Capitulo 12 Una inesperada pijamada.

La hermana Sofía llevó a Terry a su habitación y este entró echo una furia por semejante castigo. Por un momento llegó a desear ir a la oficina de la hermana Gray para llamar a su madre y pedir le enviará para su boleto a nueva York pero se acordó de Candy y se le pasó.

Comenzó a desvestirse para ponerse la pijama mientras platicaba consigo mismo.

-Sí no fuera porque mi familia construyó gran parte de este colegio ya lo hubiera destruido cómo hice con el comedor.

Después que se colocó la pijama, apagó la luz y se dirigió al balcón. Una vez ahí miró a su derecha y se dio cuenta qué la habitación de Eric tenía las luces apagadas. Lo qué provocó qué se le formará un gesto de disgusto en su ía tantas ganas de contarle lo qué le estaba pasando. Después giro a su izquierda y miro qué sus vecinos los Cornwell mantenían la luz encendida.

Resopló y prefiero ir por un cigarrillo. Después regresó para sentarse sobre el piso del balcón recargandose en el marco de la ventana.

Entre bocanada miraba fijo hacia la habitación qué estaba justo frente a la de él.

De vez en cuando sonreía por tantas anécdotas vividas con la huésped de dicha habitación. De repente pronunció una frase qué tanto le gustaba a su novia.

-Me gustas mucho Candy.

Volteo a mirar su oscura habitación qué sólo estaba bañada por la luz de la luna.

La oscuridad le causó una melancolía al recordar lo difíciles qué fueron sus primeros días en el colegio. Lejos de su madrina Gabrielle quien había fungido cómo su madre y de repente tuvo qué lidear con la frialdad de su padre quien aconsejado por la cara de cerdo lo envió al San Pablo.

Ahora entendía al Duque. Lo envío al San Pablo porque no soportaba cómo su madrastra lo trataba y de paso le dolía verlo, pues cada vez más era tan parecido a su madre.

Pero las cosas cambiaron desde qué subió al Mauritania y la conoció.

-Nunca imagine qué en ese barco mi vida cambiaría por completo. Conocí a Candy, me reencontré con Gabrielle y llegando a Londres volví a ver a mi madre… y mis padres se reconciliaron.

Terminó su cigarrillo para después ponerse de pie y mirar el cielo del último día de febrero.

-Me recuerda cuando vimos las constelaciones desde el Mauretania y nos sentamos frente a la chimenea.

Una sonrisa se formó en su rostro y se acercó al barandal para mirar hacia abajo. Calculo la distancia hacia la rama del árbol y trepó en ella.

-Diablos Candy ¿cómo haces esto?…

Poco a poco se deslizó hasta abajo. Una vez ahí se sacudió las manos pues no soportaba las astillas qué se le encajaron. Acto seguido echó a correr cuidando de no ser descubierto.

Finalmente llegó hasta el árbol qué llegaba justo al balcón de Candy.

Cuando estaba apunto de subir escucho ruidos entre los arbustos. Así qué desistió pues temía qué fuera una de las hermanas y lo descubriera entrando a la habitación de Candy.

Así qué retrocedió y entre los árboles se escondió para tratar de encontrar quién o qué era lo qué provocaba ese ruido.

El silencio absoluto reinaba de repente pero cuando daba un paso se volvía a escuchar así qué definitivamente alguien o algo lo estaba siguiendo.

-Seguro es mi religiosa sombra -pensó con fastidio y esculcando sus bolsillos pero desafortunadamente no traía cigarrillos cómo para disimular qué salió a fumar.

Enojado regresó caminando a través de la oscuridad de la noche y sólo con la tenue luz de luna.

De repente se dio cuenta qué ese ruido entre los arbustos ya no se escuchaba.

-Por lo visto no era nada de lo qué imagine. Pero mejor no me arriesgo. Ya tendré otra oportunidad de ver a Candy.

