"Pi Piplup"

"Pi Pika Pi"

—ustedes dos parecen ir muy a gusto— dijo Dawn a su Piplup y a Pikachu, a quienes tenía al frente de ella mientras los tres montaban a la espalda de Rhyhorn.

La chica se aproximaba a ciudad Vetusta, donde se enfrentaría al gimnasio de tipo Planta, y esta vez, hizo el recorrido sin tener que caminarlo, tanto como lo había querido, pero no como lo había planeado.

—¡Cómo vas allá atrás Ponyta! —gritó a su nuevo Pokémon y volteó a ver a su espalda. Allí, a varios metros detrás, estaba Ponyta, caminó un par de pasos antes de notar que la chica lo observaba, entonces se detuvo y comenzó a comer. Dawn sonrió ante el hecho, y volvió a mirar al frente.

El viaje por la ruta no había salido como Dawn lo esperaba. Luego de capturar a Ponyta, creyó que iría por todos los caminos sobre su lomo, pero el equino pareciera que no confiaba en ella pues no dejaba que se montara sobre él. La primera vez que lo intentó, la apartó con la cabeza. La segunda vez, hizo que las llamas de su crin crecieran y casi quemaran a la chica. Y al tercer intento, salió corriendo. Simplemente no quería ser montado por ella, pero, al menos, no se oponía a seguirla.

—¡Tú cómo vas allá arriba Ariados!— gritó a su Pokémon arácnido, quien disfrutaba de ir saltando de entre las copas de los árboles, aunque esto significara asustar a toda pequeña criatura que estuviese en ellos.

Ponyta podría no querer ser montado, pero Rhyhorn estaba disponible y había abandonado su ruta siguiéndola. Rhyhorn se había ofrecido a llevar a Dawn a donde quisiera, siempre y cuando, ella compensara su ofrecimiento con unos deliciosos pokochos. Esto significaba para Dawn que siempre debía tener comida para un Pokémon que ni siquiera era suyo, solo la acompañaba temporalmente hasta que Ponyta la quisiera.

—oye Rhyhorn. ¿Crees que podrías ir un poco más rápido? Solo un poco— dijo la chica al Pokémon tipo roca y tierra, pero este solo gruñó.

Rhyhorn era un Pokémon demasiado lento, ya lo era al cargar su propio peso, más ahora que carga con la mitad de su peso extra. De haber montado a Ponyta, la chica hubiese llegado a ciudad Vetusta antes, pero el equino prefería estar a varios metros lejos de ella.

No solo le molestaba la lentitud del Pokémon, sino igual, lo incómodo que resultaba estar sentada sobre su lomo de roca. Sentía que su espalda le dolía y la columna le crujía. Agradecía su ayuda, pero no era la mejor forma de llevar un viaje largo como ese. Pero había algo más, que ya había ocurrido un par de veces, y no solo era molesto, sino que también significaba más demoras.

Rhyhorn se detuvo en seco, y comenzó a menear su cuerpo de un lado a otro indicándole a la chica bajarse de su espalda.

—ay no. No otra vez—

Dawn bajó de Rhyhorn, y luego de hacerlo, el Pokémon dejo caer su cuerpo sobre el suelo y profirió un enorme bostezo, para quedar profundamente dormido en muy poco tiempo.

—si sigue durmiendo así, y a cada rato, nunca vamos a llegar— Se dijo. Pero no podía hacer nada.

El tercer inconveniente de viajar sobre un Rhyhorn, era su afición por dormir cada poco tiempo. A veces resultaba, pues daba tiempo a Dawn de almorzar sin que él fastidiara, o de practicar sus presentaciones para el siguiente concurso. Pero había momentos que era molesto, sobretodo ahora estando tan cerca de ciudad Vetusta.

La chica volteó a ver a Ponyta, este se había detenido y había comenzado a comer nuevamente. Ni siquiera intentó acercarse a ella en un momento que tanto lo necesitaba, si hubiese permitido que lo montara, en unos minutos más estarían llegando a la ciudad y su espalda no dolería. Pero no fue así, y ahora, no había nada más que hacer, pues no había fuerza en el mundo que despertara a Rhyhorn.

