Cuando Dawn planeó su primer viaje, tomó el mapa de Sinnoh y trazó una ruta perfecta de las ciudades y lugares que planeaba visitar. Aquella ruta marcada tuvo que cambiar luego de su encuentro con Pikachu, pero aún así, todos los lugares que planeó visitar permanecían en sus planes. Y en toda la región solo hubo dos locaciones que prefirió tachar de su mapa y a las cuales no adentrarse: la torre perdida en la ruta 209, no quería estar dentro de aquel cementerio Pokémon habitado por Pokémon fantasmas; y el bosque Vetusto, el bosque más frondoso de la región y del cual se rumoraba que albergaba una mansión con fantasmas reales.
—yo y mi gran espíritu aventurero— Lamentablemente, su nueva aventura en busca de ayudar a la líder de gimnasio de ciudad Vetusta, la llevó a ese lugar tan oscuro.
Parecía un mal chiste, pero en efecto, Dawn se había perdido mientras corría sin rumbo tratando de encontrar a Gardenia. Ahora, estaba quieta en un sitio, tratando de no caer en el temor y el nerviosismo mientras apretaba a Piplup contra su pecho como si fuese un peluche, y tenía a Pikachu abrazado a su pierna. Estaba tan oscuro que apenas y podían ver unos cuantos metros más allá y eso gracias a las flamas de Ponyta, quien se acercó un poco más a la chica, sin estar pegado a ella, y Rhyhorn, bueno, él quizá confundió la oscuridad del bosque con la noche, pues se tumbó al suelo y se quedó dormido de un momento a otro.
—quizá deberíamos volver por donde vinimos, y buscar a Gardenia por otro lado— dijo ella tratando de controlar el temblar en su voz— ¿no les parece? —
Tanto Pikachu como Piplup asintieron afirmativamente, pero, antes de hacer algo más, Ponyta relinchó detrás de ella. Era un relinchido desesperado, como si algo lo hubiese espantado. Cuando Dawn volteó a ver a su Pokémon, preocupada, Ponyta seguía relinchando y levantado sobre sus patas traseras mientras movía enérgicamente las delanteras, como consecuencia de su espanto, y fue cuando vio aquello que espantó al equino, pues frente a él había un rostro macabro, con dos ojos enormes y una sonrisa malévola y aterrorizante.
Sin pensar en las consecuencias, la chica gritó aterrada por el rostro que estaba viendo. ¿Era un fantasma? ¿Un monstruo? ¿Un Pokémon gigante y come gente? No lo sabía, pero por su grito, también aterrorizó a Piplup y a Pikachu, y este último saltó hacía su hombro y se cubrió con unos mechones de cabello de ella.
Dawn iba a dar media vuelta y salir huyendo, cuando vio más detenidamente al rostro, y se fijó que eran las franjas de la espalda de Ariados, quien había bajado de la copa de un árbol usando su telaraña.
—¡Ariados! — regañó Dawn algo enfadada— ¡Sé que no es tu intención espantarnos! ¡Pero estamos en un momento muy tenso! — le dijo y los Pokémon pequeños que tenía consigo, igual le reclamaron al Pokémon tipo bicho. Al ser un lugar tan oscuro, a Ariados le fascinaba estar allí pues era un lugar perfecto donde conseguir comida fresca, al menos alguien se divertía allí.
La tranquilidad no le duró mucho a la chica, pues se escuchó el sonido de un arbusto moviéndose en alguna parte cerca suyo.
—¿Quién anda allí? —preguntó nerviosa de lo que fuera que hiciese ese sonido.
El sonido del arbusto moviéndose se escuchó en otra parte, y luego en otra parte.
