Un día había transcurrido, y el concurso Pokémon de ciudad Jubileo finalmente había comenzado. Una gran cantidad de coordinadores novatos estaban registrados para participar en dicho evento, entre ellos Dawn quien no había estado más emocionada al principio.
Pikachu estaba en los bastidores para los coordinadores, sin la compañía de la chica que le prometió encontrar a su entrenador ni de los dos Pokémon de ella. No había acompañado a la chica en su presentación, pero miraba todo desde un televisor donde emitían el espectáculo dado en el escenario.
El gran evento se dividía en dos etapas, una presentación como primera etapa donde el coordinador hacía una demostración de una combinación entre los movimientos de sus dos Pokémon, y Dawn, quien llevó un vestido rosa que llegaba a sus rodillas y que se ajustaba a su silueta; tenía algunos listones rojos como adorno y una cinta roja en la cintura a modo de cinturón; se había sujetado el cabello en una cola, había logrado pasar dicha etapa, pues su combinación entre las burbujas de Piplup y la telaraña de Ariados resultó de tal forma que todo el escenario se llenó de una seda resplandeciente que caían como copos de nieve alrededor de los dos Pokémon. La chica quedó emocionada de haber pasado a la segunda ronda… pero no había estado preparada para lo que le había estado esperando.
La segunda etapa consistía en combates entre los coordinadores hasta tener a dos finalistas que se disputarían el único listón. Y en su primer combate, Dawn se notaba desesperada por conseguir el triunfo.
Pikachu miraba el combate entre la chica de cabello azul y su contrincante, una chica de cabello anaranjado que llevaba un conjunto de dos piezas, un pantalón verde calipso, y una chaqueta color blanca con mangas largas, y en la espalda, la chaqueta se alargaba a modo de capa blanca con rojo en el interior. La chaqueta tenía tres botones dorados. Su nombre era Zoey, y al igual que Dawn, pertenecía a la región, pero a diferencia de ella, tenía mucha más experiencia como coordinadora.
Zoey tenía a un Pokémon felino de color gris y cola enroscada como un resorte, un Glameow, y un Misdreavus, Pokémon originario de la región Johto, y ambos Pokémon, estaban venciendo al equipo de Dawn, pues Ariados y Piplup se veían cansados mientras que los dos Pokémon rivales todavía se veían enérgicos y confiados en su triunfo.
Pikachu no estaba interesado en este tipo de combates a pesar que siempre había estado en batallas Pokémon junto a su entrenador, pero los combates en los que él participaba eran diferentes a los combates en los concursos Pokémon, pues en estos últimos se premiaba a la destreza del equipo para llevar a cabo sus ataques con elegancia y carisma que con la fuerza a como estaba acostumbrado.
El televisor mostró a Dawn, se veía frustrada y sin saber qué hacer, y no era de extrañarse, su desempeño en combate había sido lastimero pues no había logrado acertar ningún golpe efectivo contra el equipo de Zoey. Pasaron el tablero de puntos, faltaba menos de un minuto para terminar el duelo, y el marcador de Zoey estaba casi intacto salvo unos pocos puntos que le habían bajado, pero el marcador de Dawn estaba casi agotado. Otra característica de los combates en los concursos, se luchaba a contra reloj, y se luchaba para mantener la mayor cantidad de puntos, y para Pikachu, casi todo disminuía puntos a los retadores: esquivar, exceso de fuerza, falta de coordinación al atacar.
—¡Piplup! ¡Usa Picotazo en Misdreavus! ¡Ariados! ¡Usa tu telaraña para lanzar a Piplup! —
Los Pokémon obedecieron a su entrenadora. Ariados sujetó al pingüino con su telaraña y después la usó como una cuerda para impulsar al pequeño Pokémon y lanzarlo por los aires para llegar al Pokémon fantasma. Mientras que el pico de Piplup crecía cada vez más a la vez que brillaba.
Ante este ataque, Zoey ya contemplaba un plan.
—¡Misdreavus! ¡Bola sombra! ¡Glameow! ¡arañazo! — ordenó sin titubear.
Misdreavus generó una esfera oscura, hecha con cada una de las sombras producidas en el estadio, esta se hacía cada vez más y más grande y luego la lanzó en dirección al Piplup que se le acercaba. Para sorpresa de todos los espectadores, Glameow saltó a la esfera y se introdujo dentro de ella, perdiéndose en su interior.
Piplup vio la enorme bola sombra que se acercó a él y se espantó al pensar que sería golpeado de lleno por ella. Tanto fue su miedo que perdió la concentración y su ataque se desvaneció.
