Los personajes son de S. M., la trama es de mi autoría.
Una mujer sin corazón
de la saga La vida de ellas
ESPECIAL JASPER: SOBRE LOS SENTIMIENTOS
Alice cumplió ese día veintiséis años, yo tenía veintinueve, pensé que era el momento adecuado. Alice llevaba un año de haberse graduado, tenía un trabajo bien pagado en una empresa de moda, en el área administrativa pero cerca de lo que a ella le gustaba. Así que pensé que era momento de hablarle de mis sentimientos. Construcciones L&L tenía clientes importantes, nuestro nombre ya sonaba en la ciudad, yo había conseguido avanzar profesionalmente hasta donde lo quería y podría dedicarme por entero a formalizar una relación.
La invité a cenar usando de excusa su cumpleaños. Tenía un elaborado plan y un guion memorizado de lo que iba a decir y cómo iba a comenzar... Excepto que nada salió así. En lugar de pasar por ella a su apartamento, me llamó para avisarme que tuvo un percance en su empresa y se iría directo del trabajo a nuestra cena. Un pequeño cambio que arruinó la noche por completo.
—Llevo semanas queriendo hablar contigo —dijo sentándose sin que me diera tiempo de levantarme y abrirle su silla. No importaba mi metódico plan si Alice parecía ir varios pasos frente a mí.
—¿De verdad? —no me dio tiempo ni de sonreír cuando ya me había lanzado lo siguiente:
—Abriré una cafetería.
—¿Una cafetería? —parpadeé sin comprender cómo mi plan se desmoronaba frente a mis ojos con una oración.
—Sí, llevo pensando en esto los últimos seis meses y esto es lo que quiero. Una cafetería. Trabajando en la agencia de modas me di cuenta que desperdicié cuatro años de mi vida con esa carrera cuando pude estudiar diseño, corte o cualquier cosa para hacer mi marca. Pero puedo administrar una empresa, ¿no? Estudié para eso. Puedo administrar la mía y tú sabes que soy buena en la cocina. Será el café de moda de la ciudad.
El café de moda, así lo llamó.
—¿Y cómo harás eso?
Entonces pasamos una hora y media hablando sobre cómo. Ella me explicó a detalle cada parte de su plan para abrir su propio negocio, yo hacía preguntas de vez en cuando para ver los vacíos de su plan, pero ella lo tenía todo resuelto.
—Eso va a tomarte tiempo, Alice. Olvídate de vacaciones por los próximos tres años al menos.
—¿Vacaciones? ¿Quién quiere eso? Ya viajé lo suficiente, y esto es lo que quiero.
—Va a absorberte el primer año.
—Lo sé. Pero no tengo nada que me ate Jasper, no hay hombres, ni perros, niños, ¿sabes lo que digo? Si voy a casarme con alguien acepto hacerlo con mi propia cafetería. Podría dedicarle mis días y noches a ese bebé.
—¿Me lo cuentas porque quieres un socio?
—¿Y deberte un favor? ¡Ja! Nunca en la vida, Jasper. Yo sé cómo funciona tu maquiavélica mente, te lo cuento porque quiero tu opinión.
—Creo que lo tienes todo analizado, me gusta la idea, excepto que no veo de dónde saldrá el dinero para iniciar.
—De Edward, por supuesto. Y si Edward no me ayuda entonces recurriré a papá y mamá.
Y así fue como me di cuenta que había llegado tarde de nuevo.
Creo que a veces te repites tanto una mentira hasta que te lo crees.
Por ejemplo, me dije por años que mis sentimientos por Alice eran pasajeros y no hicieron más que solidificarse convirtiéndose en una barrera contra cualquier otra mujer que apareció en mi vida.
A veces me pregunto si no fui culpable también de darle espacio y tiempo de una manera tan ridícula, tal vez si me hubiese acercado a ella antes, si hubiese sido menos cobarde, si hubiese lanzado todos mis prejuicios sobre nuestros seis años de diferencia, o la idea que concebía de mí mismo y lo mal que se vería salir con una chica de preparatoria, de universidad, recién graduada, tal vez pude hacer algo también por Alice.
Pero me dije una y otra vez que no era mi turno, hasta que me lo creí.
Y creo que lo mismo ocurrió con Alice. Se ha dicho a sí misma que no tiene sentimientos por los que preocuparse y a veces creo que solo no sabe lidiar con ellos. Cuando ella sonríe sin que sus ojos brillen sé que es una sonrisa falsa. La imita tan perfectamente bien como una sonrisa sincera, excepto que no se puede obligar a los ojos a brillar.
Caminé a su lado en medio de este parque malalumbrado. Lo único que se escuchaba además de nuestras pisadas era su ruidosa respiración cuando exhalaba por la nariz. Si pudiera Alice habría echado humo por sus fosas nasales de lo enojada que se encuentra.
¿Pero eso es mi culpa?
