CAPÍTULO V

Llegaron a la fiesta un poco tarde. Pero en cuanto llegaron al jardín donde se desarrollaba la fiesta Edward le presentó a su hermano Emmet y su novia Rosalie.

—Emmett, Rose— los saludo— les presento a mi esposa Isabella— afianzó más su agarre en su cintura

—Mucho gusto, solo Bella por favor— aclaro, se sintió muy feliz de conocer por fin a su hermano.

—Bienvenida a la familia Bells— dijo Emmet con mucho entusiasmo abrazándola.

—Un gusto— dijo Rosalie con una sonrisa radiante.

—Hermano que gusto verte…— no pudo evitar notar la alegría tan infantil que emanaba del Emmet.

—Bella, ven conmigo— dijo Rosalie, tomando su mano.

Rosalie, Alice y la madre de Edward jalaron a Bella y comenzaron a hablar de la boda. Bella no les estaba prestando atención estaba muy entretenida analizando a Emmett, le recordaba a su amigo Jacob, eran igual de grandes, musculosos, y risueños, se sintió un poco nostálgica sin poder evitarlo al recordar a su amigo.

—Bella, mañana tenemos que ir por tu vestido de Dama de honor— dijo Alice emocionada.

Bella estaba tan perdida en sus pensamientos que no escuchó lo que ella dijo.

—¿Bella?—dijo nuevamente Alice.

—¿Si?— preguntó ella avergonzada por no prestar atención.

—¿Estás bien?— le preguntó Elizabeth.

—Desde esta mañana te ves distinta.— comentó Alice

—Si, estoy bien, no es nada. — Miró a Edward del otro lado del jardín y recordó su desastrosa mañana, aunque parecía que habían arreglado las cosas, ella sentía lo contrario, no habían arreglado nada.

—Ok, pero sabes puedes confiar en mí— tomó su mano en signo de apoyo, Alice no sabía bien hasta que punto su hermano podía ser difícil, pero se lo imaginaba por las veces que vio a Kate sufrir por él. Bella de verdad deseo poder hacerlo y en ese momento se dio cuenta que no tenía amigas. Solo tenía a Jake, pero no lo veía desde que se casó con Edward, la melancolía la envolvió cómo no lo hacía en un tiempo.

—Gracias Alice. — le sonrió evitando hacer muecas, no podía permitirse desmoronarse ahí.

—Oye Alice tienes que ayudarme a planear mi boda con Emmet— dijo emocionada Rosalie desviando la atención de ella, Bella se lo agradeció pero no pudo evitar que le recordara a Katherine, las dos eran tan perfectas.

—Claro que sí, pero mi hermano ya se está tardando ¿Cuánto tiempo llevan de novios?— Isabella no pudo evitar preguntarse si a Edward ¿Rosalie le recordaba a Kate?, ¿que tan a menudo estaba junto a ella, pero pensando en Kate?¿por que se había casado con ella?— los jardines están de moda, pero las iglesias son tan vintage…— decía emocionada Alice. Bella se apartó un poco de la conversación entre Rosalie y Alice, tantos planes de boda la mareaba y le recordaba lo sencilla que fue su boda.

Ella se casó en el jardín de Charlie bajo un roble, el roble donde jugaba con Edward cuando eran niños, en ese momento le parecía muy romántico, pero ahora no estaba tan segura, no uso el típico vestido de princesa con una cola infinita, usó un vestido blanco estilo de los 50's que le llegaba a la pantorrilla; con detalles de encaje en las mangas, no hubo ceremonia religiosa, solo un juez, Charlie no pudo llevarla por el pasillo debido a su silla de ruedas, así que camino sola por él, en el mismo jardín fue la recepción, habían colocado una carpa con una pequeña pista de baile y una mesa grande donde cabían todos los invitados, fue una boda muy pequeña menos de 100 personas, solo la familia, en realidad solo la familia de Isabella, nadie de la familia de Edward asistió, más que su abuelo y sus tíos.

—Cuñada, ¿estás bien?— le preguntó amablemente Emmett al verla parada sola junto a la mesa donde estaba la comida.

—Sabes tú me recuerdas a un buen amigo— le dijo Bella ignorando su pregunta, era malísima para mentir, tomó un vaso y se sirvió un poco de refresco con tequila, necesitaba calmarse, estaba arruinando todo.

—¿Así? es increíblemente sexy cómo yo— dijo Emmett bromeando, Bella no pudo evitar reírse, él le caía bien.

—No tanto— le dijo con una sonrisa. A lo lejos Edward veía con celos a su hermano, él no podía hacer que Isabella se riera con tanta facilidad o que sonriera de esa manera.

