¡Respuestas a los Reviews!

Nightgt429: ¡Hola de nuevo! ¡Muchas gracias por volver a comentar!... Pues me alegra que te haya gustado la parte de Don Cangrejo. Si te soy sincero esa también fue mi parte favorita. Tuve que aguantarme las risas que me entraban mientras la escribía…. Como cuestión aparte, yo te recomiendo que te leas los libros de PJO. Si de por si las películas no son 100% fieles, ellas también tienen el demerito de que como los libros están escritos en primera persona, muchos chistes de la perspectiva de Percy se pierden. Repito: te recomiendo que los leas. Son alrededor de 3 sagas y 15 libro (sin contar extras como historias cortas y guias); pero todos son fantásticos y súper entretenidos. Te juro que no te arrepentirás de hacerlo… Y sobre lo de las personalidades, pues… trataré de dar mi mejor esfuerzo. Por el momento se viene el Ladrón del Rayo, así que veamos que sucede cuando aparezcan grandes de PJO como lo son Annabeth y Grover.

Con ese comentario respondido…

Disclaimer: ¡nada es mio! ¡Solo los OCS y la trama!


Capítulo 17: Cernunnos, «El Cornudo»

Harry se encontró preguntándose quién demonios era Cernunnos.

No era por presumir; pero él estaba seguro que conocía a bastantes Dioses. Se sabía los mitos de Zeus, Poseidón, Hades, Odín, Osiris, Horus, Thor y de muchos otros Dioses Grecorromanos, nórdicos y egipcios. Era una persona bastante culta gracias a que la señora Booker le había permitido leer una gran variedad de libros mitológicos (lo cual, ahora que lo pensaba, probablemente ella lo hubiera hecho porque era una Diosa y quería que supiera de su gente)

Pero a pesar de eso de haber leído tantos mitos, él no sabía quién demonios era Cernunnos.

Y para su sorpresa, Harmusp, quien prácticamente casi siempre parecía saberlo todo, tampoco estaba al tanto acerca de quién era él.

—«¿De qué te sorprendes? —le cuestionó Harmusp —. ¿Acaso pensabas que porque soy una serpiente conozco a todos los Dioses Serpientes que existen? ¡Pues dejame decirte que no! ¡A mí solo me importan los Dioses geniales como Quetzalcóatl! ¡El resto para mi es basura sin importancia!»

Harry deseó por el bien de su salud física que Cernunnos no hubiera podido escuchar la parte de «basura sin importancia»

Y eso era otra cosa, aparentemente Cernunnos tenía poderes telepáticos que podían pasar a través de su habilidad [ La Mente del Jugador]

—Negación —comentó Aissi ante ese pensamiento —. El individuo Cernunnos no traspasó [La Mente del Jugador]. Él lo que hizo fue hablarle a su alma, jugador… Además, [La Mente del Jugador] solo bloquea ataques mentales. Efectos beneficiosos no se bloquean.

Harry procesó detalle por detalle lo que acababa de escuchar.

—«¿Cómo que le habló a mi alma? —cuestionó —. ¿Desde cuándo se le puede hablar al alma?»

Fue entonces que, tal y como acostumbraba, Harry esperó que Harmusp le soltara una gran explicación acerca de las reglas de la magia, el universo y toda esa parafernalia extraña que siempre decía.

Pero esta lo que hizo fue bostezar.

—«¿A mí que me miras? —cuestionó ella —. ¿Tengo pinta de Diosa de la Magia, o qué? ¿Acaso esperas que te explique cómo funcionan los poderes de un Dios? ¡Son los poderes de un Dios, Harry! ¡Trabajan en base a la fe! ¡Si les da la gana pueden hacer algodón de azúcar con las nubes o usar las constelaciones como zapatos! ¡No te pongas a pensar en cómo funcionan porque vas a perder tu tiempo!»

Y con esa gran y muy reveladora respuesta, Harry decidió concentrarse en la segunda parte de lo que le había dicho Aissi.

—«¿Así que [La Mente del Jugador] no bloquea todo? ¿Solo bloquea lo malo? »

Y como respuesta, recibió una contestación increíblemente explicativa:

—Afirmativo, jugador

Y luego Aissi guardo silencio por completo.

Harry hizo una mueca ante eso.

—«Por lo que veo, hoy es el día de las respuestas increíblemente reveladoras»

Y tras pensar eso, Harry revaluó su situación.

Estaba en el mar junto con su primo, Percy Jackson, quien era un Semidiós, y su tía, Sally Jackson, con destino hacia Estados Unidos.

—«Correcto»

Estaba viajando en el Pequod II, un destartalado barco que resultaba que tenía la capacidad de transformarse en un gigantesco ser humanoide como si fuera un Transformer o un Megazord de la serie de las Power Rangers.

—«De nuevo, eso es correcto»

El barco era manejado por Ismael y el Capitán Ahab, piratas fantasmas que trabajaban para el Dios Poseidón, quien resultaba ser el padre de Percy, con el Capitán Ahab resultando tener la capacidad de transformarse a sí mismo en un gigantesco narval.

—«Correcto otra vez»

Acababa de salir del estómago de Moby Dick, una gigantesca ballena demoniaca que resultaba ser el hijo de una Diosa Primigenia, y acababa de ser salvado por una gigantesca serpiente cornuda que al parecer era un Dios.

—«En resumen —pensó Harry —, estoy en una situación súper extraña»

—«Y eso que te has saltado un montón de detalles»—le comentó Harmusp.

Y tras realizar ese análisis, Harry miró a sus alrededores.

A su lado, estaba su primo y mejor amigo, Percy Jackson… quien, notó Harry con una mueca, seguía careciendo por completo de cejas.

Por otro lado, Ismael, luciendo entre impactado y temeroso, se encontraba sentando en la silla de mando que tenía el Pequod II en su modo Transfomer.

Y por último, lo más importante de todo: afuera del Pequod II, el Dios Cernunnos (de quien Harry solo conocía el nombre gracias a sus poderes del jugador) seguía afuera en su forma de aterradora serpiente cornuda de quince metros.

—Se los repito, humanos —volvió a hablar Cernunnos de manera telepática a Harry y compañía —: pueden bajar la guardia. No les haré nada.

Harry pensó que estaba pidiendo algo muy difícil. No era fácil bajar la guardia cuando estabas frente a una gigantesca y aterradora serpiente de quince metros de altura.

—¿Soy el único que no está siguiendo el ritmo de lo que está pasando? —le cuestionó Percy en un susurro—. ¿Por qué hay una gigantesca serpiente con cuernos enfrente de nosotros?

—No te preocupes. Ya tampoco entiendo nada de lo que pasa —le contestó Harry, diciendo las palabras que últimamente se había acostumbrado a decir muy a menudo.

Por su parte, Ismael se agitó al escuchar la voz de Cernunnos.

—P-pensar que no encontraríamos con un Dios en medio de todo este lio… —murmuró—. Ruego a Lord Poseidón porque este sea un Dios benévolo que no guste de comerse a los humanos.

—¿Dijo comerse a los humanos? —le volvió a cuestionar Percy en otro susurro, poniéndose pálido de repente.

Por su parte, Harry, quien también se estaba poniéndose pálido, decidió hacer como que no había escuchado aquello.

—C-creo que será mejor si regreso el barco a la normalidad —continuó murmurando Ismael, sin prestarle atención a lo que Harry y Percy decían—. No quiero que este Dios, sea quien sea, piense que estamos siendo hostiles con él y decida exterminarnos.

—«Hmn. Esa es una buena idea… aunque, según las historias que me contó mi madre, también podría matarnos si piensa que somos demasiado débiles y sumisos»—comentó Harmusp de una manera que Harry encontró increíblemente tranquilizadora.

Pero siendo ajeno a las palabras de Harmusp, Ismael hizo un movimiento con su mano, causando que el Pequod II empezara a transformarse de nuevo en su forma de barco de una manera extraña que de algún modo lograba evitar que los habitantes del barco cambiaran de posición.

Y mientras eso pasaba, Harry por fin cayó en cuenta de algo que no había notado debido al impacto que le dio la presencia de Cernunnos:

Se trataba de la ventanilla que anunciaba el fin de la misión [¡Cual Jonás, Pinocho y Ahab!]

¡Ping!

[¡Se ha completado una misión!]

[Misión: ¡Cual Jonás, Pinocho y Ahab! (Completada)]

[Objetivo: Viaja a través de la [Mazmorra Estomago de Cetus] y destruye el núcleo que sirve como el corazón de Moby Dick (Completado)]

[Objetivo Secundario: Derrota a todas las especies de monstruos con las que te topes en tu camino (Completado)]

[Recompensa: Moby Dick desaparece (por el momento) y conservas tu vida. Obtienes [Branquialgas Especiales x1000] La [Fiesta] obtiene 500.000 EXP. Tú y los miembros de tu [Fiesta] obtienen el titulo [Asesino Novato de Bestias Marinas]. Tú y los miembros de tu [Fiesta] obtienen el titulo [Asesino Novato de la Bestia Blanca]

También había otras ventanillas que confirmaban el hecho de que Moby Dick había muerto:

¡Ping!

[¡Has matado a Moby Dick!]

[¡500.000EXP se dividen equitativamente entre los miembros de la [Fiesta!]

¡Ping!

[¡Ganas 421. 666, 498EXP!]

¡Ping!

[¡Felicitaciones! ¡Has subido de nivel!]

¡Ping!

[¡Felicitaciones! ¡[El Derecho del Conquistador] se ha activado y has obtenido la [Joya de Ventaja: [Esencia de Bestia Marina]!]

Ver lo último hizo que Harry recordara que durante la aventura en el estómago de Moby Dick había obtenido muchas habilidades y ventajas nuevas con su [Derecho del Conquistador].

—«Luego tengo que hablar con Percy para que nos repartamos esas cosas entre los dos»— se dijo. De no ser por Percy tal vez no hubiera logrado sobrevivir a la loca aventura que fue viajar por el estómago de Moby Dick. Lo mínimo que Percy se merecía era que le diera unos cuantos poderes extras.

—«Eh, ¿y a mí que me coma un Troglodita?»—le cuestionó Harmusp con un tono entre ofendido y triste.

—«Oh. Perdoname, Harmusp. No sabía que tú también querías que te diera parte de las joyas —se disculpó Harry —. Tranquila. Tú también has hecho muchas cosas importantes, así que si quieres también te doy unas cuantas. Te lo mereces, después de todo»

—«Hmp. Claro que me lo merezco. Sin mi [Aliento Toxico] hace rato que tú y tu primo hubieran sido atrapados por los Trolls de agua y los calamares gigantes, sufriendo un terrible destino —comentó Harmusp con arrogancia, aunque Harry pudo detectar que estaba notablemente contenta con las palabras que le había dicho —. Pero no te preocupes. Me basta con que me des la [Canción Mortal] de las Selkies. ¡Con ella podré enamorar a todo el mundo con mis openings de animes! »

Harry contuvo una mueca. Algo le decía que darle a Harmusp de todas las personas una habilidad de control mental no era precisamente una buena idea… sobre todo si se tomaba en cuenta la «destreza» que tenía Harmusp al cantar.

Pero sus pensamientos fueron cortados cuando vio de refilón como un gigantesco narval se acercaba al Pequod II, solo para luego brillar y transformarse en un fornido anciano con traje de marinero.

—Este yo ver que vosotros habéis hecho un gran trabajo —les comentó el capitán Ahab con una mueca asesina que Harry pensó era un intento de sonrisa amistosa—. Sin duda habéis demostrado que sois más que unos grumetes malcriados e inútiles.

—«¿Malcriado?»—pensó Harry, sin poder evitar ofenderse por un momento…. Como le hubiera gustado ser un «niño malcriado» como Dudley y haber crecido con unos padres que lo hubieran consentido con treintas regalos cada cumpleaños, se dijo.

Pero evitó expresar ese pensamiento. Sabía que el capitán Ahab no lo decía porque lo quisiera ofender. Simplemente era que no lo conocía para nada y no tenía razones para pensar sobre el de una manera que no fuera como «un niño». Como además Harry se la había pasado pegado a Sally, quien sí era una madre muy amorosa y consentidora (pero sin llegar a lo nefasto como tía Petunia), y a Percy, quien no era un «niño malcriado» pero si era uno bastante rebelde e irrespetuoso, el capitán Ahab tenía bases para expresar ese pensamiento.

Pero aun así le molestaba. Le hacía recordar a la forma en que su «amorosa» tía Marge lo criticaba cada cinco minutos a él y a sus padres cada vez que los visitaba a él y a tío Vernon.

—«¡Concentrate! ¡No pienses en eso!»—se exigió Harry, molesto consigo mismo. ¿Por qué a cada rato tenía que pensar en los Dursley? ¡Él ya no estaba con ellos! ¡Ahora tenía una familia que lo quisiera! ¡No tenía porqué estar pensando en el pasado en todo momento!

—[…] era de esperarse del hijo de Lord Poseidón; pero este yo se sorprende ante vos, muchacho. —exclamó al capitán Ahab de repente, causando que Harry regresara su atención hacia él—. Habéis hecho una gran proeza que otros mortales muy difícilmente podrían lograr. Incluso aunque este yo imaginarse que vos debéis ser uno de aquellos magos que viven ocultos, vuestra hazaña impresiona a este yo. Creo que vos tenéis material para que este yo te enseñe el arte de asesinar a gigantescas bestias bellacas.

Harry no estuvo muy seguro de si debía sentirse halagado ante la idea de tener que matar un montón de monstruos de treinta metros a cada rato.

Pero como temía que de ofender al capitán Ahab este se transformará en su forma de narval gigante y tratara de comérselo, puso la expresión más halagada que era capaz de hacer.

Su expresión pareció lograr su objetivo. El capitán Ahab lucio como si Harry prácticamente ya hubiera aceptado su oferta.

—Pero luego vos y este yo hablaremos de eso —dijo, centrando su mirada sobre la gigantesca serpiente cornuda que era Cernunnos—. Ahora es momento de ver que quiere este Dios de nosotros.

—Espere… ¿dijo «Dios»? —cuestionó Percy, luciendo confundido y muy sorprendido.

Escuchar eso hizo que Harry se diera cuenta que si él estaba confundido, Percy debía estarlo aún más.

—«A veces quisiera poder comunicarme telepáticamente con él. Nos ahorraríamos mucho tiempo en la batalla»—pensó.

—«Pero yo no entiendo. ¿Acaso tu primo no puede leer las letras gigantes encima de la cabeza de esa culebra cornuda?»—cuestionó Harmusp, extrañada.

Harry se encontró pensando que su pregunta tenía mucha lógica.

Lamentablemente, no pudo responderle a Harmusp, porque en ese momento Cernunnos volvió a hablarles mientras se le acercaba al flotar por el agua.

—No se alarmen, humanos —dijo, haciendo que Harry se preguntara como no quería que se alarmaran al ver a una gigantesca serpiente acercándoseles —. Como ya les dije, hoy no tengo intenciones de destruirlos. Solo quiero charlar con ustedes para que me expliquen qué es lo que ha pasado aquí.

Escuchar eso hizo que Harry se preguntara si no se suponía que los Dioses lo sabían todo.

—«Tú estás pensando en ese Dios en el que creen todos ustedes los humanos. Los Espíritus Divinos no lo saben todo… O por los menos la mayoría —le aclaró Harmusp

—«Espera… ¡¿entonces algunos sin son omniscientes?!»—le cuestionó Harry, impactado.

—«Oh, no te preocupes, Harry. Esos solo son los que manejan el destino, el tiempo y cosas así. El resto no es capaz de espiarte las veinticuatros horas del día como al parecer la señora Booker lo hace con esos siervos satánicos de los que me hablaste»

Harry no pudo analizar ninguna parte acerca de esa muy perturbadora declaración.

Y la razón fue que en ese momento Cernunnos brilló, iluminando todo el barco y probablemente varios cientos de kilómetros a la redonda, causando que Harry se encegueciera.

Y cuando su visión se aclaró, fue recibido con la imagen de un hombre joven de un metro setenta de altura a unos cuantos metros de su persona.

Harry lo analizó de pies a cabeza tan rápido como pudo y de la forma menos descortés y obvia que le fue posible.

Era un hombre joven, como ya se había dicho. Su piel era de un brillante tono moreno, igual a la de las raíces de las plantas. Tenía un pelo largo de color verde igual a de las hojas de los árboles, pelo que le llegaba hasta un poco más abajo de los hombros. Su rostro era suave y fino, igual de calmado y amable que un riachuelo,sus ojos eran azules y vestía por alguna razón muy extraña un atuendo de guardabosques.

Pero aunque su traje era ligeramente extraño (¿qué hacia un Dios vestido como un guardabosques?) hubo otra cosa que llamó rápidamente la atención de Harry:

Su enorme par de cuernos.

Y es que aunque Harry ya había visto los cuernos que tenía Cernunnos en su forma animal, verlos en la forma humana de este fue algo mucho más impactante.

Los cuernos de Cernunnos eran unos cuernos gigantescos de ciervo que tenían una constitución similar a las ramas de un árbol, cosa que combinada con los demás detalles de la apariencia de Cernunnos lo hacían lucir como si alguien hubiera transformado a un árbol en un ser humano. Median alrededor de un metro, y eran tan gruesos que Harry se encontró preguntándose qué pasaría si Cernunnos trataba de apuñarlo con esas cosas.

Su impacto al ver aquellos cuernos fue tal que su mirada sobre Cernunnos se volvió extremadamente obvia.

—¿Hmn? —exclamó Cernunnos, notando su mirada—. ¿Qué pasa? —cuestionó.

Harry no pudo evitar sonrojarse y palidecer al mismo tiempo ante su pregunta. Los Dioses de los que había leído sonaban como existencias bastante peligrosas y temperamentales. ¿Qué tal si Cernunnos quería vaporizarlo porque lo estaba mirando mucho?

Pero por fortuna, contrario a sus pensamientos, Cernunnos simplemente le dio una sonrisa amable como de un anciano cariñoso que observaba a un niño pequeño.

—Ah, supongo que estás sorprendido por esta apariencia, ¿cierto? —le cuestionó, sonriente—. No te puedo culpar. Este look es bastante reciente. Lo obtuve luego de una larga deliberación en la cual termine llegando a la conclusión que aunque a las damas le gustan los hombres con experiencia, los ancianos son un gran «No».

—«¿De qué está hablando? »—le preguntó Harry a Harmusp, sin entender nada de lo que Cernunnos le decía.

—«Ni idea»— fue la respuesta increíblemente informativa de Harmusp.

—Ejem —tosió Ismael, interrumpiendo la conversación entre Harry y Cernunnos—. Disculpe que me entrometa, oh gran Dios de las…. ¿serpientes?; pero… ¿Podría decirnos que es lo que ha hecho que venga hasta aquí?

—Ah. Cierto, cierto. Deben estar confundidos —contestó Cernunnos amablemente—. Primero que nada, estoy seguro que se las hará muy difícil reconocerme, así que les diré mi nombre. Soy Cernunnos, el Dios Celta de los Animales y la Naturaleza.

Harry notó que todos (incluidos los fantasmas que por el lugar) daban una mirada confundida que decía: «¿Quién?»

Y para su consternación, Cernunnos también lo notó.

—«¿Este es el momento en que nos convierten en animales a todos?»—se preguntó Harry.

Pero para su sorpresa, Cernunnos simplemente dio un suspiro ante sus miradas.

—Haa. Siempre es lo mismo. Hoy en día los únicos que me reconocen son los magos —murmuró.

Seguidamente, agitó la cabeza y les dio una cabezada (o corneada, tomando en cuenta sus gigantescos cuernos) que casi le arranca la cabeza a un fantasma que estaba por ahí.

Tomó unos segundos para que todos entendieran que Cernunnos quería que se presentaran.

—Yo soy Ismael, oh Gran Dios Cernunnos

—Ahab —dijo el capitán Ahab de una manera bastante cortante y plana.

—P-Percy Jackson —dijo Percy luego de que el capitán Ahab le hubiera dado un disimulado golpe en la espinilla.

Y por último, Harry dijo:

—Y yo soy Harry Potter

Cernunnos pozo su mirada sobre todos luego de que se presentaran.

—Uh. Qué raro ver fantasmas fuera del inframundo —dijo en primera instancia, viendo al capitán Ahab y a Ismael, así como a todos los demás fantasmas que se estaban alejando rápidamente de todos ellos, temerosos de que Cernunnos les arrancara la cabeza por accidente con sus cuernos.

A continuación, posó su mirada sobre Percy.

—¿Hmn?... Tu rostro es bastante familiar. Siento que en algún lado te he visto antes —murmuró reflexivamente, antes de que su mirada se iluminará en compresión y algo de disgusto—. Ya se…. Seguramente eres un hijo de Neptuno, ¿cierto?

Percy lo miró como diciendo: «¿Hijo de quién?»

—Neptuno es el nombre romano de Poseidón —le informó Harry en un susurro, acercándosele disimuladamente.

—De hecho, ahora que lo noto, todo este barco rebosa de la presencia del Mar. Lo más probables es que todos ustedes sean servidores de Neptuno —continuó Cernunnos, el disgusto en su voz pareciendo acrecentarse.

Rápidamente, Harry buscó en su mente todo los mitos que conocía de Neptuno, en busca de uno que hablara sobre que este fuera enemigo de un gigantesco Dios Serpiente con cuernos.

Pero, desde que Harry solo conocía mitos de Poseidón, y Neptuno y Poseidón no eran lo mismo (la señora Booker había sido bastante insistente en ese tema), se encontró fracasando en su búsqueda.

—«Por favor, señora Booker. Si estás viéndome en este momento, por favor salvame a mí y a Percy de cualquier posible ataque de este Dios… Por favor no me falles como lo hiciste con Moby Dick»—rezó Harry en su mente de manera apresurada, rezándole a otros Dioses para que su rezo le llegara a la señora Booker.

Pero aunque lucia disgustado, Cernunnos no se transformó en su forma de gigantes serpiente cornuda para comérselos a todos de un bocado.

