Capitulo 16 Un paseo por Londres
Colegio San Pablo. Sábado 9:30am.
A la mañana siguiente una pecosa dormilona se levantaba asustada.
-Ay no, me quedé dormida. Todo por acostarme tarde para adelantar la tarea.
La chica se levantó rápido y fue corriendo a preparar la tina, después mientras se llenaba, la chica corría a su clóset para elegir su atuendo.
Archie y sus clases de buen vestir le habían enseñado a combinar y elegir la vestimenta acordé a la ocasión.
Media hora después salió de bañarse y se vistió. Pero sus rizos eran todo un tema. No quiso entretenerse más así qué los secó lo más qué pudo para después aplacarlos con un poco de cera para peinar y los arreglo con una coleta alta adornada con un prendedor de plata en forma de colibrí con gemas color rosa haciendo juego con su vestido gris qué llevaba un listón rosado en la cintura.
Estaba haciendo frío así qué se abrigo y se colocó su bufanda tratando de no arruinar la coleta qué bastante trabajo le costó hacerse para no dejar un rizo suelto o enredado.
A punto de salir se despidió de Clin y cerró la ventana, fue entonces qué notó la piedra con la carta de Terry.
-Terry tiene razón, soy tan despistada. Ayer la busque por todos lados y mira Clin estaba justo en el marco de la ventana.
Abrió la carta y comenzó a leer.
"Hola pecosa,
Te mando esta carta o mejor dicho te aviento esta carta para qué estés tranquila. Quiero decirte por qué no he ido a verte. La primera noche fue porque una Albertana pasó la noche conmigo…
-¿Qué dices? ¿Qué es una Albertana? ¡Terry me confundes!
Sí Candy, la Abuela Martha fan número uno y única de Albert se quedó a dormir conmigo, ya te contaré más a detalle. Y la segunda noche porque no quiero arriesgarme a qué mi religiosa sombra me descubra entrando a tu habitación. Así qué pecosa perdoname pero no podré verte en los próximos 13 días qué me quedan de castigo. La hermana Gray me puso una custodia para checar qué no haga locuras. Cuando te vea te diré por qué este castigo. Quiero contartelo personalmente para qué no haya malos entendidos entre nosotros. Te veo en dos semanas.
Con amor TG.
-Terry es sincero realmente me iba a contar lo de Mildred.
Candy suspiro y atrajo la carta junto a su pecho y murmuró "Te amo Terry"
Salió de sus pensamientos y guardó cuidadosamente la carta en una caja donde guardaba también, las de Albert y las del hogar de Pony.
-Ahora si me voy Clin cuídate mucho y si necesitas algo ya sabes dónde encontrar a Terry, Archie o Stear. Te dejo la caja de galletas, no te las comas todas de un jalón deben durarte todo el fin, no estoy segura si Albert me traerá hoy mismo o hasta mañana así qué raciona bien esas galletas. Hasta luego.
La chica le dio un beso en su cabecita para después salir de su habitación.
Camino de prisa por los pasillos hasta llegar al portón dónde había una hermana custodiando. Le entregó el permiso de la hermana Gray y salió del colegio.
La niebla de Londres se había disipado por los rayos de sol que ya iluminaban las calles desérticas. Se quedó parada un momento tratando de adivinar dónde podría pasar un carruaje. Notó que en la esquina estaba llegando uno, así qué corrió hasta el, pero dando vuelta en la esquina chocó con una persona y ambos cayeron al suelo.
Candy quedó sobre el chico y cuando descubrió quien era, su cara se sonrojó cómo mil tomates juntos. Así qué de inmediato y apenada se puso de pie.
-Pecosa atrevida se qué te gusta besarme pero aquí estamos en público.
-¿Terry qué haces aquí afuera?
-Intentaba tomar un carruaje, pero una rubia con pecas me tumbó. Y como verás ya se fue.
-Lo siento yo también quería tomarlo pero se me atravesó un mocoso engreído.
-Sí claro. Mejor dime ¿De quién huyes? -preguntaba Terry extrañado y sacudiéndose el polvo.
-No huyó de nadie. Albert me envió un mensaje pidiendo verme la parecer quiere qué conozca a alguien. Supongo qué será alguien del clan de Escocia. ¿Y tú? Terry ¿no me digas qué vas a escaparte?
-No pecosa, todavía no me pienso escapar.. Si lo hago lo haría contigo.
-Entonces ¿Qué haces afuera?
-El Duque me mandó llamar. Creo qué quiere hablar conmigo sobre la competencia. Ya sabes, está obsesionado con qué gane por tercera vez consecutiva. Me citó a la una pero quería pasear por Londres un rato antes de escuchar su sermón.
-Qué lindo, yo no conozco Londres, tal vez algún día pueda dar un paseo.
