CAPÍTULO VII

Narrador POV Londres unos meses antes

Iba caminando lentamente por la calle, le encantaba sentir el calor del sol en su piel, observó una librería antigua, sin poder evitarlo entró, por eso le encantaba ese barrio estaba lleno de librerías antiguas y cafeterías.

Dentro de la librería observó varios títulos que le gustaron.

—¿Disculpa sabes dónde están los clásicos de Jane Austen?— le preguntó una chica pequeña que le recordaba a Alice, rápidamente alejó ese pensamiento

—Están en ese librero— señaló una esquina—Siempre recomiendo empezar por Emma, creo que es la novela idónea para descubrir a la autora. Es un libro gordito— dijo tomándolo del estante— pero se lee bastante rápido. Es una obra cómica cuya protagonista está empeñada en juntar a la gente de su vecindario para que sean igual de felices que ella, pero claro, no les junta con quien ellos quieren sino con quien ella cree que estarán mejor. Es una metomentodo mimada y cotilla a la que odiarás o querrás un montón. A mí me cae bien porque me hace reír. Es una de las novelas preferidas de la gente porque es alegre, divertida, los personajes son muy especiales y es perfecta para conocer el tipo de humor que tiene Jane Austen.— le explicó amablemente

—Gracias, la verdad no me interesaba mucho, es para un trabajo de la escuela, pero ahora estoy emocionada— dijo la chica a modo de despedida

—De nada

—Disculpa— le dijo una chica que estaba cerca

—¿Si?

—¿Te gustaría trabajar aquí?, se ve que conoces mucho de libros y serias de gran ayuda, estamos cortas de personal.

—Gracias, pero estoy de vacaciones, pero si decido extender mi estadía, quizás acepte.

—Bueno, piénsalo, no es un trabajo especialmente pesado y aun te daría tiempo para disfrutar de tus vacaciones.

—Gracias lo pensaré.

Narrador POV Seattle actualidad

Edward se despertó de golpe, era de madrugada y estaba sudando, por un momento no pudo reconocer más que esa sensación de vacío en su pecho. Miro el otro lado de la cama, estaba vacío y frío, ¿pero qué estaba diciendo?, por supuesto que estaba vacío.

Sin poder soportar otra pesadilla, se levantó y comenzó a preparar su maleta, por momentos desistía de su idea y deshacía la maleta, quizás era mejor contratar un investigador privado que la encontrara, pero necesitaba verla, volvía a hacer la maleta, se decía a sí mismo que mantendrá una postura neutra, sin emociones, pero necesitaba explicaciones, ¿Por qué lo había abandonado?¿ por que nunca lo llamó?¿cómo, cuándo y por que había dejado de amarlo? ¿por qué él no se había dado cuenta?¿cunado había comenzado a odiarlo?¿por que había empezado a odiarlo? ¿era mejor dejarla ir o recuperarla?

Trataba de ignorar una vocecita en su cabeza que le decía que pelearía por recuperarla, que la necesitaba, que ella era increíble, que jamás podría olvidarla, que sí no la recuperaba pasaría el resto de su vida lamentándose. Pero en el fondo sabía que esa vocecita tenía razón.

Llegó a Londres de madrugada, mientras se dirigía a un hotel, veía la ciudad buscándola, entre toda la gente, no sabía por dónde comenzar su búsqueda, de pronto se dio cuenta que estaba perdido. Conocía Londres, había viajado un par de veces por negocios, pero no lo conocía cómo Isabella que había pasado gran parte de su vida ahí. Sus pensamientos sobre ella pasaron su barrera y se encontró preguntándose ¿en dónde estaba?¿con quién estaba?¿estaba bien? o ¿siquiera estaba en la ciudad?, a ella no le gustaban las grandes ciudades.

Una vez en el hotel, decidió que necesitaba dormir un poco, solo hasta que saliera el sol. Comenzaría su búsqueda en la universidad donde había estudiado, ahí debían tener su dirección o algo

No pudo contener la sorpresa que lo asaltó cuando entró al campus del King 's Collage London, sabía que Charlie la había enviado a las mejores escuelas, incluso cuando su situación económica no era la mejor, pero no había imaginado algo cómo eso. Mientras caminaba a la oficina de los servicios escolares, vio algunas porristas ensayando sus coreografías y en lugar de recordarle a Ketherine como había esperado, se preguntó ¿Qué tipo de actividades hizo Isabella? extraño, trato de concentrarse pero no pudo.

