Pikachu lloraba, no le avergonzaba hacerlo, después de todo, su entrenador, el ser con el cual creyó estaban destinados a estar unidos como una gran dupla, lo abandonó y lo humilló en batalla.

Pikachu se había sentado en el suelo después que la chica lo curara un poco. Ash se había ido y ahora no sabían dónde pudiera estar, y desde entonces el Pokémon estaba así. Y ante esto, Dawn sentía lastima por él. ¿Qué podía decirle? Claramente no había palabras de consuelo por ahora.

—Pikachu, creo deberíamos irnos— le dijo, y el Pikachu negó con la cabeza. Dawn pensó que, si ella se iba igual Pikachu se quedaría allí pues había perdido al único ser que le importaba, y su ella se iba igual, habrían sido dos perdidas en un solo día y eso empeoraría la situación para el roedor.

¿Qué acababa de ocurrir? Conoció al chico que esperaba conocer, y terminó espantada de lo cruel que pudiera ser una persona solo por sus egoístas intenciones. ¿Cómo se le pudo dar un Pokémon a alguien que lo maltrató de esa manera y lo dejo herido en el suelo? En verdad, su madre no exageraba cuando le dijo que conocería a toda clase de entrenadores.

Piplup se acercó a Pikachu y comenzó a hablar con él animosamente, quizá le estaba diciendo que todo iba a estar bien y a mejorar, se veía muy interesado en el roedor aunque en algún momento pudo haber sentido celos. Fue agradable para Dawn ver qué su amigo emplumado tenía muy buen corazón para tratar de ayudar a otro Pokémon.

Pikachu le respondió a Piplup y cada palabra que decía era acompañada de un gimoteo. Era obvio que estaba desanimado y no compartía el mismo humor que el pingüino, era de esperar, pero lo que Dawn no esperaba era que Piplup terminaría compartiendo el mismo humor que Pikachu. Mientras más le hablaba Pikachu a Piplup, este último parecía ir desanimandose poco a poco. Sus aletas decayeron y su cabeza se fue agachando, pronto, el también se tiró al suelo y lloró amargamente seguido del roedor.

A Dawn le preocupó este cambio de humor en Piplup, tanto así que se apresuró a acercarse y se agachó junto a él— ¡Piplup! ¿Qué ocurre? —

Piplup volteó a ver a su entrenadora apenas oyó su voz, y de inmediato se levantó y corrió a abrazar sus piernas y seguir llorando. Dawn acarició su cabeza, parecía un niño que había tenido una pesadilla e imploraba por su madre.

—tranquilo. No me iré a ningún lado— quizá su Pokémon imaginó que ella lo abandonaría igual, y eso fue lo que lo entristeció— estoy aquí para ti—

Aquellas palabras parecieron entristecer más a Pikachu, quien pareció llorar más fuerte. Quizá le hubiese gustado que Ash le dijera lo mismo.

—tranquilo Pikachu. También estoy aquí para ti— no debió haber dicho eso, pues Piplup incrementó su llanto— no Piplup, espera. ¿Ahora que hago?—

La coordinadora tomó a Piplup y pegó a ella, cargándolo con un brazo. Luego se acercó a Pikachu y posó su mano sobre su cabeza para acariciarlo suavemente. Esto pareció tranquilizar a ambos Pokémon, pero sobretodo, al que había resultado más afectado.

Dawn se preguntó desde cuándo había estado pasando eso. ¿Desde hace cuánto que Ash había tratado de esa forma a Pikachu? Pues se veía que el Pokémon añoraba algún gesto afectuoso como aquella caricia, y si lo añoraba quizá era porque no había recibido algo semejante en un tiempo.

—calma Pikachu. Yo estaré aquí para acompañarte — Pikachu le dijo algo en respuesta— sé que no soy tu entrenadora, pero todavía eres muy importante para mí. Por el tiempo que hemos estado juntos, te he llegado a tener afecto y Piplup también— Piplup habló en respuesta, dándole la razón a ella.

Pikachu ya no dijo nada, solo se quedó mirando sus piecitos. Dawn sintió como se iba encolerizando cada vez más. El ver a Pikachu tan triste, no había nada que la enfureciera más que ver a un Pokémon siendo maltratado y podía culpar a alguien por eso.