Yo no habría aceptado reunirme con mis excompañeros de la preparatoria de no haber insistido ella. Sus pensamientos eran tan evidentes que parecían gritar. Pero debí mantenerme firme y continuar con mi plan para esta cita, elegir la mesa apartada del resto y en algún momento armarme de valor y hablarle de lo que sentía por ella. En su lugar... lo había arruinado todo, ella. Porque fue ella quien insistió en unirnos con esos idiotas.
Acepté unirme a esa maldita mesa con esas personas que llevaba año sin ver, sin querer ver. Nuestra amistad se evaporó con los años y al parecer el tiempo había mezclado entre ellos la imprudencia y la falta de respeto.
¿Quién siquiera considera hablar de una vieja y juvenil relación frente a la persona que has presentado como novia? Nadie, nadie en sus cinco sentidos lo haría. ¿Eso fue hace cuanto? ¿Quince años? Es un maldito siglo.
Quince años no parecen ser los suficientes para algunas personas. Pero Alice se comportó sin hacerles muecas o lanzarles comentarios que pudieran pulverizarlos. Lo que no agradecí, porque deseaba ver su puntiaguda lengua salir en defensa de sí misma, que sí, debí ser yo quien lo hiciera, pero honestamente nunca he sido muy bueno en eso de atacar o defender o nada.
Había muchas cosas que yo no recordaba y que Francis y Flor sí. O tal vez, había muchos hechos a los que yo no le había tomado siquiera importancia en su momento. Y por el modo en que Alice saltó a defender y replicar asumí que ellas tenían un poco de razón. Pero no podía poner mis esperanzas en las acciones que Alice hizo en la secundaria y el final de la primaria, era entonces solo una niña y no tiene relevancia ahora,
Nada de lo que hice entonces importa ahora porque Alice está enviándome a la mierda sin derecho a replicar, porque carajo, si hay algo que no sé hacer es romper una promesa. Y si le di mi palabra para cumplir ese favor estúpido de quedarme callado, entonces es algo que haré.
Aunque aquí estoy, mirando su espalda a unos pasos de distancia, siempre estoy a unos pasos de ella, cerca y sin que pueda verme porque ella mira hacia el frente, siempre hacia adelante, alejándose de mí.
—Me respeto a mí misma lo suficiente para no meterme en una mierda como la que quieres —hago mis manos puños y suelto y vuelvo a apretar, voy a quedarme callado y en algún momento terminará de bombardearme con todo esto y podré salir a salvar un poco de dignidad, aunque no estoy seguro que algo quede cuando ella termine con este monologo. ¿No quiere una mierda? Ni siquiera me ha dejado ofrecerle esa mierda que podríamos ser—. Has hablado de llegar a esta cita desde el principio, así que supongo que ha sido parte de tu plan. Sé lo que me ofreces. Me has mostrado eso todas estas semanas. El sexo, las citas y nuestra amistad. Y es la mejor oferta que he recibido, pero no es suficiente.
¿Qué carajo sería suficiente para ella?
¿No dijo hace medio minuto lo jodido que eran sus encuentros sexuales? Parece ser que su plan se limitó a tener mal sexo hasta hartarse de él y cargarse de malas experiencias para no querer repetir.
—Pensé que cenar con tus amigos me daría más días para hacerte cambiar de opinión y al final solo consiguió arruinarlo todo. Siento que perdieras tu tiempo conmigo —y solo entonces su voz me parece triste, he perdido casi media vida por ella, pero lo repetiría por esas pocas semanas a su lado, lo que es patético de mi parte y lo sé—. Sé que todo esto está jodido. No creí que al aceptar esa apuesta fuera a perderte a ti, pero cada día estoy más consciente que nos apostamos nuestra amistad al comenzar esa tontería de tener sexo —trago pesado—. Creo que pensé que sería como con Samuel —vaya, gracias, Alice. Si tenía que elegir alguien entre todos los idiotas con los que durmió dio justo en el blanco con el único que podría afectarme—. Sí. Creo que pensé justo eso. Tendríamos sexo una vez, sería incestuoso para ambos y jamás volveríamos a mirarnos de esa manera —los celos se evaporan para dar paso a la confusión y mierda, al alivio—. Se supone que yo iba a ganar. Mierda. Se supone que tenía todo a mi favor para ganar —el tono triste se mezcla ahora con la indignación y el enojo.
—Alice... —intento hacer que pare. Porque maldita sea no necesito escuchar todo eso, no aprecio su honestidad desvergonzada y brutal por primera vez, prefiero que se censure, pero Alice nunca hace lo que deseo. Jamás.
—No. No puedes hablar. Solo no lo entiendo, Jasper. Creo que si me lo hubieses dicho sin la tontería de la apuesta yo habría aceptado —frunzo el ceño, y solo ahora considero que tal vez estamos en sintonías de radio diferente, porque no tendría sentido que aceptara una relación formal con la apuesta que sin ella, venga, que Alice no es ni tradicional ni ridícula como para castigar mi estupidez de la apuesta con esto—. Sabría al menos lo que querías de mí y en su lugar lo has vuelto confuso —O no.
