Un nuevo día, y una nueva aventura le espera a Dawn en su paso por la ruta 204 para llegar a su próximo destino, ciudad Vetusta.
Luego de su enfrentamiento con Roark, y haber "obtenido" su registro en la liga Pokémon, el gimnasio de tipo planta de ciudad Vetusta era el siguiente a desafiar para obtener la segunda medalla de gimnasio. Además, que a medio trayecto pasaría por pueblo Aromaflor, lugar donde se llevará a cabo el próximo concurso Pokémon.
— ¡chicos! ¡El almuerzo está servido! —
La joven coordinadora se había detenido en algún punto para descansar y almorzar. Mientras dejaba a todos sus Pokémon fuera de sus pokeball, para que pudieran estirarse y jugar, ella servía los alimentos. Tres platillos, y Ariados y Piplup ya habían llegado para comer.
—¡Pikachu! ¡Tú plato ya está listo! —
A unos metros de ella, estaba Pikachu sentado y observando la medalla lignito, fijamente, como si solo existieran él y la medalla en todo el mundo. Él había hecho eso desde que la ganaron en ciudad Pirita, incluso la mantenía siempre limpia. En cualquier momento podían volver a encontrarse con Ash, y Pikachu quería asegurarse de siempre tener la medalla y que esté lista para mostrársela cuando eso ocurra.
Dawn se acercó al Pokémon tipo eléctrico, y se puso de cuclillas frente a él.
—oye. ¿No me oíste? Ya está el almuerzo—
Pikachu ni siquiera le prestó atención. Entonces, ella tomó la medalla, quitándosela de las manos y haciendo que el Pokémon, finalmente, la volteara a ver.
—ya has mirado mucho tiempo la medalla. Tus ojos se van a quedar pegados a ella—
Pikachu refutó y pidió, nuevamente, su preciada medalla.
—a comer. No te lo volveré a repetir— Dawn pareció recordar su niñez, cuando su mamá hacía lo mismo con ella para sentarse en la mesa sin ninguno de sus peluches.
Han pasado unos días desde que estuvieron en ciudad Pirita. Desde ese día que tanto coordinadora como Pokémon llegaron a un acuerdo para viajar juntos. Y desde entonces, Dawn había estado entendido como hablarle a Pikachu para que le hiciera caso a sus palabras. Cada Pokémon era diferente, y a como hablaba con Piplup era diferente a como lo hacía con Ariados. Pero ambos eran sus Pokémon, para que Pikachu le obedeciera debía igual actuar diferente pues este estaba acostumbrado a un trato diferente. A veces se sentía como una madre con todos sus Pokémon.
Pikachu trató de recuperar la medalla, pero fue cuando su estómago le comenzó a rugir. Y fue allí cuando Dawn pensó que iba a ganar aquella batalla entre ambos— Te daré la medalla cuando acabes. Ahora, ve y acábate tus vegetales— con esa última broma, de la cual ningún tipo de público se reiría, Pikachu dio media vuelta y se fue a buscar su plato de comida.
La mejor parte, para la chica, de su viaje, era cuando podía detenerse a sentar y descansar. Caminar varios kilómetros, en definitiva, no eran parte de su plan, pero no podía hacer mucho sin su bicicleta, de haberla tenido, hubiese cruzado la ruta ciclista y haber llegado a ciudad Vetusta mucho más rápido. Realmente, le era un fastidio haber vuelto a ciudad Jubileo para así tomar la ruta 204.
Al menos, podía pasar a pueblo Aromaflor para registrarse para el siguiente concurso… que se llevará a cabo en una semana más. Eso quería decir que tenía tiempo para practicar su siguiente estrategia para el concurso, e incluso para ir al tan famoso bosque Vetusto, lugar donde se podía encontrar una especie de Pokémon que Dawn quería encontrar y atrapar, seguramente, aquel Pokémon sería muy bueno para sus concursos. Y ya que iba a pasar por ciudad Vetusta, podría complacer a Pikachu y retar al gimnasio de tipo planta.
—creo que ya no me gusta esa idea— pensó en voz alta y de forma repentina, captando la atención de sus Pokémon, pero como ella siguió comiendo, ellos igual lo hicieron sin preguntarse a lo que ella se refería.
La sola idea de ir a ciudad Vetusta, luego volver a pueblo Aromaflor, y luego volver a ciudad Vetusta para tomar el camino hacia otra ciudad, ya estaba haciendo pensar a Dawn sobre todo el trayecto que tomaría y lo adoloridos que terminarían sus pies. Hacer todo el viaje a pie sería muy cansado, sin duda, necesitaba un medio de transporte.
