CAPÍTULO 30

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Narcisse no podía dormir. No esa noche. Se había hecho una paja en solitario –él nunca se hacía una paja en solitario–, se había puesto a leer –Narcisse muy pocas veces leía, siempre le aburría la lectura a no ser que fuera algún texto erótico– e incluso había tratado de dormir en la cama de Zachary cuando éste llegó tan Feliz y campante –le alegró saber que su amigo por fin se llevó al gatito a la cama, se había tardado un montón–, pero ni usar a Zachary de oso de felpa le sirvió para dormir.

Klaus tenía días sin ir a verlo ni comunicarse con él.

Podría haber ido él mismo a Japón a verlo, le valía una mierda lo que dijera Kenshi sobre tenerlo en sus terrenos, pero Narcisse quería que Klaus lo buscara. Aparentemente eso no iba a pasar, y por eso él no podía conciliar el sueño. Bien. Con una resolución, Narcisse se levantó de la cama, tomó su abrigo y se lo colocó sobre el pijama. No le importó lo demás. Si realmente Klaus no iba a verlo, entonces iría él y poco le importaba lo que dijera Kenshi. Tal vez podría hasta divertirse un rato más con él, le encantaba joderle la paciencia al japonés, era tan sencillo.

A esa hora todo en el internado estaba en silencio. Unas pocas luces encendidas pero Narcisse pudo evitarlas, moviéndose por las sombras hacia el lugar por donde Zachary y él se escapaban. Ya estaba cerca del camino cuando un pensamiento le asaltó.

¿Y si Klaus no había ido porque ya no quería verlo? Lo ocurrido en Montreal lo tenía fresco en la mente. ¿Había sido demasiado para el alemán y ahora él ya no sentía interés por Narcisse? El joven se mordió el labio, un sentimiento agrio en su pecho, su garganta cerrándose. No entendía qué le ocurría, pero esa perspectiva no le gustaba. Él no quería que Klaus le dejara.

Decidiendo que eran tontos pensamientos infundados, que Klaus aún lo deseaba solo no había podido ir, Narcisse reanudó su escape. Klaus no podía dejarlo, aún lo deseaba, estaba seguro. Lo ocurrido en Montreal fue solo un pequeño tropiezo. Ya había hablado con Adrien y aceptó ser más exclusivo con Klaus, o al menos en lo que respecta al sexo. Klaus solo... no había tenido el tiempo, era todo.

Narcisse estaba tan metido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que una enorme sombra lo seguía desde hace un rato, el dragón sobrevolaba el techo del internado cuando vio el esbelto cuerpo de su tesoro, para él era fácil moverse en la oscuridad, la única precaución que debía tomar era estar lo suficiente a abrigado para que el frío aire ni afectará su temperatura. Tenía planeado colarse por la ventana del cuarto del joven pero al verlo aterrizó lo más sigilosamente que pudo y lo siguió, usaba sus oscuras alas para mezclarse con las sombras de los edificios.

Ya en el patio, Narcisse trepó un árbol que estaba cerca del muro, gateando por una rama gruesa que lo atravesaba por encima. La altura era considerada, pero el joven se puso en posición y se dejó caer limpiamente. Miró de una calle a otra, sin ver a nadie y se apresuró a reiniciar una caminata rápida al parque.

Estaba totalmente inmerso en sus pensamientos, ensayando qué le diría a Klaus. Su última despedida no fue la mejor, por el contrario, la tensión reinaba entre ellos. ¿Volvería a estar tenso cuando lo viera? ¿Y si Klaus no quería verlo?

—¡Ya basta! —se regañó en voz baja—. Él querrá verme, lo sé. —Se detuvo otra vez, en una esquina a dos cuadras del parque. Otra vez se sentía inseguro. ¡Era ridículo! Él jamás se había sentido inseguro de nada. ¿Qué había hecho este hombre con él?

Narcisse se apoyó en la pared, todavía dudando. No sabía qué hacer y lo volvía loco de ansiedad.

Ciertamente. Quiero verte —dijo la profunda voz del dragón al salir de su escondite entre las sombras.

Narcisse dio un respingo, tomado con la guardia baja. Al mirar en la dirección que vino la voz, sus ojos se abrieron con sorpresa al ver la figura de Klaus emerger de la oscuridad. ¿Lo había estado siguiendo? Oh, no importa. Sus pasos rápidamente le llevaron hasta él, dando un brinco pequeño al tiempo que anclaba sus brazos entorno a su cuello.

—¡Estás aquí! —murmuró contra su garganta, respirando su olor, bebiéndose de la sensación de tener su cuerpo apretado al suyo.

«Patético». ¿De cuándo acá se volvió tan dependiente de este hombre? No lo sabía, no le interesaba. Solo lo quería allí.

—Te extrañé tanto, cariño —masculló con prontitud, e instantes después capturó sus labios en un beso necesitado, fogoso e intenso, queriendo demostrar cuánto era la emoción que sentía.

La felicidad se evaporó demasiado pronto en el cuerpo del dragón al sentir la traviesa lengua del joven intentando abrirse paso en su boca. Apretando los labios, tomó los hombros de Narcisse para separarlo del alcance de su boca.

Mi saliva es venenosa —le recordó al joven con una mirada acongojada.

La breve decepción cruzó el rostro de Narcisse, pero tan pronto como apareció, se esfumó, volviendo a abrazarlo.

—Por fin has venido. Yo..., tú... —Narcisse se regañó por estar titubeando. En cambio se alejó, aunque sus manos seguían apoyadas en los hombros del dragón—. ¿Por qué no habías venido antes?

Mientras consideraba que decirle a su joven amante, dejó que sus alas y escamas se escondieran dentro de su cuerpo. Trago bastante saliva para asegurarse de que no quedará ninguna de las baterías en su boca. Apretó a Narcisse entre sus brazos, dándole el entusiasta beso que el hombre quería al principio.

—No sabía si era una buena idea —confesó contra sus labios.

Narcisse lo observó un minuto entero. Podría entender a qué se refería, o al menos un poco.

—Hablé con Adrian..., bien, él habló conmigo. Lo que pasó en Montreal no ocurrirá otra vez, lo prometo. —Enmarcó el atractivo rostro de Klaus con sus manos, sus pulgares acariciando los pómulos suavemente—. Si quieres que estemos solo tú y yo, entonces... —Narcisse por unos segundos titubeó, como si decirlo en voz alta fuera algo difícil para él, pero... pero podría hacer esto por Klaus. Lo intentaría—, entonces seremos tú y yo.

