Dawn volvió a la ruta 203 al día siguiente, pero ahora, estaba muy pendiente de todo el camino a su alrededor. Miraba de un lado a otro, para cerciorarse que la ruta estuviese vacía, sin nadie cerca. Cuando se cercioraba por completo que no estaba ni Electabuzz y ni Magmar, entonces corría unos metros y después se escondía detrás de algún árbol o un arbusto.
Si, quizá exageraba, de hecho, ella misma se lo recriminaba pues detestaba ser "la reina de la exageración" como en ocasiones le habían llamado, pero en esta ocasión tenía justificación pues se trataba de evitar morir electrocutada o incinerada por dos psicópatas Pokémon sueltos, o al menos ella decía que era la justificación más valida. Sin duda, no era una situación que hubiese imaginado estar alguna vez, pero esa era su realidad ahora.
"¿Pi Pikachu?" preguntó el roedor amarillo quien la miraba con un deje de pena.
Dawn silenció al Pokémon amarillo—Guarda silencio Pikachu, no nos vallan a oír—
Pikachu podía correr por el camino mientras que Piplup debía ser cargado por ella, pero eso no parecía ser ninguna incomodidad para el pequeño Pokémon azul. Pikachu volvió a reclamarle.
—no estoy exagerando. Tu viste que esos dos… no caeré en eso nuevamente—
Dawn volteó hacía arriba por los árboles, allí estaba Ariados, el Pokémon más ágil que tenía y que, además, le servía de centinela si los Pokémon aparecían.
—¡Oye Ariados! — la chica se detuvo y tapó su boca con sus manos cuando se dio cuenta que había elevado la voz. Cuando vio que nadie se acercaba, susurró, pero fue lo suficientemente audible por el Pokémon arácnido— ¿los has visto? —
Ariados negó con la cabeza, señal para Dawn para volver a correr unos metros más. Escuchó el ruido de hojas moviéndose y se sobresaltó, se puso de cuclillas y se cubrió la cabeza esperando escuchar los gritos de guerra de los Pokémon salvajes y sus ataques por encima de ella, pero nunca llegaron. Al voltear hacia arriba, vio que era Ariados que pasó de un árbol a otro y provocó el ruido.
Ella no diría que tenía miedo, sino que solo estaba siendo en extremo precavida. No quería encontrarse con Electabuzz o Magmar y terminar en medio de otra batalla campal donde ella pudiera salir herida o perder el cabello por los ataques. El que todos los Pokémon hayan huido y no hubiese entrenadores cerca, en definitiva, no ayudaba para controlar los nervios de la joven chica, pues cada sonido la exaltaba y podría significar la aproximación de los dos Pokémon rivales.
La chica sacó su mapa—bien. Estamos a medio camino, ¡es perfecto! Solo debemos andar medio camino más y luego estaremos en la Puerta Pirita pronto, y con suerte, sino nos electrocutan, nos queman o nos envenenan en la oscura y tenebrosa entrada, estaremos almorzando en ciudad Pirita. ¿Entendido? —
Ahora Piplup se le unió a Pikachu en mirar con pena a la coordinadora. Ella parecía muy nerviosa y quizá eso podría afectar su juicio sobre las cosas.
—ay… ¿Ustedes que van a saber? Solo son Pokémon—
Dawn guardó su mapa y volvió a correr varios metros adelante, pero a la mitad de su tramo, escuchó un grito.
"¡Rhy!"
Dawn quedó paralizada al escuchar el grito de aquel Pokémon, no supo identificar a quien pertenecía, si a Electabuzz o a Magmar, o si pertenecía a algún otro Pokémon que pudiera atraerlos, pero eso no importaba, estaba muy cerca de ella, y ahora ella estaba a la mitad del camino y petrificada.
"¡Rhy!" Volvió a escucharse.
Piplup y Pikachu se pusieron en alerta frente a la chica, preparados para atacar si alguno de los Pokémon aparecía. Ariados igual desde la copa de un árbol, advirtiendo a su entrenadora que el Pokémon estaba cada vez más cerca. El arácnido lanzó unas cuantas telarañas en dirección a su objetivo, y estas cayeron justo detrás de unos arbustos. Hubo movimiento donde aquellos arbustos, y Dawn se estremeció, ahora, debía enfrentarse a sus miedos o huir de allí, y sería lo primero que su cuerpo le permitiese.
