Capítulo 17: Los días previos


—¿Qué planes tienes?

—Por ahora dormir, mañana voy a llamar a Launchpad para que nos lleve a casa y nos ayude con el tesoro, luego monitorear el estado de la bolsa. Usaré tu teléfono, la batería del mío está muerta.

Donald no le creía, pero no iba a reclamarle. Su línea era prepago y contaba con un bono que estaba por vencer, por lo que el dinero no era un problema. Decidió enfocarse en cosas más importantes, como prepararse para descansar. Se retiró el maquillaje y los zapatos con un poco de impaciencia. Disfrutaba ser Donna Moo Goo, pero seguía sin acostumbrarse al corsé y a los tacones, demasiado incómodos para su gusto, especialmente el primero, tenía que hacer grandes esfuerzos para moverse y respirar al mismo tiempo.

—Sabes, estamos a solas, podrías...

Donald apagó el modulador de voz y continuó desvistiendose. Unas manos sobre sus hombros hicieron que se sobresaltara y que se volteara de inmediato.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Scrooge con fingida inocencia.

—He hecho esto muchas veces, a veces con menos tiempo y espacio.
Donald sintió el kimono deslizarse sobre su cuerpo y las manos de Scrooge posarse sobre su corsé. Las palabras que Scrooge le susurró provocaron que se sonrojora como ai fuera la primera vez. Pese a que estaba de espaldas podía notar que tenía problemas para soltarlo y que eso comenzaba a irritarlo.

—¿Problemas? —le preguntó con expresión burlona —. Creí que tenías más experiencia con este tipo de ropa.

—Y la tengo —Scrooge se notaba ofendido —, pero no creo que quieras que lo rompa.

Donald se volteó. No era el único corsé que tenía, pero no iba a permitir que lo rompieran. Los corsés eran caros y necesitaba de su traje completo para regresar a Duckburg. Deshizo los nudos con relativa facilidad.

—¿Eso es relleno? Que traviesa.

—Soy actriz, las apariencias importan —respondió Donald, mitad fastidiado, mitad avergonzado.

—¿Y eso incluye usar ropa interior sexy?

Donald respondió con un puchero. Retiró las últimas prendas y se acostó sobre el único colchón que había. Cargar todos los tesoros había sido agotador por lo que prefería dormir. Cuando sintió a Scrooge amasando su trasero supo que él tenía las mismas intenciones.

Donald fue el último en levantarse. Scrooge no estaba y no le sorprendió. Buscó agua en un río no tan cercano como le hubiera gustado y tomó un baño. Solo tenía su kimono por lo que decidió volver a usarlo. En cuanto regresó a la cabaña preparó el desayuno. Saber que Scrooge había tomado más que oro del castillo le había hecho feliz. No le sorprendió mucho, sabía lo mucho que amaba el oro, pero también de su debilidad por las cosas gratis, en especial la comida.

Donald había utilizado una fogata y uno de los sartenes que Scrooge solía utilizar para buscar oro en los ríos. No era la primera vez que recurría a esa clase de trucos, fue algo que tuvo que aprender y es que tanto Scrooge como Della solían descuidar demasiado sus hábitos alimenticios.
No notó que Scrooge había llegado hasta que sintió unos brazos rodeando su cintura. No tuvo miedo, pues reconoció a su amante al instante. Los besos de Scrooge en su cuello la hicieron reír y poco le faltó para que se quemara.

—Tranquilo —le dijo —, falta poco para que esté listo el desayuno.

—Huele delicioso... los omelettes también.
Donald se río.

—Necesitarás más para conseguir una ración extra.

En esa ocasión fue Scrooge quien río.

—De hecho lo que busco es el postre.

Donald gimió suavemente cuando Scrooge mordisqueó su cuello. Sabía que era lo que planeaba hacer y también lo deseaba. No era algo que admitiría en voz alta, pero lo había extrañado y mucho, más de lo que debería.