Ella seguramente hacía algo cómo club de lectura o grupo de estudio, no pudo evitar reírse al imaginarse a Isabella cómo animadora, a pesar que ya no era tan torpe cómo cuando era adolescente, seguía siendo bastante torpe, imaginar a Isabella intentado dar una vuelta de carro o un salto mortal hacia atrás le daba risa, ya que sabía que iba a terminar en el piso.

Flashback

Edward POV 15 años

Odiaba estar aquí, era verano, no había clases, se suponía que podía ir a Chicago con mi mama, ver a mis hermanos. Pero no gracias a mi padre estaba aquí en Washington, me agradaba mi abuelo, era un tipo simpático, que a veces me dejaba darle un par de tragos a su whisky cuando nadie miraba. Charlie también era simpático, aunque me cayera bien, no me gustaba estar todo el verano aquí, con su nieta.

—Edward— me llamó mi abuelo desde la sala— Isabella, acaba de llegar, ¿te acuerdas de ella?— cómo no acordarme de ella, la había visto el año pasado antes de que se fuera a su escuela

—Si

—Bien, pues juega con ella en el patio— me ordenó. Trate de no hacerle caras pero no pude, yo ya no era un niño, ya no me gustaba jugar, mientras que Isabella era una niña que amaba las muñecas.

Salí al patio y la esperé sentado bajo un gran roble. La escuché antes de siquiera verla, se había caído en la puerta que daba al jardín, me levanté a ayudarla con un poco de fastidió, ¿Cómo se suponía que jugáramos, si ella se caía a cada paso que daba?, seguramente terminaría rompiéndose un pie o un brazo antes de siquiera comenzar, cuando llegué, ella ya estaba de pie y me miraba totalmente sonrojada.

—¿Estás bien?— dije a modo de saludo, ella asintió— ¿ya no hablas otra vez?— pregunté con cansancio, me iba a aburrir más si no me hablaba.

—Te… tengo este libro— me lo tendió, era "20 mil leguas de viaje submarino", ya no me gustaban este tipo de libros, pero era mejor que nada, supongo.

—¿Quieres que te lo lea?— ella asintió —Bien, pero vamos a sentarnos, tome su mano, así si se tropezaba podía detenerla.

.

Isabella se había quedado dormida después de un par de capítulos, supongo que estaba cansada después de un viaje tan largo. La levante y la lleve en brazos hasta su habitación, era la primera vez que entraba, me había imaginado algo de color rosa chillón con cientos de muñecas, cómo la habitación de Alice, pero su habitación era cálida pero a la vez fría, era de color verde claro, con un gran librero y una mecedora, no había más decoración, estaban los muebles habituales, pero ninguna fotografía, muñeca o algo parecido a una decoración, parecía la habitación de cualquiera menos de alguien de 8 años.

La recosté en su cama, la tape con una manta y me fui, tenía que manejar, pues mi abuelo se había excedido con el whisky, adoraba manejar.

Fin Flashback

Narrador POV meses antes en Londres

Bella se levantó de golpe, necesitaba ir al baño, no podía contener el vómito ni un segundo más. Por suerte logró llegar, vacío tan violentamente su estómago, que no pudo evitar despertar a su roomie

—Bella, ¿estás bien?— preguntó Jake del otro lado de la puerta

—Si, si, solo creo que me cayó mal la comida— lo tranquilizó mientras se lavaba lo dientes

—Creo que es mejor que vayas al doctor, llevas días sintiéndote mal, podrías estar enferma

—Claro iré esta tarde— salió del baño, le dedicó una sonrisa cansada y se dirigió a su cuarto.

.

Saliendo de consulta fue directamente a la biblioteca donde le habían ofrecido empleo una semana antes, si iba a hacer esto solo con la ayuda de Jake, tendría que conseguir un trabajo, un lugar fijo donde vivir, necesitaba planear bien su nueva vida, pero dentro de sus planes no estaba decirle a Edward, sabía su postura al respecto, ella haría todo sola, no necesitaba a Edward ensombreciendo esa maravillosa noticia.

—Hola— en cuanto entró a la biblioteca se dirigió al mostrador— hace un semana me ofrecieron trabajo aquí— dijo con determinación— ¿aun esta disponible la vacante?

—Hola, lo siento pero ya tenemos la vacante de vendedora de piso llena.