Se escuchó el sonido de algo acercándose a ellos. Un Pokémon, de seguro, pues se escuchaban cuatro pisadas iguales y un sonido hueco. Venía de los arbustos, eso quería decir que era un Pokémon salvaje, y Dawn ya había tenido suficiente con el encuentro con Electabuzz y Magmar. Debía estar preparada.
El Pokémon desconocido se hizo notar, y era un cuadrúpedo. Un equino pequeño, seguramente una cría. De piel pálida y amarillenta, y la crin de su cabeza y cuello eran llamas ardientes y vivaces. El equino solo se detuvo y comenzó a comer de la lleva alrededor.
—un momento. Yo conozco a ese Pokémon— dijo Dawn, a la vez que sacaba su Pokédex rosa y buscaba la información del Pokémon en cuestión— es un Ponyta—
Ponyta, el Pokémon caballo de fuego. No era exclusivo de la región de Kanto, en Sinnoh podía encontrarse Ponytas salvajes en determinados lugares. Pero incluso, según la Pokédex, este no era uno de esos lugares.
—¿Estará perdido? — se preguntó la chica.
La ruta 204 estaba desprovista de este Pokémon. Dejando dos opciones, o tenía entrenador y solo lo soltó para comer libremente, explicando el porqué no huía al ver a una persona. O era un Pokémon salvaje, que se separó de su manada y llegó hasta allí, quedando solo por completo.
—¿Hola? ¿Este Ponyta es de alguien? ¿De quién es este Ponyta? — gritaba la chica. Si acaso el Ponyta tenía entrenador, quería saberlo. Ya había pasado un bochornoso momento con Pikachu en una situación similar.
—Parece que no es de nadie— dijo luego de voltear a ver a todos los lados, y no encontrar a ningún otra persona.
Ella se quedó mirando fijamente al Pokémon tipo fuego. Quizá era salvaje, y de ser así, era uno muy bonito. Al ser el único de su especie aquí, lo alejaba de batallas contra otros miembros de su especie. Su piel no tenía manchas ni golpes, y su crin hecha de fuego, se ondulaba de forma controlada, como si fuese un Pokémon pacífico.
—¿Saben algo? — llamó la atención de sus Pokémon— debería capturarlo. Es un Pokémon muy tierno, se vería muy bien en una presentación. Y es de tipo fuego, podría ser de ayuda en el siguiente gimnasio—
Dawn pensó en sus posibilidades. El Ponyta sería un buen agregado. Dando saltos y haciendo piruetas con sus llamas en un concurso, además, que hubo algo que le hizo considerar indispensable el tenerlo en su equipo. Podría montarlo, y así, evitaría volver a caminar durante todo su viaje.
—¡Decidido! ¡Lo voy a capturar! — dijo comenzando a entusiasmarse. Había algo en la idea de capturar nuevos Pokémon que la emocionaba, quizá era la adrenalina o quizá era la idea de un nuevo amigo, pero esto provocaba que se llenase de buen humor— vamos Piplup—
Dawn se levantó. Corrió para acercarse a Ponyta, seguida de su Piplup, quien emocionado trataba de seguir el paso de su entrenadora; y después, por Ariados, quien quería permanecer junto a ellos. Cuando estuvieron frente a Ponyta, Piplup fue quien se colocó al frente para batallar, pero Ponyta no podía estar más interesado en la yerba que estaba comiendo.
—¡Ponyta! ¡Te retamos a una batalla! —
"¡Piplup!"
A pesar de eso, Ponyta no les prestó atención. Pareciera que, los Pokémon no iban a escuchar sus palabras por más que gritara.
—¿Disculpa? Te estamos hablando— volvió a decir Dawn, un poco más enojada, aunque no quería perder la paciencia por completo.
Esta vez, Ponyta levantó la cabeza, la miró fijamente por unos segundos, y después volvió a comer, y esto, enfureció a la coordinadora, quien detestaba que no tomarán en cuenta lo que decía.
—¡Deja de ignorarme! ¡Me caes mal! — gritaba exaltada. Agitando los brazos para llamar su atención y esto lo hacía igual su pequeño Piplup. Al no tener respuesta, decidió ser la primera en atacar— ¡Bien Piplup! ¡Usa burbujas! —
Piplup obedeció y lanzó varias burbujas, de buen tamaño, de su pico. Todas las burbujas se acercaron al objetivo, Ponyta, y estallaron frente a él, fastidiándolo y lastimándolo levemente. Finalmente habían obtenido su atención.
Ponyta abrió su hocico, y lanzó varias bolas de fuego que, ciertamente, eran pequeñas, pero cuando tocaban el suelo, la flama incandescente aumentaba su tamaño hasta alcanzar lo más parecido a un balón.