Klaus arqueó las cejas, bastante sorprendido. Había ido con incertidumbre a ver a Narcisse, pensando que tendría que hacer de tripas corazón para complacer al pequeño incubo, pero aquí estaba él asegurándole que sólo serían ellos dos en una relación normal.

—¿De verdad? —Al ver el pequeño asentimiento del menor, lo alzó en sus brazos dando una vuelta completa con él de pura alegría.

El movimiento tomó por sorpresa a Narcisse, quien no pudo contener una risa, sus manos aferrándose fuerte a Klaus. Cuando volvió a estar a su altura, en vez de dejar que los pies tocaran el suelo, Narcisse los envolvió alrededor de su cintura.

—Hay un bar cerca de aquí. Fóllame —susurró contra sus labios, arqueando el cuerpo hasta que no hubo espacio entre ambos—. Te necesito de todas las formas posibles. Estos días se ha sentido como un desierto...—Besó sus labios, su mentón, deslizando la lengua hasta la garganta de Klaus—. Estoy sediento de ti.

Sin una palabra, Klaus afirmó el cuerpo del menor entre sus brazos y caminó con Narcisse cargado. Guiado por el franco-canadiense, llegaron al bar más cercano donde no le dieron muchas trabas para entrar dado que ya conocían a Narcisse. A Klaus le molestó lo fácil que reconocieron a su tesoro en ese lugar y las miradas libidinosas que le mandaron algunos de los hombres del bar. Con un gruñido, lo envolvió aún más en sus brazos y subió las escaleras dando tumbos. En cuanto lograron llegar a la habitación, Klaus cerró la puerta con llave y se dedicó a amar a su caprichoso tesoro.

Para sorpresa de Klaus, si bien Narcisse se mostró igual de apasionado, intenso en sus caricias y besos, había una especie de calma en sus movimientos. No se apresuraba en cumplir las demandas de su cuerpo como antes, y en verdad parecía que no estuvieran teniendo simple sexo. Para cuando el orgasmo les alcanzó a ambos, Narcisse se dejó caer laxo sobre Klaus, besando su rostro con tal ternura que no parecía él, como si otro Narcisse hubiera tomado su lugar. Era desconcertante hasta para el mismo franco-canadiense.

Él no actuaba de esa forma.

—Quédate conmigo toda la noche —balbuceó entre beso y beso, todavía su mente embotada por el orgasmo—. No quiero volver a ese aburrido internado.

—Me quedaré contigo —prometió el alemán correspondiendo perezosamente los besos—. Pero debes volver, tus estudios son importantes.

—Estoy aburrido de estudiar. Ya quiero que acaben estos dos meses faltantes para irme a casa, no quiero volver. —Recostando la cabeza en el hombro de Klaus, Narcisse comenzó a hacer un recorrido con su dedo desde el cuello de Klaus, rozando su clavícula hasta coronar uno de sus pezones que rodeó distraído—. Se supone que debía estar allí si quería tener acceso a lo que me corresponde de la herencia de Silvain, pero ya he estado 6 años ahí. Eso debería ser suficiente para él...

—Dices que estás ahí por la herencia pero, ¿qué hay de tu futuro? ¿Quieres depender toda tu vida de tu padre? —A pesar de que Narcisse estaba acariciando sus zonas erógenas, se sentía tan saciado y feliz que su cuerpo tan sólo atinó a ronronear suavemente—. Podrías hacer tu propia fortuna.

—Claro que quiero hacer algo, pero no necesito estudiar más para lograrlo. —Narcisse sonrió, la mirada fija en un punto de la pared al lado de la ventana—. Puedes hacer un futuro a base de astucia e ingenio. No necesito complicarme mucho estudiando. Mi único objetivo por ahora es salir de ese maldito internado. Volver a Montreal, y por fin quedarme en casa. —Soltó un largo suspiro, haciéndose una imagen mental de su hogar y todas las comodidades que le esperaban ahí—. Sin maestros que soportar, sin fantasmas que ignorar, sin tareas que hacer, solo tener la libertad de vestir lo que quiera, dormir y follar lo que quiera, hacer lo que quiera y según mi tiempo.

—Hmmm. ¿Este es tu último año? Si es así...Sólo tendrías que aguantar unos pocos meses y serás libre. Yo vendré animarte cada vez que pueda. —Se removió en la cama para besar el cuello de Narcisse, ya había al menos dos marcas de sus dientes en la nívea piel.

—Mmh, no exactamente. —Narcisse se acomodó, de forma que estaba recostado en el pecho de Klaus y podía verlo mejor—. Se supone que todos los alumnos terminan sus clases al cumplir la mayoría de edad, o sea, los dieciocho años. Zachary, por ejemplo, sí sale este año. Yo acabo de cumplir mis dieciséis, me faltarían dos años para salir. ¿Pero tienes idea de cuán largo y molesto sería esperar dos años? ¡Dos! —Estiró una mano para sujetar entre sus dedos un pequeño mechón del cabello negro del alemán— .Por eso tenía pensado ir con Silvain en estas vacaciones de fin de curso. No quiero esperar dos años. Al menos que me permita salir con diecisiete... Siento que me volveré loco si continúo yendo allí. Ya no tiene nada de divertido, ni siquiera corromper a los nuevos cursos.

—Creo que la idea de ir a un colegio es estudiar. —Klaus se quedó tranquilo, le gustaba sentir los dedos de Narcisse jugando con su cabello—. ¿Vas a hablar con tu padre para salir antes del internado?

—Sí. Le cuestionaré a Silvain el permitirme mi herencia con tener un año menos en el internado. —Narcisse intentó trenzar el mechón con el cual jugaba, pero falló estrepitosamente. Se le daba fatal hacer peinados—. Es decir, es solo un año, no hará diferencia alguna. Además, podría tener ese año para mí, para ti, para nosotros. —En un sugestivo gesto movió sus cejas, buscando sus labios para un beso—. Quiero hacer tantas cosas. Como viajar. Siempre he querido ir a Las Bahamas. Dicen que es un excelente lugar paradisiaco.

—Me gustaría acompañarte a todos esos lugares que quieres visitar. Ir de la mano contigo como una verdadera pareja.

Narcisse se separó, confundido.

—Lo dices como si no lo fueras hacer. —Se apoyó en un brazo, y entonces se sentó a horcajadas sobre el regazo de Klaus—. ¿No estarás conmigo?

—Siempre estaré contigo. —Le aseguró con una sonrisa. Usando sus brazos como apoyo, se elevó lo suficiente para alcanzar los rosados labios de su pequeño amante. Su corazón latía dichoso, parecía que a pesar del estrepitoso comienzo que tuvieron, ahora todo estaba yendo como debía ser...