O no y sí estamos en la misma sintonía, Jamesme lo dijo antes, debía ser sincero y dejar de jugar con Alice, ¿acaso intentó advertirme sobre alguna decisión que ya le había contado Alice? Se cansó de mis juegos y tomó su amor propio para enviarme al carajo de una vez.
—Si sirve de algo decirlo, tuviste razón: las primeras veces siempre son un asco —estoy por volver a interrumpirla, porque carajo, yo nunca dije eso y da justo en el centro de lo que tenemos, me he dedicado a darle primeras veces todas estas semanas, arreglos de flores, citas, risas, conversaciones, llamadas al teléfono que le gustan, y ninguna de esas primeras veces ha sido mala—. La primera vez que tuve sexo fue horrible —levanto ambas cejas, porque no, no soy el centro del universo y sus problemas no soy yo—. No dejó de llamarme nena todo el tiempo —lo que explica porque odia los apodos— Y la primera vez en un coche fue algo de tres minutos, así que no estoy segura que eso haya contado. Mi primer orgasmo no estuvo nada mal, aunque perdí un mes de chats y llamadas con ese imbécil para que después de eso no volviera a llamarme —aprieto los ojos, no quiero escuchar nada de esto, no quiero que me cuente de cómo la jodí al esperar una puta oportunidad perfecta— ¿La primera noche que pasé con alguien? Pues no sé, estaba tan borracha que no me acuerdo de nada. La universidad y las grandes experiencias. Lo que sé es que yo no habría tenido sexo con él si no me hubiese emborrachado a la fuerza.
Mis manos se vuelven puño al oírla, el deseo de envolverla en mis brazos es casi imposible de evadir, pero me contengo, porque ella necesita esto, un desahogo, porque estoy seguro que esta es la primera vez que habla del tema y se sincerisa consigo misma sobre lo jodido que ha estado todo. Aunque no pensé qué fuera tan grave:
—Alice, yo... —intento interrumpirla, pero ella alza la voz y no lo permite.
—La primera vez que acepté grabarme teniendo sexo terminé en internet. El primer buen sexo de mi vida, resultó ser un hombre casado. Y ya sabes sobre mi primera experiencia anal —respiro hondo y espero las palabras que me van a atormentar—, pero no quieres oír del primer idiota que intentó asfixiarme o del que creyó que una cachetada, en la cama, sería placentero.
No, lo cierto es que no quiero oírlo. Y no sé qué decir para compensar toda esa montaña de malas experiencias que ella tiene que cargar en sus hombros.
—¿Quieres que te hable del primer idiota del que me enamoré?
Se da la vuelta y levanta el mentón para enfrentarme. Clavandome sus ojos directo a la cara, sin evadirme ni buscar escapar.
—Dijiste que yo era solo la hermanita de Edward, pero resulta que no sólo me veías como su hermana, sino como si fuera tu propia hermanita —eso fue hace dieciséis años, por supuesto que la veía así—. Una con la que al parecer no tienes problemas en follarte.
—Yo jamás dije que... —la viera así después, por supuesto que era como una hermanita para mí, Edward es como el hermano que no tuve, pero eso no significa que la hubiese visto así por mucho tiempo, de hecho me habría gustado verla así por más tiempo para no agonizar por Alice tantos años.
—No es justo. Porque yo estaba muy bien antes de ti. El mal sexo de mi vida me recordaba que no me estaba perdiendo nada interesante en las relaciones y luego apareciste con tu estúpida apuesta. Y tus citas, y tus malditas frases que me dejaban sin aliento y fue tu culpa. Tú lo volviste confuso.
—Alice —eleva la voz impidiéndome continuar.
—No puedo ser tu amiga con derecho, Jasper. No puedo. No ha pasado ni un mes y... yo pensé que quería esto, pero no es así —mueve su cabeza de lado a lado con rapidez—. Yo no quería volver a enamorarme de nadie. No se supone que yo me enamorara de ti, se supone que tú lo harías de mí y yo te enviaría al carajo esta vez.
No se supone que yo me enamorara de ti. No se supone que yo me enamorara de ti. No se supone que yo me enamorara de ti. No se supone que yo me enamorara de ti. No se supone que yo me enamorara de ti.
Sus palabras se repiten como bucle en mi cerebro y aún así siento como si estuviese desconectado de mi cuerpo porque no salto de emoción ni logro llenarme de la alegría que esas palabras deberían darme, estoy en maldito shock. Pero Alice no, así que ella sigue hablando.
—Y fui tan estúpida, porque tú me lo dijiste entonces. Yo he cumplido con mi parte, pero tú fallaste en la tuya.
