CAPÍTULO I

— Come— susurró Edward en el oído de Isabella, para que nadie más en la mesa se diera cuenta que su esposa no estaba comiendo.

—Me siento satisfecha— susurro débilmente Isabella apenada, ya que uno de los hombres de la mesa volteo a verla.

Edward simplemente profirió un gruñido, pensando en cómo castigaría el comportamiento de su esposa, se le ocurrieron varias cosas y lo mejor era que en todas sus fantasías, Isabella terminaba con él trasero rojo a causa de los azotes, la visión del sonrosado trasero de su esposa, provocó que sus pantalones le comenzarán a quedar justos, no queriendo ser él único en sentirse frustrado. Comenzó a tocar lentamente la pierna de Isabella por debajo de la mesa, subiendo hasta la parte interna de su muslo, jugueteo un poco con sus bragas antes de regresar lentamente a sus tobillos .

Isabella dio un saltito, impresionada, podía sentir la mano de Edward subir por su pierna lentamente hasta la rodilla, ahogó un gemido mordiéndose el labio, cuando él encontró su objetivo, quería disfrutar de las sensaciones, pero al contrario de su esposo ella sí era consciente del lugar donde se encontraban.

Edward adoraba cómo ella se ponía nerviosa y veía con pánico al resto de las personas en la mesa, el movimiento de sus pechos provocados por su pesada respiración, comenzó a desquiciarlo. Decidió que quería tenerla ya, no quería seguir perdiendo el tiempo en juegos, pero primero tenía que deshacerse de todos esos vejestorios que trabajaban para él.

—Bien, señores creo que todos queremos que este trato se cierre, ha llegado el momento — comenzó por llamar la atención de todos esos arrugados rostros que solo veían a sus esposas trofeo, le desagradaban de sobre manera — es un gran riesgo económico, lo sé, pero también sé que las ventajas que obtendremos valdrán la pena— dijo de modo arrogante, retando a los asistentes a que lo contradijeran.

Él siguió hablando mientras Isabella lo veía embelesada, la forma en la que hablaba con tanta seguridad y arrogancia; él era el amo de su universo y lo sabía perfectamente, le encantaba, se veía tan guapo inteligente y sexy al mismo tiempo que lo deslumbraba.

A pesar de estar rodeada de un montón de viejos empresarios que creían saber lo que hacían y sus hermosas esposas trofeo, que su dinero había comprado, ella se sentía cómoda e importante por el simple hecho de que le pertenecía a Edward y por el momento el también era suyo. Isabella bajó la vista cuando Edward la descubrió mirándolo tan intensamente, sentía que esas esmeraldas podían leer su mente.

A Edward le encantaba la forma en que Isabella lo miraba, saber que el era el responsable de todas las emociones que se cruzaban sus expresivos ojos hacia que su pecho se inflara de orgullo, ella le pertenecía en cuerpo y alma. Además sentía que podía leer algo más importante que su mente, su alma. Pero en ese momento solo aumentaba la presión de sus pantalones, ya que todo su cuerpo gritaba lujuria, eso le enfureció, le enfurecia cómo esa chiquilla a pesar del tiempo transcurrido, tenía tanto poder sobre él y sobre todo el hecho de que parecía que ella ni siquiera era consciente de todo su poder, de su sensualidad ¿o quizás sí lo era? y lo manipulaba a su antojo cómo a un títere.

—Edward, sé que te apasiona el trabajo, ¿pero podemos hablarlo mañana?— preguntó Aro Vulturi con una sonrisa cansada que mostraba un dentadura amarillenta —Ademas, creo que habló por todas las damas presentes— tomó la mano de su esposa Sulpicia, que por lo menos era 20 años menor que él—¿podemos disfrutar la velada sin hablar de negocios?

—Bien— dijo Edward colérico, mientras apretaba la rodilla de Isabella, quería cerrar ese trato cuanto antes, llevaba toda la semana tratando con esos vejestorios y comenzaba a desesperarse, tenía mejores cosas que hacer, cómo cogerse a su esposa de mil formas diferentes, que quedarse hasta tarde en reuniones estúpidas.— Entonces acordaremos una cita, para terminar con las negociaciones de una vez por todas, Isabella— le habló a su esposa en modo de trabajo, ella automáticamente sacó el iPad y reviso la agenda de Edward .

