CAPÍTULO II
—Ya veo — dijo Carlisle — ¿algo más?
—No— dijo Isabella retorciendo sus dedos.
—Si— contradijo Edward— tiene 5 días de retraso en su periodo.
En ese momento Isabella sintió que se moría, él lo sabía. Sabía su secreto
—Bien por los síntomas que describen, es necesario que te haga una prueba de embarazo— dijo Carlisle
Embarazó, otra cosa prohibida en su matrimonio.
Flashback
—Isabella yo no quiero hijos— le dijo Edward con aire sombrío.—Si en algún punto tu llegaras a quedar embarazada, tomaríamos las medidas necesarias— sacó unos papeles de su escritorio y los colocó frente a ella.
—¿Qué medidas? —preguntó Isabella con la voz quebrada, ignorando por completo los papeles.
—Ya sabes qué medidas— contestó Edward cansado, odiaba ese tema, cuanto antes quedará resuelta esta cláusula, más segura estaría ella y su futuro matrimonio, no podía arriesgarse nuevamente a tontearías.
—Tú no me obligaron a abortar o ¿si?—pregunto con miedo, ¿este era el hombre con el que se iba a casar?, ¿un monstruo?, era imposible, ella lo conocía desde niños.
—Por supuesto que no— dijo un tanto ofendido, él jamás la obligaría a hacer una barbaridad cómo esa— pero nos divorciamos, obviamente seguiría manteniéndote a ti y a nuestro hijo económicamente, pero no habría ningún tipo de contacto entre nosotros.— Odiaba esta cláusula, él no quería ser cómo su padre, un fantasma, pero necesitaba asegurarse de que Isabella no cometiera estupideces, no podría soportarlo nuevamente.
—Pero de verdad, ¿serías tan cruel con tu propio hijo?— preguntó Isabella desconcertada ese no podía ser él hombre que amaba, el hombre que desde que se comprometieron la ha cuidado cómo si fuera el tesoro más valioso en la tierra, ese era un hombre cruel que no reconocía.
—Evitemos todo esto, ¿si? simplemente cumple al pie de la letra con los anticonceptivos qué te recetó la ginecóloga y nada de eso sucederá— Con eso Edward puso fin a esa conversación, pues Isabella en cualquier momento se pondría a llorar y no tenía humor para soportar los dramas de su futura mujer. — firma aquí— le entrego una pluma.— Es nuestro contrato prematrimonial— contestó a las dudas que inundaron sus ojos, ella con mano temblorosa firmó los papeles, sin saber realmente lo que le esperaba era más de lo que imagino poder llegar a soportar.
Fin Flashback
Isabella miró con terror él frasco qué Carlisle le había entregado, Edward se quedó en shock, eso no podía ser, él se lo había advertido antes de casarse, estaba prohibido. Además él no podía ser padre, no quería serlo, la ultima vez qué se imagino con hijos fue gracias a la persuasión de Kate, se había asegurado de que eso no sucediera otra vez, corto de una vez por todas las ilusiones de ser madre de Isabella años atrás, usaban anticonceptivos con un control perfecto, jamás omitieron nada, jamás faltaron a una consulta, así qué era imposible, a menos qué Isabella los haya olvidado, ese pensamiento lo lleno de furia, ¿Cómo podía Isabella ser tan idiota?, le había dejado bien claro que sucedería si ella se embarazaba.
Isabella volvió del baño, con él frasco entre sus temblorosas manos, se lo entregó a Carlisle qué sumergió un test de embarazo casero en su orina, mientras esperaban los resultados ella podía sentir la intensa mirada de Edward sobre ella, estaba enojado lo sabía.
Ella estaba aterrada, sabía perfectamente qué sucedería si esta prueba daba positivo, él se lo había dicho antes de que se casaran, la echara de su vida con su hijo, el rechazaría a su hijo sin ningún tipo de misericordia, con los años aprendió que Edward no bromeaba cuando decía algo lo decía completamente en serio y aún más en temas tan delicados cómo este.
