Ok, yo sé. No merezco perdón de Dios, pero en especial de ustedes por haberlxs abandonado por casi tres años. De verdad perdón… han pasado muchas cosas en estos años en realidad, planeo terminar la historia a principios de marzo, asi que cuando la acabe les contaré todo el chisme si quieren. Por ahora les traigo la continuación 3 con todo mi amor para ustedes.

¡ACCIÓN!

CAPITULO 19: EL REGRESO DE THORIN ESCUDO DE ROBLE

Thrain miró la figura de su hijo abrirse paso entre a multitud de enanos en estado famélico. El andar firme de Thorin hizo temblar ligeramente a los guerreros del rey; era un andar pausado con la espada en mano sin arrastrarla por la fría roca del piso.

La multitud apreció la imagen del hijo mayor del rey, con aquellos ojos de hierro teniendo por único objetivo a su progenitor. Su barba estaba igual al momento en que fue expulsado de Erebor, era obvio asumir que Thorin la había mantenido corta desde que le fue arrebatada, era un signo de deshonor para cualquier enano; sin embargo, Thorin ostentaba su corta barba como un recuerdo del momento en que fue exiliado por aquel que osó llamar padre alguna vez.

—Thrain hijo de Thror. Has atentado contra tu gente y su progenie. Has deshonrado el linaje de Durin con tu codicia e insensatez. Ahora me corresponde a mi arreglar lo que provocaste—dijo Thorin con un todo grave que retumbó en las paredes de piedra.

Thrain desenvainó nuevamente su espada luego de haberla guardado tras derribar a Dís; su expresión era desquiciada y expuso sus dientes como un depredador preparandose para atacar. Thorin por el contrario mantuvo una expresión fría y poniendose en guardia, tiró el arco dado por Bardo y desenvainó su espada.

Entonces sobrevino el caos. Thrain se lanzó a atacar a su hijo chocando espadas con duras estocadas que retumbaron en las paredes y pisos de piedra, los soldados se prepararon para defender a su rey, pero eran pocos considerando los muchos miembros de la guardia que quedaron atrapados gracias a la compañía de Thorin. Los que quedaban fueron facilmente sometidos por la compañía de Thorin; Dwalin llevó a Dís a una zona segura de la pelea, mientras que el resto —incluido Bilbo —noqueaban a los guerreros y alejaban a los enanos civiles del combate.

Las espadas chocaron entre ellas con ferocidad, ambos mirandose con una rivalidad que no debería verse entre un padre y su hijo. Con una estocada rápida, Thrain hizo un profundo corte en el brazo de Thorin haciendolo gritar, Bilbo sintió su corazón en la garganta solo de verlo, pero el príncipe se recompuso rápido y regresó a atacar a su padre. Thorin atacó chocando su espada con la contraria haciendolas a un lado con fuerza y plantando un duro puñetazo en la nariz de Thrain haciendolo sangrar. Así se lastimaron, agobiados por la soberbia, el enojo y la amargura sin importar cuanta sangre se derramara.

Thorin dio un golpe a su izquiera muy cerca del cuello del rey sin conseguir su objetivo de cortarle la garganta, sin embargo, la edad y el vigor del combate de Thorin ciertamente agotaron al rey debido a que no era su primera pelea en las ultimas horas. Eso fue aprovechado por Escudo de Roble notando como las rodillas de su padre temblaban y se le resbalaba el mango de la espada. Thrain soltó un grito encolerizado blandiendo su espada hacia el pecho de Thorin, pero él con movimientos experientados se agachó deslizandose hacia un lado golpeando la corva de su rodilla.

Thrain cedió al piso de rodillas, antes de que Thorin pudiera hacer su ataque, su padre lo golpeó entre las costillas con su codo haciendolo retroceder. Thorin se repuso con rapidez pateando la mano donde su contrincante sostenía su espada desarmandolo.

El silencio entre la multitud solo era interrumpido por las pesadas respiracions de ambos descendientes de Durin que se reñían en combate. Thorin tomó su victoria colocando la hoja de su espada contra el cuello del rey.

— Thrain, hijo de Thror. Tu reinado corrupto ha terminado en la montaña, como siguiente en la linea del trono te condeno por tus crímenes contra tu gente y por lo tanto… te condeno a morir —Thrain esbozó una media sonrisa cínica contra su hijo saboreando la sangre en sus dientes.

Bilbo notó la expresión fiera llena de íra en Thorin, la había visto en menor medida varias veces. Era esa mirada que decía que haría algo increiblemete estúpido o terriblemente malo llevado por sus emociones de lo que se arrepentiría después.

Por lo que sabía, Thrain había hecho cosas terribles a su propia familia y a su pueblo. A pesar de que Elrond le había dado una burda explicación al respecto, no entendía por completo sus razones. Lo que sí sabia es que no podía permitir que Thorin viviera con esa pena. Prefería la carga del enojo de Thorin a que él cargara con el arrepentimiento.

Vio a Thorin alzar la espada alertando a Bilbo. Corrió empujando a cuanto enano tuviera en frente y que le impidiera llegar. Desenvainó su espada y la chocó contra la de Thorin justo cuando iba a llegar al cuello de Thrain.

— ¡No! Espera…espera —dijo soltando esto último con un suspiro de agotamiento tras hacerse espacio entre la multitud. Se interpuso entre ambos hijos de Durin buscando algo de misericordia en los ojos de su amante.

—Hazte a un lado —dijo separando cada palabra con más veneno que la anterior.

—Si él hubiera querido te hubiera matado antes de que te fueras –dijo acercándose poco a poco al filo de la espada.

— ¡Me desterró y humilló frente a mi gente! —hizo su espada a un lado para acortar la distancia entre él y Bilbo.

— Te humilló, sí. Pero pudo haberte matado en ese instante y no lo hizo —.

— Mandó a gente a matarme —Bilbo casi pudo sentir la barba de su amante picarle en la nariz pero no bajó la mirada.

