La mañana llegó, y Dawn ya estaba lista para ir al siguiente gimnasio y retar a Gardenia, la líder especializada en tipo planta. Había pasado la noche en la misma habitación que la chica del Psyduck y la chica del Chinchou, al menos, fue agradable haber pasado la noche con agradable compañía antes de dormir.
—¿Listo Pikachu? — dijo la chica, al salir de su habitación, mientras tenía a su Pokémon tipo agua entre brazos y dirigía la pregunta al Pokémon amarillo interesado en ganar la siguiente medalla. A lo cual, recibió una respuesta afirmativa— ¡bien! Entonces, ¡Andando! —
Su estrategia era simple, usar a Ponyta para vencer al Pokémon que podía usar ataques tipo veneno de Gardenia y así evitar que envenenara a Pikachu, luego de eso, el roedor podía encargarse del resto de su equipo. Un plan sin fallas, aunque fue difícil de convencer al Pokémon tipo eléctrico de eso, pues quería ser él quien venciera a todo el equipo de la líder. La joven aspirante a coordinadora se dirigió a la recepción del centro Pokémon, y al llegar, se sorprendió al ver varias personas allí, hablando de forma consternada y confusa.
Dawn se sorprendió, seguramente era por la misma razón que el día anterior, quizá era porque todos llegaban junto a un Pokémon envenenado por la líder de gimnasio. Miró al reloj de la pared, y pensó que era muy temprano como para tener ya varios entrenadores con la misma queja, pero, todos ellos no parecían tan preocupados ni molestas como los del día anterior. Al pasar cerca de algunos de ellos, no parecían hablar sobre sus Pokémon, sino de la misma líder, pero, incluso más raro fue ver a la enfermera Joey detrás de su escritorio sin atender a nadie, pareciera que ningún entrenador requería curar a su Pokémon.
—Buen día Dawn— saludó la enfermera— ya despertaste—
—Buen día enfermera Joy— Dawn devolvió el saludo—disculpa. ¿Sabe que pasa ahora? Hay demasiadas personas a esta hora de la mañana—
—Todos parece que vinieron con la misma queja. Ni siquiera puedo creerlo aún. Pero, parece ser que Gardenia ha anunciado que cerrará el gimnasio de la ciudad—
Dawn se sorprendió, jamás habría imaginado que le dijeran eso, y, de hecho, jamás hubiese imaginado que eso fuera posible pues nunca había escuchado que un líder cerrara el gimnasio solo porque estuviera pasando una mala racha. Pero, Pikachu fue quien más se preocupó por dicha aclaración, por supuesto que lo estaría, después de todo, sin líder de gimnasio, no podría ganar la medalla, y, seguramente, su entrenador ya había hecho y logrado ganar el reto antes que ellos llegaran a la ciudad.
—¡eso es imposible! —dijo la coordinadora exaltada.
—Me temo que puede ser así. Hablé con la oficial Jenny, y pasó por allí y me confirmó que las puertas están cerradas y hay una advertencia que se mantendrá cerrado. He tratado de llamar a Gardenia, pero ella no responde al teléfono. Simplemente, decidió cerrar el gimnasio—
—¿Puede hacer eso? Quiero decir, ¿No hay una regla que se lo prohíba? —
La enfermera Joy negó con la cabeza— ella es la líder. Puede hacer lo que quiera con su gimnasio—
Sin duda era una noticia impactante, pero más lo fue para Pikachu, quien decidió correr hacía la salida con la idea de llegar hacía el gimnasio cuanto antes.
Al ver que Pikachu corrió hacia la puerta del centro Pokémon, Dawn soltó a Piplup, haciendo que este cayera al suelo abruptamente, mientras que la chica alcanzó al roedor y lo tomó entre sus brazos. Al ver esto, el pingüino pareció molesto por lo ocurrido, y corrió hacia su entrenadora queriendo evitar perder su atención.