—Ash no debió haberte tratado así. ¿Que le da derecho? Tu eres su amigo y él tiene la obligación de cuidar de ti y no causarte mal. ¿Qué se cree? —

Pikachu solo dijo algo y negó con la cabeza, quizá le estaba pidiendo que no dijera nada contra su entrenador, a pesar de todo, el roedor seguiría defendiéndolo.

Dawn se levantó— tu eres tan bueno como él quiere que seas, Pikachu. Y se lo vas a demostrar— pareció captar la atención del Pokémon por un momento— vamos a demostrarle a Ash que está equivocado sobre ti. Y va a ver todo el valor que realmente tienes, y yo tengo una perfecta idea para hacerlo—

Pikachu dejó de llorar pero aún conservaba algunas lágrimas en sus ojos, le intrigó por un momento lo que la chica tenía que decir pero no era el único, a Piplup le causó la misma sensación.

—Vamos a ir al gimnasio Pokémon y retaremos al líder Roark. Vas a ganar y le llevaremos la medalla a Ash y así él verá que se equivocó contigo y volverá a aceptarte en su equipo—

Pikachu miró a la joven, se veía entusiasmada. Probablemente ella confiaba que su idea era buena y realmente pudiera ayudarlo a volver con su entrenador, pero él no parecía compartir el mismo entusiasmo que ella.

—buena idea ¿No?—

Pikachu negó con la cabeza. La fémina podía tener buenas intenciones por apoyarlo pero no importaba, su cabeza ya no pensaba en nada mucho menos en batallar. Realmente, no tenía sentido, era un Pokémon que fue entrenado para las batallas, pero ahora aquel que lo entrenó lo había dejado.

—esta vez no aceptaré un no como respuesta— dijo Dawn a la vez que tomaba a Pikachu en brazos— iremos. Ya verás que te animará—

Dawn también cargo a Piplup y se dirigió al interior del gimnasio nuevamente. Al ingresar, Ian ya no estaba para recibirla. Un reloj colgado en la pared anunciaba que se aproximaba la hora del cierre del gimnasio, eso quería decir que el chico de cabellera verde debía estar en el campo de batalla arbitrando la última batalla o preparando todo para acabar el día.

La chica se dirigió hacia el campo de batalla, y se sintió afortunada que no hubiese alguna batalla en curso, solo estaban el líder de gimnasio y su asistente, conversando antes de cerrar el gimnasio al público.

—¡Oigan! ¡Hola! —

Los dos hombres voltearon a verla, y fue Ian quien la reconoció.

—oye. Eres esa chica que estaba buscando a Ash Ketchum— le dijo cuando ella se posicionó frente a ellos con sus dos Pokémon en brazos como peluches. Un Piplup de mirada neutral y un Pikachu entristecido— dime. ¿Pudiste hablar con él? —

—bueno, algo parecido. Pero no salió como lo esperaba— y cuando ella dijo eso, Pikachu pareció entristecerse más y sus orejas decayeron más todavía.

Dawn les contó a ambos lo que pasó, al menos de forma parcial y excluyendo detalles, pues, entre más decía, peor era para Pikachu. Tanto el líder de gimnasio como sus asistentes estaban sorprendidos y hasta pareciera que les costaba creer todo lo que el chico hizo, después de todo, era un entrenador, y ellos debían cuidar y proteger de sus Pokémon.

—y eso fue lo que pasó hace poquito— concluyó la chica.

Roark, el líder de gimnasio pasó su mano debajo de su casco rojo y rascó su cabeza —es increíble. Me cuesta creer que él haya hecho algo así. Quizá por eso sentí, en la batalla, que sus dos Pokémon eran muy agresivos al combatir. Estaban asegurándose de ganar para él—

—pobre Pikachu — continuó Ian— haber recorrido todo este camino para haber escuchado esas palabras venir de él. Por eso se ve tan triste—

Dawn asintió— por eso vine con ustedes. Necesito hacer algo para ayudar a Pikachu—

—lo entiendo. Pero no sé en que pudiéramos ayudarte. No podemos intervenir en este tipo de cosas— contestó Roark, anticipándose a cualquier petición de la chica. Era muy común que muchas personas acudieran a él por ser una especie de hombre con autoridad, y entre las peticiones había algunas personales, sobretodo en chico de la misma edad que Dawn.