— No quiero que hagas algo de lo que te arrepientas, puede que aun quede algo en él del padre que amas —dijo, Thorin miró al mediano y luego miró a aquel que se hacía llamar su padre para luego regresó su mirada a Bilbo quien le obsequiaba una dulce sonrisa esperando que aceptara. Suspiró con pesadez.

— Bombur. Dwalin. Llévenlo a las mazmorras y que ahí curen sus heridas —los mencionados no replicaron y acataron la orden —Espero tengas razón —dijo dándole un beso en la frente a Bilbo ante la atenta mirada de la multitud a su alrededor.

— ¡Larga vida al rey! Thorin Escudo de Roble —gritó un enano con una voz profunda contrastando con su aspecto casi moribundo, las ovaciones no se hicieron esperar con los gritos de ¡Larga vida al rey! De la multitud a su alrededor, pero el moreno solo tenía ojos para esa sonrisa y esa mirada tan limpia que le daba su merlar. Al fin podría ser feliz.

El golpe de un cuerpo contra el piso despertó a varios enanos cuando vieron a Dís desplomada en el piso del agotamiento.

— ¡Dís! — exclamó Thorin precipitandose al cuerpo de su hermana, cuando la levantó se dio cuenta de lo ligera que estaba, no se había percatado de muchas cosas hasta que la bruma de la furia se desvaneció con la autoridad de su padre. Su hermana tenía un parche que le cubría un ojo ¿lo había perdido? ¿en qué circunstancias? Sus muñecas eran demasiado delgadas, y su cabello antes de un color ébano brillante ahora era ceniciento. Apretó los dientes con fuerza sintiendo tanto dolor y deseos de justicia, deseaba matar al que había provocado todo esto.

— Thorin, tenemos que llevarla con un curandero —de nuevo Bilbo lo regresaba a la realidad, soltó un largo suspiro intentando disipar su cólera.

— Balin, ve a conseguir un curandero —el mencionado acató la orden.

Thorin cargó a su hermana en brazos llevandola a sus habitaciones en el ala de la realeza de la montaña. Los enanos que llegaron a estar en su camino se hicieron a un lado en el momento en que lo vieron cargando a la princesa, En cuanto llegó a la habitación, Bilbo —que lo había estado siguiendo —acomodó la cama y extendió algunas mantas sobre ella, Thorin la colocó delicadamente en el colchón y la cubrió con un par de cobertores de pieles de animales y peinando su cabello evitando que algunos mechones obstruyeran su rostro.

El curandero, aunque también en un estado miserable, no perdió el tiempo mas que para ver sorprendido a Thorin y luego acercarse presuroso a revisar a Dís. Las manos del nuevo rey temblaban con ansias por no saber el estado de la enana postrada en la cama; ahora se arrepentía de haberse tomado su tiempo en la comarca, debió ser fuerte y no alejarse, debió pelear más.

— Yo me quedaré con ella —dijo Balin colocando su mano en su hombro. Thorin quiso discutir, pero sabía que ahora tenía otras responsaibilidades —va a estar bien, es la enana más fuerte que conozco —dijo el enano de cabellera canosa sonriendo suavemente a Thorin.

El hobbit le estrechó la mano a Thorin como una forma de soporte y apoyo, Escudo de Roble devolvió el gesto y salió de la habitación no sin antes advertirle a Balin que le avisara cuando Dís despertara.

La horas siguientes fueron un borron de muchos gritos de celebración, de ordenes gritadas de un lado a otro entre encarcelar a los enanos traidores, abrir las arcas y almacenes donde se almacenaba la comida donde al menos un tercio se encontraba en mal estado debido a su almacenamiento. El hobbit pudo ver la indignación e irritación en su mirada cuando abrieron los almacenes y vio muchas frutas, verduras y carnes en estado putrefacto.

— Bifur, Bofur, ayudenme a deshechar la comida que esté en mal estado. Thorin y el resto pueden repartir la comida en buen estado entre la gente —ordenó Bilbo, algunos enanos se vieron entre indignados y sorprendidos por aquel extraño que osaba ordenar a su rey y su compañía; sin embargo, cuando los mencionados acataron su orden solo pudieron seguirlos.

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Aragorn no era muy diestro en las artes de la medicina, pero sabía suficiente para mantenerse vivo en tierras salvajes. Sus pocos conocimientos permitieron que ayudara a curar las heridas del señor de Dale a las afueras de su vivienda donde Bardo mantenía la mirada perdida entre los muertos que yacían a la intemperie —entre sus hombres, civiles y orcos —, no sabía que pensaba pero estaba seguro de que el brillo vengativo en su mirada presagiaba un futuro tórrido para las ordas de Bolgo. Guerreros y civiles se paseaban por las calles ayudando a los heridos y buscando los cadáveres de sus seres queridos, era doloroso de ver cuando una madre encontraba a su hijo entre los cuerpos.

Pudo ver llegar a los hijos del señor de Dale, el vestido de sus hijas estaba sucio y maltrecho, aunque se sintio aliviado al notar que era de sangre de orco; parecía que Bardo al menos anteponía el bienestar de sus hijas enseñandoles a defenderse contrario a muchos reyes en Arda que preferían a sus hijas viendose bonitas y sirviendo solo para matrimonios arreglados. Su hijo llegó andando con firmeza a pesar de que podía ver el brazo que sostenía la espada temblando con esfuerzo.

— Papá… todas las mujeres, niños y heridos ya fueron llevados a un refugio, los soldados aún están recogiendo los cadáveres. Pero muchos suministros que teníamos se perdieron cuando incendiaron el mercado —Bardo miró a su hijo y asintió un par de veces sin decir nada.

Por una de las calles llegaron Tauriel y Legolas esquivando a las personas que se dirigían hacia la plaza principal.