—Discúlpenos, señor Cernunnos; pero usted se equivoca. Ni este niño es hijo de Neptuno ni nosotros somos sus servidores. Todos nosotros estamos relacionados es con Poseidón —aclaró Ismael, solo para luego darle una mirada a Harry de refilón y añadir: —. Excepto Harry.

—¿Pero no son Poseidón y Neptuno lo mismo? —le cuestionó Percy a Harry en un susurro.

—«Así se debe sentir Harmusp cuando le hago preguntas a cada rato»— se dijo. Seguidamente le dijo a Percy: —. Yo no lo entiendo muy bien; pero aparentemente el culto es distinto, así que Neptuno es ligeramente distinto de Poseidón. Algo así como que Neptuno es la versión malvada de Poseidón.

Percy le dio una mirada confusa.

—Luego te trato de explicar mejor —le dijo Harry, sintiendo que por alguna razón las explicaciones pasadas que le fueron dadas por Harmusp y la señora Booker sobre los Dioses Romanos serían muy importantes en el futuro.

Y tras hacer eso, regresó su mirada hacia Cernunnos.

—Conque de Poseidón, ¿eh? —murmuró Cernunnos, frunciendo el ceño por un momento antes de negar con la cabeza—. Para mi vienen a ser lo mismo. Ambos son Dioses Malvados que abusan a las mujeres y las seducen para que luego den a luz a monstruos.

El capitán Ahab e Ismael dieron una mirada ligeramente enojada ante sus palabras; pero, como las palabras de Cernunnos técnicamente no estaban equivocadas (Harry se sabía el muy famoso mito en donde Poseidón abandonó a Medusa mientras esta estaba embarazada de él… aunque la versión que le dieron había sido de un libro para niños), y como muy probablemente murieran de enfrentarse a un Dios, ellos no dijeron nada.

—Pero no se preocupen —continuó Cernunnos—. Reprocharle a un siervo las malas acciones de su señor es algo tonto. Ustedes no tienen la culpa de seguir a quien siguen. De manera obvia noto que son fantasmas, y es natural para ustedes desear volver a la vida. No los culpo por aceptar la oferta de un Dios para volver a hacer lo que tanto aman: navegar.

Y tras decir eso, posó su mirada sobre Percy.

—Y tampoco a culpo este niño por llevar la sangre de su padre. Tal vez si fuera cruel y arrogante lo mataría de una vez para evitarle muchos problemas a las criaturas del mar; pero me es fácil notar que tiene un alma bastante agradable… Puedo sentirlo: en este momento lo único que piensas es en tus seres queridos, ¿cierto? —cuestionó, mirando a Percy—. Solo piensas en ese niño que está a tu lado y en tu… hmn… ¿madre?

—¿Cómo lo…? —murmuró Percy, mientras a Harry a su lado se alejaba para que evitara cuanto le alegraba saber que se preocupaba por él.

—Soy el Dios de las Emociones: aquel de que emanan los sentimientos —explicó Cernunnos—. Puedo sentir las emociones de todos los seres vivientes. Con eso, entender los pensamientos de ustedes, humanos, es demasiado fácil. Son criaturas demasiado jóvenes comparadas conmigo. He visto e interactuado con tantos de ustedes que es casi como si pudiera leerles la mente. Por ejemplo —señaló Harry—, a este niño el hecho de que te preocupes por él le da una alegría sin igual porque nadie en su vida se ha preocupado por él; pero se niega a expresarlo porque en el fondo de su mente piensa que de ser débil será lastimado y cree que tiene que ser independiente y fuerte ante todo. Siente que todo es una ilusión que se resquebrajara en cualquier momento. Desea evitar el dolor.

—¡! —Harry de inmediato evitó la mirada de Percy y de todo el mundo.

Cernunnos había dado por completo en el clavo.

—Ah, sin duda ustedes los humanos son los más tontos de todos los animales —murmuró Cernunnos al verlo, de repente sonando igual que un anciano divertido ante unos jovenzuelos—. Ahora sientes vergüenza y molestia. Quieres que me calle y que no le digas más nada. Tienes miedo de que se burlen de ti y te dañen —de repente frunció el ceño y pareció molesto —, ¿de nuevo? ¿Otra vez? ¿Con mucha fuerza?... ¿Qué ser tan asqueroso podría ser tan ruin con una cria, el máximo tesoro que puede haber? —susurró; pero Harry alcanzó a escucharlo.

Cernunnos guardó silencio luego de decir eso; pero Harry vio en su mirada que de repente estaba deseando transformarse en su forma de serpiente y comerse a alguien… muy probablemente a los Dursley, por lo que estaba diciendo.

—Ejem —volvió a toser Ismael, pareciendo apiadarse del Harry que lucía como un tomate—. Disculpe, Lord Cernunnos; pero, ¿no nos iba a contar la razón detrás de que nos honre con su presencia?

—¿Eh?.. Sí. Tienes razón —asintió Cernunnos, su mirada perdida sobre Harry como si observara la escena de una tragedia horrible digna de Grecia.

Seguidamente, él se volteó hacia Ismael.

—Veras, Ismael, la presencia de la Bestia Blanca de la Locura no es algo que pase desapercibido. Es algo demasiado catastrófico como para que nosotros los Dioses no nos demos cuenta —explicó Cernunnos, su tono igual al de un erudito que le comparte su sabiduría a un pobre inculto—. No solo es una existencia de gran tamaño capaz de causar tsunamis y destruir embarcaciones como si fueran muñecos de papel; sino que además transforma a todos los animales con los que se encuentre en Bestias Mágicas. Sus poderes generan caos a su paso, tanto que es una amenaza contra el equilibrio de todo. Hablando estrictamente, esa criatura a la que se enfrentaba pudo haber causado un desastre que ni el [Feith Feida] pudo haber ocultado.

—¿ [Feith Feida]? —susurró Harry sin que pudiera evitarlo, todavía evitando la mirada de Percy y de todo el mundo.

Aunque solo fue un susurro, Cernunnos pareció escucharlo.

—Si. [Feith Feida] —reafirmó Cernunnos—. Un vestigio del suspiro del Dios Primordial que creó el universo que se encuentra en la frontera entre nuestro mundo y el Mundo Astral (también llamado como Otro Mundo o Mundo Inverso). Un velo místico que recubre el universo, que hace que todos los seres racionales interpreten las cosas de una forma u otra y que oculta el mundo de los inmortales a los mortales… Hay unas cuantas diferencias en la idea; pero creo que ustedes, habitantes de Grecia y Roma, suelen llamarlo como «Niebla» —aclaró a lo último al notar su mirada confundida.

Harry hubiera querido decirle que ni él era de Grecia y/o Roma, ni que tampoco sabía lo que era la Niebla; pero, sintiéndose enrojecer al notar que Percy lo miraba con preocupación, se tragó sus palabras mientras miraba a otro lado.

—«¡Deja de mirarme así!»—le gritó a Harry a Percy en su mente, sintiéndose extraño ante su preocupación... Internamente agradeció que Sally no estuviera ahí. Las cosas hubieran sido más horribles (para él) si ella hubiera escuchado lo que dijo Cernunnos.

—«¿Sabes, Harry? Si actúas de esa manera, solo harás que se preocupe más. Pensará que lo necesitas y querrá apoyarte»—le comentó Harmusp, sonando extrañamente seria y madura.

Harry quiso preguntarle: «¿Desde cuando eres psicóloga?»; pero, sabiendo que Harmusp tenía razón, guardó silencio. Sabia gracias al proceso de pensamiento lógico que le estaba dando [La Mente del Jugador] que estaba actuando tontamente; pero no podía evitar avergonzarse ante el hecho de que todo lo que ocultaba —incluidos los traumas de los que ni siquiera era consciente— fueran develados ante todo el mundo.

No le gustaba sentirse expuesto. Había aceptado con ligera vergüenza que quería a Percy como un hermano —y también secretamente había empezado a pensar recientemente en Sally como una madre—; pero todavía no se sentía en la capacidad de decir todo lo que ocultaba. Había sido capaz de exponer sus habilidades, y sabía que no sería juzgado como su anterior familia siempre lo había hecho; no obstante, decir «aquello que lo aquejaba» se le hacia extremadamente difícil, sobre todo porque nunca había tenido a nadie que se preocupara por él.

Sentía enojo contra Cernunnos por eso mismo. ¿Quién se creía él para develarle lo que sentía a todo el mundo? ¿Acaso pensaba que era porque era un Dios tenía el derecho de entrometerse entre las relaciones de los mortales?

Pero aunque sonara extraño, también sentía una pisca de alivio y agradecimiento con él. No podía mirar a Percy a la cara; pero, notando que este no había explotado en risas ni se había burlado cruelmente con palabras que lo depreciarían a él y a todo lo que sus pensamientos representaban como una parte muy tonta de su cerebro había pensado que él y Sally actuarían si les llegaba a decir lo que le pasaba, sentía que perdía un peso de encima.

Que tonto había sido, se dijo. Tal vez solo debería tener un poco más de confianza…

¡Ping!

[¡[La Mente del Jugador] ha anulado la [Emanación de Emociones] de Cernunnos!]

Y de repente, mientras llegaba ese anuncio, Harry sintió que el repentino valor que había ganado para tratar de confrontar a Percy desaparecía.

Saber que había sido obra de una especie de truco lo molestaba (¡¿quién se creía Cernunnos para jugar con sus sentimientos?!); pero en parte no pudo evitar también molestarse con [La Mente del Jugador]… Hubiera querido que se activara luego de poder confrontar a Percy y deshacerse de todos esos pensamientos estúpidos e infantiles que lo embargaban.

—«¡Ya se, Harry! ¡Dile rápido que luego hablan de eso y concentrate en la conversación divina súper-importante que te estás perdiendo! —le sugirió Harmusp, con algo que parecía ser irritación estando presente en tu tono—. ¿Te parece bien?»

—«Hmn»—fue lo que Harry le contestó.

Seguidamente, Harry, armándose de un valor que no tenía, hizo caso de la petición de Harmusp.

—L-luego hablamos de esto —le dijo a Percy.

Este lo miró con una mezcla de emociones incompresibles que hicieron que Harry deseara poder leer los emociones de los demás como lo hacía Cernunnos. De alguna manera, sentía que Percy estaba pensando: «Creo que voy a tener que hablar seriamente con mi mamá», y esa idea no le gustaba para nada. De repente, la imagen de Sally abrazándolo mientras le exigía que la confrontara apareció en su mente.

Pero como Harmusp le gritó con irritación que se concentrara en lo que decía Cernunnos, Harry tuvo que dejar de lados sus pensamientos.

—¿De qué me he perdido? —le preguntó a Percy.

—Básicamente ha estado hablando de lo terrible que era Moby Dick y que aunque estaba debilitado era muy peligroso para el equilibrio del mundo —le explicó luego de mirarlo durante unos segundos, pareciendo decidir fingir que el episodio «Harry súper traumado (nombrado así por Harmusp)» no había pasado.

Agradeciéndole internamente por eso, Harry regresó su atención hacia Cernunnos.

—Antiguamente se encontraba en una región del mar en el Ecuador que estaba en medio de una frontera entre el Mundo Astral y este mundo, así que no solía causar mucho daño a las civilizaciones y no había mucho de qué preocuparse —le decía Cernunnos a Ismael. Harry supuso que estaba hablando de Moby Dick—. Normalmente, al haber muerto (lo cual, por cierto, fue un hecho que sorprendió a todos los Dioses: que una criatura como esa muriera), a esta criatura deberían tomarle unos cuantos siglos resucitar, y al momento de volver a la vida debería haber seguido en el mismo lugar donde solía vivir; pero por alguna extraña razón, no solo resucitó mucho antes de lo previsto, sino que lo hizo fuera de su hábitat natural.

—«¿Hmn? —aquel detalle llamó la atención de Harry —. ¿No sabe que fue enviada por un Dios?»

—Eso hizo que todos los Dioses del Mar cercanos se agitaran —continuó Cernunnos, ignorante de los pensamientos de Harry—. La Bestia al parecer estaba extremadamente debilitada; pero sus capacidades para armar caos seguía siendo una amenaza extrema para el orden del mundo. No se puede dejar a esta clase de criatura rondar los mares tranquilamente. Podría haber despertado a seres terribles como la Serpiente Mundial. Para evitar eso, Manannán mac Lyr… el Dios Celta del Mar —aclaró rápidamente al notar la mirada confundida de Harry y Percy—, me pidió a mí, que soy el Señor de la Naturaleza y los Animales que me encargara de esa criatura.

—¿Señor de la Naturaleza? —murmuró Harry para sí mismo—. ¿Cómo Pan?

—¿Pan? —le cuestionó Percy en un susurro, habiéndolo escuchado, un rugido de hambre de su estómago indicándole a Harry que de alguna manera había reconocido el significado castellano de la palabra.

—No es esa clase de Pan —le informó Harry, momentos antes de que Cernunnos centrara su atención sobre él.

—Harry, ¿cierto? —le preguntó Cernunnos sonriente, igual que si hace unos minutos no lo hubiera puesto en evidencia ante todo el mundo, a lo que recibió un asentimiento que contenía su molestia—. Pues bien, Harry, tienes razón. Soy el Señor de la Naturaleza igual que Pan. De hecho, nosotros dos somos íntimos amigos… aunque en los últimos siglos no lo he vuelto a ver —caviló, antes de volverse hacia ellos—. Nosotros somos Dioses bastante similares, tanto así que cuando los romanos conquistaron parte de Galia me confundieron con él. La verdad a mi ese hecho no me molestó como a otros Dioses Celtas que odian a los romanos. Prácticamente somos lo mismo, así que no cambié para nada… lo único que si es algo molesto es que a cada rato los sátiros vengan hacia mi pensado que yo soy Pan.

La parte que más le llamó la atención a Harry fue la de «otros Dioses Celtas que odian a los romanos».

—¿Y los Dioses Celtas también odian a los griegos? —preguntó Percy a su lado, pareciendo pensar lo mismo que él, a juzgar por como su rostro palidecía.

Cernunnos reflexionó un momento ante su palabra.

—Pues… no es tanto una cosa de los Dioses. Verán, como nuestros primeros adoradores (es decir, los primeros celtas) fueron esclavos griegos que migraron a Irlanda, un poco de la esencia griega existe en nuestra adoración; pero el hecho es que somos muy distintos y realmente nosotros no queremos ser un pueblo esclavo, así que algunos nuestros adoradores suelen matar a cualquier griego con el que se encuentran. Como además hemos adoptado unas cuantas costumbres romanas debido a la conquista que sufrimos por parte de ellos, puede decirse que los griegos son como una plaga para nosotros.

Percy palideció ante su respuesta.

—Oh, pero no te preocupes, niño. Estarás bien mientras te alejes de Escocia, Irlanda, Francia y algunos lugares de Inglaterra y España. Esos son nuestros centros de fe, así que lejos de ahí no debe haber ningún celta que quiera asesinarte… o eso creo —exclamó Cernunnos en un tono tranquilizador que no resultaba para nada calmante.

—De repente siento que tuve mucha suerte cuando te fui a buscar a Inglaterra —le murmuró Percy a Harry.

El rostro de Cernunnos se iluminó al escuchar eso.

—Oh, ¿eres de Inglaterra? —le preguntó a Harry, solo para sonreír al ver su asentimiento—. Oh, ¡eso es genial! ¡Me encantan los ingleses! ¡Son tan formales y tienen un precioso acento que nunca me canso de escuchar!... ¡Además, ellos me adoran bastante incluso bajo su mitología galesa!

—¿Mitología galesa? —le cuestionó Harry, que a pesar de ser ingles no conocía para nada el término.

—Ah. Es una mitología que se derivó de la nuestra. No te preocupes si no la conoces —dijo Cernunnos en respuesta, sonriéndole—. Básicamente, puedes pensar que viene a ser como lo que le pasa a los romanos con la mitología griega. Ellos son la Roma de los celtas.

—«De repente, siento que no conozco a tantos Dioses como debería—se dijo Harry, antes de que un pensamiento le pasara por la cabeza: —… Un momento… ¿eso quiere decir que la señora Booker puede ser una Diosa celta o galesa?»

—«… La probabilidad es tan alta que de alguna manera me siento estúpida por no haberla pensado antes —murmuró Harmusp ante su pregunta —. Lo más probable es que ese pensamiento sea correcto: eso explicaría porque ella tiene un "lado bueno". Los Dioses celtas se caracterizan por su triple esencia…. Ahora el problema es saber que Diosa es. De los celtas no conozco mucho, pues sus Dioses son tan confusos de entender que me dormía al instante cuando mi mamá empezaba a hablarme de ellos»

—«… Bueno. Supongo que lo más fácil sería preguntarle a Cernunnos»— se dijo Harry, regresando a la realidad.

—Oh, ¿ya terminaste de hablar con tu amiga? —le cuestionó Cernunnos al verlo regresar a la realidad, sonriéndole ominosamente como uno de esos ancianos misteriosos de las películas de magia.

Harry se paralizó ante su pregunta.

—No pongas esa cara. Ya te dije que puedo sentir las emociones —le recordó Cernunnos— Notar que hay dos seres dentro de ti era un poco difícil al principio; pero con ese detalle de que eres de Inglaterra todo se me aclaró. Seguramente eres un mago, ¿cierto?

Harry le asintió lentamente.

—¡Lo sabía! —exclamó Cernunnos, emocionado. Harry no pudo evitar notar como todos a su alrededor parecían llenarse ánimos de repente—. ¡Me encantan los magos! ¡Son tan respetuosos y conscientes de la importancia de la naturaleza! ¡Ellos son de los pocos humanos que en la actualidad reconocen la importancia de tener un enorme par de cuernos!

—¿La importancia de tener -qué? —cuestionó Percy aun lado de Harry, su cara indicando que se preguntaba si había escuchado mal.

—¡La importancia de tener un enorme par de cuernos! —repitió Cernunnos—. ¿No lo sabían? ¡Los cuernos son un símbolo de virilidad y poder masculino!

—Pff… y yo que pensaba lo contrario —murmuró Percy mientras se aguantaba la risa.

Harry no entendió lo que era tan gracioso.

—No te culpo. Últimamente la importancia de tener un enorme par de cuernos ha sido olvidada por la sociedad —dijo Cernunnos, pareciendo no prestarle atención al hecho de que Percy por alguna razón se estaba riendo—… Oh. ¡Como extraño los viejos tiempos! ¡Antes todo el mundo sabía lo importante que eran los cuernos! ¡A cada rato alababan mi nombre y su significado: «El Cornudo»!

—Pfff —Percy se aguantó la risa.

Harry le dio una mala mirada. ¿Acaso quería hacer enojar a Cernunnos?

—Ya me imagino la razón de que su madre lo haya llamado así —le dijo Harry a Cernunnos con la intención de que no se concentrara en el Percy risueño, su mirada centrada sobre el enorme par de cuernos encima de la cabeza de Cernunnos.

—Oh, sí. Todo fue por estos cuernos —le asintió Cernunnos, notablemente orgulloso de su enorme par de cuernos—. Gracias a ellos he recibido otros factores que antes no tenía como Dios… Por ejemplo: ¿no han escuchado la frase «poner los cuernos»?

De repente, Percy dejó de reír y miró a Cernunnos como si quisiera que se callara, antes de mirar a Harry con preocupación.

Este, por su parte, no entendiendo la razón de su actuar, lo ignoró.

—No. Es la primera vez que la escucho —le contestó a Cernunnos—. ¿Qué significa?

Cernunnos sonrió. Estando a su lado, Harry notó que Percy de repente pareció querer poder lanzarse un [Silencio]

—Antiguamente, en la Edad Media cuando un señor feudal ponía en práctica el derecho de pernada sobre la esposa de un vasallo, se colocaba en la casa una cornamenta de ciervo, invocando mi imagen, la cual está relacionada de manera automática con el ciervo cornudo de la lujuria; eso es lo que significa la frase «poner los cuernos». Esa es la razón de que los cuernos sean tan importantes. Son un símbolo de fertilidad, poder masculino y lujuria. Antiguamente, todo el mundo quería ser un cornudo por eso —explicó Cernunnos, sonriendo con orgullo.

Harry lo miró con signos de interrogación en los ojos.

—«¿"Derecho de pernada"? —se cuestionó —. ¿Qué significa eso? ¿Qué tiene que ver con la lujuria?»

Pero Percy impidió que le pidiera más detalles a Cernunnos.

—Ejem… ¿No nos estaba hablando de que le encantaban los magos? —le cuestionó a Cernunnos.

—Oh, sí. Tienes razón —asintió este. Algo en su expresión hizo que Harry lo comparara con un anciano que estaba acostumbrado a divagar.

A continuación, Cernunnos dijo:

—Me encantan los magos. Son una cultura muy hermosa y sabia. Me adoran independientemente del panteón celta mediante la cultura Wicca. ¡Ellos siempre me han pedido que les dé bendiciones a través del poder de mis cuernos! ¡Me alaban tanto que a la final incluso los ayudé a crear el hechizo [Anteoculatia] en agradecimiento por todas sus alabanzas!

—¿ [Anteoculatia] ? —repitió Harry, desconociendo el hechizo.

—Es un hechizo muy genial —le contestó Cernunnos—. Permite que el que lo reciba obtenga el honor de que de su cabeza crezcan un par de cuernos semejantes a los míos.

De repente, a la mente de Harry vino la imagen de un hombre con túnica lanzándole un rayo de energía con una varita, causando que de su cabeza le creciera un par de cuernos tan enormes que harían que perdiera el equilibrio a cada rato y que no pudiera pasar por las puertas.

—Suena como un hechizo muy genial —le dijo a Cernunnos.

¡Ping!

[¡Felicitaciones! ¡La habilidad [Mentir] ha subido de nivel!]

Cernunnos le sonrió. Harry pensó que o no era capaz de detectar las mentiras con sus poderes empáticos, o no le importaba que acabara de mentirle en la cara.

—«Oye, Harry, ¿y qué pasó con lo que ibas a preguntar?»—le cuestionó Harmusp de repente.