—si puede. Quiero pedirle una batalla Pokémon para Pikachu—

—¿Una batalla? No te molestes pero, no creo que sea buena idea. Pikachu no se ve con ánimos para hacerlo—

—Ash dijo que necesitaba Pokémon fuertes para ganar la liga. Si Pikachu le demuestra que pudo vencer en un gimnasio y le llevamos la medalla, él se dará cuenta de su error—

Quizá la idea no era tan descabellada, pero Roark no parecía tan convencido aún, pues, siendo honesto consigo mismo, el roedor amarillo no parecía estar listo para una batalla con alguno de sus Pokémon, se veía tan desanimado que incluso pudiera perder únicamente porque no se movería de su sitio. También, aquel Piplup que ella también cargaba en brazos, no se veía entrenado como para tener una batalla y soportar más allá del primer golpe, de hecho se veía como un Pokémon holgazán pues en lugar de caminar su entrenadora lo cargaba. No se lo diría a ella, pero simplemente una batalla sería una perdida de tiempo.

—bueno… estábamos por cerrar aquí. Y los Pokémon están muy cansados—

—espera Roark— interrumpió Ian— yo puedo encargarme de cerrar el gimnasio un poco más tarde. Y aún tienes a ese Cranidos que recién llegó y aquel Rampardos—

Ian había sentido compasión por el Pikachu. Había visto a muchos entrenadores entrar allí pero nunca había oído una historia como la que ocurrió frente al gimnasio hace poco. Quizá Roark tenía razón al decir que una batalla no era la mejor opción ahora, pero no sé perdía nada intentándolo.

—pueden tener una batalla. Y entre más rápido comiencen, más rápido pueden terminar—

A Roark seguía sin convencerle la idea de la chica, y realmente ya quería irse a descansar pues había sido un día agotador con tantas batallas que tuvo que realizar, y sumándole a eso su trabajo como ingeniero en jefe de los trabajos en la mina que realiza siempre por las mañanas. Pero confiaba en el juicio de su asistente y amigo, si él creía realmente que podía ayudar a Pikachu, debía intentarlo.

—De acuerdo. Lo haremos—

Dawn sonrió. Su nuevo plan iba a resultar así como muchos, solo debía ganar con Pikachu, e ignorar el simple hecho que no tenía idea de cómo eran las batallas de gimnasio, un problema menor pues estaba confiada en la experiencia en combate del roedor.

Ambos entrenadores se dirigieron a cada extremo del campo. Roark sabía a lo que Ian se refería cuando mencionó a sus dos Pokémon. Tenían un Cranidos que recién habían traído nuevamente a la vida usando un fósil domo, no lo habían usado oficialmente en un combate de gimnasio, y solo conocía un par de movimientos. Y el segundo Pokémon, un Rampardos que pertenecía a su padre, el antiguo líder del gimnasio de ciudad Pirita, y que pasó a ser suyo. Es el más antiguo del gimnasio y que con el tiempo su cabeza se ha vuelto más dura y resistente, pero a la vez más lento. Ambos Pokémon podrían significar una victoria segura, si el rival sabe cómo enfrentarlos.

Dawn colocó a Pikachu en el campo de batalla, este se quedó sentado con las orejas caídas. Después, ella corrió hacia su posición.

—¡sé que puedes hacerlo Pikachu!— gritó para animarlo al igual que Piplup, pero Pikachu apenas y los escuchó.

Roark sacó a Cranidos, e Ian se colocó en medio del campo, en su posición de referí y anunció la batalla— ¡Comiencen!—

—Cranidos ¡Usa cabezazo!— Roark fue el primero en atacar. Cranidos comenzó a correr y el domo en su cabeza comenzó a brillar ya que allí era donde se centraba toda la fuerza del Pokémon prehistórico.

—¡esquívalo Pikachu!— fue lo primero que se le ocurrió a Dawn, pues en el momento que quería dar una orden, recordó, o más bien se dio cuenta que desconocía los movimientos que Pikachu sabía o podía saber. Su única esperanza era que Pikachu se librara del ataque y contraatacara por sí solo, pero Pikachu no se movió de su lugar.

Cranidos golpeó a Pikachu con su cabeza y lo arrastró un par de metros por el suelo. El gritó del roedor preocupó a la chica por obvias razones, y al preguntarle cómo se encontraba Pikachu no le respondió directamente sino que intentó levantarse nuevamente.

