Permitidme que os lo demuestre.
En el pequeño salón de piedra oscura hay una enorme chimenea, una que ocupa gran parte de la estancia, una que ilumina toda esquina, toda mota de polvo, toda antigua telaraña. Si aquella estancia fuera un reino, la chimenea sería su gobernador, pues el calor y la luz emanaba de él, era imponente y poderoso, se conseguía toda la atención y el aprecio de otros, mientras que las telarañas eran insignificantes, las motas de polvo miles pero diminutas, y los largos taburetes de madera que llevaban siglos allí eran tan despreciados y maltratados que tampoco representaban competencia alguna para la gran y poderosa chimenea. Tal vez se podría tomar en cuenta aquel viejo trono. Aquel trono tan poco prestigioso en relación con los otros del castillo, podría ser la representación de la nobleza o el clero de aquel reino de objetos y suciedad, pues era casi tan importante, y tenía casi el mismo aprecio. Puede que aquel trono representase el poder de alguno de los presentes en la estancia, pero si la chimenea pierde su fulgor, nadie duraría en arrojarlo a las llamas para reavivarlas.
En el pequeño salón de piedra oscura hay una firme mujer que se sienta en el trono de rey, ella es elegante, brillante y poderosa, pero todos los hombres presentes saben que no es suyo. Saben que es mujer viuda, con muchos más niños a su cargo, con mucha más gente bajo su protección que armas y escudos en su artillería. Reina de grandes responsabilidades y poca armada. Mujer de gran corazón y escudo diminuto.
Elinor de DunBroch, viuda del rey cazador de osos, viuda de Fergus de DunBroch, única representante mayor de varios reinos. La guerra con los cazadores de vikingos, aquellos que, ironías del destino, habían avasallado al mundo entero en tan solo tres años con un ejercito de dragones esclavizados y maltratados, demasiado furiosos como para comprender la diferencia entre aquellos que los aprisionaban con hierro y su propio veneno de aquellos que nunca habían significado amenaza para ellos. Las filas aladas y demoniacas de Drago Manodura y Grimmel el Grimoso había hecho caer en tan solo medio año al reino de Corona, que jamás había destacado por su ejército y que se había enfocado únicamente en la evacuación de su gente. La reina se quedó con su rey, luego de que forzaran a sus guerreros a huir con los últimos atisbos de conocimiento que se habían quedado en Corona, sencillamente dejaron que los dragones destrozaran todo. Vieron la carpintería, la zapatería, la panadería reducidas a cenizas, vieron toda pieza de arte destrozada, vieron la rabia en los ojos de los bárbaros por no haber sangre derramada.
Supieron que nadie respetaría sus cadáveres, supieron que las coronas en sus cabezas solo les conseguirían una muerte cruel, una tortura inhumana y deshonrosa. Supieron que nadie aportaría ayuda a su gente si ellos también huían, sabían que no morir con honra sería una excusa para dejarlos a merced de aquellos monstruos y no prestar atención a sus avisos. Por lo que decidieron irse bajo sus condiciones. Uno corto la yugular del otro, se desplomaron juntos a los pies de sus tronos en el bello y brillante salón, así los encontraron los bárbaros, casi abrazados, manchados de su propia sangre y la sangre de su amor, con las coronas sobre sus pechos y la mente en paz. Murieron dejando a su hija en tutela de su mayor aliado, murieron dejando a Rapunzel a cargo de Elinor y Fergus, con un aviso de la guerra que sobre ellos se cerniría.
Los siguientes en caer fueron los reyes de Arendelle. Ellos no tuvieron tiempo de huir a otras patrias, no hubo tiempo de tan siquiera mentalizarse para la guerra, no hubo tiempo de evacuar a sus no guerreros. Se usó la oscuridad y el misterio del bosque a Arendelle rodea, pero no sirvió de mucho. Los dragones de tierra devoraron a los trolls como muestra de que ninguna magia jamás vencería a los bárbaros, la gente entró en pánico cuando ese fue su primer encuentro con el poder del más gélido y cruel norte. Arendelle quedó eternamente manchada de sangre. Todo lo que queda de Arendelle son sus hijos, y eso se convirtió en eterna leyenda.
