CAPÍTULO 31

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Michelle llegó a Japón para encerrarse en su habitación nuevamente. Una vez allí descansó por un largo rato, luego de esconder el pergamino en un lugar donde nadie pudiera hallarlo. Accedió a comer con los demás cuando lo llamaron, su mente distraída con todo lo que Enoch y Ametty le dijeron, incluso cuando se acostó a dormir esa noche. Para el día siguiente, sin embargo, la puerta de su cuarto se abrió para dejar pasar a Kenshi.

—A ver, ya es tiempo de levantarse. Y esta vez, comerás bien con todos nosotros —Se acercó para quitarle la cobija con la que se estaba tapando.

Michelle gruñó descontento.

—Tío Keso...

—Tío Keso nada. —Kenshi se cruzó de brazos—. Bien sabía yo que esa mujer nos traería problemas. Vino y de pronto siempre hay peleas y discusiones en esta casa.

—Es papá quien siempre está peleando, no yo. —Michelle no le miró, volteándose hasta quedar boca abajo.

Kenshi se armó de paciencia, contando hasta cinco.

—Shin murió intentando salvar a esa mujer de un demonio. Para esa época, Yuki tenía poco menos de un mes de morir y apenas habíamos logrado que Klaus fuera más que un muerto en vida gracias a Irina. Ella y tú fueron los únicos que lograron que a él no se le ocurriera cortarse las venas con el cuchillo de la mantequilla. —Cambiando el peso de una pierna a otra, y aún con sus brazos cruzados, Kenshi observó al joven desde arriba—. Klaus no está haciendo esto por ser el estricto papá que piensas..., bueno, tal vez sí, pero más que nada lo hace porque no eres solo su hijo, eres parte de lo que le dio razones para vivir cuando no quería hacerlo. ¿Qué pasaría si murieras por una estúpida imprudencia heredada del inconsciente de tu padre?

Michelle no le devolvió la mirada a Kenshi, sin embargo sentía el claro nudo en su garganta que le imposibilitaba hablar.

—Te doy quince minutos para prepararte y salir de esta cueva, y reunirte con nosotros al desayuno. Además, Ruslán invitó a Gerardo a pasar unos días con nosotros —anunció mientras salía del cuarto—. Compórtate como un señorito educado.

Michelle escuchó la puerta deslizarse indicando que Kenshi salió del cuarto, pero él no se levantó enseguida. Hundió la cabeza en la almohada, contando sesenta segundos enteros para poder ponerse en pie. Entendía la preocupación de todos, ¡él también estaba aterrado de solo pensar en enfrentar al demonio! Pero, tal vez por primera vez sí existía una oportunidad de destruirlo. De no solo salvar a Angie, sino vengar a su padre. El demonio mató a Shin, le aisló de sus verdaderos padres, hacía sufrir a su madre. Merecía ser regresado al infierno. Con esa resolución, decidió que era mejor deshacerse de una vez de él. En el pueblo había un templo de monjes. ¿Podrían tener algo que darle como protección?

Ocupó el tiempo que le dio Kenshi en asearse y arreglarse, ideando un plan para el día de mañana, encontrándose con los demás en el comedor.

—Mmh..., buenos días —saludó débilmente. Aún no miró en dirección a Klaus.

Irina miró preocupada entre su hermano y su padre. Desde el viaje a Canadá Michelle actuaba extraño, ya no se comunicaba con ella e incluso comenzó a tener fuertes peleas con Klaus. Ellos nunca fueron de esa manera, su papá los reprendía y educaba pero nunca hubo esta horrible tensión.

—H-hola...¿Ya te sientes mejor?

—Un poco. —Comenzó a servirse el desayuno en su plato, tratando de ignorar la mirada de Kenshi desde su posición.

Ruslán trató de aligerar un poco el ambiente dirigiéndose a sus padres.

—¿Cuánto tiempo se quedará la cría de cocodrilo con nosotros? ¿No han sabido nada respecto a qué ocurrió con su madre?

Kenshi se erizó brevemente, observando de reojo a Volsk. Vladimir y él habían tenido una breve discusión al respecto hace pocos días.

—Es muy pequeño para vivir solo, así que apenas tenga la edad adecuada, probablemente se le deje en un ambiente aceptable... Sobre su madre, no. Definitivamente no he sabido más nada. —Le dio una gran sonrisa a Vladimir—. Pero deberán verlo corretear a Vlad. Es lindo ver que por fin tiene una mascota que cuidar.

Vladimir gruñó un poco.

—Para mi mala suerte, los cocodrilos tienden a apegarse a la primera cosa que ven cuando rompen el cascaron. Dado que la madre rara vez deja el nido, eso le asegura a la cría alguien a quien imitar mientras crece. Por el momento estamos estancados con él.

—¿Ya le pusieron un nombre? —preguntó Irina, agradecida con el cambio de tema.

—Se llama Krokodil —respondió el ruso sin darle opción a Kenshi.

—Pero eso es cocodrilo en ruso. —Se quejó la joven.

—Es lo que es. ¿No? Un cocodrilo no es una mascota.

—Él le llama así, nosotros podemos decirle Kroki. Es mucho más sencillo —repuso Kenshi, bebiendo un sorbo de té—. Eres un gruñón. Por primera vez tienes una mascota adecuada para ti. —Kenshi no podía dejar de sonreír a pesar de la expresión molesta del ruso. El tema le divertía un montón. —Aunque no era mi intención que fuera un cocodrilo, eso escapó de mis manos.

