—y… con esto… ¡Ya quedó! ¿Cómo se sienten chicos? —
Dawn curó a sus Pokémon, después de aquella batalla contra aquel Pikachu salvaje, Piplup y Ariados quedaron muy débiles como para andar por si solos, pero, afortunadamente, tenía unas pociones que le había dado su madre cuando salió de casa. Al usarlo en sus amigos, estos despertaron y recuperaron su energía. Ahora Piplup volvía a saltar alegremente y Ariados, bueno, ella parecía hambrienta.
Dawn se puso feliz cuando sus Pokémon se recuperaron, podrían resistir un poco hasta llegar al centro Pokémon de ciudad Jubileo. Lo malo, había gastado dos de sus tres opciones, debía guardar la última.
—¿Tienen hambre? — dijo, y sus Pokémon respondieron con ansias de querer comer algo— Creo nos lo merecemos. Después de todo, una gran batalla gasta muchas energías—
De acuerdo. Perdió su primera batalla para capturar a un Pokémon salvaje; sus Pokémon quedaron muy heridos; el Pikachu se escapó; solo le quedaba una poción; y la peor de las malas noticias, su bicicleta había sido carbonizada. Fue un enorme tropiezo en el largo viaje de la coordinadora que recién comenzaba.
—Increíble que ese Pikachu haya destrozado mi bicicleta. ¿Qué tan fuerte debe de ser como para provocar un rayo rostizador? — Se decía la joven chica mientras sacaba la comida de su mochila— Si tan solo lo hubiese atrapado, eso compensaría la perdida de mi bicicleta y sería perfecto para el siguiente concurso—
La chica sirvió su plato de alimento y destapó un par de latas de comida Pokémon preparados por ella misma, les llamaba "pokochos," había hecho bastantes antes de salir de casa, suponía que ya habría capturado algunos Pokémon en aquella ruta. Al pasar la comida a sus Pokémon, notó que ellos parecían un tanto tristes y desilusionados.
—¿Qué les pasa chicos? ¿No les gustan los pokochos? —preguntó confundida, a lo que sus amigos negaron con la cabeza.
Dawn pensó por un momento, y llegó a la conclusión que fue lo que había dicho sobre su fallida captura.
—¿Es por el Pikachu? ¿Es eso? —sus dos Pokémon parecieron agachar la cabeza, como si estuviesen tan avergonzados como para verla.
Dawn entendió que se sentían mal y podrían estar sintiendo culpa por haber perdido en la batalla. Quizá no querían decepcionarla, y quizá sentían que lo habían hecho, así que era su deber como entrenadora y amiga demostrarles que no ese no era el caso y que ella estaba bien después de todo. La coordinadora les sonrió.
—¡Animo chicos! No estoy molesta con ustedes, ni nada parecido— posó sus manos sobre las cabezas de ambos— una derrota no significa el fin del mundo. Solo significa que debemos esforzarnos más para ser mejores. ¡Así que levanten la cabeza y sonrían! —sus Pokémon le hicieron caso pues voltearon a verla y su semblante parecía estar cambiando, ahora la miraban con más animo— Así me gusta. Ahora dense las patas y prométanme que trabajaremos juntos para mejorar en batalla— ambos Pokémon asintieron. Piplup volteó a ver a Ariados, sonrió y le extendió la aleta, Ariados lanzó un gritillo que erizó las plumas del ave no voladora, pero después este trató de tranquilizarse y le dio un par de palmaditas, todavía le daba miedo.
Dawn sonrió. Siempre procuraba ser optimista para que sus Pokémon igual lo estuviera, y estaba resultando hasta ahora.
Los tres pudieron comer. Bastaría para tener energía suficiente hasta llegar a la ciudad. Todavía faltaba un par de horas para el anochecer, si retomaban el camino, llegarían a ciudad Jubileo apenas anocheciendo. Se hospedarían en un hotel, tomaría un baño, una deliciosa cena, y dormiría en una confortable cama. Al día siguiente volvería a practicar su presentación y en dos días sería el concurso, todo saldría perfecto.
