Disclaimer: Los personajes y la historia no me pertenecen. La historia es de TouchofPixieDust y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.
Capítulo 20: La búsqueda del pergamino
16 de noviembre
—¡Lo conseguí! —gritó Kikyo mientras sostenía en alto su examen de Matemáticas calificado triunfalmente—. ¡Aprobé!
Kikyo abrazó el papel contra su pecho e hizo una pirueta en medio del pasillo. Ya no se preguntaba si era algo que haría o no Kagome. Si sentía la más ligera inclinación a expresar sus sentimientos, especialmente los de felicidad y alegría, lo haría. Esa era la mejor forma de responder como Kagome. Y ahora, según estaba empezando a notar, lo sentía natural.
Hojo le cogió el papel y sonrió.
—Mejor aún, ¡sacaste un sobresaliente! ¡Sabía que podías hacerlo, Ki!
«Ki» era el nombre por el que ahora la llamaba Hojo. No fue intencionado en un principio. Empezaba a llamarla Kikyo y luego se detenía. Nadie pensaba que fuera extraño, excepto por el hecho de que tenía un apodo para ella en vez de llamarla por su apellido. Ahora, Kikyo se había quedado con el nombre acortado y le gustaba. Era su nombre, de alguna manera, y no el de Kagome.
Tras celebrarlo en la heladería, como si ella necesitase REALMENTE una razón para tomar un helado, Kikyo y Hojo se encaminaron de vuelta al templo. Como siempre, el tema Kagome salió a flote.
—¿Encontraron los pergaminos? —preguntó Hojo.
—Sí, aunque aún no han tenido oportunidad de ir a por ellos. La batalla los dejó bastante heridos. El monje, Miroku, consiguió estafar a un posadero para que los dejara quedarse gratis afirmando que limpiaría la posada de demonios.
Hojo puso los ojos en blanco. Esta no era la primera vez que el monje había usado esa excusa para encontrar una habitación gratis.
—Siempre pican con esa frase…
Kikyo se rio disimuladamente.
—Es verdad.
—¿Kagome estaba herida?
Kikyo suspiró pesadamente e intentó no sonar impaciente.
—Tenía la pierna herida, pero no era nada serio. Inuyasha, sin embargo, no le deja ir a ninguna parte sola. Creo que se curará pronto.
—¿Y los demás?
—La exterminadora de demonios, Sango, salió con unos cuantos rasguños y una ligera contusión. Miroku inhaló algo de veneno, pero parece estar recuperándose bien. Inuyasha y la gata de fuego, Kirara, recibieron las peores heridas, pero como son demonios, se curaron rápidamente. El joven Shippo no tuvo ni un rasguño. Sospecho que estaba a salvo con Kagome, a quien Inuyasha siempre protege en exceso.
Kikyo se giró para mirar a Hojo, que miraba fijamente al templo.
—Dijiste que tenía la perla de Shikon.
—Sí…
—Y tu familia… quiero decir, su familia, vende réplicas de perlas de Shikon. Me pregunto si las dos estáis emparentadas de algún modo.
—Es posible.
Hojo se volvió hacia Kikyo.
—¿Crees que el abuelo de Kagome podría tener libros o pergaminos sobre la perla de Shikon?
—Tal vez.
—¡Podríamos ayudar a Kagome investigando la perla y un camino a casa por nuestra cuenta!
Kikyo estaba menos que emocionada ante la posibilidad de irse a casa. Incluso pensar en marcharse le causaba gran tristeza. Pero el entusiasmo de Hojo era contagioso y se encontró llamando a su abuelo cuando llegaron al templo.
Dos horas y media después, sentados entre una pila de pergaminos polvorientos, el entusiasmo se perdió ligeramente.
La leyenda de la perla de Shikon fue fácil de encontrar, por lo menos la abreviada. Los pergaminos de recuerdo se daban con cada perla que se vendía y hablaban del poder de los deseos concedidos cuando los pedía un corazón puro. Encontrar información en cuanto al auténtico funcionamiento de la perla fue un poco más difícil de conseguir.
—¡Arg! —gritó Kikyo mientras tiraba el pergamino que estaba mirando con frustración—. ¡Esto es imposible! ¿Por qué tiene tantos pergaminos? —Volvió a caer al suelo y miró con furia al techo. Luego, soltó una risita.
Hojo la miró atentamente, ligeramente confundido.
—¿Qué parte de eso es lo divertido, Ki?
Con una sonrisa, respondió:
—Solo se siente bien.
—¿El qué?
—Sentirme frustrada.
Aún confundido, Hojo esperó una explicación.
Kikyo puso las manos detrás de su cabeza para hacer de cojín mientras yacía en el suelo de madera.
—Imagínate que se te niegan las emociones durante toda tu vida. No tienes permitido sentir ira, o amor, o tristeza, o incluso frustración. Luego, imagínate ser libre y sentir estas emociones. Incluso sentirte frustrada se siente bien. —Le sonrió a su amigo.
Hojo sonrió y se acostó a su lado, con las manos bajo su cabeza.
—Ya veo a qué te refieres. —Se giró hacia ella y preguntó con fingida seriedad—: ¿Quieres que te enfade para que también puedas sentirlo?
Kikyo se rio y recogió un pergamino cercano y polvoriento para darle un golpe en la cabeza. Hojo esquivó el golpe y ejerció un agarre sobre el pergamino. Agarró la muñeca de Kikyo y ella dejó caer el rollo. Cayó abierto. Y, por supuesto, la primera palabra que vio Kikyo fue «Shikon».
Agarró el rollo rápidamente y empezó a leer.
—La esfera de los cuatro espíritus, la perla de Shikon, fue creada por la sacerdotisa Midoriko…
Hojo miró por encima de su hombro.
—¡Lo conseguiste! —gritó—. ¡Encontraste el pergamino! —Le agarró las manos y le hizo dar vueltas.
A Kikyo se le encogió el corazón. Lo había encontrado.