— Los orcos huyeron hacia el Este, me hace suponer que su intervención en la ciudad fue más para monitoreo y no como un ataque real —Bardo cambió su mirada del cuerpo inherte de un adolescente de no más de catorce años con el pecho destrozado, quizá por el mazo de un orco, y pudo ver al príncipe Legolas frente a él mirandolo con seriedad. No había tristeza o congoja en él ¿los elfos eran así de fríos o era cosa de este elfo? Supuso que era más una costumbre del elfo rubio al compararlo con la mirada lastímera de la pelirroja a su lado.

— Entonces la ciudad no era su objetivo —musitó por lo bajo.

— No, somos conscientes de que quieren llegar a la montaña —dijo Legolas aferrandose a su arco.

— Nadie me ha dicho por qué ¿qué hay en la montaña que anhelan con tanto fervor las fuerzas de Mordor? —preguntó haciendo a un lado las manos de Aragorn que ajustaban los vendajes en sus heridas.

Legolas pareció cavilar unos segundos buscando las palabras para definir la situación. Justo cuando estaba dispuesto a explicar, el galopar de muchos caballos se escuchó cerca de la entrada principal de la ciudad. Largas filas de caballos tritando en sincronía se plantaron frente a ellos. Legolas agachó la cabeza justo cuando vio emerger a cabeza de un imponente reno y susurró una maldición en sindarín.

Ionneg—Thranduil estaba cubierto en su armadura que hace siglos no lo veía usar, desmontó su reno dandole una ultima caricia antes de acercarse y notar el gran moretón en el rostro de su hijo. La capa de tela aterciopelada caía por su espalda opacada solo por el cabello blanco del rey.

Mae govnannen, Ada —saludó Legolas con la voz apenas perceptible..

Thranduil observó al grupo tras su hijo viendolos a la mayoría de ellos en un estado físico deplorable. Los enanos que acompañaban a Legolas y Tauriel pareccían igual de agotados que el par de hombres en las escaleras y los niños parados a un costado. Uno de los enanos cojeaba de una pierna siendo auxiliado por otro enano rubio que no cedieron a la mirada insistente de Thranduil. Podía respetar al menos la obstinación de los enanos.

—Parece que mi llegada es oportuna —chasqueó sus dedos dejando paso a una carreta cargada de comida, además de un grupo de cinco curanderos elfos montando sus caballos —Lamento que no llegaramos con mayor premura —Bardo se levantó con dificultad pero esbozando una cansada sonrisa se dirijo a Thranduil.

— No hay nada que lamentar, cualquier ayuda es bienvenida. Legolas no me comentó quien era su padre, pero he de suponer que es el rey Thranduil —el rey elfo se enfocó en el hombre mal herido que se acercaba —soy el señor de Dale, Bardo, a su servicio —

— Es agradable ponerle un rostro al fin, señor de Dale —dijo el elfo con una ligera reverencia y colocando una mano en su pecho. Luego regresó su atención a su hijo —tu presencia y la de Tauriel ya no será necesaria. Regresarás esta noche al bosque —Legolas lo miró sorprendido sin que sus cuerdas bocales respondieran, su agarre en su arco se hizo aun más fuerte volviendo completamente blancos sus nudillos.

— ¡No puedo! ¡Bolgo sigue ahí afuera! —

—Nuestro trato fue que tenías tres días ¿o me equivoco? —Legolas frunció los labios —sé que quieres ayudar, y me enogullece tu altruísmo, pero ya cumpliste con lo que tenías que cumplir. No veo a Escudo de Roble así que tu misión fue lo suficientemente exitosa —

Antes de que el príncipe elfo pudiera rebatir, una pequeña voz exclamó desde el costado del enano pelirrojo.

— ¡No! ¡Él tiene que ir a la montaña conmigo! Vamos a casarnos —un borrón de cabellos pelirrojos pasó corriendo para aferrarse a las piernas de Hoja Verde. La risa de Tauriel quitó toda la seriedad que pudiera tener la expresión del niño —¡es verdad! —exclamó con un puchero.

—No tendrías tanta suerte, pequeña comadreja —dijo el moreno a espaldas de Bardo, Thranduil trató de identificar de dónde se le hacía familiar el hombre, pero prefirió priorizar el hecho de que su hijo había conseguido un par de distinguidos pretendientes que no compartían la longevidad de su hijo. Aunque su expresión transmitía desagrado pareció no ser importante para el hombre de cabellos negros y el niño enano.

Legolas hizo a un lado Gimli empujandolo con su mano para ser alejado más bruscamente por el moreno. Que llegó al lado de Legolas abrazandolo por la cintura siendo empujado bruscamente por el elfo.

— De hecho, si me permite rey Thrandul —habló de nuevo Bardo ignorando la infantil discusión que se llevaba por parte del montaraz y el enano. Thranduil se paró frente al hombre notando que era ligeramente más alto —apreciaría su presencia, la del principe Legolas y la capitana Tauriel para planear un rumbo dado que lo más probable es que Bolgo regrese. Nos serviría su experiencia en batalla —

A pesar del ejército que tenía la ciudad, debido a la cantidad de bajas fue evidente que la comodidad en la que vivían habia impedido que fueran más competentes al momento de defender la ciudad. Bardo ahora lo sabía, y no podía arriesgarse a perder más de su pueblo, no podía dejar a más viudas y huerfanos por su ineptitud. El rey elfo tenía una actitud taciturna que solo podía ser atribuida a sus años pisando la tierra, a la gran cantidad de calamidades vistas anteriormente; pocas personas sabían que era empático cuando veía situaciones dificiles como las que estaba cruzando Dale en ese momento. Aunque su preocupación estaba más ligada a las joyas en la montaña

— Nos quedaremos a brindar la ayuda que podamos, sin embargo apreciaría que los enanos se retirarn de estas reuniones —

— ¿Qué dijo? —preguntó Dori con voz demasiado fuerte debido a la sordera de uno de sus oidos. Pero la expresión de los otros enanos le dio una idea de lo que el elfo decía.

— ¡No tiene ningun derecho a decirnos que nos vayamos! —exclamó Kili acercandose un par de pasos antes de ser detenido por la mano de Tauriel.