Luego de almorzar, Dawn recogió todo. Se disponían a seguir, cuando Ariados presintió algo y se puso en alerta.
—¿Ocurre algo Ariados? —
Ariados no respondió, solo dio media vuelta y caminó de regreso a los arbustos y árboles.
—¡Ariados! ¡Vuelve! —Gritó Dawn cuando vio que su Pokémon se alejaba de ella y no le obedecía cuando le pedía detenerse. Cuando Ariados desapareció de entre los arbustos, Dawn decidió seguirla junto con Piplup.
Ariados subió a un árbol y comenzó a moverse de entre las ramas. Su instinto natural le advertía que una presa fácil de atrapar estaba cerca, pues su ataque de aguja venenosa había resultado de forma efectiva.
Ariados continuó hasta que lo encontró. En el suelo, el Pikachu de hacía rato estaba tendido en el suelo, esforzándose por respirar, el veneno que le había sido inyectado había avanzado por todo su cuerpo, y pronto, sus órganos se iban a atrofiar.
Ariados bajó usando un hilo de su telaraña para sostenerse de la rama del árbol, y mirar al Pikachu fijamente. Cuando Pikachu notó su presencia, quiso pararse y atacarlo, pero sus patas temblaron, estaban muy débiles como para sostener su peso y cayó sobre su vientre. El roedor se retorció en el suelo, todo su interior dolía.
Dawn llegó a donde los Pokémon— ¡Ariados! ¡No huyas así! —dijo a su Pokémon, antes de ver al Pikachu tirado en el suelo— Es… ¡es el mismo Pikachu! —
El roedor no se veía bien. Dawn creía que, si volvía a verlo, él saltaría y se pondría en guardia para batallar, pero estaba retorciéndose y quejándose dolorosamente. Dawn se acercó al Pokémon, aunque este pareció que iba a atacarla, pronto le perdió el miedo cuando notó que no tenía la energía suficiente para lanzar un ataque.
—Se ve muy grave. Ariados ¿Qué le hiciste? —pensó en lo que parecía ser obvio, que su Pokémon lo envenenara como su instinto salvaje se lo indicaba. Aunque Ariados trató de defenderse, la chica se centró más en Pikachu.
Trató de sujetar al roedor amarillo, pero el Pikachu se retorció y soltó un ataque eléctrico que lo envolvió en una especie de aura amarilla hecha de electricidad. Dawn no podía tocar al roedor o sería electrocutada, incluso la intensidad del brillo era tan fuerte que molestaba a la vista de la chica que tuvo que cubrir sus ojos con su mano y voltear su rostro.
—¡Espera! ¡No vine a hacerte daño! ¡Quiero ayudarte! —
Pronto, aquella electricidad disminuyó como si su energía se hubiese acabado. La chica podía acercarse nuevamente, pero alrededor del pokemon, en su pelaje, quedaban restos de electricidad que le daban ligeras corrientes de energía eléctrica que recorrían sus manos al acercarse. Dawn recordó la poción que le quedaba y aquella solo era cuestión de rociarlo. Sacó el objeto de su bolsa, y la usó en el Pikachu, este pareció mejorar levemente, pero el veneno no desapareció de su organismo y volvió a lastimarlo.
Dawn no sabía que hacer, la poción no sirvió como lo esperó. Sabía que una poción quitaba el envenenamiento, pero la que tenía no era la indicada. Le dio lastima el pequeño Pokémon. no debía permitir que siguiera sufriendo así.
—Debemos ayudarlo. ¡Y rápido! Lo llevaremos al centro Pokémon—
Dawn trató de tomar al Pikachu entre sus brazos, pero unas chispas volvieron a surgir, a pesar del dolor, Pikachu seguía resistiéndose a tener contacto con ella. Dawn no podría mantenerlo entre sus brazos si el Pokémon atacaba repentinamente, pero fue cuando se le ocurrió una idea.