—Bueno, podría trabajar en la editorial— le propuso— soy licenciada en literatura inglesa— dijo dándole su curriculum

—Déjame consultarlo con el gerente, ven pasa— le abrió la puerta que daba a una oficina dividida en varios cubículos pequeños— toma asiento no tardare mucho— la chica se adentro en otra oficina que estaba al final del pasillo. Ella analizó todo, el lugar estaba un poco descuidado, pero el ambiente se veía genial, la gente era amable, vestían cómodamente, nada de trajes sastres impecables, peinados impecables o zapatillas de infarto, leían a sus anchas en cómodas sillas acojinadas.— Al gerente le encantaría entrevistarte— le dijo la chica con una gran sonrisa

Narrador POV Londres actualidad

Edward continuó su camino cuando algunas de las porristas notaron su presencia.

—Buenos días— saludo a la anciana detrás del mostrador

—Buenos días— respondió ella con voz cansada

—Quisiera información sobre una exalumna, Isabella Swan.— fue directo al grano

—¿Generación?, ¿Carrera?— preguntó la anciana

—2014 — 2017, Literatura Inglesa— se alegraba de saber eso a la perfección, gracias a que Charlie lo presumía con orgullo cada vez que podía.

—Esta es la facultad de ciencias sociales— le dijo cómo si eso resolviera sus dudas, la miró con una expresión de confusión total— tienes que ir a la facultad de las artes, ahí imparten literatura.— le explico

—Claro gracias.—

Salió de la oficina, renegándose a sí mismo, debía haber investigado más antes de solo aventurarse a buscarla por su cuenta, se dirigió a la facultad de artes y en cuanto entró la diferencia fue bastante notoria. En esta no había animadoras, había gente leyendo en los jardines, interpretando obras de teatro o tocando algún instrumento. Aquí fue más fácil imaginarse a Isabella caminando por estos pasillos mientras leía un libro con la cabeza gacha, chocando con todo por estar tan concentrada leyendo, se preguntó si ¿ quizás aquí le empezó a gustar el teatro? y¿ la música clásica? ¿ el ballet? los gustos de su esposa se habían desarrollado ahí, era cómo descubrir una nueva parte de su alma.

!Mierda Cullen concéntrate! se reprendió, tenía que mantener sus sentimientos fuera de ese asunto. Se dirigió nuevamente a los servicios escolares ahora con un paso más enérgico, quería estar fuera de ahí, lo más pronto posible, pero al llegar a la oficina estaba cerrada.

—Disculpa— le pregunto a un chico desgarbado que iba pasando— ¿Sabes a qué hora abren la oficina?

—Hoy no la van a abrir porque la encargada está de incapacidad por maternidad.

—¿Sabes donde puedo conseguir información de un exalumno?

—¿De qué carrera?— pregunto altivamente el chico, cosa que lo molesto

—Literatura— dijo derrotado, odiaba los interrogatorios innecesarios

—La bibliotecaria conoce a casi todos los estudiantes de literatura— dijo encogiéndose de hombros.— es por allá— señalo perezosamente la dirección

—Gracias

Atravesó nuevamente los pasillos atestados de estudiantes hasta la biblioteca, era muy grande, en las mesas había una chica castaña que inmediatamente le recordó a Isabella, tenía las pestañas pegadas en el libro que leía, al parecer estaba tan apasionada que al igual que Isabella hacía gestos, pero no los hacía cómo ella. Cuando su esposa leía algo no le gustaba arrugaba la nariz haciendo que en su entrecejo se arrugara en forma de "V", cuando estaba ansiosa se mordía el labio, movía su pierna en un tic que lo estresaba, cuando pasaba algo malo sus ojos se nublaban... ¡Cullen! se reprendió mentalmente otra vez. Dejó de ver a la chica y se dirigió a la bibliotecaria, era una señora bastante grande con un aire sumamente maternal, dudo un poco si se acordaría de Isabella ya que habían pasado algunos años.

—Buenas tardes — dijo moderando su tono

—Buenas tardes muchacho, Sherlock Holmes está por allí— le señaló un pasillo a la izquierda. El no pudo contener la sonrisa irónica que se posó en sus labios.

—No, hoy no gracias, necesito información sobre una exalumna, estudió literatura hace unos 4 años, se llama Isabella Swan— la anciana lo encaró en cuanto pronunció el nombre de su esposa.