—¿De qué... —estás hablando? Me vuelve a interrumpir
—Me dijiste que jamás podrías mirarme de ese modo. Dijiste que teníamos todos estos años de diferencia y que jamás ibas a mirarme así.
Niego con mi cabeza, por supuesto que no.
—Yo nunca...
—Lo hiciste. Tú ya lo hiciste antes. Yo estaba enamorada de ti desde que te conocí. Tú me dijiste que esto estaba mal —el recuerdo se desempolva de mi cabeza y me golpea con fuerzas, Alice estaba sentada a mi lado viendo películas en su casa mientras Edward estaba en alguna otra parte, ella siempre entraba en la habitación apenas Edward salía, como si tuviera un don o... como si me espiara, como lo dijeron Flor y Francis en la cena—. Dijiste que jamás, jamás, podrías mirarme de otro modo —niego—. Y yo respeté tu decisión y me obligué a desenamorarme de ti y por tu culpa... —se detiene haciendo una mueca que trasmite su dolor—, por tu culpa, yo... —niega con enojo, y al final sus murallas y su control cede porque las lágrimas bajan. Honestamente no pensé que verla perder su control fuera a parecerme tan doloroso, pero lo es. Porque yo he ocasionado su sufrimiento—. ¿Cuál es el punto? —me apunta y se señala y de regreso a mí—. ¿Qué es lo que querías exactamente conmigo? ¿Divertirte un rato y... ¿Desecharme como todos ellos?
Nunca.
—Alice.
Retrocede cuando intento acercarme a ella.
—Sólo déjame tranquila, por favor, sólo vete. Finge que esto no ha pasado y vete, ¿podrías? Esto es mi culpa, yo sabía cómo iba a terminar todo y aun así...
Ignoro sus palabras y corto con la distancia entre nosotros, no permitiré que vuelva estar a tres pasos de mí y aun así sea inalcanzable. Paso mis brazos por su espalda y la acerco a mí, aunque se resiste e intenta empujarme, ignoro sus quejas.
—No lo haré. No me iré. Escucha yo...
Te amo.
Ella vuelve a alzar la voz para interrumpirme.
—¿Quién es Enrique Hernández?
—¿Qué?
—¿Quién es?
¿Cómo es que ese hombre tiene algo que ver en medio de su confesión?
—¿De dónde viene eso? —él sabe de quién hablo, por supuesto que sabe.
—Jamesdijo que si quería saber quién era ella entonces te preguntara por él.
Claro, así fue como Jamesse enteró de mis sentimientos por Alice.
—Un idiota al que le di una paliza.
Alice asiente y escucho como da una larga respiración.
—¿Está casado con ella? —pregunta limpiándose las mejillas y luce aun más decaída que antes si eso es posible. Y noto que mi silencio no ha hecho más que lastimarla así que quito las máscaras y mis miedos a asustarla o perderla.
—Ese era el nombre del idiota que abusó de ti esa noche. Cuando estabas borracha. Le destruimos la motocicleta, ¿lo recuerdas? Yo volví una semana después por él. Le rompí las dos piernas y lo lancé de las escaleras.
Sus ojos miran mi cara como si buscara encontrar un atisbo de mentira, sacude su cabeza. Vuelve a intentar empujarme para separarse de mí, haciendo presión con sus manos en mi pecho, tomo su mano encima de mi camisa y aprieto su mano. Doy un paso hacia atrás y la miro, Alice se mantiene con sus ojos fijos a mí, luciendo triste, con sus lágrimas escurriendo pro sus mejillas y aún así sin evadirme, mirándome de frente con su característica valentía. Eleva el mentón y sus hombros se cuadran preparada a dar pelea, cuando yo ya me he rendido a sus pies.
—Ese era el nombre del idiota que abusó de ti esa noche. Cuando estabas borracha. Le destruimos la motocicleta, ¿lo recuerdas? Yo volví una semana después por él. Lo lancé por las escaleras y se rompió las dos piernas.
Sujeto sus mejillas con una mano a cada lado, porque necesito sentirla y quiero que lo crea. Que lo crea aunque todos los hombres antes de mí la hayan jodido tanto que me crea capaz de solo usarla para mi propia satisfacción.
—No... Jameslo hizo y... ¿cómo sabes eso?
—Lo sospeché y Jamessólo lo confirmó. Así que encontré al dueño de la motocicleta y lo hice. Tenía que hacerlo. Jamessólo aceptó la responsabilidad para no delatarme frente a ti. Pero debí decírtelo, mierda. Nos habría ahorrado todo este sufrimiento si te lo hubiese contado.
—No... no lo entiendo.
—Alice. Tú eres ella.
—Yo... —sus labios rosados tiemblan ligeramente y sus ojos se ponen a un más brilllantes que antes, creo por un momento que va a sonreír, pero sus expresiones no se suavizan, se vuelven más duras y su semblante más enojado que antes. Vuelve a sacudir su cabeza—. Jasper, basta, no tienes que mentirme.