—¡Ariados! ¡Usa telaraña en mis manos para crear unos guantes! —
La idea de Dawn era tener algo parecido a los guantes de hule. Tenía que improvisar formas para tomar a Pikachu y llevárselo. Los guantes fueron hechos y la chica mantenía la movilidad de sus dedos. Al intentar tocar a Pikachu, las chispas que salieron de sus mejillas no le afectaron a ella. La idea funcionó. Dawn tomó a Pikachu, aunque este se resistió un poco, pero no era tan fuerte como para librarse del agarre de Dawn.
—Descuida. Te llevaré al centro Pokémon, y pronto estarás bien— aunque no tuvo respuesta, Dawn trató de mostrarse optimista frente a Pikachu, aunque no sabía si este la estaba escuchando. Luego se dirigió a sus Pokémon— chicos. Vuelvan a sus pokeball. Luego los veré— sacó las pokeball de cada uno, y los regresó a ellas.
Dawn tenía que llegar al centro Pokémon cuando antes, el más cercano era el de ciudad Jubileo. Pero ahora no tenía como moverse, pues su bicicleta estaba destrozada, su única opción era correr con Pikachu en brazos. Así que empezó a hacerlo con la esperanza que Pikachu resistiera hasta llegar.
Dawn corrió por el resto de la ruta. Era delgada, y su condición física era regular. Había practicado gimnasia antes, sobre todo para sus presentaciones, y esperaba que su resistencia fuese suficiente para poder llegar con rapidez a ciudad Jubileo.
Pasados unos minutos, sintió como todo su cuerpo transpiraba, y peor aún, comenzaba a cansarse. No imaginó que sería tan difícil correr por… ¿Uno o dos kilómetros? Era el otro detalle, desconocía cuanto faltaba para llegar a ciudad Jubileo. Siguió corriendo, pero dentro de ella comenzaba a doler. Empezó a inhalar por la boca, y su visión comenzó a nublarse, fue cuando se detuvo un momento a descansar.
—Tenía razón mi mamá. Debo dejar de comer tantos dulces—
La joven chica tomó unas grandes bocanadas de aire. No sabía cuánto tiempo había pasado realmente, y ni sabía cuánto faltaba. En aquel momento, consideró en dejar de correr, descansar allí y esperar a recuperarse para continuar su camino a ciudad Jubileo. Pero fue hasta que volvió a escuchar un quejido de Pikachu.
El ver a Pikachu retorcerse, y quejarse del dolor, hizo que Dawn cambiara de parecer. Quizá a ella le costaba seguir respirando, pero su cuerpo no estaba siendo destrozado por dentro como le pasaba al Pikachu pues el veneno debía estar afectando todos sus sistemas y órganos. Se dijo que, debía seguir corriendo hasta llegar a la ciudad, pues no tenía otra alternativa, si quería salvarle la vida a aquel Pokémon.
Se preparó, respiró profundamente, y comenzó a correr nuevamente confiada en que su cuerpo resistiría, motivada por el deseo de ayudar a Pikachu.
La chica corrió, había muchos Pokémon a los alrededores. Eran demasiados. Muchos Pokémon se ocultan, dejando muy pocos a la vista de los entrenadores que pasan por allí, pero en esta ocasión, los Pokémon estaban saliendo de sus escondites y estaban observándola, para Dawn, parecían espectadores de una carrera que la miraban por los lados.
No pasó mucho tiempo más, cuando Dawn volvió a sentir el mismo malestar que hacía rato, y a esto se sumaba que los músculos de su cuerpo comenzaban a tensarse, su cuerpo le pedían a gritos un descanso, pues sentía lo similar a varias punzadas alrededor de todas sus extremidades. Volvió a detenerse a descansar.
Dawn se dijo que no podía continuar así, no podía estar deteniéndose a cada rato porque no avanzaría y no llegaría a tiempo al centro Pokémon, pero no podía forzar su cuerpo más o ella sería la siguiente es desvanecerse.