Todos los Pokémon estaban preparados para atacar, pero sus mejillas lanzaron algunas chispas eléctricas, esto le preocupó, pues había una posibilidad que volviese a lanzar un ataque eléctrico justo como lo hizo el día anterior, y eso no sería bueno. Tuvo que esforzarse, y mantener toda su concentración en evitar lanzar un ataque involuntario, y lo logró, pero le hizo bajar la guardia cuando el Pokémon detrás de los arbustos finalmente salió.
"¡Horn!"
Todos se sorprendieron, no eran los Pokémon que esperaban, sino que era un Rhyhorn de cuerno grande, un macho. Estaba atrapado entre las telarañas, pero pareciera no importarle. El Pokémon caminó hacía ellos, pero no con agresividad sino tranquilamente, cuando estuvo frente a ellos, no se detuvo sino que continuó, obligando a Dawn y a sus amigos hacerse a un lado.
—Disculpe señor— dijo Dawn sarcásticamente. El Rhyhorn parecía ignorarlos, pero siendo honestos, era de esperar cuando pesas más de cien kilos y eres capaz de tumbar una pared de concreto solo porque está en tu camino.
El Pokémon hecho de roca se acercó a uno de los árboles, precisamente sobre el que estaba Ariados, y comenzó a embestirlo con su cuerno. Ariados perdió el equilibrio y cayó al suelo pero gracias a su caja torácica, que lo volvía liviano, cayó sobre sus patas sin daño, así que volvió al lado de su entrenadora. Todos miraban al Pokémon que quería tumbar algunos frutos del árbol, hasta que, finalmente, algunos frutos cayeron y este se dirigió a comerlos de inmediato.
La chica colocó sus manos en sus caderas—vaya que es despreocupado—
Dawn se tranquilizó, ya casi olvidaba el hecho que seguía a medio camino expuesta a Electabuzz y Magmar, fue cuando volvió a mirar al Rhyhorn frente a ella.
—Oigan… ¿Creen que este sea el mismo Rhyhorn de la historia que nos contó la enfermera Joey? — preguntó, pero los Pokémon le respondieron con el mismo sentimiento de duda que ella.
—Bueno… sea o no sea, un tipo tierra/roca es algo bueno para evitar los rayos y las llamaradas. Se lo pediré—
Dawn se acercó al Rhyhorn, al estar a su lado, se agachó— oye, disculpa— inició, pero Rhyhorn no le prestó atención— aquí a tu lado, estoy aquí— otra vez, la ignoró. Rhyhorn fue a comer el siguiente fruto— ¡oye! ¡Te estoy hablando! ¡No seas grosero! —Dawn se desesperó por no tener ningún tipo de respuesta, Rhyhorn estaba más ocupado comiendo como para escuchar lo que le decía pero eso no le gustaba a ella.
Pikachu y Piplup le hablaron a la chica y ella los miró esperando que tuviesen una idea para tener la atención del Rhyhorn.
—Sé que no les entiendo, pero creo que haré una excepción. ¿Tienen alguna idea para que voltee a verme? — los Pokémon negaron con la cabeza— ¿No pueden hablarle ustedes? —
Piplup asintió y de inmediato se colocó frente al Pokémon mucho más grande que él. Comenzó a agitar los brazos y a hablarle mientras le sonreía, Dawn no sabía que le decía, pero el pequeño Pokémon azul parecía muy emocionado de entablar una conversación, pero Rhyhorn no, así que este terminó la fruta y fue por la siguiente pasando por un lado del pingüinito.
Piplup no podía creer que su estrategia no funcionara y que el Pokémon de doble tipo simplemente lo ignoró como había ignorado a su entrenadora. Piplup corrió y se posicionó al lado de la cabeza del Rhyhorn mientras comía, ahora, estaba más exaltado y casi gritándole, pareciera estar reclamándole y exigirle atención. Al no tener respuesta, Piplup comenzó a darle palmaditas a Rhyhorn en su cuerno.
—Piplup, no creo debas hacer eso—
Rhyhorn se molestó, no solo por los golpes que estaba recibiendo, que realmente no le dolían debido al pequeño tamaño de la aleta del Pokémon tipo agua y porque su gruesa piel hecha de roca disminuía el dolor, estaba molesto porque el estaba siendo una molestia desde hace rato, él y la humana que lo acompañaba y esto interrumpía su almuerzo. Rhyhorn sacudió la cabeza y le dio a Piplup con su hocico en el vientre, empujando al pingüino y haciendo que cayera sobre su espalda varios centímetros atrás.