—Cranidos. ¡Cabezazo una vez más!—

Cranidos volvió a atacar a Pikachu con el mismo movimiento, y el resultado fue el mismo que la vez anterior. Cranidos golpeó una de las rocas que sobresalían, con su dura cabeza, y el golpe lo recibió Pikachu en su espalda y los fragmentos de roca le rasguñaron la piel.

—¡Pikachu! ¡Tienes que hacer algo! ¡No puedes permitir que te siga golpeando! —Dawn ahora estaba arrepintiéndose de su "gran" idea. No había imaginado que Pikachu se negaría a combatir aunque debió haber sido un poco obvio luego de la decepción que sufrió. Quizá era momento de detener la batalla, aceptar su error y llevarse a Pikachu para buscar otra forma de ayudarlo.

Nuevamente, Cranidos volvió a atacar a Pikachu con Cabezazo, pero esta vez Pikachu tuvo una reacción. El roedor quedó fastidiado con los ataques seguidos y en un combate en el que no quería estar. Unas chispas salieron de sus mejillas, y al tenerlo tan cerca, Pikachu solo se sujetó del cuerpo del Pokémon que le doblaba en tamaño y descargó un potente ataque eléctrico en él.

El impactrueno era tan intenso que los rayos eléctricos alcanzaron la altura del techo. Todos los presentes tuvieron que proteger sus ojos con sus antebrazos. El poder de Pikachu resultaba impresionante para Dawn quien solo había visto semejantes muestras con Pokémon más grandes, era increíble que el pequeño cuerpo del roedor tuviese tanta energía eléctrica dentro de si. Una nube de polvo fue creciendo debajo de los dos Pokémon y se hizo tan grande como para ocultarlos, cubriendo una buena parte del campo de batalla.

Era justo como el día que Dawn lo encontró. Pikachu usando impactrueno para protegerse de un agresor justo como lo usó para deshacerse de Piplup y Ariados cuando intentó capturarlo. Dawn sabía que el ataque era tan fuerte para derribar a un Pokémon con uno solo. Solamente debía esperar a que la pequeña nube de polvo se disipara.

Cranidos salió de la nube de polvo, tambaleándose y sin abrir los ojos, no le importaba saber dónde estaba o a donde se dirigía, se notaba que estaba muy aturdido como para concentrarse.

—Cranidos ¿Estás bien?— preguntó Roark a su Pokémon mientras esté se recargaba sobre una roca para tratar de recuperar el aliento y su estabilidad.

"¡Pika!"

De lo que quedaba de la nube de polvo se escuchó el grito de Pikachu, y este salto y corrió en dirección a Cranidos, su objetivo. Mientras más se acercaba, su cola fue adoptando un color grisáceo casi como el metal, Dawn vio esto y lo reconoció casi de inmediato, era cola de hierro y sin duda era efectivo contra Cranidos.

Cuando Pikachu alcanzó a su contrincante de tipo roca, saltó y usó su cola para golpear el cuerpo de Cranidos, quien no opuso resistencia ni lo esquivó. La fuerza que Pikachu empleó sobre Cranidos fue tal que hizo romper la roca detrás del Pokémon prehistórico y Cranidos cayó.

El roedor amarillo regresó a su sitio, con mirada seria, como si hubiese estado furioso con Cranidos al momento de haberlo atacado, y por su parte, Cranidos cayó rendido, completamente debilitado.

—¡Cranidos ya no puede continuar! ¡El ganador es Pikachu!— declaró Ian, la primera ronda había sido un triunfo para el equipo de la novata.

Dawn sintió la emoción recorrer su cuerpo, aunque el triunfo fue de Pikachu y ella no atinó a darle una orden, no pudo evitar dar un salto alegre pues finalmente había obtenido una victoria en batalla. Piplup igual compartió aquella alegría, pero al voltear a ver a Pikachu, a quien realmente esperaba verlo emocionado, este estaba todavía mirando a Cranidos con ira, sin bajar la guardia y con algunas chispas eléctricas saliendo de sus mejillas.