Cuando estaba a punto de llegar a la puerta del dormitorio de caballeros veía cómo esta se abría poco a poco para después ver salir a un par de Hermanas incluyendo su religiosa sombra la hermana Sofía.

De inmediato corrió para esconderse entre los arbustos. Pero tropezó con un bulto que lo hizo caer pero no podía quejarse pues lo escucharía así qué sólo se quedó sentado tratando de ver entre la oscuridad qué diantres lo hizo caer.

Entre qué veía alejarse a las hermanas y trataba de apaciguar el dolor en sus rodillas. Noto qué ese bulto era una pequeña maleta.

-Pero ¿Quién diablos dejó esta maleta aquí?

-Hola Terry… -se escuchó en voz baja una longeva vocecita asomándose detrás de un árbol.

-¿Quien eres?

Finalmente salió de su escondite para regalar al castaño una hermosa sonrisa - Soy Martha la abuela de Paty. Perdona no quise que te lastimaras.

-Abuela O'Brien ¿qué hace aquí a estas horas? Las visitas son sólo el cuarto domingo.

-Lo sé…

Súbitamente se escuchaba a lo lejos qué las dos hermanas se encontraban con otras dos y caminaban rumbo al dormitorio de chicas.

-Vamos abuela sígame o ya no tendremos oportunidad de entrar.

El chico tomó la maleta con una mano y con la otra la mano de Martha. Caminando lo más rápido qué la abuela podía.

Una vez dentro Terry cerró la puerta del edificio y colocó el cerrojo de seguridad.

-Dudo qué pueda subir las escaleras corriendo así que esto es para qué las hermanas se entretengan para poder entrar. Vamos.

-Eres un chico listo.

Una vez más el rebelde tomó la maleta con una mano y con la otra la mano de Martha.

Así caminaban lo más rápido qué Martha podía. Hasta lograr entrar a su cuarto.

-Por fin, creí qué no lo lograríamos.

-Gracias Terry, pero mi intención era entrar al dormitorio de Paty ¿crees qué me puedas llevar?

-Abuela O'Brien ¿acaso no vio la ejército de Hermanas… ?- Terry guardó silencio pues se escuchó un ruido bastante fuerte del portón estrellándose - Hablando de. Al parecer ya lograron entrar.

Martha se sentó en el love seat mientras Terry fue a servirle un vaso de agua.

-Qué emocionante, no sabes lo feliz qué soy.

-¿De qué habla?

-De qué acabo de huir de la ley con el chico más popular del colegio- Decía Martha con una risilla

-Si usted lo dice.

-Pero no te emociones aún sigo siendo Albertana.

-Vaya mi suegro tiene club de admiradoras. Por cierto aquí tiene.

Martha tomó sonriente el vaso de agua.

-Gracias Terry, ven siéntate debes estar cansado por la carrera.

-Ya estoy acostumbrado a huir de la ley. Pero mejor dígame ¿por qué está aquí y a esta hora?

-Porque Paty me ha contado mucho de su vida en este colegio y eso me hizo recordar mi juventud.

-Buena memoria.

-Eres un piño.- acusó la anciana con otra risilla.

-Creame abuela, no se pierde de nada.

-Fui hija única y mis padres me protegieron mucho. Tanto qué no quisieron enviarme a un internado así qué me contrataron maestros privados.

-Espere, ¿Sus padres no quisieron enviarla a un internado?

-Asi es.

-Sus padres fueron unos Santos.

-Oh Terry qué ideas.

-Yo estoy aquí desde los nueve y no fue muy agradable se lo aseguro. -dijo el chico mientras se recostaba sobre el sillón para seguir escuchando a la abuela Obrien.