La princesa Elsa, que a penas había dejado de ser una niña cuando los bárbaros llegaron a su patria, al ver que su ejército no tendría oportunidad alguna, lloró por cada guerrero, por cada abuelo, abuela, madre y padre, lloró por cada adulto y luego, sin explicación alguna, tomó a su hermana en sus brazos, la ató a su cuerpo como las antiguas mujeres arendelianas hacían y buscó a todo niño. Todo menor de dieciséis años, todo pequeño que no tuviera espada en mano ni escudo en el brazo, los reunió a todos y a todas, y, a modo de mensaje, se encarceló con todos en una cúpula de su más duro hielo con suficientes provisiones en medio de la plaza principal del reino. Y, tal y como ya se había imaginado cuando un cubo de hielo que arrojó al hielo jamás se derritió, ni todos los dragones de aquel brutal ejército pudieron hacerle nada a su cúpula.
Dejó solo una parte transparente, todo lo demás estuvo cubierto de hielo para que ningún niño tuviera que ver la horrible masacre del exterior, una parte transparente para que ella viera que pasaba afuera. Vio veneno, fuego y hielo de dragones impactando contra el hielo. Jamás hubo ni una sola rozadura. Se intentó miles de millones de veces, y miles de millones de veces el hielo aguantó. Elsa vio sin descanso, durante un año entero observó. Tenían alimento justo, abrían y cerraban un pequeño espacio para sus necesidades, el agua la sacaban de los cubos de hielo que Elsa les daba para derretir en sus bocas.
Elsa pensó que los vikingos se irían a los días, al ver que nada de lo que hicieran descongelaría su hielo. Pero si había algo más testarudo que un vikingo, era un vikingo ofendido.
Deshonraron a sus padres frente a sus ojos, a penas vio unos segundos, porque pronto cubrió su ventana con la misma nieve, pero aquella imagen jamás salió de su mente. Lloró por un segundo y luego, recordando donde los habían colocado, logró congelar por completo sus cuerpos hasta que estallaran en miles de copos de nieve. Sabe que castró a dos bárbaros en aquel momento, pero lo terrible de esa situación fue haber tenido que destrozar los cuerpos de sus padres y jamás ser capaz de enterrarlos correctamente.
Trajeron picas y picas con las cabezas de los ciudadanos de Arendelle, sollozando, también las convirtió en copos de nieve.
Nunca dijo nada, solo observó, como acampaban, como le gritaban, como dejaban en claro que se quedarían hasta que no hubiera más opción que salir de su prisión de hielo.
Algunos creen que se debía al hecho de ser mágica, la cuestión es que la reina de Arendelle se mantuvo despierta y sin comer por un mes entero, observando a los bárbaros, memorizando sus horarios. Juró y juró que algún día se irían, pero partieron solo los líderes y los altos mandos, dejaron a lo más bajo y lo más cruel allí.
Lo vikingos no se fueron, sino que fueron asesinados.
Al año llegó una pequeña parte del ejército de DunBroch que, por mercaderes que habían escapado a tiempo, había tenido noticias de lo que la princesa había hecho. No costó encontrarla, no costó asesinar a los guardas. Los hijos de Arendelle habían sobrevivido de milagro, pues a penas quedaba comida, y las enfermedades empezaban a formarse.
La reina de Arendelle fue coronada como tal por insistencia de Elsa. Y con la sangre de los bárbaros caídos se dejó un mensaje para sus líderes, en el alfabeto de los vencidos y de los vencedores.
Cuando menos lo esperéis, cuando el momento llegué
La reina de las nieves hará con vosotros lo que vosotros le hicisteis a ella.
Bajo la ala protectora de la reina Elinor, la reina de Arendelle y su hermana menor se quedaron, los niños fueron ubicados en diferentes hogares y orfanatos. Pronto la reina de DunBroch cuidaba de tres niñas ajenas, de su primogénita y de sus trillizos mientras su esposo peleaba por la venganza de sus aliados, en nombre sus gentes y del legado que dejarían. Los Hijos de Arendelle fueron advertidos de que jamás olvidaran su patria, porque algún día volverían, las gentes de Corona entrenó mucho más que cualquier otro célticos para algún día vengar a sus reyes.
Tanto se luchó, tanto se combatió, pero nada se logró.
Porque en el siguiente año, el ejército se diezmó y el rey cazador de osos, el vengador de cristianos, cayó en batalla, completamente carbonizado. No hubo nada que enterar.
Fue tan solo en aquel momento, cuando el líder del contraataque cayó, que los primeros bárbaros contrarios al ejército de Drago Manodura aparecieron.
Y allí estaban en ese momento, sentados en aquellos taburetes largos de madera, mirando fijamente a la reina viuda de DunBroch, mirando a veces de reojo a la reina de Corona, que se dejaba cepillar su larguísima melena dorada por la princesa heredera de DunBroch, también a las hermanas de Arendelle, que reposaban amenamente a las piernas de la reina céltica. Estoico el Vasto estaba de pie, frente a frente a la cansada reina, con su hijo sentado en el banco que se encuentra a su derecha.