—Espera a que termine de cocinar —le regañó.

—Creo que ya he esperado demasiado.

Donald suspiró en un intento por conseguir algo de autocontrol. Quiso enfocarse en la preparación del desayuno y poco le faltó para fallar. Scrooge acarició y lamió sus puntos más sensibles, tocando y besando de la manera en que hacían que se derritiera. Incluso retiró sus prendas, teniendo problemas con el corsé una vez más.

En cuanto apagó la cocina decidió que era inútil resistirse. Se volteó y tomó a su amante del rostro, besándolo con fiereza. La forma en que Scrooge la besaba hacía que sospechara que él la había extrañado tanto o más de lo que ella lo había hecho.

—Mi estrella —le dijo entre besos —, mi marinero.

Donald amaba cuando Scrooge le hablaba de ese modo, sin la dureza que era usual en él, amaba la forma en que lo tocaba y hacía que se sintiera como lo más valioso. Amaba su toque y la manera en que conocía su cuerpo. Sabía cuáles eran sus puntos más sensibles y lo que le gustaba hacer en la intimidad.

Donald sintió las manos ansiosas de su amantes recorrer su cuerpo, redescubriendo las plumas que conocía bien y haciéndolo suspirar. Sus cuerpos con desesperación, todo se sentía tan familiar y a la vez tan nuevo.

El desayuno fue agradable. Scrooge no estaba acostumbrado a cocinar a pesar de que había vivido solo por mucho tiempo, sin embargo quería que su amantes descansara así que decidió calentar los omelettes y preparar una taza de café como acompañamiento.

—Buen provecho.

Ambos permanecieron callados por unos minutos. El sonido de los cubiertos eran lo único que acababan con el silencio en el lugar. Donald no se sentía molesto, al contrario, disfrutaba mucho de la tranquilidad del momento.

—¿Recuerdas la première? Podríamos ir juntos.

—Tengo que estar allí, soy el dueño de la casa productora, aunque admito que algo de buena compañía siempre es bien recibida.

Donald sonrió.

—La película también es buena, a veces se siente un tanto sombría, en especial por Arleen, a la pobre parece que no le pasa nada bueno, pero Oráculo lo compensa siendo la parte inocente, optimista y tierna.

—Espero que sea un éxito, me ha costado bastante.

—No lo dudo, Dewey entrevistó al elenco y los videos son bastante populares. La semana pasada una chica me pidió un autógrafo, Minnie dice que en unos días tendré que disfrazarme para ir al centro comercial ¿te lo imaginas? Una identidad secreta usando su propio disfraz.

—Sí, muy raro.

—Podrás ver todos los detalles en la première, Alistair aseguró que todos la amaran, en especial a Arlequín, la describió como a una villana profunda, oscura, melancólica y sexy.

—¿Sexy? ¿Qué me estás ocultando?

Donald sonrió con coquetería.

—¿Quieres que te lo muestre?

—¿Por qué no? Estamos solos y Launchpad se demorará en llegar.

—No tengo un tubo, pero podemos improvisar.


Lo primero que pensó al ver el número en su teléfono fue que se trataba de un cobrador y se vio tentado a colgar, sin embargo no lo hizo pues también consideró que podría ser alguien tratando de avisarle que su familia peligrababa y esto último era algo en lo que pensaba con frecuencia, especialmente cada vez que salían en una aventura.

—¡Hola, Donald! Espero que no te moleste que Turbo me haya dado tu teléfono, pero es que quería hablar contigo.

—¿Minnie?

—Sí. Mañana es la première de Batduck vs Darkwing Duck y pensé que podríamos ir juntos, ya sabes, como amigos, igual que en los viejos tiempos.

—Creí que esa película era demasiado madura para ti.

Donald se arrepintió en cuanto terminó de hablar. Eso era algo que Donna sabía, pero que Donald no debía conocer.

—Y lo es, pero podré ver los primeros minutos y tengo pase a la celebración. Vamos, será divertido y hace mucho que no pasamos tiempo juntos.