— Los enanos se irán —los enanos lo observaron sintiendose traicionados, aunque la expresión de la elfina les hizo ver que estaban equivocados —los escoltaremos a la salida de la ciudad ada —dijo Legolas mirando al grupo de enanos, demorando su vista en Kili, quizá demasiado para el gusto del enano —Escudo de Roble estará satisfecho al saber que su compañía está a salvo —el elfo mayor asintió y ascendió las escaleras al interior de la residencia de Bardo, su sola presencia hizo que los tres niños y los enanos se hicieran a un lado.

Bardo le dio a Legolas una palmada en el hombro con complicidad sabiendo los deseos vengativos que el joven elfo tenía contra Bolgo.

—Bain, guía a los curanderos elfos hacia la plaza. Sigrid y Tilda, revisen que los víveres proporcionados por el rey Thranduil se distribuyan primero entre los heridos y los niños, luego para los ancianos y las mujeres, el resto se dividirá a las tropas y los hombres —sus hijos asintieron acatando de inmediato las ordenes. Tilda se despidió con la mano del grupo de enanos siendo correspondida solo por Gimli.

Bardo siguió a Thranduil al interior dejando al exotico grupo de personas afuera. Aragorn, considerando que podría ayudar decidió acompañarlos.

El camino hacia la entrada de Dale fue silencioso, interrumpido ocasionalmente por los llantos y gemidos de algunas personas que aún no llegaban al centro de la ciudad. Tauriel y Kili se mantuvieron a una distancia prudente, ahora que la adrenalina y el fulgor de la batalla había menguado no sabían qué hacer o decir con las declaraciones de la noche anterior. Por otro lado, Glóin estaba emocionado por volver a casa, por ver a su esposa, preocupado por su seguridad después de que su hijo confesara que había sido encerrada y aún mas preocupado por no saber si Legolas que los había acompañado en toda esta travesía, que bien sabía —y nunca admitiría en voz alta —era un guerrero feroz y con habilidades envidiables, era el merlar de su hijo o solo era un enamoramiento infantil que se olvidaría con el tiempo.

Al llegar al límite de la ciudad donde a algunos kilómetros se encontraba la montaña Legolas encaró a los enanos.

— Lamento la intervención de mi padre y su trato con ustedes. No podremos acompañarlos pero sé que nos volveremos a ver en poco tiempo cuando Thorin hable con Bardo —asintió a los enanos listo para retirarse pero una mano lo sostuvo, se dio media vuelta para ver a Gimli. Legolas soltó un suspiro exasperado — ¿si? —

— ¿Tienes una gema favorita? —

— Una…. ¿gema? —consciente de que el agarre del niño no menguaría hasta que le respondiera. Decidió elegir lo primero que se le ocurrió al escuchar esa palabra —gemas blancas, creo —eso pareció satisfacer al infante porque seguido tomó a su padre del brazo exigiendole que se apresuraran a ir a la montaña. Hoja verde no entendía en lo absoluto pero decidió ignorar lo que sea que había pasado volviendo su atención a Tauriel y a Kili que se observaban mientras los enanos les daban espacio.

— Supongo que nos veremos luego…. —dijo la pelirroja.

— Supongo que sí… —

Fue incómodo para ambos no querer separarse pero no saber qué decir a cambio.

— Debemos irnos, Tauriel —sentenció Legolas no queriendo agrandar su dolor, la herida aun era demasiado reciente en su corazón.

Ella comenzó a retroceder dispuesta a internarse de nuevo en la ciudad.

— ¡Ven conmigo! —la elfa se detuvo y miro al enano con sorpresa, eso envalentonó a Kili acercandose el par de pasos que Tauriel había puesto de distancia entre ellos —sé lo que siento y no le temo a eso. Tú me haces sentir con vida… —

— Ahora no podemos, tenemos que detener a los orcos, tenemos que…. —

— Tauriel —Kili la miró con todo el amor que tenía, fue como extenderle su corazón salido de su pecho y confiara en que ella no lo aplastaría —amrâlime —él tomó sus manos y besó sus nudillos sin dejar de mirarla como si fuera la mas brillante estrella sobre el cielo.

— ¿Qué significa? —su voz pendía de un hilo, aguda y sin aliento.

— Te lo diré —entonces la elfa sintió algo ovalado y liso ser puesto en sus manos, por un segundo consideró que fuera el corazón de Kili, y no estaba tan equivcada al notar que era la piedra con runas que le había dado su madre —cuando nos volvamos a encontrar —y se alejó, caminando de espaldas y casi tropezando con una piedra lo que le valió una risa de Tauriel y un monton de resoplidos burlones de los enanos.

Los vieron alejarse esperando que en este punto, Thorin ya haya recuperado la montaña y los enanos no fueran apuntados por flechas de los soldados de Thrain. Solo quedaba confiar en ellos.

.

Al sur, a un par de días de la montaña, escondido entre la oscuridad que apremiaba al Bosque Negro, Gandalf y Radragast susurraban al viento antiguos hechizos que solo habían sido entonados en la primera edad. El frío calaba en sus huesos y la sensación constante de magia oscura rodeando las ruinas de Dol Guldur los debilitaba con cada momento que se quedaban. Sentían su magia y energia ser drenada sin reparo aunque no sabían para qué.

Su carcelero apareció de pronto hablando en lengua negra, su amo lo enviaba porque quería algo de él. Algo poderoso y antiguo.

Una joya. Creía que él la tenía al parecer. Pero si Thrain fraternizaba con los orcos —tomando en cuenta que mandó a asesinos y orcos a matar a Thorin — ¿no debería saber que quien tenía el anillo de fuego era Thrain? ¿por qué habría de tenerlo él?

Entonces entre la basta oscuridad hubo una pisca de luz, un tipo de luz pura que podía sentirse entre la maldad del mundo. Pudo escuchar su voz.