Ante cada bola de fuego, Piplup comenzó a correr por todo el campo, esperando huir del ataque.
—¡No te preocupes Piplup! ¡El tipo agua siempre vence al tipo fuego—
Cuando Ponyta detuvo el ataque, ahora sí estaba inmerso en la batalla. Preparándose para resistir el siguiente ataque y el como contraatacaría. Había sido un bello día para el Pokémon salvaje. Nuevamente se había despertado, solo. Fue a comer, solo. Y así habían sido todos sus días, sin perturbaciones, hasta que encontró a esta humana y ella comenzó a molestarlo.
—¡Piplup usa chorro de agua! —
Piplup ejecutó dicha orden, y de su pico salieron litros y litros de agua, dirigiéndose hacia Ponyta e impactando sobre él. El equino retrocedió un poco, y al acabar, su crin se vio un poco más reducida que antes, el líquido lo había empequeñecido. El Pokémon intentó que las llamas volvieran a crecer, pero no fue así. Furioso, relinchó, y elevó sus patas delanteras.
Ponyta usó tacleada, así que corrió hacia su rival para embestirlo y dañarlo. Mientras corría, en la hierba se marcaban las huellas de sus patas, pareciera que su furia, por haber sido empapado, hizo que todo el calor de su cuerpo tuviese que salir hasta por sus patas.
Al ver que Ponyta se acercaba, nuevamente, Piplup comenzó a correr por todos lados para evitar ser golpeado. Quizá podía tener ventaja de tipo, pero no evitaba que recibiese un golpe directo y ese le doliera. Desgraciadamente, aquel pequeño Pokémon no tenía la condición para seguir en aquella huida, y en el momento que estuvo deteniéndose, el cuadrúpedo lo alcanzó y lo embistió, lanzándolo lejos.
—¿Estás bien Piplup? — preguntó la chica a su Pokémon caído. El ave se levantó y le informó a su entrenadora que estaba bien, pero era solo para mantenerse en la batalla. No era tan resistente como le gustaba creer, el golpe fue contundente y fue el primero que recibió, no quería reconocer que le había afectado, era demasiado orgulloso para eso.
Ambos Pokémon eran pequeños y con muy poca experiencia en batalla. Aunque habían actuado poco, su resistencia estaba alcanzando un límite. Pero todavía podían seguir luchando, y Dawn lo sabía, confiaba lo suficiente en Piplup como para hacer un nuevo movimiento.
—¡Usa chorro de agua otra vez! —
Piplup iba a atacar nuevamente, pero esta vez, levantó su cabeza y el ataque comenzó a dirigirse hacia arriba en lugar de ir hacia Ponyta. No era la orden que Dawn le dio, pero, realmente, él estaba intentando un nuevo ataque, uno que le daría el triunfo e impresionaron a su entrenadora, pero no iba a funcionar ahora.
Sin haber sido atacado, entonces Ponyta preparó su siguiente movimiento. Dio unas cuantas patadas al suelo y después comenzó a correr hacia Piplup. No era tacleada, nuevamente, cuando alcanzó suficiente velocidad comenzó a ser envuelto por una enorme llama de fuego e iba directo hacia Piplup.
Cuando Dawn vio a Ponyta, acercándose a Piplup convertido en una enorme bola de fuego, decidió concluir con el ataque que su Pokémon intentaba realizar— ¡Piplup! ¡Termina con eso y esquívalo! —
Cuando Piplup escuchó a su entrenadora, pero era muy tarde para tratar de huir y además estaba comenzando a cansarse. Solo le quedaba una cosa por hacer y era tratar de redirigir el ataque, volteando su mirada hacia el frente. Fue difícil, el ataque que quería no se concretó, pero no quería decir que la enorme cantidad de agua que lanzaba era inmensa y con bastante presión. Pero al final, antes que Ponyta lo alcanzara, logró hacerlo y el chorro de agua impactó directamente en el cuadrúpedo.
A pesar de estar recibiendo un ataque tipo agua, el fuego de Ponyta no disminuyó, y esto hizo que el equino se atreviera a seguir corriendo hacia su rival en el combate, a pesar de tener que ir contra la corriente de agua.
—¡Piplup tienes que salir de allí! —
A pesar de haberla escuchado, Piplup ya no podía huir, sabía que no lo lograría a tiempo, solo le quedaba mantener el ataque y esforzarse para que aumentara su potencia. Debía aprovechar aquella oportunidad para satisfacer a su entrenadora.