—El Martes a las 10:00 am, hay un espacio libre— dijo cómo la eficiente asistente que era, él asintió aprobando la cita.

—Señores nos vemos el martes a las 10:00, les pido puntualidad— dijo dirigiendo su mirada a Aro qué era sumamente impuntual, algo qué Edward odiaba— cualquier cosa ya saben, pueden comunicarse con mi asistente— dijo mirando a Isabella— en horario laboral— aclaro, ya que odiaba que los interrumpieran en su tiempo libre. Todos en la mesa asintieron. Sabían que Edward era de pocas palabras y no le gustaba perder el tiempo.

Bajó lentamente la pierna de Isabella y trato de acomodar la falda de su vestido, se puso de pie, se acomodó él sacó para ocultar su notorio problema y le ofreció la mano a su esposa, ella la tomó sin dudar. Sin más que un buenas noches y una sonrisa de disculpas por parte de Isabella salieron de ahí.

Mientras bajaban en el elevador, Edward no podía quitar los ojos de su esposa, necesitaría algo más que una buena cogida en la cama del departamento.

—Voy regresar a solas con la señora Cullen— le informo Edward a su chofer que le dio las llaves sin pensarlo— Dile a Jones que te recoja.

—Sí señor— dijo Taylor uno de los choferes.

—¿Qué está planeando señor Cullen?— le preguntó Isabella cuando estuvieron a solas en la camioneta.

—Solo una idea que me ha cruzado por la mente, Señora Cullen— le dijo con una sonrisa traviesa.

Isabella trató de mantener su cuerpo a raya, aunque resultaba imposible, la tensión entre sus cuerpos se podía respirar, miró por la ventana tratando de distraer su mente, pero se dio cuenta que ese no era él caminó a su apartamento en el centro de Seattle, no, ese era el camino de la casa que tenían a las afueras de la ciudad, cerca del South, inconscientemente se mordió el labio, de un momento a otro sus sentidos se pusieron alerta, pues ellos no iban a esa casa entre semana.

—Ahh— gimió Edward de frustración llamando su atención— maldita sea— estaciono la camioneta entre los árboles de manera brusca.

—Edward qué demoni….— Isabella no pudo terminar la frase, ya que fue interrumpida por los salvajes labios de Edward.

Ella feliz cómo siempre le correspondió, absorbiendo toda la pasión que él depositaba en sus labios, Edward la tomó por las caderas y la puso a horcajadas sobre él, subiendo la falda de vestido hasta su cintura. Reclinó hasta el tope el asiento del conductor, para mayor comodidad, con desesperación arrancó los botones del vestido de Isabella, algunos quedaron tirados por el suelo, pero eso no le importo, él había conseguido su objetivo, los pechos de su mujer, bajo las copas de su sujetador de encaje y comenzó a acariciar con dedos maestros sus pezones.

Bella por su parte comenzó una suave danza con sus caderas que lo enloquecía, le encantaba cuando ella le correspondía con tanta pasión y sobre todo con desinhibición, su tímida esposa desaparecía en momentos cómo este, le abrió la camisa arrancando botones al igual que él, le quitó la corbata y comenzó a pasar sus manos por los perfectos abdominales de Edward qué eran su perdición.

Edward no podía soportarlo más, se bajó el cierre y agarró las bragas de encaje de Isabella por las orillas.

—Sabes.. cómo me.. afecta .. él qué … te muerdas… el labio— le reclamó jadeante, le mordió el labio con fuerza, mientras que con sus manos comenzaba a rasgar sin ningún tipo de delicadeza la tela— espero que no le tengas cariño a estas bragas.

Cuando el obstáculo fue quitado de su camino, levantó a Isabella y a pesar de la tensión, la depositó suavemente sobre él, ella gimió y se arqueó ofreciendo sus pechos, cómo la mismísima afrodita, adoraba la expresión de placer en su rostro era tan hermosa, tomó uno de sus perfectos pechos en su boca.

—Tómame— le dijo Edward para que ella impusiera el ritmo, quería ver aquella arrogante expresión que se instalaba en su rostro cada que creía tener el control.