—Lo sabía, soy el hombre más sexy que existe— dijo haciendo poses cómo Johnny Bravo, ella rió un poco más.

—Si lo eres— dijo sonrojada.

—Vaya eres tan diferente a ella— susurro Emmett sin ser consciente de ello, pero Bella lo pudo escuchar y se borró la sonrisa de su rostro— perdón no era mi intención..— dijo Emmett al darse cuenta de lo que había dicho. Su hermano le había advertido sobre no hablar de ella.

—No te preocupes, sé que somos muy diferentes—dijo en un suspiro Bella, tomando un trago de su bebida, eso comenzaba a cansarla. ¿Todos ahí la estaban comparando con ella?, ¿Todos se preguntaban por que se había casado con ella?,¿le tenían lástima? ¿por que nunca sería tan perfecta cómo Kate?, ella solo era la niña con la que Edward se había casado para no estar solo. Kate era la esposa perfecta de Edward, mientras que ella jugaba a ser la señora Cullen.

—Si, pero tu me agradas más que ella.— Quería cambiar el tema, hacer más bromas, hacerla sonreír de nuevo, pero parecía un poco insensible.

—¿La conocías bien?— necesitaba saber más de ella, aunque se negara a admitirlo, necesitaba saber que ella era mejor esposa que Kate o al menos igual de buena que ella.

—No tanto, Jasper sí, ellos eran mejores amigos — le dijo encogiéndose de hombros

—¿Cómo era? — Edward que observaba a la distancia se dio cuenta del cambio de humor de su esposa, sabiendo que su hermano era un estúpido, decidió intervenir.

—Ella era..

—Emmet— lo cortó fríamente Edward

—Hermano— dijo Emmet con asentimiento de cabeza y se fue, estaba agradecido por la interrupción de su hermano, no le correspondía hablar del tema y por lo que le habían dicho su madre y su hermana, tenían problemas maritales y él no quería ser parte de eso.

—¿De qué estaban hablando?— preguntó fingiendo desinterés

—De nada importante, solo tonterías. — ella desvió la mirada, le estaba mintiendo.

—¿Te sientes bien?— le preguntó Edward tomándola por sorpresa. Se veía más pálida de lo normal, sus ojeras seguían ahí y su frágil cuerpo temblaba.

—Si, solo estoy un poco cansada. Creo que es mejor que vuelva a la casa

—Si, vámonos— colocó su mano en su cintura, para dirigirse a la salida

—No, Edward, estoy bien— quitó su mano de su cintura— me puedo ir yo sola, tú quédate a convivir con tu familia.

—Claro que no, iré contigo .— se negaba a dejarla sola, temía que ella lo dejara.

—Cómo quieras .— estaba demasiado cansada para discutir con él, además sentía que hablaba con una pared, él jamás la escuchaba.

Se despidió de todos, argumentando que tenían cosas de trabajo que resolver, nadie los cuestionó a pesar de que no le creían nada. Cuando salieron, Edward recordó su conversación de esta mañana y le presentó a su padre.

—Isabella te presento a mi padre— le dijo Edward con incomodidad, esperando los nada agradables comentarios de su padre.

—Señor Cullen, un gusto conocerlo— le dijo Isabella con fingida amabilidad

—Masen— la corrigió, le dedicó una mirada fría y calculadora— un gusto— sin decir una palabra más se fue. Aunque para Edward fue claro que esta vez parecía no importarle en absoluto su elección de esposa, cosa que agradeció. Las cosas estaban muy tensas en su matrimonio, cosa que odiaba y estaba seguro que los comentarios de su padre, solo empeorarían la situación.

Partieron hacia la casa, durante el camino, Isabella no le dirigió la palabra a Edward, ni siquiera una mirada, lo mismo cuando llegaron a la casa, ella subió directo a la habitación y se metió a la cama. A Edward le preocupó que pudiera estar enferma nuevamente.

La boda de Alice fue de ensueño, la capilla estaba adornada hermosamente con cientos de flores en tonos azules y blancos, Edward no podía dejar de ver lo hermosa que lucía Isabella en su traje de dama de honor, parecía haberse recuperado de lo que fuera que le sucedía físicamente, aunque seguía evadiendo lo más que podía, cosa que comenzaba a fastidiarlo.

Durante la emotiva ceremonia donde todos o la gran mayoría terminó llorando, gracias a los votos de Alice y Jasper. Isabella no pudo sentirse peor, ella se casó con los votos comunes que cientos de personas habían pronunciado antes, no pudo evitar comparar esa magnífica boda con la suya, el maravilloso vestido de Alice, la maravillosa decoración, los cientos de personas, la expresión de Jasper cada vez que miraba a Alice, a cómo Edward la miraba.