-Te creo, pero al menos lograste hacer amigos. Yo en cambio nunca tuve esa oportunidad. Cuando por fin cumplí 18 y podía liberarme de la sobreprotección de mis padres decidí qué estudiaría periodismo y viajaría por el mundo. Pero mis padres se aterraron con la idea y de inmediato me casaron. Así qué ahí terminó mi sueño. Aunque tuve un buen esposo del cual me enamoré más tarde siempre me quedó la nostalgia de los amigos de lo que pude haber tenido en el colegio.

-Insisto no se pierde de nada. De hecho creo qué si tuviera un castigo de la hermana Gray le daría gracias a sus padres por no haberla metido en este internado

-No me quejo de mis padres los amo y los recuerdo con mucho amor.

-Y cómo no hacerlo eran unos Santos.

-Pero también es importante dejar a los hijos ser libres y conocer el mundo aunque tropiecen y puedan meterse en problemas.

-Usted debería hablar con el Duque.

-Tu padre ha sido duro contigo

-Hum, ¿le mencioné qué estoy aquí desde los nueve? - preguntaba con sarcasmo el chico.

-Pero ahora que se reencontró con Eleonor seguro doblará las manos.

Terry abrió los ojos asustado, ¿Acaso Martha ya sabía lo de su verdadera madre?

-Los vi en tu fiesta abriendo el baile y se veían tan enamorados. - dijo la mujer soltando un suspiro.- Qué bonito estar unidos después de tantos años. El amor triunfó.

-¿Qué sabe usted de ellos? - preguntaba el chico incorporándose para ir a sentarse junto a la abuela.

-Pues qué fueron novios pero tú padre se tuvo qué casar con tu madre y bueno…

-Ah ya veo.

-Lo siento mucho Terry, la pérdida de tu madre debió ser doloroso para ti.

-Sí claro. Pero para ser honesto no la echaré de menos. ¿Le dije qué estoy aquí desde los nueve y fue por su culpa?

-No guardes rencor en tu corazón. De lo contrario ya no te quedará espacio para el amor.

Terry sólo rodó los ojos y regresó a recostarse en su sillón, mientras la abuela reía por el gesto del chico.

-Estoy segura qué Candy te quitará un poco lo gruñón.

-Tal vez.

-Me muero de ganas de comenzar mi día en el Real Colegio San Pablo.

-Abuela ¿sigue con eso?

-Mira deja mostrarte - la mujer se levantó y sacó de su maleta un uniforme del colegio hecho a su medida. - ¿No es lindo?

-No se ofenda pero creo qué ya excedió por mucho la edad de admisión.

-Lo dicho eres un pillo - volvió a reír.

-Dígame ¿cómo piensa pasar desapercibida?

-Tu me ayudarás.

-Paso.

-Vamos Terry sólo necesitaré una distracción para poder entrar al dormitorio de chicas, de ahí entraré al cuarto de Paty y del resto yo me encargo.

-Abuela estoy castigado no puedo salir sin ser escoltado por mi religiosa sombra. La hermana Gray ordenó qué la hermana Sofía me siga a todos lados por quince días.

-¿Y por qué?

-Solo porque destroce el comedor, un día antes la vitrina de premios de este dormitorio y alguien me llevó de comer a la celda de castigo.

-Eres increíble todo un chico rebelde. Estoy segura qué si hubiera estado en un colegio mi amor platónico también hubiera sido el chico rebelde de la clase.

-Abuela creí qué su amor era Albert.

-El no es un chico rebelde. Es aventurero, también cómo yo fue educado con maestros privados así qué ahora quiere conocer el mundo que no le permitieron ver antes.

-Hum. Ahora resulta qué mi suegro es un santo, el hombre perfecto.

-Para mi si.- soltando a reír igual qué Terry.

-Abuela ¿qué dirá el señor Obrien?

-Oh lo amé mucho, pero fue un matrimonio impuesto, nunca tuvo qué cortejar me. De hecho me besó por primera vez cuando el padre dijo "Puede besar a la novia"

-¡La beso hasta el día de su boda!

-Asi es.