Si tan sólo lograra que Michelle dejara esta desastrosa etapa rebelde que estaba atravesando, todo sería perfecto.

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En casa, Michelle se había encerrado en su habitación sin ninguna intención de salir. Tuvieron que llevarle la comida pues nada de lo que le dijeran convenció al chico de salir ni mucho menos sonsacarle por qué estaba recluyéndose o tan enojado hasta las lágrimas. Eso hasta que Jim llegó y explicó la situación. Michelle permaneció así los siguientes días. Nunca salía del cuarto salvo para bañarse, no iba al comedor o al salón durante las meriendas. Y las muy pocas veces que salía, Michelle ni siquiera dirigía la mirada a Klaus. Ni una palabra, ni un gesto, y duraba muy poco en la estancia si el alemán también lo estaba. Se las había arreglado para hacer una llamada corta a Zachary, solo para no preocuparlo. Los ánimos y el temor de que Klaus le escuchara no le permitieron llevar una conversación más larga como hubiera querido.

Jim visitaba la casa todos los días, llevaba aperitivos dulces o salados, favoritos de Michelle siempre para intentar animarlo sin éxito alguno.

En el poco tiempo que pudieron hablar, Zachary entendió el arresto domiciliario en el que estaba prácticamente siendo sometido el menor. En otras circunstancias mantendría un poco de distancia para que los humos se calmaran, pero estaba demasiado consciente de que el tiempo era vital en este caso y dado que ya le había dicho a Michelle que le ayudaría sin importar qué, improvisó una pequeña distracción para que Klaus no se diera cuenta de que sacaría a Michelle del terreno feudal por unas pocas horas.

Narcisse aceptó gustoso ayudar a la pareja a distraer a Klaus. Acordando un horario, Narcisse se comunicó con Klaus una hora antes para encontrarse en Canadá. Una vez allí, se encargó de mantenerlo lo más distraído que pudo, cosa nada complicada en realidad.

Michelle pudo fácilmente escaparse de la casa Ottori y reunirse con Zachary, a quien dio un profundo beso en agradecimiento que les dejó a ambos sin aire. ¡Cuánto lo amaba! Sin perder tiempo, aunque no dudaba que Narcisse podría mantener a Klaus ocupado todo el día si quisiera, se dirigieron a Hungría, siguiendo la dirección que Aldebarán les escribió en la nota.

Al salir del otro lado del árbol, el paisaje diferente frente a ellos parecía indicar que estaban en Hungría. No había ni un sólo maple a la vista, sin mencionar que el cielo por increíble que sonara se veía distinto, más nuboso y helado. Tomados de la mano, comenzaron a caminar hasta conseguir algo parecido a un camino. Entre la cantidad de nubes no podían ver la posición del sol por lo que no podían saber qué hora era, si bien que se aseguraron de llegar a una hora adecuada para los magos. No tenían idea de a dónde estaban caminando y tampoco había ningún tipo de señalización que los ayudara. Michelle caminó junto a Zachary por largo rato, de vez en cuando hablando respecto a la pelea que tuvo con Klaus y la sorpresa de ver a Angie allí. Esa mañana en Japón él no le había dirigido la palabra a Klaus aún. No estaba seguro de si pasaron minutos, horas, pero empezaba a lamentarse no haberse traído una botella de agua. Ni siquiera habían llegado a un poblado, estaban en medio de la nada. Cuando finalmente estuvo a punto de decirle a Zachary para regresar y pedir la ayuda de Aldebarán una vez más, logró ver una figura pastoreando ovejas. Se sintió aliviado, y le indicó a Zachary que se apresuraran a alcanzarlo.

—Vamos con él. Tal vez nos diga dónde estamos o cómo llegar a la dirección que me dio Aldebarán. Siento que estamos dando vueltas sin sentido en este lugar... Odio no tener un mapa siquiera.

Antes de que Zachary pudiera detenerlo, el castaño corrió hacia el hombre de barba y pipa en los labios. —¡Michelle, espera!

El hombre que estaba pendiente de sus ovejas miró con curiosidad a los jóvenes que se acercaban. El perro pastor que le acompañaba ladró ante la presencia de extraños.

Pronto, Michelle llegó al sujeto, jadeando un poco. Se veía intimidado por el can, avanzando muy lento entonces al hombre.

—Em... Disculpe... —Michelle no estaba seguro de qué idioma hablaban en Hungría, pero lo intentó de todas formas—. Estamos buscando esta dirección. —Sacó el papel y se lo mostró—. ¿Sabe cómo llegar? —Tocó varias veces la hoja, enfatizando sus palabras en ella.

El hombre chistó y el perro se quedó tranquilo mirando en dirección a las ovejas mientras meneaba la peluda cola.

—Mich, no creo que este hombre te comprenda —susurró Zachary al castaño cuando llegó a su lado.

Pero Michelle no estaba dispuesto a rendirse, y se colocó en la línea de visión del sujeto, el papel frente a él.

—Oiga. Este lugar. Necesito encontrarlos. —Trató de hacer memoria a los nombres de los magos... ¿Cómo los habían llamado Gerardo y Aldebarán? ... —¡Enoch! Ametty, Enoch. ¿Los conoce?

El hombre pareció reconocer los nombres pero su expresión no era lo que ellos esperaban. Un fruncimiento de cejas y un cabeceo negativo.

—Váyanse —dijo en un precario inglés, apenas entendible debido al fuerte acento.

—¿Qué? ¡No! —Michelle quiso mostrarse ceñudo pero se calmó. Estaba aliviado de que al menos el hombre les entendiera, pero le molestaba que no quisiera ayudarlos—. Ametty y Enoch, ¿dónde están? —insistió—. Por favor, necesito verlos. Es una emergencia.

Tomando de los hombros a Michelle, Zachary le instó a calmarse.

—Mich, el hombre apenas entiende lo que dices, y si le gritas será peor. —Tomando el papel con la dirección, Zachary lo sostuvo frente al hombre y pidió una vez más—. Por favor. Es importante.

Pasando su mirada oscura por los dos jóvenes, el hombre exhaló el humo de la pipa por la nariz antes de negar con la cabeza. Zach podía percibir las palabras "Chicos tontos" en su expresión pero de todos modos les señaló el camino. En realidad tenían que salir del camino de tierra que estaban recorriendo y adentrarse entre los árboles hacia una zona más elevada.

Michelle apenas dio un asentimiento seco al hombre antes de comenzar a caminar en la dirección que le indicaron. Sabía que Zachary le seguía, pero estaba más concentrado en llegar al lugar donde estaban los magos.