—La verdad es que yo preferiría tener otro animal de mascota que una capaz de quitarme un brazo. —Ruslán murmuró, picoteando un bocado de su plato—. ¿Cuánto tardaría en crecer un animal así?

—En todas las especies de cocodrilos, los machos adquieren una mayor envergadura que las hembras —comenzó a explicar Vladimir—. Una hembra mide hasta los tres metros en diez años. Dado que Krokodil es un macho, puede llegar a medir los cuatro metros en ocho años.

—Aquí es cuando te das cuenta de lo terrorífico que es que el abuelo Vlad sepa tanto sobre reptiles —murmuró Irina al italiano. Gerardo miró a Volsk con una sonrisa.

—Estoy seguro de que el señor Volsk se llevaría de maravilla con Wildebeast. También tiene un extenso conocimiento en reptiles y animales en general.

—Creo que deberíamos concernir una reunión entre ambos, tendrías un nuevo mejor amigo —bromeó Kenshi. Dirigió una mirada a Klaus y Michelle, eran los únicos que habían permanecido callados desde que empezaron a comer—. Y hablando de amigos. Klaus, ¿Bárbara no se ha comunicado contigo?

—¿Eh? —Klaus alzó la vista de su plato. Tardó un momento en encontrarle sentido a la pregunta—. Ah...Vagamente. No creo que quiera hablar conmigo por el momento, Kanya dice que le dé tiempo para que se reponga.

—Es una mujer amable y elegante. No puedo creer que la cambiaras por alguien tan desastroso como Narcisse... —suspiró Kenshi, dramático.

—Papá, no empieces. —Ruslán regaño al hombre, sabiendo que a Klaus no le gustaba que hablasen mal del tesoro—. ¿Has hablado con Kanya? ¿Dónde está ahora? —Ruslán gustaba de él, en el pasado Kanya siempre enviaba lindos regalos para todos, aunque Irina se llevaba los mejores.

—Hasta hace unos días seguía en la India pero parece que va a seguir su camino. Tenía intenciones de pasar por Egipto, dijo que llamaría...

Un grito agudo proveniente del pasillo asustó a todos.

—¿Qué fue eso? —Irina se medio incorporó de la mesa, intentando escuchar algo.

Kenshi se levantó por igual, extrañado y curioso. ¿Acaso no podían tener un desayuno tranquilo? ¿Quién demonios gritó así?

—¿Abuelo...? —Michelle cuestionó, un poco nervioso.

—Ahora vuelvo —anunció Kenshi mientras salía del comedor con un suspiro frustrado.

Desde la puerta del comedor vio un desastre de bandejas tiradas y varias mujeres corriendo espantadas, algunas de ellas tenían el kimono rasgado a la altura del tobillo, desde su lugar Kenshi podría ver a algunos hombres intentando atrapar algo. Vladimir también se asomó a la puerta y soltó una maldición al comprender lo que pasaba.

—¡No otra vez! —Se apuró a intervenir cuando vio a uno de los sirvientes empuñar una escoba—. ¡Hey! Deténganse, bajen las escobas. —Ceñudo, el ruso tomó en sus manos a un problemático Krokodil. —Lo único que haces es causar problemas —le dijo al lagarto que se veía demasiado complacido de ser cargado.

—¡Kroki! —Kenshi estaba sorprendido de ver al animal fuera del laboratorio. El lugar era en un sótano, ¿cómo pudo subir las escaleras? Se acercó a ambos, ceñudo—. ¿Dejaste la puerta abierta del laboratorio? —cuestionó a su esposo, aunque tuvo que girarse para calmar a sus trabajadores.

—¡Claro que no! —objetó el ruso, ofendido—. Lo dejé dentro de la incubadora. Desde que fui a darle algo de comer más temprano, estaba ansioso de seguirme. Debe haber hecho algún desastre para haber logrado llegar hasta acá.

Una vez que logró calmar a sus empleados, Kenshi se giró a su esposo. Tardó solo cinco segundos en mirarlo y comenzar a sonreír. Kroki se veía completamente feliz y satisfecho de sí mismo estando en manos del ruso que ambos lucían adorables. Hasta Suoh quería ronronear, entusiasmado con la idea de su propia cría en la misma situación que el animal, necesitándolos a cada momento. Emitió un suave carraspeo para controlarse.

—Será mejor terminar de desayunar antes de ir a ver qué hizo él. —Dio un par de pasos hacia ellos, estirando la mano para acariciar la cabeza del animal. Aún seguía un poco reacio a dejarse tocar por otros que no fuera Vladimir pero Kenshi ya estaba acostumbrándose a su manía—. Es tan adorable ver cómo necesita de su papá...

Vlad bufó, pensó en ir al laboratorio para dejar a la pequeña bestia en la incubadora pero prefería evitar otro escándalo por lo que acomodó al pequeño reptil en el bolsillo de su camisa. El animalejo pareció bastante complacido de su nuevo puesto de honor, compartía el calor de Vladimir y desde el bolsillo lograba escuchar los calmantes latidos del corazón.

Kenshi le dio un beso al Vladimir, incapaz de soportar las insistencias de Suoh y la ternura que el ruso le daba.

—Bien, volvamos adentro. Gerardo no ha visto a Kroki... —Sonrió malicioso.

Los demás vieron llegar a la pareja con el cocodrilo tan campante en el bolsillo del ruso.

—Vaya, pero mira a ese bribón. —Ruslán sonrió, divertido—. ¿Era él el causante de aquel grito?

—Sí. —Kenshi ocupó su usual asiento—. Se escapó un reo de la prisión.