A ella le encantaban las pocas ocasiones en donde él le daba el control, aventurera, se apoyó en los hombros de Edward y comenzó con un ritmo lento, tratando de disfrutar cada segundo de poder que le otorgaba esta posición, pero a medida que avanzaba necesitaba más.

Finalmente alcanzó su liberación cuando Edward, le mordió el pezón derecho, se mordió fuertemente el labio para tragarse las palabras que luchaban por salir de su pecho "te amo" cosa que Edward odiaba escuchar, ella cayo rendida sobre él, él solo tuvo que hacer unos movimientos más para unirse a su éxtasis, quería gritar su nombre, pero se controlo, cuando recuperaron el aliento, Edward la puso otra vez sobre su asiento y le beso la frente, acomodaron sus maltrechas ropas, y Edward sonrió al ver que Isabella sacaba un par de bragas nuevo de su bolso y se las colocaba.

—Vaya señora Cullen, sabe ahora creo que estuvo planeando todo esto.— dijo con una arrogante sonrisa recordando los intentos fallidos de seducción de Isabella.

—A decir verdad señor Cullen no lo planee, pero esperaba algo así.— le sonrió, sabía perfectamente que después de una reunión cómo aquella necesitaria liberar la tensión acumulada.

—Vaya eso si que me decepciona— dijo jugando con ella, mientras regresaban a la carretera.

—¿Por qué vamos a casa?— preguntó al fin, era extraño que se dirigieran ahí, pues era jueves, mañana era día laboral y a Edward no le gustaba faltar al trabajo, lo amaba, amaba su empresa, a veces se consolaba a sí misma diciendo que el corazón de Edward estaba ocupado completamente por su empresa.

—Pues, empezando porque usted no comió nada en el almuerzo, después se saltó el café de la tarde y para terminar solo se comió los vegetales durante la cena. Planeo hacer algo al respecto—Isabella hizo una perfecta "o" con su boca, jamás pensó que él estaba tan pendiente de ella, en la oficina casi siempre se comportaba con profesionalismo, por no decir que la trataba con frialdad.

Podía adivinar el plan de Edward, irían a la habitación Negra, la castigaría por lo que él consideraba mal comportamiento, un escalofrío le recorrió la espalda, apenas había llegado de viaje y las cosas iban bien entre ellos, ayer inclusive la invitó a cenar fuera, pero ahora todo volvía a ser cómo siempre, ella jamás sería su compañera, su igual, jamás estarían hombro a hombro, ella era su sumisa, siempre 2 pasos atrás de él, con la cabeza baja esperando órdenes.

—¿Y no puede hacerlo en el departamento?— le preguntó Isabella, se sentía más segura en el departamento, donde no estaba esa horrible habitación de tortura.

—A decir verdad si, pero prefiero hacerlo aquí— le dijo con arrogancia, ella le pertenecía, podía disponer de ella en donde se le diera la gana y hoy se le daba la gana de hacerlo en su santuario.

—Pero mañana es día laboral— dijo Isabella usando su última excusa para escapar, sabía que si se negaba abiertamente su castigo empeoraría.

—Eso es discutible— él era su propio jefe y podía darse 1 mes de vacaciones si le daba la gana, de hecho contempló la idea de visitar a su abuelo.

Cuando llegaron a la propiedad, Edward tecleó el código de acceso y la reja automática se abrió, mostrando el camino que conducía a la magnífica casa que él había comprado cuando se casaron. Edward se estacionó en la cochera, salió de la camioneta y la ayudó a bajar pues aunque le gustaba verla en tacones, no le gustaba cuando se caía por culpa de estos, cuando entraron en la casa él ama de llaves los recibió extrañada ya que no era normal que se aparecieran entre semana. Edward la despachó rápidamente y siguieron su camino hasta el segundo piso donde estaba su recamara.

—Te veo en 10 minutos, ponte algo apropiado— le susurro en el oído antes de irse y dejarla temblando en medio de la habitación.