Parpadea sin dejar de lanzarme esa mirada molesta que reconozco.
Intento sujetar su cintura para evitar que se aleje, pero me empuja con mas fuerza y retrocede, me quedo en mi lugar sin invadir su espacio personal.
—Si crees que vas a retenerme con engaños estás muy jodido del cerebro.
¿Quién lo diría? Lo más difícil será hacerla creerme de que la quiero.
—No, mi respuesta es no. No vas a usarme de esa manera. Puede que ser amistoso conmigo te haya funcionado en el pasado, pero no voy a dejar que vuelvas a ponerme un dedo encima en lo que convences a Sandy de volver contigo.
Se cruza de brazos y me mira con odio. ¿Sandy? ¿Qué mierda tiene que ver Sandy en esto? Todo. Mi hermosa Alice, con ese pequeño cuerpo que ha sobrevivido a toda esa mierda de idiotas. Empezando por mí.
¿Quieres que te hable del primer idiota del que me enamoré? Me pregunto hace solo unos minutos, se refería a mí. Yo fui ese primer idiota en su vida. Tuve la oportunidad de salvarla y en lugar de eso cavé un pozo para ella. Yo fui el primero que le mostró que no podía ser querida, que su amor nunca sería correspondido. Su mirada iracunda se va disolviendo hasta que me permite ver su dolor, toda esa tristeza y miedos que ella esconde, suspira antes de hablar.
—Jasper —su voz suena baja—, no me necesitas en tu plan. Deja de perder tu tiempo con todas estas relaciones vacías que tienes y solo ve por ella.
Y ella tiene razón, pero solo a medias, porque la necesito en mi plan, ella es todo mi plan.
—¿Sabes por qué mis relaciones nunca funcionan?
Niega, aprieta los ojos y asiente. Ella está convencida de tantas cosas erróneas.
—Porque eres un perfeccionista —intenta bromear, pero la mueca graciosa es terriblemente triste.
Niego y vuelvo a caminar hacia ella. Alice muerde su labio inferior y baja su mirada a mi camisa por primera vez. Parece como si estuvieran a punto de darle una paliza y ella tuviera prohibido moverse o quejarse. Beso su frente, sujetando su nuca para mantenerla cerca de mí, intento ordenar mis ideas por medio minuto antes de decidir por donde iniciar. Retrocedo, pero solo lo suficiente para verla. Tiene los ojos apretados y está respirando hondo y despacio.
—Mírame —lo hace—. Porque no son tú —vuelve a cerrar los ojos y niega, sin creerme.
—Jasper.
—Lo digo en serio, ellas nunca son tú. Te he intentado sacar de mi cabeza por años y cada vez que creía que lo había conseguido aparecías de nuevo —quito las lágrimas que invaden su piel, porque sé lo mucho que odia perder el control. Abre los ojos—. Natalia no me parecía adorable cuando se enojaba como tú. Érica tenía tu manía de mover la nariz, pero ni de cerca se veía tan encantadora como lo haces. Ninguna mujer me parece tan encantadora como tú haciendo mohines con tus labios. Te lo juro, Alice. La razón por la que te conozco tanto es porque no puedo parar de prestarte atención. La sonrisa de Daniela con braquets me gustaba, pero no se le veían tan bien como a ti.
—Eso fue cuando yo tenía...
—Diecisiete años —le doy el dato que busca.
—Puedo seguirte enlistando las virtudes de todas mis exnovias y cómo ninguna se comparaba a ti.
—Pero... —es mi turno de silenciarla, así que con la yema de mi dedo contra sus labios aplasto sus palabras.
—Te he amado desde hace demasiado tiempo, y cada vez me convencí que debía esperar, que eras demasiado joven para mí, que no era el tiempo adecuado para ninguno de los dos. Y fui un idiota porque pude ser yo en todas esas primeras veces y me habría asegurado que fueran increíbles para ti. ¿Por qué sigo soltero a mi edad? Porque no eras tú en ninguna de ellas.
—Yo no... yo... tú... —sonrío.
—Déjame compensar nuestro tiempo perdido, Alice.
—Pero dijiste que... que me dirías cuando ya no fuera suficiente.
—Te lo estoy diciendo ahora, no es suficiente, quiero más, pero quiero más contigo. Olvídate de todo lo otro, Alice. Pretendamos que no hemos sido tontos cuando nos teníamos de frente todo este tiempo.
—Pero yo sí lo he sido.
—Lo hemos sido ambos. Déjame compensarlo.
—¿Y qué pasa con... con mi edad? —aprieto los ojos con enojo hacia mí.
—Fui un idiota, lo he sido por tanto tiempo. Y me doy cuenta hasta ahora que todo esto ha sido mi culpa, y sólo mía. Pensé que te hacía un favor, no quería que te aferraras a una ilusión. Tú eras sólo una niña, quería que tuvieras... —detengo mis palabras.