—Es tan lindo que quiera estar con el abuelo Vlad todo el tiempo —dijo Irina, igualmente enternecida—. Como un cachorrito mimoso.

—Eventualmente se irá distanciando. —Les recordó el ruso—. Tan sólo tiene una fijación porque soy lo primero que vio cuando rompió el cascarón.

—Se siente como si fuera un amor a primera vista. —Kenshi tomó un poco del pescado servido para él, estirándoselo a Kroki para que lo tomara.

—Papá, no deberías darle de comer en la mesa —regañó Ruslán, ceñudo.

Michelle sonrió por primera vez desde que entró al comedor.

—¿Cómo subiría las escaleras del laboratorio? Es un poco pequeño aún...

—No le des eso —regañó Vladimir antes de que el lagarto pudiera comerlo—. Necesita una dieta de carne roja e hígado de res. El pescado no es tan nutritivo.

—Pero nosotros comemos pescado —refutó Irina.

—Por eso es que todos están tan enanos, les falta carne roja.—Se burló el ruso. Gerardo al lado de Ruslán se cubrió la boca para no reírse.

—Entonces considéralo un aperitivo de media mañana y no refunfuñes tanto —dijo Kenshi, dejando que Kroki lo comiera.

La comida continuó con calma. Michelle poco a poco intervino, no tanto como antes, pero al menos charlaba con los demás, en especial Gerardo. Al acabar, Kenshi bajó con Vladimir a ver el desastre que el pequeño cocodrilo hizo, mientras Ruslán se llevó a Gerardo e Irina en un paseo por el pueblo. Michelle se apresuró a marcharse del salón antes de quedarse solo con Klaus. Consideró unirse a su hermana y los otros dos, podría ser una buena oportunidad para ir al templo, por lo que se apresuró a alcanzarlos.

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En Canadá, Yu entró en su habitación luego de recibir su correo mensual. Aparte de su mesada, el dinero siempre iba acompañado de una carta de su padre. No había mentido cuando le dijo a Klaus que hablaría con Silvain para salir antes del internado. Lo hizo. Y acababa de llegar la respuesta. Silvain siempre estaba ocupado, una carta era la única forma efectiva de comunicarse con él, sin mencionar que adecuada pues Narcisse no quería escuchar su voz o los juegos que el hombre hacía y hostigaban su paciencia. En una carta podía obtener una discusión rápida y concisa... pero la que había recibido no le gustaba nada.

Cerró la puerta sin ningún cuidado, vio la carta y la arrugó hasta formar una bola que desechó en la basura cerca de su escritorio.

—Idiota. —Se dejó caer pesadamente en su cama, la molestia y preocupación alterando sus facciones.

Zach, desde su propia cama rodeado de un montón de libros viejos, alzó la vista ante el nuevo berrinche de su mejor amigo.

—¿Qué sucede? ¿Papi no te envió suficiente mesada? —preguntó sabiendo que una carta de Silvain era el único motivo por el que Narcisse se pondría así.

—No..., mandó el suficiente. —Narcisse resguardó el sobre con el dinero en su mesita de noche, colocándose de costado y de espaldas a Zachary—. Quiere conocer a Klaus.

El rubio alzó las cejas, sorprendido.

—¿Por qué? —Quitándose el libro del regazo, salió de su cama para sentarse junto a Narcisse, puso una mano en su espalda a modo de confort—. Él nunca ha querido conocer a ninguno de tus amantes. Ni siquiera a pedido conocerme a mí. De casualidad lo vi hace dos años cuando vino al evento para padres que hizo el internado.

—Debió enterarse que llevé a Klaus a Montreal. Nadie ha ido allí, y sabe lo que eso puede significar. —Yu estaba ceñudo, con la mirada fija en el bote de basura donde había desechado la carta, como si así pudiera ver a Silvain y sus palabras—. Klaus no es como los demás amantes que tuve, y él lo sabe.

Mordiéndose el labio, Wilson pensó en lo que eso significaba. —¿Crees que quiera hacerle algo?

Narcisse no respondió enseguida, su silencio inicial diciendo todo sin palabras.

—Va a querer jugar con él. —Narcisse pensó en lo ocurrido con Klaus en Montreal, y masculló un improperio francés—. No puedo simplemente evitarlo, Silvain siempre obtiene lo que quiere y su capricho ahora es conocer a Klaus... Será un desastre en el momento en que ambos se vean.

—Por lo que me ha contado Michelle, parece que él no es alguien que le temblara la mano a la hora de hacer daño si lo presionan demasiado. —En el momento en que Michelle le dijo quién fue responsable de la muerte de su padre y abuelo, no pudo analizarlo a fondo

Tuvo que correr por su vida pero una vez fuera de peligro, analizó esa información. Lo curioso es que el odio o deseo de venganza nunca llegaron a él como pensó que lo harían... Su padre estuvo ausente la mayoría de su infancia al igual que su abuelo —demasiados obsesionados con su trabajo, a su parecer lo disfrutaban más de lo que deberían. No tenía un real sentimiento de pérdida.

—No lo hace. —Narcisse se giró, permitiéndose así ver a Zachary—. Intenté que se uniera a Adrian y a mí durante su estadía en Montreal. No funcionó. Creo que no tuvo una buena experiencia, pero él estaba... diferente. No estuvo bien después de eso. —Se colocó una mano en la frente, apartando los mechones de cabello—. Y ahora Silvain quiere verlo..., no va a tratarlo bien, será muy bruto. Lo peor es que todo lo hará a propósito para molestarme, para tratar de espantar a Klaus. —Frunció el ceño—. Lo cual no me molestaría porque eso hará que Silvain no le de importancia luego. En cambio, si a él le gustase Klaus...