—Qué tipo tan extraño. ¿Cuál es su problema? Claramente sabía de qué le estábamos hablando, pero no quería decírnoslo —masculló a Zachary por encima de su hombro.

—Michelle..., quizás debamos reconsiderar nuestro curso de acción. —Le dio alcance al castaño fácilmente con sus largas piernas—. Estamos hablando de... magos que tienen control sobre la vida y la muerte. No sabemos nada de ellos y por la forma en que ese hombre frunció el ceño...Tengo un mal presentimiento.

Michelle se detuvo, observándolo un poco incrédulo.

—Zach..., son magos. No pueden hacernos daño. —Se pasó las manos por el frente, sacudiéndose los cabellos y respirando hondo. Se sentía cansado, sediento y también con un poco de hambre. Avanzó hacia el rubio, estirándose lo suficiente para poder besar sus labios—. Todo estará bien. Vamos. —Rodeó su cintura, y se giró para continuar.

Respirando hondo, Zachary siguió a Michelle, a pesar de sus dudas. Siguieron caminando un rato internándose en un bosque, había suficiente espacio entre árbol y árbol para que no fuera abrumador y oscuro, incluso podían ver porciones de cielo gris. Mientras más caminaban, el terreno iba inclinándose por lo que debían estar subiendo alguna loma, esperaban que dichos magos no viviera en alguna cueva en la falda de la montaña.

Para su sorpresa se encontraron con un claro y una cabaña de madera en dicho claro. Obviamente no había civilización en kilómetros si sólo habían visto al pastor en todo el rato que llevaban caminando.

—Deben... vivir ahí. —Michelle tomó la mano de Zachary para continuar. Si se detenían ahora, tardarían más y caería la noche. Lo que menos quería era terminar en un bosque de noche, sin mencionar que si tardaban más, Klaus podría volver a Japón y enterarse de que escapó.

Finalmente alcanzaron la cabaña, jadeantes, siendo Michelle el primero en tocar la puerta de madera.

—Gerardo dijo que algunos magos viven alejados de la civilización, como ermitaños, pero por alguna razón no quise creerle. —Le miró—. ¿Cómo pueden está tan alejados de las otras personas...?

Antes de que Zachary pudiera contestar, la puerta se abrió y ante ellos estaba un hombre de piel oscura muy alto y una expresión poco amistosa en su rostro.

¿Mit akarnak? —dijo en un tono bastante agresivo, sus anchos hombros y la musculatura marcada de sus brazos hizo retroceder a Zach.

—Disculpe, no hablamos húngaro. —Logró decir el rubio.

Michelle parpadeó, retrocediendo también como lo hizo Zachary. ¿Este era...?

—¿E... Enoch? ¿Eres el mago de la Muerte? —preguntó en inglés. Gerardo hablaba varios idiomas porque decía que tantos años viviendo debía servir para algo, esperaba que estos magos tuvieran el mismo pensamiento—. Hablas inglés, ¿no? Gerardo y Aldebarán lo hacen...

Tomando a Michelle del brazo y Zach de la corbata con la otra mano, el moreno los haló dentro de la cabaña. Se aseguró de que sólo fueran ellos dos antes de azotar la puerta al cerrarla.

—¿Quiénes son y cómo saben quién soy?

—Ay, por Dios. —Aterrado como estaba, Zachary se paró delante de Michelle para protegerlo del hombre delante de ellos.

Michelle se asomó por un costado de Zach para enfrentar a Enoch. Al mirar a Enoch, tenía que alzar la mirada. Entendía un poco por qué Zachary se sentía intimidado, pero sabía también que ellos no podrían hacerles daño, ¿cierto? Sin embargo..., no todos los días se topaba con un mago tan gruñón como lo era Enoch. ¿Era parte de su naturaleza ser así? ¿Viviría él solo en esa cabaña? No había visto al mago de la Vida

—Me llamo Michelle y él es Zachary. Gerardo es un conocido nuestro... Eh... Padre Naturaleza, me refiero. Alde—Padre Tiempo me dio la dirección para encontrarlos a Ametty y a ti... Necesito su ayuda.

—Eso no explica qué hacen aquí. ¿Por qué están aquí en primer lugar? —El mago de piel oscura y cabello corto cruzó los brazos sobre su pecho.

—¿Enoch? Escuché voces ¿Con quién discutes? —Desde el piso de arriba se escuchó la voz de una mujer, los adolescentes asumieron que era Vida.

—Unos niños que dicen conocer a Padre Tiempo y Padre Naturaleza —respondió Enoch, alzando la voz para hacerse escuchar.

Sintieron los pasos en el piso de madera de arriba y después a vieron a Ametty bajar la escalera. A pesar de que Aldebarán ya había mencionado que eran gemelos, fue un poco sorpréndete ver a una mujer tan alta. Tenía un esponjoso cabello ensortijado que rebotaba al caminar. A diferencia de su hermano, ella tenía una expresión mucho más amigable.

—¡Oh, pero si son ustedes! —Se alegró al reconocerlos, Ametty les apretó ambas mejillas—. ¿El mago malo los asustó? No le hagan caso, es un bruto.

—¿Disculpa? ¡Son completos extraños que saben de nosotros!

—Oh, por favor. Que no hayan llegado a tus manos no quiere decir que son extraños —alegó Ametty.

Michelle automáticamente sonrió. Ametty lucía mucho más amigable que su ¿gemelo? Tenía que mirar de uno a otro para poder ver las similitudes en ambos y aun así sentía que eran muy distintos.

—Fue una odisea llegar aquí. Un viejo pastor nos dio problemas para encontrar su hogar. —Michelle prefería dirigirse más que nada a Ametty, Enoch estaba siendo muy gruñón y le recordaba a su padre—. Vinimos para..., bien, Zachary me acompaña pero necesito su ayuda... Su ayuda y el libro negro. Tengo problemas con un demonio.

—Ese cascarrabias malhumorado. —Se quejó Enoch—. Su perro siempre nos ladra cuando pasamos por su terreno.

—¿Cómo no quieres que te ladre con esa cara tan fea que te cargas?

—¡Tenemos la misma cara! La diferencia es que yo no me embadurno de cremas —atacó Enoch.

—Se llama maquillaje. Una mujer necesita verse bien —discutió ella con una pose digna.

—¡Ja! Ni siquiera usando las joyas de Cleopatra te verías bien...

Zachary, con las cejas tan arqueadas que casi tocaban el inicio de su cabello, se inclinó para susurrarle a Michelle.

—¿Estás seguro de que son ellos?