—¡Piplup! ¿Estás bien? — El golpe no fue el más fuerte, pero debido a la diferencia de tamaños y pesos, Dawn se preocupó de que tanto haya afectado a su primer Pokémon. Solamente la cabeza de Rhyhorn medía el doble que Piplup y, seguramente, solo su cuerno pesaba lo que el Pokémon azul.
Piplup se enojó con Rhyhorn por haberlo empujado. No le gustaba que le trataran de una forma tan degradante y mucho menos frente a su nueva entrenadora, así que iba a responderle usando chorro de agua contra él.
—¡Piplup espera! —su entrenadora se interpuso.
Dawn sujetó a Piplup y lo levantó para evitar que el ataque le diera a Rhyhorn, parecía tener en manos un muñeco disparando agua por su pico. Cuando Piplup detuvo su ataque, Dawn le dijo.
—No hagas eso. Se supone queremos que nos ayude, no que nos odie por atacarlo— Piplup le contestó—¡oye! tú también estabas siendo muy grosero, señorito—
La "pequeña" discusión entre entrenadora y Pokémon fue interrumpida por el gruñido del Pokémon tipo tierra junto a ellos. Ambos se preguntaron si el Pokémon se había enfadado y planeaba seguir empujándolos para que se fueran, pero en lugar de eso, se dirigió a otro árbol para volver a embestirlo esperando cayeran más frutos.
—¿Le habrá quedado hambre? —
Rhyhorn embestía aquel árbol una y otra vez, pero nada cayó de allí. Dawn volteó a ver la copa del árbol, pero parecía desprovisto de comida, de hecho, los arboles de su alrededor no tenían nada de frutos con los cuales el Pokémon pudiera alimentarse.
Rhyhorn parecía decidido a tirar los frutos, o más bien, aún no se había dado cuenta que no iba a caer nada por más que intentara, y terminaría arrancando el árbol desde la raíz antes de darse cuenta que no tenía frutos. Fue allí cuando Dawn tuvo una buena idea para tener la atención del Pokémon.
La joven coordinadora sacó de su bolsa unos pokochos, los puso en su mano y extendió la mano frente al Rhyhorn—Vamos Rhyhorn, si quieres comer ¿Por qué no tomas estos deliciosos pokochos? Te van a gustar—
Rhyhorn dio una última embestida, y luego volteó a ver la mano de la chica. Se quedó mirando aquella mano con comida por un rato, se acercó y la olfateó, era apetitosa y con el hambre que tenía, podía comer lo que fuera.
El Pokémon dio un gran gruñido y abrió la boca para comer aquellos pokochos, pero al querer acercarse, ella se preocupó que mordiera su mano por accidente así que la apartó de inmediato tirando los pokochos al suelo, esto no le importó al Rhyhorn quien solo agachó la cabeza y comió el alimento mientras que Dawn lo miró, aliviada de conservar su mano intacta pero luego sintiéndose mal de haber hecho eso pues se veía como algo mal educado.
—¿Y bien? ¿Está rico? — la chica no obtuvo respuesta, pero el Pokémon acabó con todos los pokochos.
Quizá los pokochos le parecieron muy pocos al Pokémon tipo tierra, pues se acercó al acabárselos, se acercó a la chica y comenzó a frotar la cadera de ella con su cuerno para indicarle que quería más, esto provocó en Dawn un par de problemas, el hecho que, con simples empujoncitos, el Rhyhorn casi la tumbaba al suelo y su áspera piel le estaba rasguñando.
—Espera, espera. Detente— dijo mientras dio un par de pasos hacia atrás para evitar más roces con el cuerno del Pokémon cuya piel era de roca. Su piel todavía ardía, seguramente estaba un tanto rosada—bien. Ahora que tengo tu atención, quiero proponerte algo—
Dawn no sabía si, realmente, tenía la atención de Rhyhorn, ya que él solo estaba frente a ella mirándola fijamente, no sabía si oía sus palabras o si seguía pensando en comer.
La joven extendió su brazo y apuntó al frente—necesitamos ir a la entrada Pirita, más adelante. Pero hay un Electabuzz y un Magmar que nos lo impiden, no podemos pasar gracias a ellos— el Rhyhorn seguía sin moverse— me preguntaba si pudieras ayudarnos a cruzar todo el camino y así estar seguros que esos dos no nos ataquen. Tu sabes, eres inmune a sus ataques—
Rhyhorn seguía mirándola fijamente sin moverse o decir algo, ante esto, Dawn no sabía si le ayudaría o si mínimo estaba interesado en su petición.
