-Sasuke-sama... Sasuke-sama, despierte...
Abrió los ojos. El sitio donde se hallaba era oscuro y lúgubre. Un gran caldero en el centro de la habitación burbujeaba, conteniendo en su interior un resplandeciente líquido violeta que iluminaba solo el techo.
A su alrededor, había muchos frascos de vidrio, colocados cuidadosamente sobre repisas viejas y sucias de madera. Como estaba sentado en el piso, al lado contrario, le era imposible ver lo que contenían.
-¿Dónde estoy? – musitó, moviéndose hacia adelante.
Sin embargo, al hacerlo, se dio cuenta de que sus muñecas eran presas de un par de grilletes, con cadenas unidas a una pared hecha de piedras.
-Es la cabaña de Tsubaki. – dijo una voz ajena, saliendo del interior de su playera blanca.
-¿Koryu? – lo llamó confundido, reconociendo su cabeza, en su hombro derecho. - ¿Cómo...?
-Antes de que Tsubaki se transportara, volé lo más rápido que pude y me escondí en su ropa.
En eso, ambos escucharon como dos cadenas se movían en el piso. Koryu tragó saliva. Salió por completo de la prenda del muchacho y voló hacia el otro lado del cuarto, iluminándolo con una llama que invocó de su pata izquierda.
-¡Ay, cielos! – exclamó asustado.
No obstante, antes de poder comunicar su hallazgo, escuchó como los cerrojos de la puerta se abrían, por lo que volvió a toda velocidad con Sasuke, escondiéndose, esta vez, detrás de su espalda. Unos segundos después, la habitación fue iluminada con la luz de la luna, seguida por la silueta de una furiosa Tsubaki.
-Basura inútil... - dijo despectiva, rompiendo un papel blanco en forma de muñeco y arrojando los pedazos al piso. - ...sabía que debía matarlos cuando apenas eran unos mocosos. – pasándose una mano por su largo cabello blanco, volteó hacia el Uchiha, mirándolo unos segundos en silencio antes de sonreír. – Qué bueno que estás despierto. Espero que hayas tenido un sueño placentero.
-Es difícil dormir cuando tus brazos cuelgan de la pared. – comentó molesto, haciéndola reír mientras caminaba al otro lado.
Con un chasquido, iluminó la habitación, encendiendo de golpe todas las velas escondidas en las repisas, el piso, el techo... incluso tenía un escritorio con pergaminos, tinta y pinceles de varios tamaños. Sin embargo, eso no fue lo que llamó su atención.
Ahora comprendía mejor porque Koryu sonó tan abrumado.
Sentada en el piso, encadenada de las muñecas y con varios cortes en sus ropas y su cuerpo, se encontraba Hinata. Verla en aquellas condiciones, le dio un vuelco en el corazón y lo hizo entrar en pánico.
Al verlo tan angustiado, Tsubaki bufó y sonrió de lado. Se inclinó a la altura de la hibrida y le arrancó un mechón de su largo cabello negro. Acto seguido, se aproximó al caldero y lo arrojó a su interior. Luego de comprobar que se había unido sin problemas a su mezcla, la rodeó y se aproximó a Sasuke.
Él se hizo hacia atrás, tratando de esquivar sus manos. Pero fue un esfuerzo inútil, ya que, de todas formas, la mujer terminó por arrancarle uno de sus cabellos, repitiendo lo mismo que hizo con el de Hinata. Cuando la poción cambió de color, introdujo su dedo índice derecho, humedeciendo su yema y llevándola a su boca.
-Le falta un ingrediente extra... - habló, invocando su serpiente blanca en su brazo derecho.
El shikigami, posicionándose sobre el caldero, dejó escapar de sus colmillos la sangre que había extraído del joven, al momento de provocarle un desmayo frente a Naruto y los demás. En cuanto los ríos de sangre se revolvieron en la poción, en forma de varias espirales, esta volvió a cambiar de color y a descender al fondo.