— He venido por Mithrandir —el orco gruñó en respuesta —y me voy a ir con él —era Galadriel, acercandose impertérrita al siervo de su captor —si osas intentar detenerme, te destruiré —sus bellas facciones imperecederas desde la primera edad se volvieron determinadas acercandose lentamente al orco. Cuando la criatura se preparó para atacar, un movimiento de la mano de la bruja de Lothlórien destruyó al orco y expandió un aro de luz que surcó el cielo enegrecido por nubes grises.

La explosión de poder liberó a Radragast de su jaula haciendolo caer al suelo.

— ¿Por qué los capturaron, Radragast? —preguntó la elfa inclinandose para tomar a Gandalf en sus brazos con mayor facilidad de la que parecería que una dama elfa podría lograr. El mago de tunica andrajosa con manchas blancas debido a los pajarillos que vivían bajo su sombrero tomó su bastón y el de Gandalf acercandose presuroso a la dama elfa.

— Encontramos tumbas vacías, las tumbas que pertenecían a… —se estremeció notoriamente mordiendo su labio inferior con nerviosismo. Galadres lapreció comprender.

— Las tumbas de los reyes —

Radragast asintió abrazando los cayados sintiendose de alguna forma más seguro.

— Aquí… atrayendo la oscuridad, hay un nigromante que creo que despertó a los reyes antiguos de los hombres —

Galadriel sintió una gran opresión en el pecho, la oscuridad se propagaba y era asfixiante en el bosque. Ordenó a Radragast buscar transporte para que se llevara a Gandalf, el mago se precipitó entre los puentes y escaleras inestables de la torre siendo seguido con un andar más lento.

Entonces escuchó una voz lejana, una que esperó olvidar o disipar en su memoria lo suficiente. Pero ahí estaba. En lengua negra recitando aquel viejo poema que recordaba la historia de tiempos agrios en la tierra.

Tres anillos para los Reyes elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra.
Nueve…

— Y nueve para los hombres mortales condenados a morir… —y esos hombres condenados a morir estaban frente a ella, a su espalda y a sus costados rodeandola —Uno para el Señor Oscuro en su trono oscuro —se aferró mejor al cuerpo de Mithrandir buscando una salida, pero antes de que pudieran atacar llegaron sus refuerzos.

— A su servicio, mi señora —dijo el mago blanco acompañado de Elrond cubierto en su armadura de un brillante dorado.

Los espectros atacaron primero a Saruman siendo repelidos facilmente con su bastón haciendolos retroceder de la elfa, a su par Lord Elrond expuso su espada y con maestría golpeó las espadas de los espectros con la suya esquivando sus golpes y proporcionando los suyos. Galadriel no pudo hacer mucho con su energía drenandose.

Radragast llegó al fin en el clímax del combate, logró detenerse justo donde se había desplomado Galadriel con el mago gris. Lo subieron rapidamente al transporte del pardo jalado por liebres. Gandalf la retuvo suplicandole que los acompañara, pero no podía, solo ella podría hacer frente a lo que suponía era el enemigo real que atentaba contra los pueblos libres. Esbozó una mueca lastímera antes de ordenarle con más firmeza a Radragast que se fueran.

Cuando fue vencido el último de los espectros apareció ante sus ojos el nigromante, esa figura que tantos años de su larga vida había perseguido a Elrond. Ante sus ojos pasó el momento en que Isildur le cortó la mano, la ultima vez que vio a su amigo en el Monte del Destino, y el momento en que sus ojos perdieron toda la bondad que alguna vez lo caracterizó.

Sauron.

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Cuando Sigrid entró al salón del trono de su padre pudo ver ya ahí a los tres elfos, a su padre y al hombre que había llegado la noche anterior junto con Legolas y Tauriel. El semblante de todos era tenso, su padre nunca había tenido esa expresión antes.

— Puedo pedir a los montaraces que presten su ayuda, son cazadores competentes y rastreadores increibles. Además de guerreros formidables, serían excepcionales contra los orcos — Bardo asintió a las palabras del montaraz, sin recordar haber escuchado su nombre con anterioridad.

— Deben estar a varios cientos de kilómetros al norte ¿Cuánto tiempo crees que tarden? —preguntó Thranduil.

— Si envío el mensaje ahora quizá esten a dos o tres semanas a caballo. A una semana a vuelo de águila —

— No tenemos ese tiempo —dijo Legolas—y Gandalf no ha aparecido en mucho tiempo —la preocupación era visible en la forma en que su seño se fruncía.

— ¿Mithrandir iba con ustedes? —cuestionó su padre —¿Por qué haría algo así? —

— Él sabía que había un propósito mayor para la montaña después de que le informé hace casi un año —respondió Legolas solo confundiendo más al señor de Dale.

— Esta conversación sería más sencilla si me ilustran sobre este propósito y sobre quién es este tal… Mith-rendir —

Mithrandir —corrigió Thranduil.

El montaraz sacó un pergamino guardado entre sus ropas para extenderlo sobre una pequeña mesa cerca del trono exponiendo un mapa de la Tierra Media. Los presentes se acercaron rodeando la mesa y ayudando a extender el mapa colocando un par de copas, un candelabro de hierro y un pedazo de roca que había caido de una de las paredes tras el ataque de los orcos.

— Muy bien Bardo, señor de Dale. Este es un mapa de nuestra tierra conocida, Erebor esta justo aquí —dijo señalando el mapa —demasiado cerca de Angmar, seguro sabe lo suficiente de historia para conocer quién reinó ahí —Bardo asintió dudoso —el rey brujo de Angmar, enemigo de mi raza: los Dúnedain —

Eso captó la atención del rey elfo lo suficiente como para enfocar su atención en el hombre que señalaba el mapa.

—La montaña es un lugar perfecto para conquistar considerando que tendrían dos frentes cubiertos, uno al sur con Mordor siendo frontera con Rohan y Gondor, y por otro lado aquí en Erebor, muy cerca de las Colinas de Hierro y del Bosque Negro donde se encuentra la torre de Dol Guldur —

—Ese lugar son ruinas nada más —intentó defender Thranduil, pero no llegó muy lejos cuando Legolas intervino.