—ni creas que vas a poder irte de esa forma cada vez que quieras— dijo Dawn mientras Pikachu se retorcía entre sus brazos para tratar de zafarse —iremos al gimnasio, pero no de esa forma— quizá no era tan fuerte, pero al menos, si podía retener a un Pokémon de menos de 50 cm.
La chica se agachó y también tomó a Piplup entre sus brazos— vamos Piplup. Tenemos que ir a investigar—
Así, la chica salió del centro Pokémon dispuesta a ir al gimnasio de ciudad Vetusta, pero, antes de tomar su camino, el Rhyhorn que estaba dormido justo al lado de la entrada del centro Pokémon, abrió los ojos cuando escuchó a la chica salir, aunque este no se levantó.
—Ya volveremos Rhyhorn, no es necesario que nos sigas, volveremos rápido— le dijo la coordinadora, y este volvió a cerrar los ojos para quedar dormido nuevamente. Pareciera que Rhyhorn tenía muy poco interés en ella, solo en los pokochos que le proporcionaba. Y Dawn, en cambio, parecía prestarle mucho interés a pesar de no ser su Pokémon, pero, parecía que hacía muchas cosas en favor de los Pokémon, ya sean propios, salvajes o ajenos.
Ciudad Vetusta era una ciudad Grande, y, aunque tenía su mapa, para ella seguía siendo difícil orientarse, más cuando tomó el mapa al revés. Afortunadamente había encontrado personas que venían de allí, y ellos le indicaron a la chica el cómo llegar, y al llegar, en efecto, el gran gimnasio Pokémon, comparado a un gran estadio, con árboles creciendo a los alrededores y cuyo follaje cubría el techo, estaba completamente cerrado, casi hermético, y con un gran letrero pegado en la entrada, que se encontraba cerrada a cal y canto, y que decía "Cerrado de forma indeterminada"
—¡Esto es imposible! — exclamó Dawn, y ante esto, Pikachu también se espantó, a tal punto que pareció perder el alma cuando apenas leyó el letrero.
Las cosas parecían ir empeorando para el grupo, pues Pikachu comenzó a empujar la enorme puerta para tratar de abrirla, imaginando que, si lo lograba, tendría una batalla contra la líder, quizá por mérito de superar aquel "gran reto." Por su parte, Dawn suspiraba pues debía idear una forma de arreglar aquel embrollo, aunque, la verdad, no creía que había forma de arreglarlo.
—Esto parece un mal sueño. Tanto que demoramos en llegar, para que nos encontremos con esto— Dawn suspiró y su Pokémon pingüino volteó a mirarla.
El estómago de su pequeño Pokémon rugió, y después el de la chica— tienes razón, Piplup. Con las prisas, ni siquiera nos detuvimos a desayunar. Quizá deberíamos ir a algún lugar para comer—
Al escuchar eso, Pikachu se alteró pues él no quería irse sin antes tener su, tan anhelada, batalla. Al voltearse a ver a la joven chica, y con mirada seria gracias al enojo que tenía, comenzó a reclamarle sobre su decisión.
Con la nueva reacción de su amigo amarillo, Dawn igual se enfadó con él— ¡oye! ¡no puedo hacer nada para remediarlo! ¡si está cerrado es cuestión del líder! — Pikachu volvió a responderle.
Pareciera que su relación con Pikachu era una discusión constante sobre quien tomaría las decisiones. Ya eran varias las veces que Pikachu se desesperaba por seguir el mismo camino que su entrenador, pero, cuando las cosas no salían como él quería, parecía perder el sentido común y esperar a que salieran solo porque él lo exigía. En efecto, Pikachu parecía un niño pequeño y Dawn su niñera, y como su niñera, en ocasiones (por no decir, todo el tiempo que les conviene), él no le guarda cierto respeto a su autoridad.