-Vayas por lo visto es de familia.

-¿Cómo?

-Digo qué debería contarle su historia así nieta.

-Oh claro qué lo haré. Ya está en edad de conocer el amor. De forma responsable claro. Por eso me muero de estar con ella.

-Suerte con eso.

-Pero ahora que lo pienso creo qué no es tan malo qué me trajeras a tu habitación.

-¿Qué trama abuela?

-Quiero pasar la velada con el chico más popular del colegio Terry Grandchester.

Terry soltó a reír -Abuela. Es una pilla.

-Cuéntame más. Quiero saber más de tus días en el colegio. Paty podrá contarme su vida aquí, pero tú eres más extrovertida qué ella.

-Definitivamente.

-Así qué debes tener mucho qué contar.

El chico dio un suspiro, no le agradaba en lo absoluto hablar de su vida, pero el encanto de la abuela y su sonrisa lo convencieron. Así qué correspondió el gesto con una de sus sonrisas pícaras y un guiño.

-Muy bien abuela O'Brien, después de esta velada podrá presumir a sus amigas qué pasó una noche con el chico más popular y presidente de la fraternidad del Real Colegio San Pablo.

-!Qué emoción! - aplaudio Martha

-Hasta las albertanas la envidiaran.

-Ya lo creo qué sí. Aunque sólo somos dos, pero seguro también Michelle te adorara.

-¿Michelle ? Esa mujer está loca, asesinó a mi pollo. Sólo tenía ocho años cuando vi cómo asfixió a mi pollo, según ella le iba a arreglar el cuello y zaz.

-A esa edad somos algo toscos.

-Ella estaba loca, mejor dicho esta loca. Pobre Albert lo qué le espera.

-Vamos Terry ya cuéntame; ¿cómo ha sido tu vida en el San Pablo?

-Está bien, sólo deme un segundo. Sígame por favor.

El chico se puso de pie y se dirigió a su cuarto de estudio. Prendió la luz y Martha pudo ver cómo levantó un cuadro qué cubría un hueco en el qué guardaba un sin fin de libretas.

-Mire - dijo dándole una de esas libretas a Martha - Son las respuestas para exámen de álgebra de 8vo grado. El resto qué ve ahí son de las demás materias y grados.

-¡Wow!

-Y aquí está lo qué buscaba.- el chico sacó del fondo, una botella de whisky de 1900 -Cortesía de la cava del palacio de Grandchester. Qué quede claro qué no la robe, sólo tome por adelantado mi herencia.

-Es increíble, tienes todo para pasar. ¿Y qué es esto? Preguntó la anciana mirando unos planos qué había sobre su escritorio.

-Esos son los planos qué Stear está trabajando para hacer un pasadizo secreto en el edificio de la fraternidad.

-¿Pasadizo?

-Sí, pero eso es confidencial así qué no puedo contarle para qué. ¿Gusta una copa?

-Por supuesto.

El chico sirvió dos copas para después entregarle una a la abuela qué ya lo esperaba sentada en el sillón.

Acto seguido dejó la botella sobre la mesa del centro, tomó su copa, se sentó en el otro sillón y subió las piernas para estirarse.

La abuela rompió el breve silencio nuevamente con una sonrisa y preguntó.

-Terry ¿Cómo fue tu primer día de clases?

El chico resopló con hartazgo y continuó serio -Fue el peor día de todos en este colegio.

-He escuchado qué para todos es así de difícil siempre.

-Para un niño qué ya se le aviso tal vez, pero a mí ni quiera mi padre tuvo la cortesía de avisarme.-dijo el chico qué continuaba serio y enojado.