La mujer sonrió satisfecha. Retiró su serpiente y tomó del interior del caldero, lo que parecían, dos masas de carne. Sasuke miró aquello con inquietud. ¿Qué eran esas cosas? Parecía que estaban vivas, porque se les resaltaban las venas purpuras y palpitaban. Aproximándose al escritorio, Tsubaki dejó las masas sobre la mesa.
De un cajón, sacó dos cajas de madera. Poniéndolas en el escritorio y quitándoles las tapas, introdujo en su interior las masas y las tapó nuevamente. Agarrándolas en sus manos, salió de la cabaña y las guardó en dos agujeros que había escarbado previamente, en la parte trasera que daba hacia el bosque.
Una vez en la tierra, las sepultó con una pequeña pala metálica de la que disponía y regresó al interior, cerrando la puerta tras de sí. Respiró, sacando una nubecilla de vapor de sus labios. Apartándose de la puerta, caminó con tranquilidad hacia el muchacho. Se agachó a su altura y tomó su mechón de cabello izquierdo, deslizándolo entre sus dedos.
-¿No te gustaría saber, la verdadera razón por la que puse en tu interior la fruta Tsuchigumo?
PPPPP
FFFFF
-Sesshomaru... jamás tuve la oportunidad de decírtelo... pero tú me gustabas mucho... espero... de todo corazón... que hagas feliz a Rin... después, de lo que han vivido... se lo... merecen...
FFFFF
-Kikyo... - la llamó el detective Taisho en sus pensamientos, mientras le disparaba a un demonio en la cabeza. – yo ya estaba al tanto de tus sentimientos. Pero no quise acercarme demasiado a ti porque Rin me necesitaba, tanto como yo la necesitaba a ella. – apretando el gatillo un par de veces más, acertó en las frentes de otros dos demonios que quería acercarse al hospital Shikon. - Lo lamento. Yo también fui un cobarde por no ser claro contigo. Por parecer alguien inalcanzable para ti.
-¡Sesshomaru! – lo llamó Kagome, soltando una flecha para salvarlo de un ogro.
Luego de que su cuerpo cayera, se reunió con él, poniéndose junto a su espalda y preparando otra flecha en su arco.
-¡Oigan!
En eso, InuYasha los llamó, saltando y destazando con sus garras de acero a dos serpientes que volaban hacia él.
-¿Ya no queda a nadie por llevar? – preguntó, aterrizando frente a ellos.
-No... - respondió su hermano. - Esa chica fue la última.
El joven asintió. Se agachó frente a Kagome, para que subiera a su espalda y luego, los tres huyeron de los monstruos, subiendo las escaleras. Mientras InuYasha daba un gran salto, para subir a una de las ventanas abiertas del segundo piso, Sesshomaru entró al vestíbulo del hospital.
Cerrando las puertas de cristal con seguro, le colocó a cada una un pergamino, que iba sacando de un bolsillo interior de su gabardina. En cuanto las criaturas se acercaron, relámpagos dorados los rechazaron, atrapándolos y calcinándolos hasta la muerte.
Jadeó. Fue buena idea que, en cierto momento, le preguntara a su madre sobre cómo utilizar los pergaminos sagrados de su familia. Tragó saliva y se giró, corriendo hacia las primeras escaleras que encontró.
PPPPP
-¿Cómo están, señora Urasue? – cuestionó Itachi, viendo desde una banca de madera, la forma en la que revisaba a cada una de las personas que salvaron recién de los Youkai.
Todos, incluyendo a Rin, continuaban inconscientes, sentados en el suelo y con sus espaldas apoyadas en la pared contraria.
-Están atrapados en una técnica de ilusión, un genjutsu muy poderoso llamado "Tsukuyomi". – concluyó seriamente, apartando su mano de la frente de Naruto Namikaze.
Luego de haber sellado la ventana por donde entraron, InuYasha y Kagome llegaron con ellos. Unos segundos después, Sesshomaru apareció por las escaleras del primer piso.
-Puedo hacer cualquier tipo de brebaje, preparar armas especiales para cazar demonios. Incluso curar a los enfermos. Pero, esto, me temo que va más allá de mi conocimiento.
Al escuchar aquello, el muchacho de cabello negro azotó su puño derecho en la banca.