–Drago Manodura nos reconoce como una amenaza para su ejército, sabe que podemos combatir a sus dragones, sabe que podemos tumbarlos, por eso ha ido hasta ustedes –explica con calma Estoico–. Este lunático ha llegado muy lejos, hasta ahora teníamos nuestros propios problemas y ningún motivo para ayudaros, pero con la paz establecida con los dragones, viendo detenidamente lo que Drago se ha atrevido a hacer... lo correcto es ayudaros.
Anna mira confundida a Elinor, la princesa de aquellas tierras enviudadas frunce el ceño hacia los vikingos mientras Rapunzel oculta su rostro de ellos y la reina de Arendelle inclina levemente la cabeza. La reina viuda se sigue mostrando regia y firme.
–¿Queréis en verdad que crea que venís por puro buenismo barato, jefe Estoico? –pregunta con una ceja alzada y el mentón elevado–, ¿qué queréis a cambio de vuestra ayuda.
La mirada del hombre se centra en la reina de Arendelle.
–Todo el mundo sabe que esa niña puede multiplicar infinitamente ejércitos, ejércitos indestructibles. Si brindaremos nuestra ayuda, si os damos nuestro conocimiento, nuestras armas para derrocar ese maldito ejército, esa niña tendrá que hacer los ejércitos.
Elsa se oculta de la vista de los vikingos, escondiéndose en las faldas de la reina quien acaricia su melena blanca con el ceño fruncido.
–¿Y vos queréis que os entregue a esta niña? –insistió en preguntar lo evidente, mascullando las palabras, deseosa de escupir en dirección de aquel enorme hombre.
Estoico niega antes de tomar un brazo de su hijo para tirarlo hacia adelante con algo de brusquedad. –A mí no, a mi hijo. Yo perdí a mi mujer hace mucho y no pienso reemplazar, mucho menos con una cría. Pero mi hijo es el maestro de dragones, quien nos ha traído la paz a todo el archipiélago –Estoico reta a la reina con la mirada, ninguno de los dos da su brazo a torcer–, ¿qué mejor método para acabar con la guerra que con el hielo y el fuego?
–He visto como hombres con vuestras mismas prendas, formas y creencias mancillaban de las formas más horribles los cuerpos de mis padres –escupe Elsa aún en el suelo, aferrándose a Elinor– ¿qué os hace pensar que aceptaré a ninguno de vosotros como mi marido? ¿Qué os hace creer que algún bárbaro podrá ser jamás rey de Arendelle? –escupe indignada, jamás soltando las seguras faldas de la reina Elinor–. ¡No sois más que un oportunista! ¡No os necesitamos! ¡Largo de aquí!
Estoico muestra una mueca incrédula y enfurecida al mismo tiempo. Aquella gente no tenía ninguna otra forma de sobrevivir a los brutales dragones envenenados de Drago si no se aliaban con ello, un matrimonio entre la reina de las nieves y el maestro de dragones convertiría a sus pueblos en absolutos dirigentes indiscutibles capaces de mantener la paz y aniquilar con futuras amenazas con la mayor sencillez del mundo. La mejor opción era aquella unión, pero ellas se negaban solo por compartir ciertas partes de su cultura con el enemigo.
Con el ceño fruncido, Estoico dio por acabada aquella reunión, pero su hijo no.
–¡Esperad, por favor! –exclama de momento a otro Hiccup, intentando avanzar hacia la reina de Arendelle, los guardias presenten dan dos pasos amenazantes hacia él con las espadas desenvainadas, Hiccup entiende el mensaje de inmediato y se detiene–. Perdón... por favor, escuche lo que tengo que decir... mi padre a veces es demasiado extremista y testarudo...
–¡Hiccup!
–¡Pero si me escucha! –el muchacho ignora deliberadamente a su padre que, sabiendo que su hijo no se equivocaba, decide suspirar pesadamente y dejarle continuar–. Si me escuchara... podríamos llegar a una buena alianza... no hay necesidad de compromiso alguno, comprendo que cuando todo esto acabe no quiera volver a saber nada de nosotros los vikingos –siente las miradas de aquellas monarcas juzgándolo de las peores maneras, aquellos ojos azules gélidos se clavan en él como témpanos de hielo, necesita tomar algo de aire antes de continuar–. Pero esta guerra solo podrá ganarla con el apoyo de los dragones... y solo conseguirá ese apoyo con nuestra ayuda –algo incómodo, se señala a sí mismo con la mano derecha–, solo podrás conseguir dragones con mi ayuda.