Michelle asintió. Sí, definitivamente eran ellos.

—Ametty, Enoch. —Los llamó, cortando su discusión—. Por favor. El libro negro... —dudó un momento, pero continuó. No iba a retractarse—. Mi madre hizo un trato con un demonio hace muchos años, él le ha hecho mucho daño... Por favor, necesito su ayuda para romper ese vínculo y mandar a District al infierno. Necesito su ayuda para liberar a mi madre...

Ambos magos miraron a Michelle como si no tuvieran idea de quien estaba hablando. Ametty se acercó a Michelle, poniendo su pulgar en la frente del castaño hizo brillar la zona. Cuando su mano se separó, una luz rojiza se formó en su mano a partir de los recuerdos de Michelle formando la figura de Angie. Enoch también se acercó a ver.

—Ah, ella —murmuró el hombre sin mucho entusiasmo.

—¿La reconocen? —preguntó con voz ahogada Zachary. Ya había visto el poder de Aldebarán y Gerardo pero se seguía sorprendiendo de lo que eran capaces de hacer estas personas especiales.

—Sí. Cree su alma hace varios siglos y sólo retornó una vez pero... —Haciendo una mueca, Enoch hizo que la luz rojiza se desvaneciera—. No podemos hacer nada por ella.

Las piernas de Michelle estuvieron a punto de ceder, tan solo atajó a sostenerse de Zachary para no caer al suelo. No, eso no podía ser, no podía haber llegado tan lejos para que ellos...

—N-No, ustedes... —Michelle avanzó y les tomó del brazo a cada uno de los gemelos—. El libro negro... El libro habla de los demonios, ¿no? Debe haber algo ahí para liberarla. Un ritual, un hechizo, ¡lo que sea!

—El problema no es el libro —respondió Enoch, su tono ya no era agresivo como en un principio pero tampoco incitaba a la confianza—. Es ella.

—No podemos hacer nada porque su alma ya no nos pertenece. —Ametty hizo una mueca.

—¿A qué se refieren con que no les pertenece? ¡No pueden decirme que él ganó! —Michelle estalló. No, no, no, no, no. District no podría estarse saliendo victorioso de todo ese asunto.

—Hace ¿qué, 2 siglos? —Ametty miró a Enoch para confirmar.

—Menos de eso.

—Ella abandonó su humanidad para pasar a ser un animal. Las almas de animales sólo tienen un ciclo de vida por lo que escapa de nuestras manos —explicó Ametty afligida al ver cómo se estaba alterando Michelle con la explicación.

El castaño negaba, incrédulo a lo que decían. No, nada de eso podría estarle pasando, no estando tan cerca de lograr algo. Él no podía concebir la idea de simplemente dejar las cosas como estaban, de hacer la vista gorda por el resto de su vida mientras Angie seguía arriesgando su vida, seguía bajo el yugo de ese demonio; de que él envejeciera mientras ella seguía tan joven y hermosa, sufriendo día y noche.

—Angie no... —Michelle retrocedió, sujetando su rostro hasta alcanzar su cabello. Trataba de pensar, ¡tenía que pensar en algo!, pero no se le ocurría nada. Había agotado todas sus opciones... Finalmente cayó en un par de brazos.

Cuando Michelle se derrumbó en sus brazos abrumado por el cansancio y las fuertes emociones que estaba sintiendo, Zachary miró a los hermanos, angustiado

—¡Tráiganle agua, por favor! —pidió preocupado por su novio. Ahora que lo pensaba, no estaba seguro de si Michelle comió algo antes de salir de Japón tan temprano. Además estuvieron caminando por bastante rato sin beber agua...

Ametty se apresuró a buscar un vaso de agua y Enoch ayudó a acomodar a Michelle en el sofá. Era lo suficiente grande para acostarlo de largo a largo sin problemas.

—Sé que no es lo que esperaban —dijo Ametty ofreciendo el vaso de agua a Zach. El rubio lo tomó y se lo dio a beber a Michelle lentamente.

—¿De verdad no hay nada que podemos hacer? —preguntó esperanzado. En serio no quería ver a Michelle sufriendo de esa manera.

—Podríamos consultar el libro pero su alma se perdería —explicó la morena.

Michelle bebió el agua, sintiendo que respiraba una vez más. Bebió y bebió hasta acabar todo el vaso de agua, finalmente logró hablar una vez más.

—¿Cómo que... que se perdería su alma?

—Creo que deberíamos hablar esto con calma. Galletas y leche nos vendría bien. —Ametty miró a su hermano para que fuera amable. Un gruñido atrajo la atención de todos, era el estómago de Zachary haciendo ruidos ante la mención de las galletas.

—Lo siento. No hemos comido nada desde que nos levantamos.

Rodando los ojos, el hombre de color se fue a la cocina. —Creo que podemos adelantar la cena. ¿Todavía queda pan de centeno?

—Busca en la alacena. Descansen, les avisaremos para que coman —dijo Ametty, acariciando el cabello de Michelle y el de Zachary antes de ir a ayudar a su hermano.

—Muchas gracias... —Michelle se quedó acostado, pero hizo espacio para que Zachary se recostara a su lado. Cuando lo hizo, Michelle lo abrazó fuerte, sintiendo su nariz picar por las lágrimas—. Siento que... todo fue en vano...

—Dijeron que podría haber alguna solución en el libro. No te rindas ahora. —Besó su frente—. Una vez que comamos, podremos encontrar una solución adecuada.

Michelle sorbió la nariz, hundiendo el rostro en su hombro.

—Tengo miedo de que no haya nada que pueda ayudar a Angie. —Cerró los ojos, tratando de calmarse a pesar de las lágrimas.

Zach no dijo nada más, tan sólo se quedaron ahí tumbados hasta que los llamaron. Aparte de las prometidas galletas y la leche, también había pan de centeno con queso y carne curada, con una gran variedad de mermeladas para untar.

—Todo luce delicioso, muchas gracias. —Agradeció el americano cuando Ametty le pasó un vaso de leche—. Debimos prepararnos mejor para venir —reconoció mientras tomaba un trago de leche. Sabía diferente... Es posible que no fuera leche de vaca.

El castaño por educación trataba de no abalanzarse sobre la comida, pero estaba llenando su plato con lo que podía.

—Gerardo me ha contado todo lo que podía sobre los magos, pero no ha sido suficiente. Hace poco tuvimos que ver a Aldebarán para volverme enteramente humano... Entonces me dijo como encontrarlos cuando supe que ustedes tendrían el último libro... Lamento que hayamos llegado sin avisar.