—«Oh. Tienes razón»—le contestó Harry, sintiendo de repente algo de vergüenza… Al parecer Cernunnos no era el único que tendía divagar y a olvidarse de las cosas.

Negando con la cabeza para deshacerse de ese pensamiento, Harry tosió para llamar la atención de Cernunnos.

—Ejem. Disculpe, Lord Cernunnos; pero… ¿Puedo hacerle una pregunta?

A lo que Cernunnos le contestó:

—Claro, Harry. Hazla sin temor.

—¿Usted de casualidad no sabrá acerca de una Diosa que pueda transformarse en cuervo y que sea amante de la cortesía?

Cernunnos se congeló ante la pregunta. Por un momento, algo similar al pánico cruzó por su mirada.

—U-una Diosa que puede transformarse en cuervo y que es amante de la cortesía… ¿d-dices? —cuestionó con nerviosismo, gotas de sudor resbalando por su rostro—. ¿P-por qué querrías saber acerca de ese tipo de D-Diosa?

—«Está… ¿está asustado?»— se cuestionó Harry, sorprendido.

—«¿Qué te lo dijo? ¿El hecho de que está temblando, o que Percy y todos los demás que están a tu alrededor están empezando a agitarse como si estuvieran viendo la peor de sus pesadillas?»—le preguntó Harmusp con ironía.

Harry se tragó la irritación que ese comentario le provocó y le dijo a Cernunnos con algo de duda:

—P-pues… este… Digamos que… la conocí una vez en una biblioteca.

—¿En una biblioteca? —repitió Cernunnos como si Harry acabara de decir que había visto un pingüino nadando en medio del desierto del Sahara.

Pero luego su expresión se llenó de tristeza mezclada con miedo, causando que todos a su alrededor (Percy incluido) lucieran como si estuvieran viendo una película de terror mientras estaban pasando por una depresión.

—Oh. Pero que tragedia… Luces tan joven —murmuró.

—«No me está gustando ni un pelo la forma en que se está comportando»—se dijo Harry, sintiendo de repente una pizca de miedo. Hace tiempo que el juego le había dicho entre líneas que la señora Booker era como una especie de Satán mujer; pero él había pensado que eso era sobre todo porque ella gobernaba sobre aquellas aterradoras criaturas llamadas Horripilantes, pensamiento que estaba muriendo con rapidez al ver como Cernunnos, quien se había despachado a Moby Dick de un golpe, lucia como si estuvieran a la mismísima Parca. ¿Acaso la señora Booker en verdad era una Diosa Malvada cuyo nombre era comparable con el del mismísimo Diablo?

—«No, no. Eso no puede ser. Ella era estricta y un poco aterradora a veces; pero no era el tipo de persona que podría llamarse la encarnación de Satanás. E-ella no puede ser un monstruo terrible, ¿cierto?»—se dijo, tratando de auto-convencerse.

Pero de inmediato se dio cuenta que la posibilidad no era inexistente. Después de todo, ¿qué acaso el Diablo no era un ser encantador capaz de llevar a las personas por el camino del mal mientras les hacían pensar que iban por el bien? No era como si el Diablo apareciera en una forma monstruoso; por el contrario, era el Diablo porque sabía cómo diseminar la destrucción mientras vestía con piel de cordero.

—«No, no. ¡No pienses en eso! ¡Mejor preguntale a Cernunnos quien demonios es ella de una vez y acabemos con esto! »—se dijo a sí mismo, agarrando valor.

Y tras pensar eso, le preguntó a Cernunnos:

—Entonces, ¿si sabe quién es ella? ¿P-podría decirme su nombre?

—No. Lo siento, pequeño mago; pero hay cosas que no deben ser convocadas —le contestó Cernunnos, negando con la cabeza mientras lo miraba con tristeza mezclada con terror, casi como si ya estuviera eligiendo las flores que iba a llevarle cuando muriera—. Los nombres tienen poder. Hay monstros tan horribles a los que incluso un Dios no quiere molestar… S-si quieres saber su nombre, tendrás que descubrirlo por ti mismo… después de todo, ya no tienes nada que perder.

Harry deseó con todas sus fuerzas haberse imaginado ese «ya no tienes nada que perder».

Afortunadamente, en ese momento un «¡Ping!» sonó, sacándolo de sus pensamientos.

[¡Alerta de Misión!]

[El Nombre de la Gran Diosa]

[Objetivo: descubre el nombre de la señora Booker y confrontala]

[Recompensa: conoces a «La Terrible» en toda su expresión. Develado ¿?]

[Fallo: combustión espontánea y muerte por envenenamiento… y tal vez también ser aplastado por los terribles conejos demonios. No tiene porqué ser precisamente en ese orden]

—«…»—Harry no quiso ni pensar nada acerca de lo que estaba viendo. Tratando de mantener la mente en blanco, se deshizo tan rápido como pudo de la ventanilla.

—Oigan, ¿de qué están hablando? —les preguntó Percy, mirando a Cernunnos con algo de molestia (probablemente porque estaba alterado sus emociones) y a Harry con preocupación.

—E-eh… Luego te cuento, Percy —le contestó Harry, cayendo de repente en cuenta que nunca le había dicho nada a Percy acerca de la señora Booker.

Percy le dio una mirada que le dio a entender que esa conversación no se la iba a dejar pasar.

—¿Sabes? Me lo he estado preguntando; pero… —Cernunnos le dio una mirada analítica a Percy—… ¿Por qué no tienes cejas? ¿Es acaso una nueva moda de la que me he perdido?

—¿De qué habla? —le preguntó Percy, Harry a su lado contiendo un grito de terror (¡se lo había dicho) —. Yo tengo cejas.

—No, no las tienes—le negó Cernunnos, para a continuación levantar una mano y hacer que un cumulo de agua se formara en frente de Percy como si fuera un espejo.

Percy se le acercó por un momento, solo para luego dejar escapar un gemido de horror.

—¡Me parezco a ese villano serpentino que sale en la televisión! —chilló, solo para luego darle una mirada a Harry y gritar: —. ¡¿Por qué me parezco al villano serpentino que sale en la televisión?!

Harry hizo una mueca.

—S-somos hermanos, ¿no? L-los hermanos no se hacen daño entre sí, así que… N-no me vas a tratar de arrancar las cejas, ¿v-verdad, gran hermano mayor Percy?

¡Ping!

[¡Tu intento de [Manipulación] ha fallado! ¡A la próxima trata de ser más moe!]

Percy le dio una mirada que prometía dolor y sufrimiento por esa humillación.

Afortunadamente, Cernunnos se entrometió antes de que Percy pudiera tratar de arrancarle las cejas a Harry por la fuerza.

—Oh. ¿Entonces no sabías que no tenías cejas? —cuestionó, solo para recibir un asentimiento de un Percy que seguía dando una mirada maliciosa y vengativa a Harry—. Ah. Los humanos de hoy en día. Pierden las cejas y ni siquiera se dan cuenta…. —murmuró, negando con la cabeza. No pudo haber parecido más como un anciano aunque lo quisiera—. Ven aquí. Deja que te arreglé eso

Ante su petición, Percy exclamó un «¿Eh?», solo para luego acechársele tentativamente, tal vez pensando que de no hacerlo Cernunnos podía hacerlo llorar como magdalena con sus poderes.

Fue entonces que, acercando un poco su mano a su cara, Cernunnos hizo que con un brillo verdoso Percy volviera a tener cejas.

—Listo —sonrió Cernunnos, mostrándole a Percy su cara con ayuda del espejo de agua—. Como nuevo.

—¡Guau! —exclamó Percy, dándole una mirada impresionada a Cernunnos—. ¿Cómo hizo eso?

—Soy el Dios de la Renovación —explicó—. Traigo al mundo a su antigua gloria para dar paso a las nuevas vidas. Comparado con limpiar Londres durante la época de la revolución industrial, recuperar tus cejas es pan comido.

—Eh, pues… Gracias

—No me lo agradezcas. Todo sea porque un par de hermanos no peleen entre si… eso es algo tan trágico que no le desearía a nadie—murmuró, solo para luego negar con la cabeza—. Ahora, vas a cesar de tus intentos de venganza infantil hacia aquel niño mago, ¿cierto?

Percy le dio una mirada a Harry, y asintió a regañadientes.

—«¡Cernunnos es mi nuevo Dios favorito! »—se dijo Harry con alivio al ver eso… Si había una cosa que le desagradaba del juego, era estúpida ventaja de lógica extraña respecto de «hermano mayor vence a hermano menor». ¡Ahora Percy podía hacerle la vida a un infierno cuando le diera la gana!

—«¡No seas tonto, Harry! ¡¿Qué acaso los animes y las series no te han enseñado nada?! —le cuestionó Harmusp —. ¡Si no puedes derrotar a un oponente, busca a alguien que si pueda! ¡El hermano menor siempre puede pedirle refuerzo a la madre para que esta desate su todopoderosa ira pacificadora!»

—«… voy a anotar eso para después»—le contestó Harry, sin sentir ningún tipo de pena ante la idea. Después de todo, ¡en los juegos de la supervivencia, todo recurso era válido!

—Ejem —tosió Ismael, quien había quedado olvidado junto al capitán Ahab—. Disculpe la pregunta, Lord Cernunnos, pero, ¿entonces se quedara más tiempo? N-nuestra intención no es ser descorteses; pero tenemos que llevar a estos niños a Estados Unidos con la mayor prontitud posible. Ya saben cómo es tener un Semidiós al aire libre. Ya suficiente hemos tenido con los monstruos que nos hemos despachado durante esta semana.

—«¿Hmn? »—Harry no pudo evitar sentir curiosidad ante ese hecho —. ¿Ellos han estado luchando contra monstruos desde antes de esto?»

—«Supongo que tiene lógica. Eso explicaría porque ningún monstro ha saltado al barco en búsqueda de tu primo»—comentó Harmusp, hacendó que Harry recordara que el olor de Percy era el atractor de monstros por naturaleza.

—«Cosas como esas me hacen alegrarme de no ser un Semidiós»—pensó Harry.

—«Yo no sé de qué te alegra. A ti te toca peor. Tienes la enemistad de un ser mitológico y no recibes poderes rotos de la herencia de nadie»—le recordó Harmusp.

Escuchar eso hizo que Harry (aparte de quejarse de lo injusta que era la Vida con él) recordara la raíz de toda la pelea con Moby Dick.

—«Todo fue obra de ese Dios y de su odio a la señora Booker—recordó —… Y además, ¿qué dijo? ¿Algo acerca de que nadie sabe de él? ¿Qué unió muchas fuerzas?»

Harry negó con la cabeza. Él no podía entender nada de esa conversación porque desconocía muchas cosas del extraño mundo en el que vivía.

—«Pero… tal vez… —pensó, centrando su mirada sobre Cernunnos —… tal vez Cernunnos sí sepa de lo que estaban hablando. Luce como un Dios bastante sabio. Tal vez pueda decirme de quien se trata ese Dios… Tal vez incluso si se trata de un criminal divino muy buscado él y sus amigos puedan encargarse de él»

Harry asintió ante sus pensamientos. Eso le parecía una forma de actuar muy lógica.

Y el juego también pareció estar de acuerdo.

¡Ping!

[El Enemigo Misterioso]

[Objetivo: cuéntale a Cernunnos acerca del misterioso enemigo divino que has obtenido de alguna manera]

[Recompensa: ¿?

[Fallo: ¿?]

—«¿Debería sentirme preocupado de que haya un signo de interrogación en lugar de la clásica "muerte"? »—se preguntó, antes de tener que regresar a la realidad debido a un zarandeo de Percy.

—Deberías tratar de evita distraerte tanto. Es peligroso —le aconsejó Percy, cosa que Harry no pudo evitar encontrar extremadamente irónica.

Pero las siguientes palabras que escuchó hizo que tuviera que concentrarse única y exclusivamente en Cernunnos.

—¿Oh? ¿Así que tienen que ir rápidamente hacia Estados Unidos? —cuestionó Cernunnos, solo para recibir un asentimiento—. ¿A qué parte específicamente?

—Manhattan. En la parte norte de la ciudad, para ser más específicos —explicó Ismael.

Cernunnos hizo una mueca.

—Un lugar bastante agitado, ¿eh? —murmuró, antes de negar con la cabeza—. Pero bueno. Todo Estados Unidos es agitado. No lo sabré yo que una vez terminé peleándome con Sakkan y sus vacas locas aquella vez cuando me emborraché visitando San Francisco para ver a mi hija…

Cernunnos negó con la cabeza luego de decir eso, probablemente dándose cuenta de que estaba divagando.

—Pero no importa. Creo que puedo darles un aventón.

Y antes de que Harry y cualquiera de los que estaban el barco pudieran decirle nada, Cernunnos chasqueó los dedos, causando que un gran brillo que era entre dorado y verdoso los cubriera.

Y cuando el brillo desapareció, Harry se encontró montando en el Pequod II en las costas de lo que parecía ser una gran ciudad.

¡Ping!

[¡Has experimentado la tele-trasportación de un Dios! ¡La experiencia se acumula y [Aparición] sube cinco niveles!]

¡Ping!

[Aparición]

[LV 6 (20%)]

[Habilidad mágica que es propia de los Homo-Magis. Permite desplazarse de un punto «A» un punto «B» ignorando la distancia que necesita ser recorrida. La habilidad solo funciona cuando se tiene una imagen clara del sitio en donde el usuario desea «aparecerse»]

[Efecto: te da la capacidad de aparecerte en cualquier lugar dentro de un rango límite de 150 metros a la redonda]

[Costo: 192, 5MP]

—«Guau —pensó Harry —. Todo esto es bastante… conveniente. De alguna manera hace que sienta que todo este viaje no tuvo mucho sentido»

—«Es que si nosotros fuéramos capaces de tele-trasportanos como lo hacen los Dioses, hace rato que hubiéramos llegado a Estados Unidos, ahorrándonos todo el problema con Moby Dick»— comentó Harmusp

Tal observación hizo que Harry no pudiera evitar volver a pensar lo injusta que era la Vida con él.

—Muy bien —exclamó Cernunnos tras decir eso—. Creo que ya es momento de que parta. Este lugar no es… seguro para mí.

Al murmurar lo último, Cernunnos dio una mirada vigilante a sus alrededores, casi como si esperara una especie de ataque sorpresa de alguien que lo ha estado persiguiendo acérrimamente.

—¡E-espere! —le grito Harry al escucharlo, solo para enrojecer al notar como todo el mundo (fantasmas incluidos) centraban su atención sobre él—. T-tengo algo importante que decirle —tartamudeó.

Cernunnos centro su mirada sobre él.

—Ah, lo siento, Harry; pero ya te dije que no te puedo hablar acerca de aquella mujer. Sea cual sea la razón por la que le intereses, yo no quiero entrometer…

—¡No, no es eso! —lo interrumpió—. E-es acerca de… algo importante.

—Algo importante, ¿dices? —murmuró Cernunnos, antes de que su expresión se volviera extrañamente seria. Distraídamente Harry pensó que probablemente fuera porque debió haber notado que no estaba jugando al leer sus emociones—. ¿Es demasiado importante?

Harry asintió.

Tal vez fuera porque su carácter era bastante amable (o tal vez fuera por su relación con la señora Booker); pero Cernunnos tomó su asentimiento como una declaración bastante seria.

—Ya veo —murmuró. Seguidamente, le dijo a todos los que estaban a su alrededor: —. ¿Podrían darnos un poco de espacio?

Ante su petición, todo el mundo se apartó y se alejó de ellos dos, Percy siendo el único que no hizo amago de apartarse.

—Tú también, niño —le dijo Cernunnos a Percy—. Por razones técnicas trataré esto como un asunto celta, así que… Será mejor si no te entrometes. Mezclar panteones es algo que solo los Dioses podemos hacer. Mortales como ustedes sufrirán destinos horribles si tratan de juntarse con mitologías ajenas.

Percy pareció dispuesto a protestar (probablemente pensaba que ya estaba lo suficientemente entrometido en el asunto); pero una mirada de Harry lo hizo cambiar de idea.

«No te preocupes. Luego hablo contigo»: eso fue lo que Harry trató de trasmitirle.

Si Percy entendió el mensaje por completo o solo obtuvo una idea, Harry no lo sabía. Lo que si sabía era que Percy —a regañadientes, eso sí— le asintió y se fue, dejándolo solo junto con Cernunnos.

Seguidamente, Cernunnos le preguntó:

—¿Eres capaz de usar hechizos para evitar que nos escuchen?

Harry le asintió.

—Bien —asintió Cernunnos—. Pues usalos entonces.

De inmediato, Harry lanzó un [Silencio] alrededor de él y Cernunnos, un poco de su atención siendo usada para evitar dejarse mudo a sí mismo y a Cernunnos.

—Excelente —le sonrió Cernunnos, antes de que rostro volviera a ganar aquella expresión seria—. Ahora… Cuéntame aquello que trae tanta preocupación.

Al instante, Harry le hizo caso.

Le contó acerca de su sueño: de como un conejo cambia-formas lo secuestró y lo llevó a un extraño lugar; de como escucho la conversación entre dos figuras que usaban términos muy extraños; de como la figura más aterradora entre los dos, aquella que lucía como si fuera un Dios, había mandado a Moby Dick para matarlo; de como esa extraña figura murmuraba acerca de vengarse de un padre y una hermana al mismo tiempo que se regodeaba al colgar a unos extraños seres de orejas gigantescas con árboles que el mismo conjuraba.

Le contó todo menos los detalles acerca del juego.

Y cuando terminó de hacerlo, una expresión terrible apareció en el rostro de Cernunnos:

Una expresión llena de tanta desolación y tristeza que Harry, incluso estando protegida de la [Emanación de Emociones] de Cernunnos, no pudo evitar sentirse triste. Era una expresión que hacía pensar a Harry que el corazón de Cernunnos acababa de ser roto en cientos de pedazos. Una expresión tan trágica que hizo que Harry solo le prestara atención a ella e ignorara la ventanilla que acababa de aparecer en frente de él.

—Otra vez, ¿eh? Así que ellos han vuelto —murmuró—. Supuse que la falta de fe haría que sus vidas llegaran a su fin; pero supongo que me equivoqué. Tal parece que hay malas hierbas que verdaderamente nunca mueren.

—Entonces —dijo Harry, un poco incómodo ante la expresión y forma de actuar de Cernunnos—, ¿sabe quién es él?

—Sí —asintió Cernunnos—. Lamentablemente, si: se quién es él y las otra dos personas de las que hablaba.

—¿Podría decirme su nombre?

Cernunnos negó con la cabeza.

—No, no puedo hacerlo. Como te dije, los nombres tienen poder, y hay cosas que no quieres confrontar —Cernunnos le dio una mirada triste—. Disculpame, mis errores del pasado ahora vienen a buscarte. Yo tengo parte de la culpa de todo el mal que él y los otros dos te hicieron y te hagan a partir de ahora. Remediarlo me sería muy difícil, incluso en las circunstancias actuales; pero… tal vez pueda hacerte el viaje un poco más fácil.

Tras que dijera eso, Cernunnos hizo que con un brillo tres objetos aparecieran ante Harry: el primero era un libro y los otros dos eran dos piedras.

—Yo vengo a ser un patrón de la magia en un sentido técnico, y además como todo celta tengo una que otra relación con los Dioses nórdicos, así que… —explicó Cernunnos, tendiéndole los tres objetos—. Ten. Estoy seguro que te servirán.

Aunque un poco titubeante, Harry aceptó de inmediato los objetos.

Y cuando vio las piedras con más atención, no pudo evitar sorprenderse

—¿Estas son…?

—Sí —le contestó Cernunnos—. Son piedras que tienes inscritas [Runas Primordiales]. Piedras que tiene inscritas la [Runa Dagaz] y la [Runa Ehwaz] , para ser más exactos.

Sorprendiéndose al escuchar eso, Harry de inmediato le echo un [Observar] a las dos piedras.

¡Ping!

[Dagaz]

[Calidad: divina]

[Obtenido de: las manos del Dios Cernunnos]

[ [Dagaz], la [Runa de la Transformación] (también conocida como la [Runa de los Nuevos Comienzos]), es una [Runa Primordial] que simboliza, entre otras cosas, la renovación. Sus usos son extremadamente variados y solo pueden delimitarse por la imaginación del usuario]

[Esta [Runa] será grabada en la mente del usuario una vez que se le suministre mana]

¡Ping!

[Ehwaz]

[Calidad: divina]

[Obtenido de: las manos del Dios Cernunnos]

[ Ehwaz], la [Runa del Trasporte] (también conocida como la [Runa del Caballo]), es una [Runa Primordial] asociada al concepto de transporte y al caballo Sleipnir. Puede usarse de múltiples maneras; pero lo más común es que se utilice para convocar a Sleipnir o a su descendencia para usarse como montura]

[Esta [Runa] será grabada en la mente del usuario una vez que se le suministre mana]

Deshaciéndose de las ventanillas, Harry le dio una mirada anonadada a Cernunnos.

—¿Cómo? ¿Por qué…?

—¿Cómo? Pues ya te lo dije: soy un patrón de la magia, y debido a un estrecho contacto durante sus invasiones, nosotros los Dioses celtas también contamos con el conocimiento del abecedario místico que el Padre de Todos creo —le explicó Cernunnos—… Y en cuanto al motivo, pues… Lo que te está pasando en parte es mi culpa. Lucharé mi propia batalla luego de que me vaya de aquí; pero mientras tanto tú ni tu amigo están a salvo. No puedo protegerlos, así que cuando mínimo te daré las herramientas para que sobreviva a lo que se te avecina... De hecho, eso no es todo lo que te voy a dar.

Tras decir eso último, Cernunnos hizo que de su mano una rama llena de energía apareciera ante Harry.

—Ten esto también. Guardalo con tu vida, que cualquier otro mago te mataría parta tratar de tenerlo.

Preguntándose de que podía tratarse, Harry le lanzó un [Observar] a la rama.

¡Ping!