—si nos ayudas. Prometo darte más pokochos en agradecimiento— era su última oferta, pero Rhyhorn seguía en la misma posición— oye. ¿Me entendiste? Has algo, mueve la cabeza o da un pisotón si aceptas mi propuesta— pero la respuesta seguía siendo la misma.
Rhyhorn finalmente hizo algo, dio media vuelta y se caminó hacia adelante, dándole la espalda a la chica y a sus Pokémon. Esto fue sorpresivo para Dawn, pero no respondía a su pregunta.
—¡Oye espera! ¿Eso significa que aceptas? —
Rhyhorn no respondió, solo continuó caminando.
Dawn pensó que no había aceptado el trato que le había propuesto, entonces colocó sus manos en su cintura y dijo—bueno… eso no salió justo como lo había planeado—
"¿Piplup?" "¿Pika?"
—Bueno chicos, eso significa que tenemos que continuar con nuestro plan inicial. No se preocupen, no hemos perdido tanto tiempo así que llegaremos a la hora acordada—
Bueno, nuevamente, sus planes no estaban saliendo bien, pero debía resaltar el hecho que ya había recorrido la mitad de la ruta, y que estuvo parada allí por un largo rato y no hubo rastro alguno ni de Electabuzz ni de Magmar, y si estuvieran cerca los hubiese notado pues parecían ser los únicos Pokémon del lugar, si esa suerte continuaba y los Pokémon no estaban cerca, quizá pudiera llegar al final de la ruta sin más problemas.
La chica estaba pensando cuando escuchó el rugido de Rhyhorn nuevamente, al voltear hacia adelante, lo vio, se había detenido varios metros adelante y le estaba haciendo una seña con la cabeza, le indicaba que la siguiera.
—lo… ¿Lo dirá enserio? —
Rhyhorn volvió a mirar al frente y continuó caminando, parecía seguir su propio ritmo y dar por hecho que todos percibían el tiempo de la misma forma que él.
—¡oye espera! —tan pronto como vio al Pokémon andar nuevamente, Dawn tomó a Piplup en brazos y se apresuró a correr detrás de él con Pikachu y Ariados siguiéndola.
Ahora, el trayecto para la chica se veía más seguro con Rhyhorn dirigiendo su camino, su compañía era perfecta para sentirse segura, aunque agradecería que el Pokémon fuese más rápido, pero el paso lento quizá era algo a esperar de un Pokémon que pesaba más de cien kilos.
El trayecto transcurrió en total calma y silencio, no había ruido ni siquiera de una rama partiéndose o una hoja cayendo, pero esa tranquilidad se esfumó cuando se escuchó el aleteo de algunas aves sobre sus cabezas. Al voltear hacia arriba, vio a dos Starlies y a un Staravia volando hacía la copa de un árbol.
Dawn se asombró, eran los primeros Pokémon que veían aparte de Rhyhorn, los Pokémon tipo volador solo llegaron, se pusieron lo más cómodo posible y se mostraban felices al respecto, como diciendo "hogar dulce hogar". Pareciera que ya conocían el árbol y ahora volvían para establecerse nuevamente.
Dawn sonrió, según la enfermera Joey, todos los Pokémon se fueron gracias a Electabuzz y Magmar, y ya que ellos no parecieran estar cerca, pero aquellos Pokémon aprovecharon para recuperar el hogar que tuvieron que abandonar para ponerse a salvo. Quien sabe, quizá eran los primeros de varios Pokémon que pensaban regresar.
El pequeño grupo caminó por un tiempo más, y no, no volvieron a ver a ningún otro Pokémon, Dawn por un momento imaginó a varios tipos de Pokémon corriendo por el camino para regresar a sus hogares y pronto toda la ruta estaría repleta de aquellas criaturas y su andar sería más ameno, como lo que pasó en la ruta 202, pero luego se dijo a si misma que no todo tiene que pasar como en un cuento de hadas, solo en algunas ocasiones que pasarían.
Finalmente llegaron al final del camino, la puerta Pirita era la entrada a una cueva en un monte de roca, era lo único que los separaba de ciudad Pirita. Al llegar a la entrada, Rhyhorn se detuvo y señaló a Dawn que habían llegado a su destino. Así que Dawn no perdió tiempo y sacó de su mochila varios pokochos y los puso en el suelo para que Rhyhorn los comiera, y este Pokémon se dispuso a comer apenas vio la comida a disposición.