-¿Tienes dos meses en Londres y nunca has salido a conocer?
-No. Te recuerdo qué estamos castigados por lo qué hicimos en tu fiesta. Por eso me sorprendió qué Albert me mandará llamar debe ser muy importante.
-¿Y a qué hora debes encontrarte con él?
-No me dijo una hora solo una dirección. Supongo qué llegar a mediodía será lo más adecuado.
-En ese caso puedes llegar a la una igual qué yo. Y si es así tenemos 2 horas y media para pasear ¿Qué dices? ¿Te gustaría dar un paseo conmigo?
-Me encantaría.
-Vamos a qué conozcas Londres mi tierra natal. Bueno en realidad es Nueva York, pero no sé lo digas la Duque para él yo nací en Londres.
Terry iba a tomarla de la mano pero se arrepintió cuando vio cómo una bola de pelos viviente saltaba desde la barda del colegio hasta los brazos de Candy. Haciendola gritar del susto.
El chico soltó a reír por la cara de espanto de su novia esposa - A esto le llamo karma express. Ahora sabes lo qué se siente que te caigan encima.
-Muy gracioso Terry. ¿Y tu Clin? se supone qué deberías quedarte.
-Obvio no lo hará si sus padres estan fuera, osea tú y yo.
-Tienes razón. Pero la ciudad es muy peligrosa. Ya se enrollate en mi cuello cómo una bufanda. Así estarás cerca de mi.
El animalito obedeció muy feliz. Ahora sí Candy y Terry caminaban esperando encontrar un carruaje. Se alejaron apenas un par de cuadras del colegio y la chicano no perdía detalle del San Pablo. Siempre estaba adentro, así qué verlo desde afuera le pareció tan grande y sombrío.
-Ahi va uno. Vamos Candy.
Los rebeldes lograron correr hasta alcanzar el carruaje. Subieron y ya adentro la pecosa de inmediato se acercaba a la ventana pues no quería perder detalle de su paseo por Londres.
Terry sonreía la verla tan atenta. Tanto qué ni siquiera lo volteaba a ver, así qué sólo se conformó con abrazar su cintura y ser su guía. Y Clin aprovecho para acurrucarse en las piernas de la pecosa.
Así iniciaba su paseo por Londres junto a Clin.
Candy observaba con asombro la gran ciudad y Terry le explicaba el significado o la historia de cada uno de los emblemáticos sitios.
Bien se lo dijo su rebelde tenía 2 meses en Londres, pero no había tenido oportunidad de contemplar la enorme ciudad.
Así que Candy junto a la ventana le preguntaba qué era cada cosa y Terry contestaba. Cuando no estaba preguntando sólo observaba detenidamente. Era la primera vez qué conocía una ciudad tan grande así qué todo para ella era fascinante.
Los edificios de arte gótico, Barroco hasta el Renacimiento. La vestimenta de las señoras, algunas al último gritó de la moda y otras modestas pero todas tenían algo en común, la diminutas cinturas y el tocado en su cabello ya fuera un sombrero o una peineta. Empezó a imaginarse vestida cómo ellas.
-Y pensar qué algún día Terry y yo viviremos aquí cuando le toque tomar el ducado. El será un elegante caballero inglés y yo… me pregunto si estaré a su altura.
Una vez en Greenwich el carruaje se detuvo tal cómo ordenó el chico. Terry ayudó a Candy a bajar y después pagó la chófer. Clin una vez más se enrollaba en el cuello de la pecosa.
-¿Donde estamos Terry?
-Tomaremos una lancha para qué recorramos el Támesis. Ven allá está una.
Terry contrató una de las tantas embarcaciones qué había disponibles y junto a su novia esposa y Clin subió para comenzar el recorrido.
Ahora la pecosa se sentaba en la parte delantera junto a Terry quien ya se había convertido en su guía personal. Clin temeroso la agua prefiero quedarse cómo estaba, enrrollado en el cuello de Candy.
-Mira Candy ahi seguramente estudiaron el Capitán Niven, Brian y el resto la tripulación del Mauretania. Esa es la escuela naval -decía Terry señalando el histórico edificio.
-Vaya es muy grande. Regresando la colegio les enviaré una carta deseándoles lo mejor.
-Tal vez yo haga lo mismo.
-¿Cómo qué tal vez?. Debes hacerlo
-Esta bien, enojona.
El paseo continuó por 40 minutos mas. Candy conoció La Catedral de San Pablo, la Torre de Londres y el puente de Londres.
-Mira Candy ahí tienes el puente de Londres.
-Es hermoso. De niña solía cantar con Annie "El puente de Londres va a caer va caer, sin remedio".
-Y se cayó.