[Trozo del Roble del Principio]

[Calidad: divina]

[Obtenido de: las manos del Dios Cernunnos]

[Durabilidad: 100%/100%]

[Un trozo del Roble del Principio: aquel que se dice fue usado para modelar el mundo hasta su forma actual. Rebosa de energía natural y parece traer una sensación de paz sin igual a todo aquel cercano a su presencia]

[No tiene uso alguno en su forma actual; pero parece ser que podría ser extremadamente útil en el futuro]

[Te lo entregó Cernunnos]

—«¿C-calidad divina? »—pensó Harry, impactado al leer lo que decía la ventanilla.

Seguidamente, le dio una mirada atónita a Cernunnos.

—¿Esto es…?

—Es un trozo del Roble del Principio —le explicó Cernunnos, ignorante de que ya lo sabía—. Este objeto es el pedazo de madera más poderoso que existe: aquel del que se deriva toda forma de vida silvestre. Tal vez haya gente que piense que la madera de cedro o la madera de sauco sean las mejores, y no niego que con la madera de cedro se puedan hacer cosas geniales como este barco mágico; pero la madera de este roble es la mejor de todas. Con ella se puede hacer cualquier cosa: arpas, arcos, garrotes, otros árboles, caballos, seres humanos…

—«¿Caballos y seres humanos?»—se cuestionó Harry, pensando que estaba escuchado mal.

—En fin. Es la mejor madera que un mago como tú puede desear —resumió Cernunnos, para luego guiñarle un ojo—. Entre esto y el libro de [Encantamientos Elementales] que te estoy dando, estoy seguro que podrás avanzar un poco en la magia y defenderte muy bien; pero, solo por si las moscas, también voy a…

A continuación, Cernunnos chasqueó sus dedos, causando que una bola de luz verdad apareciera en ellos, solo para que luego esta se dirigiera hacia Harry y lo rodeara por completo.

¡Ping!

[¡Felicitaciones! ¡Cernunnos te ha dado su [Bendición Divina]! ¡Obtienes la ventaja [Bendición Divina de Cernunnos] como consecuencia!]

¡Ping!

[Bendición Divina de Cernunnos: la [Bendición Divina] del Señor de la Naturaleza de la mitología celta. Incrementa la eficacia de las habilidades elementales en un 25%, incrementa la eficacia de la [Magia de Tierra] y relacionadas en un adicional 50%, mejora la regeneración de [MP] y [HP] en un 25% cuando te encuentras en un bosque, y concede la habilidad [Empatía]

Harry miró impactado esa ventanilla.

—¿Por qué? —le cuestionó a Cernunnos, sin entender—. ¿Por qué me da todo esto?

—Haa. ¿Todavía no lo entiendes? —le cuestionó Cernunnos, suspirando—. Ya te lo he dicho: lo que te pasa es mi culpa. De una u otra manera, mientras sean «ellos» los que te causen mal, yo tengo que tomar la responsabilidad… Pero también tengo que admitirte que no solo lo hago por eso. Tengo otras dos razones.

Cernunnos lo miró a los ojos, temblando ligeramente.

—La primera es que no deseo que te pase nada para que esa esa mujer no se moleste. No sé lo que quiere contigo; pero estoy seguro que si algo te llega a suceder antes de que ella pueda obtener lo que quiere de ti la civilización actual no volverá a ser la misma. Lo más probable es que ella entre en rabia y desate el apocalipsis… de nuevo.

—«¡¿El apoca-que?!»— repitió Harry en su mente, deseando con todas sus fuerzas que Cernunnos estuviera tomándole el pelo.

—Y la más importante de todas mis razones —continuó Cernunnos, solo para darle una mirada que era entre lastimera y cariñosa, igual a la de un abuelo que observa a un nieto que va a la guerra—: puedo ver tus emociones. No me hacen falta días para saber cómo eres. Con tan solo unos minutos de verte, sé el tipo de humano que eres; mi tipo de humano favorito: aquel que ama a su familia ante todo.

—«¡!»

—La familia es lo más importante. Una madre y… unos hijos…

La mirada de Cernunnos se llenó de nostalgia y tristeza.

—La familia es lo que más te importa. El que seas consciente de eso, hace que para mí eso seas digno de mi [Bendición Divina]. No soportaría que otra familia se desmoronara… sobre todo si es de nuevo por mi culpa —murmuro a lo último, solo para luego darle una leve sonrisa que no ocultaba su tristeza—. Esa es la razón de todo. Quiero que sigas amando aquella que consideras como una madre y aquel al que consideras como un hermano como lo has estado haciendo.

Harry no supo que decirle a Cernunnos.

—G-gracias —dijo a la final, sin poder evitar que el agradecimiento y la felicidad se escaparan por su tono. Acababa de conocer a Cernunnos; pero ya sentía una inmensa gratitud hacia su persona.

Era algo inevitable, pensó. Habiéndole dado todo lo que acababa de darle, Cernunnos se había convertido en una de las pocas personas que le había dado un regalo en toda su vida.

—No me lo agradezcas—le dijo Cernunnos, solo para luego dar una mirada a su alrededor y decir: —. Me tengo que ir. Tengo asuntos que atender… y personas importantes con las que hablar. Es hora de que me vaya.

Tras decir eso, Cernunnos le dio una última mirada.

—Cuidate mucho. Estoy seguro que en un futuro nos volveremos a encontrar, así que cuidate.

Y así, Cernunnos se vio rodeado en un brillo dorado

—¡Mantente alejado del cielo, de Francia y de los seres del bosque! —fue lo que lo último que dijo antes de que desapareciera en un destello que era entre dorado y verdoso.

Por un momento, Harry se quedó ahí parado, mirando fijamente el espacio en donde había estado Cernunnos, todos los objetos que este le había dado estando entre sus manos.

Pero luego vio a un Percy haciéndole señas a lo lejos y recobró el sentido de la realidad.

—«"La familia es lo más importante". "Los hermanos no deben pelear entre sí" —se dijo Harry, repitiendo algunas palabras que Cernunnos había dicho —. ¿Por qué siento que esas palabras estaban cargados de un pesar sin fin?»

Al ver como Percy empezaba a ponerse un poco frenético (probablemente estaba molesto porque debido al [Silencio] lo estaba ignorando por completo), Harry tuvo que salir de sus pensamientos.

—«No importa la razón detrás de sus palabras —se dijo —. Solo sé que tiene razón. La familia es lo más importante»

Y tras pensar eso, Harry rompió el [Silencio] y se acercó hacia donde estaba Percy.

—Fue un gusto viajar con ustedes —dijo Sally, estando en frente de Ismael y el capitán Ahab con Harry a su izquierda y Percy a su derecha—. Agradezco todas sus atenciones. ¡Muchas gracias por todo! —a continuación, se dirigió hacia Harry y Percy: —. Harry, Percy, ¡ustedes también agradezcan a Ismael y al capitán Ahab!

—¡Gracias por todo! —agradecieron los mencionados al unísono, agradeciendo muchas más cosas de las que Sally era consciente.

—No fue nada. Es nuestro trabajo —les dijo Ismael con una sonrisa—… Además, comer sus galletas hizo que todo valiera la pena. ¿Cierto, capitán Ahab?

El capitán Ahab asintió con seriedad.

—Este yo no habed comido algo tan delicioso desde aquella vez que masticó el trasero de aquella foca gigante.

—¿Los fantasmas pueden comer? —le cuestionó Percy a Harry en un susurro.

—No lo sé. ¿Tal vez? —le contestó este.

Ajena esto, Sally les sonrió a Ismael y al capitán de este.

—¿Algo más que quieran agregar, chicos? —preguntó, dirigiéndose hacia Harry y Percy, quienes estaban cuchicheando entre sí.

Ambos negaron. Ya habían hablado todo lo que tenían que hablar con Ismael y el capitán Ahab antes de que Sally despertara.

—Bien —dijo ella—. Supongo que entonces esto es todo.

—Sí, esto es todo por esta ocasión —dijo Ismael, antes de sonreírle a Harry y a Percy—. Pero no hay que ponerse tristes. Estoy seguro que en el futuro nos volveremos a ver.

—Probablemente en una situación muy violenta y peligrosa que este relacionada con el mar —dijo el capitán Ahab.

Sally pareció tomar aquel comentario como una broma.

—Oh. Usted siempre tan divertido, capitán Ahab. No entiendo porque durante estas dos semanas de viaje se ha encerrado por completo en su camarote.

—Es que este yo odiad a las personas —murmuró, solo para entonces hacer una mueca asesina (léase: sonrisa amistosa) —; pero este yo tened que admitir que vosotros sois las personas menos molestas que habed visto.

—«Eso… ¿eso fue un halago?»— se cuestionó Harry.

—«Yo creo que sí»— le contestó Harmusp.

—Lo que el capitán quiere decir es que lo extrañará mucho —tradujo Ismael.

Sally sonrió

—Oh. Nosotros también extrañaremos mucho viajar con ustedes… ¿Cierto, chicos?

Harry y Percy compartieron una mirada dudosa. ¿Extrañar a Ismael y el capitán Ahab? Tal vez. Pero, ¿extrañar viajar en un destartalado barco y dormir en camas que parecían haber sido diseñadas por un amante de la tortura…?

—Dije: ¡¿cierto, chicos?! —repitió Sally con una firmeza que resultaba aterradora.

De inmediato, Harry y Percy asintieron.

Sally sonrió ante eso, el aura oscura que había a su alrededor desapareciendo.

—Bien —dijo Ismael, sonriendo divertido ante eso—. Eso es todo, chicos. Ha llegado la hora de nos despidamos.

—Cuidaos —dijo el capitán Ahab, haciendo aquella mueca asesina que era su sonrisa amable. Seguidamente centro su mirada sobre Harry y agregó:—. Sobre todo vos, chico. Que no se os olvide que vos habéis aceptado que en el futuro este yo te de clase de navegación.

—¿Eh? —exclamó Harry en respuesta —«¿Cuándo acepté algo como eso?»—se preguntó.

Pero no pudo cuestionarle nada al capitán Ahab, porque este, acompañado de Ismael, se subió al Pequod II, solo para que entonces el barco empezara a zarpar.

—¡Adiós! —fue la última despedida que les dieron.

Unos minutos después, ellos desaparecieron de la vista de Harry, cosa que este pensó que debía deberse a su naturaleza fantasmal.

—Bien —dijo Sally, posando su mirada sobre ambos—. Nuestro viaje todavía no ha terminado. Todavía nos queda un último desafío: encontrar un taxi que nos lleve hasta nuestra casa.

—«Espero que en esta ocasión no nos mande un monstruo gigante durante este recorrido»—dijo Harmusp.

Harry se encontró deseando lo mismo.

—¡En marcha, chicos! —dijo Sally, sacándolo de su pensamientos—. ¡Por alguna razón me siento llena de energías, así que no perdamos el tiempo! ¡El viaje resultó ser más rápido de lo que supuse; pero eso no quiere decir que podamos dormirnos en nuestros laureles! Ya nos hemos ausentado más de lo debido… Sobre todo ustedes, que han estado perdiendo parte de sus ciclos escolares. ¡Debemos apresuranos!

Harry no pudo evitar mirar a Sally con una sonrisa. Unos minutos después de que Cernunnos hubiera desaparecido, ella había despertado, y no parecía recordar las razones por las que se había desmayado. Verla así, tan contenta y llena de energías lo aliviaba. Afortunadamente, parecía ser que el incidente con Moby Dick no la había afectado de ninguna manera.

—¿Emocionado, Harry? —le preguntó Sally al notar su sonrisa—. Espero que lo estés. ¡Luego de tanto tiempo, por fin conocerás nuestra casa!

—¡Sí! —asintió Percy, pareciendo contagiarse de los ánimos de su madre—. No es muy grande, ni muy lujosa y a veces también huele algo extraña; ¡pero es mucho más cómoda que los camarotes del barco! ¡Estoy seguro que te gustará!

Harry les sonrió.

—Yo también estoy seguro que me encantará.

—«Mientras ustedes dos estén conmigo, cualquier lugar será un hogar para mi»—pensó, sintiendo una calidez sin igual al pensar en la palabra «Hogar»

—¡Vamos, chicos! —les dijo Sally—. ¡Ayúdenme a gritar tan fuerte como puedan para llamar la atención de un taxi!

Harry sonrió ante eso. Eso sonaba divertido.

Y así, Harry, junto con su nueva familia, empezaron a dirigirse hacia su nuevo hogar: hacia una nueva vida que marcaba el comienzo de algo que superaba la imaginación humana. El comienzo de la verdadera aventura: aquella que estaría llena de tantas trabas que serían imposibles de describir incluso para aquellos que manejaban al Destino.

Y mientras Harry se montaba en un taxi junto con Percy y Sally, a lo lejos un cuervo de ojos rojos graznó.

Y ese fue el único augurio de las cosas terribles que estarían por venir.

—Solo espero que Gabe este de buen humor… —murmuró Sally.

Esta historia continuará…


Estatus del Jugador…

[Nombre: Harry James Potter].

[Edad. 10 años]

[Título: El-niño-que-vivió (25% al LUC. 100% de daño en contra de enemigos [Oscuros]. Resistes un ataque letal por día)].

[Raza: Homo-Magi (4 Mag y 2 Dex)]

[Estatus: Vivo].

[LV 17. EXP 140. 707/683. 100]

[HP: 1.080/1.080. (Reg. 7, 02 Sec.)]

[MP: 724, 4/724, 4 ((Reg. 8, 04084 Sec.)]

[STR: 12 (-6): 6]

[VIT: 13 (-6, 5): 6, 5]

[END: 14 (7): 7]

[AGI: 20]

[DEX: 20 (2): 22]

[MAG: 25 (-12, 5): 12, 5 (4): 16 (17, 44]

[INT: 25 (-12, 5): 12, 5]

[WIS: 20(-10): 10 (11, 1)]

[CHA: 12]

[LUC: 10 (1, 5: 11, 5 (14, 35))

[Puntos: 19]

[Dinero: 350£]

Estatus del Familiar


[Nombre: Harmusp]

[Raza: Musanu (Serpiente mágica)]

[LV 18. Exp. 139.006,63, 3/341. 550]

[HP: 955/955 (Reg. 10, 26 Seg.]

[MP: 567, 5/567, 5 (Reg. 6, 204 Seg.]

[Atk: 216]

[Def: 252]

[Atk Mag: 252]

[Def Mag: 321]

[Spd: 234]

[Puntos: 15]

[Nombre: Perseus «Percy» Jackson]

[Edad: 12 años]

[Título: Gran Hermano Mayor (5STR, 5END, 5AGI y 5DEX cuando los hermanos menores están en peligro)

[Raza: Semidiós (5VIT y 5DEX])

[Estatus: Vivo].

[LV 17 EXP 34.821,63/683. 100]

[HP: 1.500/1.500 (Reg 30 seg)]

[MP: 700/700 (Reg 10, 5 seg)]

[STR: 15]

[VIT: 15 (5): 20]

[END: 15]

[AGI: 15]

[DEX: 15 (5): 20]

[MAG: 15)

[INT: 15]

[WIS: 15]

[CHA: 10]

[LUC: ¿? (Me estoy cansando de repetirlo: ¡es muy malo!)]

[Puntos: 14]

[Dinero: 200£]


[Ficha Mitológica (Tipo Dios)]

[Nombre: Cernunnos]

[Sexo: Masculino]

[Origen: Mitología Celta].

[Dios de: los animales, los bosques, la naturaleza, la fertilidad, la tierra, la renovación, la virilidad, la lujuria y las emociones].

[Títulos: «El Cornudo/Astado», «Señor de la Naturaleza», «Guardián del Bosque», «Señor de los Animales», «Encarnación de la Lujuria»]

[Otras Formas: Carnun/Candamo (es esencialmente el mismo bajo un nombre derivado de una pronunciación gaélica de su nombre original)]

[Dioses Comparativos: Pan/Fauno, Mercurio, Derg Corra]

[Asociaciones (Héroes): Conall Cernach]

[Progenitores: Eiocha (Madre)]

[Consorte: No posee (Su madre cumplió el rol de pareja progenitora)]

[Descendencia: Tauranus (hijo), Teutates (hijo), Maponus (hijo), Epona (hija)]

[Gustos: los bosques, el placer carnal, las doncellas, los magos y las películas de Bambi]

[Disgustos: los cazadores, aquellos que no respetan la naturaleza, los malvados y los tiranos]

[Especialmente Conocido por: su enorme par de cuernos; ser el guardián de los bosques]

[Historia]

[Un Dios terrenal que es la encarnación misma de la naturaleza. Una deificación celta de un macho cornudo (cabrío) bajo la premisa mitológica de «la representación de la abundancia». Es un Dios muy antiguo, y debido a que los celtas eran un pueblo oral que no hacía uso de los templos ni de las estatuas, no se tiene gran detalle acerca de él. Sin embargo, la imagen de sus cuernos de ciervo, elemento distintivo, ha logrado sobrevivir. En « el pilar de los navegantes» su nombre es asociado bajo la forma de un anciano cornudo con orejas y cuernos de ciervo, portando un torque al cuello y a la mano, lo cual probablemente hace referencia a la naturaleza moribunda del mundo actual. En el «Caldero de Gundestrup» , su forma es la de una deidad serpiente con cabeza de ciervo cornudo o simplemente portando cuernos de ciervo, máxima representación de la abundancia]

[Para la tradición actual, de donde de la mitología celta solo se conocen detalles debido a los romanos, Cernunnos es un Dios desconocido. Naturalmente, recibe adoración bajo el concepto de la «encarnación de la fertilidad (naturaleza)»; pero tiene una amplia carencia de mitos y su origen es extremadamente confuso. Para los mortales el hecho de que él mismo es la deidad que se relata en el Mito de la Creación Celta es un hecho desconocido, aunque teorizado]

[Es el hijo de Eiocha, la yegua blanca que nació del mar del origen (Tiamat), con quien tuvo más tarde descendencia. Es el primer Dios celta que existió, y de él nacieron los Dioses de Galia, Tauranus, Teutates y Maponus, así como la Diosa Epona, quien es ampliamente adorada tanto en el panteón celta como en el panteón romano. Es el original Rey de los Dioses, y también se dice creador de los humanos, pese a que los posteriores hijos de Danu lo superaron en poder]

[Es la encarnación de la naturaleza: una deidad guardiana del mismo tipo que el Dios Pan de Grecia. Asimismo, es una deidad de culto para los Wicca, puesto que él como encarnación de la naturaleza (vida) viene a servir como patrón de varias doctrinas mágicas. Puede decirse que es la máxima forma de Espíritu Elemental que existe]

[Durante la caza pagana del cristianismo, sus características fueron tomadas para una interpretación extremadamente errónea de Satanás. Asimismo, durante el periodo de conquista romana, su existencia fue comparada con la de Mercurio (lo cual, muy probablemente, es una asociación a Fauno, el hijo de este)].

[Durante el periodo más temprano del mundo, peleó junto a sus hijos en contra de los Gigantes Fomorianos surgidos del mar debido a una advertencia de su madre, quien había pasado a convertirse en Tethra, Diosa de las profundidades, acerca de cómo estos por envidia querían destruir el mundo. Tal pelea originó el odio entre los Dioses Celtas y los Gigantes Fomorianos, ancestros del Dios Balor, así como a los Dioses Belenus y Danu, quienes surgieron del primer fuego, y al Dios Lir, quien surgió del agua. De estos, sin saberlo, Danu sería la progenitora de aquellos que más tarde pasarían a superarlo]

[Personalidad]

[El amable Dios de las Emociones que defiende la vida. Una existencia animal guiada únicamente por sus instintos y emociones. Una persona emocional guiada por la amabilidad y los deseos carnales]

[En su mirada hay sabiduría; pero los deseos superan cualquier clase de pensamiento racional. Igual que un animal que se guia por los instintos, él —la máxima encarnación del espíritu animal— actúa antes de pensar. En lugar de decir que sea incapaz de notar las consecuencias de sus acciones, es más correcto decir que tiende a actuar incluso aunque las nota. Por lo general los mortales son incapaces de notar este hecho porque desea guardar cierta imagen; pero de encontrarse en una situación «excitante» no puede evitar develar sus verdaderos colores]

[Un Dios que rebosa de amabilidad. Encarnando el principio terrenal de la vida y siendo el Guardián de los Bosques, Cernunnos defiende a todas las formas de vida por igual —pero, sobre eso, parece ser que hay una priorización automática cuando se trata de los seres humanos y los animales. Como tal, seres tiránicos que gozan de la destrucción y criaturas que amenazan con el equilibrio de la vida son sus enemigos naturales]

[Un padre amoroso que protege a sus hijos antes que a todo: ese es él, Cernunnos —pero, diciendo eso, los seres humanos que se dicen son sus creaciones son sus «hijos» favoritos, incluso sobre sus propios hijos. Los malvados que dañan a los seres que aman son personas que se ganan su enemistad automática —esto incluso si el malvado es una persona que gozaba de su cariño. Es igual que un anciano amable que tiene a tendencias a actuar como un viejo verde… aunque esto último parece provenir de tratar de ahogar una inmensa tristeza pasada. Tiene malas relaciones con la Diosa Griega de la Caza, Artemisa, y es amigo de Pan (Fauno), el Dios de la Naturaleza]

Lo siguiente es un extra sin importancia. Si desean, pueden ignorarlo tranquilamente. Yo los comprenderé si lo hacen.


Extra: Cernunnos VS Artemisa — ¡La Batalla Definitiva Entre el Lujurioso Dios de los Animales y la Virginal Diosa de la Caza!

(O alternativamente: ¡De Como Cernunnos Mete los Cuernos En Grande y es Cazado Ferozmente!)

(Ubicado alrededor de 1000 años después de Cristo poco tiempo después de que Poseidón fundara su propio club de héroes)


A pesar de que era un Dios extremadamente antiquísimo y de que era el primer Dios Celta en haber existido, Cernunnos no era un Dios prudente.

Podía tener cientos de miles de años; pero era el Dios de las Emociones. Él era alguien muy… emocional.