La coordinadora suspiró— muy bien chicos. Bájense, se acabó el paseo. Seguiremos el recorrido a pie, y con suerte, seremos más rápido— dijo a los Pokémon que no alcanzaban ni los cincuenta centímetros. Luego volteó a la copa del árbol— ¡No nos pierdas de vista Ariados! ¡Continuaremos a pie!— y luego miró a Ponyta— ¡Lo mismo va para ti Ponyta! ¡No te alejes demasiado!—

Y así fue como la joven chica emprendió de nuevo la caminata hacia ciudad Vetusta mientras pensaba en lo fácil que sería si pudiera volar sobre el lomo de un Pokémon como lo hizo con aquel Staraptor. La próxima vez que viera un Staraptor, o un Altaria o, simplemente, cualquier Pokémon con alas, lo capturaría, con suerte, resultaría más amigable y servicial que su nuevo amigo Ponyta, y más fácil de tolerar, para su espalda, que aquel Rhyhorn.

Al menos, no era un mal día. El cielo estaba despejado y no hacía mucho calor. Los Pokémon volador pasaban por encima de ellos, huyendo desesperados por haber sido perturbados gracias a una Ariados que disfrutaba saltar por los árboles. Pikachu y Piplup cantaban una linda canción mientras caminaban y Ponyta, bueno, él iba en silencio pero era agradable verlo, aunque sea a la distancia. Nada podía perturbar aquella tranquilidad. Nada, excepto, el sonido de un vehículo motorizado acercándose a toda velocidad hacia ella.

Era la oficial Jenny, seguramente la de ciudad Vetusta, iba sobre su motocicleta en el mismo camino que ella. Su uniforme era azul, conformado por una camisa de mangas cortas, una falda y su gorra, la cual cubría su cabello de color azul aqua. Cuando pasó al lado de Ponyta, lo asustó y este corrió hacia su nueva entrenadora, vaya forma de iniciar una unión entre ambos. La oficial se detuvo justo al lado de Dawn, quien se quedó viéndola.

—Oficial Jenny. ¿Ocurre algo?— Dawn preguntó como si hubiese cometido algún tipo de infracción aunque sabía que no era así. ¿Pero que más se le pregunta a una oficial de policía cuando se detiene justo frente a ti? No parecía que se detenía solo para preguntarle sobre su día.

Sin bajarse de la motocicleta, la oficial Jenny le respondió— ¿Acaso eres viajera? —preguntó la oficial, a lo que Dawn asintió— debes tener cuidado al andar sola. Ha habido muchos reportes de robo de Pokémon por esta zona, y no han parado—

Dawn se sorprendió. ¿Robos de Pokémon? Era la primera vez que oía que algo parecido ocurría allí en Sinnoh, ya que esos actos podían esperarse en las regiones de Kanto o Johto, más no allí.

—Por lo regular, las víctimas son entrenadores novatos que realizar el trayecto hacia los gimnasios o concursos Pokémon— continuó la oficial— y hubo un incremento significativo en los últimos días en esta ruta—

Increíble, la joven chica había estado por esa ruta, despreocupada y con cinco Pokémon fuera de sus pokeball, y en ningún momento había sido interceptada por algún grupo de delincuentes que quisieran tomar sus Pokémon. Aunque, lo que le dijo la oficial, explicaría el por qué Dawn había visto a muy pocas personas por aquella ruta.

—Lo… ¿Lo dice enserio? ¿Robos aquí? —a Dawn comenzó a preocuparle esto, había estado muy expuesta y seguía estándolo una vez que la oficial se fuera. Comenzó a mostrarse preocupada, volteó a ver a sus pokémon, si estaban fuera, estaban más propensos a ser secuestrados, entonces, sin dudarlo, los llamó a todos a sus pokeball. Desde Ponyta a lo lejos, a Ariados en el árbol, y hasta Piplup igual, Pikachu, siendo el único sin pokeball, lo tomó en brazos para que nadie lo tomara.

La oficial Jenny notó que la chica estaba más preocupada ahora que cuando la encontró, pareció que sus noticias la alteraron. Quizá estaba mejor en la ignorancia. Para ayudar a la chica, se le ocurrió una cosa.