—¿Qué pasaría si le gustase? —Era la primera vez que el joven le hablaba sobre eso. Debía sentirse bastante perturbado para estar expresando toda esta inseguridad.

—Querría quedárselo para él mismo hasta volverlo basura —bufó Narcisse, incorporándose hasta quedar sentado en la cama—. Silvain ya lo ha hecho antes. La primera vez tomó uno de mis chicos y le gustó tanto que se lo quedó para sí. La última vez que lo vi, el chico no era ni la sombra de lo que era antes. —Frunció los labios, tomó su almohada, y la abrazó contra su pecho. Su voz bajó unos tonos, hasta casi ser un murmullo—. No creo que Klaus permita algo así, pero Silvain... no es de los que se rinden, y eso es una molestia. —Narcisse trató de reírse sin ánimos—. Ya sabemos de dónde salí, ¿no crees? —dijo contrito, apartando la mirada.

—Yu... —Con la garganta hecha un nudo, Zachary abrazó a Narcisse con fuerza—. Tú no eres como tu padre... —Le aseguró el rubio—. Y si vamos al caso, estoy bastante seguro de que tu padre no será capaz de tocarle un pelo a Klaus. Ese tipo es demasiado aterrador cuando se enoja.

—Es lindo ver que quieras defender lo indefendible, pero hay que estar claros de que no soy mejor que Silvain. —Narcisse acarició la mejilla de Zachary, dejando un beso en la comisura de su boca—. Además, no puedes saber cómo reaccionará Klaus. No le hemos visto enojado.

—Intentó matarme el otro día sólo porque mi padre es Tyrone Wilson. —Rodó los ojos—. Creo que puedo predecir cómo va a reaccionar.

—¿Matarte? —Eso atrajo la completa atención de Narcisse, el tema de Silvain y su deseo de conocer a Klaus relegado a un lado—. Pero, ¿qué tiene que ver tu padre con Klaus? ¿Cómo pudieron conocerse?

—Sabes que mi padre fue un militar desde antes que yo naciera. Parece que Klaus vino con los abuelos de Michelle a América y fue capturado y torturado por mi padre. —Se pasó la mano por el cabello ansioso—. Le tiene tanto rencor a mi papá que está dispuesto a cortarme la cabeza para acabar con su legado.

Narcisse estaba anonadado por esa revelación, aclaraba varias cosas sobre Klaus que sospechaba. Inesperadamente, ciertos recuerdos, como imágenes extrañas, se deslizaron por su mente en una sucesión que no comprendió del todo, como si fueran vivencias de alguien más... pero estaban en su cabeza. Era extraño. Recuerdos de una posada, de soldados entrando y llevándose a alguien, de un campamento y la sensación de una preocupación extrema que ahogaba su respiración y le atenazaba el alma, como si alguien que amaba demasiado corriera un gran peligro. ¿Qué eran esos recuerdos exactamente?

Se esforzó en concentrarse en la discusión.

—No te hizo nada, ¿verdad? —Tardíamente se dio cuenta de lo abandonado que tuvo a Zachary, se regañó por haberse enterado tan tarde de ese hecho, tan ensimismado en Klaus y el hecho de que no había ido a verlo—. ¿Cómo fue que te enteraste de eso?

—Michelle me contó, al parecer le preguntó a su papá —respondió sin mucho interés—. No te preocupes. Salí ileso. El señor Volsk logró someter al dragón antes de que me hiciera puré. —Con el ceño fruncido, le dio un puñetazo, sin gran fuerza, a su amigo en el brazo—. Por cierto, hubiera agradecido que me dijeras que era una verdadera lagartija con alas y cola. Tuve que descubrirlo de la peor manera.

Narcisse gruñó por el golpe, sobándose el lugar adolorido en tanto le daba una mirada de reproche al rubio.

—Yo te llegué a decir algo. Era un dragón. Si decidiste no creerme, era tu problema. Pudiste creer que Michelle era un supuesto gato, ¿no pudiste creer que Klaus tenía cosas de dragón? —bufó, dándole un empujón al tiempo que se dejaba caer en la cama—. Según Klaus, su dragón se llama Feyn, pero no entiendo la diferencia. Para mí sigue siendo el mismo...

—Debiste ser más específico —refunfuñó el rubio al levantarse de la cama para volver a tomar los libros que estaba estudiando antes de que llegara su compañero de cuarto.

—Excusas, excusas . —Narcisse usó la almohada que estaba abrazando de apoyo, colocándose de costado, esta vez para ver a Zach—. Me parece que el ataque de Klaus te afectó si estás estudiando. ¿Qué, viste tu vida pasar frente a ti y decidiste que ahora sí te enfocarías en tus estudios? —bromeó, haciendo un gesto a los libros que ocupaban su cama—. ¿Qué tanto estudias?

—No tiene nada que ver con los estudios. Michelle quiere enfrentarse a un demonio, uno de verdad. Tenemos un "conjuro" para enfrentarnos a él pero está escrito en un latín muy antiguo. Hay palabras que no sé lo que significan. —Señaló los libros a su alrededor. Todos hablaban sobre la estructura del latín, su fonética y el origen de las palabras más antiguas.

—Espera, espera, ¿qué? —Narcisse se levantó, sentándose en la cama del rubio, echando un vistazo a cada libro que tenía. Zachary no bromeaba, luego de comprobar los títulos—. Zachary, por lo general los novios solo quieren follar y hacerse arrumacos, no buscar conjuros y exorcizar demonios. —Enarcó una ceja—. ¿Debería empezar a buscarte otro novio más... normal?