Cuando la esfera estuvo a centímetros del pequeño Pokémon azul, Glameow salió de esta y lo atacó con sus afiladas garras en la cara haciendo que cayera al suelo y dejando el camino libre hacía Ariados.
—¡Oh no! ¡Ariados! ¡Sal del camino! —
Ariados usó su telaraña para tratar de esquivar el ataque de bola sombra, pero fue demasiado lenta y el ataque la golpeó por completo.
Los dos Pokémon de Zoey regresaron a su lugar, y el tablero indicó que el enfrentamiento había terminado. Todavía quedaba un poco de tiempo, y los Pokémon de Dawn aún no estaban debilitados, pero el marcador de la chica marcaba cero, había perdido por puntos.
Pikachu había estado mirando el evento, en el televisor pasaron un cuadro de Dawn, sorprendida y a la vez dolida por aquel resultado, sin duda era lamentable la derrota de la joven chica, pero eso le importaba muy poco. No es que Pikachu fuese apático con las personas, pero simplemente, en su cabeza no importaba nada más que no fuese volver con su entrenador, y si la chica ya había terminado aquí, significaba que podían comenzar la búsqueda del chico pronto como ella se lo prometió.
La puerta de los bastidores se abrió, y entró un chico que se acercó a un coordinador que estaba sentado detrás del roedor, había estado esperando su turno para subir al escenario.
—¿Dónde estabas? —preguntó el coordinador.
—perdón— se excusó el chico que recién había llegado—sé que es tarde—
—¿Tarde? Terminó la primera ronda, y ya voy a subir a combatir—
—perdón, otra vez. Pero no sabes— el chico pareció emocionarse de inmediato al tratar de contarle a su amigo lo que le ocurrió—¡tuve una batalla Pokémon! —
—has tenido batallas desde que iniciamos. ¿Qué debe sorprenderme? —
—Debe sorprenderte las habilidades de este chico con el que me enfrenté. Era bastante fuerte y rápido. ¡Y era de Kanto! —
Pikachu se sorprendió al oír la mención de su región de origen, y origen de su entrenador. Sus largas orejas, sensibles a los sonidos, le permitieron escuchar cada palabra de la conversación estando a cierta distancia.
—¿Un chico de Kanto? ¿Aquí? —
—¡Si! Y fue increíble. Venció a mi Stunky con un Starly y a Luxio con un Chimchar—
—vaya… que fuerte se oye— el chico coordinador lo dijo con sarcasmo en su voz. No creía que lo que decía su amigo fuese de tanta importancia como él lo decía.
—¡Debiste verlo! luego de nuestra batalla, buscó a otro rival y luchó con el Probopass de otro entrenador, lo venció usando a un Donphan café—
Otro indicio para Pikachu, él conocía a un Donphan con ese inusual color de piel, pues su entrenador tenía uno que tenía desde que este era un huevo que le otorgaron en Johto. El Pokémon ahora estaba ansioso, parecía tener una pista de donde se encontraba su entrenador.
—¿Un Pokémon Shiny? —finalmente, el coordinador se mostró asombrado por el relato.
—Si. Venció al Probopass de solo tres movimientos. Dijo que se llamaba Ash Ketchum—
Era él. Pikachu no tenía duda, ese era su entrenador a quien tanto buscaba.
—Estoy seguro que participará en la Liga Sinnoh. Se dirigió a la ruta 203, rumbo a ciudad Pirita. ¡Si lo vuelvo a encontrar le pediré la revancha! —
Pikachu no iba a esperar más, estaba muy emocionado pues tenía la confirmación que su entrenador estaba cerca, y ahora sabía dónde podría estar. Saltó de su asiento y corrió hacia la puerta lo más rápido que pudo, no iba a esperar a la chica, solo pensaba en reencontrarse con aquel chico Ash Ketchum.
Dawn regresó a sus Pokémon a sus pokeball y salió del escenario esperando que nadie la viera. Volvió a los bastidores donde se sentó en una banca. Trataba de contener sus emociones.
Repasó en su cabeza aquel último movimiento de su rival, también todas sus acciones. Cada uno de los ataques de Dawn estaban coordinados casi a la perfección, sus Pokémon saltaban y se movían con rapidez y a aquel felino ni siquiera se le alborotaba su pelaje, era tal y como se esperaba de una coordinadora, sin embargo, los movimientos que ella hacía no resultaron. Ordenaba los ataques, como esperando a que los Pokémon de su rival no se movieran, Piplup y Ariados no acertaban sus ataques por la baja velocidad que tenían a comparación de sus contrincantes, y al desesperarse porque su marcador iba en constante disminución, se olvidó por completo de las destrezas que debía tener al atacar, solo se interesó en efectuar un golpe a su rival.