—¿A dónde se dirige? ¿Va a ciudad Vetusta? — preguntó la oficial

Dawn volvió su atención a la oficial— Claro… Vamos allá para el siguiente gimnasio— dijo, y Pikachu exclamó alegre y mostrándole a la oficial la medalla de ciudad Pirita que había ganado.

—Si va a ciudad Vetusta, entonces puedo llevarla—

—¿Lo dice enserio? —las sorpresas no dejaban de aparecer para Dawn.

La oficial Jenny asintió— si la dejo aquí, podría ser víctima de un robo. Vine aquí para patrullar que no se llevara a cabo estos actos, sería mi culpa si algo le pasara apenas me voy, y estando tan cerca de la ciudad—

Dawn estaba agradecida. Le sorprendió, y fue de su agrado, el ofrecimiento de la oficial. Realmente, pueblo Hojas Gemelas, de donde ella provenía, era un pueblo realmente tranquilo sin problemas entre sus pobladores o con extraños. Las autoridades no eran propias del pueblo, sino que vigilaban ese, villa Raíz y otras pequeñas villas aledañas, así que, prácticamente no tenía interacción con aquellas personas uniformadas, no sabía como sería en las ciudades a través de toda la región, pero fue grato ver que la oficial Jenny tenía esa consideración de ayudarla a llegar a ciudad Vetusta para evitar un robo.

La chica subió a la motocicleta, detrás de la oficial, y ella emprendió la marcha hacia la ciudad. Finalmente Dawn podía tener un trayecto más relajado y sin dolores en su cuerpo. Nunca antes se había subido a un vehículo similar, y siendo honesta consigo misma, temía a qué se terminará cayendo, rodará por el suelo y arruinara su hermoso cabello. Porque, después de todo, te recuperas rápido de una caída sobre un vehículo que va a alta velocidad, pero puedes perder el cabello para siempre.

Luego de poco tiempo, finalmente llegaron a ciudad Vetusta.

—Tendré que dejarte aquí— dijo la oficial Jenny, deteniendo la motocicleta cuando llegó a la entrada de la ciudad— debo seguir con mi ruta de patrullaje por toda la ciudad. Y no se verá bien que una oficial lleve de paseo a una civil—

Luego que Dawn bajara, se despidió de la oficial Jenny y ella continuó con su patrullaje. Dawn volvió a sacar a Piplup y, junto con Pikachu, comenzaron a recorrer las calles de ciudad Vetusta.

Era una ciudad más grande que ciudad Pirita, con muchos más edificios de gran altura, y la gran mayoría de color blanco. Era una ciudad más moderna que ciudad Pirita, pero, a la vez menos que ciudad Jubileo, pues por todas las calles había arboles de diferentes tamaños, pequeños, medianos o grandes, y muchos arbustos. A pesar de lo moderno de la ciudad, armonizaba muy bien con la naturaleza, dejando como paisaje, una hermosa combinación entre lo viejo y lo nuevo.

En medio de la ciudad, había una estatua, erigida a uno de los mitos más populares de la región Sinnoh. El Pokémon del tiempo, Dialga, un Pokémon dragón y cuadrúpedo, de enorme tamaño y que en su pecho había una incrustación de acero y sobre su espalda unas placas del mismo material. Se dice que el Pokémon brilla como un diamante y que, gracias a él, el tiempo corre.

Había muchos lugares donde ir en ciudad Vetusta, pero como primer parada, debía ir al centro Pokémon para saber la ubicación del gimnasio y quizá descansar un rato, si Pikachu no la molestaba claro está.

—¿Qué está pasando aquí?—

Había mucha gente cuando ella llegó al centro Pokémon. Muchos entrenadores, con sus Pokémon en brazos y esperando ser atendidos por la enfermera Joey. Todos estaban hablando, casi al mismo tiempo, se oían desesperados y algunos acudían a los gritos para recibir la atención de la enfermera de cabellera rosa.