-¿En serio? - preguntaba incrédula la rubia mientras Terry se burlaba.
-No, pero no tarda en caerse (1)
-Muy gracioso. Te debería encerrar en esa Torre por hacerme esas bromas - amenazaba la rubia señalando la histórica Torre de Londres.
-Hazlo, no me molestaria tomar unos tragos con el fantasma de Enrique VIII
-Otra vez tus bromas.
-No señorita, el joven tiene razón, se dice qué por las noches se escucha el alma en pena de varios aristócratas incluyendo la rey Enrique VIII.
-Ves, yo no miento - dijo altivo el chico. Después le dijo la oído -Te gustaría pasar la noche ahí.
-No estoy loca. Odio los fastasmas. Una vez en Lakewood Neal y Eliza me encerraron en la Torre sur, después de qué Archie, Stear y Anthony me contaran la historia del fantasma de dicha Torre. Me dio tanto miedo. Juro qué estaba a punto de saltar por la ventana, pero no me atrevi.
-¿Por qué No había ramas? - se burló el chico.
-¡Terry!... Bueno quizá sí no hubiera estado tan alto y algunas ramas cerca tal vez si lo hubiera hecho. Pero afortunadamente Anthony llegó a mi rescate. Después recuerdo qué baile con él. ¿Sabes? Fue mi primer baile, también baile con Archie y Stear. Fueron muy lindos conmigo. Pero la señora Leagan me castigo por eso y me envió a dormir a los establos
-¡¿Qué? ! Por lo visto la locura viene de familia.
-Según ella así recordaría cual era mi lugar. Pero no me importó, la contrario me gustó mucho estar con César y Cleopatra. Me dediqué a cuidarlos y les tomé mucho cariño.
-¿De ellos hablabas ayer?
-Sí. La loca de Elisa me dijo qué los vendieron por separado. Por eso en cuanto vea a Albert le pediré qué trate de encontrarlos y los compré aunque toda mis mesadas se vayan en la compra.
-Sí son pura sangre seguro qué si. A lo mejor ni siquiera te ajuste.
-Pero tengo un esposo qué seguro cederá mi dote para terminar de pagar la compra.
-Oye no lo había pensado. ¿Cuánto me pagará Albert por atreverme a casar contigo?
-¡Terry!
-Ni cón toda la fortuna de los Ardley -se burlaba Terry haciendo enojar más a la chica.
-¡Quieres que te lance la agua!
-Chofer por favor déjenos en la siguiente parada antes de qué la señorita se atreva a cumplir su amenaza.
-A la orden jovencito.
Un par de minutos después embarcaron junto la Parlamento Inglés.
Los chicos salieron de la embarcación. Terry quiso ayudar a Candy pero ella se le adelanto dando un salto qué lo hizo soltar a reír.
-Se me olvida qué eres una mona con pecas.
Candy de puso roja de coraje, pues medio puerto lo escucho y también se burlaron de ella -¡Terry Grandchester!
f
-Será mejor qué corra antes de que me muerdas.
f
-¡Ven aquí mocoso engreído!
Terry corría entre la multitud de personas qué paseaban por el río Támesis. No dejaba de reírse al verle la cara de enojada de su pecosa. La contrario de Candy qué intentaba alcanzarlo para desquitar su enojo.
De pronto ya no vio a su novio. Había tanta gente, entre citadinos y turistas.
-Clin, ¿dónde se habrá metido Terry?
Caminaba y caminaba mirando a todos lados tratando de encontrarlo pero sin éxito.
-Creo qué ya me perdí.
-¿Te perdiste? -le dijo Terry por detrás la oído
-¡Me asustaste!
-Tu los asustas con ese gritó - dijo Terry haciendola ver qué los paseantes la miraban.
-Oops lo siento.
-Ya no te enojes solo es una broma. Toma los compré para ti.
-Dulces qué rico - la chica tomó la bolsa de dulces y Terry le dio un dulce a Clin qué acepto muy feliz y siguió enrollado en el cuello de Candy.
-Mira estamos junto al Parlamento Inglés.
-Aqui tendrás tu despacho algún día.
-Tal vez.
La pecosa se quedó pensativa mirando tan enorme edificio.
-Venimos de mundos tan diferentes. Yo de un pequeño pueblo donde el paisaje son los árboles, las grandes extensiones de tierra y el lago Michigan. Y Terry, creció en esta histórica ciudad. ¿ Llegaré a estar a la altura de lo qué debe ser la esposa de un futuro Duque?-
-Tierra llamando a Candy.
-Lo siento. Me quedé pensando qué nuestros hogares son tan diferentes.
-Es cierto, venimos de mundos diferentes , pero ya estamos juntos y en el mismo colegio.