No logró vencer en el primer combate, no logró ganar el listón, y fue televisada por toda la región; su madre, sus amigos, todos debieron haberla visto fracasar. El pensar en la desilusión que todos debían estar sintiendo, y la tristeza que esto le provocaba, provocó que sus ojos lloraran y el llanto se apoderó de ella.
Estaba decepcionada, tanta ilusión que tenía de triunfar en su debut como coordinadora, y ahora eso no importaba. Se había centrado tanto en su presentación de la primer etapa, que no consideró que el combate era igual de importante.
Dawn no escuchó cuando de su cintura se abrieron sus dos pokeball y salieron sus dos amigos Pokémon. Sin duda, fue una sorpresa ver que ellos pudieran salir sin esfuerzo, la novata no tenía idea que pudieran hacer eso.
—chicos… ¿ustedes? —
Dawn miró a sus dos amigos, aún con sus ojos irritados y llorosos. Pero al mirarlos mejor, sus expresiones parecían tristes y desanimadas. Le dijeron algo, pero sus voces se oían avergonzadas y a la vez deprimidas. Entonces ella pensó que se debía a que ella se notaba triste.
—Ah… no… esperen—
La chica pasó un dedo por sus ojos para secarse las lágrimas, y después los miró con una sonrisa.
—No es nada. ¡Miren! ¡Sonrían ustedes también! —
Pero los Pokémon no sonrieron, sino al contrario, ambos agacharon la cabeza, como si estuviesen apenados.
Dawn lo pensó mejor, debía haber otra razón para que estuviesen así. Y fue cuando se dio cuenta, que ellos debían estar desilusionados, tal como ella, por haber perdido en el concurso, y debían estar culpándose consigo mismos por no haber hecho más, tal como lo hacía ella.
Dawn no había considerado tanto a sus amigos como ella había esperado, se había enfocado tanto en lo que ella quería y había pensado demasiado en lo que sentía, que no pensó que sus amigos Pokémon podían llegar a sentir lo mismo que ella, y que también quería participar en ese concurso y querían ganarlo porque era lo mismo que ella quería. Después de todo, era tal como le habían dicho que los Pokémon podían sentir lo que sus entrenadores cuando formaban un vínculo especial.
—no chicos— la chica se agachó para estar más cerca de ellos y colocó sus manos sobre las cabezas de sus amigos— no fue su culpa. Todo está bien—
Si bien, Dawn estaba afligida por su reciente derrota, era peor ver a sus Pokémon tan abatidos como lo estaban ahora. No le gustaba que sus amigos se preocuparan tanto por ella, pues a ella le inquietaba más ver a sus seres queridos así, y ella quería mucho a sus Pokémon a pesar de tenerlos desde hace muy poco.
Piplup le dijo algo sin dejar su tono melancólico. Ante esto, Dawn le sonrió, negó con la cabeza y le dijo—No me podría enojar con ustedes. Estuvieron fantásticos allá afuera—
Sus amigos parecían ir cambiando su expresión gracias a sus palabras.
—Lo que pasó hoy, no importa. No vamos a ponernos tristes por perder. ¿Y saben por qué? —ella se levantó frente a ellos con un puño cerrado y levantado— porque volveremos a participar en otro concurso, y ese lo vamos a ganar ¡juntos! —
Piplup creyó en sus palabras y pareció animarse, tanto que dio unos pequeños saltos de emoción en su sitio, y Ariados también se emocionó y lanzó un chillido al aire con sus patas levantadas, esto provocó un escalofrió en su entrenadora, pero a esta no le importó. Dawn también parecía alegrarse, por lo menos su sonrisa era sincera y no tan forzada pues le gustaba ver a sus amigos nuevamente alegres, como si nada les hubiese perturbado.
Dawn tuvo un pequeño momento para reflexionar sobre lo que acababa de decir, pues, para ser sincera consigo misma, ella no se sentía más animada, pues no dejaba de recriminarse por aquel fracaso en el escenario, de hecho, no sabía si podría cumplir con esa promesa de volver a intentarlo, pues en ese momento seguía sintiéndose afligida, pero no iba a dejar que sus Pokémon lo notaran. Iba a preocuparse por si misma en otro momento, ahora, solo le importaban Piplup, Ariados, y por supuesto, Pikachu, a quien todavía le debía ir a buscar a su entrenador.