—No quiero otro novio, ya te lo he dicho. Amo a Michelle... Haría lo que fuera por él. —Después de esa apasionada declaración, Zach le relató por qué estaba ayudando a Michelle en esta obviamente suicida misión—. Es por eso que no puedo dejarlo solo en esto.

Narcisse escuchó el relato con asombro. Estaban en un internado católico, y aunque él veía fantasmas, era muy difícil para Narcisse creer en demonios o ángeles. Nada debería sorprenderle desde Klaus y Michelle, en realidad, pero lo hacía y más que tanto Zach como Michelle quisieran meterse de cabeza en eso.

—Asegúrate de llevar agua bendita, un crucifijo y estar bautizado. —Bufó, claramente burlándose—. Ambos son idiotas. ¿Por qué no dejan que alguien más se encargue de eso? Si ese demonio es tan terrible como cuentas, ¿qué les asegura que no acabaran siendo arrastrados al infierno? —Entonces, hizo una expresión como si se acordase de algo—. Espera, ¿por esto me has estado pidiendo que distraiga a Klaus?

—Sí. Michelle está castigado y necesitábamos distraer a su papá para que no se diera cuenta que lo saqué de la casa.

Narcisse bufó. No iba a seguir molestando a Zachary con buscarse otra pareja que no hiciera cosas que con seguridad los mataría a ambos, jamás había visto al chico tan enamorado de alguien como para meterse en cosas así, pero sin lugar a dudas estaba preocupado por él.

—¿Estás seguro que hacer eso es buena idea? —Hizo un gesto vago a los libros—. Ir tras un demonio, y ustedes solos. Sería prudente si mejor llevaran a un experto con ustedes.

—A mí me parece un suicidio pero alguien tiene que cuidar de Michelle. —Acercó uno de los libros a Narcisse—. ¿Cómo conjugas "Exilium" (desterrar)?

—Mmh, exilli —respondió, tomando otro de los libros que Zachary tenía en su cama—. Cuidas de él, pero a la vez terminas buscando tu propia muerte. ¿Al menos has hablado con el padre Emile? Tal vez te de algún consejo... ¿Cuándo se supone que harán eso? El exorcismo, o lo que sea...

—Lo antes posible. —Sonrió ante la idea de ir con el Padre Emile—. Yu, si le digo al Padre Emile que quiero enfrentarme a un incubo, me pondrá a rezar cinco Ave María y diez Padre Nuestro. No me va a creer.

—No me mires como si fuera idiota. —Yu rodó los ojos, pasando las páginas sin mucho interés en leer su contenido hasta que se aburrió y lo volvió a dejar donde estaba—. Podrías tratar de sonsacarle alguna información bajo la excusa de que es para una investigación o por propia curiosidad.

—Veré qué puedo sacarle al viejo masca sopa. —Se acomodó mejor en la cabecera de la cama con su libro en el regazo—. Entonces... ¿Cuándo le dirás a Klaus para que conozco al suegro?

Narcisse se sintió espantado con esa pregunta. Había estado aliviado de dejar el tema de Silvain a un lado y enfocarse en la misión suicida de Zachary para variar. Hizo a un lado los libros para poder recostarse al pie de la cama, solo sus piernas sobresaliendo.

—La verdad es que aún no sé cuándo... Quiero intentar pedirle a Adrián que convence a Silvain de retractarse. Si no lo logra, pues..., no sé qué haré. Supongo que llevarlo, que más da. Por ahora, quizás debería hablar con Klaus sobre el asunto entre tu padre y tú. —Volteó la cabeza para ver a Zachary—. Michelle seguro me lo agradecerá también. Intentar salvarte el culo.

—No sé si eso sea una buena idea —murmuró el rubio con las cejas arqueadas de preocupación—. No creo que sea capaz de hacerte daño pero preferiría que no lo incitaras,

—Confío en Klaus, no lo haría. —Narcisse sonrió con seguridad—. A lo mucho empezaría a gruñir pero no lo veo capaz de hacerme algo, incluso tratándose de ti. No le hizo nada a Adrián. —Se encogió de hombros—. Algo puedo lograr, ya verás.

—Eso espero —dijo el rubio, volviendo a su lectura. Pensó en ir por el Padre Emile, como le sugirió Narcisse, antes de la cena. Con suerte el viejo hombre le diría algún dato útil.

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Michelle visitó un templo ubicado cerca del pueblo en busca de alguna información u arma que pudiera usar contra un demonio como District, pero lo que terminó recibiendo fueron papeles a los que los monjes llamaron sutras, baratijas como collares sagrados y amuletos, y consejos que dudaba no servirían de mucho para él. Para entonces, consideró más una pérdida de tiempo la visita que un evento positivo, aumentando más la ansiedad que tenía. Logró comunicarse con Narcisse, aunque mucho le sorprendió que supiera las razones. Comprendía que Zachary le hubiera contado, pero esperaba que no se chivara con su padre.

Calculando las horas, Narcisse se presentó durante esa noche a Japón, asegurándose de llegar en un momento donde no tuviera que toparse con Kenshi. A las once de la noche en Japón, Michelle se deslizó fuera de su habitación sabiendo que Narcisse distraía a su padre.

Pero no esperaba que alguien más no estuviera distraído a esa hora también y le hubiera cachado.

—¿Qué estás planeando exactamente, Michelle?