Donald se sintió un tanto culpable. Como Donald solo había hablado con ella durante la reunión que organizaron sus sobrinos, como Donna Moo Goo pasaban mucho tiempo juntas, incluso cuando Minnie no tenía permitido ver sus escenas. Una parte de él quería decirle la verdad,pero otra opinaba que era lo mejor, en especial porque iría con Scrooge a la première y eso era lo que lo llevaba al segundo problema. Donald no quería negarse, pero sabía que no tenía otra alternativa. Debía presentarse a ese evento como Donna Moo Goo y había hecho planes con Scrooge McDuck.

—¿A qué hora?

Minnie le dijo lo que ya sabía y Donald se sintió culpable por darle falsas esperanzas, pero pensaba que sería peor si ni siquiera pretendía pensarlo.

—Lo siento —no tuvo que fingir tristeza —, tengo trabajo en la bóveda y a un tirano como jefe.

—Lamento escuchar eso, podríamos salir otro dia, sería divertido que la pandilla se reuniera una vez más.

Donald vio a sus sobrinos entrar a la casa bote y callar en cuanto lo escucharon hablando por teléfono.

—¿Qué te parece el sábado? Me gustaría que conocieras a mis sobrinos, aunque ya conoces a Webby y a Dewey.

—Maravilloso. Estaré contando los días.

Donald se despidió y colgó. Notó que los patitos se veían curiosos y eso le resultó extraño. No sabía si era el caso de Webby, pero los trillizos solían tener la sonrisa que solían tener cada vez que le arreglaban una cita.

—¿Hablabas con Minnie? —preguntó Webby.

Donald asintió.

—Acordamos vernos el sábado y no es una cita —agregó al ver las expresiones de los pequeños —, ustedes también irán y podrán conocer a toda la pandilla.

—¿De qué están hablando? —preguntó Della, quien acababa de llegar, Scrooge estaba a su lado.

—Tío Donald nos va a presentar a su novia.

—¿Cuál novia?

—¡Minnie! —respondieron los más pequeños al unísono.

—Ex-novia y ella no será la única en ir, estarán Mickey, Daisy, Goofy y Max.

—Ella quiere ir contigo a la première, eso debe significar algo.

Donald observó fijamente a Dewey. Él no había mencionado la première, pero Dewey sabía de los planes de Minnie. Eso le hizo recordar que su amiga le había dicho que fue su sobrino de azul quien le dio su número de teléfono y eso le hizo preguntarse qué tanto habían hablado.

—Sí, que es una buena amiga y tiene novio, Mickey, son la pareja del momento.

—¿Has intentado salir con chicos? —preguntó Della —, Launchpad podría ser un buen candidato.

—Es el novio de Drake Mallard. Della, si vas a hacer de cupido ¿podrías al menos no involucrar a alguien que ya está en una relación?

—Así que admites que necesitas ayuda —respondió Della con expresión victoriosa.

Donald sintió deseos de golpear su frente con su palma. Sabía que su familia ni siempre entendía lo que decía y que Della era imprudente, pero no esperó que ella sacara sus propias conclusiones y menos que estas estuvieran tan alejadas de la realidad. Era molesto.

—¿Por qué es tan importante que Donald tenga pareja? —preguntó Scrooge McDuck y se veía molesto.

—Porque nunca ha salido con nadie —comentó Dewey.

—Y no queremos ser el motivo por el que se niegue esa oportunidad —en esa ocasión fue Huey el que habló.

—Después de todo nos ha cuidado por tanto tiempo y es momento de que se preocupe por sí mismo —terminó Louie.

—Tonterías. Donald no necesita una pareja, lo que necesita es ser más eficiente en el trabajo y pulir monedas más rápido.

—Tío Donald necesita un abrazo.

—Tiene a su familia, los noviazgos solo son una pérdida de tiempo.