—Pues tuve muchas primeras veces después de eso y todas fueron tan malas como dijiste que serían —su voz es un reproche. Comprendo al escucharla que ella recuerda mis palabras con claridad, por supuesto que las recuerda, ella tenía catorce años y yo le rompí el corazón.
—¿Nunca entonces? ¿Ni siquiera cuando esté en la universidad?
—Nunca, Alice.
Ella no estaba ciega a mí, yo la había obligado a ignorar todos mis intentos por alcanzarla. Había sido tan injusto con Alice. Nunca entendí por qué era inmune a mí, por qué no podía mirarme por más que lo intentaba, no había ni un atisbo en ella que me dijera que sentía interés. Y no existía porque yo había sido cortante y directo al decirle que jamás tendría una oportunidad conmigo. ¿Con qué derecho me había creído superior para hacerla creer que sería inalcanzable a ella?
El maldito amor y sus estúpidos juegos. Al final resultó que ella había llegado mucho antes que yo y que yo me había encargado de evitar que coincidieran nuestros sentimientos.
Pasa una mano a mi espalda y me devuelve el abrazo, su llanto se convierte en pequeños espasmos mientras intenta recuperar la paz en ella.
—Me aseguraré de compensarlas todas, Alice, si perdonas mi idiotez te juro que lo haré mejor esta vez —sus hombros suben y bajan con su risa, pero no me parece una risa divertida ni burlona, sino una risa triste.
Un año. Si Alice no me hubiese propuesto besarla me habría tardado sólo un año más en alcanzar sus sentimientos. O no. Porque después de esa plática no dejé de darle vueltas a nuestra conversación, arrepentido por haber lastimado sus sentimientos. Y en verano cuando nos volvimos a encontrar y ella tenía quince años se comportó conmigo diferente, muy diferente, no era dulce como antes, no encontraba pretextos para tomarme la mano, no se recargaba contra mí al conversar. Su distancia repentina me afectó tanto que comencé a extrañarla.
Pero yo tenía veintiún años y ella apenas quince.
Y la primavera siguiente tuvimos nuestra primera pelea, no por sus palabras sino por las intenciones que sus palabras tenían: lastimarme. Ella nunca había hecho nada como insultarme a mí. Estaba decidido a alejarme por completo de ella creyendo que nuestra amistad era insalvable, que además era imposible, cuando apareció con un cuadro de rubick. Lo armó por los seis lados, la había visto intentar aprender las vacaciones anteriores y darse por vencida.
—No dormí toda la noche armando esto para ti, ¿podrías perdonarme ahora?
Tan hermosa y dulce, ¿cómo podría durar molesto con ella más de tres días? Imposible. Y pensé que quería besarla, ahí mismo, en ese lugar, sin importar que estuviéramos en el jardín de su casa, sin importar si nos veían o no.
El siguiente verano no volví a casa. Me quedé a pasar las vacaciones de verano en el apartamento de Edward, muerto de celos al saber que Jamesse quedó con ella en la casa porque sus padres salieron de viaje sin llevarla. Cuando el verano terminó y Jamesse mensajeaba con ella casi diario, cuando repentinamente su teléfono vibraba en la habitación y el nombre que aparecía era el de Alice, cuando Jamesno respondía y sólo entonces Alice me enviaba un mensaje preguntando por él, entonces me sentí asqueadamente celoso, deseando recibir esa atención que ella le daba a él.
Cuando un día él se inventó un pretexto estúpido para pasar un fin de semana con los padres de Alice, supuse que sólo inventaba excusas para poder verla a ella. Estaba enfermo de celos por culpa de Samuel. Por Jamesy toda la atención que él recibía de ella.
Porque ya no era a mí a quien tomaba del brazo sin razón, ahora era a él a quien jalaba de la mano y lo obligaba a salir cuando estábamos de vacaciones en su casa. Era él quien podía empujarla del brazo y era él quien conseguía hacerla reír. Y todo eso fue mi culpa, comprendo. Yo la alejé. De no ser por mí ella no habría tenido que salir con ninguno de ellos. Ella me habría esperado y yo habría esperado por ella, a que ella llegara a esa edad donde nuestra diferencia de edad no lo volvía por lo menos ilegal.
Cuán diferente habría sido todo.
—¿Y qué pasa con tu exnovia? ¿Dónde entra ella en todo esto?
—No tiene cabida en ninguna parte.
—Dijiste que nunca volvías a estar en contacto con ellas y parece que has estado...
—Contrató a la constructora para construir el local de su veterinaria, eso es todo, fue por negocios y así es como nos encontramos. La verdad no sé qué más podría decirte sobre ella. Es una extraña para mí.
Su boca forma un círculo al comprender.
—¿Y qué pasa con lo que dijeron de mí en la cena?
Esos idiotas.