Dawn no iba a poder llegar al escritorio del recibidor con tanta gente delante de ella, empujándose entre ellos y elevando sus voces. Vio a una chica, quizá un poco menor que ella, llevaba falda roja y blusa de tirantes amarilla. Su cabello rojizo hacía dos trenzas a los lados. Sobre sus brazos llevaba un Psyduck, Pokémon tipo agua, de plumaje amarillo y gran pico, siempre sujeta su cabeza. Hay gente que los considera lindos, pero, para ella, era discutible. El Pokémon se veía muy mal, tenía el mismo aspecto que Pikachu cuando fue envenenado por Ariados.

—oye. Disculpa— obtuvo la atención de la chica— ¿Qué es lo que ocurre? ¿Qué le pasó a tu Psyduck?—

La chica de trenzas, a pesar de no conocerla, volteó a ver a quien le habló y le respondió— está envenenado. Vine a qué la enfermera lo atienda, pero hay muchas personas— la chica se oía angustiada, seguramente estaba preocupada por su amigo, y triste por no poder ayudarlo más en esta situación.

—pero ¿Cómo fue que pasó?—

—fue en el gimnasio Pokémon. Fuimos a retar a la líder, Gardenia, y terminó envenenando a mi Psyduck y terminó la batalla—

Todo había sido a causa de las batallas entre estos chicos y la líder de gimnasio. Bueno, quizá era de esperar, Pikachu casi sale muy herido luego de batallar contra Roark. Pero, realmente no había esperado ver a tantos chicos reunidos con la misma queja.

—También me pasó a mi— otra chica se acercó a Dawn. Una chica de cabello rosa pero sujetó con una "ponytail," con jeans azules que se ajustaba a sus piernas, blusa negra y chaleco del mismo material y color que sus pantalones. Ella era, solo un poco más alta que Dawn, pero, por su rostro, podía deducirse que era de la misma edad que ella— ella envenenó a mi Chinchou—

Chinchou, Pokémon tipo agua/eléctrico, azul y con dos antenas luminosas en la cabeza. Estaba entre los brazos de la chica, retorciéndose por el dolor que le causaba el veneno recorriendo su pequeño cuerpo.

—es alguien muy cruel por hacer esto— dijo la chica de trenzas.

Por como las chicas se estaban expresando de ella, la líder de gimnasio, Gardenia, parecía de tener. Una entrenadora fuerte y sin remordimiento en el combate. Al mirar al resto de entrenadores, todos tenían a sus Pokémon en las mismas condiciones, envenenados. Todo eso, solo le daba una idea de lo que tendría que enfrentar cuando le toque combatir contra ella.

Dawn quería ayudar a esas personas, y la mejor forma fue sacar de su mochila una Baya Meloc, que había guardado luego que los Pokémon de la ruta 202 se las entregarán para sanar a Pikachu. La partió en dos, y dio una mitad a cada chica.

—tomen. Denle esto a sus Pokémon, y pronto se sentirán mejor—

Ambas chicas dudaron en tomar las bayas. Ciertamente, no tenían conocimientos sobre aquel fruto y sus efectos, y no conocían a la chica de cabellera azul como para confiar en ella y tomar lo que les daba.

"¡Pika!"

Las chicas miraron al Pikachu y al Piplup que estaban a los pies de la chica recién llegada. Ambos se veían saludables, y el Pikachu les asentía, como si les dijera que era seguro comer las bayas. Entonces, esperando que la chica fuera confiable, realmente, ellas tomaron las bayas y se las dieron a sus Pokémon.

Luego que sus entrenadoras le dieran de comer la baya Meloc en sus bocas, Chinchou dejó de retorcerse, y Psyduck pareció más relajado. Era increíble, el veneno pareció disminuir tal como se los aseguró la chica de gorro blanco.

—¡Psyduck! ¡Estás mejor!— exclamó, emocionada, la entrenadora del Pokémon amarillo.

—Chinchou también— exclamó la chica de cabello rosa.

Dawn sonrió, fue gratificante haber ayudado a aquellas chicas. Pareciera que ellas podrían calmar sus ansias y responder su pregunta de a dónde se ubicaba el gimnasio, pero otra chica de cabello blanco, sudadera rosa con mangas blancas y falda negra, se acercó a ella.