Y además, él también era el Dios que encarnaba la lujuria, así que él también era muy… lujurioso.

No es que fuera tonto. Por el contrario, en realidad era bastante sabio. El problema era que era el tipo de persona (o animal, dependiendo de la forma que tuviera) que al emocionarse perdía por completo los cabales.

Había muchas historias que contar acerca de eso.

Por ejemplo, estaba la muy popular historia acerca de cómo ayudó a crear el Panteón Celta. Todo sucedió simplemente porque él se sentía muy solo —era pues, aparte de su madre, la única criatura que existía—, y quería tener una pareja. Como su depresión era extrema, y sucedía que tenía la habilidad de evocar emociones sobre las demás personas, su madre, quien era una yegua blanca que estaba harta de llorar todos los días y todas las noches, decidió resolver su problema.

¿Que cómo lo hizo?

¡Pues muy sencillo! ¡Se convirtió en su pareja!

A los mortales tal vez les horrorizaría ese hecho (sobre todo porque además Cernunnos en aquel entonces tenía una forma de serpiente con cabeza de ciervo cornudo, mientras que su madre, como ya se dijo, era una yegua); pero Cernunnos no le daba gran importancia. Era un Dios, después de todo. No había nada de malo en tener hijos con su propia madre.

Pero al parecer a su madre sí le importo, porque luego de tener a sus hijos se cambió el nombre, convirtiéndose en otro tipo de Diosa, y se lanzó al mar, de donde había nacido, para más nunca volver a ser vista.

Pero esa una historia sin importancia que no venía al caso.

La moraleja de esa historia era que Cernunnos era un ser muy emocional.

Y si esa historia no bastaba, también estaba la historia de cómo Cernunnos una vez se encontró con una muy hermosa cierva que era mascota del Dios Frey y una muy hermosa yegua de ocho patas que era hija de Sleipnir, el Caballo Inmortal que era la montura del Padre de Todos. Ellas eran criaturas hermosas que también lo consideran a él muy hermoso (sobre todo a sus cuernos), así que, naturalmente, cuando se encontraron pasó lo que tenía que pasar.

Todo hubiera estado muy bien si no fuera porque a la mañana siguiente Cernunnos amaneció en el Valhalla rodeado de un montón de Dioses Aesir que querían sacarle el Saehrumnir para cenárselo durante todas las noches hasta que llegara el Ragnarok.

De no ser porque Cernunnos logró hacer que entraran en un estado de depresión con sus poderes el tiempo suficiente como para que la hermosa yegua de ocho patas que había sido su amante lo llevara de regreso a su hogar en Midgard, probablemente estaría sufriendo el destino de ser servido en un plato por los siglos de los siglos.

Y si eso no bastaba para develar el tipo de ser que era Cernunnos, también estaba la siguiente historia:

Mientras estaba en los alrededores de un bosque encargándose de proteger a los animales, Cernunnos se encontró con la cierva más hermosa que había visto en su vida:

Era una preciosa cierva de pelaje plateado y que tenía cuernos y pezuñas de oro.

Algunos dirían que Cernunnos estaba equivocado al considerarla una cierva porque las ciervas no tenían cuernos; pero Cernunnos era el Dios de los Animales. Entre sus muchos (e inútiles) poderes estaba la capacidad de distinguir el género de los animales… Lo cual era perfecto cuando él estaba coqueteando con criaturas cuyas distintivas características sexuales no eran distinguibles a primera vista.

Así que Cernunnos estaba 100% seguro de que ella era una cierva.

Y, como ya se dijo, era la cierva más cierva más hermosa que había visto en su vida.

De inmediato, Cernunnos quiso «pasar el rato con ella», así que se le acercó para coquetearle.

Cuando la cierva lo vio, pareció que su primer impulso fue querer huir.

Pero Cernunnos sabía cómo tranquilizar a las damas. Simplemente usó sus poderes para hacer que toda sensación de pánico desapareciera y que sintiera una increíble sensación de agrado hacia su persona.

Luego simplemente le mostró sus cuernos.

Al verlos, la cierva de inmediato se dio cuenta acerca de lo impresionantes que eran. Ella sabía de cuernos impresionantes. Sus cuernos estaban hechos de oro, después de todo.

Y es que los cuernos de Cernunnos eran extremadamente grandes, muchos más que los de ella.

Y para los ciervos (y casi todos los animales del mundo) los cuernos eran un símbolo de poder y majestuosidad. Que los cuernos de Cernunnos fueran tan grandes era algo extraordinariamente atractivo.

Mientras más grande fueran, mejor.

Así que, como era natural, ella cayó enamorada al instante.

Y aquello no tuvo nada que ver con el hecho de que Cernunnos usó sus poderes para manipular sus emociones.

—«¡Bien! —pensó Cernunnos al ver a la cierva ruborizarse ante su presencia —. ¡Cayó completamente rendida!»

Y lo decía en un sentido literal. La cierva, sintiendo una vorágine de emociones como nunca la había sentido en su vida, había caído al piso mientras lucia completamente mareada.

Y fue entonces cuando se le acercaba que Cernunnos por fin cayó en cuenta de con quien estaba tratando.

¡La cierva que estaba en frente de él era la famosa cierva de Cirinea, el animal sagrado de la Diosa Griega Artemisa que estaba destinado a jamás ser cazado por nadie!

¿Qué cómo lo descubrió Cernunnos?

Sencillo: los rasgos de la cierva eran muy distintivos. Ella era famosa por tener cuernos y pezuñas de oros, y además tenía marcas de lunas alrededor de su cuello.

Ah, y además porque tenía un collar que decía: «ESTA ES LA CIERVA DE CIRINEA. PERTENECE A ARTEMISA. NO LA TOQUES A MENOS QUE QUIERAS RECIBIR UNA ANDANADA DE FLECHAS EN EL TRASERO Y MORIR VIOLENTAMENTE»

Viendo eso, Cernunnos debió haber retrocedido. Él no estaba muy en sintonía con los Dioses Griegos (se llevaba mejor con los romanos); pero a veces tenia reuniones con Pan (quien realmente no difería mucho de su versión romana, Fauno, con la excepción de que la forma griega era más… trabajadora). Él estaba al tanto de algunas cosas que todo Dios de la Naturaleza debía evitar.

Una de ellas era sobre Artemisa, quien también era una Diosa de la Naturaleza; pero de un tipo distinto al de Cernunnos y Fauno. Ella era una Diosa del Tipo Madre Tierra (lo cual era extraño, porque ella era una Diosa Virgen, y como tal no tenía hijos), y como tal era una Diosa que daba bendiciones al mundo para luego quitarlas por el bien del Ciclo de la Vida.

Era por eso que ella era una Diosa de la Caza. Ella se encargaba de que los ecosistemas del mundo no se volvieran una locura al matar las razas que podrían crear una sobrepoblación. Era gracias a ella que la vida en los bosques estaba completamente equilibrada, tal y como debería ser.

Como además ella mataba a todo aquel que tratara de acabar con las razas en peligro de extinción, los animales también eran (paradójicamente) seres que ella protegía.

Eso sonaba muy bonito…

… siempre que no fueras un animal.

Cernunnos era el Dios de los Animales. Él era al igual que Pan (o Fauno) la encarnación misma de la naturaleza y los animales. No podía haber peor existencia para él que una Diosa de la Caza. Ella era como el agua mientras que él era el fuego: ella era su enemigo natural.

Eso no quería decir que Artemisa se la pasara por ahí matando a los Dioses de los Animales. Simplemente quería decir que si eras un Dios Animal, era mejor no meterse con ella.

Meterse con su animal sagrado era meterse con ella. Por el bien de su condición física, Cernunnos debería dejar tranquila a la cierva de Cirinea.

—«¡Pero no puedo dejar que tremendo bombón se desperdicie! —pensó él —. ¡Además, ella está destinada es a nunca ser cazada! ¡Yo no me pienso casar con ella!»

Y pensando eso, Cernunnos se acercó a la cierva de Cirinea.

—«Estoy seguro que a Artemisa no le importara»

Veinte minutos después, Artemisa se enteró acerca de lo que le estaban haciendo a su animal sagrado.

Y no estaba para nada contenta.

Ahora, antes de mostrar como Artemisa se volvía loca y demostraba porque era una de la Diosas Griegas más temidas, había algo importante que destacar sobre su persona:

Artemisa no odiaba a los hombres.

No, Artemisa no odiaba a los hombres. Ella odiaba era a los pervertidos, a los violadores, a la gente irrespetuosa, a la gente estúpida, a los narcisistas, a los abusadores de niños, a los que hacían uso innecesario de la violencia, a los que les gustaban de humillar a los demás, a los que destruían la naturaleza, a los criminales, a los opresores, a los traidores y a los que la llamaban «Cariño» o «Bebé»

El problema era que el 99, 9999999999999999999% de los hombres con los que Artemisa se encontraba reunían gran parte de las características que ella odiaba.

Ella no odiaba a los hombres; pero sucedía que la Antigua Grecia había estado llena de hombres enfermos que gustaban de maltratar a las mujeres y a sus hijos, y que también gustaban de violar a mujeres y a niños.

Así que siempre que veía un malvado hombre griego haciendo de las suyas ella le disparaba una flecha en el corazón.

Luego, por si las moscas, le disparaba otra en la entrepierna.

Y como a la de tres nunca falla, luego les volvía a disparar otra vez en la entrepierna.

Roma no fue mejor para ella. Sus recuerdos eran difusos por su problema de doble personalidad (o de triple personalidad, si se tomaba en cuenta que el panteón Wicca la había convertido en otra deidad al tomar su forma romana, fusionarla con Hécate, emparejarla con Lucifer y hacerla la mamá de Aradia-di-Toscano ); pero estaba segura que Roma también estaba llena de hombres malvados. Lo sabía porque cada vez que dejaba de ser Diana para convertirse en Artemisa se encontraba con que todas sus flechas estaban ensangrentadas.

Ella se había ganado una fama injustificada por todo eso.

Y es que ella no odiaba los hombres. No podías odiar una raza simplemente porque estaba genéticamente predispuesta a ser estúpida e incapaz. Eso sería injusto. Sería como odiar a los gusanos simplemente porque estos eran feos.

De hecho, ella incluso era amable con los niños (le gustaban los niños. Le hacían recordar cuando protegió a su querida Atalanta). No le importaban si fueran varones o hembras, ella siempre le disparaba flechas a todo aquel que tratara de hacerles daños.

Y en algunos casos, si los varones demostraban ser personas de valor que no tenían la culpa de haber nacido en una raza que estaba poblada en un 99, 9999999999999999999% por criaturas enfermas, ella les daba el honor de convertirlos en hermosas jovencitas para que se unieran a sus cazadoras y gozaran de su protección eternamente. Hipólito había sido un gran ejemplo del hecho de que ella podía dejar a los hombres «dignos» entrar a su casa, y el pequeño Sipretes una prueba del hecho de que ella podía «arreglar los errores de la madre naturaleza».

Y ella hacía lo último porque sabía que había hombres buenos; pero también sabía que a la final era parte de la naturaleza del hombre ser estúpido y desear lo que no podía desear. Acteon y Orión habían sido prueba de eso. Tal vez si Artemisa hubiera sido rápida con el último y lo hubiera convertido en mujer, la tragedia que incluso ahora continuaba persiguiéndola no hubiera sucedido. Seguirían siendo amigos por siempre (o bueno, amigas).

Y por supuesto, Artemisa tampoco era intratable con la gente que tuviera características negativas menores. A ella no le gustaba la gente estúpida y narcisista; pero todo dependida del tipo de persona con el que trataba. Después de todo, su hermano Apolo era la definición misma de estupidez y narcisismo y Artemisa lo quería a pesar de todo.

(Pero aquel que le dijera eso a Apolo recibiría un castigo peor que el que Hera le puso a la ninfa Eco por chismosa)

Pero si había algo que Artemisa no soportaba, era que la insultaran.

Niobe sabia de eso. La bruja esa se había atrevido a insultar a Leto, su madre, diciendo que ella tenía siete hijos mejores que Apolo y siete hijas mejores que Artemisa.

Y como a Artemisa no le gustaba la gente que la insultaba a ella y a su madre, ella hizo lo más natural del mundo: mató a sus siete hijas mientras Apolo mataba a sus siete hijos, Niobe viéndolo todo en primer plano.

La moraleja de esa historia era muy simple: insulta a Artemisa, a su familia, a sus cazadoras, a sus amigas, a las amigas de sus amigas, a las personas que pertenecieran a su género o a sus mascotas, y ella te demostraría porque las Dioses Madre Tierra solían ser asociadas con monstruos.

Y para Artemisa, quien era una Diosa Virgen, que le hicieran «eso» a su animal sagrado era el peor insulto que podía existir. Sobre todo porque ella y la cierva de Cirinea estaba conectadas, y todo lo que sentía la cierva de Cirinea ella lo sentía.

Y a Artemisa no le gustaba para nada lo que estaba sintiendo.

¿Era de extrañar que quisiera destruir violentamente a aquel cerdo asqueroso que había osado ultrajar a su cierva?

Artemisa pensaba que no.

Pero Artemisa era una Diosa muy amable. Ella era piadosa, y siempre les daba una oportunidad a todas sus presas para que trataran de sobrevivir.

Y por esa ella gritó: «¡MUERE, CERDO ASQUEROSO!» unos cinco segundos antes de empezar a disparale flechas a aquel que estaba sobre su cierva, dándole cinco valiosos segundos para que tratara de huir.

Que se note que Artemisa era extremadamente piadosa.

Por otro lado, al escuchar el grito de Artemisa, Cernunnos entró en pánico.

—«¡Por el Manred! ¡ES ARTEMISA!»—pensó, entrando en pánico, la cierva de Cirinea aprovechando que se había distraído para huir.

Cernunnos hubiera querido perseguirla; pero justo en ese momento un borrón plateado atravesó el lugar donde estaba hasta llegar directo en contra de él.

Afortunadamente, Cernunnos en su forma de ciervo era extremadamente rápido; tanto o más que la cierva de Cirinea. Aunque fue por los pelos, él pudo esquivar el meteoro plateado que se movía a velocidades sub-sónicas.

Pero el borrón plateado, que resultaba ser una muy enojada Artemisa en su característica forma de niña, no se iba a quedar tranquila.

—¡Así que eras tú, asqueroso Dios Galo de la Lujuria! —exclamó Artemisa con rabia al ver a Cernunnos en su forma de ciervo macho cornudo.

Artemisa conocía de refilón a Cernunnos. Ella a veces lo veía a lo lejos en las reuniones activistas de los Dioses de la Naturaleza junto con Pan; pero como él era un Dios que representaba un concepto que Artemisa odiaba, ella no lo conocía muy bien.

Además, a Artemisa no le agradaba Cernunnos porque este tenía cuernos muy grandes y era alabado por el panteón Wicca que Artemisa tanto odiaba. Cada vez que lo veía sentía que se transformaba en «La Loca Diana» que era patrona de la magia y que había perdido su virginidad a manos del Demonio Lucifer, quien era más ni menos que un asqueroso ente derivado de su hermano Apolo al ser este alabado con los aspectos solares del Dios Demonio Sumerio de la Muerte, Meslamstea (Nergal), y los cuernos representantes de la lujuria del Dios Cornudo de la Vida (Cernunnos)

Y a eso ella no le gustaba para nada. Ella era una Diosa Virgen que quería a su hermano (aunque ella jamás lo admitirá) tanto como quería su propia pureza. Verse a sí misma, así fuera bajo «otra personalidad» (Alter Ego) siendo ultrajada por su propio hermano era algo asqueroso que la hacía sentir un instintivo odio sin fin hacia el Panteón Wicca y a aquellos que también ayudaron a «ultrajar» la imagen de su hermano: el Dios Meslamstea y el Dios Cernunnos.

Ahora, habiendo Cernunnos «ultrajado» a su cierva, Artemisa sentía que su odio instintivo hacia él se incrementa a la millonésima potencia.

Ella sabía que no podía matarlo porque a) él era un Dios, y mientras los Dioses fueran alabados por los humanos jamás desaparecerían, y b) él era un Dios que encarnaba la naturaleza, así que si algo muy grave le pasaba era muy probable que todos los bosques del mundo sufrieran graves consecuencias (como marchitarse para nunca volver a crecer, por ejemplo), y eso era algo que ella, una Diosa de la Naturaleza, no quería que pasara.

—«Pero eso solo significa que no puedo matarlo —pensó Artemisa, sonriendo como un lobo (el cual era también su animal sagrado) —. ¡Mientras no lo mate, todo está bien! ¡Estoy seguro que a mis cazadoras les gustará la cabeza de un Dios como adorno en nuestro campamento!»

Y tras pensar eso, Artemisa preparó su carcaj y disparó cientos de flechas por segundo en contra de Cernunnos, cada una moviéndose a velocidades que superaban la barrera del sonido y que además contaban con la potencia pura de un meteorito.

Y además, como Artemisa era la Diosa de la Caza, sus flechas estaban imbuidas con el poder de su [Autoridad Divina], lo cual causaba que sus flechas persiguieran insistentemente a su presa, solo deteniéndose si llegaban a impactar con algo… lo cual en la mayoría de los casos quería decir cuando daban en contra del desgraciado que la hacía enfadar

Y Cernunnos, al ver eso, no pudo evitar entrar en pánico. Rápidamente, trató de evitar las flechas de Artemisa tan bien como podía, conjurando ramas del de suelo de vez en cuando para usar como escudo.

Pero Cernunnos no se sentía complacido porque estaba logrando sobrevivir por los pelos ante Artemisa.

Y la razón era muy sencilla: él no era realmente un Dios muy fuerte. Tal vez fuera el primer Dios Celta; pero realmente no era el más poderoso entre ellos. Comparado con los Dioses que lo antecedieron, él era como un niño ante un adulto.

Así que, ante Artemisa, quien era una de las Diosas más importante del Panteón Griego, el cual era el centro de fe de la cultura occidental, él reamente no tenía oportunidad alguna.

Además, él no era un Dios Guerrero como sus hijos; él era un Dios Guardián que regía sobre la naturaleza. En ese sentido, si de por si no tenía oportunidad contra un verdadero Dios Guerrero, enfrentándose a Artemisa, su enemigo natural, él estaba completamente indefenso.

—«¡Solo hay una forma de que sobreviva: tengo que huir y pedirle protección a uno de mis amigos!»—pensó para sí mismo mientras esquivaba los ataques de Artemisa.

Cernunnos pensaba que ese era un muy buen plan. Huiría de Artemisa y le pediría ayuda a un Dios más fuerte que ella o que tuviera la suficiente importancia como para que Artemisa no quisiera hacerle la guerra. Como afortunadamente sucedía que Cernunnos estaba relacionado con muchos Dioses importantes, él estaba seguro que su plan no tenía falla alguna.

Con una pequeña excepción:

—«¡¿Cómo se supone que escape de ella?!»— pensó, viendo como Artemisa disparaba una flecha al cielo, causando que una lluvia compuesta de miles de flechas de potencia meteórica, velocidad sub-sónica y capacidad de rastreo cayera en su contra.

Transformándose en un mosquito por un momento para deslizarse entre todos las flechas con su [Velocidad Divina], Cernunnos trató de idear una manera en la que pudiera escapar de Artemisa.

—«Para escapar de ella necesito una buena distracción. Algo que la haga perder los estribos y haga que pierda la concentración —se dijo Cernunnos, antes de hacer una mueca —. Ahora, la pregunta es: ¿qué puede hacerla enojar tanto como para que pierda por completo los estribos?»

De inmediato, recordando la razón por la que se había metido en todo ese lio, una idea llegó a la mente de Cernunnos.

—«¡Ya se! ¡Ella es una Diosa Virgen! ¡Tengo que atacar su pureza y su honor!»

Y afortunadamente, pensó Cernunnos, él era un Dios de la Lujuria. No había nadie mejor que él para mancillar cosas como la pureza y el honor de las doncellas (y también de los hombres; pero eso solo lo hacía cuando las mortales se lo pedían).

Así que, sonriendo ante su plan, Cernunnos usó su [Autoridad Divina] e hizo que el equivalente de una bomba nuclear de feromonas cayera sobre Artemisa.

Pero esta, sufriendo un ataque debería dejarla con el cerebro hecho papilla y no pudiendo pensar en otra cosa que no fuera el placer canal, ni se inmutó.

—¡Idiota! —se burló Artemisa, dándole una sonrisa llena de desprecio—. ¡Yo soy una Diosa Virgen que encarna el concepto de pureza! ¡Ni siquiera las artimañas de Afrodita y su hijo Eros pueden hacerme sentir nada! ¡¡Ni sueñes con que un cerdo depravado como tú pueda hacer que algo tan asqueroso como la lujuria me haga perder el juicio!!

Escuchando eso, Cernunnos sonrió.

—¿Quién dijo que estaba apuntándote a ti? —preguntó.

Y ante esa respuesta, Artemisa dio una mirada de confusión por un momento…

… antes de que una rápido destello de compresión combinado con pánico llegara a su mente.

—¡Cerdo asqueroso! ¡¿Te atreviste a…?!

Antes de que Artemisa pudiera terminar hablar, fue embestida por un ciervo.

Y luego un zorro le saltó encima.

Y luego vino un gato. Y luego un perro. Y luego un lobo.

Y así hasta que cientos de miles de animales la rodearon por completo con corazones en los ojos.

Y al ver eso, Cernunnos sonrió.

Normalmente los animales normales no podrían aturdir a una Diosa sin importar cuantos fueran; pero Cernunnos era la Encarnación de la Naturaleza. Él fácilmente pudo bendecir temporalmente a todos los animales para que pudieran momentáneamente hacerle frente a Artemisa.

Y además, sucedía que los animales en celo eran insistentemente peligrosos. Sobre todo si eras una doncella que encarnaba los aspectos bestiales de la Madre Tierra.

—¡ Bye, bye, Artemisa! ¡Espero que te la pases bien! —exclamó Cernunnos con diversión ante de salir corriendo.