Varios Pokémon se arremolinaron alrededor de ella. Bidoof, Kricketot, Kricketune, Shroomish, Starlies, en fin, varias especies de Pokémon se juntaron donde ella. Cuando la chica los volteó a ver, se sorprendió.
Todos aquellos Pokémon parecían preocupados, y Dawn se fijó que era por el pequeño roedor que ella tenía entre sus brazos.
—Todos ustedes. ¿Están preocupados por Pikachu también? —
Algunos Pokémon llegaron, y traían consigo algo de fruta y algunas bayas de color rosa, parecidas a fresas con dos hojas pegadas a ella. Dawn se agachó y tomó una de las bayas. Hizo un esfuerzo, y la reconoció, pues las había usado cuando aprendió a hacer pokochos.
—Son bayas Meloc ¡Curan el envenenamiento! —
En efecto, eran bayas de poca pulpa, pero de un sabor exquisito para los Pokémon y que ayudaban para su estado de salud, en este caso en especial, el envenenamiento.
Dawn trató de darle la baya a Pikachu, pero este no la tomaba. La acercó a su boca esperando que la mordiera, pero no pasó, estaba muy debilitado. Entonces, Dawn la partió en trozos pequeños y, con cuidado, le metió un trozo en la boca.
Algunos otros Pokémon trajeron agua en un pedazo de tronco hueco que sirvió como bol, Dawn lo tomó y le dio de beber a Pikachu para que el trozo de baya pasara por su garganta. Luego hizo el mismo procedimiento con otro trozo.
—Eso es— le decía para animarlo— come poco a poco, te pondrás bien—
Se acabó la baya, y Pikachu, pareciera que iba a mejorar pues dejó de quejarse y su respiración se controló. Dawn sonrió, aunque aún debía llegar al centro Pokémon para que curaran por completo al roedor, estaba feliz que presentaba mejoría.
Tomó una de las frutas que los Pokémon trajeron aparte de las bayas, y la comió. Podía descansar un rato, pues había ganado tiempo gracias a los Pokémon que llegaron a ayudarla. Fue sorprendente ver tal muestra de afecto hacía uno de los suyos, y sobre todo, de ver que estaban confiando en ella como para no alejarse.
Después de comer el fruto y beber agua, ya estaba recuperada para seguir avanzando. Fue entonces cuando unos Starlies volaban en dirección a ella, detrás de ellos, un Staraptor los seguía. El Staraptor era muy llamativo, nunca había visto uno, era grande, de color marrón y el mechón de su cabeza azul. El ave se paró frente a ella y la miró por un rato, los Starlies hablaron con él, y después el Staraptor volteó a ver al roedor en los brazos de la chica.
Aunque le sorprendía la presencia de Staraptor, y se preguntaba por qué su color era diferente al plumaje de los Starlies, Dawn pronto descubrió que las tres pequeñas aves fueron a buscarlo, y que este la llevaría a su destino pues el Pokémon le dio la espalda y se posicionó de tal forma que ella pudiese subir a su espalda.
Todo parecía sacado de un cuento de hadas que su madre le leía cuando era una niña. Los Pokémon a su alrededor, trayéndole comida, y viniendo todos a ayudarle. No lo podía creer. Pero era obvio para ella, que estaban preocupados por Pikachu. Quizá notaron la intención de ella por curarlo, y eso les motivó a confiar lo suficiente en ella como para acercársele.
— Gracias. Muchas gracias— su agradecimiento era sincero— curaremos a Pikachu. Y pronto estará bien—
La joven coordinadora, intentó subirse a la espalda de Staraptor, primero se tambaleó. Realmente, siempre imaginó que subiría al lomo de algún Pokémon volador, quizá un Togekiss, esos Pokémon eran bellos y elegantes, pero el tratar de hacerlo era difícil. Staraptor se acomodó mejor, agachándose más para que la chica pudiera subirse hasta que finalmente lo logró.
Staraptor chilló y batió sus alas, Dawn se tambaleó un poco, pero se sujetó lo suficiente como para evitar caer. Staraptor se elevó cada vez más hasta que llegó a la altura de las copas de los árboles, y después se dirigió de camino a ciudad Jubileo.