A ella le gustaba jugar con Edward, de hecho le encantaba porque sentía que veía un poco del verdadero hombre con el que se había casado, pero no le gustaban los castigos, ese Edward, el amo del universo, él que la castigaba, le asustaba muchísimo. Se dirigió con manos temblorosas al vestidor, moviéndose tan rápido cómo sus temblorosas manos se lo permitían, se quitó el vestido y la ropa interior, los puso en la cesta de ropa, se quitó las zapatillas, abrió el cajón donde guardaba la lencería especial, se puso un corsé rojo pasión uno de los favoritos de Edward, en un intento por aminorar su castigo, también recordó que a Edward le gustaba que usará medias. Cuando estaba lista se puso una bata pues el ama de llaves podría estar rondando por la casa, tomó las zapatillas de jimmy choo y se las llevó en la mano, ya que se podría caer en las escaleras.

Subió al tercer piso, tratando de hacer el menor ruido posible, se detuvo frente a la puerta, se calzó las altísimas zapatillas, tomó una respiración profunda, reuniendo todo el valor que tenía y entró. Entró cómo siempre, cómo él le había enseñado.

Flashback

—Siempre que te diga qué entres a esta habitación, lo harás sin miedo, siempre dispuesta, no te avergonzaras de tu desnudez, harás lo que yo ordené cuando lo ordené, no se te tiene permitido hablar o mirarme directamente, a menos que yo te lo pida — le explico mientras le quitaba la ropa y la dejaba solo en bragas, reprimió las ganas de taparse con sus brazos, por alguna no estaba aterrada, aunque algo en su subconsciente le decía que lo estuviera.— entraras con la cabeza baja, y te arrodillaras junto a la puerta y esperaras, hazlo—le dijo

Ella obedeció de inmediato, se arrodilló y fijó la mirada en el suelo. Trataba de comprender que era lo que él quería exactamente de ella, ¿el sexo convencional no era suficiente para el? o ¿era tan inexperta que necesitaba enseñarle la manera correcta de hacerlo? lo amaba y quería que su matrimonio funcionará, así que se resignó a la idea de someterse a él .

Edward sonrió al verla, era tan inocente, tan inexperta, tenía por delante todo un mundo de posibilidades.

Fin de flashback

Cuando se estaba quitando la bata escuchó los pasos de Edward, aterrada se dejó caer al suelo y tomó su posición, ignorando el dolor de la caída, se concentró en el suelo, era de madera negra, perfectamente pulido, se sonrojo ante la idea que la Señora Jones entrara a esa habitación a limpiar.

Escucho atentamente los pies descalzos de Edward moviéndose por el cuarto, el sonido de sus manos cuando tomaba cosas de las estanterías o de los cajones. Quería alzar la vista, ver que le esperaba, pero sabía que no debía hacerlo.

Él se acercó lentamente, estudiando a su esposa, se veía perfecta de esa manera, ella era sumisa por naturaleza y eso le encantaba, ella no era cómo Kat.. alejó esos pensamientos y se concentró en ella. Isabella podía sentir la mirada de Edward estudiandola, esperando que hiciera algo que aumentará su castigo, cerró los ojos reprimiendo el impulso de verlo.

—De pie— le ordenó, ella obedeció a pesar de la rigidez de sus músculos— usted Isabella Cullen a decidido dejar de comer y sabe que eso es algo que me enfada de mil formas diferentes— comenzó a atarle el cabello, después le puso el antifaz, cuando termino de anudarlo, le susurro en el oído— y ni siquiera ese bonito corsé te salvará.

La guio por la habitación hasta la cruz de madera del fondo, ahí esposo cada una de sus extremidades con las esposas de ésta. Tomó una fusta de cuero café del bolsillo de sus pantalones, le cantaba usar esa fusta en la piel sin mácula de su esposa.

—¿Palabras de seguridad?— preguntó Edward, mientras se deleitaba con la visión frente a él, no importaba cuantas veces la había visto así, jamás se cansaba de Isabella.

—Gris …— se le quebró la voz, Edward solo le recordaba la palabra de seguridad cuando iba ser agresivo, sabía que no le iba a hacer daño, pero en su último castigó no se había podido sentar correctamente por casi 1 semana, debido al escozor de su trasero.

—Y…?—la apremió él, no podía arriesgarse a accidentes, no con ella.