—No fue por Sarahí, pero sí lo hice por tu hermano. Cuando Edward iba a mi casa, él era agradable con mis hermanas, además me sentía en deuda con él por unirme a su grupo de amigos —se cruza de brazos, recuperando ese característico mal genio que emplea para enfrentar a la gente—. Alice, eso fue hace dieciséis años. Yo tenía dieciseís años. Pero jamás pensé que fueses insoportable, o un sacrificio. Eras una niña —sus cejas se unen con molestia y sé sin tener que preguntarlo que eso se debe a que la he llamado niña. Pero no lo es y hace demasiados años que no la veo de ese modo.
—Tus amigos son unos idiotas.
—No son mis amigos. Llevo quince años sin saber de ellos. Si hubiese estado en mí no habría aceptado unirme a esa cena, pero tú querías hacer eso.
—Pensé que sería divertido.
—No —ella no pensaba eso—. Pensaste que iba a proponerte... ¿qué exactamente? —quiero saberlo.
—Una relación de consuelo en lo que te armabas de valor para ir por alguien más.
—¿Cómo siquiera se te ocurre que podría pensar en alguien más? He sido tan estúpido y terco intentando luchar contra mis sentimientos por ti todos estos años.
El humor que conseguí levantar en ella vuelve a estrellarse y lo noto por como sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas que contiene dentro de sí.
—Lo siento —se disculpa mirando al suelo, levanto su rostro hacia mí—, lo siento mucho —repite pasando su mano por su cara para esconderse de mí. Las lágrimas vuelven a ganar la batalla, reparto besos en su rostro. Sé a lo que se refiere. Yo dejé que ella creyera que existía alguien más para evitar que descubriera mis sentimientos, lo que la hizo incluso acosar a Jamescon audios y mensajes sobre el tema.
Yo he tenido que sentir lo que ella sintió estas semanas, pero por años.
Voy quitando uno a uno sus dedos hasta descubrir su cara de nuevo. Me mira con una pena que no puede esconder.
—¿Tienes idea de lo feliz que he sido contigo estas semanas? Lo único que lamento es no haber tenido el valor que a ti nunca te ha faltado, Alice. Que me enfrentarás así, tan pronto, cuando a mí me tomó años... ¿entiendes lo ridículo que resulta ahora haber dejado pasar tantos años?
—Pero he sido tan mezquina contigo. Y tan injusta... —sus manos van a mi pecho mientras habla y lentamente van subiendo hasta abrazar mi cuello, pegando su cuerpo al mío.
—Y dulce, increíblemente encantadora, incluso cuando querías fingir estar enojada.
—No fingía —bromea, sonrío y acerco mi cara a ella, chocando su nariz contra la mía—. ¿Por qué hasta ahora?
—¿Tú crees que esta es la primera vez que lo intento? —mi semblante debe mostrar el desconcierto y golpe bajo que resultan sus palabras—. Alice, tú siempre estás un par de pasos frente a mí.
—¿Esta no es la primera vez que... —ojala lo fuera.
—Aunque en tu defensa, eso también fue culpa mía.
—¿Desde cuándo? —insiste sin permitir que evada responder.
No sé cuando empecé a amarla con exactitud. Una cosa fue trayendo otra y como piezas de dominó los sentimientos aparecieron hasta que fue imposible negarlos.
—Después de esa conversación que tuvimos volví a la universidad y no dejé de pensar en ti, me sentía culpable por herir tus sentimientos. Y cuando regresé en el verano sentí la distancia entre nosotros... yo... no lo entendí entonces, no lo entendí hasta más de un año después. Cuando tú y Jamescomenzaron a ser más unidos, me carcomieron los celos.
—¿Por qué no hablaste conmigo? —suspiro. Tan sencillo que habría sido todo.
—Porque estaba convencido de mis palabras, eras demasiado joven, no quería aprovecharme de ti. Jamás habría creído que eso desencadenaría todo lo otro.
—¿Qué cambió?
—Yo, tú, todo. Llevo años esperando por ti.
—Lo que hacías no era precisamente esperarme. Sólo te cansaste de ir contra esto —hay un tono de queja en el fondo.
—¿Eso crees?
—Lo sé.
No, lo cree, pero está tan equivocada.
—Cuando tenías veintitrés quise hacerlo, te invité a cenar por tu cumpleaños y apenas llegaste comenzaste a hablarme de tu plan para abrir la cafetería, tenías todo pensando. Un plan que no incluía ninguna relación. ¿Cómo podría arrebatarte eso? Yo estaba listo para ti porque había conseguido mis metas personales y tú apenas comenzabas. No habría sido justo.
Levanta el rostro y clava su mirada gris con verde, mezclada con el rojo de sus lágrimas. Limpio sus mejillas nuevamente con mis pulgares.