—¿Qué comiste ayer?— preguntó Carlisle rompiendo el tenso silencio que se había instalado en la habitación, podía sentir el pánico de Isabella y el enojo de Edward.— Es para descartar infección estomacal— les aclaró cuando ambos lo vieron con confusión
—En el desayuno, comí ce ce cereal— tartamudeo debido a los nervios, sus ojos no se podían ni querían despegarse del test de embarazo, la primera línea había comenzado a aparecer y rezaba por que no apareciera otra, una solo línea más y su matrimonio sería historia — No no comí en el almuerzo y cena son sólo vegetales.
—¿El día anterior?
—Fruta de desayuno, en el almuerzo un poco de pollo salteado con vegetales, a media tarde tomé un café con un croissant y para la cena salmón
—Ya veo— dijo Carlisle tomó la prueba, que ya tenía el resultado—La prueba es negativa— En ese momento Isabella soltó el aire qué estaba conteniendo y le agradeció a Dios por dejarla estar un poco más con Edward. Edward también se relajó, solo un momento, ya que no era bueno que el periodo de Isabella se retrasara, algo podría andar mal con ella, algo más grave que un simple dolor de estómago.— ¿Quién cocinó él Salmón?
—Comimos en un restaurante de la costa— dijo Isabella sonriendo débilmente, Edward había estado de buen humor y la llevó a lo que ella consideraba una cita.
—Ya veo, tal parece que tienes una infección estomacal, te recetare antibióticos de amplio espectro y para el lunes podrás ir a trabajar, por hoy recomiendo que lo tomes con calma, ya que puedes seguir teniendo mareos y malestar general. También tienes que tomar 1 litro de suero para prevenir una deshidratación, por hoy lo mejor es que sigas una dieta blanda y nada de alcohol, pescado, café, por lo menos hasta el domingo.
—¿Eso sería todo?—preguntó Bella, de repente se sintió muy cansada y quería dormir, la adrenalina por la falsa alarma de embarazo la había dejado fuera de combate.
—Si, una infección no es cosa seria— Carlisle comenzó a guardar sus cosas
—¿Y él retraso a qué se debe?— preguntó Edward en Isabella no era normal, jamás había pasado en todo el tiempo que llevaban juntos .
—Puede ser provocado por él desbalance causado por la infección o también pueden ser tus anticonceptivo— dijo dirigiéndose a Bella
—¿Los anticonceptivos?—preguntó Edward, era imposible, estaban perfectamente controlados.
—Si en mujeres jóvenes como Isabella, pueden causar un desbalance hormonal, te recomiendo ver a tu ginecólogo— Edward se sentía culpable, él había escogido el método anticonceptivo, la inyeccion, ya que era uno de los más seguros, pero nunca pensó que eso pudiera ser demasiado para el frágil cuerpo de su esposa, necesitaría tomar medidas al respecto.
—Gracias, saluda a Esme de mi parte por favor— dijo Bella, acurrucándose en la cama, estaba segura a Carlisle no le molestaría que no lo acompañara hasta la puerta.
—Gracias Carlisle— Edward lo acompañó a la puerta, después regresó con Isabella, le quería pedir perdón, por haber pensado que ella lo había arruinado, pero no lo haría sería demostrar demasiada vulnerabilidad. — Descansa, iré por tus medicamentos, no me tardo— le dijo con la voz más suave que tenía, depositó un beso en su frente, él cuidaría de ella hasta que las cosas volvieran a la normalidad, solo serían unos días se dijo a sí mismo.