El joven se tensó, y giró con lentitud. Kenshi estaba parado bajo el techo de la casa, frente al estanque de los koi, con una manta sobre sus hombros y una taza de té en su mano. Lo miraba ceñudo.

—¿Qué...? ¿Qué haces tú...?

—No puedo dormir. Y por lo visto tú tampoco.

—Yo voy a... ver a Zach.

—¿Es así? —cuestionó, un poco receloso, tomando un sorbo de su bebida.

—No le... No le dirás nada a mi papá, ¿cierto?

Kenshi no respondió enseguida, ni dejó de observarlo fijamente, Michelle temía que pudiera notar que ocultaba algo.

—Klaus cree que todo este episodio de rebeldía es culpa de ese Wilson. Pero si ese chico es culpable de esto, yo soy un santo. —Bajó un poco más la taza de té—. Desde bebé has sido la copia de Shin.

—¿Abuelo...?

—Te escuché hablar con Narcisse por ese ruidoso aparato. —Entrecerró sus ojos, molesto—. Trajiste a ese gusano aquí otra vez.

Michelle tragó duro, nervioso de golpe.

—Yo... Solo es por un momento.

—Tu padre me matará si se entera de que te dejé ir a una inminente muerte tú solo.

—No estaré solo. Zachary me acompañará.

—Claro. Para que grite como una niña con la cola entre las piernas como hizo ante Klaus. Menudo y valiente héroe que llevas. —Rodó sus ojos, sarcástico, acomodándose la manta sobre sus hombros.

Kenshi no estaba seguro de qué hacer.

Dejarlo ir no sería una opción. Era hijo de su padre. Michelle tarde o temprano habría de ir allí. Pero encerrarlo no era una opción tampoco. Así había sido con Shin. Al hombre lo habían encerrado, y al minuto siguiente de libertad ya estaba muerto. La diferencia entre ambos... era que Shin había estado solo ante la muerte.

—Ve con Jim y que los acompañe.

—¿Llevar a tío Jim?

Kenshi asintió. Él se hubiera ofrecido en tal lugar si no fuera porque Suoh se negaba rotundamente a exponer a la cría que esperaban al peligro, ni mucho menos pedirle al tesoro acompañarlo.

—Sabrá que hacer en momentos de tensión. Siempre ha sido él quien ha protegido a Shin de sus estupideces, o el que le ha resguardado las espaldas en ellas. No te atrevas a ir sin él. Le informaré que vas al bar.

—Yo... —Michelle miró el bosque a sus espaldas. Zachary le estaba esperando en Canadá—. De acuerdo. Iré.

—Y Michelle... —Cuando el joven volteó a verlo de nuevo, Kenshi aún seguía allí observándolo—, no me hagas arrepentirme de esto. Te quiero aquí para el desayuno.

El castaño asintió una vez, tratando de deshacerse del nudo en su garganta.

Tomó un camino corto para llegar al bar de Jim, sin embargo durante todo el rato no podía quitarse las palabras de Kenshi de su cabeza, o todo lo que sabía sobre la muerte de su padre. Durante gran parte de su vida había creído que Shin murió en la guerra, pronto descubrió que lo hizo tratando de salvar a Angie. Se preguntaba cómo había sido. ¿Peleó contra el demonio? ¿Sufrió? ¿Siquiera logró hacerle un rasguño a District? ¿Qué había pasado con su madre? ¿Su padre había sido valiente? Puede que Michelle lo pareciera, pero tenía miedo. No sabía que iba a pasar en los próximos minutos, las próximas horas.

Cuando llegó al bar de Jim, el hombre no demoró nada en salir, completamente preparado, con una estoica expresión en su rostro.

—No he encontrado mucho que nos pueda servir, y por lamentable que sea, no encontré agua bendita.

—Tal vez le podamos pedir a Zachary. Su internado es católico. Puede que... tengan allí.

Jim asintió, cerró la puerta del bar y empezó a seguir a Michelle luego de que él emprendiera marcha al bosque. Pasaron tensos minutos en silencio, sin que Jim dijera nada, un ambiente poco común cuando se trataba de él.

—Tío Jim..., ¿crees que mi padre hubiera aprobado esto?

Jim tardó un minuto más en responder. Suspiró.

—Puede que sí, a veces era un poco impulsivo. Y tenía un complejo de héroe. Esto nunca te lo he dicho, pero no creo que Shin quiso salvar a Angie porque la amaba, apenas se habían visto un par de veces. Sus interacciones fueron muy pocas. —Se agachó para pasar por debajo de una rama alta—. Quiso salvarla porque él era incapaz de ver a alguien esclavizado como ella lo estaba y no hacer nada al respecto. ¿Lo haces por eso también?

—Es mi madre. —Michelle no se detuvo en su camino—. Tuvimos un mal comienzo, pero cuando necesité el apoyo de alguien, ella estuvo ahí. Estoy seguro de que ni siquiera pretendía hacerlo, pero lo hizo. Y... me dio esta vida. Estoy teniendo todo lo que ella no pudo... —Sus pasos fueron más lentos, su vista se volvió borrosa, notó entonces que era a causa de la lágrimas que retenía—. Quiero que ella lo tenga también. Quiero que ella sea libre como yo, no me... importa si después no quiere saber de mí como lo ha hecho estos años —Se giró par enfrentarlo—. ¿Está mal quererlo, acaso?

Jim permaneció callado. Con calma, extrajo un pañuelo de su bolsillo y con ello limpió las lágrimas de Michelle que amenazaban con deslizarse por sus mejillas.