—oh no… estamos rodeados—
Las preocupaciones de la chica iban en aumento, pues no tenía que enfrentarse a un Pokémon gigante come gente, quizá tenía que enfrentarse a una manada completa pues los sonidos se escuchaban por todas partes. La angustia estaba consumiendo a la chica y a los Pokémon a su alrededor, incluyendo a Ariados quien podía llegar a sentir lo mismo que su entrenadora. En un punto, Dawn quiso gritar a aquellas criaturas que saliera de su escondite y se mostrara para acabar con aquella intriga, pero a la vez tenía miedo de lo que fuera a aparecer y a ocurrir como consecuencia.
Más temprano que tarde, la angustia desapareció cuando la criatura detrás de los arbustos apareció dando un pequeño salto. Era un pequeño Pokémon marrón con pelaje amarillo como si fuera una pequeña bolsa que cubría la mitad de su cuerpo. Sus orejas eran largas, pero una de ellas estaba contraída, haciendo la ilusión que una era más larga que la otra.
— ¡Un momento! — dijo Dawn para detener a sus Pokémon por si pensaban atacar a la primer cosa que se moviera sin antes saber de qué se trataba— ¡Es un Buneary! —
En efecto, era una Buneary, un Pokémon tipo normal común de encontrar por esa zona. Cuando Dawn planeó su viaje, y desechó la idea de ir al bosque Vetusto, jamás imaginó que ese sería el hogar de un Pokémon tan adorable, un Pokémon que estaba en su lista para ser capturado.
—¡Es tan linda! ¡Siempre quise uno cuando era niña! — dijo y, casi de inmediato, Piplup volteó a verla recriminando le su expresión, a lo que Dawn tuvo que responderle con cierta vergüenza— no te pongas celoso, Piplup. Si te pones a pensar, a todos ustedes los quería cuando era una niña— la chica se pellizcó mentalmente, pues Ariados no había sido, exactamente, una captura planeada, pero ella no tenía por qué saber eso.
La Buneary dio un salto, tan alto que Dawn siguió su trayectoria, y cuando menos se lo esperó, la Pokémon cayó en su cabeza y rebotó, desbalanceando a la chica quien dejó caer a Piplup de sus brazos y a Pikachu de su hombro. La Buneary igual saltó sobre el lomo de Ponyta, haciendo que este se alterara un poco, y después la coneja huyó del lugar.
—ay… siempre me pasa esto a mí —se quejó la adolescente mientras sobaba su cabeza. Ella volteó a ver al camino que tomó la Buneary. A pesar del ligero dolor que le causó el golpe en la cabeza, en su mente solo pudo pensar en aquel Pokémon y lo bien que se vería en una de sus presentaciones, después de todo, un Pokémon tan tierno siempre capta las miradas de todos. Inmediatamente comenzó a olvidar la verdadera razón por la cual estaba en el bosque, y solo pudo centrarse en un nuevo objetivo— igual, lo quiero. ¡Hay que capturarlo! — y apenas dijo eso, Ariados profirió un gritillo y volvió a la copa del árbol para buscar a la pequeña criatura desde las alturas— ¡Ariados espera! ¡Recuerda que solo lo vamos a capturar! ¡No es comida! —
La chica y sus Pokémon comenzaron a correr siguiendo a la Buneary, quien era muy ágil y rápida con los broncos que daba. Y, aunque por lo regular Ponyta esperaba a que la chica ya haya avanzado varios metros adelante, esta vez decidió seguirla con solo un par de pasos de diferencia, pues era como si sintiera que tenía algún tipo de responsabilidad para con ella, y debía estar cerca para iluminar su camino y evitar cualquier peligro. El único que se quedó atrás, fue Rhyhorn, quien solo abrió un poco los ojos para ver qué la chica se alejaba, para después volver a dormir profundamente, era bastante vago en ese sentido.
Mientras corría a través del bosque, a la chica le pareció sufrir una especie de deja vu, pues ya había pasado por algo similar, cuando conoció a Pikachu. Corría para atrapar a un Pokémon, y terminó inmersa en una nueva aventura no planeada. Hasta le dio escalofríos de pensar en que otra situación se iba a meter, pero aun así, no se detuvo y siguió a la Buneary.