Mientras se dirigía a la farmacia, comenzó a poner todo en orden, acordó una cita con la ginecóloga de Isabella, envió un inspector de salubridad al restaurante donde habían cenado, se sentía enojado ¿Cómo no se dio cuenta que el salmón estaba mal preparado?, no volverían a comer en la costa. En la farmacia se apresuró tomó todo lo necesario y salió rápidamente, quería regresar a casa pues Isabella necesitaba sus medicamentos. Mientras observaba lo tranquilo que era Seattle cuando todos sus habitantes estaban en su trabajo, le marcó a su insoportable secretaria, arreglaría todo para poder estar al pendiente de Isabella todo el día.
—¿Señor Cullen?— contestó Jessica con una voz demasiado melosa qué Edward odiaba. Él casi no tenía contacto con ella, ya que le desesperaban sus constantes coqueteos, aún sabiendo que Isabella era su esposa.
—Hoy, no iremos a la oficina, cancela todas las reuniones de hoy, reprográmalas, envíame por correo lo que sea importante.
—¿También le mandó sus pendientes a Isabella?— pregunto
—No, la señora Cullen está indispuesta— dijo enfatizando él Señora Cullen odiaba a Jessica, pronto tendría que ocuparse de ella, por lo que había escuchado de su esposa no era muy buena en su trabajo — no quiero que nadie la moleste el día de hoy, tú hazte cargo de lo que se necesite.
—¿Algo más? — podía escuchar el tono irritado de su voz, pero no le importaba, de hecho se le ocurrió una excelente idea.
—Si, consígueme una nueva secretaria.— y le colgó. Esa mujer lo desesperaba de sobre manera, desde que comenzó a trabajar con él tenía la tonta ilusión que un día dejaría a Isabella y se casaría con ella. Claro pensó con burla dejare a una mujer hermosa, tímida, educada, inteligente y divertida, por una mujer que se le regala a su jefe en el primer día de trabajo.
Cuando entró en la habitación con una sopa de pollo y sus medicamentos, encontró a Isabella hecha un ovillo a la mitad de la cama, aún estaba pálida, pero a pesar de eso su piel se veía hermosa iluminada por los rayos del sol que se colaban por la ventana.
—Edward— Isabella lo llamó entre sueños— Edward— suspiraba
—Shh, estoy aquí— dejó la bandeja con la comida en el buro y la abrazó, adoraba tenerla así, completamente a salvo, ella se acurruco en su pecho e inhalo su perfume.
—Te amo — sus brazos la soltaron automáticamente cómo si tuviera la peste o algo parecido, todo su cuerpo se alejó de ella.
Edward se paralizó, odiaba aquellas palabras, bueno solo las odiaba cuando ella las pronunciaba, ya que una extraña sensación en el pecho lo incomodaba. Culpa, esa sensación, a la que se negaba a llamarla por su nombre, le recordaba que era un ser muy egoísta, al que no le importaba lastimar a una inocente chiquilla enamorada, con tal de conseguir lo que quería.
Pero a pesar de todo jamás se había arrepentido de sus acciones e incluso sabía con toda seguridad que lo volvería hacer si fuera necesario, haría todo con tal de que ella jamás se fuera de su lado, no podía soportar la idea de que ella le perteneciera a otro. Esa reflexión lo abrumó, ¿En que momento el deseo que sentía por Isabella, comenzaba a convertirse en una necesidad?. Él se había prometido no volver a darle ese poder a alguien más y esa chiquilla ya lo había conseguido.
—Isabella despierta debes comer—Le dijo en tono frívolo y la sacudió un poco, para poder despertarla, cuando estuvo sentada en la cama, le acomodo bien las almohadas pues a pesar de que quería salir de ahí para demostrarse a sí mismo que no la necesitaba, ella estaba enferma y cuidarla era su prioridad. —Cómetelo todo y tomate una de estás— le coloco la bandeja en las piernas y sacó la pequeña pastilla de la caja colocándola en su asintió y se trago la pastilla con un poco de jugo. Bien, era su momento de irse.
—¿A dónde vas?— le preguntó Isabella.
—Voy a trabajar en el estudio.— "lejos de ti" pensó.