Ada, ambos sabemos que la maldad que se cierne en nuestro reino proviene del sur, justo de esa torre y no me sorprendería que fueran enviadas desde Mordor —Thranduil se inclinó sobre el mapa mirando inquisitivamente al montaraz.

— ¿Acaso estas acusando a mi reinado de negligencia, montaraz? —Aragorn se mantuvo serio, su expresión no denotaba nada más que sinceridad. Lo que decía no era con el afan de ofender, era un hecho.

—No me atrevería a tal deshonra, hîr vuin. Planteo el riesgo que sería si las fuerzas de Bolgo toman la montaña, el oro y joyas son lo que menos les interesa —

— Y esta información ¿de qué fuente la obtuvo señor…? —Legolas sintió a Aragorn removerse inquieto a su lado.

— Mi padre me dice Estel, puede usar ese nombre —dijo Aragorn.

— Es un nombre de procedencia élfica, supongo que su padre fraterniza con mi raza ¿es así? —dijo Thranduil continuando con su interrogatorio. Legolas notó incómodo a Aragorn por primera vez. Se había sorprendido gratamente al ver aquella faceta enfocada y madura del hombre contrario a todas sus anteriores interacciones donde era coqueto, juguetón y al mismo tiempo tan sensible que lo sostuvo en su miseria uniendo los pedazos rotos de su corazón.

Podría hacerle el favor de distraer a su padre.

— Nuestra atención debe estar en Bolgo y su ejército, no en nosotros atacandonos y señalandonos. Señor de Dale, podría proveer de fuerzas en caso de que nos enfrentemos a otra orda de orcos ¿verdad? —preguntó Legolas, Bardo parecía más pálido, un poco más viejo también. Bardo no había cuantificado el problema hasta ese momento, había pensado que todo era cuestión de oro, de poder y nada más, no de otra guerra por venir.

—Podría, pero mi pueblo aun se está reponiendo. No sé si quiera si en un par de semanas estaran dispuestos para pelear. Quizá con provisiones de armas u oro para conseguir comida de otras regiones lo lograríamos, pero tendríamos que hablar con Thorin primero —Thranduil resopló.

—Mi presencia aquí no estaba prevista para ser tan larga, solo conseguiría lo que el enano me debe desde hace más de un lustro. Pero… si la situación es tan seria como Estel afirma, puedo extender la presencia de mi ejército un poco más —Bardo soltó un suspiro de alivio ante las palabras del rey elfo.

—Se le proporcionará un ave para que envíe su mensaje, maese Estel. Nos vendrá bien toda la ayuda que sea posible —dijo Bardo. Aragorn asintió.

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La comida se repartió entre todas las familias de la montaña de dorma equitativa considerando quienes tenían hijos y cuantos miembros vivían en cada casa. Las medicinas y las armas que se le habían sido confiscadas a cada enano en Erebor fue devuelta siendo recibida con regocijo, Thorin observó satisfecho como su gente recibía lo que le correspondía, el día había sido agitado para todos.

Entre llevar a los enanos de la guardia y a Thrain a las mazmorras, repartir alimento, e ir a ratos a ver a Dís había agotado la energía de los enanos de su compañía, así como la suya y la de Bilbo. Su cansancio no impidió que viera con orgullo como su merlar hacía de administrador en la distribución y organización —algo que sabía que se le daba muy bien —. Se sentía en casa después de tanto tiempo sintiendo la montaña más como una prisión.

El velo de la noche llegó más pronto de lo que esperaban, oscureciendo la montaña mientras las estrellas y la luna iluminaban tenuemente la nieve en la punta haciendo que los copos de nieve vistos más de cerca parecieran brillantes cristales o diamantes. Ahora Thorin y Bilbo observaban el horizonte al igual que las paredes de la montaña desde la torre de vigilancia, recordaba haber visto desde ahí la gran figura del dragón caer en picada cuando una flecha negra atravesó su corazón. En ese momento pensó que el dragón llegaría a la montaña, que anidaría entre el oro y expulsaría a lo que quedara de su gente, no sabe si eso habría sido peor o mejor que el destino que sufieron durante las últimas décadas.

— ¿Estas preocupado? —la voz del hobbit lo despertó de sus recuerdos, el enano sonrió negando con la cabeza.

— Solo pienso en el pasado, pienso en el futuro que vendrá para Erebor —Bilbo le regresó la sonrisa y tomó su mano entrelazando sus dedos.

— Tu gente te ama, te respetan y ahora al fin tendrán un destino más que morir de hambre —llevó su mano a la mejilla de Thorin acariciando su barba —al fin estás en casa —Thorin se inclinó recargando su frente sobre la de Bilbo sin pensar en nada más, quizá el futuro sería mejor siempre que su amado se quedara con él.

— Quiero ser un buen rey, quiero ser lo que necesita mi pueblo… y temo que si no lo soy, nuestra historia se repita —Bilbo tomó su rostro con ambas manos obligandolo a mirarlo a los ojos. Hace tantos meses que no se había detenido a apreciarlos como debería. Su mirada contenía todo lo que quería y deseaba, colinas y valles, tierras cálidas y prósperas, todo eso en la figura de un tierno hobbit.

— Es por lo que dijo Elrond ¿verdad? —afirmó el hobbit. Thorin sintió una picazón bajo la piel provocandole el impulso de removerse, pero el agarre de Bilbo, aunque suave, lo mantuvo en su lugar —no eres tu padre, lo dejaste vivir ¿qué crees que significa eso? —

Que soy débil.

Bilbo pareció leer sus pensamientos, porque funció el seño con disgusto.

— Que eres noble, con un corazón generoso y con una voluntad tan fuerte como el metal más fuerte en esta montaña —se inclinó para darle un beso en la nariz y luego uno corto en los labios —no lo dudes, o tendré que golpearte en esa dura cabeza tuya —Thorin rió enternecido por la seriedad con que lo veía Bilbo,

Regresaron la vista al firmamento, Dale por alguna razón estaba demasiado silencioso. Algo en su interior le dijo que había problemas.