—Buscaba el momento adecuado, qué se yo, pero no encontraba eso. Cuando tu cafetería despegó tu quisiste abrir otra, y después otra, y siguió otra. Y yo pensaba que no podía intervenir cuando estabas tan feliz y motivada. Las relaciones son una distracción, y no quería distraerte de esas prioridades... Pensaba que sólo desaparecería lo que sentía por ti —qué equivocado estaba—, pero cada vez que aparecías en mi vida me daba cuenta de mi error, mis noviazgos se esfumaban al siguiente día de verte. Y cuando no terminaba esas relaciones entonces tú te convertías en una tortura.
—¿Una tortura?
—No necesitabas hacer mucho, a veces bastaba que me miraras y sonrieras despacio. A veces aparecías con una blusa transparente que dejaba ver tu ropa interior, a veces borracha bailabas y te pegabas contra mí por accidente, a veces sólo nos poníamos al día y durábamos horas conversando. ¿Crees que planee esa tontería de la apuesta? Por supuesto que no, pero cuando lo mencionaste no pude evitarlo, era mi única oportunidad contigo, aunque para ti fuera sólo un juego. Y sólo ahora comprendo que fui yo quien ocasionó esto. En mi defensa tú sólo me pediste un beso, no pensé que hubiese más, no creí que fuera tu manera de declarar tus sentimientos, pensé que sólo era una ocurrencia tuya. Y fue mi error, Alice, porque debí retractarme cuando entendí lo que sentía por ti, debí darte alguna pista. Pero necesito que lo entiendas, amor, ni siquiera se me ocurrió que mis palabras de esas vacaciones se hubieran quedado contigo, que las recuerdes incluso ahora sólo demuestra lo mucho que te lastimé.
Los ojos de Alice se desvían lejos de mi cara y sé que no me equivoco. Alice se había convencido por años de una tontería, aferrada a pensar que existía una maldición en las mujeres de su familia, lo que la había hecho alejarse de las relaciones y buscar idiotas con los cuales pasar el rato. Que a su vez la hicieron pasar una incontable cantidad de malos ratos.
Y así como se convenció de la maldición, del mismo modo la convencí yo de que jamás podría verla con otros ojos, lo que la mantuvo alejada e inmune a sentir algo más por mí. Como he dicho, a veces te repites una mentira hasta que te la crees.
—¿Alice?
Baja la cabeza y recarga su frente contra mi hombro evitando que pueda mirar su rostro.
—Es la segunda vez que me llamas así —dice con su voz suave y baja.
—¿Así cómo?
—Amor.
Sonrío mientras vuelvo a levantar su rostro ayudándome con ambas manos. Alice vuelve a mirarme, pasa su mano derecha por mi mejilla hasta enredarse en mi cabello.
—Lo eres —le aseguro.
—¿Qué es lo que quieres? —pregunta ella luego de una profunda respiración.
—A ti, te quiero a ti, del modo en que me aceptes, del modo en que quieras, eso quiero. No estoy aquí por el sexo, la apuesta fue sólo un pretexto para acercarme a ti, no buscaba llevarte a la cama, ese nunca fue el objetivo, quería que me miraras, que me buscaras. Lo que es muy cobarde de mi parte, claro. Porque debí dejarme de tonterías y sólo declararte lo que sentía. Debí decírtelo esa mañana que desperté a tu lado, y en lugar de eso me uní a tu juego de tirar y jalar.
—Bueno eso... nos habría ahorrado bastante.
Me río y vuelvo a besar su frente.
—Sólo te quiero a ti, Alice.
—Me tienes, Jasper... —sus ojos escanean mi rostro—, y yo te tengo a ti.
—Por supuesto que sí.
Y sólo entonces mis labios la buscan y encuentran.
Nos habíamos estado amando fuera de tiempo todos estos años, primero ella a mí, después yo a ella y luego ambos sin saber lo que el otro sentía. Pero aquí estaba, al fin. Aunque Alice necesita certezas, así que se la doy.
—Tienes mi corazón, Alice. Es tuyo, por completo.
Alice levanta su mano hacia mi rostro, delineando mi mejilla y niega, despacio, aunque esta vez hay una sonrisa tierna en su rostro.
—Te equivocas, Jasper. Tú eres mi corazón.
FIN... DE LA PRIMERA PARTE DE UNA MUJER SIN CORAZÓN.
Deje sus gritos de emoción en los comentarios.
Y ahora el título toma un sentido diferente.
Gracias, por leerme, por los comentarios, por enamorarse conmigo de esta historia y de estos personajes.
Esta historia tendrá tres partes. Este es el final de la primera parte de la historia, así que por suerte, habrá Jasper para largo. La segunda parte inicia el 1 de Febrero, aunque con mis ansias igual y la publico antes. Les dejo en el siguiente capítulo lo que será la sinopsis.
¿Qué hacer con estos días? Leer Una dama de burdel, corre.
Recuerda que puedes seguirme en Instagram para leer contenido especial y adelanto de mis historias:
w w w . instagram.(c)(o)(m) (/) Anbethcoro