—muchas gracias Rhyhorn, por habernos acompañado— Dawn le dijo, pero el Pokémon parecía haber dejado de prestarle atención y solo comía— si ya sé. No te molestaremos, pero, aun así, gracias—
Rhyhorn ni siquiera volteó a verla.
Dawn y sus Pokémon se dirigieron a la cueva, era tal como ella esperaba que fuera, oscura. No había otra opción, tenía que cruzar por la cueva si quería llegar a ciudad Pirita pronto. Ella sacó una linterna de su mochila, parecía que su "pequeña" mochila amarilla podía cargar con varias cosas y seguía sintiéndose tan ligera como si no llevase nada.
—Vamos a entrar chicos, pero será mejor que entren a su pokeball. Estará muy oscuro y no quiero que se lastimen—
Dawn guardó a Ariados en su pokeball, pero cuando lo intentó con Piplup, este se negó, e incluso, para evitar ser atrapado por el brillo rojo de la pokeball, se colocó detrás de Pikachu para que no resultara.
—oye Piplup, no es un juego, entra a tu pokeball— Piplup le respondió y señaló a Pikachu—tu tienes que hacerlo, no puedo hacer lo mismo con Pikachu porque no tengo su pokeball— Piplup volvió a rezongarle, cuestionando su orden y negando con la cabeza. Dawn no iba a seguir con esta especia de juego con su Pokémon quien la estaba fastidiando—está bien. Pero si te lastimas el pico no vengas llorando conmigo—
Piplup tenía una razón para no entrar a su pokeball, quería serle útil a su entrenadora. El lugar se veía oscuro y quizá peligroso, y si algo le pasaba a la chica, o la atacaban, quería estar allí a su lado para protegerla, después de todo, eran amigos, era su primer Pokémon, y para ser sincero consigo mismo, no había sido de mucha ayuda en aquellos últimos días.
La chica entró a la cueva con sus dos Pokémon detrás de ella. Caminando a paso lento y con cuidado pues no podían ver mucho por delante, la luz de la linterna solo llegaba a cubrir un área limitada.
A diferencia de la ruta 203, la cueva no era tan extensa, pero no era el lugar en si lo que podría atemorizar a la chica, era lo que pudiera pasarle allí dentro. Casi no veía lo que tenía adelante aunque tuviese la linterna en mano, y de hecho, su mayor temor era ser atacada por alguno de los Pokémon que habitaban la cueva. Había oído que los Geodude allí tenían mal temperamento y no toleraban a los extraños que llegaban a perturbarlos con la luz de sus linternas directamente a sus ojos, y los Zubat, aquellas molestas criaturas que revolotean a tu alrededor por montones y llegan a morderte con sus colmillos y a rasparte la piel con sus alas, sin duda, quería evitar encontrar con aquellos dos tipos de Pokémon. Por eso procuraba ser cuidadosa, no usar la máxima intensidad de su linterna, no hacer ruido y caminar lentamente, aunque la retrasara, era la única forma de mantener la cueva tan quieta y tranquila como siempre.
Tanto Pikachu como Piplup iban caminando muy cerca de las piernas de la chica, pero no podían ver suficiente y en algún momento, Piplup tropezó y chocó con una gran roca, lesionándolo como Dawn se lo había dicho.
—te dije que esto te iba a pasar— dijo Dawn cuando escuchó a su pequeño Pokémon gimotear y quejándose— ahora no quieras saltar llorando a mis brazos, necio— pero apenas terminó aquella frase, exclamó un pequeño grito.
Al no haber prestado atención al frente, Dawn terminó cayendo en una zanja del diámetro exacto de todo su cuerpo.
—auch… eso dolió— dijo mientras masajeaba sus caderas. Ante esto, su Pokémon se burló de ella— ¡oye! Esto fue porque me distraje prestándote atención, no es por obra del karma o cosas así—
La zanja no era profunda, pero cuando Dawn quiso levantarse nuevamente, sintió un fuerte y agudo dolor en su tobillo derecho. Fue repentino, y de hecho, no pudo mantener el equilibrio y volvió a caer, todo su peso recayó en la zona herida.
La joven se quejó, volvió a tomar su linterna e iluminó si pie—maldición. Debí haberme torcido el tobillo, no puedo pararme así—
Dawn se quejó, al tratar de sobar el lugar afectado, el tacto le hizo sacudirse, pero no parecía haberse roto el tobillo o tener algún rasguño en él, solo un poco inflamado. Entre tanto, la chica escuchó a los Pokémon hablándole, al poner la luz de la linterna sobre ellos, parecían preocupados por ella.