-Y así será unidos por un lazo indestructible. Terry, cuando seas Duque vivirás en Londres.
-Viviremos. Pero primero Broadway y después Straford Upon Avon.
Candy sólo sonrió y asintió. Algo le hacía sentir escalofríos sobre su futuro con Terry. ¿De verdad nada ni nadie se interpondrá entre ellos? Se preguntaba.
-Vamos a desayunar. Conozco un lugar donde la vista es perfecta para qué escuches la Big Ben (2) dar las doce.
-Sí, me encanta la idea.
-¿Escuchar la Big Ben o comer?
-Ambas.
-Te creo.
Terry tuvo el instinto de llevarla de la mano, pero recordó qué estaban en público así qué la soltó. Por lo qué comenzaron a caminar uno a lado del otro.
-¿Qué pareceremos? ¿Hermanos? No, no lo creo. ¿Enamorados? Es mucho decir. - pensaba la pecosa mirando a su caballero inglés qué cómo siempre caminaba con la mirada al frente y muy seguro de si mismo.
A Candy le gustaban tanto sus ojos color mar. En el Mauretania solia ver cómo el mar se reflejaba en ellos.
Y ahora en Londres no habían tenido tanto tiempo para estar juntos. Primero Terry se quedó en el palacio para estar con su Madre y después lo mandaron a Dublín. Sólo había pasado una semana qué habían vuelto a estar juntos.
Ahora caminando por las calles de Londres junto a él, recordaba porque le gustaba tanto. Admiraba su porte tan fino. Una cosa era ser elegante pero Terry era tan seguro de si mismo, arrogante sí, a veces, pero tal vez saberse de una familia real lo hacía no envidiarle nada a nadie. Y definitivamente del Duque debió heredar esa seguridad ante los demás. Pero sobretodo ese corazón tan atormentado pero la mismo tiempo lleno de nobleza.
Terry sintió la mirada embelesada y se giró hacia ella- ¿Qué pasa? ¿Viste otra cosa qué te gustó?
-Sí.
-¿Qué?
-Tú.
El chico sólo sonrió al sentirse halagado - Cada vez te vuelves más atrevida pecosa.
-Qué puedo decir.
-No digas nada - el chico se acercó lentamente y… se conformó con darle un beso en la frente.
-Vamos a ese restaurante antes de qué se llene, ya no tardan en dar las doce y todos quieren escucharlo.
Subieron a un restaurante ubicado en una terraza justo frente al Big Bang. Candy estába feliz con la vista.
-Es impresionante.
-Y cuando lo escuches te gustara más. Hasta ahora sólo has escuchado sus campanas.
Pidieron de comer, y conversaban mientras daban las doce.
-Terry, ¿Cómo es eso qué la abuela Martha pasó la noche contigo? Eso es lo más loco qué has dicho.
-Yo iba a verte pero sentí qué alguien me seguía, pensé qué era la hermana Sofía así qué regresé a mi dormitorio y bueno, me topé con la admiradora de tu papi. Para evitar qué la descubrieran la lleve a mi cuarto los más rápido qué pude. Y digo pude porque a su edad la velocidad no es una de sus referencias.
-Terry no seas grocero.
-Es la verdad. En fin, ya en mi cuarto me contó qué deseaba ver a tu amiga la gordita.
-Se llama Paty.
-Cómo sea, el punto es qué ella también quería estar en un colegio porque siempre tuvo maestros privados y pues yo le hice ver qué sus padres eran unos santos al evitar qué estuviera en un internado. En fin, le conté mi vida en el colegio y medio la razón de qué sus padres eran unos Santos.
-Me hubiera gustado verla de nuevo.
-Tal vez en un mundo alterno ella en lugar de ir a mi cuarto hubiera entrado al tuyo.
-Y yo la hubiera conocido más. Y Eliza cómo siempre me molestaría y me retaría a tocar el violín.
-Y la abuela Martha lo haría por ti escondida detrás de las cortinas.
-Y Eliza se da cuenta del engaño …
-Pero cuando recorre las cortinas…
-¡Es Paty!
-Y entonces Martha al darse cuenta las malas compañeras qué tienes...
-Decide irse y se da cuenta qué sus padres.
-Son unos Santos. La final en ambos mundos el San Pablo es una cárcel de niños y niñas mimados.
-Y un mocoso engreído.
-Y una pecosa mandona… y glotonta.
Candy no pudo refutar pues ordenó 3 muffins de chocolate y una taza de chocolate caliente.
-Esta bien lo reconozco, me encanta el chocolate, debo aprovechar qué ni Albert ni las hermanas me ven.
Terry sólo pidió una taza de té verde y lo bebía poco a poco acompañado de unas galletas de vainilla con chocolate que estaba esperando comerlas al final pero...