—Se que quieres tener tu batalla. Pero ahora debemos irnos a desayunar, igual debo entrenar para el concurso, no queda muchos días para él. Ya pensaremos en algo mientras—
Pikachu volvió a rezongar, pero fue cuando su estómago rugió pareciera que aquel órgano siempre lo traicionaba, cuando necesitaba mostrar resistencia ante las decisiones de la chica.
—Allí lo tienes. Con tanta hambre, ni siquiera tendrás energía para resistir una batalla— Pikachu volvió a responderle. Ante la negativa del roedor, Dawn se acercó a él, y con una mano, sin soltar el agarre de Piplup, sujetó a Pikachu por una oreja, y lo levantó— se acabó. Es hora que aprendas que no eres el líder de este grupo—
Pikachu se sorprendió cuando la chica lo levantó y lo cargó, desde una oreja, lejos del gimnasio. Sus mejillas lanzaron unas cuantas chispas eléctricas, lo cual, Dawn pudo sentir levemente.
—y ni se te ocurra lanzar un ataque eléctrico. O te quedarás sin comer—
Y así, a la fuerza, Pikachu fue llevado por Dawn de vuelta al centro Pokémon para comer algo en el comedor, pero este se encontraba lleno, con todos los entrenadores Pokémon reunidos en el mismo lugar, planeando su nueva ruta a seguir, planeando que hacer ahora que el gimnasio de la ciudad estaba cerrado, o, simplemente, esperando a que el gimnasio abriera solo porque sí, pues el aforo del centro Pokémon estaba lleno e incluso rebasado. Incluso la enfermera Joy estaba muy ocupada atendiendo a todos, así que no podía contar con ella para poder desayunar en la sala de reposo, así como la noche anterior. Podía ir a un restaurante… bueno, realmente no, ya que debía alimentar igual a cuatro Pokémon y a un Rhyhorn que devoraba todo lo que viese sin importar las cosas que destruya a su paso. Así que, la mejor opción, era salir a la ruta 205 para comer allí.
Después de varios días comiendo al aire libre, Dawn ya parecía estar acostumbrándose a comer de dicha manera en lugar de sentarse sobre una silla y con su plato frente a una mesa. Ya no le importaba sentarse en el suelo, sintiendo el césped acariciando sus piernas, comiendo junto a sus Pokémon. Bueno, Piplup a veces terminaba peleando con alguien más, Ariados no dejaba de dar miedo, pues al abrir su boca pareciera que iba a envenenarlos a todos, Ponyta se alejaba cinco metros para comer de la hierba, Rhyhorn siempre quería comer del plato de todos, y Pikachu… bueno, Pikachu era quien menos problemas causaba, pero, esta vez, Pikachu le daba la espalda a la chica, comiendo de su plato, pero sin querer verla.
—Vamos. Pikachu. ¿Sigues molesto porque tuvimos que irnos del gimnasio? Ya te he dicho que vamos a considerar nuestras opciones— Dijo la chica, a lo que el roedor no le respondió, solo siguió comiendo, y esto, hizo enojar a la coordinadora— ¿Disculpa? No puedes, simplemente, dejar que te sirva y no voltearme a ver solo porque estás enojado. Se más maduro y menos grosero—
Había algo a lo que Dawn estaba considerando bastante, debería conseguir compañeros humanos con quienes hablar, ya se estaba tornado raro el que mantuviera conversaciones y discusiones con los Pokémon.
A pesar de no querer hablar con la chica, Pikachu no podía negar que se preocupaba por su bienestar, y lo demostró luego de escuchar, gracias a sus grandes orejas, que alguien se aproximaba a ellos. Estaba muy lejos, pero sabiendo que la ruta estaba siendo asediada por criminales peligrosos, Pikachu no esperó y se colocó al frente del grupo y en posición de ataque.