Jasper adoraba a Alice y prácticamente besaba el piso por donde ella caminaba, mientras que Edward solo la iba arrastrando por donde él caminaba, controlando todo, le decía cómo dar cada paso, cómo hablar, cómo vestir, incluso cómo respirar a veces. Sin darse cuenta el fastidio que comenzaba a sentir por Edward aumentaba cada vez más.

La recepción se celebró en un salón que tenía la misma decoración que la iglesia, la boda era gigantesca, había más de 500 invitados.

—¿Edward?, no puedo ser— llamó su atención una rubia escultural, cuando se dirigían a su mesa..

—¿Tanya?— Edward soltó la cintura de su esposa y abrazó a la hermosa mujer, que intimidaba a Isabella por su belleza, se preguntó ¿Cuántas más rubias esculturales había en la vida de su marido? El estaba feliz de ver a la que alguna vez fue su novia, tenía años sin verla, no podía creer que siguiera siendo amiga de la familia.

—Si, cuanto tiempo, no te veía desde el instituto. Y cuéntame ¿Cómo te ha ido?— al parecer esa mujer estaba tan concentrada en Edward que ni siquiera notó que Isabella estaba a su lado, por lo que se quedó en silencio, no quería llamar la atención de esa mujer, dejaría que Edward hablara con ella y después la arrastrara cómo siempre a su mesa.

Isabella ya se había rendido con él, estaba cansada, lo amaba, pero ya no podía seguir luchando por ese matrimonio que a él no le importaba, solo esperaba un momento de valentía para irse pues aunque era patético admitirlo Edward era todo lo que tenía o la otra opción que él se apartara de ella, la dejara libre, lo que sucediera primero.

—Bien, sacando adelante mi compañía en Seattle y tú entraste a la escuela de medicina ¿verdad? — pregunto recordando el motivo de su ruptura.

—Si, soy neuróloga, en… — Cómo ninguno de los dos notaba la presencia de Isabella, ninguno notaría su ausencia.

Ella estaba cansada de estar enojada con Edward, cansada de luchar con el fantasma de Kate por su amor, aceptaba la derrota, aceptaba que a pesar del tiempo Edward le seguía perteneciendo y le pertenecería para siempre, ella solo era una distracción de la que esperaba pronto se aburriera y la dejara ir. Se fue a la barra y comenzó a tomar un poco, sabía que Edward lo odiaba, pero necesitaba olvidar, olvidar que estaba encerrada en una jaula de oro, en un matrimonio sin amor, que era la señora Cullen 2.0, la barata sustituta de la maravillosa Katherin.

—Hola señorita— la saludo un sujeto al cual ella no le prestó atención— ¿disculpe?

—¿Si?— preguntó Bella sin interés encarando al sujeto.

—Hola me llamo Felix soy..—Isabella dejó de escuchar al sujeto cuando vio sobre su hombro a Edward bailando con Tanya, la sostenía tan cerca de él, la miraba con diversión e incluso sonreía a lo que fuera que le estuviera diciendo.

—Disculpe — interrumpió su parloteo, algo dentro de ella comenzó a hervir.

—¿Quiere bailar?— le preguntó Isabella al tal Felix, en un impulso motivado quizás por el alcohol, los celos y el coraje.

—Claro — ella se tomó de golpe el resto de su bebida, necesitaría todo el coraje que el alcohol le pudiera brindar, para hacer lo que estaba a punto de hacer.

Se pusieron de pie y caminaron hacia la pista de baile, él tipo guiaba a Isabella con una mano en el escote de su espalda. Ella se sentía incómoda por el tacto, pero decidió ignorarlo. Comenzaron a bailar dangerous woman, Isabella bajo los efectos de 2 shots de tequila, 3 wiskis y un par de Cosmopolitan, comenzó a moverse de la manera más sexy que podía, sintiendo la música, olvidándose completamente donde estaba y con quién estaba bailando. Por primera vez en mucho tiempo se sintió viva, libre, en ese momento no importaba quién era, en donde estaba y con quién estaba, el mundo a su alrededor simplemente no existía, cerró su ojos y se concentró por completo en la música.

Del otro lado de la pista y gracias a Tanya, Edward noto lo que su esposa estaba haciendo. Camino hacia ella con paso firme, decidido a ponerle un hasta aquí a su esposa, ya no soportaba la manera tan infantil en la que se comportaba últimamente.

Un fuerte jalón en su brazo izquierdo sacó a Isabella de su burbuja.