—¡CERDO ASQUEROSO! ¡ESTE ULTRAJE NO SE QUEDARA ASI! —gritó una iracunda Artemisa, antes de que sus bragas salieran volando por los aires debido a un mordisco de un leopardo.

En ese momento, Artemisa vio rojo.

—¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! —gritó, liberando su poder.

BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM.

BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM.

BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM.

—«Okey…—pensó Cernunnos mientras hacia una mueca al ver una nube de humo de un tamaño gigantesco, habiéndose tele-trasportado a cientos de miles de kilómetros lejos de Artemisa —. Espero que a Quetzalcóatl y al resto de los Dioses de la Naturaleza no les importe que ahora haya un gran cañón en donde antes había un hermoso bosque del tamaño de varios pueblos»

Inmediatamente, luego de pensar eso, Cernunnos sacudió la cabeza.

—«¡Concentrate! —se dijo —. ¡Todavía no estas a salvo! ¡Artemisa es experta en el rastreo! ¡Ella te perseguirá hasta el fin del mundo de ser necesario! ¡Tienes que pedir ayuda de inmediato!»

E inmediatamente, eso fue lo que Cernunnos hizo: ir a pedirle ayuda a otro Dios.

Y como era natural cuando eras un padre desvergonzado, decidió pedirle ayuda a su hija: Epona, la Diosa Guerrera de los Caballos.

Si era ella, Cernunnos estaba seguro que Artemisa no podía hacerla nada. Epona era una Diosa muy importante que era adorada tanto en Irlanda, Gales (Gran Bretaña) y el Panteón Romano. Ella era extremadamente importante en las guerras porque tanto los celtas como los romanos amaban montar a caballo, y sucedía que Epona era la Diosa de la Protección que salvaguardaba los pueblos y protegía a los jinetes.

Además, Cernunnos pensaba que los romanos la querían porque a) era súper guapa, igual que su padre, b) ella fue quien creó a los caballos y estaba relacionada con el mar debido a su madre, Eiocha, quien también era la madre de Cernunnos; así que ella era una increíble alterativa para adorar si no querías creer en Neptuno, y c) ella era súper amable. Siempre protegía a todo el mundo.

Comparada con «La Loca Diana», ella era mucho más accesible, y los romanos tenderían a darle más énfasis en una guerra (lo cual era bastante importante porque ellos habían dejado de lado a Minerva). Artemisa no le haría nada si iba con ella porque entonces se transformaría en Diana y en condiciones de fe Epona era mejor que Diana. Ella no tendría oportunidad.

Así que Cernunnos rápidamente se comunicó con su hija de la manera que todo padre hacia: se tele-trasportó a las orillas del mar y usó la conexión que tenía con este gracias a su madre para evocar una imagen de Epona en él.

(En el futuro, Cernunnos sabría qué estaba haciendo lo que se conocía como una «video-llamada»)

—¡Epona, ¿estás ahí?! —exclamó Cernunnos, mirando el agua.

Por unos minutos, no recibió respuesta, cosa que casi lo hizo entrar en pánico; pero, afortunadamente, luego de unos minutos avistó la cara y el torso de una muy despampanate y dotada mujer rubia de ojos azules que llevaba puesta una armadura con detalles que hacían recordar a la armadura de un caballero inglés.

—¡Hija, que alivio! —exclamó Cernunnos, sonriendo.

—*Hip* ¿Qué pasa, padre? *Hip* —cuestionó Epona, hipeando.

Cernunnos hizo una mueca al ver eso.

—¿Estas borracha? —cuestionó, frunciendo su ceño de ciervo.

Epona negó con la cabeza.

—¡No, no! ¡No estoy borracha, padre!... *Hip*

—No me mientras —exclamó Cernunnos mientras volvía a fruncir ceño—. Puedo ver de lejos que estás borracha. Seguramente volviste a ir a una de esas fiestas de Baco sin avisarme otra vez, ¿cierto?

Epona frunció el ceño.

—¡No, padre! ¡Ya te dije que no estoy borracha! *Hip* —exclamó Epona con enojo mientras seguía hipeando—. ¡Si llamaste para eso entonces cuelga! *Hip* ¡Estoy muy ocupada *hip* defendiendo al pueblo romano de los embates de *hip* un feroz y tiránico Dios que quiere penetrar con su gran lanza en el centro de los límites de la republica! *Hip*

—Oh, entiendo. Eso suena muy importante, así que te voy a dejar tranqui…

De repente, Cernunnos se fijó en algo que había encima del hermoso y largo cabello rubio de Epona.

—¡Espera un momento! —exclamó, anonado—. ¡¿Por qué estas usando un traje de baño masculino como pañoleta?!

Epona se sonrojó ante la pregunta.

—O-oh, ¿esto? —cuestiono nerviosamente mientras señalaba el de traje de baño masculino con detalles del mar que estaba usando para amarrar su cabello.

Cernunnos deseó que fuera su imaginación; pero también cabía destacar que el traje de baño lucia como si acabara de ser usado recientemente.

—E-esto es un… —Epona dudó por un momento, antes de que a lo lejos una voz masculina le dijera: «¡Dile que es un trofeo de guerra!»—. ¡Es un trofeo de guerra! *Hip* ¡Lo obtuve luchando con ferocidad y destreza en una terrible y peligrosa partida de póker! *Hip*

—¡¿Esa era la voz de Neptuno?! —cuestionó Cernunnos por su parte, exaltado.

—¡No, no! ¡No es Neptuno!... O eso creo. En realidad no estoy segura si es Neptuno o si es Poseidón. *Hip*

—¡¿Qué estás haciendo con Neptuno?! —cuestionó Cernunnos, cada vez más exaltado—. ¡Él es un Dios Malvado que gusta de violar a las mujeres! ¡No debes estar con él!

Epona rodó los ojos.

—¡Padre, yo puedo cuidarme sola! ¡¿O es que acaso se te olvida las ciento de naciones que he defendido por mí misma en contra de los Gigantes!? ¡Puedo arrancarle la cabeza a Neptuno si trata de hacerme algo que no quiera! *Hip* —seguidamente, ella se sonrojó y dijo tímidamente: —. Además, solo estamos jugando póker de prendas.

De repente, Cernunnos entendió porque Epona estaba usando un traje de baño como pañoleta, y frunció el ceño con espanto.

—¡Por favor dime que estas usando algo en la parte de abajo! —suplicó.

—Tengo que colgar, padre. *Hip* —contestó Epona, evitando por completo la pregunta—. El deber llama. *Hip*

Y seguidamente, ella se apartó de la imagen. Por un momento, pudo escuchársele gritar: «¡Muy bien, Señor del Mar! ¡Es hora de que me muestres si tus sementales son mejores que mis yeguas!».

Seguidamente, un sostén y una tanga la cayeron en la cara a Cernunnos mientras la imagen se cortaba.

—«Espero que sí tienen un hijo sea un Dios Caballo y no un monstruo marino que saque el lado Gigante de nuestra familia —pensó Cernunnos, solo para luego quitarse la tanga de sus ojos con su boca —. Y también espero que esta tanga sea de mi hija»

Pero Cernunnos tuvo que dejar de lado sus preocupaciones acerca de un posible futuro nieto.

—¡TE ENCONTREE, CERDO ASQUEROSO!

—«¡Oh, no! ¡ARTEMISA ME ENCONTRO! —se dijo en pánico, solo para dar una mirada a su alrededor y sumirse aún más en el pánico —. ¡Y ADEMAS TRAJO A SUS CAZADORAS!»

—¿Este es el cerdo bellaco que destriparemos hoy, mi señora? —le preguntó una cazadora a Artemisa, sus ojos brillando peligrosamente.

Esta, encontrándose con un traje nuevo de cazadora, asintió, sus ojos también brillando peligrosamente.

—Sí, Zoe. Este es el cerdo que destriparemos hoy.

Cernunnos entró en pánico al oír eso.

Afortunadamente, él era Dios del que emanaban las emociones. Al entrar en pánico, todas las cazadoras de Artemisa también lo hicieron y empezaron a chillar como niñas pequeñas que ven un ratón o una araña, perdiendo por completo la concentración.

—¡Cálmense todas! —ordenó Artemisa con el tono estricto pero amable de una matrona. Seguidamente, notando que sus cazadoras no se calmaban por nada del mundo, ella le dio una mirada a Cernunnos y dijo con un odio sin fin: —. ¡Tú…! ¡¿También te atreves a dañar a mis niñas?!

Y entonces empezó a brillar peligrosamente hasta terminar transformándose en una versión adulta de sí misma que era extremadamente dotada y tenía la misma belleza y sensualidad de un depredador de la talla de un lobo extremadamente feroz.

—«¡Oh, por…!»— a Cernunnos casi le da algo al ver eso.

Él había escuchado acerca de esa forma de Artemisa. Convirtiéndose en una adulta, ella, la Diosa Virgen que protegía a los niños, pasaba a transformarse en la Diosa Bestia que reflejaba el rol de la Madre Tierra que abrazaba todo hacia su muerte. Igual que el Dios Apolo que era el Dios se la Medicina y el Dios de las Plagas, la Artemisa adulta era el lado «feroz» que representaba la naturaleza destructiva de la femenina luna que normalmente estaba oculta bajo un rol protector.

Si Artemisa de por si era bastante mala como niña, como adulta era peor. No por nada se decía (aunque eso solo eran chismes) que ella había matado con esa forma al Gigante Orión. La Diosa Bestia que era la patrona de los depredadores era básicamente una Artemisa que solo existía para matar.

Y eso Artemisa lo demostró cuando encima de su cabeza la luna brilló y de su cuerpo cientos de bestias salieron en la caza de Cernunnos: lobos, jabalís, perros, osos, zorros; como representando su ira, toda criatura que fuera un animal con el aspecto de «caza» y «depredación» salió del cuerpo de Artemisa hasta alcanzar la talla de una Bestia Divina como lo era el Jabalí de Calidon

Y por si eso fuera poco, mediante un brillo de la Artemisa adulta que hacia recordar a la luna, todas las cazadoras se vieron a sí mismas rodeadas de pieles de bestias y teniendo la suficiente fuerza como para herir ligeramente a un Dios de la talla de Cernunnos.

Lo cual, tomando en cuenta que había cientos de cazadoras, había que destacar que era algo muy, pero muy malo.

—«¡Rápido, Cernunnos! ¡Usa el roble!»

Y tras formular ese pensamiento lleno de pánico, Cernunnos hizo que sus cuernos brillaran y que en frente de él surgiera un gigantesco roble cuyas ramas llegaban a medir más de diez metros.

Ese era el Roble del Principio: aquel roble que había surgido en compañía de la madre de Cernunnos, Eiocha, y el cual la misma utilizó como sustento para luego dar a luz a su hijo. Ese mismo roble era mediante el cual Cernunnos había creado una gran porción de los bosques actuales, las especies animales y una gran parte de la población humana; asimismo, mediante este roble su hija Epona había creado a los caballos y sus otros hijos habían creado otras cosas. El Roble del Principio era, en pocas palabras, un instrumento de terra-formación y creación con el cual se podía originar casi cualquier cosa.

Lo que Cernunnos había convocado solo era una representación del Roble del Principio. El verdadero se había fragmentado hace siglos durante el periodo más temprano del mundo durante la pelea que tuvo lugar entre el, sus hijos, y los Gigantes Fomores, originando gran parte de la vida silvestre. Sin embargo, aunque solo era una representación, el roble contaba con una gran parte del poder de creación del originar.

Y Cernunnos decidió usar ese poder por esa ocasión para crear cientos de clones de madera de sí mismo.

—¿Qué…? —encontrándose de repente rodeada de cientos de miles de Cernunnos, la Artemisa adulta dio un gemido de confusión por un momento.

Pero eso solo fue por un segundo. Ella luego simplemente dio un rugido que era igual al de un oso irritado.

—¡¿Crees que esto significa algo, asqueroso e inmundo cerdo?! —cuestionó ella, brillando peligrosamente—. ¡No importa cuántos de ti haya, eso solo significa que hay más muñecos para desquitar mi ira! ¡SIMPLEMENTE DESTROZARE TODAS TUS COPIAS UNA POR UNA!

Y seguidamente, mientras hacía que unas gigantescas garras lobunas que le daban una apariencia similar a la de un licántropo remplazaran sus manos, ella gritó:

—¡A LA CARGA, MIS CAZADORAS! ¡DESTROZENLO A TODOS!

Y en respuesta, las cazadoras rugieron como si fueran las bestias más aterradoras que pudieran existir, para luego empezar a destruir a todos los cientos de miles Cernunnos uno por uno con un sadismo sin fin.

Y el original, quien se había tele-trasportado a cientos de miles de kilómetros de distancia, dio un gemido lleno de pánico al ver eso, siendo capaz de ver lo que ocurría al compartir su vista con la de sus copias.

—«¡Ya entiendo porque todos le tienen tanto miedo a Artemisa!»—pensó él, estremeciéndose.

Seguidamente, dio una miradas a sus alrededores mientras empezaba a reflexionar.

—«Por lo que veo, las copias no distraerán a Artemisa por mucho tiempo —pensó —. Tengo que hacer algo mientras le voy a pedir ayuda a alguien más»

Cernunnos empezó a pensar en maneras de distraer a Artemisa.

—«A ver… ¿Qué puede distraer a una belicosa e iracunda Diosa de las Bestias y a sus muy aterradoras hijas postizas? —se preguntó por unos momentos, antes de que a su cerebro llegara una rápida idea: —. ¡Ya se! ¡Las Bestias son territoriales! ¡Puedo hacer que se pelee con otra Diosa Bestia!»

Y tras pensar eso, Cernunnos dio una sonrisa mientras hacía que sus cuernos brillaran, llamando a una Diosa con la que tenía ligera amistad.

—¡ROOOOOOOOAAAAAAAAAAARRRRRRR!

Fue entonces que con un rugido, ante él apareció un muy aterrador oso que media cinco metros de alto y tenía un hermoso pelaje plateado que estaba manchado por completo de sangre…. sangre la cual lucia bastante fresca y parecía ser de procedencia humana.

Pero a pesar de ver eso, Cernunnos sonrió. Podría parecer que lo que estaba ante él era una muy aterradora, sanguinaria y peligrosa Bestia Divina; pero en realidad era Artio, la muy aterradora sanguinaria y peligrosa Diosa Oso.

—Ey, Artio, ¿cómo estás? ¿Te ha estado yendo bien? —le preguntó Cernunnos con cortesía, pues llevaba un buen rato de no ver a su muy sanguinaria y aterradora amiga.

En respuesta, Artio rugió:

—¡ROOOOOOOOAAAAAAAAAAARRRRRRR!

—Ah, ya veo. Eso suena extremadamente agradable. Me alegro que te esté yendo bien. Últimamente es muy difícil ser un Dios de los Animales.

Artio rugió otro «¿¡ROOOOOOOOAAAAAAAAAAARRRRRRR!'», causando que todo a su alrededor se estremeciera como si hubiera un terremoto.

—¿Oh, yo? Pues yo estoy bastante bien. Ya sabes, a veces salgo con una que otra cierva y una que otra yegua; pero por lo general no hago nada extraordinario.

—¡ROOOOOOOOAAAAAAAAAAARRRRRRR!

—¿Ah? ¿Tú también has estado yendo a citas? —cuestionó Cernunnos, sonriendo—. ¿Y cómo te ha ido con eso?

En respuesta, Artio dio un rugido, señaló su pelaje ensangrentado e hizo unas señas con sus garras como si estuviera destripando y comiéndose algo.

—Ah, tú sí sabes, Artio. Hoy en día, las otras Diosas suelen dejas eso para la segunda cita. Me alegra que tú estés hecha a la antigua como yo —exclamó Cernunnos con otra sonrisa… Como le encantaba hablar con Artio. Era tan elocuente, amigable y dulce…. sobre todo dulce y amigable.

Pero, luego acordándose de su situación. Cernunnos hizo una mueca.

—Oye, Artio. Tendrás que disculparme. Es muy agradable habar contigo; pero no te llamé para socializar —aclaró—. Te llamé porque necesito tu ayuda.

Artio dio un rugido inquisitivo e hizo una seña con sus manos que hacía pensar que estaba tratando de arrancarle la garganta a alguien.

—No —negó Cernunnos—. Hoy no vamos a volver a pelear con el Dios Jaguar. Esta vez nuestro oponente es Artemisa.

Al escuchar ese nombre, Artio palideció por completo y se echó en el piso, haciéndose pasar por muerta.

—¡Tranquilizate, Artio! ¡No te estoy pidiendo que luches tú sola en contra de ella! ¡Tan solo quiero que llames a tus hijos y me ayudes a ganar algo de tiempo!

—¡¿ROOOOOOOOAAAAAAAAAAARRRRRRR?! —rugió Artio inquisitivamente, todavía echada en el piso como si se estuviera haciendo pasar por muerta.

Cernunnos le asintió.

—Sí, tus hijos: el Rey Artus y sus caballeros de la mesa cuadrada. Esos mismos.

—¡ROOOOOOOOAAAAAAAAAAARRRRRRR!

—¿Qué? ¡¿Cómo que están muy ocupados buscando el San Grael?! —cuestionó Cernunnos, frunciendo el ceño—. ¡Ellos son tus hijos! ¡No importa lo que estén haciendo! ¡Si su madre los llama, tienen que ir de inmediato a verla! ¡Eso es lo que haría un buen hijo!

Ante sus palabras, Artio le dio una mirada fea y le rugió de manera acusadora.

—Eh, mi caso es distinto —le explicó Cernunnos mientras fruncía los labios, ofendido—. Mi madre se lanzó el mar y más nunca volvió a ser vista. ¡Yo no tengo la culpa de no haberla vuelto a ver desde hace más de cuatro mil años!

Artio le volvió a rugir acusadoramente.

—Sí, tienes razón, Artio. Podría tratar de hacerle una acuallamada —reconoció Cernunnos—; ¡pero no estamos hablando de eso! ¿Vas a llamar a Artus si o no?

Artio rugió cansinamente, solo para luego asentir

Mientras tanto, Artemisa en su dotada y muy aterradora forma adulta recién acababa de matar junto a sus cazadoras y sus Bestias Divinas a las cientos de miles de copias de Cernunnos.

—Como era de esperar un ciervo. Este asqueroso Dios de la Lujuria es más escurridizo de lo que pensaba —exclamó Artemisa con molestia, rompiéndole la cabeza a una copia de Cernunnos con sus garras de una manera muy sanguinaria—. A este ritmo me tomará un rato atraparlo, y no tiempo que perder. Próximamente serán los festivales deportivos de los Dioses del tiro con arco y tengo que estar preparada para derrotar a Skadi y a ese idiota de Uller en combate.

—No creo que vos tenga nada de que preocuparse, mi señora. Si es usted, estoy segura que le demostrará a toda esa panda de idiotas quien es la mejor Diosa.

—Oh, Zoe. Como siempre, tus palabras son tan sabias y tan llenas de verdad —dijo Artemisa con una sonrisa divertida—. Pero no puedo bajar el ritmo de mi entrenamiento. Esa Skadi es una digna rival: toda una verdadera Diosa que sabe cómo congelar del miedo a los tontos hombres que tratan de cortejarla. Si me descuido, probablemente me gane, así que no puedo bajar el ritmo. Tengo que seguir disparándole flechas al tonto de Apo… Quiero decir, tengo que seguir practicando mi puntería —se corrigió a lo último, sonriendo como un hermoso y aterrador zorro.

Zoe le dio una cabezada de aprobación.

—Como era de esperar de mi señora. Hace la máxima forma de arquería como calentamiento. Estoy segura que dentro de poco la veré superando a ese estúpido mortal de china al dispararle a diez soles al mismo tiempo.

—Oh, eso suena interesante. Tal vez lo haga en el futuro —respondió Artemisa, cosa que hizo que todos los Dioses del Sol de naturaleza masculina que estaban alrededor del mundo se estremecieran —; pero ahora hay que concentrarnos en nuestra presa del día de hoy… No tenemos tiempo que perder, así que… Zoe, llama a Hipólita. Dile que la necesito.

Al escucharla, Zoe frunció el ceño. No le gustaban las amazonas. Le parecían unas bárbaras asquerosas que seguían entrando en contacto con los muy asquerosos y estúpidos hombres a pesar de que su Diosa les había dado su gracia. Como además todas alababan a Ares, el Dios de los Hombres Asquerosos y Estúpidos, más que a su señora, sentía que todos eran indignas traidoras a la raza.

Además, las odiaba porque su reina actual, Hipólita VI, siempre trataba de hacerle la vida imposible tratando de superar sus logros.

Pero a pesar de eso, Zoe no protestó ante la orden de Artemisa (y no, no lo hizo porque encontrara intimidante a su señora en su letal forma adulta), y rápidamente pidió ayuda a sus compañeras hijas de Tritón (porque sí, había toda clase de Semidiosas entre las cazadoras de Artemisa) para que la ayudaran a formar un arcoíris con el cual pudiera pedir la gracia de Iris, la Diosa del Arcoíris.

Y así, unos minutos después, ante Zoe apareció la imagen de una hermosa mujer de pelo negro que estaba ataviada en una armadura y sentada en un trono con sus pies posados sobre unos hombres que solo vestían una tanga diminuta como si estos fueran muebles al mismo tiempo que otros hombres con el mismo conjunto de sus compañeros la abanicaban y le daban comida en la boca

—¿Uh? —la mujer dio un gemido confuso por un momentos, antes de que reparara en la presencia de Zoe—. Oh, eres tú —comentó, para luego sonreír—. Dime, ¿a qué se debe el honor de que llames? ¿Acaso deseas volver a tener otro sparring para demostrar quién es la mejor guerrera?

Zoe le frunció el ceño, irritada.

—Tal vez luego te demuestre quien es la mejor guerrera haciendo que tu cara bese el suelo; pero por ahora no te llamo para eso —aclaró—. Lady Artemisa las necesita. Estamos cazando a la Encarnación de la Lujuria.