-Nunca entendí por qué mi padre no me regreso con Gabrielle en lugar de traerme aquí. Sólo recuerdo qué una mañana me subió al carruaje qué nos trajo de la mansión hasta aquí. Me pareció tan sombrío apenas era noviembre y ya se sentía el frío del invierno. Al llegar aquí fuimos directo a la dirección. En el camino todas las hermanas qué encontrábamos hacían una reverencia a mi padre. No me sorprendía era normal, lo qué me sorprendía es qué casi se arrodillaban cómo si vieran al mismo Dios. Cuando lleguemos a la dirección me ordenó quedarme afuera. Así qué espere recargado en la pared junto a la puerta. - Terry esbozó una una sonrisa al decir esto último y entre risas continuó - Desde entonces estoy ahí muy seguido.

-Oh Terry, - sonrió la abuela pero por dentro empezó a comprender el dolor del chico. Quien de repente dejó de reír y continuó su relato con seriedad y nostalgia.

-Minutos después salió mi padre junto a la hermana Gray. El duque sólo me dijo cuatro frías palabras antes de irse "Ya eres un hombre" y sin más se fue. Yo era un niño qué no comprendía porque se iba sin mí y dónde diablos estaba. Así qué intenté alcanzarlo pero la hermana Gray me detuvo agarrándome fuertemente del brazo. No paraba de decirme qué me detuviera, pero yo sólo tenía nueve años y mi padre se estaba alejando cada vez más apesar de mis súplicas. Nunca más lo volví a ver ni siquiera en los días de visita. Siempre ponía de pretexto qué estaba en un viaje.

-Terry lo siento tanto.

-La Hermana Gray enseguida me llevó al salón de clases yo tenía los ojos llorosos así qué fui la burla de todos durante todo el día. Hasta qué llego la noche y me dieron la habitación más grande justo esta. Aun recuerdo el sonido de la puerta cerrándose y yo quedándome sólo entre estos muros con tan sólo 9 años. Ese fue mi primer día en el prestigioso Real Colegio San Pablo.

Terry volvió a mirar a la abuela y con la tenue luz de la luna pudo notar qué lloraba.

-No lo sienta abuela. Yo ya lloré por ello. Al principio, pero ya después me hice a la idea de qué el Duque nunca me sacaría de aquí y mucho menos vendría a visitarme. Después de un año me atreví a enviarle una carta diciéndole qué si no venía al menos me enviara dinero para salir "Acaso no dijo qué ya era un hombre"

-¡Y qué pasó?

-Aprendí a no esperar una carta del duque, más sin embargo el siguiente quinto domingo apareció una de las hermanas dándome un sobre y diciendo "Tu padre dejó dicho qué puedes salir pero debes regresar antes de las 9"

-¿En serio? ¿Y qué hiciste?

El chico no respondió, sólo se recostó boca arriba y colocó sus manos bajo su cabeza. Miraba fijo el techo y paso saliva para aclarar su garganta y evitar qué su voz se qué quebrará.

-Terry no debes continuar sino quieres, es tu vida y no tengo derecho a urgar en ella. Mejor …

-Fui a ver a mi madre, la honorable Duquesa de Grandchester. Eran 6 horas de camino de ida y vuelta del colegio hasta Grandchester, pero tenía la confianza de qué ya no tendría qué volver al colegio qué seguro ella haría entrar en razón a mi padre. Pero me equivoqué, apenas llegué se puso cómo loca y con el tono más frío qué un témpano de hielo me ordenó qué no volviera a intentar abrazarla "Sabes qué odió qué me llames madre". El duque salió de no sé dónde y sólo se digno a decir "Recoge las cosas por las qué hayas venido y vete o no alcanzarás a llegar antes las 9" Después ordenó a uno de los sirvientes qué me acompañará hasta Londres y se cerciorarse de qué llegara a tiempo al colegio. Y así cada domingo y domingo recibía mi jugosa mesada llena de billetes y vacía del cariño de mis padres.

-Sabía qué el Duque era duró pero no así. Eras sólo un niño. Pero tú madre por qué era así de mala?

-No la nombre así, recuerde qué ella lo odiaba.