—¿Qué mierda crees qué haces?— le susurró Edward con rabia en el oído, no queriendo montar una escena en la boda de su hermana.

—¿Qué te parece qué hago?— preguntó con sarcasmo, mientras seguía bailando a pesar de que él la sostenía.

—Detente— le ordeno a lo que ella hizo caso omiso—No me retes Isabella— la sacudió un poco

—Y tu suéltame— dijo liberando de forma brusca su brazo de las garras de Edward.

Edward al darse cuenta que estaban llamando la atención de unos cuantos curiosos, tomó firmemente a Isabella por la cintura, la llevó a un rincón del jardín, donde nadie pudiera escucharlos, ni verlos.

—Suéltame— le gritó Isabella— me haces daño— la soltó y la colocó frente a él

—¿Por qué estabas bailando con ese sujeto? y ¿por que de esa manera?

—Por qué quiero y puedo. — El podía notar que estaba ebria, por la forma en la que arrastraba las palabras.

—No, no puedes, tu eres mi esposa, eres mía, tu me perteneces, me debes respeto — dijo con rabia Edward— y nadie más toca lo que es mío.

—Pero ¿tú si puedes bailar con otra?, tener otra esposa— le reclamó golpeándolo en el pecho.

—Es diferente, yo soy tu amo, tu esposo, tu eres mía— quería dominarla, para ordenarle que parara, necesitaba que parara, que dejara de ser esa molesta persona sarcástica en la que se había vuelto y volviera a ser esa maravillosa y amable mujer que era su esposa.

—Púdrete Edward, yo no soy un objeto, no soy como esas esposas florero a las que estas tan acostumbrado, no te pertenezco, jamás te he pertenecido, te odio, te odio, eres un maldito, un monstruo. — Isabella lo empujó con todas su fuerzas y se fue corriendo, aprovechando la sorpresa de Edward.

Él se quedó estático, Isabella jamás lo había enfrentado, jamás le había hablado de esa forma, jamás le había dicho que lo odiaba, espera, ¿había dicho que lo odiaba?, eso no podía ser posible, él sabía que Isabella lo amaba desde que era una niña. ¿A dónde mierda había ido?, cuando se dio cuenta que ella había huido, fue tarde. La busco en la fiesta, pero no estaba, salió del salón y nada. Se quedó parado en la calle con la mirada perdida.

—¿Hijo qué pasa?— La madre de Edward lo siguió al ver que salía del salón —¿Están bien?, ¿por qué se fue Isabella?,¿se pelearon?— pregunto preocupada, sabía que su hijo tenía problemas en su matrimonio y no quería que este lo lastimara cómo el anterior.

—Estamos bien mamá. Regresa a la fiesta— le dijo con voz firme, odiaba dar explicaciones de su vida personal.

—Pero Edward..— trató de replicar al ver que su hijo no estaba bien.

—Nada mamá, vuelve a dentro, discúlpanos con Alice, dile que Isabella no se sentía bien.

Edward se subió a la camioneta y se fue a la casa, seguramente ahí es a donde había ido Isabella, ella no conocía muy bien la ciudad. Al llegar ahí, no la encontró, le llamó pero lo mandó a buzón, le dejó muchos mensajes.

Edward pov

Maldita sea Isabella ¿Dónde estás? Después de marcarle, dejarle cientos de mensajes y mandar a mi gente a buscarla, decidí dormir un poco, necesitaba calmarme, ordenar mis pensamientos, Isabella seguramente solo estaba haciendo una rabieta porque estaba bailando con Tanya, se habría ido a un hotel a dormir o a casa de mi hermana. Esperaba que estuviera bien

—Edward debes volver a Seattle— insistió nuevamente Aro por teléfono

—No puedo volver, no aun.

—Pero Edward hace más de un mes que estás en Chicago.

—Me importa una mierda— colgué enojado conmigo mismo

Era verdad llevaba un mes en Chicago, un mes sin saber nada de Isabella, un mes esperando a que vuelva, tenía que volver, ella me dijo que no me iba a abandonar.

—Eres un monstruo

Isabella me miraba con odio

—Lo sé, lo siento

—Te odio— dijo antes de irse

Me desperté sudando, ya había amanecido, recordé mi pesadilla y sin poder evitarlo miré su lado de la cama, vacío y frío cómo siempre. Me recosté nuevamente, no tenía ganas de levantarme, quería abrazarla, decirle que lo siento, que de verdad la necesito, que no puedo seguir sin ella. Cerré mis ojos, pude ver sus preciosos pozos de chocolate derretido que me miraban con amor, pero pronto se convirtió en odio, abrí los ojos desesperado por que ahora Isabella era tan inalcanzable cómo el paraíso, jamás la volvería a ver, a besar, a tocar…

Había perdido la cordura, lo aceptaba y más importante no me importaba. Tome el retrato que había mandado a imprimir de Isabella, era una foto de nuestra boda, se veía preciosa.