—no parece algo grave amigos. No se preocupen— el semblante de ellos no parecía cambiar pero si parecía que la respuesta les confortó— creo que deberíamos quedarnos aquí un rato más para que me recupere y pueda caminar—
Piplup y Pikachu parecieron aceptar la nueva situación, aunque esto significaba que retrasarían su llegada a la siguiente ciudad, ambos Pokémon concordaron que lo más importante ahora era la chica y evitar que algo más pasara.
Todo podría pasar dentro de la cueva, realmente no podían ver nada, solo se podían ver entre ellos gracias a la luz de la linterna. Todo era tan silencioso, hasta que unos pasos se escucharon en el camino por donde ellos habían llegado. Las pisadas se escuchaban fuertes, como si el ser que se acercaba fuese bastante pesado.
Dawn apuntó la linterna al frente y Pikachu y Piplup se prepararon. Dawn movió la luz de un lado a otro para ver que se aproximaba, pero no se mostró nada, y los pasos seguían escuchándose.
Las mejillas de Pikachu soltaron algunas chispas eléctricas nuevamente, y él se preocupó, y fue porque temía descontrolarse nuevamente. La electricidad de su cuerpo se acumuló a su alrededor, y formó un gran rayo que salió hacia arriba.
Dawn miró el rayó, era muy luminoso y grande, pero le preocupó que se dirigiera al techo de la caverna pues, seguramente, debía haber Zubats allí arriba durmiendo tranquilamente, y se molestarían si fuesen afectados por un ataque eléctrico. El rayo tomó un curso extraño, pues pareció desviarse y tomar la dirección contraria, de regreso al suelo, pero no hacía donde Pikachu, sino unos metros atrás.
Todos siguieron la dirección del rayo, y vieron donde cayó, justo en el cuerno del Rhyhorn que les ayudó a llegar en primer lugar.
—¡Rhyhorn! —
Dawn casi grita de la emoción de volver a ver al Pokémon tipo tierra/roca y ahora allí dentro de la cueva. No podía ser una casualidad, debió haber entrado por ella, para ayudarla nuevamente a cruzar todo el camino de la caverna.
Rhyhorn se acercó hasta llegar a donde el grupo, echó un leve vistazo a los Pokémon y a la chica humana, obviamente estaban perdidos allí como cuando los encontró en la ruta anterior.
—Rhyhorn, ¿Viniste a ayudarnos? —
El Pokémon asintió con la cabeza. Rhyhorn se recostó en la tierra sobre su vientre, fue un movimiento extraño, pero Dawn tuvo una ligera idea de lo que quería. Rhyhorn es un Pokémon acostumbrado a lugares rocosos como la caverna, debería estar acostumbrado a lugares oscuros y sin duda, conocería el camino de la caverna así como el camino de la ruta 203. Hace rato, Rhyhorn estuvo dispuesto a guiarla por el camino, ahora, parecía estar dispuesto a ser montado para ayudarla a cruzar.
Dawn preguntó que tan serio hablaba el Pokémon, aunque este no respondió, tampoco se movió de su sitio. Piplup y Pikachu le hicieron indicaciones de hacerle caso y subirse a su lomo, y la chica entendió que debía hacerlo.
Dawn tuvo que levantarse, todavía le dolía el tobillo pero pudo soportarlo para salir de la pequeña zanga, y después caminó con el pie levantado hasta llegar a Rhyhorn. Nunca se le había ocurrido que montaría un Pokémon de estos en su vida, o por lo menos los primeros días de su viaje.
Rhyhorn tenía una especie de placas en su espalda, no se veían cómodas, pero serviría para acomodarse y donde sujetarse. No solo ella, Piplup y Pikachu también se subieron al lomo del Pokémon que pesaba hasta diez veces más que ellos dos juntos. Y con todos sobre su lomo, Rhyhorn se levantó y comenzó a andar hacia adelante. Dawn casi perdía el equilibrio pero se sujetó de una de las placas de Rhyhorn.
Tal como ella se lo esperó, el lomo de Rhyhorn no fue para nada cómodo, e iba a durar mucho tiempo en aquella posición gracias a la lentitud del Pokémon al andar, pero al menos podía conseguir un descanso para su pie y su tobillo podía desinflamarse. Y además, no importa que demoraran, pronto estarían en ciudad Pirita.