-¿Te vas a acabar las galletas?
-No, adelante tomalas. - respondió el chico mientras miraba el reloj qué ya estaba a un minuto de dar las doce.
-Preparate Candy aqui viene.
Y entonces el Big Ben comenzó a anunciar las doce del día.
-Qué bonito suena me gusta. Es impresionante. Y suena muy fuerte.
-Lo suficiente para escucharse a 14 kilómetros a la redonda.
La chica lo escuchaba entusiasmada y no le quitaba la vista. Mientras Terry a quien miraba era a ella.
Le fascinaba su sonrisa y sobretodo sus pecas. Pero sin duda lo qué lo tenía profundamente enamorado era ese corazón libre, sin prejuicios, y tan valiente. Pero también capaz de sacrificar lo qué sea por ayudar a los demás. Ya una vez sacrifico su oportunidad de tener padres para quedarse con Annie. Esto de ser tan sacrificada no le gustaba le daba una mala sensación ¿Candy sería capaz de sacrificar su amor por mi para ayudar a otra persona ?
-Me encantó el Big Ben.
-¿Lo quieres?
-¿Cómo?
-Cuando sea duque lo decomisare para comprarlo y regalartelo.
-Terry no hagas eso.
-Estoy bromeando. Pero podemos ir a una tienda de recuerdos y cómprarte una miniatura.
-Eso si me gusta.
Siguieron conversado por un rato más hasta qué Candy terminó de comer. El chico dejó un par de billetes para pagar la cuenta y la propina mientras Candy discretamente le daba una galleta a Clin quien seguía fingiendo ser una bufanda.
Al salir Terry volvió a pedir un carruaje para buscar una tienda de recuerdos y de paso darle una sorpresa a su esposa novia.
En el camino Candy admiro nuevamente la ciudad. Pero cuando estaban por llegar a su destino Terry le pidió qué no abriera los ojos hasta qué él se lo dijera. Ella obedeció y se dejó guiar por él.
-Llegamos ya puedes abrirlos.
Candy al ver dónde habían llegado quedó muda. Era impresionante lo qué veía frente a ella. Tan majestuoso y elegante nada podría igualarlo.
Habían llegado nada menos que al Palacio de Buckingham. La Casa Real de los ancestros y familiares de Terry.
-Es hermoso - decía con tal entusiasmo qué corrió hasta los barrotes tratando de mirarlo más de cerca.
-Sabía qué debías conocerlo.
-¿Por tu familia?
-No, porque venir a Londres y no conocer el Palacio es cómo nunca haber estado en Londres.
-Cómo me gustaría verlo por dentro.
-Cuando seas oficialmente mi prometida seguro la familia querrá conocerte. Y entonces podrás conocer su interior. Ahora vamos hacia allá ya no tardan en hacer el cambio de guardia.
Los chicos caminaron de prisa hasta la esquina y esperaron junto a varias personas qué al igual qué ellos esperaban el cambio de guardia.
5 minutos después la tradición cobró vida. Candy abría los ojos admirando el legendario cambio de guardia.
En ese momento Terry se percató qué había un hombre tomando fotografías así qué le pidió qué retratara a la rubia con pecas.
-Candy no te muevas van a tomarte un foto.
-¿Pero yo sola? No, mejor juntos.
-La señorita tiene razón se verán mejor juntos.
-No Candy, Quiero una foto tuya para mí.
-Esta bien.
Sin más peros Candy posó para la fotografía qué Terry tanto quería.
El fotógrafo sacó una tarjeta de su bolsillo y se la entregó al chico.- Si me lo permite aquí podrá ir a recogerla mañana.
-Esta bien, gracias. -aceptó Terry tomando la tarjeta del fotógrafo. La guardó en el bolsillo de su sacó y aprovecho para sacar su reloj y ver la hora. La verla resopló con fastidio.
-¿Qué pasa Terry?
-Me temo qué el Duque me recibirá con un sermón. Ya no llegaré a tiempo con él
-Lo siento, no quise entretenerte.
-Para nada. Este es nuestro primer paseo juntos así qué el Duque puede esperar. Busquemos una tienda para encontrar tu Big Ben.
-Sí vamos.
Gracias a qué estaban cerca del palacio fue fácil dar con una pequeña tienda de souvenirs
Ambos entraron a una de ellas, fue cómo un Deja Vu. Recordando aquel día qué hicieron lo mismo en el Mauretania buscando el regalo de Susy.
Caminaban por los pasillos buscando el Big Ben cuando de pronto se toparon con una postal del del Mauretania.
-Terry.
-¿Qué pasa? -preguntaba el chico acercándose a su pecosa qué ya tenía los ojos cristalinos. Ella le mostró la postal haciéndole comprender su tristeza.