—Negro— contestó a pesar del nudo de su garganta.

—Bien tenlas en mente, te daré 10 azotes.— el anuncio, mientras deslizaba suavemente la fusta por su cuerpo.

Edward no pudo seguir ignorando que ella temblaba de pies a cabeza y no de placer, él conocía a la perfección el cuerpo de Isabella, cómo si fuera el suyo y sobre todo las reacciones de este. Comenzó a quitarle el corsé con delicadeza disfrutando de la sensación de la tela en sus manos, cuando vio que se le notaba ligeramente más las costillas, abandonó cualquier idea de compasión.

No le gustaba asustarla, él solo quería protegerla, pero ella tenía que entender que no debía saltarse las comidas, no era bueno para su salud. Alzó la fusta y le fustigó las costillas, después en la cadera, en las piernas, los pechos, el trasero, disfruto viendo cómo ella se sacudía por el dolor y contenía los gritos mordiéndose el labio, esperaba que eso la hiciera comprender que no debía desafiarlo de esa manera

Isabella estaba haciendo su mayor esfuerzo por no llorar, trataba de absorber todo el dolor y desaparecerlo de alguna manera, se recordaba que esta era la manera que él tenía de decirle que se preocupaba por ella, que a su manera quizás si la quería, más allá de su cuerpo.

—¿Por qué no comes? dime ¿acaso te gusta hacerme enojar?— le preguntó, mientras la tomaba bruscamente por la barbilla — contesta— la volvió a fustigar.

Isabella se tragó el nudo de lágrimas que tenía en la garganta.

—No..— contestó con voz quebrada

—¿No qué?— le preguntó Edward mientras la azotaba otra vez, no era propio de ella olvidar su papel

—No señor— completo ella, tenía que concentrarse o esto empeoraría.

—¿Por qué no comiste hoy en la oficina?— no podía dejarla ni un minuto sola.

—Lo..Lo. olvidé señor— tartamudeó

—¿Cómo?— preguntó él aún más enojado, cómo era posible que alguien olvidara sus necesidades básicas.

—Lo olvidé, amo— repitió

—¿Vez? cómo no puedo descuidarte ni un segundo, cuando lo hago tú haces cosas cómo estas, el martes qué me fui no se te notaban tanto las costillas, ¿quieres enfermarte?— la regaño— ¿Qué tienes qué decir al respecto?

—Yo.. yo.. — Edward exageraba solo había olvidado una comida, nadie se enfermaba por eso.

—¿Tú qué?

—No me — tenía miedo a su reacción, si le decía que no comió, por qué se había mareado constantemente mientras él estuvo de viaje, él se enojaría por no decirle qué se sentía mal y por haber ido a trabajar en ese estado, pero no quería ir innecesariamente al hospital, odiaba esos lugares, tampoco podía mentirle, resignada le dijo un poco de la verdad— tuve un mareo y se me fue él apetito, señor

Edward, rápidamente la desató, la tomó en brazos y se sentó en la cama con ella sobre su regazo Le quitó el antifaz, la cubrió con la sábana de la cama, trató de tomarle la temperatura con la mano y comenzó a analizarla se veía pálida, tenia ojeras...

—¿Por qué no me lo dijiste?— pregunto enojado consigo mismo por no darse cuenta que ella estaba mal, necesitaba llevarla al doctor.

—No tiene importancia— lo calmó Isabella, se veía muy mortificado.

—¿Cómo mierda no va a tener importancia?— En momentos cómo esos en los que él se preocupa genuinamente por ella, ella pensaba qué quizás Edward la amaba tanto cómo ella a él, pero después recordaba lo qué le había dicho cuando le pidió matrimonio.

Flashback

—Cásate conmigo Isabella— le dijo Edward— yo te puedo dar todo lo que imaginas y más, pondré el mundo a tus pies, te prometo que conmigo jamás volverías a sufrir.

—¿Me amas?—preguntó ella con el corazón en la mano.

—Tú eres una buena persona, bonita, inteligente, elegante, la mujer perfecta…

—¿Pero Edward me amas?— lo interrumpió, ella lo amaba desde que eran niños, quizás él también y por eso su repentina propuesta.