.

Quizá lo que Bilbo más extrañaba de la vida en la Comarca era la facilidad que tenía para dormir. No tenía que agotarse, solo acomodarse en mullidas almohadas y cobertores calientes, escuchar a las cigarras o el viento acariciar la hierba en la noche y dormiría. Ahora a pesar del silencio y la calma de esa noche, no lograba conciliar el sueño. Los brazos que lo envolvian bien podrían sustituir a cualquier frazada de lana, escuchar el corazón de Thorin siempre lo hacía descansar tranquilo pero ahora…

Se deslizó silenciosamente de la cama saliendo de los brazos de Thorin con cuidado, se sorprendió gratamente al no despertarlo dandose cuenta de que su amado enano no había dormido de forma tan profunda y plácida desde antes de salir de Bolsón Cerrado, sonrió al verlo dormir sin preocupaciones. Eso significabla que Thorin se sentía seguro y en casa, deseaba tanto sentirse de la misma manera. Se inclinó sobre la figura del enano y dejó un beso en su frente conteniendo la risa al ver su seño fruncirse.

Tomó un abrigo del ropero y salió de la habitación hacia los pasillos de la montaña. El hogar de Thorin estaba en la parte más alta y profunda de la montaña haciendo que el frio invernal se filtrara con mayor facilidad a pesar de las paredes y pilares de piedra.

Caminó sin rumbo por demasiado tiempo sin importarle a donde llegaría. Thorin le había propuesto nuevamente ser su consorte cuando llegaron a Dale, hasta ahora no lo había vuelto a mencionar pero el anillo y las cuentas dadas como regalos de cortejo pesaban en su bolsillo junto con… algo más.

Era un simple anillo a la vista, pero aún asi ocultarle a Thorin que lo tenía se sentia mal, pero al siquiera considerar en mostrarselo a Thorin lo paralizaba. No sabía por qué, solo su cuerpo se tensaba y se sentía como un gato erizando su pelaje solo pensar en perder ese anillo, no podía estar con él y ocultarle algo que de alguna manera se sentía importante. Ser su consorte implicaba demasiadas cosas, el ser un lider cuando Thorin no podía, saber pelear en serio y no siendo bendecido con mera suerte, requería que se quedara en la montaña. Esa última era quizá la más dificil porque al siguiente segundo recordaba a Frodo. Su pequeño sobrino, sus ojos llorosos cuando se fueron de la Comarca mientras le pedía que volviera.

Se llevó ambas manos al rostro frotandoselo con frustración manteniendo sus manos en su rostro unos segundos, deseaba que todo fuera más fácil, amaba a Thorin y si fueran solo cuestión de ellos dos, se quedaría con él el resto de sus días, pero pensaba en Frodo y en la clara desconfianza de los enanos —exceptuando a la compañía —hacia él, era como volver a hace unos meses con Dwalin juzgandolo todo el tiempo por ser demasiado… hobbit. Ahora era una multitud dudando de él y de Thorin por igual. No quería ser un obstáculo para Thorin.

Se quitó las manos del rostro abrazandose dandose un poco de calma. Thorin aun no le volvía a preguntar sobre su deseo de convertirlo en su consorte, así que podía tomarse algo de tiempo para pensarlo ¿no?

— Quisiera que todo fuera sencillo como antes —susurró.

— No hay reto en lo sencillo. Lo sencillo es muy aburrido ¿no te parece? —Bilbo se sobresaltó al escuchar una voz a sus espaldas. Al encarar a la dueña de esa voz se encontró con Dís, la hermana de Thorin. Justo lo que no necesitaba en ese momento.

— Mi señora —la saludó con reverencia. Dís solo rodó los ojos.

— Solo Dís está bien, Bilbo ¿verdad? —a pesar del parche en su ojo y de su andar pausado, visiblemente adolorido, no la hacía ver menos imponente. Debía ser algo de familia o algo que se le enseñaba a la nobleza, aunque Fili y Kili carecían completamente de esa magestuosidad innata en Dís y Thorin.

—Así es, Bilbo Bolsón a su servicio —Dís comenzó a caminar comenzando a preocupar a Bilbo, la había visto desvanecerse hacia el suelo ese mismo día —disculpe si parezco impertinente pero, debería estar descansando —

Dís esbozó una media sonrisa acercandose al hobbit aunque no lo miraba a él sino a su entorno. Hasta ese momento Bilbo se dio cuenta del lugar en el que se encontraba. Era un gran salón donde los pilares eran esculturas talladas de enanos. Ninguno era igual a otro aunque se percibía cierto parecido.

— Lucen imponentes ¿no? De niños, Thorin, Frerir y yo veníamos aquí a jugar e imaginar que estabamos en batallas persiguiendo gloria y riquezas —dijo la enana mirando una por una las esculturas con atención, Bilbo la siguió en silencio observando los pilares con atención —Él fue Durin primero, el Inmortal —dijo mostrando a un enano que sostenía su barba partida en dos sostenida por un par de cuentas —nació en la edad de las estrellas y fue rey de Khazad-dûm— dijo la enana.

— Thorin canta a veces esa historia —

Recuerda algunas noches en Bolsón Cerrado cuando después de satisfacer sus deseos de sentirse mutuamente, Thorin se sentía lo suficientemente adormilado para cantar y tararear esa canción.

Fue rey en un trono tallado
y en salas de piedra de muchos pilares,
y runas poderosas en la puerta,
de bovedas de oro y de suelo de plata.
La luz del sol, la luna y las estrekkas
en centellantes lamparas de vidrio
que las nubes y la noche jamás se oscurecían
para siempre brillaban.

Dís se enderezó orgullosa frente a su ancestro.

— El rey en trono de piedra tallada —entonces sus facciones se entristecieron, miró muy tarde hacia otro lado. Bilbo lo había notado —si no hubiera sido mi padre, mi abuelo habría manchado de vergüenza a nuestro linaje, quizá es el unico consuelo que tengo. Que nuestro destino sin importar las circunstancias siempre habría sido doloroso —

Bilbo la miró paciente esperando a que continuara.