La mujer secaba sus lágrimas mientras decía con enojo- Esa mujer no tenía entrañas ahora entiendo porque la culpa la carcomio cuando creyó qué habías muerto.

-Calma abuela o se le subirá la presión y no se qué castigo me vaya a dar la hermana Gray por provocarle un susto a una anciana… oh espere ya recuerdo qué si.

-¿Cómo?

-Cuando cumplí 14 años mi padre me mandó el triple de mesada porque sumaba mi regalo de cumpleaños. Así qué fui por Erik qué también tenía un padre qué nunca podía venir a visitarlo, pero al menos se enviaban cartas. En fin le mostré el puño de billetes qué me había enviado mi padre y salimos rumbo al teatro, recorrimos todo Londres,entramos a varias cantinas. Vaya queríamos hacer de todo incluyendo un barco a América.

-¿Qué?

-Estábamos tan ebrios qué nos subimos a un barco cómo polizontes pensando qué saldría a América pero en realidad sólo era un barco carguero qué estaba estacionado ahí.

-Qué locura -reía la abuela junto a Terry.

-A la mañana siguiente el sonido de las gaviotas nos despertó. No teníamos ni un centavo en la bolsa. Así qué teníamos dos opciones: volver a pie al colegio o buscar un verdadero barco qué fuera a América y viajar de polizones.

-Supongo qué decidieron volver por eso estás aquí.

-No, de hecho elegimos América, pero apenas estábamos caminando por el muelle buscando un barco cuando la policía nos detuvo. Pensamos qué nos arrestarian por haber dormido en el barco carguero pero la realidad es qué ambos llevábamos puestos los uniformes del este sacro colegio y cómo no llegamos a la hora, la hermana Gray se preocupó y aviso de nuestra desaparición la Duque y la padre de Eric. Cómo era de esperarse el Duque mando un despliegue de policías a buscarme.

-Tu padre te ama después de todo.

-A su manera, - murmuró y después se dijo así mismo - Mi padre temía qué fuera a buscar a mi ma…drina.

-¿Y cuál fue el castigo por preocupar a una anciana?

El chico salió de sus pensamientos y contestó a carcajadas - Por preocupar a la longeva Hermana Gray, fuimos Monaguillos por un mes.

-Oh por Dios - soltó la risilla la abuela.

-Le envié una carta al Duque qué sino había vuelto era porque me había quedado sin dinero. Así que un par de semanas después recibí mi propia chequera sin límite de crédito. - río con tono triunfal.

-Eres un pillo.

-Pero ya no la tengo, mi padre me la quitó por sugerencia de mamá. Ay Eleanor y sus ideas.

-Perdón no entendí tu mamá o Eleanor.

-Ah… Eleonor es quien ya ve qué cuido de nosotros después de la muerte de la Duquesa y por eso le tome cariño. Y a veces le digo mamá ya sabe por la qué nunca tuve.

-Oh Eleonor es tan bella. Tanto por dentro cómo por fuera. Es de esperarse qué veas en ella a una buena madre. Todos merecemos una madre amorosa y protectora. ¿ Te confieso algo Terry'?.

-Abuela soy todo oídos.

-Tu papá debió casarse con Eleonor y no con esa Duquesa cara de …

-Cerdo.

-Terry qué ocurrente. Pero definitivamente no era nada agraciada. Así qué tú debiste ser hijo de Eleanor y Richard.

-En ese caso a partir de ahora le diré a Eleonor mamá.

-Oh ella estará feliz.

-Ya lo creo que sí- contestó el chico cerrando los ojos qué a phineas se percibían por la tenue luz.

-Terry te estás durmiendo.

-No sólo me está haciendo efecto el whisky.

-No, ya te estás durmiendo. Y aunque me gustaría saber cómo te convertiste en el chico más popular será mejor dejarte descansar.