Dawn quedó impresionada, el viento en su rostro, y la sensación de pesar poco, fue fantástico. Ver al frente y solo ver el cielo, y sentirse tan cerca de las nubes. Ver hacía abajo y ver las copas de los árboles, los Pokémon. Sin duda, era una de las maravillas de su viaje que tanto había esperado.
El vuelo sobre Staraptor fue rápido, Dawn ya podía ver la ciudad con tan poco tiempo que estuvo en el aire. Y, afortunadamente, el centro Pokémon estaba muy cerca apenas entró a la ciudad.
La joven le indicó al Staraptor donde debía bajar, y este obedeció.
Staraptor se quedó justo en la entrada del centro Pokémon, Dawn bajó, y cruzó la entrada. Se dirigió con prisa al escritorio donde estaba la enfermera Joey, quien le dio la bienvenida.
—Enfermera Joey. Ayúdeme por favor—
Aunque la chica no había respondido a su saludo, la enfermera Joey no le dio importancia, después de todo, era común en los chicos llegar de esa manera, tan alterados, cuando veían a su Pokémon herido y no sabían que hacer. Seguramente era una novata, supuso. La enfermera Joey se acercó a la chica, no sin antes sacar unos guantes de goma y colocárselos, siempre los usaba al tratar con Pokémon tipo eléctrico, y entonces revisó al roedor.
—Es envenenamiento. Y ha avanzado mucho en su cuerpo— dedujo cuando presionó un costado del Pikachu y este se retorció.
La enfermera Joey vio los brazos de la chica, y notó sus improvisados guantes. Ahora que lo pensaba, para el estado de envenenamiento en el cual estaba este Pikachu, sus quejas eran pocas, eso quiere decir que la chica intentó curarlo por un momento usando poción o una baya. La chica lo había estado cuidando hasta llegar allí.
—Por favor. Ayúdelo enfermera Joey— suplicó la chica.
La enfermera sonrió— lo trajiste justo a tiempo— tomó al Pikachu entre sus brazos— a partir de ahora, yo me encargaré. Si tienes más Pokémon, me daría gusto atenderlos igual—
Dawn sonrió y se sintió aliviada de oír aquellas palabras, podía confiar en ella, después de todo, era una profesional cuando se trataba del cuidado de los Pokémon— muchísimas gracias—
La enfermera Joey volvió a sonreírle— no tienes que preocuparte. Estas cosas pasan. Pero cuidaste bien de él mientras tanto, eso demuestra que eres buena entrenadora— y con eso, dio media vuelta y se fue hacía la sala donde cuidaría del Pokémon.
Las cosas seguían mejorando para la joven chica. Pikachu mejoraría pronto, y ahora ya estaba en la ciudad donde se llevaría a cabo su primer concurso Pokémon. Aprovecharía a registrarse en el concurso, dejaría a sus Pokémon para que igual se recuperen, y pasaría la noche en una cómoda cama en el hotel.
Volteó hacía la entrada, allí seguía el Staraptor. Dawn se dirigió hacia él y salió del centro Pokémon solo para verlo.
—Pikachu se pondrá bien. Me lo aseguró la enfermera Joey— dio una reverencia— muchísimas gracias por tu ayuda—
Staraptor chilló a la par que extendió sus alas, después las batió y se elevó. Volvió a emprender el vuelo de regreso a la ruta 202, ahora que sabía que el Pikachu se recuperaría podía irse tranquilamente.
Dawn solo observó irse al ave, por un momento pensó que aquel Staraptor se había encariñado con ella, y que se uniría a su equipo sin batallar. Pero quizá los Pokémon no aceptaban a un entrenador solo porque sí.
Ella había llegado hasta allí, sola, únicamente acompañada de sus Pokémon. Recibió la ayuda de Pokémon salvajes, fue traída sobre un Staraptor y logró mantener a Pikachu con vida. todo eso demostraba que su viaje iba tan bien como ella lo planeó, y seguiría así.