El chico la tomó y sonrió para después decirle - Ahí te conocí.
Candy se abrazo a él tan fuerte cómo la noche en qué casi se hunden con el barco.
-No llores pecosa. El barco se perdió pero nadie murió en él. Los dos estamos aquí.
-Me da tanto miedo perderte.
-Me perderás cuando pierdas todas tus pecas. Anda vamos, ya encontré tu Big Ben.
El chico se adelantó a la caja para pagar el pequeño Big Ben qué también era un despertador así qué Candy ya no tendría excusa para no levantarse temprano.
-Esta también por favor. - pedía Candy agregar la postal del Mauretania.
-Esta bien, cobre las dos por favor.
Una vez comprado lo deseado salieron de la tienda. Caminaron un par de pasos mientras Candy llevaba la bolsa dónde venía el Big Ben y su postal.
-Gracias Terry. Será un hermoso recuerdo de nuestro primer paseo por Londres.
-Me encantaría llevarte a más lugares pero, a ti también te están esperando.
-Entiendo. -respondió Candy con una mueca de decepción para después cambiarla por una sonrisa - Le pediré a Albert qué me levanté el castigo este quinto domingo y tú has lo mismo con el Duque así podremos pasar todo el domingo juntos y continuar el paseo ¿Qué dices?
-Lo pensaré.
-¡Oye !
-Bromeo. Está bien me las arreglaré para pasar el próximo domingo contigo.
-Es un trato.
-Trato hecho. Ven te ayudaré a qué tomes un carruaje,¿Sabes la dirección a dónde irás?
-No de memoria, pero Albert me la apunto atrás de su tarjeta de presentación - Candy saco de su bolso dicha tarjeta y se la entregó a su novio - Mira, aquí tienes.
Terry tomó la tarjeta y leyó el nombre de su suegro levantando la ceja- William Albert Aldrey. Vaya, hasta ahora me entero de su segundo nombre.
-Se llama cómo tú autor favorito.
-Sí, es correcto.
- Pero no significa qué por eso sea admirador de Shakespeare y qué en 20 años dejará todos sus negocios en Chicago para mudarse a vivir a Straford Upon conmigo.
-¿Qué dices pecosa?
-Nada, se me ocurrió de repente.
-Te afectó el chocolate.
-Seguro el azúcar me hace decir locuras. Cómo sea, la dirección está atrás.
Terry dio vuelta a la tarjeta para mirar la dirección, al verla frunció el ceño -¿Estás segura qué Albert te dijo aquí?
-Sí, … Bueno me escribió " te dejo la dirección" y su tarjeta venía con el mensaje. ¿Por qué? ¿Es muy lejos?
-No, pero… es la casa de Erik.
-¿De Erik? No entiendo nada, yo hubiera pensado qué quería presentarme a alguien del clan. ¿Será qué son parientes los Ardley y los Mcklahan?
-En lo absoluto. Los Mcklahan vienen de la monarquía danesa y según me has dicho, los Ardley son de Escocia para ser exactos un campesino qué hizo fortuna en Chicago.
-Entonces, no comprendo. ¿Algún negocio?
-¿Le interesa el teatro a Albert?
-En lo más mínimo.
-Entonces sólo hay una opción.
-¿Cuál?
-Tal vez te quieran casar con Erik
-Terry qué tontería.
-Lo se, a él no le gustan las pecosas - decía riéndose, pero al ver la cara de enojo de su esposa tomo su mano y beso el anillo qué llevaba puesto - Y además tú ya estás casada conmigo.
-Y Albert lo sabe. En fin, ya pronto sabré porque me citó ahí y te lo contaré.
-Muy bien. ¿Volverás la colegio hoy mismo?
-No lo sé. Espero qué sí. Quiero seguir practicando el poema.
-Yo tampoco estoy seguro si el Duque me quiera retener todo el fin.
-En ese caso nos vemos el lunes con mayor seguridad.
Clin sorpresivamente se lanzó a los brazos de Terry.
-¿Qué pasa Clin? Oh ya veo quieres ver la Duque ¿O sus nueces?
-Cuidalo Terry.
-No te preocupes me encargaré de él. Además podrá jugar con mis hermanos qué seguro ya lo extrañan
-Gracias. Hasta luego - dijo la chica y se acercó para besar la cabecita del animalito
Terry llamó a un carruaje, y le dio la tarjeta con la dirección -Por favor lleve a la señorita a esta dirección.
-Con gusto caballero.
Candy subió la carruaje. Ambos deseaban darse un beso pero estaban en público así qué tuvieron qué conformarse con solo mirarse. Terry le regaló un guiño y ella le contestaba con un "te amo'"
El carruaje echó andar y mientras se alejaba Candy se asomó por la ventana para gritarle - ¡Terry, nos vemos en el San Pablo!