—Si claro, en cuanto termine de desayunar, te alcanzo— dijo mientras comía, ante esto Edward sonrió era una buena señal ella se recuperaría pronto, pero rápidamente lo ocultó con una mueca.
—No, claro que no, tu debes descansar todo el día, te doy el día libre.— Salió de la habitación para demostrarle que hablaba en serio y no quería discutir nada al respecto, pero cuando cerraba la puerta pudo escuchar un:
—¡Al diablo con él día libre tengo cosas que hacer, cómo si fueran a hacer solas!
La idea de tener una excusa para poder terminar con él castigo de ayer le agradaba más de lo que quería admitir.
Se encerró en su despacho, necesitaba despejar su mente, Isabella no era todo en el mundo, él tenía un imperio que controlar, comenzó a leer y contestar los correos que Jessica le había enviado, después atendió una par de llamadas, video conferencias, hasta llegar a revisar los contratos de su nueva adquisición, cuando comenzaba el segundo contrato, admitió por fin que trabajar sin Isabella le resultaba demasiado aburrido. Si estuviera ahí con él podría jugar un rato con ella, inclusive cogérsela encima de su escritorio, algo que no había hecho con ella desde lo que él consideraba mucho tiempo, 1 mes.
Las fantasías de todo lo que podían hacer en ese escritorio, mezcladas con los recuerdos de todo lo que ya habían hecho en ese y otros escritorios, hizo que se removiera incómodo en su asiento Tomó el celular para distraerse, se dio cuenta qué pasaba de la 1 del mediodía, extrañado por el silencio, se dirigió a la habitación para ver cómo seguía Isabella, pero la habitación estaba vacía, él baño igual, la cocina igual, "¿dónde demonios podía estar ella? " pensó.
La biblioteca, el santuario de Isabella, cuando iba a la biblioteca él ruido de la sala de televisión llamó su atención, ni él ni Isabella eran mucho de ver la TV. Abrió la puerta y observo a Isabella sentada en el sofá con las piernas cruzadas, frente a la gran pantalla plana, estaba comiendo helado directamente del bote, se detuvo un momento para mirarla, se veía mejor, sus mejillas tenían un poco de color, su cabello estaba recogido en un moño pero se podía ver enmarañado a pesar de eso, aun llevaba su camiseta de los marines que le quedaba gigante su pijama, pero aun así para él era la mismísima afrodita.
—Te vas a quedar ahí o vas a entrar?— le preguntó con la cabeza baja, mientras tomaba más helado directo del envase con una cuchara.
—Vaya, parece que te sientes, mejor— le dijo sentándose a su lado, en el sofá, tomó su mano que sostenía la cuchara llena de helado y se la llevó a la boca.
—Si, gracias, por llamar a Carlisle— con su dedo le limpió la comisura de sus labios y después, sin siquiera darse cuenta se lo llevó a la boca, esa acción lo éxito demasiado, ella emanaba sensualidad sin siquiera ser consciente de ello.
—No es nada— dijo incómodo— y ¿por qué estás viendo la TV? no es habitual en ti — tomó la cuchara y comenzó a comer el helado, estaba buenísimo.
—Si, bueno, planeaba adelantar unos pendientes, pero alguien le ha pedido a sistemas que cambie mis contraseñas y no he podido acceder a mi correo, ¿tienes idea quién pudo ser?— le pregunto enojada
—Ni idea, no sabía qué tal cosa se podía hacer— dijo haciéndose el inocente, le ofreció una cucharada de helado, jugando con ella, le encantaba verla enojada.
—No juegues conmigo, me aburro y tenía cosas importantes qué hacer— le dijo empujándolo suavemente la cuchara fuera de su rostro, esto hizo que el helado se cayera sobre la ropa de él.
—Oh — exclamó fingiendo sorpresa— usted Señora Cullen me ha agredido
—Yo no lo he agredido Señor solo lo he empujado ligeramente— contestó haciendo una seña arrogante con la mano, noto el buen humor de Edward y decidió que también quería jugar.