-Si tan solo Tsubaki no se hubiera llevado a mi hermano... - dijo enojado, recordando la forma tan abrupta en como lo apartaron de su lado.
-Desafortunadamente, la fruta Tsuchigumo tampoco podría ayudar mucho en este caso. – explicó Urasue, volteando sus ojos saltones de Itachi hacia los jóvenes inconscientes. - Lo que necesitamos, es a alguien que se dedique a hacer y deshacer este tipo de conjuros. De otra manera, me temo que podrían quedarse así hasta por varios años.
-Esperen. – habló InuYasha, haciendo memoria. - Conozco a alguien, pero necesito comunicarme al exterior.
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-¿No te gustaría saber, la verdadera razón por la que puse en tu interior la fruta Tsuchigumo? – cuestionó la sacerdotisa de poderes oscuros, con Sasuke sosteniéndole la mirada.
Ella bufó. Aunque se encontraba en su presencia, el peor de los demonios, no le mostraba ni una pizca de miedo. Le recordaba a ella misma en su juventud. Sonriendo, apartó su mano de su cabello y se puso de pie.
-Te la di porque tú eres la reencarnación de mi esposo.
La mirada del joven cambió, mostrándose anonadado y confundido.
-No esperabas eso, ¿Cierto?
-Para nada... - comentó, arqueando las cejas. - ...creí que solo me la habías dado porque si y que por eso convertiste a muchos niños del distrito de Suginami en híbridos.
Tsubaki soltó una carcajada.
-Eso fue lo que le hice creer a todo aquel que me seguía el rastro. – dijo con una sonrisa siniestra, consiguiendo que su corazón saltara del susto. - Necesitaba despistarlos mientras aprendía a controlar mejor la maldición del sharingan. – agarró uno de sus mechones blancos y lo llevó por detrás de su oreja izquierda. – De la prueba 2 a la número 200... ninguno de esos mocosos era apto para albergarla y terminaba muriendo con lágrimas de sangre en sus mejillas. Al final, tuve que volver a mi prueba 1, quien recién había cumplido los 7 años.
-Hinata... susurró, pasmado.
-Ella no solo consiguió soportar esos magníficos poderes del inframundo. – sonriendo, volteó hacia la joven, desmayada al otro lado de la habitación. - También estaba desarrollando una fuerza y conductas dignas de un demonio. – sus ojos esmeralda se dirigieron de nuevo a Sasuke. - Por eso les sugerí a sus padres que la internaran en el sanatorio Akasuna.
-Entonces... eso de que Hinata tenía un demonio...
-Cuando la anciana del sanatorio perdió a su nieto, quedó tan devastada que no dudaba de todas las cosas que yo le decía. Incluyendo el hecho de que, posiblemente, Hinata necesitaba un exorcismo. Pero eso no podía llevarse a cabo por cualquier sacerdotisa. Debía ser una del templo Higurashi.
-¡Por eso engañaste a los padres de Hinata! – exclamó molesto. - ¡Para tenderles una trampa a Kikyo y a Kagome!
-Y salió mejor de lo que creí. – sonriendo, tomó una vasija de una de las repisas y la vació por completo en su gran caldero. - Gracias a eso, pude vengarme de Midoriko Higurashi y, de paso, deshacerme de Minato Namikaze, uno de los sacerdotes más influyentes y poderosos de Japón.
Recordando el dolor en los rostros de Kagome, de Kushina, de Naruto y de Karin, el muchacho agachó la mirada y apretó los dientes con frustración. Pasados unos segundos, en los que la sacerdotisa había puesto más hierbas a su nueva pócima...
-¿Por qué lo haces?
...se atrevió a interrogarla, levantando de a poco su cabeza.
-¿Por qué llegas tan lejos para cumplir con tus ambiciones?
Quedándose en silencio y desvaneciendo su sonrisa, la mujer añadió más hierbas a su mezcla.
-Solo quiero recuperar lo que me arrebataron hace décadas por culpa de Midoriko. – comentó, unos segundos después, mirando las burbujas en el caldero. – A mi esposo... y a mi bebé.
Fin del capítulo.