Ponyta impactó contra Piplup, y lo golpeó con tal fuerza que lo lanzó hacia atrás y llegando hacia la chica. El Pokémon azul ya no podía continuar batallando.
—¡Piplup! ¿Estás bien querido? — dijo Dawn mientras recogía a Piplup entre brazos.
Piplup le respondió, señal que estaba bien. Dawn se alivió por eso, pero, cuando escuchó unas exhalaciones agotadas, provenientes de Ponyta, su atención cambió hacia él. El Pokémon tipo fuego, estaba tirado sobre sus cuatro patas, tratando de recuperar el aliento y tratando de esforzarse para ponerse de pie, sin lograrlo.
Era la oportunidad de Dawn, el esfuerzo de su Pokémon había sido efectivo. Sacó una pokeball y la lanzó.
El objeto cayó sobre la cabeza de Ponyta y lo capturó. Al caer al suelo, dio tres movimientos, y después quedó sellada. La captura había sido exitosa.
Dawn se acercó y tomó la pokeball— ¡Lo tengo! ¡Lo hicimos! ¡Capturé a un Ponyta! —
La chica desbordaba alegría, y a ella se le sumaron su Piplup y su Ariados. Era emocionante, después de todo, era la primer captura de Dawn, derivada de una batalla. Pero, Pikachu no se les unió a la jubilosa celebración, solo miraba a la coordinadora saltar de emoción mientras seguía comiendo sus pokochos.
Dawn curó a Piplup y le dio una baya Aranja para su Pokémon que recién combatió, y sacó una para Ponyta. Luego del incidente con Pikachu, cuando recibió una baya Meloc para su recuperación, decidió aprender un poco más sobre las bayas y sus efectos. El conocimiento podría ser beneficioso para su travesía. También sacó más comida Pokémon, y otro plato para darle de comer a su nuevo Pokémon.
Ahora, con todo preparado, iba a darle una gran bienvenida a Ponyta.
—¡Sal Ponyta! —
El equino salió de la pokeball, un poco confundido pues la experiencia fue nueva. Nunca imaginó encogerse a tal tamaño de caber en esa esfera y después salir y recuperar su tamaño normal. Frente a él, estaba aquella chica, junto al ave azul con quién recién batalló, y aquel arácnido que observó el combate y había esperado participar.
La chica de cabellera azul se acercó. Ponyta no huyó, no tenía por qué temerle, por alguna razón, sentía un pequeño alivio al tenerla cerca. Ella extendió su brazo y allí había una baya, una completamente redonda y azul. Ponyta sabía que esa baya lo hacía sentir mejor, le sanaba algunas heridas y recuperaba su salud, así que no había problema en comerla.
Ponyta comió la baya, directamente de la mano de la chica. Ella le sonrió pero esto no era de importancia para el Pokémon tipo fuego.
—que bueno que ya estás mejor— comenzó a hablar la joven— yo soy Dawn. Y soy tu nueva entrenadora— ella volvió a sonreír y luego volteó a mirar a sus Pokémon— él es Piplup— señaló al ave— y ella, es Ariados— señaló al arácnido— ambos son tus nuevos compañeros Pokémon—
Ponyta no dijo nada, incluso cuando las otras dos criaturas a los pies de la chica lo saludaron efusivamente. Él solo quedó mirándolos. Luego, la chica volteó hacía atrás y señaló a la otra criatura, un roedor amarillo con orejas alargadas, quien saboreaba una especie de croqueta.
—y ese que come por allá, es Pikachu. Él también nos acompaña por ahora— dijo ella, nuevamente— todos, ahora, viajaremos juntos por la región—
Parecía una bienvenida a su equipo. Prácticamente le estaban diciendo que ellos se unirían a su día a día.
Ponyta solo los miró, y después se dio media vuelta y se alejó unos pasos de ellos. Volvió a comer yerba del suelo. Y, ante esto, tanto Dawn como sus Pokémon quedaron impactados por la respuesta que llegaron a obtener.
Dawn había esperado que Ponyta se mostrase emocionado por la bienvenida que le dio. Pero quizá, todavía no comprendía que ahora estaban juntos. Ella y sus Pokémon volvieron a colocarse frente a él, para volver a hablarle.
—bueno. Quizá es muy pronto, y todavía estás confundido. Pero no hay motivo para fingir que no nos escuchaste—
Ponyta volvió a mirarla, y mientras ella esperaba que se acerca un poco más, Ponyta solo volvió a voltearse y a comer mientras la ignoraba.