—¿Que ocurre Pikachu? —
No solo Pikachu, Ariados igual pareció preocuparse y colocarse junto al roedor. Dawn sabía que, si Ariados actuaba así, era porqué había presentido algo gracias a sus redes. Al voltear a ver los árboles, en efecto se dio cuenta que Ariados había colocado varias redes sobre ellos, con los cuales presentía la presencia de extraños. Dawn comenzó a preocuparse, sus Pokémon parecían prepararse para una batalla, la pregunta era ¿Con quién?
Se levantó de inmediato para estar preparada al igual que ellos, quizá era uno de las personas que estaban robando Pokémon de entrenadores novatos, tal como se lo dijo la oficial Jenny, o quizá eran varios. Al sentir su preocupación, Piplup igual se apresuró a colocarse junto a Pikachu y Ariados para proteger a su entrenadora. Dawn pensó en Ponyta, que estaba lejos, pero al voltear a verlo, este había dejado de comer y volteaba a ver a varios lados, buscando la inminentemente amenaza.
La supuesta amenaza no parecía provenir al frente suyo, sino desde arriba. Los Pokémon voltearon a ver cuándo una figura grande y alada se aproximó. Era un Pokémon de gran cuerpo café y enormes alas verdes como hojas, sobre su lomo venía un entrenador.
Dawn no supo que hacer de inmediato, no podía solo guardar a sus Pokémon en sus pokeball y salir corriendo, se volvería un blanco fácil si acaso eran ladrones, y además, Rhyhorn era un Pokémon salvaje, si lo dejaba allí sería fácilmente tomado por ellos. Pero tampoco quería tenerlos al frente, podrían lastimarla, a ella y a sus Pokémon.
Mientras ella tenía un conflicto consigo misma para decidir la mejor estrategia, Pikachu lanzó un ataque eléctrico a aquel Pokémon que volaba sobre sus cabezas. Dawn no supo decir si fue uno de sus ataques que salía sin control, o él lo había lanzado para ahuyentarlo, pero sin duda, animó a Ariados y a Piplup a atacar de igual forma.
Aquel Pokémon volador logró esquivar todos los ataques, lo cual fue un alivio para él pues un solo ataque eléctrico lo hubiese tirado al suelo. Luego de esquivar los ataques, el Pokémon comenzó a aproximarse a ellos, y Dawn lo miró mejor, era un Tropius, Pokémon cuadrúpedo con alas tipo planta/volador, cuyos frutos que salen de su mentón son un exquisito manjar. Mientras más se acercaba, logró notar al entrenador sobre él, era una mujer.
—¡Tropius! ¡Tornado! —
El Pokémon de cuello largo batió sus alas con fuerza, y grandes ráfagas de aire salieron directo al grupo de la joven coordinadora.
Las ráfagas de viento parecían mini tornados, tal como lo indicaba su nombre, y como tales, hicieron que los Pokémon de la chica, y ella, perdieran el equilibrio y fueran empujados hacia atrás gracias a ellos.
Sin riesgo a seguir recibiendo ataques, Tropius bajó al suelo y su entrenadora bajó del lomo de este. Era una chica de cabello anaranjado y corto, llevaba una blusa negra con mangas largas, pero terminaba a la altura de su abdomen, y sobre esta, llevaba una especie mañanita verde. Sus pantalones cortos, o más bien, cortados a la altura de sus rodillas, eran del mismo color de su cabello y en sus pies llevaba unas botas verdes. Una chica bella, a pesar de su ropa preparada para estar en al aire libre.
Antes de poder acercarse a la chica de cabellera azul, Gardenia sintió un aumento de temperatura cerca de ella, pues una gran bola de fuego se acercó a ella y a su Tropius, esta había sido lanzado por el Ponyta que estaba alejado del pequeño grupo.
—¡Esquívalo y usa Tornado! —
Ella saltó a un lado, y Tropius se elevó. Cuando estuvo en el aire, volvió a batir sus alas para crear ráfagas de viento, que igual empujaron a Ponyta lejos. Con todo el grupo neutralizado, a excepción de un Rhyhorn, pero que no aparentaba moverse más allá dos pasos, y que, además podrían vencerlo con un simple ataque de tipo planta, pues la chica del Tropius decidió acercarse a la adolescente de gorro blanco.
