durante la batalla de Somme y Verdún como la utilización de gas venenoso.
Las treguas no eran exclusivas del periodo navideño y reflejaban un estado de ánimo de "vive y deja vivir", donde la infantería dejaba de comportarse abiertamente agresiva y a menudo participar en fraternización a pequeña escala, conversando o intercambiando cigarrillos. En algunos sectores, hubo ceses al fuego ocasionales para permitir a los soldados pasar entre líneas y recuperar a compañeros heridos o muertos, en otros, hubo un acuerdo tácito de no disparar mientras los hombres descansaban, hacían ejercicio o trabajaban a la vista del enemigo.
Las treguas navideñas fueron particularmente significativas debido a la cantidad de hombres involucrados y el nivel de su participación (incluso en sectores tranquilos, decenas de hombres congregándose abiertamente a la luz del día fue extraordinario) y a menudo se ve como un momento simbólico de paz y humanidad en medio de una de las guerras más violentas de la historia.
Navidad de 1914
Aproximadamente 100.000 soldados británicos y alemanes participaron en el cese informal de hostilidades a lo largo del frente occidental. Los alemanes colocaron velas en sus trincheras y árboles de Navidad, luego continuaron la celebración cantando villancicos. Los británicos respondieron cantando sus propios villancicos. Las dos partes continuaron gritándose saludos navideños los unos a los otros. Poco después, hubo excursiones por la tierra de nadie, donde se intercambiaron pequeños obsequios, como comida, tabaco, alcohol y regalos como botones y sombreros. La artillería de la región se quedó en silencio. La tregua también permitió una pausa para que lo soldados recientemente muertos pudieran ser devueltos a sus filas por grupos de entierro. Se llevaron a cabo entierros en conjunto. En muchos sectores, la tregua se prolongó hasta la noche de Navidad, continuando hasta el día de Año Nuevo en otros.
El día de Navidad, el general de brigada Walter Congreve, comandante de la 18.ª Brigada de Infantería, ubicada cerca de Neuve-Chapelle, escribió una carta recordando que los alemanes declararon una tregua por ese día. Uno de sus hombres levantó valientemente la cabeza por encima de la trinchera y otros de ambos lados caminaron hacia la tierra de nadie. Oficiales y hombres se dieron la mano e intercambiaron cigarros y puros, uno de sus capitanes "fumó un puro con el mejor tirador del ejército alemán", este no mayor de 18 años. Congreve admitió que se mostraba reacio a presenciar la tregua por temor a los francotiradores alemanes.
¿Qué consecuencias tuvo la Tregua de Navidad?
Algunos soldados franceses fueron fusilados, mientras que a los alemanes les enviaron al frente oriental. Las cartas que los soldados enviaron a sus familias relatando los hechos fueron destruidas, las informaciones de los periódicos, censuradas, y los negativos de las fotografías, confiscadas.
La flor nacional de Alemania es el aciano. En los 1800, Wilhelm I, emperador de Prusia, proclamó la flor como su favorita y la convirtió en el símbolo de la nación. Su color, también conocido como azul prusiano, se volvió el color dominante para los uniformes utilizados por el ejército prusiano.
Espero que lo hayan disfrutado como yo suelo hacerlo al escribir.
Así que sin mucho mas que poner simplemente dire
¡Feliz Navidad, Feliz Janucá
Y
Prospero Año Nuevo a Todos!