—¿Disculpa? — Dawn, finalmente se enojó con él. Detestaba ser ignorada. Se había esforzado demasiado para capturar aquel Pokémon, pero él era tan mezquino como lo había sido Pikachu— ¡No puedes ignorarme así! ¡Por si no te has dado cuenta, ahora soy tu entrenadora! —
Piplup y Ariados también se enfadaron. Así que ambos se volvieron a colocar frente a Ponyta para reclamar por su comportamiento y exigir que les prestara atención.
Pikachu solo podía ver aquella discusión. Y le era indiferente. Ya había visto algo parecido antes, con un Charizard, con un Primape y con él. Desgraciadamente, todos tuvieron el mismo destino. Solo quería comer sus últimos pokochos, y quizá robaría dos o tres de los otros dos platos que seguían llenos. No quería involucrarse mucho en la vida de la chica y sus Pokémon. No iba a pasar mucho tiempo con ellos, no quería apegarse a ellos. No era parte de su equipo, solo estaba junto a ellos.
Pikachu escuchó un ruido detrás de él, más bien, un ruido que iba acercándose a él. Al voltear, aquello que se aproximaba hizo acto de presencia y le preocupó pues era una amenaza, tanto así, que no le quedó otra que gritar de la impresión.
"¡Pika!"
Dawn volteó a ver a Pikachu cuando lo escuchó gritar. Cuando volteó, se dio cuenta de un Rhyhorn que estaba comiendo de los tres platos, aún llenos de comida Pokémon, mientras Pikachu estaba tratando de alejar su plato lo más que podía.
Cuando todos se dieron cuenta, corrieron hacia Rhyhorn para detenerlo, pero él ya había acabado todo el contenido de un plato e iba por otro.
—¡Rhyhorn detente! ¡Eso no es tuyo! — gritó Dawn encolerizada. Rhyhorn la había estado siguiendo desde que salieron de ciudad Pirita y la había estado fastidiando por comida. Lo había perdido cuando se quedó dormido en la ruta 203, pero ahora creía que no podría deshacerse de él tan fácilmente —¡Esa es comida para Ponyta y todos los demás! ¡No puedes aparecer así y robarte nuestra comida! ¡Ni siquiera eres mi Pokémon! —
A Rhyhorn no le importó lo que ella le dijo. Gracias a sus grandes bocados, terminó el segundo plato rápido, y se dirigió al tercero.
Esta vez, Piplup se petrificó, pues ese era su plato, no había terminado de comer y, sin duda, la batalla lo había dejado hambriento. Enfurecido, hizo lo más lógico, usar chorro de agua contra él para detenerlo, sería efectivo, después de todo, el agua vence a la tierra y a la roca.
El chorro de agua impactó en Rhyhorn, pero solo lo detuvo de seguir comiendo. Al. Acabar el ataque, todos se fijaron en el Pokémon de piel dura como la roca, y este no mostraba signos de dolor, seguía tan apacible como siempre.
Dawn se sorprendió. El agua no le afectó a este Pokémon que era muy débil a un ataque de este tipo. Simplemente lo tomó como una, muy refrescante, molestia, y después volvió a comer del plato hasta acabar. Eso sin duda no debió haber ocurrido, era sumamente extraño que resistiera un ataque así, pero Dawn no pudo seguir pensando en ello porque fue interrumpida por sus dos Pokémon y Pikachu, quienes estaban implorándole intervenir y arreglar la situación. Piplup, incluso al borde de las lágrimas.
Rhyhorn terminó, y la chica estaba eufórica por el comportamiento del Pokémon a cuatro patas, pero a este no le importó. Así como Ponyta, Rhyhorn la ignoró, dio media vuelta, y comenzó a alejarse. No dio muchos pasos, cuando se tiró al suelo por completo, pareció un estruendo cuando su vientre chocó con el suelo.
—¿Rhyhorn? — la chica quedó quieta esperando una respuesta, pero se dio cuenta que Rhyhorn comenzó a emitir ruidos, como si de ronquidos se tratase— ¡Se quedó dormido! —
En efecto, Rhyhorn se echó a dormir apenas terminó de comer, y no sabía cómo despertarlo.
Piplup y Ariados volvieron a implorarle a Dawn que hiciese algo, ahora, Ariados también estaba llorando levemente pues tenía hambre. Pronto, Pikachu se les unió. Ya había terminado de comer, así que quería su medalla de vuelta.
Dawn tenía mucho de que preocuparse. Tenía a sus Pokémon hambrientos; tenía a un terco Pikachu exigiendo su medalla; un Rhyhorn salvaje que se quedó dormido; y por otro lado, a un Ponyta recién capturado que solo la ignoraba.
Se agarró la cabeza y revoloteó su cabello un poco—¿Qué pasa con estos Pokémon? — gritó desesperada.