—¿Quién eres tú? ¿Y qué haces aquí? —
—¿Quién soy yo? —dijo Dawn levantándose inmediatamente— yo debería preguntarte eso. ¡Nos atacaste! —
—¿Yo los ataqué? Me defendí de los ataques que tus Pokémon me lanzaron—
Dawn se mostró apenada— bueno, si lo pones así, hasta me haces parecer la mala—
La chica de cabello anaranjado miró más detenidamente a la chica menor que ella. No parecía ser a quien estaba buscando. Más bien, parecía una entrenadora, una novata. Aunque sus Pokémon parecían dispuestos a batallar, y era común pues los Pokémon siempre protegen a sus entrenadores, ella parecía estar dudándolo, su postura parecía ser la de alguien que se preparaba para salir huyendo, quizá no quería estar allí, e incluso parecía estar temblando levemente, como si temiera a las consecuencias de perder contra ella, pero, no creía que aquella novata sabía quién era, quizá, la estaba confundiendo con aquellos criminales a los cuales estaba persiguiendo.
Para tranquilizar a la joven entrenadora, ella decidió presentarse primero— soy Gardenia. La líder de gimnasio de ciudad Vetusta— era lo mejor, después de todo, era su deber como autoridad en la ciudad.
Dawn se asombró al escucharla. Era a quien tanto había estado esperando, y fue gracias a una casualidad. Agradecía a su suerte pues, por cada que se le cerraba una puerta, otra se le abría.
—¿Y bien? ¿Quién eres tú? —volvió a preguntar la líder de gimnasio.
Dawn se presentó, al igual que a sus Pokémon. Al ver que, realmente no había amenaza como tal, tanto como Rhyhorn como Ponyta volvieron a comer.
—Hemos estado buscándote— dijo Dawn —bueno. Quiero decir. Vinimos a ciudad Vetusta para Retar al gimnasio— la chica tomó entre manos a Pikachu y lo colocó al frente suyo para que Gardenia lo viese— este es Pikachu. Y quiere retar a los ocho gimnasios para entrar a la Liga Sinnoh—
"Pika"
—ya hemos ganado la medalla Litio, de ciudad Pirita—
—Lamento decírtelo. Pero mantendré el gimnasio cerrado por un tiempo indeterminado—
Y allí estaba, la respuesta que Dawn no quería haber recibido. La coordinadora esperaba poder conversar con la líder y convencerla de reabrir el gimnasio, pero, al mirarla más detenidamente, notó algunos aspectos raros. Según la enfermera Joy, Gardenia era la chica más dulce que habría en toda la ciudad, siempre alegre, optimista y comprensible. Pero la chica que tenía enfrente tenía el semblante diferente.
—lo mejor será que regreses a la ciudad, o te vayas a alguna otra parte, pero no deberías pasar mucho tiempo por aquí—
—Pero… ¿Por qué? — preguntó la adolescente— el gimnasio cerrado nos tomó por sorpresa. Creíamos que podríamos tener una oportunidad, incluso habíamos ideado una estrategia—
—Lamento si no era lo que esperabas. Pero no puedo abrirlo hasta que terminen los robos de Pokémon en esta área—
Era cierto, la enfermera Joy le explicó que Gardenia había estado obsesionada con los últimos asaltos a entrenadores novatos y a los cuales les robaban los Pokémon. Esa era la razón por la que procuraba terminar con las batallas rápido, y cerrar el gimnasio era una medida más extrema solo para seguir por la ruta 205 y buscar a los responsables de dichos asaltos.