—Ligeramente ¿cómo?— preguntó juguetón— muéstrame — Ella lo empujó ligeramente con su brazo.
—O no, no, señora me ha parecido que fue algo más cómo esto
La tomó entre sus brazos y se arrojó con ella al suelo, protegiéndola con su cuerpo, en el suelo rodó hasta dejarla debajo de él, tomó sus manos y las sostuvo sobre su cabeza, ella comenzó a reír a carcajadas, él se río de igual manera, sin siquiera ser consciente de ello. Se acercó lentamente a su boca y sin tocar ni un centímetro más de su piel.
—Me parece que fue algo así— le susurro en el oído, provocando que un gemido involuntario saliera de su boca.
—No, a mi me parece que fue algo así— dijo ella
Con todas su fuerzas y con ayuda de Edward, rodó poniéndose a horcajadas sobre él, él liberó sus manos, ella las coloco a cada lado de su cara, le beso la comisura de los labios, después se restregó un poco con la erección de Edward, se puso de pie y regresó a su asiento en el sofá, bajo la atenta mirada de Edward.
—¡Hey!— le dijo Edward enojado— regresa aquí
—No sé de qué habla— dijo Bella haciéndose la inocente, mientras se llevaba una cucharada de helado a la boca.
—A ¿no?, permítame ilustrarle la situación.
Cuando vio que Edward se estaba poniendo de pie, pegó un salto del sofá y se echó a correr fuera de la habitación, Edward la siguió, corrieron por la estancia principal, por la cocina y finalmente cuando ella iba a subir las escaleras él la atrapó, la cargó en su hombro y la regreso a la sala de TV.
—Edward bájame— le pedía ella mientras pataleaba y se retorcía tratando de escapar.
—Quieta — le contestó él juguetón y le dio una palmada en el trasero
—¡Ay!— ella le regreso la palmada. A Edward le encantaba cuando ella lo tocaba de aquella manera, casi siempre era tímida fuera de la habitación, la bajo y la acorraló en una pared.
—Usted señorita está muy impertinente el día de hoy— la beso con toda la pasión que sentía, no se podía contener ante ella. — dígame ¿por qué?
—Por qué puedo señor— le palmeó el trasero nuevamente— por qué puedo señor
La Isabella traviesa y atrevida le excitaba mucho, le recordaba que era joven. La beso nuevamente, sus labios siempre lo llevaban al borde de la locura, la levantó a su altura, ella rodeo su cintura con las piernas, él la llevó hasta el sofá frente a la TV. La recostó por debajo de él y le quitó la playera, los shorts y la dejó en bragas.
—Oh, sin sujetador, vaya usted está muy traviesa hoy creo que debe recibir una lección por ello— La volteo dejándola sobre sus rodillas.
Comenzó a acariciarle el trasero, le dio un azote, a ella se le escapaban gemidos involuntarios, ese era el tipo de juegos que le gustaban, no los que podría salir dañada física o emocionalmente. El repitió nuevamente el ritual, le acarició el trasero y la azotó, luego de 6 azotes. Se bajó el cierre y la penetró con lentitud. Comenzó con un juego de tortura cada, vez qué ella estaba apunto de tener su orgasmo él se detenía y comenzaba otra vez.
—Por favor— le tembló la voz a Isabella— es frustrante— gimió desesperada.
—¿Ahora lo entiendes?
—Entender ¿que?— le contaba pensar con claridad, podía ver su liberación tan cerca pero a la vez tan lejos.
—Lo frustrante qué es qué alguien puede ser— se detuvo nuevamente cuando la sintió cerca.
—Ahh— gritó Isabella no podía más, se dejó caer en el sofá, derrotada, dejó su cuerpo por completo a merced de Edward, sabía que si él quería podían estar ahí toda la tarde.