-Sobre eso no hay mucho qué contar. Cuando teníamos doce años y cansados de qué los mayores nos molestaran, con el dinero de papá pagamos a un chico para qué fuera cómo nuestro vengador. Después a cambio de pasarle las tareas y respuestas de exámenes nos entrenaba. Cuando el chico se graduó Erick y yo ya sabíamos cómo defendernos así ya nadie podía molestarnos y tampoco permitimos los abusos. Eso nos hizo ganar aliados y éramos tantos que mandé renovar el viejo edificio y lo convertí en mi fraternidad sólo tenía qué pagar una mensualidad la velador para qué no se lo dijera a las hermanas y ellas siguieran pensando qué sólo era un edificio lleno de mobiliario viejo y descuidado. Pero ya lo saben y ahora tendré qué compartirlo para la fraternidad de señoritas.

-¿Fraternidad de señoritas,? Qué emoción.

-Ahora tengo qué lograr qué Candy quede cómo presidenta y así poder mantener el control de todo el edificio. - dijo con fastidio

-Lo lograrás Candy es adorable. ¿por qué no la eligirán?

-Estamos en un colegio lleno de niños miembros de las familias más opulentas de Inglaterra y el resto de Europa y ahora hasta América. Y seguido molestan a Candy por ser de origen humilde.

-Qué malos.

-Bienvenida a San Pablo. Dónde te miden según la fortuna de tus padres.

-Ya no me gusta eso. Se supone qué debería ser un lugar lleno de alegría. Están en la edad más bonita de todas.

-Abuela, ni siquiera podemos hablar o correr en los pasillos. Y olvídense de hablar con el otro género.

-¿Es un internado o una cárcel?

-Yo diría qué la segunda aunque peor por aquello de qué hay qué lidiar con niños mimados y mentirosos cómo Neal y su hermana Elisa.

-Qué horror.

-Por eso mi fraternidad es un escape para tanta hipocresía y estúpidas reglas. Ahí todos podemos ser libres.

-Gracias Terry por tenerme la confianza y contarme tu vida en el San Pablo te prometo qué la guardaré aquí en mi corazón. Ahora es hora de descansar y yo me retiro a mi casa.

-¿Pero no se quedará? Usted dijo qué ...

-Después de lo qué me has contado no me queda duda lo difícil qué es estar en un lugar cómo este. Entre jóvenes qué sólo te miden por tu dinero. Además tu historia es muy conmovedora y ahora me hace entender mejor a mis padres y el porqué nunca quisieron enviarme a un internado. He sido egoísta, yo queriendo entrar a un colegio mientras qué muchos cómo tu preferirían estar con sus padres. No valore a mis padres. Así qué ahora con lo qué se los quiero más.

-Se lo dije son unos Santos.

-Oh Terry qué ocurrencias - Soltó a reír Martha. -Vendre puntual el quinto domingo para ver a Paty. Ojala me dejen verla pese al castigo qué les pusieron por lo qué hicieron en tu cumpleaños - al decir esto último se empezó a reír.

-Qué hermoso le quedaron a Stear sus fuegos pirotécnicos.

-Sí ya lo creo. Tanto qué por eso nos castigaron.

-Bueno, el castigo fue por los destrozos.

-Pero ahora dime ¿eres feliz ahora qué tienes amigos y a Candy?

-Debo reconocer abuela qué quiero seguir aquí por Candy. Y si, me divierto de vez en cuando. Aunque estos últimos días la presión de mi padre aumentó.

-¿Qué te ha hecho?

-Me exige qué gane el torneo por tercera vez, qué siga en el cuadro de honor y siga siendo el presidente de la fraternidad. Ah y la hermana Gray me impuso además de la sombra religiosa 300 horas de servicio social.

-Dios eso es demasiado.

-No se preocupe ya estoy por conseguir un asistente.

-Me alegro por ti.

-Bueno no alarguemos más esto. Me despido..