—Tú estuviste desaparecido un tiempo con Goldie —le dijo Louie, su tono no era acusador, pero sí pícaro —. Tío Donald también tiene derecho a amar y ser amado.

—Tío Scrooge tiene razón, los únicos abrazos que necesito son los de mi familia y estoy bien sin pareja. No digo que me cierre a la posibilidad, pero sí que prefiero que las cosas pasen por sí solas —al ver los rostros de sus parientes agregó —. ¿Me buscaban?

—Sí, queremos invitarte a comer con nosotros.

—Y a cocinar —agregó Scrooge, lo que terminó por convencer a Donald. Varias veces había evitado las cenas en familia para no sentirse como una carga y eso era algo que Scrooge sabía.


Donald se había alejado un poco del lugar de encuentro para poder vestirse como Donna lo que, en conjunto a su mala suerte, hicieron que llegara tarde. Encontrar a Minnie y a Daisy no le tomó tiempo pese a que ambas estaban disfrazadas. Ambas le habían enviado una fotografía para que pudiera reconocerlas.

—Lamento el retraso —fue lo primero que le dijo a sus amigas —, estuve ocupada en la mañana y luego tuve problemas para encontrar un taxi.

—Nos hubieras avisado —le dijo Minnie —, no me habría molestado recogerte.

—No quisiera causarte problemas.

—Tonterías, somos amigas.

—Minnie me ha hablado mucho de ti. No sé si ponerme celosa o invitarte a salir.

—¿Qué?

—Tal vez no invitarte a salir, pero sí evaluarte. Necesitas mi aprobación si quieres ser la novia de Minnie.

Donald y Minnie se sonrojaron pese a que ambas sabían lo bromista que podía llegar a ser Daisy.

—¡Daisy! Tú sabes que tengo novio y...

—Que lo amas —interrumpió Daisy con algo de cansancio —, honestamente, lo repites demasiado y soy de las que creen que las palabras pierden su significado cuando se repiten demasiado —Daisy calló y su rostro cambió de expresión —. ¡No lo puedo creer! ¡ese bolso es bellísimo!

Daisy tomó las manos de Donna y de Minnie y las arrastró hasta la tienda donde vendían el bolso que había visto. Tardó segundos en tomarlo y horas en encontrar un conjunto que combinara con su nuevo accesorio.

—Este vestido se te vería hermoso —Daisy colocó la prenda que había tomado recientemente y la colocó sobre Minnie —, ve a probartelo de inmediato.

Donald estaba viendo desde lejos cuando fue descubierta por Daisy. Ella le extendió un kimono azul y la empujó hasta el vestidor más cercano. Eso la hizo reír. Aquel escenario era tan familiar, aunque en sus recuerdos su papel se limitaba a cargar con lo que se había comprado, tantas bolsas que debía hacer malabares para evitar tropezar o perder alguna prenda.

No le tomó mucho tiempo decidir que se quedaría con el vestido que Daisy había elegido. Confiaba en el criterio de su amiga y le quedaba, no necesitaba de más motivos.

—¿No te quedó? —le preguntó Daisy, ella llevaba un vestido morado, largo y ajustado.

—Al contrario. Me quedo con este.

—Tienes que mostrarnos cómo te ves —Daisy empujó a Donald de vuelta al vestidor.

Donald obedeció. No quería hacerla enojar, en especial si seguía siendo tan aterradora como recordaba.

—Mejor pruébate este —Daisy le extendió un vestido con una falda llena de encajes y listones, le pareció lindo y elegante.

—¿Cómo me veo? —preguntó Minnie, ella llevaba un vestido sencillo, no demasiado corto.

—Hermosa.

—No es lo buscamos, demasiado tierna. En seguida te busco algo más apropiado para la ocasión.

Donald suspiró. Presentía que no sería sencillo encontrar un vestido y que su cuenta de ahorros resentiría esa salida. No estaba equivocada. Lo que no presintió fue que sería invitada a un karaoke y lo mucho que se divertiría ese día.