—Lo sé. Justo hace semanas comenzaste a formar parte de las almas que cuidamos. —Con entusiasmo, Ametty usó su magia y una esfera rojiza se materializó en sus manos. Con apenas girarla un poco encontró lo que buscaba y una sola luz de millones fue agrandándose—. Eres una luz preciosa.

—Ametty, no deberías hacer magia en la mesa —amonestó su hermano pero ella no hizo caso.

—Calla. Casi nunca tenemos invitados.

Eso hizo sonrojar a Michelle, a pesar de que las discusiones le provocaban una sonrisa. Ahora que los veía, con sus similitudes y demás... se cuestionaba si así tal vez hubieran sido su hermana y él...

Temiendo que el apetito se fuera, Michelle se apresuró a alejar ese pensamiento y comenzó a hacer un emparedado.

—Gerardo me comentó que ustedes se encargaban de las almas de los seres vivos pero... no termino de comprenderlo. ¿Las crean los dos?

—No —gruñó Enoch, pinchando un pedazo de queso—. Ametty las crea y después me toca a mí recolectar las almas y cuidarlas hasta el momento de su nuevo ciclo de vida.

—Entonces..., la reencarnación es posible. Tú la haces posible —dijo Zach verdaderamente asombrado—. ¿Cómo lo haces? ¿También tienes una esfera de luz? —Enoch estaba asombrado. Por lo general nadie le preguntaba por su trabajo, los mortales tenían ese miedo arraigado en su interior a la muerte y por eso preferían a Ametty en la mayoría de los casos.

—En realidad tiene todo un laboratorio ubicado en el sótano de la casa. —Se adelantó a contestar la morena—. Tiene miles de frascos almacenados y etiquetados con todas las almas.

—¿Frascos? —Michelle parpadeó. Eso no lo esperaba. Le recordaba a como trabajaba su abuelo—. Suena al trabajo de un científico. ¿Tú decides el tiempo en que permanecen almacenadas? —cuestionó al mago antes de dar una gran mordida. Si aún tuviera su cola, se ondearía gustosa por el delicioso sabor.

—El alma necesita descansar después de cada ciclo, recuperarse, sanar. Cada una es diferente... —A pesar de su actitud hosca y gruñona, a Enoch en realidad le gustaba su trabajo—. El alma de un niño por lo general no requiere tanto descanso porque su vida fue demasiado corta. Una persona con una muerte brutal necesita más tiempo para sanar...

—Entonces... pueden saber cuántos descansos tiene un alma, ¿no? Reencarnaciones... —especificó Michelle—. Gerardo dijo que antes de él, hubo otro mago encargándose de la naturaleza. ¿Ustedes saben cuándo un alma ocupará el lugar de un mago al momento de éste morir?

—No. Un mago es escogido por la Magia —explicó Ametty después de tomar un sorbo de leche—. Madre Naturaleza y Padre Naturaleza fueron almas diferentes. De hecho, nuestra querida Madre está tomando un largo descanso en este momento.

—¿Cuántas veces puede reencarnar un alma? —preguntó esta vez Zachary. En vez de hacer un emparedado como Michelle, tomó un rebanada de pan, la unto en mermelada y le puso un trozo de queso.

—Me parece que nos estamos alejando del tema real —arqueó una ceja Enoch.

Michelle se había sentido muy a gusto entonces charlando sobre el tema de su magia y las almas. Bebió de su vaso de leche hasta la mitad, pensando un momento. Relató, finalmente, y de forma muy breve cómo había sido sus primeras experiencias con District, lo que sabía de él y el trato con Angie.

—...Pensaba que, en ese libro hubiera algo que me ayudara a liberar a Angie del trato de District. Él también se ha estado metiendo en mis sueños, aunque Ametts, el mago de los sueños, él me ha dado algunos... —Miró de reojo a Zachary—. Consejos... para mantenerlo alejado. Sin embargo —Devolvió su atención a los gemelos—. Así como mantiene a Angie presa, tal vez lo haya hecho con otras personas..., otras almas...

—Sí... Ese demonio tiene a varias almas acaparadas desde hace varios siglos —comentó Enoch, estrujando una rodaja de pan.

—Lamentablemente nosotros no podemos intervenir. Las almas que han caído en sus garras lo han hecho por sus malas elecciones. No podemos intervenir con el libre albedrío.

—Con respecto a tu madre, nosotros no podemos hacer nada por ella. Como te dijimos, ella libremente escogió renunciar a su alma inmortal.

Michelle bajó la mirada.

—¿Qué hay del libro negro? —preguntó en cambio—. ¿Nunca han tenido la necesidad de abrirlo? ¿Jamás lo han usado contra un demonio?

—El bien y el mal son necesarios. Aunque no nos guste, no podemos intervenir.

—Esperen... Dicen que ustedes no pueden hacer nada pero ¿qué hay de nosotros? —Zach miró a su novio, entusiasmado con la idea—. Si hay una manera de liberar a tu madre, nosotros podemos llevarla a cabo. Sería libre del yugo del demonio aunque ellos no pudieran hacer nada por su alma.

—Zachary..., ¿qué podríamos hacer nosotros? No tenemos magia y... nunca has estado frente a District. No sabes cómo es...

—En realidad no necesitas tener magia —comentó Ametty que en seguida fue regañada por Enoch.

—No los alientes. Todavía no es hora de que mueran.

—No seas melodramático. —Levantándose de la mesa, la alta mujer morena se acercó a una estantería de libros de dónde sacó un tomo de cuero negro. Tenía un aspecto bastante viejo, en realidad... parecía un libro común y corriente.

El castaño se levantó, dejando su comida a medio acabar para acercarse a Ametty.

—¿Ese es el libro negro? —Frunció el ceño.

—¿Esperabas otra cosa? —Por primera vez desde que llegaron a la cabaña de los gemelos, Enoch sonrió y era para burlarse de la incredulidad de Michelle—. No deberías juzgar un libro por su portada... Después de todo, lo que importa es su contenido.

Eso sacó un pequeño sonrojo en Michelle. Era cierto, el libro que tenía Ametty estaba muy lejos de ser el grueso tomo de elegante cubierta y oscuras páginas que se había imaginado.

Se colocó al lado de la mujer, atento cuando ella abrió el tomo pero arrugó la nariz al leer su contenido.

—Latín... No entiendo mucho de lo que dice...

Una risita al otro lado de la mesa llamó la atención de los tres. Zachary estaba escondiendo su sonrisa tras el vaso de leche. —Me parece que necesitamos empezar esas clases de latín con urgencia.