La Pokémon del tipo normal dirigió al grupo a una enorme mansión de paredes púrpuras, a la cual entró. Ariados llegó y se subió al techo de la vieja edificación, hasta que encontró un pequeño hueco por dónde entrar para seguir al pequeño mamífero. La casa se veía vieja y bastante deteriorada, pero se mantenía de pie a pesar del tiempo. Dawn al ver el lugar, lo reconoció de inmediato y casi palidece por ello.
—ay no… — dijo ella y sintió sus piernas temblar— no, no, no, no, no—
Sin duda, era la mansión embrujada de las historias sobre el bosque Vetusto. El terrorífico lugar al cual Dawn no pretendía meter un pie nunca pues podría encontrarse con seres de ultratumba y provocarle un susto de muerte, o mínimo provocarle pesadillas durante un tiempo. La joven chica se quedó paralizada. No había viento soplando ni silbando, no habían truenos pronosticando tormenta, parecía el escenario de una película de terror sin efectos especiales, y aún, ella estaba muy atemorizada por el simple hecho de estar frente a la mansión fantasmal.
Sus piernas temblaron levemente y sus dientes tiritaron. Tenía claro lo que quería hacer, dar media vuelta e irse, pero parecía que había olvidado como moverse.
"¿Pika?" le dijo el roedor amarillo, preguntándose qué le ocurría a ella.
Dawn escuchó a Pikachu, y de inmediato le respondió— ¡Por supuesto que no vamos a entrar! ¡No sabemos si habrá Hunters, o si el mismo Giratina duerme allí! —
"Piplup" igual dijo su amigo emplumado.
—ya sé que Buneary es muy bonita. Pero ni en un millón de años entraría allí—
Y después, Ponyta dio un pequeño relinchido, a lo que Dawn consideró prudente responderle.
—¡Por supuesto que no es miedo! ¡Se llama sentido de supervivencia! —
Los Pokémon a su alrededor miraron extrañados a la chica. Realmente, no le cuestionaron nada, todo lo que ella creyó que le dijeron fue especulación suya, quizá, el miedo estaba volviendo la paranoica pues, en otras circunstancias, hubiese dicho que no debía hablar con los Pokémon y hubiese dejado la discusión, pero ese no era el caso.
La chica iba a irse, cuando escuchó un chillido y un gritillo proveniente desde dentro de la casa. La mansión embrujada ya se había cobrado sus primeras víctimas.
—Esos… esos son Ariados y la Buneary—
Los gritos volvieron a oírse. Parecía un mal sueño, uno parecido al que tenía de vez en cuando, dónde ella era perseguida por un Gastly gigante, mientras corría por unas escaleras que parecían ser infinitas, y solo deseaba jamás ser alcanzada por la enorme lengua de aquel fantasma. Pero esta vez, su pesadilla podría hacerse realidad y solo dependía de una decisión. Pero claro, su buen corazón no iba a permitir que se dejara influenciar por el temor.
No podía dejar a su amiga allí dentro ni a aquella Buneary, a pesar del temor que sentía por la mansión, no podía simplemente irse dejando a los Pokémon a su suerte. Sabía que iba a terminar metiéndose en algo que le desagradaría, hasta ahora, nada de lo que había planeado salió como ella hubiese querido, y el entrar a aquel lugar era el ejemplo perfecto.
Tomó a Piplup, y Pikachu subió a sus hombros, ella entró a la mansión abriendo una enorme puerta, tan grande que le costó moverla, y no ayudaba que las bisagras estuvieran oxidadas por todo el tiempo que había pasado. No le hubiese importado que alguna especie de mayordomo fantasma le abriera la puerta amablemente, aunque, quizá le hubiese dicho "Bu" con amabilidad y ella de igual forma hubiese muerto de un susto.
Al estar en el interior, quedó sorprendida y no era para menos. No eran fantasmas, pero el interior de la mansión si guardaba un impresionante secreto. Su Pokémon y la Buneary estaban tirados en el suelo y habían sido atados por una especie de enredadera vegetal, lo suficientemente dura como para inmovilizar a ambos. Y, detrás de ellos, había un montículo de cientos o miles de pokeball.