Se fijó, con más detenimiento, en la líder de gimnasio. Su mirada seria, las ojeras debajo de sus ojos y sus brazos a los lados, en alerta y preparada para una inminente batalla. Sobre su abdomen descubierto había algunas manchas de tierra, probablemente había estado en la ruta desde temprano, o incluso desde el día anterior. Pudo haber pasado la noche en vela, o incluso varias noches así, con tal de buscar a los asaltantes, quizá había dejado de comer debidamente, quizá se había presionado tanto, volviendo la captura de los asaltantes su principal prioridad, pero, descuidando su ocupación como líder de gimnasio y descuidándose a si misma.
—Disculpa… —Dawn iba a arriesgarse con una pregunta que podría molestar a la líder, pero la intención con la que la hacía era para ayudar— ¿Tú estás bien? —
En efecto, Gardenia se sorprendió por aquella pregunta, pues parecía fuera de contexto, pero, sin darse cuenta, le molestó tanto que la hizo enfurecer contra la chica de cabellera azul.
—¿A qué te refieres? —dijo Gardenia con tono molesto
—Quiero decir. Parece que llevas un tiempo con esto. La enfermera Joy me explicó la situación. Pero, quizá necesitas descansar un poco—
—No necesito eso. No puedo detenerme ni por un momento hasta detener esos asaltos—
—Lo sé— Dawn notaba que la líder comenzaba a molestarse, y sabía que eso pasaría, pero ahora temía porque encolerizara contra ella por su insistencia— pero igual pareces muy estresada. Quizá, deberías relajarte un poco, quizá podrías pedir ayuda para que puedas descansar—
Las intenciones de Dawn era de buscar convencer a Gardenia y ayudarla, pues estaba preocupada por su condición. Pero la líder de gimnasio no lo vio de dicha manera, pues de inmediato su mirada se tornó más sombría al punto que parecía haber tomado la declaración de Dawn como una ofensa—
—No necesito ayuda. Soy la líder de gimnasio. Y es así porque soy la entrenadora más fuerte de la ciudad Vetusta, y como tal, es mi responsabilidad mantener la paz y seguridad de todas las personas de mi ciudad y alrededores—
Había sido cierto lo que Joy le dijo. La presión del caso había caído sobre los hombros de Gardenia, a tal punto que lo tomó demasiado personal, casi como una obligación de su parte.
Gardenia continuó— Sé que estás molesta por que cerré el gimnasio, pero no lo abriré hasta que encuentre a los ladrones y devuelva los Pokémon a sus dueños. Así que, te reitero que te regreses a la ciudad y esperes a que yo regrese—
—No es eso—Dawn se exaltó de un momento a otro. Gardenia tenía la intención de cortar aquella conversación y pasar de ella, y esa no era la idea principal— lo digo por ti—
Gardenia volvió a molestarse con la adolescente—¿A qué te refieres? —
—Me preocupas. No pareces estar tranquila ni pareces tener el control de ti—
—¿Cómo puedes saberlo? Ni siquiera me conoces como para preocuparte por mí. Solo eres una novata que quiere tener una batalla de gimnasio para poder ir por el siguiente gimnasio—
—¡Te equivocas! Hable con la enfermera Joy, y ella me habló mucho sobre ti. Ella también está muy preocupada por ti, sobre todo por lo ocurrido ayer. Eran demasiadas las personas con sus Pokémon envenenados, que no parece ser parte de la dulce chica de la cual la enfermera Joy me contó—
—Por eso tomé la decisión de cerrar el gimnasio. Así no perdería el tiempo—
La conversación no llegaba a nada, pues Gardenia no planeaba prestar atención a las palabras de Dawn y ella lo sabía. No era necesario tener que volver a abrir el gimnasio y retomar las batallas, pero Gardenia no veía eso, ella solo consideraba importante el continuar allí buscando a aquellos asaltantes, aun cuando eso le perjudicara a ella.