—Ohh claro Bella, Bella Swan— recordó con la mirada perdida— Cumbres borrascosas, orgullo y prejuicio, mujercitas y el retrato de Dorian Grey— Edward no pudo evitar sonreír al parecer la recordaba mejor de lo que él creía.

—Si ella, ¿sabrá de casualidad donde vivía?— la anciana le frunció el seño— soy un viejo amigo de estados unidos y he perdido el contacto con ella, solo quiero verla, saber cómo está— le mintió

—Ella vivía aquí en este distrito Covent Garden— dijo conforme con su explicación— pero me comentó que después se quería mudar a Greenwich y Blackheat, por los museos y el mar..

—Si le gustaba mucho el calor, odiaba el frío— dije en voz alta para él, interrumpiendo la

—¿Tu de donde la conoces, exactamente? Según yo no tenía amigos en Estados Unidos, siempre se ponía triste cuando iba porque iba a estar sola, tampoco tenía hermanos hasta le pregunté varias veces a Jacob— ¿Jacob? ¿Quién carajos era Jacob?

—Soy su esposo— le dijo en un arranque de celos, un tonto intento de marcar lo que alguna vez creyó que le pertenecía

—¿Su esposo?— preguntó extrañada mirándolo de pies a cabeza

—Si, soy su esposo— comenzaba a desesperarle esa estúpida platica

—Ahhh— suspiró con melancolía— jure qué Jacob sería su esposo, hacían tan bonita pareja, a pesar de que dijeran que eran amigos, al parecer me equivoque, bueno gano Dorian Grey— dijo para ella más que para él — ¿y por qué la estás buscando?, ¿no se supone que debería estar contigo?— preguntó entrometiéndose más de la cuenta

—Gracias por la información, que tengan buen día— salió antes que le preguntara más.

Edward POV

Mientras manejaba a Greenwich y Blackheath, algo que dijo la señora no salía de mi cabeza, ¿Isabella de verdad me veía cómo Dorian Grey?, ¿un desalmado?, ¿un monstruo?¿egoísta?¿vanidoso?¿materialista?, bueno quizás lo era. Pero lo que más me perturbaba es que si ella lo sabía, ¿por que había tardado 4 años en irse?¿ por que estaba conmigo? ¿por que había aceptado casarse conmigo, en un principio?, la respuesta era dolorosa pero sencilla, ella me amaba a pesar de todo, ella era un alma caritativa, bondadosa, me había amado sinceramente a pesar de todo.

Pero yo cómo el estúpido monstruo egoísta que era lo había arruinado todo, la había presionado demasiado, había esperado demasiada madurez de esa chiquilla que me robaba el aliento con solo respirar, ella solo quería que la amara, pero yo no podía, la había llevado a un punto sin retorno en donde la única solución que encontró para protegerse de mí, fue dejarme.

¿Debía dejarla ir? ella merecía ser feliz, encontrar alguien que la pudiera amar con la misma pasión desinhibida con la que ella lo hacía, alguien con quién si pudiera formar una familia, alguien digno de ella, eso era lo correcto. Pero yo no podía vivir sin ella, el imaginarla con otro hacía que mi sangre hirviera, ni quiera lo conocía pero ya quería matarlo. No había podido vivir cómo un ser humano decente desde que ella me había dejado, ¿Cómo pretendía, vivir el resto de mi vida sin ella? la deseaba, la necesitaba y eso me hacía el más egoísta y cruel de los monstruos. Se suponía que venía a terminar nuestro matrimonio, sin sentimientos, una ruptura limpia, pero no podía, no podía dejarla ir, yo… sentía cosas raras por ella, a las que no quería ponerles nombre, solo podía sentirlas…

De pronto esas emociones, eran demasiado abrumadoras, me sentía claustrofóbico, vulnerable, estacione el auto, salí a caminar junto al paseo marítimo, me concentré en no pensar, en no sentir. El sol era abrumadoramente cálido, aún estaba en lo alto del cielo, no debía pasar de medio día, inhale profundamente el aroma salado y por primera vez en mi vida me permití recordar mi luna de miel con Isabella, fuimos a la isla de mis tíos, cerca de Brasil, fue una semana maravillosa…

Flash Back

A pesar de mi oposición a tener una luna de miel, no la estaba pasando nada mal. Estaba acostado, en un camastro disfrutando de la brisa salada, mientras leía un libro, nunca imaginé que tomarme unos días de la empresa pudiera ser tan satisfactorio. Un movimiento me distrajo de mi libro, era Isabella, había llegado al camastro junto al mío, tenia puesto un vestido amarillo demasiado corto, no pude concentrar mi mirada en sus piernas, aun pálidas, esperaba que adquirieran un precioso tono bronce en unos días. Al darse cuenta que la estaba mirando se sonrojo.