—¿Pero qué ocurrió aquí? —
Imposible que esas pokeball llegaran solas o que fueran de un solo entrenador, y Ariados y Buneary fueron atrapados por algún Pokémon. ¿Qué estaba pasando en aquel sitio que cada vez se volvía más escalofriante y misterioso?
—parece que tengo compañía aquí— se escuchó una voz masculina y gruesa.
La sala principal tenía puertas que conducían a habitaciones, dos por cada lado, y había unas enormes escaleras que llevaban a la segunda planta. Era en la segunda planta donde se encontraba un hombre alto y de cabellera rebelde, rubia. Moreno claro y bastante musculoso. Tenía un chaleco gris con una R roja que cubría todo el pecho, el chaleco estaba abierto dejando ver una camiseta azul debajo. Llevaba puestas unas gafas oscuras.
—¿Quién eres? ¿Y por qué hiciste esto? — preguntó la chica, dando por hecho que él había sido el responsable de atar a los Pokémon. Pareciera que su temor había desaparecido, al sentir que había otro ser vivo allí dentro.
El sujeto sonrió burlonamente antes las interrogantes de la chica, fue cuando apoyó una mano en el barandal y saltó hacia la primera planta, cayendo sobre sus pies sin daño alguno.
—que chica tan curiosa. Soy Attila, un miembro de alto rango del equipo Rocket— dijo con voz elevada, tanta como para retumbar por las paredes de toda la mansión, señalándose a su mismo con el dedo pulgar de su mano derecha.
Equipo Rocket. En definitiva, el nombre no le sonaba a Dawn en lo absoluto, pero, pudo hacer una comparación. En Sinnoh, había un grupo criminal que se denominaba a sí mismo como un equipo, tal como Attila dijo. ¿Eso era el equipo Rocket? ¿Un grupo criminal? ¿Él era acaso un ladrón de Pokémon?
—todas esa pokeball... Acaso tú... ¿acaso tú eres quien ha estado asaltando a los entrenadores de esta zona? —
—chica lista. Me pregunto cuánto tiempo tardaste en darte cuenta— se burló Attila— eres la primera en encontrar mi base provisional—
—¿Por qué lo haces? ¿Qué quieres con todos esos Pokémon? —
—pareces muy interesada. Mi equipo y yo hemos estado robando estos Pokémon para llevarlos a nuestra base principal. Serán usados con un único fin de expandir nuestro poderío hasta Sinnoh— Attila no tenía por qué decirle a la chica toda esa información, pero no le importó hacerlo, después de todo, ella sola no representaba ningún problema para sus planes.
Dawn parecía detestar las declaraciones de Attila. La forma que describía las acciones que realizó, con tanta facilidad como si de algo común se tratase, le enfadaba pues para que él estuviera aquí, burlándose y actuando con tal seguridad y libertad, alguien más tuvo que haber perdido a un Pokémon.
—¡Eso no es justo! —gritó la chica— ¡Lo que haces no es justo! —
Sin duda fue algo que a Attila le llegó a consternar, pues no esperaba ese tipo de raciocinio por parte de ella— ¿Qué dijiste? — Era una persona dedicado al crimen, sin importarle los demás a su alrededor, estaba acostumbrado a ser llamado de varias formas despectivas, por supuesto que no era alguien justo, pero esta chica señaló lo obvio.
—esos Pokémon son los amigos de alguien. Las personas a quienes se las quitaste deben estar tristes y preocupados por ellos. Y esos Pokémon deben estar atemorizados por lo que les hiciste. Ni siquiera han de saber que está pasando—
—parece que no has entendido lo que significa robar, muchacha— Attila comenzaba a cansarse de escuchar hablar a la chica de gorro blanco.