—¿Sabes latín? —Ametty estaba gratamente sorprendida—. Muchos mortales ni siquiera se molestan en aprenderlo hoy en día. Hay tantos textos que se han perdido a causa de la ignorancia.

Michelle se devolvió a la mesa, un poco ceñudo, reanudando su comida.

—En el internado le enseñaron a Zach el latín. Yo he aprendido un poco con mi abuelo dado que quiero estudiar enfermería pero jamás pensé que lo iría a necesitar alguna vez, así que mi interés es nulo...

—¿No te encantan las ironías de la vida? —Ametty comenzó a hojear el libro, buscando algo que pudiera servirle a Michelle—. Aquí hay un ritual con agua bendita.

—Es un demonio sexual, el agua bendita no le hará ni cosquillas —contradijo Enoch—. Busca algo que lo destierre de este plano.

—¿Una estaca en su corazón? —sugirió la morena sabiendo que eso irritaría a su hermano.

—Es un incubo, no un vampiro.

—¿Existen los vampiros? —Con todo lo que había pasado últimamente, Zach empezaba a creer que todo era posible. Quizás hasta de verdad existía Pie Grande.

—Claro que no. Esos son inventos. Espera... Michelle. ¿Qué aspecto dijiste que tenía el demonio? —Ametty miró fijamente al castaño, esperando su respuesta.

—Am. Es pálido, mucho, al igual que su cabello. Visita un traje pero lo que más resalta son sus ojos... Son aterradoramente rojos —Se estremeció al recordarlo—. Como nosotros, se ve joven...

—Pero... ¿Es humano? —insistió Ametty.

—Es un demonio. Solo tiene un aspecto humano... —Michelle estaba confundido con la pregunta—. Todos los demonios son así, ¿no? Te hacen creer que es un humano...

—Los demonios no son para nada como lo describes —explicó Ametty—. Aún si sus rasgos son poco comunes, sigue teniendo un aspecto humano. Un demonio en su verdadera forma..., bueno...

—Es un monstruo —completó Enoch—. Un demonio sólo es capaz de cruzar a este plano si se le es invocado, y cuando lo hace viene con su verdadero aspecto. Que el tal District tenga una apariencia humana quiere decir que ha invadido un cuerpo para permanecer en este plano. Por eso no puede morir de la forma convencional.

—Con la forma convencional te refieres a... ¿ustedes hacerlo? —Los señaló tanto a ellos como al libro—. ¿Entonces de qué forma? Esperen, ¿eso quiere decir que sí hay una forma de destruirlo? —Echó un vistazo a Zachary, una ligera esperanza creciendo en él.

—No. Ya te dijimos que nosotros no podemos intervenir. —Le recordó Enoch. Dejó su plato a un lado, en realidad no tenía tanta hambre, más tarde podría volver a la cocina por algo de comer—. Lo que sea que vayan a hacer, tendrán que hacerlo ustedes.

—Con "convencional" quiero decir que no puede morir por un tiro en la cabeza o incluso si degollase su garganta. El cuerpo que está poseyendo simplemente sanaría. —Eso explicaba porqué cuando su madre quebró el jarrón en su cabeza para salvarlo de las garras del demonio, este no sintió ninguna clase de dolor, si bien esa maniobra podría como mínimo haber matado a un hombre normal.

—Tres preguntas. —Michelle alzó la mano—. ¿Por qué no pueden hacerlo ustedes? ¿Cómo podríamos acabar con él si parece inmune? Y... —No sabía por qué hacer esa pregunta le daba un poco de nervios—. Y ¿de qué forma todo esto afectará a mamá?

—Niño, si no prestas atención, vamos a pasar una eternidad aquí —replicó Enoch con los brazos cruzados sobre su pecho—. Te daré tres razones por las que no podemos intervenir. —Levantó un dedo—. El delicado balance entre bien y mal se perdería si atacamos directamente a un demonio de esa categoría. —Un segundo dedo se unió al primero—. Tu madre renunció voluntariamente a su humanidad, no podemos reclamar un alma que no nos pertenece. —Finalmente levantó el tercer dedo aunque Ametty le ganó la explicación.

—En cierta forma los guardianes y los demonios no somos tan diferentes: no envejecemos. Somos capaces de vivir miles de años sin que eso nos afecte... En resumen, no haría ningún efecto que nosotros lo hiciéramos. ¿Comprenden?

—Pero si lo hace un humano habría una diferencia —comprendió Zachary. Quizás los obispos del internado no estaban tan locos con eso de los exorcismos.

El castaño los observó incrédulo.

—Están diciendo que nosotros nos enfrentemos a él... ¡Están locos! Nos pondría en riesgo. Y no podríamos decirle a un sacerdote, tomaría tiempo y hasta no nos podría creer...

—¿Vas a poner la vida de tu madre en manos de un tercero? —Ametty hizo una mueca bastante cómica de desacuerdo.

—Sí..., ¡no! No, no, es que... No entienden. —Michelle tuvo que girarse para mirarlos—. No sé si pueda enfrentar a District... —El joven se frotó las sienes—. Necesito pensarlo, pensarlo bien unos días... —Dirigió una mirada suplicante a Ametty—. Pero... podrías..., no sé, ¿anotarnos lo que necesitaremos? Ese rito... ¿Dónde debemos hacerlo, cómo?

—De acuerdo —suspiró Ametty, levantándose de la mesa para ir por pluma y papel—. Explícale —pidió a su hermano.

—Claro. —Alcanzando el libro, Enoch hojeó las gastadas páginas—. De acuerdo. Ya establecimos que el demonio está poseyendo un cuerpo desde quien sabe cuántos milenios, por lo que tienen que deshacerse de su cuerpo mortal. —Ese era el primer paso—. Una vez librados de ese pequeño obstáculo —Enoch ignoró el comentario sarcástico de Zachary «¿Pequeño? Sí, claro.»—, tienen que pronunciar este..., vamos a llamarle "conjuro", que romperá cualquier rastro del poder del demonio con este plano. Sin ninguna conexión, el demonio no le quedará de otra que retirarse.

Michelle asintió, comprendiendo...

—¿Dónde debe hacerse? ¿Podríamos hacerlo aquí? Así ustedes podrían guiarnos y—

—Hmmm. —El mago hizo una mueca que le dio un mal presentimiento a Zachary—. Si quieres estar seguro que el demonio será erradicado por completo, es mejor atacarlo donde su poder es más fuerte. Para que no quede nada que lo ate aquí.

—Estamos jodidos —dijo Zach pasándose la mano por el cabello rubio.

—¿Donde es más fuerte? —Michelle lo pensó. ¿En qué lugar District era más...?