—No está mal querer hacer algo bueno por los demás, pero tampoco si eso significa ponerte en peligro. A veces, hay que ser... un poco egoístas.

—Entonces no puedo. No quiero serlo.

Guardando el pañuelo de nuevo, Jim asintió.

—Sí. Es lo mismo que dijo tu padre.

Pronto llegaron a Canadá. Contrario a Japón que era de noche, allí en Canadá debían ser apenas las nueve o diez de la mañana. A veces a Michelle le sorprendía la gran diferencia horaria entre ambos lugares. En México también debía ser esa hora del día.

—¿Dónde está Zachary? —Oyó que Jim preguntaba.

—No estoy seguro. —Michelle echó un vistazo alrededor, no solo para buscar al rubio sino para asegurarse de que nadie les vio salir del árbol—. Íbamos a encontrarnos aquí...

El rubio americano llegó varios minutos después, sin vestir su uniforme y con una mochila en el hombro. Tuvo que descansar un momento en cuanto llegó al lado de los extranjeros después de venir corriendo desde el internado.

—Lo siento... El portero no me quería dejar salir.

—Tranquilo. —Jim le restó importancia con un gesto—. Tenemos poco rato de llegar.

Michelle abrazó al rubio, dio un corto beso a sus labios, bajando un poco la voz.

—Tío Keso me vio venir acá. Me dejó venir solo si traía a tío Jim con nosotros —informó. Notó entonces el bolso a su espalda—. ¿Qué tienes ahí? —Señaló la mochila.

—Le dije a Michelle que lo mejor sería llevar un poco de agua bendita, pero no es algo que tuviéramos a la mano —habló Jim, un poco preocupado.

—Por suerte para ustedes, estuve hablando con el Padre Emile. —Abriendo la mochila, Zachary buscó en el interior hasta sacar unos rosarios—. Pude conseguir unas cuantas cosas. No sé si los rosarios sirvan pero tengo frascos con agua bendita, un crucifijo de oro y una estaca de madera. —Para lo ultimo, hizo una mueca—. Está bien, quizás la estaca no sirva de nada pero la traje de todos modos.

—¿Estaca de madera? —Michelle enarcó una ceja, incrédulo—. ¿No dicen que eso sirve para un vampiro?

—Deberían colocarse los rosarios. ¿Están bendecidos? —Jim observó dentro de la mochila, y extrajo el crucifijo—. Realmente es de oro. ¿Te dejaron llevarte esto?

—Hmmm. Algo así. El Padre Emilie me lo prestó para una tarea. Tengo un par de días para devolverlo. —Zachary se puso el rosario de plata que le regaló su madre el año pasado

Jim le colocó uno de los rosarios a Michelle, murmurando una oración en un idioma desconocido para el joven, y aún mientras lo recitaba, tomó una de las botellas, usando un poco del agua para untárselo en la coronilla, la frente y el pecho. Realizó lo mismo en Zachary, antes de cubrir la botella.

—Espero que seas bautizado, Zachary. —Jim le dio una sonrisa un poco torcida a Michelle—. Si bien Kenshi por ser japonés respeta la religión del sintoísmo, Klaus, ni mucho menos Vladimir, son personas religiosas, así que los niños no han recibido alguna clase de protección sagrada. Espero que esto sea suficiente.

—¿Qué hay de ti, tío?

—Damballa cuidará de mí. —Asintió solemne.

—Eh, sí. Soy bautizado. Mamá insistió en eso. —Volvió a guardar todo en la mochila y miró a Michelle—. ¿Cómo vamos a hacer esto? ¿Vamos a llegar, le gritaremos grosería hasta que salga y nos ataque?

—No. A esta hora de la mañana no hay mucha clientela. O así dijo el abuelo Levoch la última vez. Son más activos por la noche. —Comenzó a explicar Michelle—. No quiero involucrar a tanta gente, sería peligroso. Así que..., iremos, y trataremos de llegar a su oficina. Está en los pisos superiores. —Michelle se enfocó en Jim esta vez—. Los magos dijeron que tenía que ser en el lugar donde era más fuerte, y ese es el bar, en su oficina.

—¿Qué pasa si Angie está ahí? —cuestionó Jim, su expresión seria ahora—. Ella no te dejará hacer esto.

—¿Podrías... distraerla? Mantenerla ocupada. O podría hablar con Levoch, seguro si vamos con él primero, nos ayudará.

—Tú nos quieres matar —murmuró Zachary, cubriéndose la boca—. Bien... qué más da. Vámonos, con suerte moriremos antes de mediodía.

Michelle cruzó los brazos sobre su pecho, su entrecejo fruncido en molestia.

—Si no te gusta, puedes quedarte.

—Calmados los dos. Pensemos esto en el camino. —Jim se puso en pie, e instó a Michelle a guiar el camino hacia el dichoso bar.

El joven se adelantó al frente hasta encontrar el árbol que los llevaría a México, y mientras Jim vigilaba, pidió abrirse a las raíces. No les tomó mucho llegar a Monterrey, solo que Michelle tuvo que tomarse unos momentos para ubicarse. La última vez que estuvo ahí, la situación no fue para nada agradable.

—Vamos. Por acá...

—Qué lugar tan pintoresco —comentó Jim.

—Al menos una parte de aquí lo es —respondió Michelle, la voz un tanto temblorosa a pesar de que trató de ocultarlo.

Zachary tomó la mano de Michelle, dándole un suave apretó para tranquilizarlo.

—Estuve investigando la pronunciación del "conjuro". No creo que haya problemas con mi acento. Incluso puedo recitarlo sin necesidad de leerlo.