—Disculpa— dijo la chica quien cargaba consigo un Glameow— ví lo que hiciste. Por favor, ¿pudieras sanar a mi Glameow? —ella suplicaba para que Dawn le hiciera caso a su petición.

—¡A mí también!— un chico igual se le acercó. De gorra roja, volteada hacia atrás, sobre su cabello negro. Con camiseta blanca debajo de una camisa roja que llevaba desabotonada— por favor. Ayuda a mi Buizel—

Dawn se sorprendió por lo rápido que ambos chicos se acercaron a ella para pedir su ayuda. Pero, aunque fue extrañó, no dudó en ayudarlos— cla… claro— dijo, respondiéndole a ambos, aunque esto no pareció ser lo que ellos oyeron.

—¡Oye! ¡Yo se lo pedí primero!— dijo la chica del Glameow y empujó al chico por el hombro.

—¡Ella me respondió a mi antes que a ti!— dijo el chico en respuesta.

Aunque aquellos dos chicos comenzaban a discutir, Dawn sabía que era por su desesperación por curar a sus amigos Pokémon, y podía entender aquel sentimiento, pues fue lo mismo que sintió con Pikachu cuando lo conoció, o que sentiría si le pasara algo así a Piplup o a Ariados, incluso a Ponyta, aunque lo conociera desde hace poco.

—tranquilos. Tengo suficientes bayas para ambos—

Sacó otra baya, e hizo lo mismo que hace rato. La partió en dos y le entregó una mitad a cada chico. Sus Pokémon comenzaron a mostrar mejoría, y los entrenadores se mostraron más tranquilos y relajados. Pero ellos no iban a ser los últimos a los que Dawn ayudaría.

Pronto, otros chicos se le acercaron y pidieron su ayuda para curar a sus Pokémon. Ella no creyó que tendría que hacer eso, pero casi todos en aquella multitud la vieron dar bayas a los Pokémon envenenados y querían que les diera unas cuantas. Dawn no podía negarse, siempre estaba dispuesta a ayudar a quien pudiese su ayuda, pero debía admitir que esa atención no era del tipo que ella había querido.

Por suerte, había tomado muchas bayas Meloc luego de ese día en la ruta 202, solo fue cuestión de partirlas y darles un trozo a cada Pokémon envenenado. También le dio unas cuantas a Pikachu y a Piplup para que ellos le ayudarán a repartirlas. Pronto, ya casi le había entregado una baya a casi todos los entrenadores, y sus Pokémon presentaban una mejoría. El escándalo también cesó y el centro Pokémon volvió a la calma, excepto por una excepción.

—¡Oye! ¡Yo iba primero!— gritó un entrenador de pantaloncillos azules, camisa naranja con una franja amarilla en los hombros y gorra azul volteada hacia. Llevaba consigo un Munchlax en brazos y había empujado a otro entrenador.

—¡No me empujes!— respondió el otro entrenador. Un chico de camiseta amarilla con una pokeball negra en el centro, debajo de la camiseta, llevaba otra de mangas largas y blanca. Jeans azules y botas negras. Su cabello era castaño y no llevaba nada encima de este— ¡Llevó esperando mucho tiempo para que atiendan a Bibarel!— al lado suyo, tenía un Bibarel, Pokémon normal/agua muy común en la región.

Ambos chicos planeaban comenzar una pelea para tener la preferencia de la enfermera Joy para atender a sus respectivos Pokémon, ahora que ella había terminado de atender al Furret de una chica.

La enfermera Joy, quien se miraba cansada, estresada y hasta harta del, tan laborioso, día de trabajo que había tenido, le disgustó está pequeña trifulca por parte de los chicos dentro del edificio. Se disponía a detenerlos, pero estaba tan fastidiada, que no sabía con que palabras o reacción lo haría. No pensaba con la misma serenidad de siempre, pero antes de decirles algo, la chica de gorro blanco y que había estado repartiendo bayas, llegó y se interpuso entre ellos.