El bar. Siempre estaba en el bar, incluso los sueños en los que aparecía tenían como escenario el bar.

Observó preocupado a Zachary, empalideciendo.

—Es... en Nueva Luna... El bar a donde fui el otro día... —Se dirigió al mago—. ¿Estás seguro que debe hacerse allí?

—No es un requisito fundamental, es mi recomendación si realmente quieres estar seguro de que él no volverá. —Cerró el libro, levantando una pequeña nube de polvo que lo hizo estornudar.

—Ugh. Deberíamos limpiar esa cosa más seguido —comentó Ametty cuando volvió con el rollo de pergamino—. Aquí están las instrucciones. —Se lo pasó a Michelle.

Michelle recibió el pergamino, desenrollándolo, leyendo el contenido aunque tuvo que chistar.

—Latín. —Se lo dio a Zachary—. ¿Podrás hacer eso? Leerlo y demás... —cuestionó con un suspiro—. Tomaremos unos días para pensar y... planear cómo hacerlo. Gracias, Ametty, Enoch...

Parpadeando como un búho, Zachary recibió el pergamino, guardándolo en el bolsillo interior de su saco.

—De nada, lucecita. —Sonrió Ametty—. Esperamos verlos pronto.

—No tan pronto, si no les importa. —Enoch recibió un golpe en el brazo—. Auch.

—Eres un...

—En realidad fue una visita encantadora pero debemos regresar. No le avisamos a nadie que estuvimos aquí —confesó Zach, mordiéndose el labio inferior.

Michelle echó un vistazo por la ventana, notando que estaba oscureciendo. Tendrían que caminar pronto por todo el sendero que tomaron si querían llegar a los sauces antes de que se haga más tarde. Lo que menos quería Michelle era caminar por los bosques, les tenía pánico en la oscuridad.

—Sí. Será mejor irnos pronto entonces —Se acercó a Ametty, dándole un abrazo—. En verdad, gracias... Si les parece bien, prometo venir a visitarlos con Gerardo.

—¡Ay, sí! Tráelo, pasa tan poco tiempo con nosotros. —Ametty respondió el abrazo con cariño y entusiasmo, también abrazó a Zachary. Enoch fue un poco menos accesible pero de todos modos permitió un abrazo corto.

—¿A dónde tienen que volver?

—Canadá —respondió Michelle al separarse del mago—. Tenemos que volver a los sauces y usar las raíces. Ya luego me toca volver a Japón.

—Creo que hay un Árbol por aquí cerca con Canadá.

Enoch los llevó afuera y guió hasta el árbol cercano, uno poco frecuente en Canadá pero Zachary confirmó que había uno de esos cerca del campus del internado. De hecho, era un árbol bastante viejo que usaban los enamorados para reunirse con alguna chica del pueblo sin que fueran descubiertos.

—Ugh, no quiero volver a sentir orugas.

—Tranquilo, será una sensación rápida. —Michelle le dio un beso en la mejilla, y giró para enfrentar al mago—. Muchas gracias, Enoch. Sabía que no eras tan gruñón como aparentas. —Sonrió ampliamente al verle fruncir el ceño, y se giró al árbol tomando la mano de Zachary mientras esperaba que el árbol abriera.

—Michelle... —llamó el mago—. Deben pronunciar el "conjuro" correctamente para que su poder se desvanezca. No debe quedar nada de él, o podría volver.

—Sí... —Michelle apretó la mano de Zachary. Ambos tenían que practicar y preparar todo el plan antes de ejercerlo, no podría salir nada mal. No quería que District regresara para hacer sufrir a alguien de la misma forma que hizo con su madre o peor... cobrarle venganza a él—. Lo haremos bien... Gracias, Enoch. —Cuando las raíces estuvieron lo suficientemente abiertas para ambos, Michelle solo le dio una última mirada al mago, y cruzó sin soltar la mano de Zach.

Cuando regresaron a Canadá se dieron cuenta de que apenas era medio día. Eso de las diferencias horarias era complicada, estaban en la hora de almuerzo pero se sentían como que podrían dormir horas seguidas, sin mencionar que la pequeña caminata en Hungría les tomó más tiempo del previsto

—¿Estás bien?

Michelle suspiró mientras se aseguraba que las raíces cerraran, solo por tener algo que mirar que no fuera su alrededor o Zachary, sin embargo no se movió aún cuando el árbol lucía tan común como los demás.

—No lo sé... —finalmente dijo—. Siento un completo batido de emociones. Estoy confundido, ansioso, tengo miedo... Ddirigió su mirada al sitio donde Zachary guardó el pergamino—. No vayas a perder esa nota... No quiero añadir la desesperación a la mezcla...

—En ese caso creo que deberías guardarla tú, aún si no puedes entenderla. —Sacó el pergamino de su bolsillo, lo desenrolló un momento para leerlo. Incluso para Zachary era un latín dificil de leer, antiguo, tendría que preguntar a su profesor sobre el significado y pronunciación de algunas palabras—. Ellos son realmente viejos —comentó—. En su mayoría puedo leerlo pero hay palabras que se me escapan. Por ejemplo, esta... —Señaló una frase completa que decía "Etenim omnes terreni plano secetur"—. Sé que dice algo sobre lazos en el plano terrenal pero no sé exactamente qué significa "secetur" y "omnes"[1].

—Le preguntare a mi abuelo. —Michelle no podía evitar fruncir el ceño de concentración al intentar leer el texto, sin mucho éxito. Guardó el pergamino, por fin mirándole—. Está tal vez pueda ser la última vez que nos veamos por unos días... Pero podemos encontrarnos en el bar de tío Jim, estoy seguro de que nos ayudará con mi padre si Narcisse lo distrae un rato.

Un desagradable escalofrío en la piel al pensar que tendría que usar ese método de viaje cada vez que quisiera ver a Michelle recorrió el cuerpo de Zachary, pero era un pequeño precio a pagar. —Por ti, viviría con orugas peludas en la piel —declaró románticamente, sosteniendo a Michelle para robarle un beso.

Eso causó una primera risa genuina en Michelle desde que fueron a Hungría. Cuando el beso acabó no permitió a Zachary separarse pues rodeó su cuello con los brazos, iniciando un beso nuevo, y otro, y otro hasta sentirse satisfecho por ese momento. Dejó entonces que el rubio le acompañara al parque para tomar el otro árbol que le llevaría a Japón, donde se despidieron. Rezó porque no tuviera problemas al volver a su internado luego de prácticamente estar un día entero fuera.


[1] "Cortar todos los lazos con este plano terrenal".

CONTINUARÁ...

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