—¡Eres un egoísta! — increpo Dawn— ni siquiera te importa lo que has hecho, ni siquiera tienes una pizca de remordimiento—
Attila se rio fuertemente para demostrarle a la chica que no le importaba sus palabras— ¡Niña tonta! —le dijo— no me importa cómo se sientan esas personas o sus Pokémon. Siempre y cuando sirvan para mis fines—
Lo único que Attila quería era provocar el enfurecimiento de Dawn, y lo estaba logrando. Pues sus palabras le hacían pensar en algún chico o chica que estuviera triste por haber perdido a su Pokémon luego de un encuentro con aquel sujeto. ¿Cómo trabajaría? ¿Cómo le habrá quitado los Pokémon a esos entrenadores? Seguramente fue de una forma agresiva y asustando a los entrenadores, quienes ni siquiera pudieron defenderse de alguien como él, quien, seguramente podría tener Pokémon fuertes. Y pensó en Gardenia, aquella joven líder de gimnasio, estaba pasando por un momento de estrés por culpa de él.
—ya ha sido suficiente charla pequeña. Ahora sabes mis planes y mi base temporal— dijo Attila buscando un par de pokeball en su cinturón— será mejor que te calles y me entregues a tus Pokémon. Ese Ponyta y ese Piplup me servirán mucho cuando hayan evolucionado—
Attila la estaba retando— ni creas que voy a entregarte a mis amigos. ¡Devuélveme a Ariados, y devuelve todos esos Pokémon! —le gritó.
Attila sonrió, era justo lo que quería—si no piensas entregármelos. Los tomaré por la fuerza—
El miembro del equipo Rocket sacó a dos Pokémon. Una enorme criatura hecha de enredaderas verdes y azules con grandes y largos brazos con dedos rojos, entre las enredaderas, solo había dos grandes ojos, era un Tangrowth. Y el otro Pokémon, era un ser hecho de rocas que formaban una esfera alrededor de su cuerpo, de aquella esfera sobresalían dos pequeños brazos y dos pequeñas piernas, así como una pequeña cabeza, era un Golem.
Dawn estaba contra la espada y la pared. Hubiese querido evitar una batalla así, de hecho, enfrentarse a una persona así y sola era justo lo que hubiese preferido evitar. Pero debía hacerlo pues no podía dejar a Ariados sola ni a ningún otro Pokémon sin siquiera hacer el intento de detener a Attila.
—bien. Así será— dijo, para luego ordenar a su Ponyta, pues el tipo fuego tendría ventaja contra el tipo planta de Tangrowth— ¡Ponyta! ¡Usa llamarada en Tangrowth! —ordenó, pero el ataque nunca llegó.
Ponyta se quedó quieto, sin haber obedecido la orden de su entrenadora. Cuando esta volteó a verlo y preguntarle la razón, este solo volteó la cabeza a otro lado.
—¡oye! ¡no puedes hacer esto! —dijo mientras trataba de sujetar la cabeza de Ponyta para que este mirara al frente— Este es un combate. Tienes que combatir— Ponyta se liberó del agarre de la chica y siguió mirando a otro lado— Ay. Me choca tu indiferencia—
Attila se rio—¡Chica tonta! ¡ni siquiera puedes hacer que tu Pokémon te obedezca! —
Dawn se molestó por la burla— bien… plan B. ¡Piplup! ¡Usa chorro de agua en Golem! —
Piplup, si, obedeció la indicación de la chica, y usó chorro de agua. Pero, antes de impactar en el Pokémon de roca, Tangrowth se interpuso y recibió el ataque sin sufrir daño alguno.
Dawn se sorprendió por este movimiento, Golem era débil contra el tipo agua, un ataque directo le hubiese dado la victoria a la chica, así de fácil lo imaginó pero no supuso que el Pokémon tipo planta se interpusiera para evitar que su compañero Pokémon fuese afectado.