—¿Eh? ¿Están cazando al demonio Ambrosius? —cuestionó Hipólita, sorprendida.

—¡No, idiota! ¡Estamos cazando al Dios Celta Cernunnos!

—Oh —exclamó Hipólita en entendimiento, solo para luego sonreír sanguinariamente—. Eso suena genial. Desde que me volví la reina de las amazonas, no he vuelto a tener acción aparte de los sparrings que tengo contra ti. ¡Será un honor ayudar a Lady Artemisa en la caza de un hombre inferior!

Tras decir eso, Hipólita se bajó de su trono, el cual estaba bastante alto, hombres que gritaban llenos de dolor siendo usados por ella como si fueran escalones.

—Me encantan estos zapatos con clavos —comentó Hipólita con una sonrisa al escuchar los gritos de dolor de los hombres—. Son como yo: hermosos, prácticos y letales; perfectos para demostrarle a los hombres quien es la que manda.

Zoe contuvo una sonrisa ante eso.

—«Ya sé lo que le voy a pedir a mi señora de regalo de cumpleaños»— pensó.

Por otro lado, Cernunnos acababa de aparecer en un gigantesco castillo que estaba rodeado de un montón de naturaleza.

—«Bien. Creo que enfrentarse a una Diosa Oso y a un montón de Dioses de la Guerra con espadas híper-poderosas entretendrá a Artemisa por un rato—pensaba mientras recordaba como Artio y su hijo, el Rey Artus, habían salido en búsqueda de Artemisa, encontrándose acompañados de los caballeros de la mesa cuadrada de Artus —. Creo que tendré suficiente tiempo como para convencer a Dagda de que me ayude»

Y tras pensar eso, Cernunnos entró en el castillo.

Dagda era uno de los Dioses más importantes del Panteón Celta. Junto con su muy aterradora esposa (a quien Cernunnos temía tanto que no le gustaba ni pensar en su nombre), formaba parte de un dúo de Dioses representantes de la vida y la muerte, siendo solo superados en importancia por Lugh, quien era el Dios de todas las cosas así como también el Rey de los Dioses.

En términos de poder de batalla, Dagda era increíble, un igual de los Tres Grandes de la mitología grecorromana. Tal vez su muy temible esposa fuera más fuerte en términos de poder destructivo; pero Dagda era aquel que se decía tenía una sabiduría comparable a la del Dios Odín. Él era el Señor de los Druidas —sacerdotes celtas que tenían el don de «pedir prestado» el poder de las fuerzas de la naturaleza (Dioses) para realizar el arte de la magia—, y como tal era extremadamente sabios. Si a eso se le sumaba que era el Dios de la Vida y el máximo amo de la naturaleza, podía decirse que si su esposa podía destruir naciones él podía revivirlas en contra-posición.

Cernunnos era la máxima representación celta de la naturaleza y como tal prestaba servicio a Dagda. No era un Dios siervo como tal; pero como Dagda regia sobre la naturaleza, Cernunnos tenía que prestarle atención a todo lo que este le decía. A veces, era un poco cansino, porque a la final Dagda lo único que hacía era mandarle a que hiciera todo el trabajo mientras él tomaba alcohol y se la pasaba con mujeres a espaldas de su esposa; pero como Dagda a la final era un Dios bastante simpático (y capaz de partir montañas a puñetazos) a Cernunnos se le hacía imposible no llevarse bien con él. Ellos eran buenos amigos.

Cernunnos quería pedirle ayuda en la ocasión actual. Sabía que Artemisa no podría ganarle a alguien con una fuerza comparable a la de su padre, Zeus, y también sabía que Artemisa no podría pelearse con alguien tan importante como Dagda porque se arriesgaría a armar una guerra con el Panteón Celta... o a ser destruida por completo por la esposa de Dagda. Lo que pasara primero.

Por supuesto, eso también se aplicaba para Dagda. Zeus podría ser un ser inmoral capaz de hacer miles de cosas perversas que asqueaban incluso a Cernunnos, la Encarnación de la Lujuria; pero él era un Dios bastante protector (posesivo). Nadie podía meterse con sus hijos (excepto el mismo o su esposa) sin arriesgarse a sufrir un terrible destino. De enfrentarse Dagda a Artemisa, era muy probable que Zeus luego armara un alboroto y le declara la guerra a Lugh.

Sería muy difícil saber quién ganaría. Ciertamente Lugh era el doble de fuerte que Zeus y el Panteón Celta contaba en adición con al arma secreta que era la terriblemente poderosa esposa de Dagda, así como el propio Dagda; pero el Panteón Grecorromano contaba con muchos más Dioses Guerreros que el Panteón Celta, siendo Apolo y Atenea, los hijos más fuertes de Zeus, la mayor amenaza. Si a eso se le sumaba que Diosas Celtas como Epona pertenecían también al Panteón Romano, sin duda sería casi imposible detallar la escala de un posible conflicto.

Pero Dagda era un Dios extremadamente sabio y con muchos trucos bajo la manga. Cernunnos simplemente le iba a pedir que le prestara uno de esos trucos para la ocasión.

—«Dagda es un Dios muy sabio y amable —pensó Cernunnos con una sonrisa mientras terminaba de entrar en el castillo de Dagda —. Estoy seguro que él tendrá una manera para ayudarme»

Y entonces Cernunnos vio el interior del castillo de Dagda y su sonrisa borró.

Y la razón fue porque vio a un montón de mujeres desmayadas en el piso mientras estaban bañadas en alcohol y una gran cantidad de líquido blanquecino en el cual Cernunnos decidió no profundizar

—«Ménades griegas. Espíritus femeninos de naturaleza Vanir. Mujeres Kitsunes… »—enumeró Cernunnos mientras observaba el montón de mujeres desnudas —. Y esas son las que reconozco. También hay seres de la naturaleza de las que nunca he oído hablar… Haa. Dagda sin duda se pasó en esta ocasión —pensó mientras negaba con la cabeza con desaprobación, ignorando que él tampoco era un santo casto y puro —… Y hablando de Dagda… ¿Dónde está él?»

—¡KYAAAA!

—«Supongo que ese chillido femenino de placer es la respuesta»—pensó Cernunnos mientras daba un suspiro, solo para luego dirigirse en donde había escuchado el chillido femenino.

Y al llegar ahí, de inmediato se dio cuenta del error que había cometido.

—¡AHHHH! ¡ROPA, ROPA! ¡PONTE ALGO DE ROPA, DAGDA! —chilló Cernunnos en pánico al tener una vista frontal de un Dagda completamente desnudo.

Dagda, por su parte, no pareciendo importarle ni un pelo el hecho de estar desnudo, saludó a Cernunnos con una sonrisa mientras posaba a una Ménade que tenía los ojos blancos de placer en el piso.

—Oh, Cernunnos. ¿Qué tal? ¿Qué te trae a mi morada? —cuestionó, caminando hacia Cernunnos mientras estaba completamente desnudo.

—¡AHHHH! ¡EN SERIO, DAGDA! ¡PONTE ROPA! —chilló Cernunnos, siendo testigo del bamboleo de una cosa que era la máxima representación de un Dios da la Virilidad como lo era Dagda.

—Bah. Tu siempre tan dramático, Cernunnos —comentó Dagda mientras hacia un gesto de fastidio con una de sus gigantescas manos—. Para ser la Encarnación de la Lujuria, eres tan dramático ante la desnudes masculina. ¿Es que acaso nunca has tenido una orgia con un compañero varón?

Como Cernunnos estaba empezando a hacer que todas las mujeres conscientes de la habitación entraran en pánico, Dagda dio un suspiro y con rapidez se puso un taparrabos que apenas y ocultaba lo importante.

Y al ver eso, Cernunnos se calmó.

Tal vez los mortales pensarían que Cernunnos estaba siendo muy dramático. Después de todo, ¿no era el patrón de la lujuria? ¿Por qué debería tener tapujos tontos acerca la desnudes de su propio género?

En realidad, el problema no era la desnudes de su propio género. A diferencia de cierto demonio que amaba todos los aspectos de la lujuria, a Cernunnos no le gustaban los seres masculinos; pero eso no quería decir que se fuera a asustar por hacer una actividad divina tan normal como lo era tener actividades sexuales en grupo. Simplemente no le atraían los cuerpos masculinos; pero no les temía.

A excepción del cuerpo de Dagda.

Y es que Dagda media poco más de dos metros y tenía músculos hasta en los músculos. Su cuerpo era la máxima representación del poder masculino; pero lo era en un nivel simplemente exagerado. Simplemente por dar un ejemplo, un puño de Dagda era como la cabeza de un niño humano. Su cuerpo era algo que daba más miedo que lujuria.

—«¡Demasiados músculos! ¡Demasiados músculos!»—pensó Cernunnos mientras sentía que estaba a punto de desmayarse.

Unos cuantos después, ya Cernunnos recuperado….

—Bien, ahora que estas calmado… ¿Puedes decirme la razón de tu visita?

Ante la pregunta de Dagda, Cernunnos dio un suspiro.

—Antes que nada… ¿Por qué sigues usando esa cosa? —exclamó con cansancio mientras señalaba el taparrabos de Dagda—. Sabes que ese atuendo no cubre casi nada. Cuando te mueves, se te ve el trasero y tus partes…. En serio, Dagda, ¡por culpa de esa cosa somos el hazmerreír entre los Dioses de los demás panteones! ¿Es que no has visto el montón de burlas que los cristianos te han estado haciendo últimamente?

—Por supuesto que las vi. Pero no les tomo importancia. Simplemente están envidiosos de la masculinidad de mi cuerpo —comentó Dagda con indiferencia mientras flexionaba sus músculos, causando que su taparrabos dejara expuesto su trasero por completo.

Cernunnos se tapó los ojos con sus cuernos al ver eso.

—Además —añadió Dagda con una sonrisa, acomodándose el taparrabos para que Cernunnos pudiera abrir los ojos—, a las damas les encanta este atuendo.

Cernunnos dio un suspiro.

—Bien, entiendo. Vístete como quieras y se el hazmerreír de todos —exclamó Cernunnos cansinamente. Cosas como esas le hacían recordar que era un anciano comparado con todos los demás Dioses Celtas—. Pero no vine a hablarte de eso —aclaró—. Vine a que me hicieras un favor.

—¿Cuál?

—Necesito que me dejes agarrar tu gran bastón por un momento.

Dagda miró con extrañeza a Cernunnos.

—Creí que sabias que no me gustaban ni los hombres ni los animales, Cernunnos.

—¡No me refería a ese tipo de bastón, idiota! —exclamó Cernunnos con molestia—. ¡Me refería a [Lorg Mór, tu mítico gran bastón que puede tomar la forma de un garrote para la batalla!

—Oh.

El «gran bastón» del que hablaba Cernunnos era el mítico [Lorg Mór] de Dagda: un bastón mágico que podía adoptar la forma de un gigantesco garrote para la batalla. Era uno de los tres símbolos de Dagda, y como tal era una muy poderosa arma que tenía la capacidad de resucitar a los muertos si golpeaba con un extremo y lanzar una maldición de muerte instantánea que mataba al rival de un golpe si golpeaba con el otro.

Cernunnos quería usar a [Lorg Mór] para «pacificar» a Artemisa. Como esta era una Diosa, la maldición de muerte instantánea no le afectaría como debería; pero cuando mínimo la noquearía y la pondría bajo un estado de profundo sueño cuya duración sería muy variable.

Cernunnos esperaba con algo de suerte ponerla a dormir durante unos cuantos siglos.

Pero Dagda destruyó sus esperanzas.

—Lo siento, Cernunnos; pero no te puedo prestar mi [Lorg Mór].

—¿Por qué? —exclamó Cernunnos en respuesta, decepcionado—. ¿Es que no le puedes prestar tu muy poderosa arma a tu amigo? ¿Piensas acaso que seré tan estúpido como Skirnir y perderé tu arma para siempre para que luego la usen los Gigantes?

—No. No es eso —negó Dagda—. Es simplemente que yo soy el único que puede manejar a [Lorg Mór].

Escuchar eso hizo que Cernunnos se sorprendiera.

—¿No me digas que es como el [ Excaliber] de Artus, el hijo de Artios, y solo puede ser manejado por alguien digno?

—No. Más bien es como el [Mjolnir] de Thor —aclaró Dagda—. [Lorg Mór] es tan pesado como la vida misma. Solo alguien con una fuerza extrema como la mía puede soñar con manejarlo.

Cernunnos no pudo evitar decepcionarse por un momento, pero rápidamente recuperó la compostura. Todavía podía pedirle otras cosas a Dagda, se dijo.

—Bien. Entonces prestame a [Uaithne] , tu arpa.

Pero para su consternación, Dagda volvió a negar con la cabeza.

—Lo siento. Tampoco puedo prestarte a [Uaithne] . Ya se le di a mi hijo Aengus para que pudiera animar un concierto bardo que va a hacer en Japón.

—Me estás diciendo que le diste a tu hijo tu arpa, aquella que está hecha del Roble del Principio, que tiene el poder de matar a diez hombres de un solo golpe, la capacidad de alterar las estaciones y el clima en un radio de un país así como el poder manipular la mente de mortales e inmortales con su sonido… ¿para que diera un concierto en Japón?

Dagda asintió con una sonrisa.

Cernunnos contuvo las ganas de tomar su forma humana para darse una palmada en la cara.

—¡¿Pero es que acaso no fue porque te habían robado esa bendita arpa que tú, Lugh y tu hijo Ogma tuvieran que luchar juntos contra los Gigantes durante la segunda batalla de Mag Tuired?—cuestionó Cernunnos, exaltado—. ¡¿Acaso no te preocupa que alguien se la robe a tu hijo Aengus y cause en el caos en el mundo?!

Dagda negó con la cabeza—. No. Ni un poco.

—«Así se debe sentir Odín cada vez que Thor pierde su martillo»—pensó Cernunnos, acordándose de lo que le había contado su hermosa amante yegua de ocho patas acerca del irresponsable, grosero y flatulento Dios Nórdico del Trueno.

—Pero no te preocupes —le dijo Dagda, sonriéndole tranquilizadoramente—. Él esta con este amigo suyo del que te hablé: ese tal Apolo que por alguna misteriosa razón es idéntico a él,.. Y-y a-además —añadió, de repente empezando a tartamudear por alguna razón—, m-mi e-esposa está con él en su forma más amable sirviendo como manager y cantante femenina.

Cernunnos contuvo un grito de pánico.

—¿T-tu esposa y el más fuerte de los hijos masculinos de Zeus? —cuestionó, solo para recibir un asentimiento—. Y-ya solo falta que me digas que también fueron las ciento cuarenta y nueve cuñadas de tu hijo como bailarinas —dijo, nervioso.

Dagda hizo una mueca.

—Pues... respecto a eso…

A pesar de que era imposible, Cernunnos sintió que casi le daba un infarto.

—«El Dios Celta más hermoso, el más fuerte de los hijos de Zeus, las más aterradora y poderosa Diosa Celta, y el arpa de Dagda… además de las ciento cuarenta y nueves aterradoras y muy peligrosas mujeres cisnes —recapitulo Cernunnos, poniéndose pálido —. Yo solo espero que Japón sobreviva a la experiencia… Y también espero que Amaterasu y Susanoo estén de buenas y no lo busquen pelean a la esposa de Dagda»

Pero a pesar de que estaba preocupado porque la más poderosa Diosa del Sol quisiera darle pelea a la terrible esposa de Dagda, Cernunnos decidió dejar de lado ese pensamiento por un momento. Justo en esos momentos lo más importante era evitar ser cazado por Artemisa.

—Bien. Entonces prepara una poción de sueño en tu caldero [Coire Ansic] y dámela.

Dagda le dio una mirada, y, justo cuando Cernunnos pensaba que le iba a decir que había prestado el [Coire Ansic] para que algún Dios de la Cocina hiciera una sopa, este le dijo:

—Seguro.

Cernunnos casi da un grito de alegría. ¡Por fin! ¡Tendría un arma con la cual pudiera paralizar a Artemisa!

—¿Pero exactamente para qué la quieres? —le cuestionó Dagda, confuso—. Por lo general, esperaría que alguien como tú me pidiera una poción afrodisiaca o alguna clase de poción de resurrección. Lo menos que esperaría de ti seria que me pidieras una poción de sueño. ¿Acaso tienes insomnio?

—No, no es eso —le contestó Cernunnos—. Lo que pasa es que…

Cernunnos le explicó a Dagda el lio en que se había metido.

—¡Por el Manred, Cernunnos! ¡Cómo se te ocurre meterte con la cierva de Cirinea! —le recriminó Dagda—. ¿Es que acaso no has aprendido del error que cometí aquella vez en ese rio cuando le pedí ayuda a mi esposa en la lucha contra los Fomore? ¡Nunca tengas ninguna clase de contacto con una mujer de mal carácter! ¡Te arruinaran la vida para siempre!

—Tienes que entenderme. Era la cierva más hermosa que había visto.

—Mi esposa también es la mujer más hermosa que he visto y veré en toda mi vida, y ha hecho de mi vida un infierno —le recordó Dagda, repentinamente empezando a temblar del miedo —…. De solo recordar la pelea que tuvimos luego de que ella descubriera que le fui infiel con Boyne…

Cernunnos hizo una mueca. Dagda no era el único que había sufrido aquel día. Todo los Dioses Celtas anduvieron como locos aquella vez debido a que cientos de miles de personas empezaron a morir y a resucitar en rápida sucesión. Los Dioses del Inframundo todavía tenían migrañas.

—Y lo peor de todo fue que luego cuando le recriminé acerca de que estaba cortejando al hijo de Lugh ella desquitó conmigo la ira que tenía porque este la rechazó —continuó Dagda, temblando de miedo de una manera que era impropia para un Dios de la Fuerza que media casi tres metros.

Cernunnos no lo culpó por eso. Los cristianos pensaban que Cernunnos era una encarnación de Satanás por sus cuernos; pero Cernunnos sabía que el verdadero Diablo Céltico era la esposa de Dagda. No por nada ella era la Encarnación del Pánico, la Locura y la Destrucción. Nadie quería meterse con ella, y por eso hicieron que Dagda, el único que podría aguantar sus palizas sin ser reducido a polvo de estrellas, se casara con ella. Todos pensaban que ella iba a desarrollar una personalidad hogareña o algo así y dejaría de causar tanta destrucción.

Cuando se dieron cuenta que emparejar a una Diosa con un orgullo monumental con un Dios como Dagda que amaba estar con múltiples mujeres no era tan buena idea, era demasiado tarde. Ahora todos los Dioses Celtas se la pasaban ayudando a Dagda a serle infiel a su esposa sin que esta la descubriera por el bien de que no ocurriera el apocalipsis. Un ejemplo de eso fue aquella ocasión en que Dagda le pidió a su tío, el Dios del Sol Belenus, que brillara tan intensamente como para hacer que nueve meses trascurrieran al mismo tiempo que nueve segundos con el fin de disfrutar con tranquilidad el embarazo de Boyne, su amante de aquella ocasión…. Claro que luego Dagda se dio cuenta que alterar el espacio y el tiempo no era precisamente una buena idea si buscabas evitar que una Diosa supiera que tenías una aventura.

Pero a veces eso también era algo bueno. Gracias al temor que Dagda le temía a su esposa los Dioses (como Cernunnos, por ejemplo) podían pedirle casi cualquier cosa al amenazarlo con decirle a su esposa acerca de las aventuras que estaba teniendo.

—Entonces —continuó Cernunnos, saliendo de sus pensamientos—, ¿me harás la poción que te pedí?

Dagda dio un suspiro.

—Bien. Pero, ¿si sabes que contra una Diosa iracunda una poción de sueño no durará mucho tiempo? Tienes que buscar otra forma de escapar.

—¿Qué me recomiendas? —le preguntó Cernunnos, sabedor de que Dagda era experto en sobrevivir a la ira femenina.

—Ve a la nueva tienda de Manannán —le aconsejó Dagda—. En ese lugar puedes obtener casi cualquier cosa siempre que pagues el precio justo. Estoy seguro de que ahí encontraras lo que necesitas.

—«Hmn. Manannán, ¿eh? —se dijo Cernunnos, pensativo —… Creo que podría funcionar. Él es un ilusionista de la talla de Loki y también cuenta con muchas capas de invisibilidad. Seguramente pueda ocultarme de Artemisa por unos cuantos siglos»

—Bien. ¡Iré con Manannán! —le dijo Cernunnos a Dagda, para luego pedirle: —. Aun así, hazme esa opción. Necesito un salvavidas por si me encuentro con Artemisa.

Dagda asintió.

—Entendido —dijo, para luego levantarse y caminar en dirección hacia el lugar donde tendría su caldero, su trasero estando completamente expuesto ante la vista de Cernunnos.

—«Haaa. Por cosas como ese atuendo me alegro que Dagda no sea el Rey de los Dioses—pensó Cernunnos con cansancio — Ya suficiente había con pervertidos como Zeus»

Un tiempo después, Cernunnos con una botella que brillaba mágicamente mientras flotaba entre sus cuernos apareció cerca del mar en un brillo divino que hizo que todos los animales cercanos obtuvieran corazones en los ojos y empezaron a portarse muy «cariñosos» entre sí.

—«Bien —se dijo Cernunnos, mirando al mar —. Solo tengo que transformarme en un delfín e ir a la tienda de Manannán que está bajo del mar…»

Pero antes de que pudiera transformarse, Cernunnos se encontró esquivando instintivamente una decena de flechas plateadas.

—«¡¿A-ARTEMISA?! —se cuestionó él, impactado —. ¡P-PERO…! ¡¿COMO LOGRO DESHACERSE TAN RAPIDO DE ARTIO Y SUS HIJOS?!»

—Como era de esperar de un asqueroso cerdo. Tu estupidez es infinita —exclamó Artemisa con un desprecio sin fin, encontrándose todavía en su forma adulta—. ¿Enviar a una Diosa Oso en contra de mí, cuyo animal sagrado y avatar también es un oso? ¡Cuánta estupidez! ¡Ni siquiera hizo falta que la cazara! ¡Ella solita se unió a mi caza!