La furia de la reina de Arendelle se materializa, creando hielo en las esquinas.
–¡Descarado! –brama en su dirección, levantándose bruscamente–. ¡Son esos monstruos los culpables de todo esto! ¿Cómo osáis a proponerme utilizar esas bestias para ganar esta guerra?
–¡Tenéis que igualaros al enemigo! No porque un país ataque con espadas, vos dejaréis de usarlas, ¿verdad que no? –al ver que su pregunta la enmudeció por completo, aunque ahora se veía mucho más furiosa que antes, continuó–. Los dragones no son malvados ni sádicos por naturaleza, son criaturas brillantes que pueden convertirse en tus mejores aliados... en tus mejores amigos –intenta sonreírle a la reina, pero su expresión furiosa e incómoda lo detiene de inmediato–. Drago Manodura está utilizando el veneno de una especie de dragones para controlarlos a todos, si ellos pudieran decidir no os atacarían... Habéis preguntando por qué queremos ayudaros... es por ellos, los dragones están muriendo y batallando en contra de su voluntad, si tuviéramos vuestra ayuda, si tuviéramos tu magia de nuestra parte podríamos acabar con todo esto sin dañar a más inocentes.
La ve temblando de la rabia, o tal vez sea del miedo, la ve desconfiando, la ve preguntándose seriamente si todo lo que aquel vikingo proponía era una locura o no.
Sin preocuparle los guardias, Hiccup vuelve a intentar avanzar lentamente hacia ella. Los hombres intentan impedírselo pero, cuando se da cuenta que el hielo ha dejado de formarse en las esquinas, la reina los detiene con un simple gesto de mano.
–No quiero forzaros a nada, en lo absoluto –habla calmadamente, extendiendo una mano hacia la reina de las nieves, quien se aleja dos pasos de la figura del joven vikingo, aferrándose espantada al suave pero firme agarre de Elinor–, solo dejadme mostraros todo lo que podríamos lograr si confiamos el uno en el otro. Permitidme que os lo demuestre.
Elsa mira temblorosa aquella callosa mano extendida en su dirección, siente que tomarla sería escupir en la tumba vacía de sus padres, siente que tomarla sería traicionar a toda la gente que se había sacrificado en su nombre... pero sabe que es la única opción que realmente podría llegar a funcionar. Mira entonces a la reina de DunBroch, que con solo una mirada le deja en claro que apoyara cualquier decisión que tome. Observa a su hermana menor, que en susurros mudos le deja en claro que confía plenamente en la decisión que llegue a tomar.
Aun temblorosa, aun insegura... Elsa toma la mano de Hiccup.
–No pienso casarme con vos.
Él asiente. –De acuerdo.
–En cuanto me sienta en peligro atacaré sin pensar.
–Lo tendré en cuenta.
Un silencio abrumador arropa la estancia.
–Más os vale ser un digno aliado, más os vale que lo que me mostréis realmente valga la pena.
Hiccup coloca su mano derecha sobre su pecho. –Lo juro por mi honor y mi apellido, su alteza.
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¿Sabéis lo raro que es empezar a ver Juego de Tronos a partir del capítulo 4 de la temporada 6? Porque yo sí, y es muy confuso tomando en cuenta que lo poco que sabía de la saga es que había un tío pirado llamado Joffrey, había sexo e incesto por doquier, y que Matt Smith era parte del elenco de la precuela de esta serie... Ah, y por ahí había un tal John Snow que tenía el mismo actor que Eret. Mi madre que se estaba volviendo a ver la serie y me insistió a acompañarla incluso si ya estaba a punto de terminarla.
Solo sé que me terminé obsesionado con su oscuridad, con sus batallas y todo lo referente a la trama política y que quería hacer algo de eso con Hiccup y Elsa.
Por si no se nota, que yo creo que sí pero de todas formas lo comento, este Au está fuertemente basado en "El señor de la guerra" de dark buterfly que creo que es un fanfic clásico aquí en y que todos en el fandom lo conocemos al igual que "Almas cruzadas" de Xandy97. La diferencia sería que me niego rotundamente a hacer un Villain!Hiccup si no va de la mano con una Villain!Elsa.
¿Alguna vez comenté que Huyendo del Destino surgió más que nada porque me estresaba el slowburn de estos dos fanfics y siempre pensé que sería mucho más fácil acabar con Berk que con DunBroch, Arendelle o Corona? Porque así fue básicamente, no me llevo bien con el slowburn y decidí hacerlo a mi manera... creo que eso es algo que, una vez conoces esas dos historias, puedes notar fácilmente, no creo que haya sido muy discreta en el tema de dónde había venido la inspiración.