—¿Por qué me miras así?—preguntó tímida, con la voz inestable. Siempre tan inocente.

—Por qué quiero y puedo—le dije de manera arrogante, disfrute la pequeña convulsión de su cuerpo ante mis palabras, era una criatura increíble, solo un par de palabras bastaban para tenerla bajo mi dominio— Deberías ponerte protector solar o te vas a quemar — le ordene

—¿Me… me… ayudas?— preguntó con ansiedad y timidez sonrojándose hasta el cuello, me encantaba, su inocencia y cohibición eran tan contradictorias a la reciente pasión y valentía que había descubierto unas noches atrás en la cama.

—Claro, con gusto— dije con la voz ronca, por la anticipación de tocar su tersa piel.

Le quite el vestido tratando de que mis nudillos rozaron toda su silueta, para encontrarme con un traje de baño de dos piezas, me alegraba que por fin hubiera dejado los trajes de una sola pieza, me gustaba su timidez pero su vergüenza por su desnudez era absurda, tenía un cuerpo hermoso, que jamás me cansaría de ver.

—Túmbate— le ordene, ella lo hizo rápidamente, era buena recibiendo órdenes. Coloque un poco de bloqueador en mi mano, listo para comenzar, pero antes le quite el sujetador por completo, cuando puso un poco de resistencia.—Me encanta verte, eres perfecta— le dije y con eso bastó para que me dejara arrojarlo en algún lugar de la playa.

Comencé a ponerle el bloqueador lentamente mientras le daba un masaje, a lo largo de su espalda, sus nalgas y sus maravillosas piernas, estuve tentado a quitarle también el bikini, pero quizás fuera mucho para ella, ya tendría tiempo para eso después. —Date la vuelta—Vacilo un poco al hacerlo, pero cuando lo hizo fue con los ojos cerrados— mírame— le pellizque un pezón, ella abrió los ojos por la impresión— Isabella eres una mujer hermosa, no deberías avergonzarte de tu cuerpo— le dije mientras la veía fijamente a los ojos y con mis manos masajeaba sus piernas, sus pechos, su abdomen— Además eres mi esposa, si queremos qué esto funcione tenemos qué tener confianza entre nosotros— comencé a acariciar su muslos, muy cerca de su sexo, ella gimió de frustración cuando le quite las manos de encima— ya estás lista.—Dije volviéndome a sentar en mi camastro.

—¿Quieres nadar conmigo?—preguntó en apenas un susurro

—Mm no prefiero disfrutar las vistas— dije colocando mis gafas de sol, no quería que viera la diversión de mis ojos

Al parecer a ella no le gusto mi idea, camino hacia la orilla enojada y justo antes de que sus pies tocaran el agua se detuvo un momento, tomó una respiración profunda y con manos firmes, se quitó el bikini, me lo arrojó sin siquiera voltear a verme y se hundió en el agua.

Me gustaba su valentía pero no podía permitir ese tipo de comportamiento, al igual que ella me desnude en la orilla y le lance mi traje de baño, qué le cayó justo en la cabeza, provocando que ella volteara a verme, disfrute su cara de sorpresa al verme completamente desnudo, al darse cuenta que la vi mirándome fijamente se hundió en él mar avergonzada. Hoy era nuestro tercer día y solo habíamos tenido sexo en las noches, por lo que ella no había visto a un hombre completamente desnudo jamás en su vida, sonreí al recordar qué era virgen.

Nade hasta llegar junto a ella y la tomé por la cintura, ella enredó sus piernas en mi cintura, la besó firmemente tratando de absorber toda su pasión. Ella comenzó a darme un masaje en la espalda con sus uñas. Nos llevó a la orilla y la tumbé en la arena, comencé a besar su cuerpo desde su lóbulo hasta su abdomen.

—Edward— me paro justo antes de llegar a mi objetivo

—¿Qué?— pregunté irritado

—¿En la playa de verdad?— me pregunto con inocencia— y ¿de día?