—Si, te sientes mal, debes decírmelo inmediatamente— comenzó con su tortura otra vez.
—No quería qué te preocupas, ni qué te pusieras cómo loco— le dijo, los músculos comenzaban a agarrotársele debido a la tensión acumulada.
—Ah quieres, ver cómo puedo ser un loco— dijo y comenzó a embestirla con fuerza, sin importarle si le hacia daño, que era lo más probable— yo decidiré con qué me preocupo o no— le dijo entre jadeos, esa chiquilla no era nadie para decirle con que podía o no preocuparse, él tenía el control de todo, no ella — tu no me vas a dejar, no lo voy a permitir— las palabras salieron de su boca sin siquiera ser consciente de ello.
Ella no pudo aguantar más y por fin llegó a la cima diciendo algo que parecía su nombre distorsionado. Él la siguió, cayó rendido encima de ella sobre la alfombra de la habitación, cuando recuperó la suficiente lucidez, se acomodo para que ahora ella quedara sobre su pecho .
—¿A qué te referías con que no me vas a dejar ir?— preguntó Isabella cuando recuperaron el aliento y pudo pensar con claridad, la tormenta de lujuria se había ido y ahora su cerebro comenzaba a analizar todo desde otro punto — ¿Quién se fue?— Él se tensó, ella pudo sentirlo, ella levantó la vista buscando sus ojos, pero cuando lo hizo él se sintió acorralado, evitó su mirada, no queriendo revelar más de lo que ya había hecho se levantó, se vistió lo más rápido que pudo.
Y se fue de ahí sin decir una palabra, necesitaba estar lejos de ella, de todos, proteger sus secretos pero sobre todo su maltrecho corazón, ella se puso la camiseta y lo siguió, hasta que él le dio un portazo en la cara, se encerró en su estudio. Ella frustrada sabiendo que no había nada más que pudiera hacer pateó la puerta, lo cual fue mala idea ya que iba descalza, se cayó, se sostuvo el pie en el suelo y comenzó a maldecir.
—¡Puta puerta!, ¡con un carajo!, mierda, mierda— observó su pie que estaba rojo e hinchado— maldita sea.
Edward al escuchar a Isabella salió de su despacho enojado no le gustaba que su esposa ocupara aquel lenguaje, además si lo quería insultar que lo hiciera de frente, se detuvo en la puerta un momento al encontrarla tirada en el suelo, agarrándose el pie.
—Demonios mujer, ¿Qué te pasa? — dijo cargándola en sus brazos y se la llevó a la cocina.
—Bájame— le ordenó con todo su coraje, Edward decidió ignorarla — no necesito que me ayudes— le dijo bella enojada, manoteando su pecho para que la dejara en el suelo
— A ¿si?— se burló de ella, parecía una gatita enojada sacando las garras.
La sentó en la isla de la cocina y a pesar de la resistencia de ella, le examinó el pie.
—¡Ay!— exclamó Isabella, lo empujó por los hombros logrando que él solo se balanceara un poco— me duele bruto— susurro bajito, ahora frente a frente y sin ninguna oportunidad de escapar era mejor que se comportara.
—La bruta parece otra, pateando puertas, ¿sabías que se abren con las manos?— le dijo él tomando un paquete de carne congelada de la nevera y colocándolo en el pie con delicadeza
—¿De verdad?— preguntó ella en tono sarcástico, él decidió pasarlo por alto, solo esta vez.
— No te lo rompiste por suerte, pero es mejor que no uses tacones— le frotaba suavemente el paquete de carne por todo el pie, tratando de bajar la hinchazón de este.
—No te preocupes, si uso un tacón no será en él, quizás en tu cara se vea mejor— susurro para ella con los brazos cruzados sobre su pecho.