Al escuchar eso, Cernunnos dio una mirada rápida alrededor de las cazadoras de Artemisa, solo para encontrar a una Artio vestida con el traje clásico de las cazadoras y portando un arco entre sus gigantescas manos de oso.

—Roarr —le rugió Artio mientras le hacía una seña de disculpa, solo para luego rugir un amenazante «¡ROAAAARRRRR!», que era la forma oso de decir: «¡Muere, cerdo asqueroso!»

—¿P-pero y sus hijos? ¿C-cómo pudiste derrotarlos? —cuestionó Cernunnos con miedo.

Artemisa sonrió. Lucia como un lobo que se relamía ante un ciervo.

—¿Quién dijo que los derroté?

Y tras que dijera eso, un montón de mujeres vestidas con armaduras inglesas aparecieron. Dentro de ellas, una mujer rubia de ojos verdes que llevaba una espada en la mano fue señalada por Artemisa.

—Te presento a la Reina Artusia y a sus caballeras de la mesa cuadrada —exclamó ella, luciendo notablemente contenta y satisfecha consigo misma.

Cernunnos no supo ni que pensar ante eso. Lo único que supo hacer fue actuar por instinto y lanzarle a Artemisa la pócima de sueño que Dagda le había preparado.

Pero en ese momento una mujer vestida con una armadura amazónica apareció y batió la pócima de sueño lejos de ellas.

—¡Que hombre tan insolente! —exclamó la mujer—. ¡Para atreverse a usar trucos de magia contra nuestra Diosa! ¡¡Creo que y yo mis hermanas tendremos que domesticarte como nunca lo hemos hecho con un hombre inferior!!

Una cazadora le dio una mala mirada ante sus palabras.

—¿Qué dices, Hipólita? ¿Quién te dijo que lo domesticarás? ¡Obviamente Lady Artemisa le arrancará la cabeza y la usara por siempre como decoración!

—Tranquilas, chicas —las tranquilizó Artemisa—. Esta cucaracha es un Dios a pesar de todo. Podrá dividir su esencia y estar en dos lugares al mismo tiempo. Con algo de ayuda de Hécate estoy segura que podré atarlo al hogar de las amazonas y al campamento de nuestra caza al mismo tiempo.

Cernunnos no pudo evitar palidecer ante eso.

Se encontraba rodeado por una Diosa Oso, Ex-Dioses Guerreros que ahora eran Diosas Guerreras, Amazonas, y de Artemisa, sus cazadoras y un montón de Bestias Divinas. No tenía escapatoria alguna, pues aquella amazona se había despachado la pócima de Dagda y los poderes de emanación de emociones de Cernunnos no eran tan efectivos contra los Dioses.

Parecía ser que ese era su fin.

Pero Cernunnos todavía sabía que tenía una oportunidad para sobrevivir. Lo único que necesitaba era una distracción que durara el tiempo suficiente como para poder lanzarse al mar y huir.

—«El mar…—se repitió Cernunnos, para luego sonreír —. ¡Eso es! ¡Solo tengo que pedirle ayuda a mi madre! ¡Ella técnicamente es una Diosa Primigenia o algo así! ¡Si me lanza una ayudadita estoy seguro que podrá noquear por unos segundos a todas estas locas!»

Y tras pensar eso, Cernunnos le rezó a su madre:

—«¡Ayudame, madre!»

Y como respuesta recibió:

—«¿No me has hablado en más de cinco mil años y ahora me pides ayuda?»

Cernunnos hizo una mueca ante eso.

—«Perdoname, madre. ¡No sabía que si te rezaba podía hablar contigo!»

—«¡Pamplinas! —le contestó su madre enojada —. ¡No lo hiciste porque no te importo! ¡Incluso luego de que te ayudé a tener a tus hijos no fuiste ni capaz de mandarme una paloma mensajera o hacerme una acuallamada! ¡Eres un terrible hijo! ¡¡Por eso es que ahora doy a luz Gigantes Fomorianos y los mando a que destruyan tu hogar y a que acaben con toda forma de vida!!»

—«Espera… ¡¿Que tú haces qué?!»—le cuestionó Cernunnos, impactado.

—«¡No trates de cambiarme el tema!»

—¿Es normal que los Dioses se queden mirando así al vacío, mi señora? —le cuestionó aquella cazadora a Artemisa mientras Cernunnos charlaba con su madre.

Artemisa negó con la cabeza.

—No, Zoe. Lo que pasa es que este cerdo asqueroso probablemente se ha quedado paralizado del pánico.

—Oh —exclamó Zoe en entendimiento—. ¿Entonces ya podemos destriparlo? —cuestionó.

Escuchar eso hizo que Cernunnos palideciera aún más.

—«¡Por favor, madre! ¡Salvame! —le suplicó a su madre —. ¡Te prometo que luego de esto hablaré contigo todos los días y te daré un regalo cada vez que sea el día de Danu!»

—«Hmn… Bien. Pero que conste que tienes que lanzar al mar una buena dosis de heno y bayas cada cierto tiempo. Ayudar a matar a tantas criaturas me ha impedido poder comer como en los viejos tiempos»

Y entonces, instantes después de que la madre de Cernunnos dijera esas palabras especialmente aterradoras, una corriente de agua tan oscura como el lodo salió disparada con una fuerza sin fin en contra de Artemisa y su sequito.

—¡¿Qué es esto?! —rugió Artemisa mientras era mandada a volar (literalmente: ella rugió como un lobo)—. ¡¿Aguas malditas?!

Pero Artemisa no pudo decir nada más porque, de repente, ella y todas las mujeres que la acompañaron se desmayaron repentinamente mientras estaban rodeadas por aquella sustancia acuosa que recordaba al lodo.

—«Bien. Usé un poco del [Mar del Caos] y las sometí con una maldición de sueño —le explicó su madre a Cernunnos —. Ella es una Diosa Madre Tierra y todas las que la rodean cuentan con su bendición (además de que no usé el verdadero poder de esta agua), así que el efecto solo será temporal. Aprovecha que están dormidas y huye para que luego puedas mandarme el heno y las bayas que me prometiste»

Cernunnos dudó un momento… Aquellas aguas le daban muy mala espina. Él, que era un Dios de la Naturaleza, podía sentir que esa cosa era algo más antiguo que el mundo mismo. Era algo aterrador incluso para un Dios. Podía sentir que rebosaba odio por todo ser viviente.

Pero, a pesar de pensar eso, se encontró negando con la cabeza y transformándose a sí mismo en un delfín para poder lanzarse al mar. Aquellas aguas eran aterradoras; pero ver a Artemisa cuando se despertará también seria increíblemente aterrador.

—«¡Gracias, madre! —le agradeció a su madre, antes de lanzarse al mar.

—«¡Recuerda mandarme el heno y las bayas!»

Y con esas palabras de su madre, Cernunnos se sumergió en su forma de delfín dentro del mar.

Y un rato después, Cernunnos se encontró en frente de una tienda cuyo letrero decía: «La Magnánima Tienda Submarina de Empeños e Intercambios de Manannán»

—«¡Bien! ¡Es hora de pedirle ayuda a Manannán!»

Y tras pensar eso, Cernunnos entró en la tienda.

Y de inmediato se arrepintió de hacerlo cuando vio a Manannán besando a una muy hermosa mujer mientras la toqueteaba.

—O-oh… este… yo. Siento interrumpirles —les dijo Cernunnos con timidez. Como Encarnación de la Lujuria, se la hacía súper incomodo interrumpir un momento lleno de lujuria.

Manannán lo miró por un momento, y luego dio un suspiro.

—Supongo que se me debe haber olvidado poner que estaba cerrado —murmuró, para luego decirle a la mujer que estaba con él:—. Dame un momento, Rodas. Te prometo que esto no tomará mucho tiempo.

Rodas lo miró como diciéndole: «Por favor, apresurate», y luego se metió dentro de los lugares más profundos de la tienda.

—¿Esa es una de las hijas de Neptuno? —le preguntó Cernunnos a Manannán, haciendo una mueca internamente al recordar a Neptuno… No pudo evitar preguntarse si su hija habría dado a luz en esos momentos.

Manannán asintió, para luego preguntar:

—¿Qué te trae a mi tienda, Cernunnos? Es muy raro que un Dios terrenal como tú se encuentre debajo del mar.

—Necesito que me ayudes a ocultarme —explicó Cernunnos—. Me he metido en un lio muy profundo y ahora Artemisa busca mi cabeza.

—Ah, eso suena bastante feo —exclamó Manannán—. ¿Qué necesitas entonces? ¿Cómo quieres que te ayude?

—H-hnm, pues… Yo pensaba que como tú eres un Dios de las Ilusiones podrías ocultarme o algo así.

—Las ilusiones no funcionan así —le explicó Manannán—. Si bien puedo volverte invisible y hacer que nadie sea capaz de encontrarte, contra un Dios esta clase de artimaña variará en efectividad. Artemisa es una Diosa de la Caza y como tal posee milagros basados en el rastreo. Tarde o temprano te encontrará y romperá la ilusión… Además, mi hechizo durará poco luego de que te alejes de mí, y tú no puedes estar mucho tiempo debajo del mar. Los bosques del mundo te necesitan, ¿recuerdas?

Cernunnos hizo una mueca.

—¿Entonces estoy perdido?

—Yo no he dicho eso —dijo Manannán—. Simplemente digo que ni mis ilusiones ni mis capas de ocultamiento podrán evitar que Artemisa te encuentre. En lugar de algo para ocultar, lo que tú necesitas es algo con lo que se te haga muy fácil huir de inmediato.

Y tras decir eso, Manannán le mostró una llave que rebosaba poder a Cernunnos.

—¿E-esa es una de las…?

—Sí —le asintió Manannán—. Es una de las llaves del llavero de mi esposa, la Guardiana del Inframundo. Portando esto, serias capaz de abrir portales hacia el Inframundo y el mundo de las hadas cuando tú lo desees.

—¿Y a tu esposa y los demás Dioses del Inframundo no les importara que me la des? —cuestionó Cernunnos.

Manannán negó con una mano.

—Mi esposa y yo estamos en ligeros términos de amistad. Ya sabes: luego de que tuve que abandonarla temporalmente para luchar y que ella hechizara a Cú Chulainn para que estuviera con ella porque se sentía sola nuestro matrimonio nunca volvió a ser el mismo y siempre nos hemos mantenido separados en distintos planos de la realidad; pero ella entiende mis negocios y no se mete en ellos… Después de todo, no es como si te la vaya a dar gratis.

—¿Ah, no?

—No —negó Manannán—. Cosas como estas no se pueden dar así como así.

—¡Le diste a Lugh una espada mágica súper poderosa y a Aengus una súper poderosa capa de ocultamiento sin pedirles nada a cambio! ¡Sin contar a las ciento de personas a les que les has dado objetos sin pedirles nada a cambio! —le recordó Cernunnos, histérico. ¡Él no tenía dinero con que pagarle a Manannán!

—A Lugh y a Aengus los críe como mis hijos —le recordó Manannán—. Además, no es como si te cobrara por voluntad propia. Lugh me lo ordenó. Algo acerca de que darles tantas cosas a tantas personas sin pedirles nada a cambio estaba alterando el equilibrio del universo y que mucha gente estaba matándose entre sí con armas mágicas.

Cernunnos dio un suspiro de derrota al escuchar eso.

—Bien. Pero te advierto que no tengo dinero.

—Oh, no haces falta que uses dinero. Esta es una tienda de intercambios, después de todo. Simplemente tienes que darme algo a cambio.

—¿Algo como qué? —le preguntó Cernunnos.

—Hmnn —Manannán reflexiono—. ¿Qué cosa podría ser igual al valor de tu cabeza…?

De repente, Manannán chasqueó los dedos.

—¡Ya lo tengo! —exclamó—. ¡Simplemente me tienes que dar tu existencia!

—¡¿Que te de mi-qué…?!

—Oh, no te preocupes. No es tan grave. Simplemente vas a tener que servirme durante dos mil años

—¿Dos mil años? —repitió Cernunnos, cavilando—. Hmn… Eso no es mucho tiempo.

—¿Verdad que no? —le preguntó Manannán—. Yo no entiendo porque los mortales se agitan tanto cuando les hago ofertas similares.

Por su parte, Cernunnos pensó en sus alternativas.

—«¿Servirle a Manannán, o enfrentarme a Artemisa?»

En ese momento, una gran agitación se sintió en todo el mar.

—Ah. Tal parece ser que la luna está emitiendo tanta energía que está generando una gran perturbación en las mareas de varios continentes —murmuró Manannán de pasada.

Escuchar eso hizo que Cernunnos tomara su decisión.

—Bien. Voy a servirte.

Y así, Cernunnos se volvió un ciervo de Manannán (literalmente).

La experiencia no le resulto tan mala. Manannán era mucho mejor jefe que Dagda. Ambos solían andar con mujeres a cada rato; pero Manannán era ciento de veces más amable que Dagda y le daba bastante tiempo libre. Como además la esposa de Manannán jamás estaba, Cernunnos no tenía por qué temer que esta apareciera de repente y generara un apocalipsis como lo solía hacer la esposa de Dagda cada cierto tiempo.

Además, a cambio de todo logró la habilidad de abrir portales al inframundo para huir cada vez que se encontraba a Artemisa… Cosa bastante conveniente, pues Artemisa lo perseguía por cielo, mar y tierra (aparentemente le había pedido bendiciones a su padre y a su tía Anfitrite para que sus cazadoras pudieran acompañarla a cualquier lugar siempre que fuera para cazar a Cernunnos)

La vida era bastante buena para Cernunnos. Incluso aunque tenía algunos remordimientos del pasado, su vida era feliz. No le importaba ser desconocido por los mortales en su gran mayoría, ni que no tuviera el lugar que el Primer Dios Celta debía merecer. Cosas como los títulos y el dominio eran irrelevantes para los animales.

Sí, pensaba Cernunnos, aunque sentía algo de tristeza que cada cierto tiempo trataba de suprimir con su lujuria, su vida era buena.

Parecía ser que jamás tendría que enfrentar hechos del pasado.

(Mucho tiempo después, cuando se encontró con cierto chico, el «mal augurio» que tanto temía le rompió sus esperanzas así como su corazón. Supo que al final había cosas que tendría que pagar. Cosas que podrían destruir el frágil equilibrio del mundo…

Pero esa es una historia de un futuro demasiado distante. Una historia que comenzaría unos mil años después. Una historia que comenzaría mucho después de su encuentro con cierto chico…)

Por el momento, vivía feliz.

Y así, esa historia sobre Cernunnos llegó a su final.

Todos menos Artemisa obtuvieron lo que quisieron:

Zoe consiguió los zapatos con clavos que tanto quería, usándolos a cada momento en que tenía que golpear a los «sucios hombres» en la entrepierna. Llegó al punto que sus zapatos se volvieran tan famosos entre todas las cazadoras que estas terminaron pidiéndole a Artemisa que los volviera parte oficial del uniforme, cosa a la que esta accedió. Como consecuencia, las cazadoras fueron temidas por todos debido a su hermoso y letal calzado al que la mismísima Afrodita denominó como el « Femme Fatale Calzado».

Hipólita VII, por su parte, tuvo un montón de sparrings con Zoe hasta que su vida mortal expiró cuando fue derrotada por una nueva amazona, Pentilesia V, quien luego se coronó como reina.

Mientras tanto, Artio vivió felizmente por un tiempo siendo parte de la caza de Artemisa y masacrando a todas las criaturas masculinas con las que se encontraba. A la final, ella y sus hijos (quienes luego volvieron a ser hombres) tuvieron que separarse de la caza; pero Artio cada a cierto tiempo visitaba a Artemisa, a quien llegó a admirar tanto que incluso desarrolló una forma humana basada en la forma adulta de esta.

Incluso Artemisa logró algo de felicidad entre las tragedias que a veces venían en forma de cierto ex-amigos y la molestia que sentía por no poder deshacerse de la Encarnación de la Lujuria. Ella logró ganarle a Skadi en la competencia de tiro con arco, y, aunque no pudo dispararle a diez Dioses del Sol al mismo tiempo, ella siguió felizmente disparándole a su querido hermano en el trasero durante todos los días y todas las noches en las que se aburría.

Sin duda, todos vivieron felices para siempre.

(Menos Hipólita, quien murió salvajemente ante un embate de lanza de Pentilesia.

Y Artemisa y Zoe también solo obtuvieron una felicidad momentánea. Sus destinos posteriormente se volvieron bastante… tristes

Pero esa era una historia para mil años después)

El fin.


Notas de Autor

¡Al fin! ¡Luego de varios meses, este arco de ha terminado!

La verdad es que en parte estoy sorprendido. Nunca pensé que esto fuera a durar tanto. De hecho, al principio yo imaginaba este arco MUCHO más corto; prácticamente solo iba a tener el encuentro de Harry con Sally y Percy e iba a saltar al Ladrón del Rayo. ¿Por qué no terminó así? Pues… Hay dos razones. La primera es que mientras lo iba escribiendo se me ocurrieron ideas y me dí cuenta que una historia gamer no podía tener tanto saltos en el tiempo cuando un personaje tan importante como Percy es incluido.

Pero la segunda es la más importante de todas: tenía miedo de arruinar a los personajes al escribirlos. La verdad es que no tenía mucha confianza en mí habilidad para escribir y pensaba que lo iba a arruinar.

Al día de hoy todavía sigo sin confiar mucho en mi mismo acerca de ese aspecto; pero sí puedo decir que he mejorado MUCHO respecto a mis capacidades de escritura. Solo tengo que comparar el primer arco con este para darme cuenta de la diferencia.

Y otra cosa que tengo que decir: ¡estoy impresionado con el apoyo que me han dado!

La verdad es que nunca pensé que está clase de fanfic tan lento fuera a gustarle a alguien. Sin duda entiendo que un fanfic es una historia original que imprime la esencia de una obra pre-existente y que por eso algo nuevo es interesante; pero no podía evitar sentir que una historia de HP y PJO sin personajes de HP y PJO era una cosa horrible. No pensé que fuera a gustarle mucha gente.

¡Pero todos ustedes me han sorprendido! ¡No puedo creer todo el apoyo que me han dado! No puedo evitar preguntarme si así es ahora, qué pasará entonces en el futuro cuando las verdaderas cosas interesantes sucedan.

Pero en fin. Resumiendo: les doy las gracias a todos. Ya se ha terminado el Arco «Una Nueva Familia en Altamar» y ahora toca la adaptación de El Ladrón del Rayo con la lógica gamer, un Percy más fuerte un Harry con una Harmusp y la misteriosa presencia de la poderosa señora Booker y los malvados villanos OCS que por alguna razón la odian a ella, causando que también odien a Harry.

Pero eso es lo que sucederá posteriormente. Ahora déjenme hablarles un poco de lo que escribí aquí.

No hay mucho que decir acerca de lo primero. Básicamente trata sobre Cernnunos y detalles acerca de él. Quisiera decir que el capítulo fue un poco difícil de escribir y tuve que eliminar escenas y cambiar las conversaciones varias veces porque no encontraba como explicar las cosas sin que fuera una descarga de información innecesaria y forzada. Por eso algunas cosas quedaron por fuera, la principal siendo el hecho de que Harry no le lanzó un [Observar] a Cernnunos. Había una razón detrás de eso; pero terminóó quedando por fuera. No les haré mucho spoiler; pero básicamente tiene que ver con la superioridad de los Dioses respecto a los humanos.

Y con eso dicho, paso a lo segundo: la ficha.

Un poco de explicación acerca de Cernnunos para que no queden en las nubes. No tengo experiencia en esto de las fichas y la descripción de la personalidad, así qué… ¿Cómo quedó? Trataré de hacer más en el futuro cuando aparezcan más Dioses OCS y estoy seguro que en el futuro serán mejores; pero, quiero saber… ¿Qué les pareció la ficha de esta ocasión?

Y con eso dicho, unas cuantas cosas que debo aclarar acerca del extra que no sé ni porque lo escribí porque siento que nadie lo leerá.

1) Cuando Artemisa habla del panteón Wicca, hay que destacar una cosa muy importante: el panteón Wicca con «Diana» como deidad central no existe tal cual en la vida real hasta finales del siglo 19. Supuestamente tiene base desde hace varios siglos; pero no hay ninguna fuente que verdaderamente acredite ese hecho.

Pero esto es un fanfic, y aunque respetaré la mitología tanto como pueda un fanfic es una historia donde pueda hacer lo que me venga en gana, así que… aquí el panteón Wicca tiene sus orígenes desde principios de los años 1000 D.C.

Además, la figura «Lucifer» de la que se habla no es la bíblica. Se trata de un Dios del Sol que es hijo/hermano de Diana. No se vayan a confundir.

2) Epona, que aparece brevemente, aparecerá en el futuro con un rol más serio, así que lo que vieron aquí de su personalidad considerelo como producto de la borrachera. Ella en realidad es una diosa sería y extricta cuya importancia de equipara (pienso yo, pues podría ser superior) con la Atenea griega. Además, por razones de que la imagen me vino a la mente cuando leí acerca de ella, su diseño terminó siendo el de Sir Lancelot de Campione. Por el momento no es muy importante; pero se los digo para que lo tengan en cuenta.

3) Y por último: Artios y sus «hijos» vienen de la idea de Campione. Ella tal vez no tenga realmente esa relación con los Dioses que sirven de prototipos al Rey Arturo y sus caballeros. En ese sentido, también quiero decir que lo de la mesa cuadrada fue un meme gigante. Nada que ver con la realidad.

Y creo que eso es todo…

Voy a pasar a la preguntás, entonces.

¿Qué les pareció el capítulo?

¿Cuál fue su momento preferido del capítulo?

¿Vieron el extra?

Si lo vieron, ¿qué les pareció? ¿Cuál fue su momento preferido?

Y ahora sí es todo, amigos.

Eso es todo por hoy. Espero sus comentarios.

¡Hasta la próxima!