—Yo también estuve practicando, aunque no me creo capaz de hacerlo sin el papel... —Avanzaron un par de pasos, antes de que Michelle añadiera—. Si en verdad no quieres estar aquí, no hay problema si te devuelves. No quiero que te sientas presionado.

—Tengo miedo pero eso no quiere decir que te voy a dejar solo cuando más me necesitas. —Zachary negó con la cabeza. Llevó la mano del menor a sus labios dejando un beso—. Que te parece si, cuando todo esto termine, vamos todos a comer helado. Nosotros dos, el señor Levoch y tu mamá ¿No te gustaría? Toda la familia reunida, celebrando la caída del demonio.

—Eso sería fantástico... —Michelle sonrió, un poco más calmado, su brazo rodeando la cintura de Zachary para estar más cerca de él.

Michelle los guió por el callejón hasta alcanzar los límites del bar, Jim se mantenía cerca y alerta, observando la entrada con ojo crítico.

—Debe haber una entrada trasera —masculló el hombre a los jóvenes—. Vengan, rodeemos el lugar. Es más seguro entrar por atrás.

Nada en esa zona era bonito: las calles estaban sucias y descuidadas; el bar, aunque era el establecimiento más conservado, se veía igual de viejo y ruinoso que el resto, el interior sin embargo contrastaba enormemente con el exterior. Una suave luz amarillenta iluminaba los pasillos, paredes con tapizado oscuro, algunos espejos y pinturas que incitaban al pecado adornaban las paredes. Aún de día el ambiente se sentía cargado.

Apenas lograron dar unos pocos pasos adentro cuando se toparon con alguien.

—Em... Disculpe.

Michelle pronto se colocó a un lado de Jim.

—¡Abuelo! —Se llevó un dedo a los labios pidiendo silencio—. Él es Levoch —informó a los otros, e hizo señas al francés para que se acercara—. Necesitamos tu ayuda. Ma—¿dónde está Angie?

—Es un placer conocerlo, señor. —Sonrió Zachary, esperando impresionar al hombre. Al verlo, el rubio pensó que el hombre encajaba de una manera elegante en ese ambiente. Desde el chaleco color vino hasta su barba perfectamente recortada en forma de candado.

—Oh, mon amour, es un placer conocerte pero no pudo ser en peor momento. —Se lamentó el francés—. Ma chère Angie llegó anoche. Deben irse, ahora.

Michelle sintió un frío recorrerle de cabeza a pies. No deseaba hacer eso ahí con Angie, sabía que District la usaría en su contra como la última vez pero...

—Bien..., nosotros nos–

—Lo haremos —interrumpió Michelle a Jim—. ¿Puedes distraerla? Haz todo lo que se te ocurra. —Miró a Jim—. Tu podrías encargarte de mantener a todos alejados, y yo y Zachary nos aseguramos de terminar el rito.

—Michelle... —Jim torció el gesto, viendose inseguro—. Sé que esto es lo que más deseas, pero no podemos arriesgar a nadie. Y Klaus... ¡me arrancará la cabeza! Tanto a Kenshi como a mí.

—¡Lo sé! ¿Y crees que a mí no cuando lo sepa? —exclamó desesperado. Estaban tan cerca de lograrlo. No podía permitir que todo se arruinara—. Estamos a punto...

—De cometer la mayor estupidez de sus vidas —completó una voz suave. Levoch se hizo a un lado revelando la pequeña figura de Angie, con los brazos cruzados bajo sus senos y su rostro tenso, con los ojos entrecerrados—. ¡Te dije que no volvieras a acercarte al bar, te prohibí que te enfrentaras al demonio y aquí estás, arriesgando no sólo el pellejo sino el alma de todos! —Su regaño fue en aumento. Si Michelle todavía tuviera sus orejas, seguro estarían planas contra su cráneo.

—Ma... Angie... —Michelle no tenía idea de qué decir exactamente. En las únicas veces que había estado con ella, nunca la había visto tan furiosa como entonces—. Yo... necesito hacer esto. No puedes pedirme que me haga la vista gorda por el resto de mi vida, mientras sigues aquí con él. Por fin encontré una solución...

—Me importa un comino si encontraste la cura para el cáncer. No estás midiendo las consecuencias. ¡Eres igual al idiota de tu padre! —dijo refiriéndose a Shin—. Cuando se te mete una idea entre ceja y ceja, no hay quien te la saque.

Michelle respiró hondo. Lo que menos quería era comenzar a discutir con Angie, en especial allí, ¡no tenían tiempo!

—Entonces entenderás que digas lo que digas, voy a seguir. Ya estoy aquí, y quiero acabar con esto.

—El que no entiendes eres tú. Se me largan todos de una vez. —Agarró la corbata que era parte del uniforme de barman de Levoch—. Vamos, antes de que "él" se entere.

—No. Yo me quedo. —Michelle la hizo a un lado, ceñudo, llevándose a Zachary con él.

Jim, que no se quiso quedar bajo el umbral de la puerta, les siguió. Justo cuando iba a decir algo hacia Michelle, sintió movimiento atrás suyo. Tembló al ver la puerta cerrarse de un golpe sin que nadie la moviera. Michelle dio un salto en su lugar por el golpe, alzando la vista al techo, recorriendo sus alrededores después. Aferró con fuerza la mano de Zachary mientras veía a Jim intentar abrir la puerta sin éxito.

—Bien. Al cabo que empezaba a hacer calor afuera.


CONTINUARÁ...

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