Roark metió a su Pokémon en la pokeball— parece que tenías razón, Dawn. La batalla animó a Pikachu— y sacó su segunda pokeball de su cinturón— entonces seguiremos ¡Sal Rampardos!—

Su segundo Pokémon salió, un Rampardos como el que vio en la batalla con Ash, pero este se veía ligeramente más grande y su piel era más opaca, su postura era un poco más encorvada gracias a todo el peso que debía soportar. Seguramente era un Pokémon viejo, seguramente, de los primeros que trajeron de vuelta a la vida.

—¡comiencen!— anunció Ian.

Dawn iba a dar una orden. Había presenciado la batalla de Ash entre Electabuzz y Rampardos, sabía que los ataques eléctricos servirían muy bien contra el enorme Pokémon. Así que debía actuar de igual forma. Iba a ordenarle a Pikachu usar impactrueno, pero este se adelantó y corrió hacia su objetivo.

—¡Pikachu espera!—

Pikachu salto y volvió a usar cola de hierro. Impactó en el blanco, justo en el domo de la cabeza de Rampardos, pero el Pokémon prehistórico no retrocedió, al contrario, se mantenía firme. Cuando Pikachu terminó con su ataque y volvió a su lugar, contempló al Pokémon cuatro veces más grande que él, de pie y sin daño alguno.

—¿Sorprendidos? La cabeza de Rampardos es tan dura, incluso más que la de Cranidos, y es capaz de usarla tanto para atacar como para protegerse— dijo Roark con confianza—¡Rampardos usa cabezazo!—

Rampardos corrió hacia Pikachu y se inclinó de tal forma que su cabeza se dirigiera a su objetivo. En efecto, por ser más viejo era más lento, dándole la oportunidad a Pikachu de saltar para esquivarlo.

—Pikachu, escucha— gritó Dawn esperando una respuesta positiva por parte de Pikachu— de nada servirán los ataques directos—

A Pikachu no le importó lo que Dawn le decía, así que hizo todo lo contrario y volvió a atacar de la misma forma que antes.

—¡Ese no es un buen plan!— le gritó Dawn al sentirse ignorada por el roedor.

Pikachu volvió a golpear la cabeza de Rampardos, y este volvió a bloquearlo. Cuando volvió al suelo, volvió a intentar el mismo movimiento a pesar de la negativa de Dawn y sus peticiones por detenerse. Una parte de él creía que cola de hierro funcionaría, después de todo, funcionó contra Cranidos, pero otra parte de él lo hacía solo por contradecir las indicaciones de la chica, ella no podía saber cómo ganar una batalla, ella no le indicó cómo ganar la anterior, y después de todo, ella no era su entrenadora.

—¡Usa cola de hierro Rampardos!—

Cuando volvió a usar cola de hierro, Rampardos nuevamente lo bloqueo, pero esta vez, siguiendo las indicaciones del líder de gimnasio, uso cola de hierro igual. La cola del Pokémon prehistórico era más larga y gruesa que la de Pikachu, cuando esté la usó contra su contrincante como un azote, impactó en el vientre del roedor y lo lanzó varios metros atrás, hacia los pies de la chica.

—¿Estas bien Pikachu?— le preguntó Dawn mientras se agachaba para revisar su estado.

Cuando Pikachu sintió las manos de la joven alrededor de su rostro, se levantó casi inmediatamente. Volvió a hacer lo mismo, atacar directamente a Rampardos.

—¡Pikachu espera! ¡Así no!— no importaba cuanto le pidiera Dawn a Pikachu que se detuviese, el Pokémon tipo eléctrico sólo pensaba en derrotar a Rampardos costara lo que costara, pero realmente, no sabía cómo, no tenía dirección alguna.

La escena se repitió, el ataque de Pikachu erró y Cranidos contraatacó con cola de hierro. Al caer, Pikachu volvió a levantarse, y esta vez iba a usar tacleada.

—¡Pikachu detente!—

Había un movimiento que podría poner fin a la batalla, solo debía concentrarse y usar toda su electricidad. De poder hacerlo bien, Rampardos no lo bloquearía y Pikachu vencería. Pero la electricidad nunca salió de su cuerpo.

—¡Usa pisotón!—

Rampardos levantó una pata, y la dejó caer encima de Pikachu justo cuando esté estuvo a centímetros de él. Lo aplastó contra el suelo y el pequeño Pokémon solo se retorcía mientras gritaba del dolor causada por la presión sobre su cuerpo. Cuando Rampardos terminó, pateó a Pikachu lejos.