—Isabella eres mi esposa, me perteneces, podemos hacerlo de día, en la playa, en la habitación y hasta en la cocina sí se me da la gana — ella solo me beso en respuesta .

Yo continúe con mi trabajo lamiendo su clítoris e introduciendo un dedo lentamente hasta verla retorcerse, estaba cerca. Entre en ella lentamente, pues esto aún era nuevo para ella. Con movimientos rítmicos y lentos ella llegó a su primer orgasmo de la tarde, me encantaba ver cómo su cuerpo se convulsionaba violentamente, la forma en la que decía mi nombre cuando tocaba el cielo, cómo enterraba tímidamente sus uñas en mi espalda, después de unos movimientos más me uní a ella. Nos quedamos tumbados en la arena, ella trató de cubrirse, pegando su cuerpo al mío.

El sexo con Isabella era mejor de lo que jamás me imaginé, no podía esperar a enseñarle lo qué de verdad me gustaba. No podía esperar a tenerla amarrada en mi cama o con su piel roja por los azotes…

—Debería bañarme— dijo de repente rompiendo la calma — tengo el cabello hecho un desastre— dijo cómo explicación

Era verdad su cabello estaba todo enredado, nos levantamos, recogimos nuestras cosas y regresamos a la casa.

Ella se metió a la ducha primero y yo me uní a ella. Nos bañamos mutuamente era tan gratificante.

El resto de la luna de miel, Isabella ganó más confianza en su cuerpo, parecía Eva en el edén, siempre nadaba desnuda o no llevaba nada debajo de esos cortos vestidos. Aunque fue más por petición mía que por voluntad propia.

—Isabella— la llamó estaba sentada en el balcón de la casa leyendo— ¿Cuántos libros has leído desde que llegamos?— pregunté al ver que la pasta era diferente a la que ayer leía

—No lo sé, no llevo la cuenta— se encogió de hombros. Comencé a colocar el ajedrez en la masa.

—¿Aún recuerdas cómo jugar?

—Creo que sí— había un brillo travieso en sus ojos que no comprendí.

—Bien, elige ¿blancas o negras?

—Elige tu

—Bien, negras y tu blancas— dije acomodando el tablero

Era maravillosa jugando, Charlie le había enseñado bien, pero no tan bien cómo mi abuelo a mi, hice la defensa siciliana, pero ella contraatacó perfectamente y aunque me duela decirlo me gano.

—Felicidades, ganaste— dije mientras acostaba a mi rey

—Hice trampa— dijo con la mirada gacha. Miré el tablero y recordé sus movimientos no había forma de que hubiera hecho tal cosa— fui campeona de ajedrez en la escuela— admitió

—Bien, entonces creo que tendré que castigarte

—¿Castigarme?— levantó sus ojos asustados

—Ponte de pie y recuéstate sobre mis rodillas— le ordené con voz ronca, había esperado tanto para hacer esto y finalmente sucedía. Ella lo hizo con un poco de dudas reflejadas en sus ojos— te daré un par de azotes con mi mano— le mostré mi mano— espero que con esto aprendas la lección, no debes hacer trampa, jamás. Le di el primer azote, ella respondió retorciéndose un poco y soltando un gritito de sorpresa—Uno, quiero que los cuentes- dije dándole otro, esta vez un gemido salió de su boca, pero no parecía uno de dolor, sino de placer, no pude evitar sonreír, a ella le gustaba este juego tanto como a mi— cuenta!— le ordene

—Dos— susurro — tres— cuatro— conforme avanzábamos sus gemidos se hacían mas desesperados— cinco— seis— siete— ocho— lleve mi mano a su entre pierna estaba muy mojada

Le di 8 azotes en total, cuando termine la coloque a horcadas sobre mi, me baje la bragueta del pantalón y me la cogí con fuerza, adoraba que estuviera desnuda, sus pechos revotaban maravillosos frente a mi, tome uno de sus pezones entre mis dientes...

Fin de flashback

Una conmoción me sacó de mis pensamientos, una chica esbelta con el cabello corto cómo a unos 3 pasos por detrás de mí se había caído de su bicicleta. No podía dejarla así. Fui a ayudarla a levantarse.

—¿Estás bien?— le pregunté mientras levantaba su bicicleta y después, cuando iba a ayudarla a levantarse ella se quitó el cabello del rostro, era Isabella.