Edward no pudo contener la risa, se veía tan tierna e inocente amenazándolo y al mismo tiempo haciendo pucheros, cómo la pequeña niña que él alguna vez había conocido en el patio de observo percatándose de que a pesar de que ahora era una adulta seguía teniendo esas mejillas sonrojadas, tan típicas de ella, el brillo de sus ojos, era hermosa, no había duda sobre ello. Cuando noto el rumbo de sus pensamientos los detuvo al instante, esa chiquilla no era especial ni importante para él.
—Aunque me encanta cómo te ves enojada, dime ¿Qué es lo que te tiene así?— le preguntó, necesitaba saber si era necesario un castigo, quizás ella estuviera olvidado quién mandaba ahí o el se estaba ablandando.
—¿Por qué de verdad?— pasó por alto su tono de voz, quería saber que era lo que le pasaba a esa chiquilla — pues para empezar…
—Para empezar— la arremedo y comenzó a contar con sus mano, ella sólo dedicó una mirada mortal, que no lo intimidó en lo más mínimo
—No me dejaste ir a trabajar..
—El doctor lo ordenó— le recordó.
—Cambiaste mis contraseñas..
—Ok soy culpable, pero sabía que si no lo hacia tu no ibas a descansar
—Te burlas de mí
—Bien, ya pero no me burlo, pero eres graciosa.
—Sabías lo de mi periodo y no me dijiste— le dijo con las mejillas rojas.
—Conozco tu cuerpo cómo la palma de mi mano— le dijo mirándola a los ojos, ella desvió la mirada por su intensidad — noto hasta el más mínimo cambio en tu respiración cómo ahora— Estaba excitada todo su cuerpo se lo gritaba.
—A y tus cambios de humor me ponen de nervios— ella ignoró las sensaciones de su traicionero cuerpo, necesitaba por lo menos pelear un poco esta batalla antes de rendirse cómo siempre a él.
—¿Cambios de humor?— pregunto extrañado, él se consideraba bastante controlado en su humor.
—Si, sabes paté la puerta por qué tu me diste un portazo en la cara y eso no hubiera sucedido, si no hubieras salido cómo alma que lleva el diablo.
— No es para tanto, además se llama multifuncionalidad— evadió su ultimo comentario, revisando las cacerolas que la señora Weber dejó sobre la estufa, aún estaba caliente.— aunque me encantaría comerte, en estos momentos prefiero otro tipo de comida— le dio un beso en la frente sin ser consciente de ello y la sentó en una de las sillas de la isla.
Le sirvió un plato de comida, jugo de manzana, su favorito, y él se sirvió una copa de vino.
—Come— le ordenó en tono frío, dando por terminada su anterior conversación.
Ella cansada de sus cambios de humor y sabiendo que él no le diría nada más, cómo siempre se rindió, así era más fácil, siempre había sido más fácil, solo hacer lo que él le decía, aunque no le gustara para nada, comió en silencio.
—¿Qué planeas hacer el resto de la tarde?— le preguntó Edward llevando los platos al lavavajillas.
—Pues.. primero me gustaría vestirme— dijo señalando el hecho de que iba prácticamente desnuda, pues debajo de la vieja camiseta no llevaba absolutamente nada.
—A mí me gusta— le dijo él, caminando hacia ella, podía ver a la perfección su cuerpo debajo de la desgastada tela— tiene sus ventajas— Con una mano le acarició el muslo y con otra tomó uno de sus pezones, masajeando delicadamente. Sonrió cuando ella gimió
—Y también me gustaría tomar una ducha rápida ¿y tú? — Le encantaba que ella tomara la iniciativa.
—Terminaré unos pendientes.— le dijo y se alejó completamente de su cuerpo.
—¿Bien?— dijo un poco aturdida y extrañada, a Edward le gustaba bañarse con ella, era raro que dejara pasarlo. Isabella sacudió la cabeza ignorando sus pensamientos. El solo tenía trabajo, ya había desperdiciado gran parte del día cuidando de ella.
Cuando estaba a mitad de su ducha lavándose el cabello, sintió las manos de Edward en su cintura.