El chico sólo sonrió y asintió. Después volvió a mirar su reloj qué ya anunciaba la 1 de la tarde con 15 minutos. Volvió a resoplar con fastidio.
-Vamos Clin. En el camino pensaré cómo evitar qué él Duque me sermonee. Aunque después de este paseo con Candy nada puede arruinarme el fin de semana.
Tomó un carruaje y pidió al chófer ir lo más rápido posible.
Así terminaba su paseo por Londres con su alma gemela.
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Mansión de Lord Hamilton
-Martha, No puedo creer qué lo hicieras
-Pues lo hice y ahora todas ustedes me envidian.
-Lo dicho, las Albertanas en el fondo aman a Terry -comentó Gabrielle con aire triunfal.
-Es un chico muy lindo y cómo todo caballero inglés me salvó de las hermanas evitando qué me descubrieran.
-Pobre Terry seguro no durmió por tus ronquidos -se burló la Duquesa Madeleine.
-El durmió en la sala así que no me escuchó. Pero si lo hizo no se quejó.
-Obvio qué no. Es un caballero.
-Entonces después de pasar la noche platicando con Terry ¿Aun amas a Albert?- insistía Gabrielle
-... Siiiiiiiiiiii
-Ay Martha qué necia eres.
-Terry es un caballero, muy guapo y con un corazón enorme, pero es demasiado joven.
-No vaya seguro Albert es de tu edad.
-Claro es el tío abuelo - se burló Martha a lo qué sus dos amigas le hicieron segunda.
-Y hablando de Albert, Gabrielle¿Ya lograste hablar con Míchelle?
-Sí justo hoy di con el señor George me dice qué ella está bien. Qué se quedará a vivir en la Mansión de los Ardley en Escocia.
-Qué pena qué tú padre se pusiera tan difícil. Yo hubiera jurado qué Richard se opondría a la relación de Candy y Terry. Y miren resultó qué tú padre fue el cascarrabias contra Albert.
-Por ahora ya volvieron a Mónaco así qué Albert y Michelle pueden estar tranquilos.
-Michelle no ocupa la autorización de tu padre. Ya tiene la mía.
-No me digas qué si se casan en África cómo pretenden tu irás a la boda.
-Por supuesto qué sí. Siempre quise ser periodista y África sería mi gran aventura. Ya pasé la noche con el chico más guapo de Londres ahora sólo falta viajar a África con Albert.
-Martha no tienes remedio.
-Y hablando del San Pablo, ¿Irán a la competencia? -preguntaba Madeleine.
-Yo sólo iré el último día. - afirmó Gabrielle - Con el embarazo no quiero exaltarme tanto. Si por mí fuera no iría cómo otros años, pero dado qué ahora Terry tendrá más rivales quiero estar ahí para apoyarlo.
-El príncipe de Hamburgo y su hijo llegan mañana. Presiento qué ese hombre será un dolor de cabeza. Así qué yo iré también.
-En ese caso yo también iré. Y aprovecho para ver a Paty.
-Madeline ¿Sabes dónde se hispedaran. Richard quiere hablar con él.
-Sí, en mi casa. Todo por ser de la familia.
-Ya veo. ¿No te molesta entonces qué se lo comenté a Arthur.
-Claro qué no. Dile qué él y Richard pueden ir cuando quieran.
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Mansion Mcklahan.
Albert ya tenía un par de horas de haber llegado. Ahora se encontraba en la sala de espera junto con Sir Mcklahan esperando a Candy.
-Una disculpa Sir Mcklahan, por las prisas no le mencioné a Candy a qué hora debía llegar, pero seguro ya no debe tardar.
-No se preocupe. Para serle honesto estoy bastante nervioso y ya no sé ni qué hora es. Y nuevamente gracias Albert por haber aceptado venir.
-Honestamente me parece precipitado, pero también creo qué ella merece saber la verdad.
-Lo último qué deseo es incomodarla. Por eso te agradezco también por haber aceptado estar aquí para darle tan sorprendente noticia.
-No me lo tome a mal y lo digo con todo respeto. Pero lo hago por ella. Más qué un padre somos cómo hermanos y quiero estar con ella cuando me necesite y estoy seguro qué ella deseara qué yo esté en un momento tan importante. Aunque últimamente Terry es su centro.
-Oh Terry Grandchester, jamás hubiera imaginado qué el mejor amigo de mi hijo se comprometería con mi hija. Bueno de hecho no imaginaba si quiera qué tuviera una hija.
-Señor Mcklahan, quisiera qué estemos claros en algo.
-Claro dígame.
-Candy eligirá qué apellido llevar. Se qué ya lo habíamos conversado anteriormente pero me interesa mucho qué quede claro.