—¡Ustedes dos! ¡Basta! —gritó la chica de falda rosa, colocándose en medio de los dos chicos y evitando la confrontación— ¡Este no es lugar para pelear! —

La enfermera Joy se detuvo, y se sorprendió por la voluntad que tuvo aquella chica de confrontar a aquellos entrenadores, y lo hizo con la suficiente serenidad como para no comenzar a discutir con ellos. A pesar que era el deber de la enfermera del centro Pokémon mantener el orden entre las personas que llegaban.

La disputa fue porque ambos querían ser atendidos primero por la enfermera Joy, sus Pokémon eran los que peor estado de salud presentaban, y la enfermera Joy había demorado en curar a los otros Pokémon que atendió antes que a ellos, era el problema de ser la única persona que atendía el lugar. Una vez que ambos entrenadores se tranquilizaron, la chica tomó dos bayas Meloc de su mochila, y le dio las bayas para que los Pokémon las comieran enteras, así, su efecto sería mayor en ellos que si fueran solo la mitad.

La enfermera quedó maravillada con la chica, pues aquellos Pokémon recuperaron un poco de su salud, por lo menos, lo suficiente para darle tranquilidad a sus entrenadores y pudieran soportar hasta que fueran atendidos. Al parecer, ambos entrenadores quedaron igual de impresionados y agradecidos con la chica pues dejaron de discutir y esperaron a la enfermera Joy con más paciencia.

Todo el centro Pokémon quedó más tranquilo que antes, sin gritos, sin peleas, todos parecían comportarse de mejor manera, y eso fue un alivio para la enfermera, quien, finalmente, pudo relajarse para hacer su trabajo con la misma amabilidad y serenidad de siempre.

Pasó la tarde, y la enfermera Joy logró terminar de atender a todos los que habían llegado con sus Pokémon envenenados, incluso, atendió a unos cuantos más que llegaron después. Pero había que contar que tuvo ayuda de aquella chica que repartió las bayas Meloc. Así que, cuando dejaron de llegar personas con aquel problema, y finalmente pudo relajarse, invitó a la chica a quedarse y disfrutar de una deliciosa merienda junto a ella en una sala de descanso detrás de la recepción.

—muchas gracias enfermera Joy. No debió molestarse— dijo Dawn, sentada en una mesa dentro de la sala de descanso de la enfermera, al ver la bandeja de comida que consistía entre arroz, gajos de fruta y trozos de pez.

—No seas modesta Dawn, es lo menos que puedo hacer luego de lo que hiciste esta tarde— dijo la enfermera sentándose frente a ella, y con un plato con comida similar para ella.

Los Pokémon también comieron por ofrecimiento de la enfermera Joy, quien permitió que Dawn sacara a sus otros dos Pokémon. Incluso, Ponyta comió de la comida Pokémon que la enfermera le dio, molestando a Dawn pues no entendió porque su propio Pokémon no quería los pokochos que ella le daba, pero si lo que otra persona le ofrecía.

—¿Viniste a retar a Gardenia? Es la líder del gimnasio de la ciudad— ambas féminas comenzaron a conversar, y el tema del porqué Dawn estaba allí, surgió.

—si. Realmente lo hago por ese amarillito— Dawn señaló a Pikachu— él es quien quería retar a todos los gimnasios. Soy coordinadora Pokémon, pero aún faltan unos días para el siguiente concurso en pueblo Aromaflor—

—no sé sobre la estrategia de Gardenia, pero puedo aconsejarte que no uses a Piplup, Gardenia es experta en Pokémon tipo planta, y el tipo agua no es efectivo contra ellos—

Gimnasio tipo planta. Pero todos esos Pokémon habían sido envenenados— Había varias personas aquí. ¿Siempre es así? —

—no siempre— respondió la enfermera— inicié atendiendo a un par, como siempre lo hago, luego vi que llegaban unos cuantos más pero no le presté atención, y después, no me di cuenta cuando la recepción se llenó, ni cuando todo se descontroló. Todos con la misma queja, sus Pokémon habían sido envenenados por el Pokémon de Gardenia—

—Pareciera que su estrategia es envenenarlos a todos—

—no realmente— continuó la enfermera— por lo regular, atiendo tres o hasta cinco casos de envenenamiento gracias a Gardenia, el resto son retadores que llegan con las lesiones normales de una batalla. Pero ha estado aumentando el número en los últimos días, y hoy fue el peor día de todos—

Dawn pudo notar, por el tono de la enfermera, que para ella era sorprendente la cantidad de personas a las que enfrentó de una forma tan particular. Pareciera que no era algo usual en la líder de gimnasio.