—Yo te puedo dar todo lo que tengo, lo que tendré y más, pero por favor no me pidas amor.

—Pero si, no me amas ¿por qué te quieres casar conmigo?—preguntó entre lágrimas.

—No es que no te ame, es que yo no puedo amar a nadie— le dijo con frialdad y amargura en la voz— Cásate conmigo, te prometo que te protegeré, cuidare de ti…— volvió a pedirle

— Edward aceptó— Ella pensó que quizás él piensaba eso por haber crecido sin sus padres, que quizás no sabía cómo amar, ella le podía enseñar, pues después de todo el la eligió, ella creyó que con eso le decía que quieria pasar el resto de su vida a su lado y que debía tener un buen motivo.

Fin de Flashback

Ella aceptó por qué lo amaba y por qué creía que podía hacerlo cambiar de opinión

Habían pasado 3 años de eso, cuando a ella se le escapo decirle te quiero, él la castigo por ello y fue peor qué si la hubiera castigado en él cuarto negro, él se fue, la dejó por 2 semanas en esas semanas ella aprendió qué Edward, no le mintió cuando le dijo qué no podía amar, pero no sabia por que, ella había hecho todo lo posible por ser la mejor esposa, por ganarse su cariño, pero nada parecía suficiente, el no la quería.

—Te daré un baño y mañana a primera hora iremos al doctor— le dijo Edward, mientras caminaba a su habitación con ella en brazos.

—No es necesario, estoy bien— alegó ella, no quería ir al doctor los odiaba, además tenía 5 días de retraso, quizás sea exagerado pero le aterraba la reacción de Edward, él no solo odiaba a los niños, era algo que estaba prohibido en su matrimonio.

—No, no lo estás, además no está a discusión, si estás enferma irás al doctor.— Sentenció con firmeza, esta vez no perdería el control.

En su habitación fue directo al baño, la sentó en el lavabo, abrió la llave de agua caliente, llenó la tina y le puso jabón espumoso. Regresó con Isabella, le quitó toda la ropa y la metió en la tina.

—¿No te vas a meter conmigo?— le preguntó ella, casi siempre que usaban esa bañera lo hacían juntos. Él de verdad lo deseaba, pero no tendria sexo con ella mientras estuviera enferma, Isabella adivinando sus pensamientos, se rindio.

—Estás enferma —le dijo, tomó una esponja comenzó a tallar su cuerpo con delicadeza, le gustaba cuidarla, cerciorarse que ella estaba bien, que estaría bien, que no la perdería, cuando terminó le preguntó—¿Te lavo el pelo?— adoraba su cabello. Ella asintió, le encantaba cuando Edward la bañaba o simplemente cuidaba de ella, le recordaba el tiempo cuando eran niños, él se sentaba con ella en el jardín de Charlie y le leía durante horas, los libros que le enviaba su madre. Aunque ahora generalmente lo hacía después de un buen comportamiento o cuando estaba enferma.

Él le lavó el pelo a conciencia y con delicadeza, le encantaba bañarla, pero no le gustaba cuando se enfermaba, podría perderla, sacudió la cabeza tratando de alejar esos pensamientos. Protegiéndose, tomó una actitud fría, cómo siempre que sentía que perdía el control.

Terminó de bañar a Isabella, después le secó el cabello, y finalmente le puso una de sus playeras cómo pijama, le encantaba que ella usara su ropa, se veía pequeña.

Se acostaron en la cama y él la brazo inconscientemente pegando su espalda a su pecho e inhalando el delicioso aroma de su cabello, Isabella y fresas.

—¿Edward?— preguntó cautelosamente

—Mm— respondió él medio dormido

—No me siento mal, no creo que sea necesario que me vea un médico, fue solo un mareo, te prometo no volver a olvidar la comida.

—No está a discusión Isabella.

—Pero..—trato nuevamente

—Ya dije que no, y ahora duérmete.— le ordenó. Por qué si no se dormía él podría olvidar que estaba enferma y cogersela hasta que perdiera la conciencia, la sesión en el cuarto negro lo había llevado a su limite y después de el baño, se sentía sumamente frustrado


Edward POV

Estoy con Kate en nuestra luna de miel por parís..