— Mi abuelo había actuado como mi padre lo hizo antes de perder completamente la cordura, lamento profundamente que encontraran esa piedra maldita en la montaña. Solo ha traido ruina y pesar a mi pueblo —caminó por el salón junto con el hobbit apreciando cada escultura —soy una enana, me enorgullezco de mi origen y mi cultura, pero algunas veces… siento la frialdad en la roca como lo haría cualquier extraño —

El hobbit se mordió el labio inferior pensando, nunca había apreciado las joyas como muchos hombres, elfos y enanos. Los obsequios de Thorin estaban cerca de su corazón porque habían sido hechos por él, no por su valor general, era porque en esas cuentas y en ese anillo tenía el tiempo, el esfuerzo y el amor de Thorin.

— Si puedo ser sincero, me es dificil entenderlo. Los hobbits no buscan la gloria, el oro o el poder, vivimos en madrigueras —

— ¿Madrigueras? Pero que curiosa raza son los hobbits —dijo Dís con intriga, Bilbo lo tomó como un halago y continuó.

— Thorin vivió conmigo por meses, pero no es como una madriguera que seguramente imaginas, con gusanos y suciedad —Dis rió avergonzada por haber pensado justo eso —los hobbits vivimos comodamente en casas semi-enterradas, buscamos la comodidad y la tranquilidad. Tenemos un gran amor por las cosas que crecen, las plantas, animales, todo aquello que da vitalidad a nuestra comunidad —

—Debe ser un gran contraste estar en la montaña —conjeturó Dis. Bilbo asintió.

—Mi vida ha sido completamente diferente desde que conocí a Thorin —Bilbo recordó cuando Frodo y él encontraron al enano mal herido, el tiempo que pasó sanando, su tiempo comiendo, sus discusiones, sus risas. Bilbo perdió la tensión que tenía al salir de la cama pensando en que si tuviera oportunidad, no cambiaría nada —era un desastre cuando lo encontré, y era gruñón… bueno, aun lo es —Dís se carcajeó al escucharlo.

— Te habría encantado verlo de joven, todo arrogante y corriendo por los pasillos buscando problemas —

— Entonces no ha cambiado mucho —ambos se rieron recordando sus propios comentos con Thorin —ahora imaginalo en un lugar lleno de hobbits que solo buscan tranquilidad —

— Me sorprende que no lincharan a mi hermano —

— Te sorprenderías de la cantidad de personas que atrajo a pesar de todo, tenía a todo un sequito de chicas hobbits ¡Por los Valar! Estaba consumido en celos, aunque en ese momento no lo sabía —se rió al recordar su constante molestia al ver a un Thorin mostrando sus fuertes brazos y con su cabello sujeto en una coleta, rodeado por tantas jovencitas que se lo comían con la mirada mientras él tenía que tragarse sus celos.

— Thorin tiene un don don las primeras impresiones, o es increiblemente magnetico o un poderoso repelente —Bilbo no podía rebatir esa observación de la princesa.

Siguieron caminando apreciando las esculturas de reyes de antaño, todos con largas barbas llenas de cuentas y armados en poses de poder como si estuvieran preparados para el combate.

— ¿Es correcto suponer que esta es la charla reglamentaria que se me debe dar por ser la pareja de tu hermano? —la princesa contuvo la sonrisa en sus labios, pero fue casi imposible no notar su diversión cuando apretó los labios con tanta obviedad y se llevó la mano a los labios.

— Que listo, señor Bolsón —

— Solo Bilbo está bien —Dís enarcó una ceja con diversión al escuchar sus propias palabras en Bilbo.

— Aunque presiento que no hay necesidad de dar esa charla, considerando que por lo que me dijo Balin eres quien mantuvo con vida a Thorin desde que llegó a tu puerta. Debo agradecertelo, no hay manera de que pueda saldar una deuda tan grande —el hobbit sintió su rostro calentarse y si la expresión en Dís no lo engañaba, seguro que se estaba sonrojando.

— Él me salvó antes —

Siguieron caminando por el lugar iluminado por antorchas y velas. Bilbo lograba encontrar la belleza en este sitio en específico, comprendía por qué tres niños enanos vendrían a jugar aquí sintiendose seguros rodeados de todos sus antepasados que velaban por ellos desde donde sea que se encontraran.

— Yo estaba muy solo. Tenía a mis primos y a mi sobrino pero… todo era tan monótono, Thorin me dio algo que no sabía que necesitaba. Su presencia fue suficiente para considerar mi casa un hogar, así que yo soy el que debe agradecer —después regresó su mirada a Dís quien tenía una calidez maternal en sus pupilas que escondió la llama guerrera que cargaba antes.

El silencio los rodeó, un silencio cómodo que cualquiera podría tener con alguien de su familia. Esos silencios que decían más que una conversación de horas y horas sobre temas triviales. Era la confianza tácita que se brindaban dos personas cuando tenían algo en común.

Ambos amaban a Thorin y ambos pelearían con ferocidad por proteger a su familia.

Pasos apresurados se escucharon como eco en las paredes haciendolos virar al mismo tiempo hacia atrás.

La calma de Dís desapareció dejando paso al estupor al ver a los dos cuerpos con respiración agitada, sudorosos y sucios.

— 'Amad —dijeron ambos enanos con una amplia sonrisa en sus rostros.

Dís se llevó ambas manos a la boca conteniendo un grito, y su ojo lloró cegandola por segundos hasta que sus lágrimas por fin salieron de sus ojos.

— Fili, Kili —los dos enanos se precipitaron a su madre corriendo llegando hasta sus brazos abiertos uniendose en un abrazo grupal. Había extrañado tanto a sus bebés.

Traducciones:

Élfico

Ada — padre

hîr vuin —mi señor

Ionneg —mi hijo

Mae govannen — bienvenido seas (saludo)

Khúzdul

— 'Amad —madre/mamá