—No estás viendo el daño que te estás causando— continuó la coordinadora— el que le estás causando a Joy, tu amiga, y el que le has causado a esos chicos que solo vinieron por una batalla y los terminaste humillando y dañando a sus Pokémon—
Llegó el punto, para Gardenia, que ya no pretendía continuar con aquella conversación— es suficiente— buscó en un bolsillo de su pantalón, y sacó un pequeño objeto metálico— si esto hace que te regreses a la ciudad, entonces tómalo—
Gardenia lanzó el objeto, pero no cayó tan cerca de Dawn sino a sus pies, y fue Pikachu quien lo recogió. Era una medalla, tenía la forma de la punta de un pino, con bordes metálicos y tres figuras verdes parecidos a rombos. Era la medalla Bosque, la medalla otorgada después de vencer en el gimnasio de ciudad Vetusta.
El que Gardenia le lanzara la medalla, sin haber batallado para merecerla, sorprendió a Dawn, y cuando iba a cuestionarle sobre eso, al voltear a ver de nuevo a la líder de gimnasio, esta comenzaba a alejarse y dirigirse a donde su Tropius.
—¡Oye! ¿A dónde vas? —
—Ya tienes lo que querías. Entonces ya no hay motivo para que te quedes aquí. Así que regresa a la ciudad mientras sigo por aquí— la chica de cabellera anaranjada se subió al lomo de su Tropius— debo volver a patrullar la zona—
Dawn no quería que ella se fuera, pero no pudo evitarlo cuando el Tropius comenzó a batir sus alas y a elevarse. Pronto, comenzó a alejarse en el cielo.
Pikachu miró a la medalla que tenía entre sus patitas. Era justo como lo esperaba, reluciente, linda y valiosa, era lo que su entrenador buscaba, pero esta vez, se sentía extraño el tenerla. No parecía justo que la tuviera, no sin una batalla por ella. No podía llevarla así con Ash, no sin haber luchado y haberla ganado gracias a su fuerza y destreza. ¿Qué pensaría él? Seguramente, que la obtuvo por haberle dado lastima a la líder.
Por su parte, Dawn, no podía sentirse más incómoda por el fallido intento de convencer a la líder, y a la vez más frustrada por ello. Gardenia no le había prestado atención a sus palabras, por más que se esforzó en hacerla entrar en razón de detenerse por un momento. Sus intenciones eran sinceras y humanitarias, pero ella no lo vio así.
"Pika"
Dawn volteó a ver a su amigo Pokémon, quien le habló con melancolía, parecía decepcionado mientras sostenía la medalla bosque, y era claro que lo estaba, ella igual se sintió terrible cuando gardenia la lanzó. ¿Dónde estaba aquella chica dulce y bondadosa de la cual le habló la enfermera Joy? Por como habló, parecía que ella y el resto de entrenadores que retaban su gimnasio solo le eran un estorbo, pero, ¿Que sería más importante? Pues no parecía que el tema de los asaltos fuera su único pensamiento, parecía que había otra cosa que la frustraba y la tenía así.
—no salió a como esperábamos. ¿No es así chicos? — preguntó a todos sus Pokémon.
Todos a su alrededor podían sentir su misma desilusión, pues tanto Ariados como Piplup se mostraron tristes y sin saber qué hacer. Incluso Rhyhorn dejó de comer para prestarle atención a ella, aunque sin mostrar sentimiento alguno de tristeza. Al voltear a ver a Ponyta, este había dejado de comer y la estaba mirando, incluso, Dawn podía jurar que se había acercado un metro más. La chica sonrió, al menos, sus Pokémon la hacían sentir mejor en momentos como este.
—bueno chicos. Creo que eso sería todo— Dijo la coordinadora, tratando de forzarse a la resignación, cosa que dudaba si era o no lo correcto, pero sus Pokémon igual le ayudaron a cuestionárselo.
Pikachu volteó a ver a la chica y comenzó a agitar sus brazos y a pedirle, exasperadamente, que reconsiderara su posición.