Ella se ríe, esta feliz, su rubio cabello cambia de color..

Ya no es Kate, es Isabella, se ve enferma…

¿Estoy en el velorio de kate?

No, es de Isabella…


Edward se despertó de golpe, miró a su lado y encontró la cama vacía, lo sabía, solo cuando Isabella no estaba a su lado tenía pesadillas, aunque ahora se trataran de ella y no solo de Kate. Se levantó a buscarla y encontró el baño cerrado con llave.

—¿Isabella?— preguntó mientras tocaba con insistencia la puerta.

Dentro del baño Isabella, jaló la cadena eliminando así la evidencia de su repentino malestar estomacal, se apresuró a lavarse los dientes pues Edward tocaba cómo loco la puerta del baño, en cualquier momento podría tirarla.

Cuando salió, vio el semblante preocupado de Edward y se le encogió el corazón.

—¿Por qué no estabas en la cama?— Le preguntó a Edward enojado, gracias a eso él tuvo una pesadilla, odiaba admitirlo pero solo Isabella ahuyentaba sus pesadillas.— ¿te sientes mal?

—Tenía ganas de ir al baño— Edward le estudió el rostro detenidamente y se dio cuenta que estaba pálida.

—¿Te sientes bien?— repitió— estás pálida— La tomó en brazos y la llevó a la cama. Le sirvió un vaso de agua y se lo dio, ella agradeció con una sonrisa—Bebe.—le ordenó y tomo su celular. Le marcó a Carlisle.

Hola hijo, ¿estás bien?— preguntó Carlisle dado que eran las 5 de la mañana

—Hola, eh sí, pero Isabella no, necesito que la revises.

Claro, ¿voy al departamento o ustedes van a mi consultorio?

—Edward estoy perfectamente bien, no es necesario— le susurro Isabella

—¿Podrías venir a la casa?— Le pregunto ignorando lo que Isabella le decía.

Claro, pero me tardaré en llegar cómo una hora.

—Está bien, date prisa.—colgó.

—Edward, no es necesario que venga tu tío, estoy bien solo necesito desayunar, recuerdas que ayer cené poco— Tenía razón necesita comer, pensó Edward.

—Recuéstate, te traeré algo de comer— le dijo dirigiéndose a la cocina, la distracción había funcionado pero no cambia mucho las cosas, Carlisle aun venía en camino.

Edward regresó a la habitación 10 min después, con una bandeja que contenía fruta picada, jugo de naranja y pancakes con tocino, pero en cuanto a Isabella le llegó el olor a tocino, no pudo contener la reacción de su estómago, se levantó y fue corriendo a vaciar su estómago nuevamente. Edward dejó la bandeja en la cama y corrió detrás de ella, le sostuvo el pelo mientras ella vaciaba su estómago, cuando ella terminó, él la llevó de regreso a la cama.

—Tu no estás bien—dijo con ansiedad, se veía muy pálida y estaba sudando.

Él estuvo con ella hasta que se volvió a dormir. Cuando escuchó la voz de Carlisle se puso de pie para recibirlo.

—Edward— lo saludo Carlisle— ¿cómo estás?

—Carlisle— dijo — después, Isabella —le recordó

—Claro— Sabía cómo se podía poner su sobrino cuando se trataba de la salud de su esposa.

Carlisle despertó suavemente a Isabella, en cuanto despertó se sentó nerviosa en la cama, se sentía acorralada, ya qué Edward se quedaría ahí durante la revisión.

—Bien Isabella, dime ¿cuáles han sido tus síntomas?— le preguntó Carlisle mientras le checaba los signos vitales.

—Un mareo, no es nada — dijo restándole importancia. Edward se enojó al escuchar aquello.

—Claro, que no, di la verdad— le dijo Edward

—Esta mañana devolví el estómago 2 veces— confesó apenada- ayer tuve un pequeño mareo y no tuve mucho apetito durante el día.

—Ya veo— dijo Carlisle— ¿algo más?

—No— dijo Isabella retorciendo sus dedos

—Si— contradijo Edward— tiene 5 días de retraso en su período.

En ese momento Isabella sintió que se moría, él lo sabía. Sabía su secreto.