-Por supuesto, será ella quien lo decída. Y entiendo su preocupación. Usted la adoptó y la ha protegido merece su lugar. Créame qué me encantaría qué Candy me permita darle el apellido qué merece por ley. Pero lo qué más me importa y lo único qué quiero es qué me acepte cómo su padre. Además … en pocos años adoptará el apellido Grandchester.
-Le agradezco qué todo esté claro. Entonces ya sólo queda esperar a conocer su reacción y la de su hijo.
El señor Mcklahan respiró profundamente y resopló - Erik no lo tomó para nada bien. Estoy conciente qué fue demasiado para él pero el único culpable soy yo por no haberme divorciado a tiempo y no hablar con la verdad.
-Sí me lo permite, en mi humilde opinión, creo que es demasiado para un chico de su edad tal vez no era conveniente qué sepa quién es su hermana. Pero si ya se lo dijo. Esperemos no haya rencores de él hacía Candy. De lo contrario también se fracturaría su relación con Terry.
-Lo pensé. Por eso tengo fe de qué cuando vea qué es Candy eso lo doblegue y haga a un lado su rencor y la acepte.
-Esperemos.
-Si me permite, iré a mi despacho por un álbum qué seguro Candy querrá ver.
-Por supuesto adelante.
Sir Mcklahan de camino a su despacho se topó con su fiel mayordomo.
-Bruno por favor, el señor Ardley sigue en la sala ve y quédate con él por si necesita algo. Yo voy a la biblioteca a buscar unos papeles trataré de no tardarme.
-Por supuesto Señor.
-Gracias.
Erik había salido de su habitación. Acababa de levantarse después de desvelarse por estar de cantina en cantina por todo Londres durante toda la noche.
La bajar las escaleras alcanzó a escuchar a su padre hablando con Bruno.
-¿Escuche bien? ¿Dijo señor Ardley? ¿Qué Ardley no es el apellido de Candy? . Ahh diablos esta maldita resaca me está haciendo alucinar nombres.
Justo en ese momento sonó el timbre.
-Oh señor Ardley debe ser la señorita Candy voy a abrirle.
-Ojala la espera entre cuatro paredes me vuelve loco.
El mayordomo salió de la sala y camino hacia el recibidor topandose con Erik.
-Senorito Erik. Permítame yo abriré. Debe ser la señorita que espera su padre.
-¿A quién espera mi padre ? -pregunto ansioso.
-A la señorita Ardley. Debe ser ella.
-¡No! Yo abro tú ve a avisar a mi padre.
-Cómo usted ordene señorito Erik.
El mayordomo obedeció y fue a buscar a Sir Mcklahan. Mientras tanto Erik deseaba confirmar si se trataba de Candy.
Abrió la puerta dando paso a una hermosa rubia con pecas y ojos verdes.
El chico también rubio pero con ojos color miel y gafas no podía creer lo qué veía. Sentía una fuerte presión en el corazón y empuñaba sus manos al sentir nuevamente ese coraje contra ella, pero ahora sentía más coraje pues era la novia de su mejor amigo. Ahora no sólo acabó con la vida de su madre sino también acabaría con su amistad.
Por el contrario Candy La verlo sonreía de oreja a oreja la encontrarse con su compañero de colegio y con quién un par de días atrás había pasado una divertida tarde en la segunda colina de Pony.
-¿Erik? Terry tenía razón tú vives aquí . Me da gusto verte no cabe duda qué el mundo es un pañuelo.
Erik le lanzó una mirada de desprecio, lo qué hizo qué Candy se sintiera incómoda y diera un paso atrás.
-¿Te pasa algo?
-Así qué tú eres la bastarda de mi padre.
Continuará…
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(1)Por la antigüedad de la estructura este ya está presentando problemas de concejal Ivan Luckin sugirió que, en lugar de demoler el puente, deberían intentar venderlo. Es por esto qué el original Puente de Londres fue vendido a la ciudad de ciudad de Lake Havasu City Arizona en 1968 por 2,46 millones de dólares.
(2) El Big Ben suena cada hora, pero yo aquí le puse a las doce para darle tiempo a Candy de admirarlo.
Gracias Gladys, Tiza20, Mia8111, y anónimos, por sus comentarios y buenos deseos ? Les agradezco de corazón por estar al pendiente de mis actualizaciones.
Respondiendo sus preguntas:
1 ¿Cada cuando actualizo? Estaré actualizando cada quince días. ¿por qué ? porque acabo de abrir un canal de youtube donde cada semana subiré un video de Candy y Terry. En el próximo capitulo les comparto el nombre para que se suscriban,
Hasta el próximo capítulo mis queridas Canderrys :)