—bueno. Será mejor que nos vayamos de aquí, todavía tenemos cosas que hacer—
La chica volteó a ver a su alrededor, buscando a Pikachu, pero no había rastro de él.
—un momento ¿Dónde está Pikachu? —
Los Pokémon voltearon a los lados y tampoco notaron al pequeño roedor.
—oh no… ¿Se habrá ido? —lo llamó una vez por su nombre, esperando una respuesta.
Al voltear detrás de ella, notó a un chico que la miraba fijamente. De cabello azul y con patillas negras, llevaba zapatillas deportivas negras con agujetas blancas, y un pantalón café. En su torso llevaba una camiseta blanca y sobre esta una camisa negra con solapas azules, con las mangas remangadas hasta sus codos, estaba desabrochada. En sus manos llevaba guantes sin dedos.
Dawn se dirigió hacía aquel chico, mientras tanto, mientras más se acercaba, las mejillas del muchacho parecían colorarse y hasta se exaltó al verla.
—Disculpa…—le dijo al estar frente a él— ¿no viste a un Pikachu por aquí? Es pequeño, amarillo y tiene orejas muy largas— hacía gestos con sus manos para resaltar las características que mencionaba.
—¿Quién? ¿yo? ¿un Pikachu? —el joven se oía nervioso—¡ah! ¡si! Vi a uno correr hacía la salida antes que tu llegaras—
—¿Se fue? ¿En serio se fue? —
La chica estaba sorprendida pues realmente no había esperado una acción así por parte del roedor, pero luego de pensarlo detenidamente, creyó que era lo más obvio que pudo haber pasado, después de todo, él no quería estar allí y no había nada que lo uniera a ella.
Piplup saltó tratando de llamar la atención de la coordinadora. Cuando ella lo vio y notó lo desesperado en su hablar, asintió.
—debió salir a buscar a su entrenador. Por eso debió haberse ido. ¡será mejor que me cambie y me vaya a buscarlo! — ella volteó a ver al chico— muchas gracias—
La chica se dirigió a los probadores donde iba a cambiarse de atuendo antes de salir del bastidor. Poco después salió del probador con su ropa habitual, pero colocándose los broches en el cabello todavía.
—¿Cómo dijo el profesor Rowan que se llamaba ese chico? ¿Ash Ketchum? —
Una vez que estaba completamente lista, se puso su gorro y salió del bastidor corriendo con sus dos Pokémon siguiéndola. Esta vez, ella no cargó a Piplup, y debido a que era muy ágil, el pequeño Pokémon no pudo seguirle el paso gracias a sus pequeñas patitas, y para solucionar esto tuvo la idea de subirse a la espalda de Ariados, quien si podía ir al mismo paso que su entrenadora, poco a poco iba perdiendo el miedo a su compañera Pokémon.
Dawn corría por el pasillo del estadio que la conduciría a la salida, pero alguien le gritó desde atrás.
—¡espera! —
Al detenerse y voltear a ver, era el mismo chico que le dijo haber visto a Pikachu, igual corría para alcanzarla.
—¿Ocurre algo? —
—¿buscas a Ash Ketchum? Yo sé dónde está—
Dawn se impresionó por la noticia, ¿tan pequeño era el mundo que se topó con la persona indicada para encontrar al entrenador del Pikachu que encontró hace pocos días?
—¿Lo conoces? ¿Dónde está? —
—bueno, no exactamente, tuve una batalla con él antes que se fuera a la ruta 203, esa ruta te dirige a ciudad Pirita, donde está el primer gimnasio para entrar a la Liga Sinnoh—
—Entonces allí es a donde se dirige Pikachu. Va a buscar a su entrenador en la ruta 203— la adolescente se apresuró en tomar las manos del chico— muchas gracias, me has sido de gran ayuda— y le sonrió.
Luego de soltar al chico de cabello azul, Dawn se dirigió nuevamente a la salida, ahora, con un nuevo objetivo de a donde ir.
Por su parte, aquel chico de camisa desabotonada, se había quedado estupefacto una vez que la chica le agradeció y le sonrió estando tan cerca de él. Quedó inmóvil por unos segundos hasta que reaccionó y vio a la chica alejarse.
—¡Espera! —le gritó— ¡no me dijiste tu nombre! ¡Me llamo Axel! ¡Soy Axel! — le gritó, pero fue inútil, ella no lo escuchó y sin embargo siguió alejándose.