—¿Sabes?— comencé a hablarle a la fotografía— Comienzo a aceptar que me faltas, te busco en la gente, en sus rostros, esperando encontrar tus ojos, cuando entró a un lugar donde hay mucho ruido, me encuentro buscando tu voz, tu risa — Sonreí sin alegría al ver a mi joven esposa con tanta esperanza en sus ojos— pero todo es inútil. Estoy solo, cómo jamás he estado. Sigo en Chicago, esperándote, no hago nada más que esperarte todo el día sentado frente a la puerta todo el día hasta que no llegas, me voy a un bar, me embriago para poder dormir, pero cuando llego a casa con la esperanza de verte, no estás, no has llegado— Acaricie el cristal del portarretratos, imaginándome la tersa piel— He descuidado la empresa, no puedo trabajar sin ti, de hecho no puedo hacer nada sin ti, estoy arruinado, estoy perdido. Sé que soy un monstruo egoísta que no te merece, que no tengo ningún derecho de decir lo que voy a decir, pero por favor, regresa.

—Edward— me saludó Jasper, sentándose a mi lado en el bar que frecuentaba.

—¿Cómo me encontraste?— le di un trago a mi cerveza

—Seguí el rastro de amargura— dijo bromeando, a lo que solo gruñí — oye ya en serio, ¿Cómo estás?

— Estoy bien— me defendí rápidamente de su ataque

—Claro que no, pero no estoy aquí para juzgarte..

—¿Así?— eso era lo único que habían estado haciendo en los últimos meses

—Si, solo estoy aquí por si me necesitas. Sabes que tienes muy preocupadas a Alice y a tu madre.— comenzó con su sermón

—Estoy bien.— repetí con vehemencia

—¿Sabes algo de ella?— preguntó y automáticamente me tense, era doloroso escuchar su nombre y él lo sabía, ¿por que la mencionaba?

—No

—¿Seguirás esperando a que vuelva?— mierda si vamos a hablar de ella necesito algo más fuerte.

—Un tequila doble— le dije al tipo de la barra— yo no estoy esperando a nadie- me defendí, ellos no debían conocer la patética criatura en la que me había convertido.

—Y si no estás esperando a nadie, ¿por qué sigues en Chicago?— maldito Jasper, me tome de un trago él tequila ignore el ardor de mi garganta y pedí otro.

—Por qué si, quiero y puedo. Oye deja de meterte en mis asuntos y vuelve con tu esposa— me tomé mi segundo tequila doble, saqué la billetera tomé unos billetes y los deje sobre la barra.

—Te llevo a casa— dijo Jasper tratando de ayudarme a caminar

—Puedo manejar, estoy bien — lo empuje lejos de mi

—Edward no seas imbécil — me reclamó enojado

—No seas imbécil tu, largo vete con tu esposa- Salí del bar y me subí a mi volvo, ignorando los gritos de Jasper, arranque lo más rápido que pude y pare en una licorería, hoy si quería dormir necesitaría todo el alcohol que mi billetera pudiera comprar. En el interior una sexy pelirroja con grandes senos, prácticamente me rogaba por que la llevara a la cama.

Estaba cansado de seguir esperando fantasmas, de esperar el perdón de Kate, esperar que en el más allá nos encontráramos, esperar que Isabella volviera, esperar a que me perdonara, esperar a que volviera a amarme. Si ellas podían irse, dejarme, destruirme, olvidarse de mí, yo podía intentar hacer lo mismo, las olvidaría, empezaría una nueva vida, en donde ellas no serán más que un borroso recuerdo de algo que jamás sucedió

—Hola, ¿Qué tal?— salude a la pelirroja con una voz aterciopelada

—Hola— contestó tímidamente, ni ella se lo creía

Me desperté y desenredé los delgados brazos que me rodeaban, recorrí la casa hasta mi oficina, era hora de volver a Seattle, han pasado 6 meses, y Jasper tenía razón, debo seguir con mi vida, dejar de perseguir fantasmas. La olvidaría por completo, funcionó bien la primera vez y ahora con la ayuda de Victoria funcionaria nuevamente, solo que ahora no guardaría ni el más mínimo recuerdo, no me permitiría ser débil, no nuevamente.


En este capitulo se usaron fragmentos de "ME DOY CUENTA QUE ME FALTAS" poema de Jaime Sabines.