—oye. No podemos hacer nada, ella lo dijo— Pikachu no quedó conforme con su respuesta— a mí tampoco me parece tener la medalla de esa forma. Pero, lo único que podemos hacer, es esperar a que reabra el gimnasio y pedirle una batalla—
Pikachu parecía que seguía inconforme con aquella respuesta, pues seguía refutando. Pero, ahora, igual se unieron a él, Piplup y Ariados.
—¿Ustedes también? —Sus Pokémon parecían querer decirle algo, y claramente era relacionado a Gardenia, pues Piplup señalaba el camino el cual siguió la líder— ¿Ustedes también quieren seguirla? Pero, si ella dijo...—
La chica no pudo terminar gracias a Rhyhorn, pues este Pokémon comenzó a empujarla, levemente, desde atrás, queriendo que ella comenzara a andar.
—¿Tú también Rhyhorn? ¿Qué les ocurre a ustedes? —
Dawn sabía lo que sus Pokémon querían, y, exceptuando a Pikachu, quien solo quería una batalla para ganar la medalla legalmente, ella no sabía identificar si ellos estaban igual de preocupados por la líder de gimnasio, o quizá estaban decepcionados de ella y su decisión de no hacer nada para ayudarla ahora que se había ido.
—oigan. No podemos hacer nada. Ella no quiere ayuda—
Sus Pokémon volvieron a refutarle.
—¿Que quieren que haga? ¿Ir tras ella y ayudarla a buscar a los ladrones y que ella pueda relajarse, aunque la obliguemos a eso? —
Sus Pokémon asintieron.
Dawn los miró a todos. Pero, ella misma admitía que podían tener razón, en parte. A ella tampoco le agradaba la idea de quedarse allí mientras que Gardenia explotaba sus capacidades al máximo y sola. Sabía que no podría convencerla de retirarse, pero no tampoco podría estar sin darle su apoyo y los Pokémon lo sabían bien, después de todo, ella les brinda su apoyo a ellos, igual podía hacerlo por alguien más, aunque no lo quisiera.
La chica suspiró, y después rio— creo que tienen razón, chicos— irguió la espalda, plantó los pies sobre la tierra, colocó su mano derecha sobre su cadera y con el brazo izquierdo, señaló al horizonte sin señalar un punto en específico— ¡iremos a ayudarla! ¡Aunque trate de alejarnos a patadas! — Y, al lado suyo, estaba Piplup imitando su misma posición.
Todos a su alrededor parecían contentos con la nueva decisión de la coordinadora, en especial Pikachu quien dió unos pequeños saltos de entusiasmo.
—Alto allí, orejón— llamó la atención del roedor— vamos a ir, para convencerla de tomar un descanso. No para convencerla de tener una batalla. ¿Entendido? —
Pareciera que, ese agregado, no fue del gusto de Pikachu, quien comenzó a refutar y agitando sus brazos.
—no lo repetiré. Lo haremos así o nos regresaremos a pueblo Aromaflor hasta que termine el concurso. ¿De acuerdo? — debía ser exigente con aquel Pokémon en particular, sobretodo porque se trataba de alguien que no necesitaba el estrés de tener a una adolescente y a un Pokémon insistiéndole por una batalla, cuyas probabilidades de vencer eran del 50%.
Pikachu tuvo que resignarse, con sus orejas caídas aceptó la condición de Dawn, aunque sabía que, encontrando a la líder, igual podría asegurarse una batalla prontamente.
—bien. ¡Andando! —
La chica tomó a Piplup entre sus brazos para cargarlo y correr con él, en la misma dirección que tomó Gardenia. Seguida de Pikachu y Ariados quienes procuraron no despegarse de ella. Al ver que ella se alejaba, Ponyta igual comenzó a seguirla, aunque no dejaba de estar a una distancia considerable. Y por último, Rhyhorn, quien solo comenzó a caminar a su propio ritmo, no le importaba apresurarse, después de todo, siempre terminaba encontrando a la coordinadora sin importar la distancia en la que se encontrara.