Attila volvió a reírse—¡mi turno! ¡Tangrowth! ¡Atrapa a ese Piplup! —
Los brazos de Tangrowth se alargaron, tanto como para alcanzar a Piplup y sujetarlo. Luego, lo atrajo hacia él, lo envolvió con unas enredaderas, justo como las que sujetaban a Ariados, y luego lo tiró al suelo junto al Pokémon bicho.
—¡Piplup no! — Dawn quedó sorprendida por eso. Realmente no esperaba que a Attila le fuese tan fácil alejar a su amigo emplumado de su lado.
Al ver lo que le pasó a Piplup, Ponyta decidió actuar. Usó lanzallamas tal y como le había dicho la chica anteriormente, dirigiéndose al Pokémon tipo planta, pero, tal como pasó antes, Golem se interpuso en el camino de las llamas y recibió el ataque, recibiendo muy poco daño, realmente, no había sufrido afectación alguna.
—¡Atrapa a Ponyta también! —
Tangrowth volvió a alargar sus brazos y atrapó al equino. Lo envolvió en enredaderas, y lo tiró al suelo, imposibilitado para moverse o volver a atacar. Dawn
La chica estaba metida en un enorme desafío, había perdido a sus tres Pokémon y había sido con demasiada facilidad para el ladrón. Su mente esta confusa pues debía idear como liberarlos, no quería perder a sus amigos. Casi había olvidado que a sus pies quedaba otro Pokémon.
"¡Pika!"
Pikachu había llamado la atención de la coordinadora. Cuando ella volteó a verlo, este estaba en posición de guardia, listo para atacar cuando ella lo ordenara, después de todo, eran casi parecido a un equipo, y ahora, sus amigos necesitaban ayuda.
Dawn entendió las intenciones de Pikachu por pelear, y era obvio pues era un Pokémon acostumbrado a las batallas. Asintió, confiando en él, y le dijo— ¡Pikachu! ¡Usa Impactrueno! —
Las mejillas de Pikachu se llenaron de energía eléctrica, y pronto, todo su cuerpo se cubrió de un aura amarilla por la electricidad que usó para producir el ataque de impactrueno, y que este se dirigiera a sus oponentes. Pero, de nueva cuenta, los Pokémon de Attila usaron la misma estrategia, pues Golem se interpuso entre el rayo y Tangrowth para recibir el ataque, y gracias a su inmunidad al tipo eléctrico, no hubo afectación alguna.
Dawn había olvidado que Golem igual era de tipo roca, pues era la evolución final de Geodude, un Pokémon con el que había combatido ya en el gimnasio de ciudad Pirita, y que no había funcionado la estrategia de usar ataques eléctricos.
Attila tenía el control absoluto en la batalla, pues tenía dos Pokémon que se coordinaban bien para que uno recibiera los ataques que se dirigían al otro, y en lo absoluto, habían limitado a Pikachu a un solo ataque que no era del tipo eléctrico. O, al menos eso pensó Dawn, hasta que Tangrowth atrapó al roedor.
Attila volvió a reír, forzando a su garganta para que sonara tan fuerte como para que hiciera eco al rebotar en las paredes y estás temblaran levemente—¡Está ha sido la captura más fácil de todos los tiempos! —
¿Que podría hacer Dawn? Todos sus Pokémon le habían sido arrebatados y ella ni siquiera había podido hacer algo para evitarlo, pues no pudo idear una estrategia, de forma rápida, no había visto la gran coordinación que sus Pokémon tenían a la hora de protegerse y de atacar al momento justo. Ahora, estaba sola, sin ninguna otra ayuda, pero aun así, seguían con la misma intención y determinación de vencer a Attila, solo necesitaba idear el cómo. Aunque, la respuesta apareció justo detrás de ella.
Aunque las risas burlonas de Attila se escuchaban en toda la mansión, fueron interrumpidas por un gran estruendo, algo grande había golpeado las enormes puertas. Hubo otro golpe, y de pronto, aquellas pesadas puertas se abrieron, dejando ver a la criatura que las abrió, quien profirió un fuerte rugido como si estuviese retando al miembro del equipo Rocket.