—Pikachu, por favor detente— volvió a implorar Dawn.

La chica solo vio como Pikachu se volvía a levantar, y se veía dispuesto a volver a atacar. No se podía razonar con él, no la obedecía, no lo iba a hacer. A Dawn le disgustó la actitud del roedor hacia ella, el plan de suyo pero no implicaba que Pikachu atacase arbitrariamente. Si no lo detenía, algo terrible podría ocurrirle.

Pikachu volvió a correr hacia Rampardos, el cual ya lo esperaba, pero antes que lograra acercarse Dawn gritó.

—¡Ya basta Pikachu! ¡Detente!—

Pikachu se detuvo, y quedó sorprendido. Aquel grito no era la usual voz pacífica y dulce de la chica, era un grito con ira, uno que ya había escuchado antes, con su verdadero entrenador. Se estaba repitiendo la situación.

—¡Debes dejar de hacer eso! ¡No puedes simplemente ignorar mis órdenes e ignorarme a mi!—

Pikachu le respondió. Su voz no era tan rezongona como se hubiese esperado, al contrario, se oía como si tratase de justificarse ante la chica. Se notó un gran cambio en él, ahora parecía preocupado y fue gracias al arrebato de Dawn.

—¡Esta fue mi idea! ¡Y lo hice para ayudarte! He estado ayudándote desde que nos conocimos y siempre hago caso a lo que me pides para cuidarte y nada te pase. ¡Y aún así a ti no te importe nada de eso!—

Había un motivo detrás del reclamo de la chica. No sólo por la desobediencia del Pokémon, sino porque él no le había tomado suficiente importancia y esta era la prueba.

Ella sintió lastima por saber que estaba perdido y fue amigable con él, lo ayudó, lo cuidó y trató de acercarse. Todo para que él confiara en ella y supiera que todo lo hacía por bien suyo. Pero tal parece que Pikachu no confiaba en la chica después de todo, no escuchaba nada de lo que le decía y eso le molestó a Dawn.

—He tratado de indicarte que hacer. He tratado de decirte que los ataques directos no funcionarán pero sigues haciendo todo lo que no debes. Si no me obedeces vas a resultar herido. Ya te pasó dos veces contra Electabuzz y ahora esto—

El tono de voz de Dawn estaba causando una sensación de debilidad mezclada con temor en Pikachu. Ya había escuchado algo semejante, luego de la derrota en la liga Hoenn, cuando su entrenador, furioso le recriminó la derrota en una batalla crucial. Porque no había acatado las órdenes, porque no había luchado como se esperaba. Pikachu parecía recordar el punto de quiebre entre él y su entrenador, y parecía que se volvía a repetir con la chica.

—Así no es como vamos a hacer esto. Así no se hacen las cosas. ¡Si sigues desobedeciendo mis órdenes jamás vas a ganar y nunca lograrás nada!—

Todos guardaron silencio en el lugar. Pero las últimas palabras de Dawn lograron que Pikachu sintiese que su corazón fuese más lento al punto de dolerle. Nuevamente, sus sentimientos habían sido afectados y fue lo que dijo la chica, junto al recuerdo de su entrenador, ambos estaban desilusionados con él, ambos estaban furiosos con él. Dawn querían ganar y él solo lo estaba arruinando como lo arruinó en Hoenn.

A Pikachu le temblaron un poco las pequeñas patas y después dio media vuelta. Para sorpresa de todo, y sobretodo para Dawn, él comenzó a correr con dirección a la salida para salir del gimnasio.

—¡Pikachu espera!—

Dawn vio como el roedor corría, y parecía que algunas lágrimas volvieron a sus ojos. La chica pensó que debió haber sido por lo que dijo, o más bien, por la forma que reaccionó y le gritó. Después de todo, fue lo mismo que hizo Ash cuando le dijo que lo había abandonado.

Inmediatamente la chica se sintió culpable por lo que hizo. Llevaba conociendo a Pikachu unos días y en ese tiempo nunca quiso hacerle sentir incómodo con su compañía y mucho menos hacerlo sentir de manera deplorable. Sin importarle la batalla, ella igual corrió en dirección a la salida para seguir al roedor, dejando a Roark y a Rampardos.