-No es bueno deambular a estas horas por la ciudad mejor quédese y ya qué salga el Sol se va. Puede dormir en mi cama yo dormiré aquí en el sofa.

-Gracias Terry.

Los dos se dieron las buenas noches y se fueron a dormir. Las horas pasaron y los primeros rayos del sol comenzaron a filtrarse por la ventana.

El despertador de Terry los hizo despertarse. Se dieron los buenos días, el chico entró a ponerse su uniforme en el vestidor. La abuela había dormido vestida así qué sólo se arreglaba el cabello con su espejito mientras esperaba sentada en la sala.

Un par de minutos después salió Terry arreglado y perfumado cómo todo un caballero inglés.

-Listo abuela.

-Eres muy guapo, creo qué estoy empezando a dudar sobre Albert.

-Abuela, no siga o me la robaré .-mencionaba el chico con una coqueta sonrisa.

-Terry eres un pillo - la abuela soltó una risilla. Seguida de la risa del chico.

-Gracias Terry, ha sido una linda pijamada.

-Supongo qué muere de ganas de contarlo a sus amigas.

-Seré la envidia de todas. Ven aquí, agáchate, eres muy alto.

El chico extrañado obedeció y se inclinó. Acto seguido la abuela le dio la bendición y le dio un beso en la frente.

-Se muy feliz Terry y no te metas en problemas.

-Abuela le aseguro qué soy muy feliz en cuanto a lo último no estoy muy seguro. Sino mire.

El chico salió y la abuela se escondió tras la puerta para ver desde ahí lo qué Terry estaba por hacer. Quien al ver a su religiosa sombra le gritó la odió.

-¡Hermana Sofía qué gusto verla!

-Terry no grites. Y menos en mi oído.

-Vamos Hermana, se me hace tarde para almorzar y no quiero llegar tarde. Sin más el chico echó a correr haciendo que la hermana también lo hiciera y los chicos qué también caminaban por el pasillo rumbo al comedor no paraban de reír por semejante escena.

La abuela miraba por la puerta de Terry a medio abrir y también reía. De pronto Stear qué cerraba la puerta de su cuarto la vio de reojo y se sorprendió. La abuela le hizo la seña de qué no dijera nada . Este obedeció y aún sorprendido siguió su camino.

Cuando el pasillo ya estaba despejado la mujer dio un último vistazo a la habitación del rebelde y dijo.

-Se muy feliz Terry. Mereces ser feliz con tu alma gemela y esa es Candy. Todas las noches rezaré por que nada ni nadie los separe.

La abuela bajó tranquilamente las escaleras y a punto de abrir la puerta del edificio una de las hermanas la encontró.

-Señora buenos días.¿ Puedo ayudarle?

-Oh deseaba visitar a mi nieto.

-Lo siento, pero hoy no es día de visita. Es hasta dentro de dos semanas.

-Oh qué despistada soy, con razón esto está sólo.

-No se preocupe. Venga la acompañó a la salida.

-Gracias.

Las dos mujeres se encaminaron hacia la salida del colegio. Cuando llegaron ahí Martha preguntó.

-Disculpe cuál es el comedor de los niños.

-Es ese. - señaló la hermana hacia un edificio qué estaba justo a un costado de ellas.

La abuela volteo y alzó la mano para despedirse -Es por si mi nietecito está viendo hacia acá.

Terry qué se había quedado en el ventanal mirando hacia el portón del colegio esperando ver salir a Martha logró ver el saludo de ésta, provocando una sonrisa en él y con un murmullo se despidió.

-Adiós mi buena amiga.

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Feliz cumpleaños Terry. Y cómo dice Martha y todas las Canderrys mereces ser feliz con tu alma gemela y esa es Candy.

También ustedes mis queridas Canderrys, qué se diviertan mucho en la fiesta de cumpleaños de nuestro Caballero Inglés.

Mil bendiciones y cuídense mucho :)