—sé que parece que su intención es acabar rápido los combates, sin importarle lo que suceda con esos pokémon y llenándome de trabajo. Sé que se ve mal. Pero te aseguro que esto no pasa con frecuencia—

La enfermera Joy comenzó a contarle a Dawn sobre Gardenia. Una chica que conocía desde siempre, alegre y amigable, siempre pensando en los demás antes que en ella, y sobretodo, dispuesta a hacer todo lo posible por traer tranquilidad a los habitantes de ciudad Vetusta. A cómo ella lo contaba, con tanta confianza en sus palabras, no sonaba a la chica cruel que todos jugaban que era mientras combatía.

—ha estado bajo mucho estrés. Debe cumplir con sus responsabilidades en el gimnasio, y debe dar protección a los entrenadores que llegan a la ciudad— era cierto. Los líderes de gimnasio tenían cierta responsabilidad por procurar protección en las ciudades, y zonas cercanas, para los entrenadores que participaban en la liga Sinnoh. Y Gardenia siempre cumplía con ello, para todo aquel que esté cerca de su ciudad, sea entrenador o no— pero no ha sido fácil últimamente, gracias a los recientes robos de Pokémon—

Allí estaba de nuevo, los robos de Pokémon que la oficial Jenny había mencionado. Realmente, Dawn nunca había pensado en aquellos crímenes cuando inició su viaje, era muy raro escucha sobre eso, y mucho menos sobre algún grupo que se dedicara a aquel delito. Cierto, había escuchado algo sobre una organización malvada en Sinnoh, pero se suponía que era secreta pues no cometían actos a la luz del día.

—Gardenia ha estado ayudando a evitar estos robos y a recuperar a los Pokémon. Ha tenido éxito en la mayoría de veces, pero otras veces, es burlada por aquellas personas. Y eso la ha estado frustrando últimamente, y tiene que atender los combates en el gimnasio, y mientras lo hace, los asaltos aumentan en ese lapso. Siento que por eso ha estado usando ataques tipo veneno, mientras más rápido terminen los combates, tendrá más tiempo libre para cuidar de las rutas y evitar los robos—

Así que es por eso. O por lo menos, una idea. Sabía que el comportamiento tan extremo de la líder de gimnasio debía tener un motivo, y parecía haberlo encontrado. Debía saber más, quizá Gardenia no era tan mala como los chicos de aquella tarde dijeron, quizá solo estaba fastidiada, quizá necesitaría ayuda. Dawn quería hacerle unas preguntas más a la enfermera, quería saber todo lo que tenía que decir sobre la líder de gimnasio, pero no pudo, porque escuchó el rugido de un Pokémon a la entrada del centro Pokémon.

"¡Rhy!"

Dawn reconoció aquel grito, de inmediato— ay no…—

La chica corrió fuera de la sala de descanso, y sus suposiciones fueron acertadas. Al centro Pokémon había llegado Rhyhorn, aquel Pokémon no dejaba de seguirla a donde fuera, y peor aún, solo buscaba que lo alimentará y se le habían acabado los pokochos. ¿Acaso el hambre de ese Pokémon era insaciable?

—¡No! ¡Espera Rhyhorn! — dijo la chica al tiempo que corría hacia el Pokémon tipo roca. Se posicionó frente a él y puso sus manos sobre su cabeza, tratando de empujarlo hacia atrás, pero era inútil pues él Pokémon era mucho más corpulento y fuerte que ella— no puedes entrar a donde quieras y de la forma que quieras. Primero se pide permiso—

Desde la entrada de la sala de descanso, la enfermera Joy solo podía ver a la adolescente haciendo un esfuerzo inútil por detener al Pokémon de un cuerno, pero, dentro de la sala, los Pokémon de la chica comenzaron a comer más rápido, como si quisieran hacer desaparecer la comida de sus platos antes que llegara Rhyhorn.